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domingo, 22 de septiembre de 2024

El Asilo de Ancianos del hospital

 El actual geriátrico que funciona en un ala del inmueble del Hospital Miguel Rueda debe su existencia a un grupo de mujeres que decidieron llevar adelante su creación.

  La Comisión de Damas de la entidad, formada por Angelita Cucco, Irma Pellegrini, Gladys Zanotti, Mirna Sánchez, Ana María Benedetto, María Raverta de Quatrín, Ofelia de Oliva, Marta Lobos, Rosita Bessone, Nélida Reato y Margarita de Costas decidió fundar el Asilo de Ancianos el 23 de octubre de 1969. Desde ese momento comenzaron a recaudar fondos con la organización de distintos eventos y colectas con lo que se logró la adquisición de muebles y ropa de cama.

  La inauguración del Asilo, a la que asistió el Gobernador de la Provincia de Santa Fe, Dr. Sylvestre Begnis,el Ministro de Bienestar Social y autoridades y público, se realizó el 5 de mayo de 1974.

  Desde ese momento, a pesar de las diversas crisis económicas e institucionales, el geriátrico se ha mantenido en funcionamiento y, tanto los servicios como la infraestructura edilicia, han crecido sin pausa. 

Una fiesta de cumpleaños en el Asilo de Ancianos del Hospital Miguel Rueda en el aó 2002, aproximadamente.alrededor del .

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jueves, 2 de enero de 2014

Club de Servicios Comunitarios.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 104 - 29/10/09

  Esta entidad se fundó el 1º de junio de 1982 constituyendo su Comisión Directiva de la siguiente manera: Presidente: Felipe Floridi, Vicepresidente; Próspero Antonio Risso; Vicepresidente 2º: Albino E. A. Gobbi; Vicepresidente 3º: Humberto Carpi; Secretario: Agustín Leal; Pro Secretario: Oscar Stiepovich; Tesorero Humberto Pennacchietti; Pro Tesorero: Carlos Casadei; Vocales: Alberto Fassi, Enrique Canal, Emilio Pellegrini, Adolfo Leidi, Juan C. Luporini, Pedro Viccei, Osvaldo Saez, Arístides Catini, Eduardo Mercé y Miguel Mercé.

 Surgió para reanudar las actividades que realizaba el Club de Leones de Santa Isabel. Este cambio se produjo como consecuencia de la desafiliación del Lion's International con sede en los EE.UU., que fue resuelta por unanimidad y como acto de repudio hacia las autoridades máximas de dicha asociación, tanto en el orden nacional como internacional, por mantener una actitud silenciosa e indiferente frente a la guerra por las Islas Malvinas en ese año.
 
El Club de Leones de Santa Isabel había sido constituído el 12 de junio de 1975. Sus socios fundadores fueron Atilio Fassi, José Tocchetti, Pedro Viccei, Emilio Pellegrini, Dante Pellegrini, Oscar Stiepovich, Próspero Antonio Risso, José A. Rubín, Albino E. A. Gobbi, Pedro Ballachino, Mario Bosertnizan, Arístides Catini, Oscar Dellacha, Alberto Fassi, Felipe Floridi, Víctor Glavinovich, Heriberto Latini, Adolfo Leidi, Enrique Canal y Mateo Matiacich.

 Desde el inicio de sus actividades se dedicó a realizar obras en favor de la niñez, la ancianidad e instituciones de bien público tales como la donación de un generador al Hospital Miguel Rueda, la reparación y equipamiento de una ambulancia para servicio de la comunidad (fue la primera con que contó Santa Isabel), donaciones a las escuelas de equipamiento, libros, útiles, etc., celebración del día de la madre y del niño con programas teatrales y cinematográficos, etc.

El Club de Leones estableció el servicio permanente sin cargo de muletas y camas y sillones ortopédicos, el que continuó a cargo del Club de Servicios Comunitarios hasta que éste, en marzo de 2005, mediante un convenio celebrado con la Asociación Hospital Miguel Rueda le transfirió a esta última dichos bienes y servicios.

 Tras este acuerdo, el Club de Servicios Comunitarios quedó inactivo.


  1975  - Acto de entrega de un televisor por parte del Club de Leones de Santa Isabel a la Asociación Hospital Miguel Rueda. De izq. a der.: Ángel Benso (Presidente de la Asoc. Hospital. M. Rueda), Raúl Paolinelli, Albino E. A. Gobbi, Alberto Farsi, Oscar Carini, desconocida, desconocida, Enrique Canal.





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domingo, 29 de diciembre de 2013

La Señora de las Cañas.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 81 - 28/08/07

Sin dudas, la historia de Santa Isabel no estaría completa si no se le dedicase un espacio a Aurora Buscarioli, conocida como la Señora de las Cañas.
 
 Sus orígenes se remontan a Villalpando, un pueblo de Castilla y León en España, lugar desde donde llegaron sus padres al corazón de la pampa húmeda, como tantos otros inmigrantes, buscando la realización de sus sueños. 

 Esta pareja de labradores se instaló en lo que hoy es el límite entre Santa Isabel y María Teresa. De ellos nacieron 7 hijos. Aurora fue la segunda, un ser muy especial, diferente, que alegró el hogar de sus padres el 30 de octubre de 1916 y que tuvo una juventud poco sencilla ya que, como mucama, debió trabajar mucho.
 Se casó con Pedro Cicci. Mientras él trabajaba en los galpones del ferrocarril, ella lo hacía en la fábrica de medias del Sr. Tavani. Tuvieron tres hijos: Rosendo, Cristóbal y Lucio. Aurora pedía con frecuencia a Dios por seguridad para sus hijos, alimentos y salud. Solo eso la conformaba.

 Se cuenta que una tarde, mientras lavaba medias en el patio de su casa, se acercó a ella una vecina con su bebé en brazos pidiéndole, entre llantos, que cure a su pequeño hijo. Aurora no entendía, le pedía que lo llevara al médico, pero la mujer insistía de un modo sorprendente.

