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miércoles, 22 de noviembre de 2023

El Cadete tenía razón

 Por Norberto Oscar Dall’Occhio

 Corría el año 1949 y el Cadete fue a trabajar como de costumbre al bazar, librería y cigarrería de su tío en la esquina de Mitre y General López. Mientras barría el piso del negocio, pensaba en la película argentina que a la noche de ese sábado se proyectaría en el Cine Ideal y en el partido que Colegiales, el equipo de fútbol que él capitaneaba, disputaría el domingo en la cancha de General Belgrano, enfrentando nada menos que a su gran rival, el conjunto de Alumni. 

 Aquella fría mañana de invierno no había reparto de cigarrillos a los boliches y por lo tanto tenía que estar detrás del mostrador atendiendo a los clientes que venían al negocio. Al Cadete esa tarea no le resultaba del todo agradable por el formalismo que le exigían para atender a los clientes y por los distintos trabajos de limpieza que diariamente había que realizar. Él prefería la vida al aire libre, la libertad que le brindaba la Bicicleta de Reparto. Sí… la Bicicleta de Reparto escrito con mayúscula, porque era el valioso medio de transporte que usaba diariamente para recorrer los lugares más apartados del centro del pueblo, llevando diarios y revistas a domicilio, a veces en días lluviosos y con calles barrosas e intransitables. Además, se encargada de distribuir cajas de cigarrillos en los boliches más alejados del centro y de buscar los atados de diarios que venían de la Capital Federal y de Rosario en la parada del colectivo La Verde frente al Hotel Central. También tenía que retirar los paquetes de revistas y diarios que venían de Buenos Aires y se entregaban en la Estación del Ferrocarril y en las oficinas del Correo local. 

 Al Cadete le encantaba charlar amigablemente con los clientes y con la gente del lugar sobre diversos temas, enterarse de alguna novedad, escuchar un buen consejo de parte de las personas mayores y a veces aceptaba tomar un mate con algún cliente. Como adolescente, le entusiasmaba transitar ese variado ambiente pueblerino, fuera de las cuatro paredes de un negocio, vivir la realidad de la calle, que seguramente lo ayudaría a conformar su personalidad y lo prepararía para enfrentar mejor su futuro, buscando un nuevo horizonte con sus permanentes inquietudes, dentro de ese pequeño mundo donde le tocaba vivir.

 Serían alrededor de las once de ese sábado, cuando apareció en el negocio un apuesto joven que lucía botas de un brillo reluciente, elegantemente vestido con un impecable saco sport. Cuando lo atendió, el señor le preguntó si vendían discos para escuchar música. El Cadete le explicó que no tenían discos, pero que si lo deseaba, se podía hacer un pedido a Rosario. Su tío se dio cuenta que era un forastero, se acercó y continuó la conversación para sugerirle alguna otra alternativa. Mientras charlaban su tío y el caballero, el Cadete se aproximó a la vidriera del negocio para mirar el llamativo coche que el cliente había dejado estacionado. Era un ampuloso Cadillac y en el asiento delantero estaba sentada una hermosa dama de cabello platinado. 

 Su prima también se acercó para ver el atractivo vehículo, pero el Cadete fijó su mirada en la dama. ¡Pero esa mujer que está en el coche es Elina Colomer!, dijo asombrado, a lo que su prima le contestó de inmediato: ¡no imposible… cómo puede ser Elina Colomer!

 Mirá, le respondió el Cadete mostrando una revista Radiolandia que estaba en exhibición en un estante: ¡y ella está en la tapa! Su prima observó la tapa de la publicación, dudó un momento y le contestó: para mí es una mujer parecida… pero no se trata de Elina Colomer.

 Al mediodía su tío cerró el negocio y el Cadete se fue a su casa a almorzar. Durante la comida comentó lo sucedido. Estaban presentes sus padres y sus dos hermanas. Cuando escucharon el relato,todos a unísono dijeron: nooo… no puede ser, cómo Elina Colomer va venir a Santa Isabel… a vos te habrá parecido… debe ser otra persona… 

 La afirmación del Cadete no convenció a sus familiares, a pesar de la firmeza de sus palabras y de los ejemplos que dio.

 Terminado el almuerzo, el Cadete cruzó la calle y entró al Club Belgrano. Allí en el bar, donde estaba reunida la barra de amigos, era un lugar propicio para comentar lo sucedido durante la mañana y buscar apoyo a sus afirmaciones. Los muchachos lo escucharon con atención. Uno por uno, le contestaron casi lo mismo que su familia: "te habrá parecido que era Elina Colomer" o "debe ser alguna mujer con cierto perfil de la famosa actriz". Además, uno de los integrantes de la rueda de amigos agregó: "el hombre es probable que sea algún estanciero de la región que estuvo de paso por Santa Isabel y su linda acompañante tiene cierto parecido a la artista". Y ahí se acabó en tema. Los muchachos de la barra pidieron un naipe al conserje y se pusieron a jugar a las cartas… ¡Otro fracaso para el Cadete!

 Ante el escaso eco encontrado en el ámbito familiar, entre sus amigos y otras personas del pueblo que habitualmente frecuentaba, a las cuales les repetía la anécdota, el Cadete se sintió defraudado ya que, puesto como testigo, no tenía capacidad para convencer a la gente de sus cualidades de ser un buen observador y un buen fisonomista.

 Pero a los pocos días, sorpresivamente para él, ocurrió algo inesperado. En el pueblo empezó a correr la noticia de que en Villa Cañás, en la Estancia de Díaz, había pasado un fin de semana la actriz Elina Colomer. El Cadete, ante semejante información sacó pecho, se puso contento y se sintió reconfortado. Pensó para sí mismo: "¡yo tenía razón!", todo lo que vi con mis propios ojos era muy cierto y no me creyeron".

 Pero en su interesante narración omitió algo muy importante. Resultó que a pesar de confirmarse la veracidad de su relato, a la afirmación del Cadete le faltó agregar un dato que luego sería muy relevante. El elegante joven que él atendió en el negocio de su tío, era nada más y nada menos que Juan Duarte, hermano de Evita y Secretario Privado de Juan Domingo Perón, en ese momento Presidente de la Nación.

Elina Colomer: https://es.wikipedia.org/wiki/Elina_Colomer

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viernes, 11 de febrero de 2022

Custodiando a Evita

  Por esto de ser un entusiasta de los acontecimientos de nuestra localidad he tenido la oportunidad de escuchar muchas historias interesantes e increíbles referidas a Santa Isabel y a sus habitantes. Algunas de ellas las he podido plasmar en charlas grabadas que luego fueron publicadas por distintos medios y formatos, mientras que otras solo quedaron en mi mente. El implacable paso del tiempo y la inevitable llegada de la muerte provocan que los protagonistas de esas historias ya no estén para volver a contarlas con todos los detalles. 

 El siguiente relato solo está en mi recuerdo de charlas informales que alguna vez tuve con Antonio Carlovich, Pocholo. Lo tienen a él y a José Bolognese, Bolo, recordados vecinos de Santa Isabel, como protagonistas exclusivos y llega a estas letras con distorsiones producto de mi memoria que solo ha retenido algunos pasajes de importancia. De todas maneras, bien vale recordarla con los pocos elementos que poseo. Pocholo me la contó en dos oportunidades y Bolo la corroboró, todo en distintos momentos de fines de la década de 1990 y principios de la de 2000.

 El 26 de julio de 1952 es la fecha oficial del fallecimiento, tras padecer cáncer de cuello uterino, de María Eva Duarte de Perón, Evita, líder indiscutible del peronismo y referente del feminismo en Argentina. La gente siguió las alternativas del agravamiento de su estado de salud a través de los boletines que emitía Radio del Estado y fue así que, pasadas las 21:30 de ese día, el locutor Jorge Furnot anunció: "Cumple la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20 y 25 ha fallecido la señora Eva Perón, jefa espiritual de la Nación".

 Por esos días Pocholo y Bolo estaban cumpliendo con el Servicio Militar Obligatorio en distintas reparticiones de las Fuerzas Armadas cercanas a la ciudad de Buenos Aires y la casualidad quiso que ambos, estando de franco y vestidos con el atuendo de conscriptos en la mañana siguiente al anuncio, se encontraran en una de las calles más concurridas del centro porteño.

 Más allá de los anuncios oficiales, el rumor que estaba en las calles indicaba a la sede del Ministerio de Trabajo y Previsión, actualmente la legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, como el lugar elegido para el velatorio. Eva había trabajado allí, diariamente, desde el año 1947.

 Hacia allí, a pocas cuadras de su encuentro fortuito, se dirigieron nuestros protagonistas; solo para curiosear.

 Al llegar ya había gente reuniéndose frente al edificio de Perú 160 y, aunque ellos se mezclaron en medio de la incipiente multitud, su ropa se destacaba entre la de los civiles presentes. Es por eso que un militar los llamó, les ordenó ingresar al edificio y les asignó una misión específica: custodiar el féretro en el que se hallaba, ya preparado, el cuerpo de Evita, en el Hall de Honor ubicado en el primer piso.

 Parados y en silencio a cada uno de los costados del ataúd fueron observadores, por un largo tiempo, de cómo se ultimaban los detalles para el inicio de las exequias. En un momento determinado se produjo un movimiento inusual de los colaboradores que allí se encontraban y apareció la figura del Presidente de la Nación, Juan Domingo Perón, quién se dirigió hasta el cajón, frente al cual permaneció por varios minutos.

 Un rato más tarde, Pocholo y Bolo fueron desligados de la orden que les había sido impuesta e invitados a retirarse. Cuatro granaderos los reemplazaron, se apostaron a ambos costados del féretro y, ese domingo 27, a las 11 de una mañana lluviosa, se habilitó la capilla ardiente en donde ya las ofrendas florales se contaban por centenares. Al lado, en el Salón Dorado, se encontraba Perón.

 Así se inició un velorio que duró 16 días, uno de los más largos de la historia. Dos isabelenses, sin proponérselo, participaron de los preparativos.


