lunes, 25 de febrero de 2013

Raul Arce. Pinturas, poesías, danza... ¿qué más?.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 16 del 15/06/2000

 Raúl Arce es un creador apasionado. Alterna sus horas de trabajo, soldando hierros, con su gusto por el arte. "Es solo un pasatiempo" dice, mientras continúa entregándonos sus obras.

¿Que sería de nosotros, humanos mediocres, si no existiesen ellos, los artistas? Esos que hacen música, pintan, escriben, bailan, actúan... Seguramente la vida tendría aspectos mucho menos agradables.

Santa Isabel es un lugar que, a pesar de los pesares, (o gracias a ellos) genera una importante cantidad de artistas.


Raúl Arce es uno de ellos. Combina, a los 41 años, su trabajo metalúrgico con la delicadeza de los trazos en una tela, la combinación de las palabras y la danza.



  Te dedicás a la pintura, la poesía y la danza folklórica...
= Si, aunque poesías y cuentos no son lo que mejor hago. No es mi fuerte, hay mucha gente que sabe mucho más que yo.
Primero empecé con poesías y después pasé a los cuentos. Yo escribía sin saber. El año pasado hicimos un taller con María Rosa Montes y hay varias cosas que están sin publicar.
  ¿Y la danza?
=Hace bastante que soy profesor de danzas folklóricas. Me dediqué un tiempo, cuando a principios de la década del '80 creamos el grupo "Huella Sureña", que funcionaba en el Club Belgrano. Después continué con la parte teórica. El Instituto Sur de Venado Tuerto, donde continué con estos estudios, formó la delegación oficial de nuestra provincia para llevar a Cosquín en 1986 y fuí uno de sus integrantes. Este grupo después derivó en el "Ballet Yanapay", del que también participé varios años y que, por temas económicos, se disolvió hace dos años.
  ¿Buscaba además, este grupo, otros fines?
= Te explico: el Instituto creó tres niveles. El nivel terciario es para que los profesores profundicen en todos los temas folklóricos, entre otros Historia Ameri cana. Nos veíamos en la problemática que nos generaban los libros, ya que teníamos la necesidad de poder observar, en el lugar, cual es la realidad de los indígenas. Entonces este grupo tuvo la inquietud de realizar diversos viajes.
  ¿Que culturas visitaron?
= Primero proyectamos viajar al norte, a visitar a los Coyas, una cultura más golpeada por los colonizadores. Teníamos todo preparado, pero en esa época existía en la zona el riesgo del cólera. Por lo tanto decidimos viajar al sur. Por medio de una persona de Teodelina, hijo de Ranqueles, nos conectamos con caciques de Neuquén que nos esperaron.
Nos hicieron miles de preguntas. Desconfían porque muchas veces va gente con malas intenciones, los discriminan, los marginan...
  ¿Que nos podés contar de estos viajes?
= Hicimos unos cinco o seis, siempre a la misma comunidad Mapuche que está cerca de Senillosa, un pueblo de Neuquén. Ellos están rescatando su cultura, su lengua, ceremonias... Es que ha sido tanta la marginación que se han dispersado y a veces niegan sus orígenes para no ser discriminados.
Hace unos cuatro años, el gobierno les entregó unas 200 hectáreas que durante mucho tiempo les prometió y que ellos habían tomado.Es un terreno donde pue-den hacer algo de huerta y tener ganado.
  ¿Como tomó esta comunidad las visitas?
= Nosotros queríamos ver la realidad y les propusimos convivir con ellos. Aceptaron porque esta era la primera vez que tenían un pedido así. Nos comentaban que en las visitas que reciben, por ejemplo de es-cuelas, los miran como extraterrestres. A cambio nos pidieron que compartiéramos nuestra comida. A la hora de comer cada vez caía más gente, es que la situación de ellos era bastante mala cuando fuimos por primera vez en 1992. Hacía poco que habían llegado a ese lugar.
  ¿Qué evaluación hacés entre la pobreza de esa gente y la que se ve aquí?
= Acá, de una manera u otra se ayuda a los pobres, pero hay mucha tranquilidad, no todos hacen mucho esfuerzo. En cambio allá tratan de superarse.
  Además de interesarse por conocer su cul-tura y situación, les ayudaron en algo?
= Cuando presentamos los documentales que realizamos sobre su vida, la gente se interesó y realizó donaciones que les llevamos en cada viaje.
  Otra actividad tuya es la pintura. ¿Como comenzaste?
= Desde chico me gustó el dibujo y la pintura. Fuí estudiando por medio de libros, por correspondencia, hice un curso con Zulma Pennacchietti... Y siempre haciendo exposiciones... coraje tenía.
Desde 1985 me aconsejó José Luis Benedetti hasta que él falleció. Reunía 7 u 8 trabajos y se los llevaba. El me daba el veredicto. Me decía "te hago estas críticas para que aprendas, no para que te desilusiones"
  ¿Benedetti notaba cambios positivos?
= Si. Él me enseñó a corregirme a mi mismo, a sacarme los defectos. Por ahí pinto un cuadro y me doy cuenta de lo que le falta, cosas que antes no veía.
  ¿Como se conjuga tu trabajo metalúrgico, que es rústico, con la precisión que necesitás para la creación de las pinturas?
= Benedetti me decía: "Tu trabajo te embroma un poco, pero si practicás siem-pre no te tiene que molestar". Y es cierto, a veces pasa un tiempo en que no tengo ganas de pintar y cuando retomo me doy cuenta que me falta práctica.
  ¿Dentro de que estilo están tus trabajos?
= Fuí notando un cambio desde el co- mienzo. Al principio era más detallista, más clásico y ahora tengo tendencia al impresionismo. Es un movimiento generado alrededor de 1870 en París por un grupo de pintores que rompieron con las reglas establecidas por las escuelas tradicio-nales. Era un modo distinto de poner la pintura sobre el lienzo, de encuadrar el tema, buscar el motivo... Y lo mío, es naturalista, no está llevado a la abstrac-ción. A mi me gusta este estilo. Al princi-pio me apasionaban las naturalezas muertas, dentro de este género fueron apareciendo luego otros objetos. Pero desde hace unos seis años me dedico más al paisaje urbano de nuestro pueblo, rescatando las cosas que se van perdiendo.
  ¿Cual de tus obras te gusta más? 
= Hay varias. Una de ellas la hice hace dos años, se llama La Ración, es un cuadro que tiene una mesa con un mantel, un pedazo de pan y un plato con sopa. Le llegó bastante a la gente porque uno pone muchas ganas en lo que hace. Si no te concentrás , no transmitís al público.
  Hiciste un cuadro y una poesía con el antiguo camino que cruzaba el monte de eucaliptus. ¿Que te pasa con ese caminito?
= Siempre me gustaba pasar por allí. Especialmente de noche y con neblina. De ahí surgió primero la pintura y después el poema. Cuando se extendió la calle San Martín me di cuenta que el camino estaba por desaparecer, entonces un día hice un bosquejo y a partir de ahí vino el cuadro. Hay varias versiones: de noche, en un día lluvioso, en acuarelas...
  ¿En que lugares realizaste exposiciones?
= Por supuesto en Santa Isabel. Además estuve en Neuquén, Tapalqué, Avellaneda, Alberdi, María Teresa, Venado Tuerto... Generalmente invitaciones de amigos vinculados al ámbito folklórico.
  ¿Qué necesitás para exponer en galerías de arte de Buenos Aires u otras ciudades?
= A veces no se puede llegar. En una galería de arte te cobran o tenés que dejar algunas obras, y en estos momento no estoy como para eso.
  ¿Se venden tus obras en las exposiciones?
= Si, siempre algo se vende. Pero no es como para vivir de esto, lo mío es más bien un pasatiempo. Son muy pocos los pintores argentinos que pueden vivir de sus obras.
  ¿Son elevados los costos?
= Si. Lo más caro es el marco, enmarcar. Cuando vas a un taller de marcos elegís la varilla adecuada acorde a la obra y los costos se van elevando. En estos momentos tengo unas 18 pinturas encuadradas, y un montón, apiladas, que están esperando.
  ¿Tiraste alguna vez algún cuadro?
= No, siempre guardé todo.
  ¿Sentís que te miran con curiosidad al dedicarte a estas actividades?
= Si, por ahí si. Ya lo sentía cuando empecé folklore en "La Marrupeña", en el '74, porque era el más grande del grupo. Pero como a mi me gusta hacer todo esto, le resto importancia.