 Aurora tomó un crucifijo que llevaba colgado al cuello y lo posó sobre el cuello de la criatura quien evidenció una rápida mejoría. Brotaron de sus labios palabras desconocidas. La fiebre bajó. Le recetó una infusión de Yerba de Pollo. El niño estaba totalmente curado. A cambio recibió una gallina y la fama que la acompañaría hasta su muerte.

 Comenzó a tener videncias. Existen sobradas pruebas de que fue consultada por gente humilde y también por personalidades de todo el país y del extranjero. Uno de los casos más conocidos fue el de las hermanas Norma y Mimí Pons. 

 No todas fueron rosas para Aurora. Sufrió persecuciones por parte de las autoridades y denuncias. Pero hasta la policía la consultaba aunque, muchas veces, el mismo agente que se había hecho atender la premiaba haciéndole pasar una noche fría en la celda.

 No cobraba ni un peso. Se valía de un crucifijo, cintas y cañas. Curó, atendió o sanó -o como se lo quiera llamar- hasta que sus fuerzas y su salud se lo permitieron. 

 Su deterioro comenzó cuando falleció su esposo. Él fue quién más la comprendió, el que luego de extenuantes jornadas en las que se enfrentaba con enfermos del cuerpo y del alma, la esperaba con unos amargos. Pata de Cabra, empachos, ojeaduras, borracheras, traiciones, celos. Todos pasaban por la modesta casa de calle 25 de Mayo.

 A fuerza de aliviar males ajenos olvidó los propios. Una ataque de presión la llevó a declinar, a sentirse perdida, a sumirse en un mundo desconocido para el resto de los mortales durante varios años. Murió acompañada de sus familiares en el año 2000, recibiendo o despidiendo el milenio. 

 Poderes extraordinarios, sugestión, propiedades curativas de ciertas yerbas, fe... O la combinación de todas ellas; tal vez esas hayan sido las armas que utilizaba para aliviar los cuerpos y las mentes, o para indicar el lugar en que se encontraba un objeto perdido.

 Dicen que su padre, al igual que ella, también tenía videncias. ¿Alguien habrá heredado esas facultades?

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jueves, 26 de diciembre de 2013

Hospital Miguel Rueda. 75 años.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 116 - 20/12/10 

El 16 de noviembre de 1930, en el local comunal, quedó constituida la Comisión Pro Hospital de la siguiente manera: Presidentes Honorarios: Miguel Rueda, Federico Covernton y Ciro Echesortu. Comisión Consultiva: Dante Pellegrini, Esteban Magliori y Dr. Juan Carrillo. Comisión Directiva: Ángel Ferro, Pablo Chieza, Máximo Martínez, Juan Fuentes Calventes, Andrés Dall'Occhio, Domingo Benso, Luis Penecino, José Pietrobón, Justo Vázquez, Venito Sallio, Mateo Colomba, Andrés Varela, Luis Angelino y José Tavani, entre otros.

  El terreno para la construcción del edificio, una manzana delimitada por las calles Misiones, Rivadavia, Chaco e Yrigoyen fue donado por Miguel Rueda. El plano del edificio del hospital fue realizado por el Ing. Camarero con los consejos del Dr. Alejandro Gutiérrez de Venado Tuerto.

En1931 la Comisión formada logró obtener la Personería Jurídica. 


 En 1933 nuevamente Miguel Rueda realizó una donación para el hospital, esta vez en efectivo, la mitad del presupuesto que presentaron los constructores Arturo Calcaprina y Juan Dazzi, para la construcción de la primera etapa del edificio.

El día 31 de diciembre de 1935 se decidió llamar al nosocomio "Hospital Miguel Rueda". Rueda había propuesta que se llamara Dr. Juan Carrillo, pero finalmente la Comisión optó por el nombre que aún persiste.


 La fundación se llevó a cabo el 26 de enero de 1936. Como parte de los festejos se montó una carpa en el mismo predio, posiblemente en el sector trasero, donde se realizó un gran almuerzo. 

Estuvieron presentes un delegado del Presidente de la República, el Interventor Federal en la provincia, ministros provinciales y un representante del obispo. En una parte del discurso pronunciado por el Dr. Carrillo en esa oportunidad se pudo escuchar "(...)a esta clase de ricos útiles pertenece Don Miguel Rueda, para honor y beneficio de nuestro pueblo, siendo de esperar que surjan también otros acaudalados decididos a prestar su ayuda..."

 En 1949 se formó la primera Comisión de Damas, sin embargo desde sus principios la mujer tuvo activa participación en el hospital, no solo dentro del cuerpo de enfermeras sino también como colaboradoras, siendo una de gran actividad la Sra. Agustina Toriani de Gavio. Esta primera Comisión de Damas tuvo como Presidenta a María Eugenia Caminos y estuvo acompañada por Aída Arena, Anita de Sánchez, Noemí Fiorito, Maribel Marino, María Siarrusta, Bety Ruiz, Isabel Gobbi, Irma Arona, Chola Ghini y F. Carpi de Marino.

 No todos los momentos en la vida institucional de la entidad han sido auspuciosos. El 7 de enero de 1951, la Comisión Directiva, por falta de recursos y por el silencio de las autoridades provinciales, a pesar de los reiterados pedidos de ayuda, decidió suspender las internaciones y se hizo extensiva la resolución a los consultorios externos el día 15 de abril, fecha en que el hospital quedó cerrado al público.

Algunos vecinos se reunieron en 1956 para reorganizar la reapertura, se eligió nueva Comisión Directiva y se reintegró la Comisión de Damas pero las gestiones no prosperaron. Las actividades que dieron frutos positivos se iniciaron en 1958.


 Respecto de las mismas, uno de los involucrados, el Sr. Hugo Pessino, en 2005 expresó lo siguiente: "(...) Rafael Pasquinelli trabajaba en la Cooperativa Unión y Fuerza, donde estaba Leandro Quatrín, Enrique Canal y yo que había estado ayudando en unos balances. Cuando Pasquinelli se presentó como candidato a diputado nosotros lo apoyamos y cuando llegó a serlo se pensó en reabrir el hospital y se creó una comisión. Estaban, entre otros, Pasquinelli, "Mito" Martínez, el Dr. Fahr, "Titi" Ruiz, Gerardo Tobío y Nereo Ansaloni.