(Raúl Pellegrini)

Fuente consultada y fotografía: https://www.infobae.com/sociedad/2019/07/26/los-16-dias-de-funerales-de-evita-como-se-embalsamo-el-cuerpo-los-deseos-no-cumplidos-de-la-familia-duarte-y-el-llanto-de-peron/

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domingo, 10 de enero de 2016

La muerte de Evita

Por Norberto Oscar Dall’Occhio


Una fría y lluviosa noche del sábado 26 de Julio de 1952 mucha gente -como lo hacía habitualmente- esperaba escuchar por los altavoces del pueblo la canción colombiana “Se va el Caimán” que anunciaba la pronta iniciación de la función en el Cine Teatro Ideal. 

En la sala había un buen número de espectadores sentados, esperando que a las nueve comenzara, como era la costumbre, la proyección de la película anunciada. De pronto se interrumpió la grabación de un tango interpretado por la orquesta de Juan D’Arienzo que se estaba pasando en la sala. Enseguida apareció frente al escenario el señor Martínez (era rosarino), quien ese año tenía a su cargo la explotación de las instalaciones de la Sociedad Italiana. Martínez a viva voz manifestó que la función se suspendía debido a que había fallecido la señora Eva Perón.

El público consternado abandonó la sala en silencio y se dirigió a su domicilio. Por orden policial los clubes General Belgrano y Juventud Unida y los demás bares cerraron sus puertas, que juntamente con los comercios cesaron su actividad por quince días.

El Gobierno decretó duelo nacional. Por dos semanas en el país las actividades fabriles, comerciales y financieras estuvieron paralizadas, además de todo tipo de espectáculos públicos, como los deportes y la parte artística. En las escuelas se suspendieron las clases. Las radios solamente pasaban música fúnebre.

La larga inactividad comercial y laboral trajo como consecuencia la escasez de algunos alimentos de la canasta familiar debido a la falta de abastecimiento a la población de ciertos productos esenciales.

El diario oficialista “La Prensa”, confiscado por el Gobierno en 1951 y que estaba en manos de la CGT, sacaba ediciones diarias de 16 páginas, y a veces de más hojas, con amplias notas y fotografías del velatorio de Evita en la Capital Federal. Las tiradas de “La Prensa” y del diario “El Mundo” (de Editorial Haynes) no tenían techo. Simultáneamente los matutinos “La Nación” de Buenos Aires y “La Capital” de Rosario sólo podían publicar el diario con seis páginas, sin poder aumentar la tirada. El papel de diario se importaba y el Gobierno establecía los cupos según sus preferencias. Conviene recordar que a partir de 1947 determinados periódicos y diarios críticos del Gobierno fueron clausurados, entre ellos “La Vanguardia” del Partido Socialista. Las radios pertenecían al Estado.

Cosas de la política oficial de aquellos tiempos…

En la Comuna de Santa Isabel se representó una capilla ardiente en una de las salas que da a la calle. En ella había colocada una gran foto enmarcada de Evita rodeada de flores y de candelabros con velas encendidas. Existía una guardia permanente con la presencia de simpatizantes y afiliados al partido peronista. Personas del pueblo de distintas clases sociales visitaba el lugar.

A pesar del mal tiempo una noche se realizó alrededor de la plaza 9 de Julio una marcha de antorchas con la presencia de mucha gente. La foto de Evita fue colocada en una carroza, que recorrió el perímetro de la plaza. Este homenaje simbólico al aire libre se repitió en todos los pueblos y ciudades de la República. Fue una congoja popular.

El entierro ritual coincidió con el sepelio de los restos de Evita en la Capital Federal. Se retiró la foto de la capilla ardiente instalada en la Comuna y se la colocó en una carroza fúnebre acompaña de ofrendas florales. El numeroso cortejo tomó la calle Sarmiente camino al cementerio seguido por autoridades locales, docentes, alumnos de las escuelas primarias y público en general. Un grupo de colegiales acompañaban la carroza tomando con sus manos cintas argentinas que estaban adheridas a la foto de Evita. En el cementerio, la foto y las flores fueron colocadas a la entrada.

El duelo oficial se mantuvo con el correr del tiempo. Por cadena radial diariamente a las 20 y 25 de la noche se interrumpían las transmisiones habituales de los programas de las emisoras. El locutor expresaba con un tono de voz muy particular la repetida frase: “20 y 25, hora en que la Jefa Espiritual de la Nación pasó a la eternidad”.

En las escuelas era obligatoria la lectura del libro “La Razón de mi Vida” y los empleados públicos debían llevar luto y y hacer todos los días en su lugar de trabajo un minuto de silencio en homenaje a Evita.

Un poco después del fallecimiento de Evita, se filmó
la primera película documental en colores producida en la Argentina y financiada con recursos oficiales, referida a la muerte y a las exequias de Eva Perón.

El film fue visto por primera vez en el Cine Astral de Villa Cañás, en una función privada antes de conocerse en todas las salas del país. Estuvieron presentes en la ocasión el Subsecretario de Información de la Nación, Raúl Alejandro Apold, el director de cine Luis César Amadori, el representante de Noticiero Panamericano y otras autoridades. También contó con la asistencia del director de la película, el californiano Edward Cronjager, quien era camarógrafo de la 20th Century Fox de los Estados Unidos.

 
11/08/1952 – José Ingenieros 942, frente al edificio de la Comuna de Santa Isabel. Finalización de la ceremonia de duelo por el fallecimiento de Eva Duarte de Perón.

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jueves, 19 de diciembre de 2013

Otra de Yaco

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 88 - 16/05/08

 Nuestro "memorioso" vuelve con otra anécdota de su personaje isabelense preferido.

 En la casa familiar de Yaco se comenzó a observar gran actividad, albañiles y sus ayudantes tomaban medidas y cambiaban impresiones acerca de los trabajos que debían llevar a cabo, todo, obviamente, dirigido y supervisado por nuestro protagonista, al que le descubriremos una nueva y curiosa faceta, una forma extravagante de cuidar sus intereses, lo conocimos dadivoso y desinteresado, ahora, totalmente en el lado opuesto, demasiado obstinado, casi rayando lo exagerado. Nuestro personaje había decidido refaccionar su vivienda, es decir; hacer todo de nuevo, para esos fines adquirió los mejores materiales y accesorios, era un erudito en esos temas, también seleccionó a los constructores y los mejores expertos y capacitados en los oficios suplementarios, herreros, carpinteros, plomeros, etc.

 Es necesario dejar aclarado, que el proyecto fue obra personal de Yaco, él realizó los planos de la obra, como así también diseñó los distintos equipamientos, sanitarios, eléctricos , distribución de agua, aberturas y sus accesorios, este último aspecto se relaciona directamente con esta historia. Provisto de los esbozos, medidas y cantidades se apersonó en el taller de Mario, un excelente y reconocido carpintero, a los efectos de requerir sus servicios para la realización del total de la carpintería de la obra, le aclaró que le suministraría la madera necesaria, la había comprado en Bs.As. y era de muy buena calidad y precio, el trabajo consistía en la manufactura y colocación de las aberturas, el pago sería de contado, al finalizar los trabajos y previa aprobación del contratante, después de una corta charla, se pusieron de acuerdo, con respecto a precios, plazos de entrega y demás aspectos inherentes a tal convenio, Yaco prometió hacer llegar la madera en unos pocos días, así ocurrió y Mario comenzó sus tareas.

 Pasó el tiempo y la obra fue llegando a su fin, Mario cumplió con lo pactado, terminó las aberturas y afines, y comenzó a colocarlas. ¡ No paso la primera supervisión de Yaco! Al fijar en sus marcos puertas y ventanas utilizaba tornillos tipo bis, los comúnmente llamados "tirafondos" y para facilitar la penetración los lubricaba con jabón. ¡De ninguna manera podía hacer tal cosa! El supervisor le recriminó severamente, ¡el jabón contenía soda cáustica! y eso ocasionaba corrosión y con el tiempo acarrearía problemas. "Yo te voy a proveer lo que hay que usar", dijo Yaco y, seguidamente, le alcanzó un frasco con grasa de cerdo sin sal. "Esto es lo mejor", aseveró. Mario no se extrañó, sabía sobradamente de las rarezas de su cliente, por otra parte respetaba sus opiniones y consejos; era un hombre de vastos conocimientos en todos los ámbitos.

 Al fin, después de soportar varias observaciones menores y algunos consejos, el destacado maderero acabó su labor, se lo comunicó a Yaco y éste, después de una inspección rigurosa, dio su aprobación. "Todo esta perfecto, che!; mañana, cerca del mediodía, iré por tu taller a arreglar cuentas". Mario no dudó en absoluto sobre tal promesa, conocía sobradamente la seriedad y asiduidad de su cliente. Y así resultó nomás, a la hora indicada Yaco acudió a la cita, portaba un cuaderno con anotaciones y operaciones matemáticas, todo estaba ahí anotado.

 "Bueno Gringo, es lógico que te pague, verdad? Pero debo hacer una deducción al precio estipulado". "¿Cómo, por qué? replicó Mario, "si yo cumplí al pié de la letra"
"Debo reconocer que efectuaste una muy buena labor, pero... yo hice mis cuentas. Como ves -y le mostró sus cálculos-, si gustás los repasamos. Entiendo que me están faltando algunos pies de madera; te entregué 500 y me devolviste, manufacturados, 490. Notarás que hay una diferencia".
"¡Son los recortes y desperdicios!, eso es totalmente normal, Yaco!"
"Es cierto, no lo dudo pero, ¿qué hiciste con ellos?.
"Los utilice para el fuego del brasero de la cola" -en esos tiempos no existían productos sintéticos, se utilizaba la famosa "cola de carpintero" que se preparaba hirviéndola en baño Maria, quemándose los trozos descartables, como en este caso-.
"Admito que es lo usual, pero yo no te autoricé a hacer tal cosa, de manera, que muy a mi pesar -dijo Yaco- debo descontarte el valor de esa madera que falta". Y así lo hizo; pagó en efectivo su cuenta y se marchó.