 En silencio y contra los avatares económicos, Raúl, al igual que tantos otros creadores de la localidad, continúa pacientemente
elaborando y mejorando sus obras. Son las que alegran nuestro espíritu y a las que no siempre damos importancia.
 Valoricemos a nuestros artistas, porque ellos embellecen nuestro paso por la vida.
 
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CAMINITO DEL MONTE
Recuerdo de pibe cuando aquellas siestas,
trayecto obligado para ir a la escuela,
cobijó tu sombra mi andar al pasar
y a la tardecita aquel regresar
cuando ya volvía de hacer los mandados,
con temor cruzaba el andén, las vías
y me imaginaba que detrás de un árbol
fantasmas y duendes se me aparecerían.

Quisiera volver a mi adolescencia y mi juventud
regresando a casa de alguna salida,
en noches serenas o de temporales
tus tímidas luces todas encendidas,
recuerdo el momento que con lentitud
demoré mis pasos para contemplar
el haz proyectado como una lumbreras de
amarilla luz
que se reflejaban en aquellos charcos bajo la
llovizna,
garúa finita, casi neblina.

Y después un día te dejé de lado
cuando el progreso rompió aquel paisaje
que el pueblo tenía y nos dividía
diciendo ellos son "los de atrás de la vía".

Le llegó el ocaso a ese caminito
que triste contempla por donde pasamos
porque se ha cambiado el trayecto diario,
lo hicimos a un lado y quedó olvidado,
y al añoso monte lo sacrificamos
entonces un tajo se abrió a tu costado.

Hoy estás dormido camino del monte,
ya no están las luces que te han alumbrado,
no está el alambrado bordeando el sendero,
se vino el otoño y poquito a poco
las resecas hojas poblaron tu suelo,
y el viento que zumba una melodía
no tiene el sonido como aquellos días,
hoy suena con notas de melancolía.

Te quedaste triste y lleno de congoja,
"cubierto de cardos...",
como dijo el poeta Coria Peñaloza,
"...la mano del tiempo tu huella borró",
ya no pasa nadie...
hoy tenemos calle que ya se asfaltó,
no se dieron cuenta que con el progreso
un cacho de historia de nuestro pasado
en nuestro terruño también se murió.

Te echaré de menos viejo caminito,
la luz de tu vida hoy ya se apagó,
se quedó en un sueño, ¡que poco duró...!
se vino ya el día y no despertó.

Raúl Arce (Inv. del '96")


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