 Se firmó un convenio con el gobierno provincial por el cual éste comprometía a hacer aportes para mantener al hospital y nosotros recaudábamos fondos para la compra de materiales. El gobierno quería que todo pasara a propiedad de la provincia y nosotros no. Finalmente prevaleció nuestra opinión, el hospital se puso en marcha nuevamente y una de las principales fuentes de ingreso fueron los carnavales. Estaba José Arias, un zapatero, que siempre había querido hacer un gran corso, así que se puso a trabajar, creó comparsas en los barrios, ofreció premios y consiguió ropas para los que no tenían. Se hizo un primer corso grande que dejó mucha plata y permitió comprar cosas, traer médicos, instalar un laboratorio. Se compró un microscopio, y un fotocolorímetro para hacer análisis, se pintó, se repararon las camas..."

 La segunda apertura oficial del Hospital Miguel Rueda se realizó el 3 de junio de 1960 estando presente el Gobernador de la Provincia Sylvestre Begnis, Monseñor Caferata, el Ministro de Salud Pública de la provincia, el de Hacienda y el de Obras Públicas, el diputado provincial Rafael Pasquinelli, legisladores y demás autoridades locales además de un numeroso público. Fue designado director quien tanto había bregado por la reapertura, el Dr. Carlos E. Farr.

 En marzo de 1975 el hospital recibió la donación de un inmueble perteneciente a la Sociedad Española de Socorros Mutuos de Santa Isabel el que, posteriormente fue vendido a la Caja de ahorro y Crédito de Santa Isabel quien construyó el edificio que actualmente es del Banco Credicoop Coop. Ltdo. situado en Belgrano y Mitre.

A instancias de su director el Dr. Norberto Sylvester, en 1977 se construyó un nuevo pabellón.


La Comisión de Damas de la entidad, formada por Angelita Cucco, Irma Pellegrini, Gladys Zanotti, Mirna Sánchez, Ana María Benedetto, María de Quatrín, Ofelia de Oliva, Marta Lobos, Rosita Bessone, Nélida Reato y Margarita de Costas decidieron fundar el Asilo de Ancianos el 23 de octubre de 1969. Desde ese momento comenzaron a recaudar fondos con la organización de distintos eventos y colectas con lo que se logró la adquisición de muebles y ropa de cama.

 La inauguración del Asilo, a la que asistió el Gobernador de la Provincia de Santa Fe, Dr. Sylvestre Begnis,el Ministro de Bienestar Social y autoridades y público, se realizó el 5 de mayo de 1974.

En la actualidad la Comisión Directiva de la Asociación Hospital Miguel Rueda tiene a cargo tanto el hospital como el geriátrico.


 En las últimas décadas, a pesar de las diversas crisis económicas e institucionales, la entidad se ha mantenido en funcionamiento y tanto los servicios como la infraestructura edilicia han crecido sin pausa.

Sería largo de enumerar a todo el personal médico y no médico que ha actuado en el Hospital como así también a las distintas comisiones directivas. Respecto de éstas, han sido sus presidentes, en forma consecutiva, Ángel Ferro, Alfredo Vázquez, Ángel Benso, Enzo Costas, Daniel Gutiérrez, Oscar Carini, Néreo Ansaloni, Jorge Cugnoflís, Diego Latini y Eduardo Street.


 Por otra parte, como directores del nosocomio se han desempeñado los Drs. Juan Carrillo, Alfredo Horsmann, Carlos Farr, Norberto Sylvester, Ernesto Araujo, Sarjanovich, Germán Pereyra, José Pedrueza, Benjamín Armando Alianak y, actualmente, Raúl Bugnón.

 El Hospital Miguel Rueda (2010).

 La construcción del Hospital en 1935.







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lunes, 23 de diciembre de 2013

Doctor Sylvester.

 Publicado en "Acercar a la Gente" N° 29 - 05/08/01

Norberto Sylvester nació en la localidad santafesina de Sancti Spíritu el 18 de junio de 1934. Allí comenzó sus estudios que continuaron en Elortondo, Firmat y Venado Tuerto, lugares a los que la familia se trasladaba porque su padre, oriundo de Rosario, era director de escuelas. Una vez terminada la secundaria ingresó a la Universidad Nacional de Rosario donde se graduó, a la edad de 28 años, de médico cirujano.

 Por unos parientes supo que en Santa Isabel solo había un médico. Luego de visitar la localidad y siendo aún soltero, se instaló aquí. En un primer tiempo vivió en el Hotel Central, atendiendo a sus pacientes en el Hospital Miguel Rueda (como lo haría siempre) o en su consultorio que estaba en calle Sarmiento al 1200 (frente a la Cooperativa). Un año después, y con su familia recién formada, se estableció en la casa de 25 de Mayo y la vía, lugar que alquilaron y luego compraron.

 Fue un médico que se entregó totalmente a su profesión. Vivió pendiente de sus pacientes, pasando muchas noches casi sin dormir por un caso grave o un parto que se aproximaba. Más de una vez dejó un plato de comida ante un llamado, cualquiera fuese su importancia. En su consultorio todos eran atendidos, con o sin obra social, y durante años no llevó la cuenta de los honorarios que le adeudaban. Aunque luego tuvo una secretaria esto no le impidió dejar de cobrar muchos de ellos.

 El estrés que le ocasionaba la actividad le acarreó problemas de salud. Por recomendación de un médico cardiólogo comenzó a buscar tranquilidad. En Buenos Aires se especializó en geriatría y en 1974 se trasladó con su familia a Rosario donde trabajó en un hospital geriátrico. Pero esto no duró mucho, luego de un año volvió a Santa Isabel, al lugar y a la actividad que extrañaba. Vivió un tiempo en la casa parroquial y cuando volvió su familia lo hicieron en una casa que le prestaron unos amigos. La continuidad del trabajo y un accidente automovilístico deterioraron su salud. Su corazón lo abandonó el 9 de agosto de 1980. Fue velado en la iglesia parroquial donde se congregó una multitud. 

Había muerto mucho más que un hombre bueno.

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martes, 12 de marzo de 2013

Historias que llegan al alma.