 Mario siempre recordaba el episodio, el monto en cuestión no era importante, no valía la pena discutir por él. Con seguridad Yaco seguiría siendo un muy buen cliente, pero había que soportarle ciertas rarezas y puntos de vista.

 Como hemos visto en otras oportunidades, no obsequiaba nada, poseía sus códigos en tal aspecto. Aquí aplica uno de ellos, nada ortodoxo por cierto, pero no por ello original.


C.O.S.


Otras notas de C.O.S.
- Yaco. ¡Un personaje singular!: http://isabelense.blogspot.com.ar/…/yaco-un-personaje-singu…
- Amancio, un humilde obrero estibador: http://isabelense.blogspot.com.ar/…/amancio-un-humilde-obre…
- La Previsión: http://isabelense.blogspot.com.ar/2013/03/la-prevision.html
- Otra de Yaco : http://isabelense.blogspot.com.ar/2013/12/otra-de-yaco.html


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miércoles, 13 de marzo de 2013

La previsión

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 88 del 16/05/2008
 En el relato que se publicó en la edición anterior se han enlazado dos figuras muy disímiles, totalmente opuestas en todos los aspectos, tanto en las escalas sociales donde se movían como en sus convicciones políticas, culturales y, tal vez, en sus creencias religiosas.  Tomamos este espacio para ocuparnos del segundo de nuestros personajes, Justo, Justito o el Gallego como generalmente se lo denominaba. Hombre controvertido, dueño de un fuerte temperamento, activo dirigente político, admirado por muchos, no querido por otros tantos y hasta odiado en algunos casos. Actuó en la sociedad que lo rodeó, con buenos éxitos y con rotundos fracasos... también.
 Oportunamente determinó cerrar definitivamente su comercio de ramos generales. Lo hizo de un día para otro, sin dar mayores explicaciones, no estaba quebrado ni mucho menos. Tal determinación creó ciertas incertidumbres, sus clientes y proveedores no salían de su asombro y de ahí en más comenzaron a correr los mil y un comentarios, y a crearse situaciones engorrosas y problemáticas. Una de estas situaciones originan este recordado episodio.
 La mayoría de sus clientes provenían del campo. Eran pequeños y medianos productores agropecuarios, "los colonos " como también los "propietarios", que se diferenciaban de aquellos por ser dueños de la tierra, mientras que los primeros eran arrendatarios. Era común y costumbre que esta clientela se proveyera durante todo el año de sus insumos y necesidades en el negocio, pagando generalmente con las entregas de las cosechas. Tales arreglos de cuentas se efectuaban cada 6 meses o una vez por año, siendo esta última modalidad la más usual.
 El cierre comentado tomó por sorpresa a los usuarios de estos sistemas, muchos de los cuales no habían saldados sus deudas, algunos hallándose muy atrasados. Éstos fueron los que quedaron en situaciones más comprometida pues tenían que entregar sus granos a otros acopiadores y con esos recursos saldar su deuda y seguir viviendo. La cuestión era dificultosa.
Varios, los menos, creyeron que con la finalización de las actividades comerciales de la empresa se verían beneficiados; tal vez sus obligaciones quedarían canceladas. Lo mejor sería no insistir al respecto, mejor no andar averiguando, en una de esas todo se olvidaría.
 Cuán equivocados estaban, eso no estaba ni por asomo en la mente del Gallego. ¡El que debía tenía que pagar !
Domingo, pequeño chacarero, estaba muy metido. Fue uno de los que se olvidó de la cuenta; ni se preocupó demasiado sobre el particular. Por el contrario, Justito lo tuvo muy presente y comenzó por enviarle avisos, recordatorios y notas acerca de su situación. Al no obtener repuestas inició las acciones legales pertinentes. Las actuaciones respectivas siguieron su curso, las citaciones y reclamos continuaron sin lograr su propósito específico, hasta que llegó la instancia final ¡ el embargo !
 Una mañana, promediando la misma, se apersonaron a la vivienda de Domingo, un oficial de justicia, un agente de policía y el señor Justo. Su misión consistía en hacer efectivo el embargo, para tal fin confiscarían algún animal, herramientas u otras pertenencias de valor, con el objeto de tratar de cubrir lo adeudado. Como el dueño de casa no se hallaba, fueron atendidos por su esposa. La mujer supuso de inmediato, al ver a sus visitantes, de que algo importante venían hacer. Al momento pidió las explicaciones pertinentes y cuando supo la misión que traían reaccionó violentamente, increpó duramente a los actuantes, principalmente a su acreedor y, de inmediato, penetró a la humilde casa.
 A los pocos instantes regresó esgrimiendo un revolver, apuntó a la cabeza del señor Justo y oprimió el gatillo!... El disparo no se produjo... El policía y su acompañante actuaron con premura y lograron desarmar a la agresora. La pobre mujer cayó en una profunda crisis nerviosa, gesticulaba y gritaba desaforadamente: "¡Dios mío, cuando se entere, mi marido me mata!... ¡Sí, me mata... cómo pude hacer esto! ¡Hay Dios, qué va a ser de mi!". Pidió perdón y rompió en un inconsolable llanto.
 Los presentes comenzaron a tratar de calmarla, pero no lograban conformarla, hasta que intervino Justito, quien le aseguro que de su parte haría de cuenta que ¡ahí no había pasado nada!, que no efectuaría denuncia alguna y que sus acompañantes actuarían del mismo modo; que permaneciera tranquila, que todo quedaría en suspenso hasta que hablara con su esposo y que, con seguridad, hallarían la forma de buscar una solución al asunto.
 Estas palabras y el pedido efectuado al policía para que le devolviera el arma calmaron a la señora que terminó agradeciendo tal actitud.
 El guardián del orden, antes de proceder a lo solicitado, abrió el revolver para verificar si estaba cargado. De ser así le quitaría los proyectiles, a lo que Justo se opuso, pidiéndole que lo reintegrara tal como estaba, que no temiera, que con seguridad no pasaría nada, no había peligro alguno. Al realizar la maniobra, el agente constató que el arma poseía todas las balas, menos una, la que debía dispararse en el primer intento. Ese fue el motivo de la falla que evitó, con seguridad, un lamentable hecho de sangre.
 Al día siguiente Domingo fue a ver a Justito. Le pidió reiteradamente disculpas por lo acaecido y le dijo que trataría, de alguna forma, de saldar la deuda, pero que por favor lo esperara algún tiempo hasta que mejorara su situación. "¡Bueno hombre!", dijo Justo, "ya veremos como arreglamos la cuestión, seguramente le encontraremos la vuelta... pero quiero que me expliques...¿¡porque le faltaba una bala al revolver!?
 "Verá don Justo", le confió Domingo, "yo siempre tomo la precaución de dejar vació el primer lugar del tambor, de manera que no se produzca un tiro accidental, como en este caso"
"¡Esta vez no se trató de ningún accidente, che!, le contestó, "si no hubiera sido por esa, tu precaución, tu mujer me liquida; la verdad que tengo que agradecerte, realmente nací de nuevo, gracias a esa previsión".

 Epílogo: Sobre este episodio se tejieron un sin número de comentarios, algunos muy cercanos a la realidad, otros fuera de ella y, también, los totalmente exagerados que rayaron lo tragicómico. Hubo uno, que parece muy improbable, que aseguraba que Justo había condonado la deuda a raíz de esta afortunada previsión de Domingo. No se sabe como se solucionó el conflicto entre acreedor y deudor, no se indagó en absoluto sobre el tema, esa circunstancia no tiene relevancia alguna en esta historia.

C.O.S.


Otras notas de C.O.S.
- Yaco. ¡Un personaje singular!: http://isabelense.blogspot.com.ar/…/yaco-un-personaje-singu…
- Amancio, un humilde obrero estibador: http://isabelense.blogspot.com.ar/…/amancio-un-humilde-obre…
- La Previsión: http://isabelense.blogspot.com.ar/2013/03/la-prevision.html
- Otra de Yaco : http://isabelense.blogspot.com.ar/2013/12/otra-de-yaco.html

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Vientos del ayer (o nostalgia del ayer, es casi lo mismo)

Publicado en www.acercarweb.com.ar el
05/07/09

 En ésta evocación de los cien años de nuestro pueblo los recuerdos más queridos de cada uno reverdecen en nuestra memoria; cómo habrá sido aquel inicio… el arado mancera, aquel de una reja, tirado por el fiel caballito criollo, abriendo surcos para la simiente; o tal vez los bueyes cinchando delante de las cuatro rejas… Pero claro, el pueblo se hizo con la gente en el campo para el sustento diario, porque pueblo es todo, y cuando digo “todo” lo digo porque era el poner el  hombro, el ayudarse el uno con el otro, era el luchar -por ejemplo- a abrazo partido entre vecinos para terminar con la plaga de langostas, cuando colocaban las barreras de chapa alrededor del sembradío con las estacas de hierro y se las exterminaban con aquella máquina lanza-llamas.
 Y pueblo era todo… la engavillada del alfalfar ya cortado con la guadañadora, para luego hacer los montes con la horquilla, y después venían la emparvada, entre vecinos y amigos en una ayuda alegre y fraternal; como el tirar maleta para descargarla en aquella enorme bolsa de arpillera que luego iba ala chata con el aparejo, remontándola a ella tirada por el matungo fiel, y el caballo… Siempre el caballo en los trabajos de campo, en el traslado de la gente con los sulkis, las jardinera o las volantas; y, como les decía, aquellas espigas que llegaban hasta la troja, para después pasar la desgranadora y ahí se llegaban a la bolsa ya desgranado.  En toda ésta evocación la carneada era otro de los momentos de encuentro con familiares, amigos y vecinos para ayudarse mutuamente.