Publicado en "Acercar a la Gente"  Nº 47 del 20/12/2003
 
 Tres relatos de la vida real que desde la adversidad nos transmiten esperanza y confianza en nuestras fuerzas.
 
 La vida te da sorpresas. A veces buenas, otras no tanto. Lo cierto es que tarde o temprano debemos enfrentar situaciones duras, complejas y muy poco agradables. Suelen durar minutos, días o muchos años, pero si intentamos resolverlas y tenemos el valor necesario podemos cambiarles el final y hacer de ellas una experiencia positiva para nosotros mismos y para los demás.

Como ejemplo hemos seleccionado estas tres historias reales que nos transmiten esperanzas a pesar de sus comienzos angustiantes.
 
 
De hermano a hermano.
 Con voz pausada Hugo Ribas (56) nos habla desde el sillón de su peluquería, esa que en los últimos meses más de una vez debió dejar, al igual que a su familia, para realizarse decenas de análisis, chequeos y una internación de una semana para poder devolverle la esperanza a su hermano Jorge Alfredo "Fredy" (52).
 "Él había adelgazado mucho - cuenta- y en febrero pasado le empezó a doler un costado y se le hinchó el bazo. Fue al médico y le diagnosticó leucemia... Pero después de un estudio le hablaron sobre la posibilidad de un trasplante de médula ósea".
 Con la angustia que causa una noticia de este tipo Fredy comenzó el tratamiento para controlar la enfermedad. Pero la cura solo podía llegar con el transplante, por eso en junio se dispuso que los hermanos de Fredy (en total son 12 hermanos con vida) debían hacerse estudios de compatibilidad para saber cual de ellos sería el donante. "No se si lo soñé o qué, pero estaba tranquilo y convencido de que iba a ser yo, tenía esa sensación desde el primer momento. Fui en el primer grupo, nos hicimos el análisis y salí ciento por ciento compatible, por eso no se hicieron más".
 Hugo y Fredy comenzaron a viajar varias veces por semana a Rosario y a Venado Tuerto para hacerse los análisis y estudios que preparaban el terreno para el transplante. "Nunca se habló de tiempos, ellos no te dicen mucho pero te van llevando y preparando muy bien. A los dos nos hacían los mismos análisis, fueron más de 60 en total y varios chequeos. En el mes de septiembre pasado lo internaron, en Rosario".
 Quince días después Hugo también fue internado por una semana en el mismo centro de salud pero en otra habitación, y ambos fueron preparados para el transplante. "A él le bajaron las defensas -continúa diciendo- para recibir la médula, porque sino el cuerpo reacciona y se la rechaza, y a mi me las subieron. Cada 20 minutos te hacen algo, inyecciones, análisis, te pesan, te revisan continuamente... Podía caminar, estar en la pieza, lo más bien, pero estaba controlado. Además no tuve contacto con mi hermano desde el día que me internaron hasta el que me fuí; como tenía las defensas bajas lo aislaron para prevenir posibles contagios, aún hoy debe cuidarse de eso".
 Lo estricto del proceso se aprecia en algunos comentarios que hace: "cuando entrás ahí te hacés acéptico, te controlan por T.V. y todo eso. Yo le preguntaba a Cristina por nuestras hijas. Estaban fuera de la habitación pero no las las dejaban entrar. Te aíslan de todo el mundo..."
 Cristina, su esposa, explica en forma sencilla que el transplante de médula ósea se hacía a través de la médula de ciertos huesos del donante a otros del receptor pero que ahora el proceso es menos doloroso, es vía venosa. Se hace pasar la médula a la sangre del donante, luego se la separa y se la transplantan al paciente. Es un proceso lento que dura siete horas.
 Dicho de esta manera parece un trámite sencillo pero Hugo cuenta detalles largos de expresar que ponen a prueba el temple de una persona tanto en lo físico como en lo sicológico. "Tuve el apoyo de mi familia en todo momento, es que afectivamente es muy fuerte, no es tan simple como a veces lo vemos por en un noticiero. El shock más grande para mi fue cuando me vine, ahí tuve más conciencia y estaba muy alterado, por eso le tengo que pedir perdón a la gente, no estaba en condiciones de hablar, recién ahora lo puedo hacer ".
 En estos momentos Fredy ya no está internado pero continúa en Rosario recuperándose del transplante y controlando la enfermedad. "El médico me dijo que el transplante fue ciento por ciento exitoso. Todos los problemas colaterales que le dijeron que iba a tener los fue teniendo pero la médula está trabajando bien, así que esperamos que para enero ya esté acá. Es tremenda la tecnología que hay y es importante recalcar que lo que hace unos años atrás era imposible hoy se puede realizar, es fabuloso".
 Ahora que la tempestad está pasando Hugo hace balances que ponen como saldo favorable no solo la salud de su hermano si no también a los vínculos que se han estrechado: "Aunque vivimos cerca, él en Villa Cañás, por distintos asuntos nos veíamos poco, pero viajamos tanto que charlamos muchísimo. También sirvió para unirme más a sus hijas y su mujer. Ojalá que a nadie le toque, pero si tienen la oportunidad de donar, que lo hagan porque es una muy buena experiencia. Tal vez no tengo plena conciencia de lo sucedido pero cuando Fredy venga y estemos más tiempos juntos me voy a dar cuenta".
 ¿Sirvió esta experiencia para afianzar los lazos entre ambos? Hugo dice que si. "Teníamos la unión de hermanos sin ningún drama, hola que tal, como te va? Pero en las charlas con la sicóloga descubrí cosas que yo no le conocía. Porque hasta que no te tocan un sentimiento no valorás nada, todo está por el aire. Eso es lo que hoy siento". 
 
 
 Alumbrar en la noche.
 Ella conoce muy bien eso de traer hijos al mundo, tiene cinco. Pero el nacimiento de Néstor Pablo, segundo de los varones, ha sido una experiencia inolvidable para Clara Pérez de Ledesma (51) quien nos concedió una pausa en el trabajo que realiza en la Comuna de Santa Isabel para contarnos su odisea.
 Con tono humilde nos cuenta que en 1987 se encontraba embarazada de quien iba a ser su cuarto hijo. Los médicos que la atendían habían verificado que todo estaba bien y habían estimado una fecha para el parto, pero la cosa se adelantó unos días a lo esperado. "Desde unos días antes, que habían sido calurosos, tenía dolores, y esa noche sentí que iba a nacer. Ya tenía dolores de parto".
 A la una de la mañana del 9 de agosto estaba sola con sus hijos en su casita humilde porque su esposo había tenido que ausentarse por razones de trabajo. Entonces decidió que ya no podía esperar más porque supo que el bebé iba a nacer de un momento a otro. Es así que se levantó, se preparó, tomó los documentos y despertó a una de sus hijas para que la acompañara.
 La noche era fea y si bien no llovía amenazaba con hacerlo: "Salí caminando de mi casa para ir hasta la Clínica porque al hospital no llegaba, me acompañó Laura que tenía 10 años y que poco entendía de lo que pasaba".
 La Clínica, como se la llamaba por ese entonces al Sanatorio Santa Isabel, estaba a poco más de cuatro cuadras de su casa pero el viaje se hizo interminable: "No teníamos vecinos en esa época, además, en mi casa ni luz teníamos y en el camino no encontré absolutamente a nadie, los únicos que estaban eran unos perros que nos seguían. Yo iba caminando paso a paso, muy despacio por los dolores que venía sintiendo, no daba más".
 De todos modos siguió su marcha durante casi una hora hasta que se detuvo a pocos metros del lugar de destino, a la vuelta de la Clínica. El niño llegaba en medio de la noche y no hubo más tiempo que esperar. "Caminé despacio hasta que llegué frente a la casa que en esa época era de los viejitos Pennacchietti, (José Ingenieros al 1200) y no pude seguir más. Apoyé mi mano en la puerta y mandé a la nena a avisar a las enfermeras que no llegaba a la Clínica y para que les pidiera que vinieran hasta donde estaba."
 Pero cuando la chica fue a buscar a las enfermeras se agregó a la noche y al mal tiempo la más absoluta soledad: "Estaba desesperada, estaba sola, no había nadie en la calle, solamente esos perros que estaban ahí y que yo quería correr. Por eso no me acosté para tener el bebé, porque pensaba en esos perros".
 Clara debió realizar un esfuerzo terrible, pero el alumbramiento finalmente se produjo: "Entonces me quedé parada, apoyé la mano en la puerta y nació... Nació, lo agarré, lo levanté desesperada y le dí un chirlo para que llorara porque lo veía ahogado. Después lo envolví en mi pollera y empecé a caminar despacito otra vez".
 Cuando estaba llegando a la esquina regresó su hija: "Mami, dice la enfermera que no puede venir". "La enfermera no podía dejar sola la Clínica pero le dije a la nena: ¡decile que ya nació el bebé, decile que nació!; yo pensaba que el bebé iba a tener problemas. Y bueno, la enfermera vino acompañada y le entregué el bebé en la esquina, desesperada para que lo salvara".
 El movimiento fue grande esa madrugada en la Clínica: "A a mi me llevaron hasta la camilla, llamaron al Dr. Armando que atendió al bebé, que pesó dos kilos setecientos, y me atendió a también a mi. Además vino la Dra. Norma, le hicieron análisis, todo... El Dr. Armando me preguntaba ¿Qué hiciste con el cordón umbilical, tenías tijera? Creo que se cortó cuando lo levanté, yo no me di cuenta...El nene, que ahora tiene 16 años, nació sano, hasta ahora apenas si tuvo algunos resfríos."
 A pesar de todo lo que tuvo que padecer esa noche, Clara se muestra feliz de contarnos su historia y especialmente de su final: "Hubo un final feliz y estoy muy contenta porque vino mucha gente a visitarnos, nos trajeron ropa, tenía hasta moisés y talco... Me regalaron una caja de ropita de bebé.... Todo bien, este fue el bebé que más cosas tuvo de todos los chicos que tuve. No tenía ropa porque no había aprontado nada porque esperaba que naciera unos días más adelante. Una señora me iba a regalar ropa pero cuando pasó todo esto ella no había llegado. En verdad, todo lo que pasó fue una especie de milagro..."
Esa mañana finalmente se puso a llover.
 