 Pero pueblo es también además de trabajo, el juntarse y compartir momentos gratos como podía ser la llegada de aquellas compañías teatrales que se escuchaban por radio y que después salían en gira por los pueblos para personificar y hacer real aquella imaginación de lo que nuestros oídos escuchaban. Y también estaban los circos con las obras teatrales después de la función en la pista.
 Y qué decir del mágico cine. De aquellas películas que casi siempre eran de “acción”, de pistoleros o de guerra los días miércoles;  y después, el sábado y el domingo, más actuales. Incluso teníamos  la matinée de los domingos. Cómo, entonces, no recordar aquel tema de…” se va el caimán, se va el caimán, se va pa´ la barranquilla” que anunciaba el inicio de la matinée. Y claro, teníamos aun en mente de cómo había terminado el domingo anterior el episodio de “Enmascarado solitario”, o quizás “El zorro”;  y el final había sido de los más intrigantes, así que teníamos que hacer cualquier cosa -bien los deberes- para no perderlo.
 Pero si pueblo es todo, también lo era en aquellos encuentros de los bailes populares, grandes, jóvenes y chicos, familias enteras gozando y compartiendo eso momentos tan gratos. Los bailes de los  conscriptos que ya partían muy pronto al Servicio Militar, con el nombramiento de princesas y reina. También es pueblo la llegada de la gente que fueron personajes, por ejemplo aquel patinador que quedo en el recuerdo por su record de permanencia sobre patines, Alfonso Esteban García era su nombre. Y el altoparlante del legendario “Prado Español” que anunciaba todo los días, en la voz de Juancito Miculan o de Eduardo Pozzeti, las horas y minutos que el patinador llevaba hasta ahí de permanencia. Realmente es conmovedor recordar la gente que lo acompañaba día y noche con comida, bebida y café, y distrayéndolo para que no se durmiera.
 Nombré al Prado Español, el refugio obligado en cada festejo patronal, todo los Santa Isabel eran el regocijo de la gente. Aquel recordatorio en la solapa del lado izquierdo, allí donde el corazón parecía latir más fuerte en esos momentos; realmente el recordar a las familia que unían pueblo y campo, porque el campo era una parte muy importante de gente en las chacras, pero el Prado Español tenia algo muy especial, porque la familia Miculán misma era muy especial. Y hablo en tiempo pasado por el recordatorio, pues Doña Elvira y Don Mario a la cabeza, era gente entrañablemente querida por todos, y además la atención y simpatía de Nelly, “Coca”, Juancito y “Lulo” nos contagiaba a todos. Es que no eran solamente los helados, también estaban aquellas picadas con el vermucito que era como una excusa para compartir momentos gratos con los amigos, aquella vereda que se ensanchaba y llegaba más allá del cordón hasta pasar las calle de tierra, esa vereda ficticia de madera rodeada de la baranda protectora que daba más lugar para comodidad de la gente. Y ahí nomás, enfrente, la plaza, las familias con los chicos, los matrimonio y novios dando vueltas en ella, para luego recalar casi obligatoriamente en la heladería de “Don Mario”, o si no para entrar al Prado y sentarse bajo las plantas de ligustrines donde también se degustaban los helados y bebidas predilectas. Cómo olvidar a “Don Mario” en su bicicleta con su cajón de helados vendiendo por calles del pueblo.
 Y qué decir de otro refugio obligado: nuestra Sociedad Italiana que tiene tantos años…casi… casi como el pueblo, un verdadero templo de recuerdos y emociones vividas.
 En la evocación desandamos caminos en el tiempo y surge la barra de amigos en nuestra niñez que, por supuesto, ¿quién no la tuvo?. En mi barra de andariegos estaban los amigos de la escuela primaria y otros que eran del barrio,  buscando algún baldío para hacer un “picado”. Aunque lo más difícil de encontrar era alguien que tuviera una pelota de fútbol, la tan preciada Nº 5; y sí, seguro que el dueño de la pelota jugaba de 9, el puesto mas codiciado, el llamado centrojas; el dueño de la pelota también se adueñaba del puesto aunque no tuviera actitudes para eso. Él ponía las condiciones y nosotros las respetábamos, lo importante era “Jugar a la Pelota”.
 Y en ese recuerdo tan mío están esos pibes de ayer, Mis Compañeritos, exactamente como se llamaba nuestro libro de lectura de esos años, aplicando los puntos y coma y la pausa, levantando la vista, como nos enseñaba nuestra maestra de aquel primario, la tan recordada Señorita Úrsula.
 Vuelvo a mis “compañeritos” pueblerinos. Nnos juntábamos con "Nito" Lombardi, "Quinito" Salemme,  "el Turco" Alianak, "Panchito" Paulini, "Dieguito" Colomba, "Vichéndalo" Sánchez (seudónimo que se lo puso Lisandro Salemme, que era menor que nosotros y vivía casi enfrente de la familia Sánchez,  y por eso, por ser mas chico, no era de nuestra barra, lo de “Vichéndalo” era por Vicente, pues se llamaba Héctor Vicente Sánchez)... Continúo con la barra de ataño:  “Musculito” Elbio Martínez,  "Ninimo" Enrico, que venia a la casa de su abuelo para las vacaciones; Román, que también llegaba en las vacaciones y se afincaba con sus familiares, la familia Salemme; y Pocho Ferro. A Ferrito lo dejo para el final porque cuando jugábamos a las bolitas nos “gelaba” a todos. "Gelar", en la jerga “bolistica” significa que nos “limpiaba” a todos y nos dejaba sin bolitas, pues Ferrito tenía una “quema” bárbara, y cuando nos daba con esa bolita “puntera” que él tenia en la línea que hacíamos de bolitas, producida un desparramo de aquellos… él se guardaba las bolitas en el bolsillo y nosotros nos quedábamos con esa cara de “circunstancia”. Para colmo, “el Pocho” se nos reía con esa risa casi  “sarcástica”… y nos dejaba con la congoja y sin bolitas…
 Pero bueno, volviendo a las andanzas de buscar pelota y potrero, esto último, en esos tiempos no era nada difícil pues baldíos y potreros los había; lo complicado era la pelota. Ocurrió que una vez alguien de los nuestro se hizo dueño de una Nº 5, no se si por el buen oficio de los Reyes Magos”o quizá por el día de su cumpleaños (12 de Octubre). Con este dato puntual, (el destinatario ya debe saber de quien se trata) ya teníamos a uno de la barra con pelota de fútbol y teníamos el lugar para hacer “el picado”, muy cerca de nuestras casas, era allí desde calle Mitre, por la avenida Santa Fe, hasta casi frente al hotel. En  ese recorrido había una hermosa arboleda, desde frente al club Juventud Unidad de aquel entonces hasta la calle San Martín, detrás de la línea de árboles donde había varios bancos para el descanso estaba el alambrado, y detrás de el, por supuesto, el predio del Ferrocarril que llegaba hasta ahí nomás, sobre calle Mitre. Todavía el pueblo no se había cortado por la vía, hacia el lado Norte. Y en ese lugar, antes de la vía, entre lo álamos, sauce y paraíso, había un claro, donde la gente se reunía para hacer el pic-nics; ahí mismo jugábamos los “picados”. También se llegaban pibes de más lejos, que no vivían en el centro y entonces nos juntábamos con Osvaldo Gadea, o con "Lobito" (Rubén Lobos). O con Darío Carrera, o quizás con "Calandria" Arce.
 Pero después me alejé de mi barra pueblerina, volvimos al campo, a nuestra casa natal, allí donde nacieron mi querida madre, mis también queridos tíos: Chela y Tina, nuestro inolvidable tío Lito, mi hermana Marta y yo. Ya mi hermana Norma había nacido en el pueblo. Así que regresamos al campo de mi abuela Gavio y entonces, allí se sumaron a aquellos que ya nombré, los amigos del campo, el recordado “Norbe" Fulconi, “Bubi" Petricich, Pedrito Scatagrini y Mario Kovasevic, que ahora con el paso de los años tiene el orgullote ser Presidente Comunal en los 100 años del pueblo.
 Y, desde ya, la pibada del pueblo, de vez en cuando llegaba hasta “nuestra” chacra a jugar a la pelota o a lo que fuera, y por entonces ya venían otros compañeros de escuela como Orlando Sunde o el recordado Juan Carlos Angeleri, y también el cariñosamente “Loco Diba” (Alfredito Di Bastista), que también vivía en una quinta lindera al pueblo; también se unía a nosotros el “Negro” Carpi (Juan Carlos). Y ahí conocí en los picados que jugábamos en el potrero del Bajo a grandes compañeros como Pepe Reato, el “Pato” Cisterna o al “Rulo” Montefiore, por nombrar algunos. En esos tiempo de pibes, qué decir de las trenzadas que tenia con "Saturno" Martínez. Principalmente cuando jugábamos  por las etiquetas de cigarrillos para ganar la más fácil, y lo mismo ocurría con las figuritas de los jugadores de fútbol de la época, nos jugábamos entero a las bolitas para conseguir la más buscada. Pero recordando los juegos es difícil de olvidar y muy grato recordar los momentos cuando con Elbio Martínez marcábamos con  tiza en el mosaico de nuestra casa la cancha para jugar al fútbol con los botones, los dos somos de la misma divisa, Elbio era el Racing Moderno de aquella época y yo el Racing Antiguo Veterano, qué momentos tan hermosos…
 Todo esto que es recuerdo, es pueblo también; como es pueblo los personajes tan nuestros. Y para nombrar a uno de ellos, llega a la memoria aquel peluquero que también fue recitador en los carnavales, aquel que llegó ha ser comisario del pueblo; el tan conocido “Manga” de apellido Lombardi. El dueño de la peluquería “El Criollo”, aquel que dejaba sentado a su cliente en el sillón para tomar abruptamente la máquina de flit y perseguir así alguna mosca intrusa, o para regar y barrer la vereda de tierra;  o tal vez para salir a regar la quinta con  aquella regadera que ya tenia preparada detrás de la puerta que daba al patio. Claro que su clientela ya estaba acostumbrada a “sus cosas” y, en todo caso, esa pérdida de tiempo servia para compartir alguna charla amena. Por lo general ahí se reunía la gente mayor, los que vivían en las quinta circundantes. A unas cuadras de allí estaba la peluquería de “Don Gallito”, que después se fue al centro para unirse a su colega “Kito" Dueñas. Y también estaban las peluquerías de los belgranistas y las de los de Juventud Unida; por ejemplo para “los verdes” era la de Don Bastino” y para los azulgranas la del “Flaco" Enrico; allí casi enfrente a la de Enrico estaba la de Don Domingo Lorenzatti, y estaba la cancha de paleta que los fines de semana se colmaba de gente y donde se “jugaba fuerte” .
 La paleta... Cómo no recordar entonces al gran Valentino Romero quien en su canchita era invencible. Casi podríamos decir que fueron discípulos de él Osvaldo Gadea, el “Vasco” Montes, el recordado “Norbe” (Ferrari) o Eterovich. Y,  después, más al centro, estaban los hermanos Carlovich, “Polaco” y “Pocholo” o Antonio Ducay; todos eran animadores en la pelota a paleta. Y, más allá en el tiempo, recordar también a “Tito" Salemme, y claro, mucho mas acá, a una gran promesa que desgraciadamente quedó trunca: “Tatano” Aquino. 
 