 
  El encuentro tan esperado.
 Para comenzar el relato lanza esta terrible frase: "Mi mamá nos abandonó cuando éramos chicos y mi papá ya nos había abandonado antes."
 Gladys Cardozo de Tavani (64) cuenta que ella y sus otros tres hermanitos vivían en Cafferata cuando esto pasó. "Yo era la mayor, tenía 5 o 6 años y vivíamos en un ranchito, me acuerdo como si fuera hoy del día que se fue mi papá. Todo debe haber pasado en pocos días pero cuando uno es chico le parece que pasa mucho tiempo."
 Con tristeza en los ojos Gladys recuerda esos días tan lejanos en el tiempo pero tan presentes en la memoria: "Después que se fue mi papá nos quedamos con ella. Nos mandaba de un lado a otro, pedíamos por la calle... uno nos daba, otros no porque decían que mi mamá les debía. Me acuerdo de una vez que tomábamos mate cocido en un plato para que los chicos vecinos creyeran que estábamos comiendo". "La abuela de Alberto Ludueña -un vecino de nuestra localidad-, que vivía en frente nos daba la leche, nosotros pasamos el sarampión sentados afuera... Siempre vivíamos solitos, porque mi mamá se iba a la mañana y no volvía. Hacíamos fuego en un brasero de lata y no se por qué, una vez teníamos un pedazo de carne; me acuerdo tan bien de eso, del fuego y que pusimos la carne arriba..."
  Un día su madre decidió irse definitivamente.. "Estábamos durmiendo, yo me desperté y me dijo: me voy a Venado y mañana los vengo a buscar. Esa noche ella se fue y nos quedamos solos... Al pueblo llegaba un solo colectivo, así que todas las tardes ibamos a esperar la llegada de mi mamá...y no llegó nunca..."
 Después de un tiempo los hermanos comenzaron a separarse. Ana María, la tercera, fue llevada por desconocidos "Vino una señora de Chovet a buscarla y me dijo que mamá se la había regalado, a mi hermano Hugo unos vecinos también se lo llevaron y yo, que era la mayor, me quedé solita en el rancho".
 Y sigue relatando más cosas de esa niñez tan dura "como la de mi hermanito, mi mamá nos dejó a nosotros tres con el bebito que lloraba y lloraba... Yo preparé mate cocido y le daba mate cocido pero a los dos o tres días se murió... una vecina decía tendrá esto, tendrá lo otro. Qué se yo, tenía hambre, yo era chiquita..."
 Unos vecinos, que no le dieron buen trato, llevaron a Gladys con ellos hasta que llegó al pueblo un matrimonio que no tenía hijos, él era el nuevo comisario. "le dijeron si me quería, consultó con la mujer y me llevaron, son los que me criaron y con quienes estuve hasta que me casé; ella es Mayorina de Cufré, que vive aquí; mis hijos le dicen abuela".
 ¿Volvió a ver a sus padres y hermanos? Dice que su madre vivía en Venado Tuerto y una vez, cuando era chica apareció por Cafferata aunque no sabe para qué, nunca más la volvió a ver pero tiene conocimiento de que siguió teniendo más hijos que no conoce y se enteró de su muerte una mañana escuchando las noticias por la radio. Con su padre tuvo contacto cuando vino una vez a Santa Isabel, él vivía en Buenos Aires con Hugo a quién finalmente se había llevado. Con Hugo, que ahora vive en Santa Isabel, se reencontró hace tiempo.
 Pero ¿Y donde estaba aquella hermanita que se habían llevado? La que, según relata, siendo pequeña se había quemado las piernas cuando la madre la puso envuelta cerca de un brasero que incendió sus ropas.
 Gladys creció, desarrolló su vida, tuvo una familia pero siempre recordaba a Ana María "Cuando veía a alguien en la calle pensaba que podía ser mi hermana, que podía encontrarla; a lo mejor está enferma y anda por ahí, pensaba"
 Una serie de charlas casuales y averiguaciones comenzaron a acercarla a su paradero. Tal es así que Alberto Ludueña le confirmó a Bibiana, hija mayor de Gladys, que él era familiar de quienes la habían llevado a Chovet y, luego de nuevas averiguaciones, que Ana María ya no quería tener contacto con quienes la habían criado pobremente y cargada de trabajo.  También hubo charlas en Buenos Aires, donde vive Ana María, ya que una mujer oriunda de Chovet, que solía verla casualmente le comentó que la estaban buscando. "Bibiana con Alberto hicieron el trámite y la cuestión es que un día me llamó para decirme que había llegado una carta de mi hermana".
 Así comienza el contacto directo entre ellas, con cartas y con el teléfono y con una inmensa alegría de por medio. "Ella me contó que tiene tres chicos, una nena y dos varones mellizos que nacieron un 14 de septiembre, ¡y los míos el 15 de septiembre del mismo año!. Yo tengo a David nada más de esos mellizos".
 Entre charla y charla, quedaron encontrarse con sus respectivas familias en Santa Isabel para Navidad "y un 24 vinieron, en el pueblo todo el mundo sabía de esto y nos venían a ver! Y ellos, viniendo, pararon en el cruce para preguntar por Santa Isabel y por la familia Tavani, y el que los atendió les preguntó: ¿Usted es hermana de Gladys? Si, claro, le contestaron; bueno, les dijo, allá la están esperando con bombos y platillos!" 
 
 

martes, 5 de marzo de 2013

Enfermera a domicilio.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 72 del 12/10/2006
 Charla con Mabel País de Costas.