 ¿Quién puede negar que esto no es pueblo? Como los dichos que son el folklore pueblerino, por nombrar algunos, como aquel: “te lo debo Angeleri”, o “quedó como la gallina de Baldessari” (el destinatario era mi tío Ángel), o el: “arriba dijo Pijuán”, o aquel otro tan conocido de un “caudillo” político que fue historia…
 Personajes que hacen a un pueblo, como aquel dicho de Don Silvio Marino: ”Y tu mamá que dijo?”. Así respondía cuando algún interesado le pedía que le fiara el alquiler de alguno de los Ford A que alquilaba. Con esa respuesta le daba a entender que no aceptaba el fiado del auto, pero pasaba que después venia la "vendetta” de la barra que alquilaba el Ford A para ir algún baile de pueblos vecino. Y la “vendetta” era que desconectaban la “tripa” del velocímetro por algunos kilómetros para abaratar el viaje, pues Marino les cobraba por kilómetros recorrido. Pero el dueño de la “escudería” del Ford A -llámese Silvio Marino- se avivó de la trampa; entonces la muchachada de aquella época inventó otra,  la de volver marcha atrás algunos kilómetros, desandando camino para ahorrar algo del alquiler. Anécdotas de esos tiempos…
 Y la evocación y los recuerdos pueblerinos siguen… Como la de las serenatas en las fiestas de Nochebuena y Año Nuevo, las familias que esperaban a los serenateros, el escuchar el golpecito”en las ventana anunciando: “serenata!” y en el sonido de una guitarra y de alguna voz, quizás con berretín de cantor, o por qué no en el sonido de alguna vitrola rayando un disco debajo de la púa. Las serenatas… ¿te acordás Roberto Bastino de aquella glosa que vos recitabas anunciando nuestra serenata?:  “A la familia presente con un augurio sincero, les deseamos un feliz y próspero año nuevo, lleno de felicidad y de todo… nosotros, de cualquier modo con habilidad y destreza le ofrecemos esta pieza, y para tirarle la manga, nos tire alguna cerveza”.
 Recuerdos inolvidables, sin dudas, como lo eran los torneos de baby-fútbol en la canchita que tenia el Club Juventud Unida sobre calle Belgrano, a la derecha de la entrada del portón, cerca de donde está la actual pileta. Se jugaban esos torneos pegadita a la que entonces era la cancha de básquet, allí también se hacían partidos de papi-fútbol como también lo eran en Belgrano. Los comerciales de básquet eran otros espectáculos en Belgrano donde se reunía mucha gente los día de semana.
 Los recuerdos hermosos de esos años nos llevan a los carnavales de ataño mezclados en serpentinas, papel picado y agua florida que ya venía incorporada en aquellos pomos de plomo. Los corsos… desde Avenida Santa Fe por calle Mitre hasta la José Ingenieros, en la esquina de la herrería de los hermanos Pennachietti. El palco adornado con hojas de palmera en las esquinas de Mitre y General López, cantores y cuentistas o recitadores hacían quizás su “bautismo actoral”, la gente, los autos y disfraces girando alrededor del corso, y después la cita obligada en el “Prado Español” para el baile final del festejo.
 Todo era pueblo. Cosas de recordación. Las familias en sus paseos, el recuerdo de la familia Cañete, por ejemplo, paseando por el pueblo en sulke con las ruedas engomadas y aquel caballito briosos de trotecito parejo y seguidor. Y cómo no recordar a los lecheros que aguantando heladas, lluvia y vientos llegaban siempre para que no faltara en cada casa lo imprescindible, aquel carro inclinado para atrás facilitando así la bajada y subida del lechero y, mientras éste dejaba en el recipiente la cantidad de leche que fuese, ya el caballito seguía el trayecto y se detenía en el domicilio del recorrido, caballo y lechero conocían por igual el lugar indicado. Lo mismo con los soderos, su caballo y recorrido. También es para valorar el gran trabajo y sacrificio que hacían los carniceros en la época del matadero comunal, en los días inhóspitas salían casi de noche, antes de amanecer para realizar su trabajo.
 Pero claro, eran otras épocas y otra gente ya mentalizada en lo suyo. Era cuando los chacareros le daban vida al pueblo y estaban los negocios de ramos generales. Para tener una idea de esto vamos a tomar al azar una manzana céntrica del pueblo, esto por los años 50. Por ejemplo arrancamos en la calle Mitre y General López, la esquina bazar y librería de los Hermanos Dall`Ochio, más allá la carpintería de Mario Tirelli, pegadita a ella la librería de Don Bertú, luego la sastrería de los Hermanos Rasello, luego la relojería Big-Ben de la familia Caminos, y llegando a la esquina de la calle Belgrano el taller y estación de servicio de la Empresa PAN-AM que patrocinaba Silvio Marino, el señor que, como les conté anteriormente, alquilaba sus Ford “A” y que tenia fama de muy agarrado. Siguiendo ya por calle Belgrano, el almacén y ferretería de Don Máximo Martínez, luego la carnicería de Alfredo Otamendi y ya llegando a la esquina de la calle Sarmiento la tienda de “Saldos y Retazos” de los socios por entonces:”Chalo" Carpi y Silvio Marino y familia. Por calle Sarmiento y llegando a la esquina de General  López, el almacén de la familia Carlovich, pegadita a ella y siempre por General López la verdulería “El Gallego”, su dueño de apellido Pérez, que se decía era boxeador y que falleció muy joven. En ese mismo lugar puso peluquería Don Bastino. Siguiendo, luego aparece la tradicional panadería de Don Romero y casi llegando a la esquina, la carnicería de la familia Costa, en la que atendía el recordado y querido "Guido" Costa.  Esto nos da una pauta de los negocios que había en Santa Isabel por aquella época. 
 Cambiando bruscamente de tema y evocando nuestro recuerdos tan entrañables, los enfrentamientos históricos de nuestro clubes tan queridos, Belgrano-Juventud o Juventud-Belgrano, son sin duda parte y vida de nuestro pueblo. También el “Bochas Club”, un lugar donde la gente grande, por lo general, se reunían y aun se junta para alguna partida de truco a "cara e' perro”. Y aquellos bochófilos que se refugiaban jugando horas y horas enteras. Como también lo es en la época del Turismo Carretera, cuando el T.C. era realmente eso, recorriendo pueblos, ciudades y provincias, abriendo caminos incluso a países limítrofes; basta recordar aquel gran premio de América de Sur en 1948, en el recorrido de ida y la 2ª carrera de vuelta. Por esos tiempos las familias en los pueblos esperaban a la vera del camino o dentro del mismo pueblo el paso de sus ídolos, preparando el mate o arrimando leña al fuego para el posterior asado, mientras el avión que seguía al puntero ya anunciaba su llegada. Todo esto también es pueblo.
 Y pueblo, por supuesto, son también los referentes puntuales, los personajes que hicieron cosas muy importantes, en el pueblo. No voy a hacer una evocación prolija de nombres, simplemente de algunos, porque el querer nombrar a todos nos llevaría a margen de error involuntario y dejaríamos de lado a gente que también luchó y colaboró para el progreso. Pero el devenimiento de “escuela de comercio”, aquella Mariano Moreno y hoy 214, nos lleva inevitablemente a reconocer la visión progresista de personas como Humberto Albanesi (hijo) a “Pipo” Tabaco, o quizás a Alfredo Vázquez que tenia un puesto muy importante en la provincia y a su hermano Justo Vázquez que salía por el campo a buscar alumnos, a mentalizar diría yo, a padres e hijos en la importancia de seguir estudiando, pues en esa época la idea de proseguir con los estudios era muy remota. Terminábamos la escuela primaria y nos dábamos por cumplidos. Y aquí les pido disculpas; primero a mis padres por no haber hecho el sueño de ellos, segundo a mis profesores o maestro que no eran como tales, pues todos colaboraban desinteresadamente sin tener titulo ni sueldos de profesores. Les pido disculpa por no reconocer el esfuerzo de todo ellos, por no darme cuenta en ese momento que lo hacían por nuestro futuro, pues yo hice el 1er. año de la secundaria y después abandoné como muchos otros de ese curso porque quedamos en el camino. 
 El recuerdo de esa gente tan querida que dejaba parte de su trabajo para preocuparse por esos muchachos y chicas de entonces... Solamente voy a nombrar a nuestro primer rector, el Doctor Carlos Farr, profesor de inglés que tanto nos recordaba aquel “signo fonético”. Y digo de nombrar al rector porque fue la cabeza de ese conjunto de gente extraordinaria, de aquel 1956. Ya la escuela en sus 50 años recordó a los primeros alumnos y profesores de ésa  época y a los demás que pasaron por las aulas, todos inolvidables.
 El recuerdo de gente importante nos lleva al reconocimiento por su capacidad de Rafael Pasquinelli, que entre otras cosas consiguió la reapertura del Hospital Miguel Rueda, luego el asfalto en el pueblo, y la importancia de lograr aquel tan esperado motor para la entonces Cooperativa de Luz.
 Y en los emprendimientos hubo algo muy importante, que justo en los 100 años del pueblo, nuestra radio cumple sus 50. El “Gringo” Aldo Vanni junto con otra gente muy importante puso en marcha aquella O.P.S.I. con sus altoparlantes que cuando se silenciaron, por esas cosas del progreso, entristeció al pueblo.  Primero fue el circuito cerrado con los monitores, y después avanzando el tiempo es la F.M. actual que recorre kilómetros e pueblos vecinos.
 La importancia de las imprentas, en épocas en que la fotocopia no estaba en el pensamiento de nadie. Si apenas teníamos aquel mimeógrafo que en la escuela nos parecía  casi milagroso. La familia Pensa, junto con la familia Pessino quienes aún continúan con esta noble y hermosa profesión de imprimir y crear, como lo son Hugo, Teddy y su hijo Mauro.
 En el progreso industrial, nuestro molino harinero fue orgullo muy nuestro. El tesón y trabajo de gente como Don Francisco Farrando, Don Paganini y el señor Dedios; esto por nombrar cabezas del emprendimiento. Aquel molino que después de modernizarse, a los pocos años se le derrumbó parte de un silo, pero que luego, con enorme esfuerzo, lograron reconstruirlo. 

Desgraciadamente después del alejamiento de los ya nombrados, los intereses y malos manejos de gente que jamás le importó ni el pueblo, ni el molino, ni las familias que vivían de él, tiraron todo por la borda y nos dejaron sin esa industria tan importante. Algo muy parecido, aunque con diferentes ribetes o dificultades ocurrió también  con la llamada Fábrica de Leche que después de cambiar de mano en mano quedó en ruinas.
 Sin embargo algunos siguieron en pié e incluso progresaron, como aquel taller de rectificaciones que en un inicio era de la firma “Fassi-Teppaz y Cía.”, los empleados del taller tienen hoy su fuente de trabajo propia, y el hijo de Don Atilio Fassi, Norberto Fassi ,sigue en el mismo lugar donde se inició su padre junto con Antonio Teppaz.
 Cambiando de tema, las cooperativas cerealeras, han tenido gran importancia. Primero la Cooperativa Unión y Fuerza con aquel almacén inmenso de ramos generales y ferretería y, más adelante, la Cooperativa Agropecuaria. Es de hacer notar que antes de trasladarse al lugar actual, la vieja Cooperativa Agraria Unióny Fuerza se encontraba en el predio de calle Rivadavia y Belgrano, luego en ese mismo lugar llegó el transporte de la familia Comuco que también tuvo su importancia en nuestro pueblo.
 Después, con el paso de los años, los hermanos Balassone se instalaron en el mismo lugar con ese gran emprendimiento de comercio mayorista que fue orgullo de nuestra zona y quienes le dieron trabajo durante muchos años a infinidades de familias de Santa Isabel. Pero, como siempre, desgraciadamente, los vaivenes y cambios de  nuestra mal manejada economía echó por tierra el sacrificio de la familia Balassone.
 Hoy en día tenemos otra cooperativa, en otro rubro, por supuesto, me refiero a la industria frigorífica, me refiero COTRASI. El esfuerzo y la preocupación de su gente mantiene en pié a esta planta. La misma que llegó a tener momentos de gran productividad pero también graves problemas con cambios de mano y en la cual Jorge Tirelli fue un luchador incansable. Luís Miculán fue otro, junto a la gente que bregó por la fuente de trabajo. Imposible olvidarse de los muy buenos oficios de nuestros presidentes comunales que en diferentes gestione lucharon para mantener en pié la mas importante fuente de trabajo en nuestro pueblo, por eso Norberto “Pichón” Cugnofis fue ejemplo en esto, como también lo fue hasta hace poco tiempo Juan Enrique Lombardi.
 Actualmente la empresa Hathor como también Syngental son señeras también como la salida laboral y además por importante emprendimientos. Se agrega otra fuente laboral, la familia de Enrique Vázquez con su criadero de cerdos, una  importante cuota laboral. Y, por supuesto, las dos empresas de transporte, El Andar y Ruta Joven son fuentes de trabajo de enorme importancia. La fábrica lechera en Runciman es, en buena medida, otra ayuda laboral. Pido disculpas si me olvido, en este recorrido, de algún emprendimiento de trabajo.
 Con el paso de los años surgió algo muy importante en el pueblo y fue una idea magnifica de gente que pensó, primero, en el prójimo, en el de servir a los demás sin ningún interés propio. Nuestro Cuerpo de Bomberos Voluntarios es orgullo de Santa Isabel y de toda la zona. Sin hacer nombres, sin caer en injusto olvidos, los que pasaron, lo que están y los que vendrán, para todos ellos, que son ejemplos de tesón, sacrifico y abnegación, nuestro agradecimiento.
 Pero aun nos queda algo para recordar;  el paso por nuestro pueblo de los sacerdotes, los curas, aquellos con sotanas negras. En esos tiempos, el padre Llonch que venia de Villa Cañas a dar misa en aquel Chevrolet azul, creo que modelo 38, con el que muchos de nosotros tomamos nuestra primera comunión; o quizás el padre Traversa, de gestos algo huraño, pero que dejo un buen recuerdo, o quizás el padre Fabroni, muy deportista él, si hasta jugaba al fútbol con la muchachada. Y de allí que muchos jóvenes empezaron a ir mas asiduamente a misa y también otros que jamás iban. El Padre Tetamanti también nos dejó un muy buen recuerdo, y llegamos a nuestro Padre Raúl, ahora Don Raúl Trognot , el paso de los años nos hace llamarlo Don Raúl. Es que son mas de 40 años en que el Padre esta al frente de las comunidad, son muchos años de recuerdos; como las primeras reuniones de novios-futuros matrimonios de ese entonces. Y luego la entrevista con el Doctor Sylvester  en esas mismas reuniones, realmente cuantos casamientos, bautismos y comuniones de la mano de nuestro Padre Raúl, el recuerdo de la catequistas que tanto colaboraron con los niños. En mi tiempo de pibe Oldita Nesprias fue, aun ella muy joven, una de las mas recordadas.
 Y bueno… nombré al Dr. Sylvester, y por eso el recuerdo a los médicos, pero también incluso el gran aporte de aquellas parteras que tanto de bueno hacían para lograr el nacimiento en momentos que el médico, por diferentes causas, no llegaba o no estaba en el lugar. Y vuelvo otra vez a nuestros médicos, desde el Dr. Carrillo, pasando por el Dr. Horsmann o el Dr. Farr. O el Dr. Cequeira que, recuerdo, tenía gran afinidad con los niños. Después sí, el Dr. Norberto Sylvester, el Dr. Bozernitzan  y su señora. Ella tenía la especialidad de bioquímica, también el paso fugaz del Dr. Soldini. El Dr. Ernesto Araujo marcó también una senda en medicina pero, claro, los primeros médicos tuvieron que luchar a brazo partido en épocas muy difíciles, con medios muy precarios. Ya en tiempos mas cercanos el Dr. Jorge Del Grecco, que ya hace muchos años está entre nosotros, lo mismo que el Dr. Armando Alianak, orgullo de los isabelenses, que por ser nativo de nuestro pueblo, para todos es cariñosamente el “Dr. Armando”, y por supuesto, el ultimo recién llegado y afincado entre nosotros: el Dr. Ignacio Costa.
 Desde ya, otros médicos han pasado por nuestro pueblo, por ejemplo el Dr. Sarjanovich, que llego después del Dr. Sylvester y se alejó al tiempo, dejando un muy buen recuerdo. Lo mismo que los doctores Salvai y Chiacherini al igual que el Dr. Pereyra, incluso el Dr. Procaccini es otro de los muy queridos y que ahora atiende en su especialidad especifica. El Dr. Zanini es muy recordado también, al igual que el Dr. Tejerina que hizo muchas guardias en el hospital y la clínica. El Dr. Morelli aun en ocasiones atiende en nuestro pueblo. No nos olvidemos del Dr. Reynaldo Casco, otro gran medico que todas lasa semanas se llega a Santa Isabel para atender sus pacientes, y bueno… actualmente completan el plantel de nuestros médicos: el Dr. Raúl Bugnon y la Dra. Lorena Had, más el aporte invalorable de pediátricos, oculistas y especialistas de diferentes especialidades. Los anestesistas es otro rubro muy importante también en este quehacer.
 Y ahora ¿qué nos queda? Tantas cosas. Los médicos, dentistas, por ejemplo, con el recuerdo tan entrañable del Dr. Roberto Busto que ahora se actualiza se alarga en el tiempo con su hijo, para nosotros: el Guy Busto. El Dr. Balachino fue otro de los odontólogos de nuestro pueblo, hasta llegar al matrimonio de los doctores Gambini junto al matrimonio Iglesias que atienden tan eficazmente en nuestro hospital. Imposible dejar de lado a nuestros bioquímicos: el Dr. Durand recordado él que venia de Venado Tuerto para atender en Santa Isabel, el Dr. Feijó de Villa Cañas, un profesional muy querido y que falleció muy joven, para luego llegar el Dr. Palumbo quien echó raíces aquí, donde formó su familia. Otro que tuvo su paso en nuestro pueblo, no por mucho tiempo pero nacido aquí y que ahora desarrolla su profesión en la ciudad de Villa Cañas es el Dr. José Luís Pellegrini. El Dr. Sosa fue otro de nuestros bioquímicos en la localidad.
 Los radiólogos, otra faceta importantísima. Pero por supuesto es imposible recordar tantas cosas y personas importantes de nuestro querido pueblo; porque… como dejar de lado a los farmacéuticos, esa gente linda que nos saca tantas veces de un apuro inminente. Así que es muy noble recordar a la Faminia Cumba; por ejemplo el apellido Armincchiardi desde “Don Pedro” y “Don Alberto”, llegando a Luís ahora, pero al que por el momento no lo llamamos “Don”. Una familia arraigada y querida por todos, sin dudas, la familia. Miculán, que son familiares por herencia y por profesión. Los entrañables ”Beba y Bambín”, nombrados así tan amigablemente, el matrimonio Albanesi, y ahora se actualiza también con su hija Marcela. El matrimonio Severini en farmacia Cabello.
 Y siguiendo en esto de la comunidad isabelense, el trabajo abnegado y solidario de las enfermeras que pasaron y de las que están actualmente bregando por la salud de todos es algo que debemos reconocer con la dignidad que se merecen, las mucamas son también verdaderas mujeres que en un trabajo muy sacrificado se brindan por la gente, bueno… cuando nombro a los muchos mas incluyo también  a las cocineras, que es un metié de suma importancia. En la parte administrativa en lo referente a salud es muy encomiable al trabajo que realizan  también. Otra faceta importante es el trabajo de la Asistentes Sociales, que en nuestros días cobra tanta relevancia. 
 En este repaso y recuerdos, habrá cosas importantes que puedo recordar, pero en todo este recorrer de  caminos de cosas pasadas, añoranzas y recuerdos, el Club de Leones, fue otro logro de gente que trabajó por los demás. No tengo en mente los nombres que lo integraban, recuerdo sí que Albino Gobbi fue uno de los principales animadores, también Humberto “Chalo” Carpi y el desaparecido Antonio Risso fueron personas importantes en aquel Club de Leones. igualmente el reconocimiento a todas aquellas personas que integraron algo tan importante en obras de beneficencia, para todos nuestro agradecimiento.
 Cambiando de tema, en el aspecto cultural, la creación de La Fachada nos llena de orgullo por chicos tan jóvenes que lograron una cuota importante de cultura, para conseguir con esfuerzo y desinteresadamente un lugar donde expresar y demostrar cualidades, tal vez para muchos o algunos desconocidos. Y qué decir de la La Marrupeña, cuántas chicas y chicos surgieron de allí, como profesores de baile también, incluso con presentaciones de gran importancia a nivel nacional. La Marrupeña es orgullo de nuestro pueblo. Y los hacedores de ésta, la familia. Sunde con Nilda y Orlando a la cabeza y además Carmen Mondino; con estos nombres es hacer el homenaje a todos aquellos que contribuyeron a que La Marrupeña haya logrado tantas cosas importantes para todos.
 El casi ya legendario A todo Pulmón es un orgullo isabelense que va ganando terreno año tras año, sin duda que el recordado ”Lalo” Colomba fue junto con otra gente su más ferviente luchador.
 Y ahora… me pregunto una vez más… ¿que nos queda?, es imposible recordar a tanta gente que fue de tremenda importancia en nuestro pueblo.
 Pero hay una mujer que yo quiero homenajear, así humildemente, porque creo que ejemplo de sacrificio, digo esto porque en noches crudas de frió, lluvia o viento, jamás dejo de atender a aquel para aliviar algún dolor, y principalmente donde había criaturas, ella con su bicicleta salía a cualquier hora para colocar esa inyección que aliviara el dolor o hiciera bajar la fiebre, por supuesto hablo de Mabel Costa, sin duda que ésta Mujer es el emocionado agradecimiento de todos nosotros, de la comunidad, sin duda.
 Y en el final de esta humilde evocación, llega el recuerdo ferviente de nuestros queridos "Fundadores”, así, entre comillas y con mayúscula. Para los que están y para los que no figuran ni en las fotos ni en los escritos, los que están me refiero a aquellos que vemos en fotografías y escrituras, que los otros, los anónimos también fueron fundadores pues hay apellidos que quizás, y seguro que sí han luchado con sacrificio en épocas muy difíciles y remotas, sin medios pero con la fuerza y la inteligencia de los pocos que tienen y todo lo dan; los nombres… ya lo sabemos, hay otros que quizás ignoramos, todos ellos son “Fundadores”… todos ellos son el esfuerzo que ahora cumple 100 años, ese logro y ese esfuerzo que se llama Santa Isabel.
 Levantemos las copas y brindemos en un abrazo fraternal por estos primeros 100 años… y por los muchos 100 que vendrán…  
 Pido perdón por el olvido de cosas y gente que si no los recordé, igualmente los quiero en todo caso fue esta negligencia mía por olvido, por falta de conocimiento o por ignorancia, pero jamás por mala intención.
 Soy un retoño más de este árbol imaginario llamado Santa Isabel, un hijo más de nuestro pueblo…
 Un hijo más que gracias a Dios y a la compañera” inolvidable” se proyecta en el tiempo con otros hijos y una nieta hasta hoy…pero siempre esperando que las semillas sigan dando flores y frutos.
 Con el permiso de ustedes a los amigos de “Mi barra de Oro” que se fueron en plena juventud, José Ángel, Eduardo y después Héctor.
Y a los míos tan queridos… que ya no están, pero que viven en mi corazón hasta el fin de mis días…