 Iniciamos con esta, una serie de charlas con distintas enfermeras de nuestra localidad con la intención de ingresar a un mundo tan ignorado como poco reconocido, el de la asistencia a los enfermos. Mabel País de Costas, que lleva más de 60 años asistiendo a la gente con su profesión, nos cuenta sus experiencias. 
  ¿Cómo ingresa Usted a este trabajo de enfermera?
= Yo trabajé tres años en el hospital de Santa Isabel. Cuando entré era muy chiquita, entré de cocinera. Estaba de gerente Don Carlos Dagostino, que también era maestro. Como sufría de diabetes iba a eso de las 12 a colocarse insulina y además a comer. A veces las chicas estaban ocupadas y el me decía “aprendé, que el saber nunca ocupa lugar". Siempre me acuerdo de él por lo bien que me vinieron sus palabras, porque aprendí. Las enfermeras me fueron enseñando y yo, como me gustaba, iba aprendiendo.
En una oportunidad, todavía estando en la cocina, hubo una operación en la que debieron cortarle una pierna a un señor de Villa Cañás, que a eso lo hizo el Dr. Caldani. Un amigo de él vino a presenciar la operación y , a la vez, le tenía la pierna mientras que el Dr. se la cortaba. Pero en un momento dado no aguantó y se descompuso. Entonces me llamaron a mi y el Dr. me dice, "agarrá esa pierna". Y cuando quedó en mis manos le pregunté que hacía con la pierna y me dijo que la llevara a la morgue. Pero yo, como era tan jovencita y amiga de la cocinera, que era Velia Alori, fui y le dije, mostrándosela, "¿No la querés hacer en puchero?" Sabés que se descompuso ella también... Por un pelo no me echaron. Decí que Dagostino les dijo a los de la comisión que yo iba a ser una buena enfermera porque había trabajado bien y sin descomponerme como los otros.
  ¿Por qué empezó a trabajar tan joven?
= Hice hasta tercer grado porque papá me sacó de la escuela porque no había plata ni para comer. Ponele que tendría 12 o 13 años cuando pasó esto. Con decirte que me ponían un cajoncito para que llegara a la pileta para poder lavar los platos.
  ¿Cuando dejó el hospital, adonde fue a trabajar?
= Estuve tres años en Quilmes, en un consultorio de un médico que también era médico del hospital Rawson y de la cervecería Quilmes. La mayor parte del día me quedaba en el consultorio, le atendía la gente, le limpiaba el consultorio, si había que poner alguna inyección la ponía... Ahí también estuve tres años y cuando volví, tendría 19 o 20 años, me dediqué a trabajar de enfermera en forma independiente. Ya sabía colocar suero, sabía hacer nebulizaciones, poner inyecciones en la nalga o en las venas... Durante mucho tiempo extraje sangre para el Dr. Feijoo de Villa Cañás, para hacer análisis. El me mandaba los remedios para poner la sangre según los análisis que tenía que hacer y se los enviaba en el colectivo.
  Es un trabajo que le permitió entrar a muchas casas del pueblo...
= Jamás fui capaz de mirar raza ni colores, si tenían o no plata. Donde me llamaran, llueva o truene, a las 2 o las 3 de la mañana, siempre iba. Y nunca me fijé de alguno que no haya podido pagarme. Siempre me gustó el trabajo, y como me gustó hice cualquier cosa, no solo poner inyecciones o sueros, sino atender a la gente en distintos problemas, haciendo cosas que pocos se animarían a hacer.
  ¿Le han quedado muchos trabajos sin cobrar?
= Y... Cuántos no me han pagado. Yo diría que la mayoría era porque no tenían para hacerlo pero, cómo me iba a negar.
  Este es un trabajo que tiene que hacerse a cualquier hora. ¿Cómo ha influido en Usted?
= Eeeh! querido! Y en otras épocas, en que pasando la vía no había pavimento; nada, igual que para el lado del cementerio. Donde era el conventillo, era todo tierra. Llegaba a mi casa con la bicicleta a la rastra por el barro que tenía. Yo iba al campo, ¡con unos fríos!, ¡en sulki, en moto me han llevado! La vida que yo hice no la sabe nadie. Y hay que hacerlo a cualquier hora, por eso ahora tomo pastillas para dormir, el médico me dijo que eso es por las interrupciones de sueño que he tenido.
  Además ha tenido que asistir a mucha gente en el momento de su muerte...
= Te da mucha pena pero a la vez pensás que los años a vos se te van y que vas por el mismo camino, entonces por ahí encontrás la resignación. Solo te queda decir bueno, se fue, dejó de sufrir y que Dios lo tenga en la gloria.
¡He tenido que estar a la par de tantos! Yo ya veía que en cualquier momento iban a morir y me decía, "si tanto hice, puedo hacer un poco más", no me volvía a mi casa. Y los cambiaba también.
También trabajé con "Chon" Cucco en la cochería y después con Adrián País. Eran trabajos que hacía cuando había algún accidente y había que acomodar los cuerpos. Y cuando terminaba de hacer el trabajo me sentía como liberada.
  ¿Como se colocaban las inyecciones antes de que aparecieran las jeringas descartables?
= Había que tener disciplina, se lavaban bien las jeringas y las agujas, se hervían y se tapaban en la caja de metal. Por más que las hirvieras dos por tres había abscesos. Ahora, con las descartables no, hace añares que no hay problemas. Además, a las agujas cada tanto había cambiarlas porque se despuntaban.
  ¿Alguna vez tuvo problemas al colocar alguna?
= No, nunca erré en la cantidad. Al contrario, yo siempre fui muy cuidadosa. Además si el médico lo recetó vos ya estás libre de todo. Lo triste es ponerlas por cuenta de uno.
Siempre le ponía inyecciones a un hombre asmático. Una vez fue de un médico a Venado Tuerto y yo le puse lo que le habían recetado. Como las dos primeras veces me había comentado que se había sentido mal fui hasta la casa a ponerle la inyección. Y, hay, le hizo una reacción alérgica y se moría. Y me decía, "¡vos me mataste Mabel, vos me cambiaste la inyección y me mataste!!" Yo lloraba tanto en el consultorio del Dr. Araujo... "No te hagas problemas Mabel, lo que pasa es que es muy alérgico y no se la va a poner más", me dijo. A él le puso una pastilla debajo de la lengua y yo juré que nunca más le iba a poner una inyección. Después me pidió disculpas, lo que pasa es que estaba desesperado.
  ¿Qué le ha dejado este trabajo?
= Te digo la verdad, hoy a mi edad, 77 años, me siento más que realizada porque tengo mi casa que la he levantado con mi trabajo. Todavía salgo a trabajar pero estoy muy triste de tener que dejar este mundo porque me gusta mucho lo que hago. Yo no conozco nada, no he salido del pueblo de vacaciones, a no ser cuando mi hija se fue a Misiones.
La gente sigue viniendo aunque el trabajo de la enfermera a domicilio ya se terminó. A mi me gustó ser independiente porque ganaba más. Un día llegué a poner 70 inyecciones.
Y así se me fue la vida. A mi me encantaba hacer el trabajo. Y lo hice con cariño, he tenido señores a los que le daba de comer, los cambiaba y todo, y la familia se iba y me dejaba la llave de la casa, que para mi ha sido una gran responsabilidad.
  No se va a tomar un descanso?
= Mirá pibe, ver, veo bien, la gente dice que tengo una buena mano. Así que el día que no pueda más, que no pueda andar con mis piernas, que yo vea que en realidad no puedo, ahí si dejaré de trabajar. Acá siguen viniendo muchos clientes, por ahora sigo.


*

 

La gente del Miguel Rueda.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 73 del 20/11/2006

  Una larga charla, difícil de resumir, hemos mantenido con parte del personal del Hospital Miguel Rueda. En ella recorrimos las diversas vivencias que un lugar tan complejo como ese permite recoger a enfermeras y médicos. De la rueda, mate incluido, participaron varias personas que por momentos, requeridas por sus obligaciones, debían abandonarla. 

Estuvimos dialogando con René Nievas, Marta Lobos, María de los Ángeles Rossi, María Lobera, Estela Rivarola y el Dr. Ignacio Costa. Estaban presentes también Marisabel Arias y Susana Díaz.