 Por Juan Jorge Baldessari        


Jorge Baldessari -cuarto desde la izq.- con amigos a principio de la década de 1960


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martes, 12 de marzo de 2013

Historias que llegan al alma.

Publicado en "Acercar a la Gente"  Nº 47 del 20/12/2003
 
 Tres relatos de la vida real que desde la adversidad nos transmiten esperanza y confianza en nuestras fuerzas.
 
 La vida te da sorpresas. A veces buenas, otras no tanto. Lo cierto es que tarde o temprano debemos enfrentar situaciones duras, complejas y muy poco agradables. Suelen durar minutos, días o muchos años, pero si intentamos resolverlas y tenemos el valor necesario podemos cambiarles el final y hacer de ellas una experiencia positiva para nosotros mismos y para los demás.

Como ejemplo hemos seleccionado estas tres historias reales que nos transmiten esperanzas a pesar de sus comienzos angustiantes.
 
 
De hermano a hermano.
 Con voz pausada Hugo Ribas (56) nos habla desde el sillón de su peluquería, esa que en los últimos meses más de una vez debió dejar, al igual que a su familia, para realizarse decenas de análisis, chequeos y una internación de una semana para poder devolverle la esperanza a su hermano Jorge Alfredo "Fredy" (52).
 "Él había adelgazado mucho - cuenta- y en febrero pasado le empezó a doler un costado y se le hinchó el bazo. Fue al médico y le diagnosticó leucemia... Pero después de un estudio le hablaron sobre la posibilidad de un trasplante de médula ósea".
 Con la angustia que causa una noticia de este tipo Fredy comenzó el tratamiento para controlar la enfermedad. Pero la cura solo podía llegar con el transplante, por eso en junio se dispuso que los hermanos de Fredy (en total son 12 hermanos con vida) debían hacerse estudios de compatibilidad para saber cual de ellos sería el donante. "No se si lo soñé o qué, pero estaba tranquilo y convencido de que iba a ser yo, tenía esa sensación desde el primer momento. Fui en el primer grupo, nos hicimos el análisis y salí ciento por ciento compatible, por eso no se hicieron más".
 Hugo y Fredy comenzaron a viajar varias veces por semana a Rosario y a Venado Tuerto para hacerse los análisis y estudios que preparaban el terreno para el transplante. "Nunca se habló de tiempos, ellos no te dicen mucho pero te van llevando y preparando muy bien. A los dos nos hacían los mismos análisis, fueron más de 60 en total y varios chequeos. En el mes de septiembre pasado lo internaron, en Rosario".
 Quince días después Hugo también fue internado por una semana en el mismo centro de salud pero en otra habitación, y ambos fueron preparados para el transplante. "A él le bajaron las defensas -continúa diciendo- para recibir la médula, porque sino el cuerpo reacciona y se la rechaza, y a mi me las subieron. Cada 20 minutos te hacen algo, inyecciones, análisis, te pesan, te revisan continuamente... Podía caminar, estar en la pieza, lo más bien, pero estaba controlado. Además no tuve contacto con mi hermano desde el día que me internaron hasta el que me fuí; como tenía las defensas bajas lo aislaron para prevenir posibles contagios, aún hoy debe cuidarse de eso".
 Lo estricto del proceso se aprecia en algunos comentarios que hace: "cuando entrás ahí te hacés acéptico, te controlan por T.V. y todo eso. Yo le preguntaba a Cristina por nuestras hijas. Estaban fuera de la habitación pero no las las dejaban entrar. Te aíslan de todo el mundo..."
 Cristina, su esposa, explica en forma sencilla que el transplante de médula ósea se hacía a través de la médula de ciertos huesos del donante a otros del receptor pero que ahora el proceso es menos doloroso, es vía venosa. Se hace pasar la médula a la sangre del donante, luego se la separa y se la transplantan al paciente. Es un proceso lento que dura siete horas.
 Dicho de esta manera parece un trámite sencillo pero Hugo cuenta detalles largos de expresar que ponen a prueba el temple de una persona tanto en lo físico como en lo sicológico. "Tuve el apoyo de mi familia en todo momento, es que afectivamente es muy fuerte, no es tan simple como a veces lo vemos por en un noticiero. El shock más grande para mi fue cuando me vine, ahí tuve más conciencia y estaba muy alterado, por eso le tengo que pedir perdón a la gente, no estaba en condiciones de hablar, recién ahora lo puedo hacer ".
 En estos momentos Fredy ya no está internado pero continúa en Rosario recuperándose del transplante y controlando la enfermedad. "El médico me dijo que el transplante fue ciento por ciento exitoso. Todos los problemas colaterales que le dijeron que iba a tener los fue teniendo pero la médula está trabajando bien, así que esperamos que para enero ya esté acá. Es tremenda la tecnología que hay y es importante recalcar que lo que hace unos años atrás era imposible hoy se puede realizar, es fabuloso".
 Ahora que la tempestad está pasando Hugo hace balances que ponen como saldo favorable no solo la salud de su hermano si no también a los vínculos que se han estrechado: "Aunque vivimos cerca, él en Villa Cañás, por distintos asuntos nos veíamos poco, pero viajamos tanto que charlamos muchísimo. También sirvió para unirme más a sus hijas y su mujer. Ojalá que a nadie le toque, pero si tienen la oportunidad de donar, que lo hagan porque es una muy buena experiencia. Tal vez no tengo plena conciencia de lo sucedido pero cuando Fredy venga y estemos más tiempos juntos me voy a dar cuenta".
 ¿Sirvió esta experiencia para afianzar los lazos entre ambos? Hugo dice que si. "Teníamos la unión de hermanos sin ningún drama, hola que tal, como te va? Pero en las charlas con la sicóloga descubrí cosas que yo no le conocía. Porque hasta que no te tocan un sentimiento no valorás nada, todo está por el aire. Eso es lo que hoy siento". 
 
 
 Alumbrar en la noche.
 Ella conoce muy bien eso de traer hijos al mundo, tiene cinco. Pero el nacimiento de Néstor Pablo, segundo de los varones, ha sido una experiencia inolvidable para Clara Pérez de Ledesma (51) quien nos concedió una pausa en el trabajo que realiza en la Comuna de Santa Isabel para contarnos su odisea.
 Con tono humilde nos cuenta que en 1987 se encontraba embarazada de quien iba a ser su cuarto hijo. Los médicos que la atendían habían verificado que todo estaba bien y habían estimado una fecha para el parto, pero la cosa se adelantó unos días a lo esperado. "Desde unos días antes, que habían sido calurosos, tenía dolores, y esa noche sentí que iba a nacer. Ya tenía dolores de parto".
 A la una de la mañana del 9 de agosto estaba sola con sus hijos en su casita humilde porque su esposo había tenido que ausentarse por razones de trabajo. Entonces decidió que ya no podía esperar más porque supo que el bebé iba a nacer de un momento a otro. Es así que se levantó, se preparó, tomó los documentos y despertó a una de sus hijas para que la acompañara.
 La noche era fea y si bien no llovía amenazaba con hacerlo: "Salí caminando de mi casa para ir hasta la Clínica porque al hospital no llegaba, me acompañó Laura que tenía 10 años y que poco entendía de lo que pasaba".
 La Clínica, como se la llamaba por ese entonces al Sanatorio Santa Isabel, estaba a poco más de cuatro cuadras de su casa pero el viaje se hizo interminable: "No teníamos vecinos en esa época, además, en mi casa ni luz teníamos y en el camino no encontré absolutamente a nadie, los únicos que estaban eran unos perros que nos seguían. Yo iba caminando paso a paso, muy despacio por los dolores que venía sintiendo, no daba más".
 De todos modos siguió su marcha durante casi una hora hasta que se detuvo a pocos metros del lugar de destino, a la vuelta de la Clínica. El niño llegaba en medio de la noche y no hubo más tiempo que esperar. "Caminé despacio hasta que llegué frente a la casa que en esa época era de los viejitos Pennacchietti, (José Ingenieros al 1200) y no pude seguir más. Apoyé mi mano en la puerta y mandé a la nena a avisar a las enfermeras que no llegaba a la Clínica y para que les pidiera que vinieran hasta donde estaba."
 Pero cuando la chica fue a buscar a las enfermeras se agregó a la noche y al mal tiempo la más absoluta soledad: "Estaba desesperada, estaba sola, no había nadie en la calle, solamente esos perros que estaban ahí y que yo quería correr. Por eso no me acosté para tener el bebé, porque pensaba en esos perros".
 Clara debió realizar un esfuerzo terrible, pero el alumbramiento finalmente se produjo: "Entonces me quedé parada, apoyé la mano en la puerta y nació... Nació, lo agarré, lo levanté desesperada y le dí un chirlo para que llorara porque lo veía ahogado. Después lo envolví en mi pollera y empecé a caminar despacito otra vez".
 Cuando estaba llegando a la esquina regresó su hija: "Mami, dice la enfermera que no puede venir". "La enfermera no podía dejar sola la Clínica pero le dije a la nena: ¡decile que ya nació el bebé, decile que nació!; yo pensaba que el bebé iba a tener problemas. Y bueno, la enfermera vino acompañada y le entregué el bebé en la esquina, desesperada para que lo salvara".
 El movimiento fue grande esa madrugada en la Clínica: "A a mi me llevaron hasta la camilla, llamaron al Dr. Armando que atendió al bebé, que pesó dos kilos setecientos, y me atendió a también a mi. Además vino la Dra. Norma, le hicieron análisis, todo... El Dr. Armando me preguntaba ¿Qué hiciste con el cordón umbilical, tenías tijera? Creo que se cortó cuando lo levanté, yo no me di cuenta...El nene, que ahora tiene 16 años, nació sano, hasta ahora apenas si tuvo algunos resfríos."
 A pesar de todo lo que tuvo que padecer esa noche, Clara se muestra feliz de contarnos su historia y especialmente de su final: "Hubo un final feliz y estoy muy contenta porque vino mucha gente a visitarnos, nos trajeron ropa, tenía hasta moisés y talco... Me regalaron una caja de ropita de bebé.... Todo bien, este fue el bebé que más cosas tuvo de todos los chicos que tuve. No tenía ropa porque no había aprontado nada porque esperaba que naciera unos días más adelante. Una señora me iba a regalar ropa pero cuando pasó todo esto ella no había llegado. En verdad, todo lo que pasó fue una especie de milagro..."
Esa mañana finalmente se puso a llover.
 
 
  El encuentro tan esperado.
 Para comenzar el relato lanza esta terrible frase: "Mi mamá nos abandonó cuando éramos chicos y mi papá ya nos había abandonado antes."
 Gladys Cardozo de Tavani (64) cuenta que ella y sus otros tres hermanitos vivían en Cafferata cuando esto pasó. "Yo era la mayor, tenía 5 o 6 años y vivíamos en un ranchito, me acuerdo como si fuera hoy del día que se fue mi papá. Todo debe haber pasado en pocos días pero cuando uno es chico le parece que pasa mucho tiempo."
 Con tristeza en los ojos Gladys recuerda esos días tan lejanos en el tiempo pero tan presentes en la memoria: "Después que se fue mi papá nos quedamos con ella. Nos mandaba de un lado a otro, pedíamos por la calle... uno nos daba, otros no porque decían que mi mamá les debía. Me acuerdo de una vez que tomábamos mate cocido en un plato para que los chicos vecinos creyeran que estábamos comiendo". "La abuela de Alberto Ludueña -un vecino de nuestra localidad-, que vivía en frente nos daba la leche, nosotros pasamos el sarampión sentados afuera... Siempre vivíamos solitos, porque mi mamá se iba a la mañana y no volvía. Hacíamos fuego en un brasero de lata y no se por qué, una vez teníamos un pedazo de carne; me acuerdo tan bien de eso, del fuego y que pusimos la carne arriba..."
  Un día su madre decidió irse definitivamente.. "Estábamos durmiendo, yo me desperté y me dijo: me voy a Venado y mañana los vengo a buscar. Esa noche ella se fue y nos quedamos solos... Al pueblo llegaba un solo colectivo, así que todas las tardes ibamos a esperar la llegada de mi mamá...y no llegó nunca..."
 Después de un tiempo los hermanos comenzaron a separarse. Ana María, la tercera, fue llevada por desconocidos "Vino una señora de Chovet a buscarla y me dijo que mamá se la había regalado, a mi hermano Hugo unos vecinos también se lo llevaron y yo, que era la mayor, me quedé solita en el rancho".
 Y sigue relatando más cosas de esa niñez tan dura "como la de mi hermanito, mi mamá nos dejó a nosotros tres con el bebito que lloraba y lloraba... Yo preparé mate cocido y le daba mate cocido pero a los dos o tres días se murió... una vecina decía tendrá esto, tendrá lo otro. Qué se yo, tenía hambre, yo era chiquita..."
 Unos vecinos, que no le dieron buen trato, llevaron a Gladys con ellos hasta que llegó al pueblo un matrimonio que no tenía hijos, él era el nuevo comisario. "le dijeron si me quería, consultó con la mujer y me llevaron, son los que me criaron y con quienes estuve hasta que me casé; ella es Mayorina de Cufré, que vive aquí; mis hijos le dicen abuela".
 ¿Volvió a ver a sus padres y hermanos? Dice que su madre vivía en Venado Tuerto y una vez, cuando era chica apareció por Cafferata aunque no sabe para qué, nunca más la volvió a ver pero tiene conocimiento de que siguió teniendo más hijos que no conoce y se enteró de su muerte una mañana escuchando las noticias por la radio. Con su padre tuvo contacto cuando vino una vez a Santa Isabel, él vivía en Buenos Aires con Hugo a quién finalmente se había llevado. Con Hugo, que ahora vive en Santa Isabel, se reencontró hace tiempo.
 Pero ¿Y donde estaba aquella hermanita que se habían llevado? La que, según relata, siendo pequeña se había quemado las piernas cuando la madre la puso envuelta cerca de un brasero que incendió sus ropas.
 Gladys creció, desarrolló su vida, tuvo una familia pero siempre recordaba a Ana María "Cuando veía a alguien en la calle pensaba que podía ser mi hermana, que podía encontrarla; a lo mejor está enferma y anda por ahí, pensaba"
 Una serie de charlas casuales y averiguaciones comenzaron a acercarla a su paradero. Tal es así que Alberto Ludueña le confirmó a Bibiana, hija mayor de Gladys, que él era familiar de quienes la habían llevado a Chovet y, luego de nuevas averiguaciones, que Ana María ya no quería tener contacto con quienes la habían criado pobremente y cargada de trabajo.  También hubo charlas en Buenos Aires, donde vive Ana María, ya que una mujer oriunda de Chovet, que solía verla casualmente le comentó que la estaban buscando. "Bibiana con Alberto hicieron el trámite y la cuestión es que un día me llamó para decirme que había llegado una carta de mi hermana".
 Así comienza el contacto directo entre ellas, con cartas y con el teléfono y con una inmensa alegría de por medio. "Ella me contó que tiene tres chicos, una nena y dos varones mellizos que nacieron un 14 de septiembre, ¡y los míos el 15 de septiembre del mismo año!. Yo tengo a David nada más de esos mellizos".
 Entre charla y charla, quedaron encontrarse con sus respectivas familias en Santa Isabel para Navidad "y un 24 vinieron, en el pueblo todo el mundo sabía de esto y nos venían a ver! Y ellos, viniendo, pararon en el cruce para preguntar por Santa Isabel y por la familia Tavani, y el que los atendió les preguntó: ¿Usted es hermana de Gladys? Si, claro, le contestaron; bueno, les dijo, allá la están esperando con bombos y platillos!"