 Comenzar a trabajar.
 Cuenten cuando y cómo empezaron a trabajar en el Hospital Miguel Rueda.
Marta: Empecé a trabajar de enfermera en el '69 cuando era director el Dr. Farr. Él me enseñó a poner inyecciones, a atender un enfermo, a controlar una parturienta, a hacer tacto, porque hacíamos todo en aquel tiempo. Incluso hasta he atendido partos, porque el médico no llegaba!
Estela: Yo entré en el '73 directamente al asilo. Me enseñaron a limpiarlo y a atender a los abuelos. Me fui haciendo en el asilo, después pasé a la cocina y por último a la parte hospitalaria. Antes se entraba de ojo pero ahora te exigen un título. En 1994 todas hicimos el curso de enfermera auxiliar y en 2004 el de reconversión.
María L.: En cambio yo ya tenía un título cuando empecé. Después me alejé 5 años y volví en 2001 como mucama y más tarde empecé con los turnos rotativos.
M. de los A.: Yo llegué por un pedido de traslado en la época del Dr. Araujo. Había venido a pasear unos días y le pregunté al Dr. Araujo, que era el director, si había lugar para venirme. Y el me contestó que cuando me fuera a Santa Fe no volvería más. Pero un 29 o 30 de diciembre le llevé la nota de traslado y el no lo podía creer. En ese tiempo estaban de enfermeras Elba Otañe, "Chiquita" Aguilera, María Bilós, Nelly Bertozi, Marta Carranza...
René: Cuando empecé a hacer esto estaba de director el Dr. Sylvester y como enfermeras también Mary Krenz y Marta Zabala. Esto todavía era una boca de lobos.
Marta: Estaba el monte, no había pavimento y el hospital estaba rodeado de ligustros altos. Pero el hospital, anteriormente, cuando no tenía el asilo ni el quirófano ni las habitaciones nuevas, era más chico y más fácil de controlar. Por eso ahora tenemos sereno, pero hasta hace unos diez años las enfermeras nos quedábamos solas a la noche.
 ¿Cuantos enfermos hay normalmente?
Estela: Podés tener varios o ninguno, pero cuidado que está el asilo. Hay que recorrer, darles la medicación y además en los tres turnos hay que cambiar pañales, higienizarlos, bañarlos...
Marta: Hace un tiempo que a ese trabajo no lo hago porque estoy en cirugía y farmacia, pero lo hice durante 43 años. Cuando uno ama a la profesión lo hace con cariño y respeto.
René: Además las mucamas y hasta el sereno nos ayudan a hacerlo.
Marta: Claro, nos ayuda Jorge Baldessari, que es el más antiguo de los hombres, porque ahora se sumó Gustavo Cañete que es enfermero... Todos terminamos haciendo lo mismo.

De borrachos, malos y otras yerbas.
 A propósito de sereno, normalmente vemos la actividad diaria pero ¿qué cosas suceden cuando llega la noche?
Estela: De noche o de día, si hay un problema la enfermera debe suspender la higienización y dedicarse a la urgencia.
René: Una noche vinieron de una fiesta varios chicos y golpeaban la puerta a los gritos: "¡Queremos un médico, queremos un médico! Así que abrimos y entraron todos insultando y diciendo cualquier cosa porque estaban tomados; rompieron unas maderas... Mientras, la enfermera hizo un llamado como pidiendo al médico, pero cuando cortó uno de ellos dice, "esta llamó a la policía". En ese tiempo no había sereno y tuvimos miedo. Decí que enseguida llegó la policía y se los tuvieron que llevar.
Marta: Las noches de carnavales esto se llenaba de borrachos, de peleas...
Estela: Pero antes a los borrachos los apaciguábamos más facilmente, en cambio ahora no los podemos parar. Nos pegan, te dicen cosas que te da vergüenza y no sabés que contestar. Son todos malos!...
Marta: Cuando estaba la Cantina también había borrachos y accidentados.
María L.: Una vez vino uno para que le sacáramos los puntos. Le expliqué que si no teníamos autorización del médico no podíamos hacerlo, que era sábado y que hace guardias pasivas y solo en caso de urgencia se lo llama. Era un sábado a la tarde. Fue a la casa del médico y lo matoneó, tal es así que nos llamó diciendo que se los sacáramos. Cuando fui a sacárselos el tipo estaba indignadísimo, decía que él iba a poner en orden las cosas en el hospital. Y además me dijo "no me vayas a hacer mal porque te voy a pegar una trompada".

Los personajes y sus historias.
Estela: Tenemos también los personajes que vienen siempre.
 Un ejemplo...
María L.: Por ejemplo gente a la que le dijo el médico que se controle la presión pero te viene a las tres de la mañana , a las cuatro, y así. Porque es un tema algo sicológico.
María de los A.: En el asilo tuvimos muchos personajes. Uno se nos escapaba y como era alcohólico siempre venía casi arrastrándose. Tuvimos una tandita media brava, que se emborrachaban, que no se querían bañar. Cuando los querías meter al baño nos decían de todo.
Marta: Había uno que hacía caer el agua de la ducha, se ponía al costado y se ponía a fumar. Yo abría la puerta y lo veía... Fumaba el puchito mientras le caía el agua al lado!.
M. de los A.: Y cuando se peleaban entre ellos... Había que estar al medio para separarlos!
René: Hay gente que te cae a las dos o las tres de la mañana, que quieren una pastilla o tomarse la presión, o con delirios, ven cosas, se imaginan cosas...
M. de los A.: Hubo una época en que los bomberos nos traían siempre a una persona, que no era de acá, porque tenía problemas psicológicos. Ya lo habíamos adoptado...
 En otra oportunidad los bomberos trajeron un paciente con problemas de nervios en la ambulancia y entró el Doctor en el office. Justo llegó una persona que tenía un enfermo y se pensó que la que estaba en la camilla era el familiar de él. Se enojó, hizo un desastre, le quiso pegar al Doctor, rompió cosas! Y la paciente que estaba atacada de los nervios, al ver todo este drama, se sentó en la camilla y dijo: "Pero este está más loco que yo, yo me voy de acá!!

Las Urgencias.
Dr. Costa: Una cosa importante hay que destacar. Y es el hecho de que las enfermeras del hospital, siempre, sin ser convocadas, cuando sienten las sirenas de los bomberos se vienen a trabajar cualquiera sea la hora y sin saber qué es lo que ha ocurrido. En mayo del año pasado cuando volcó un colectivo en la ruta fui por 35 heridos y si no hubiese sido por ellas esto se desbordaba. Ese día éramos el Dr. Alianak, el Dr. Grossi y el Dr. Hernández de Villa Cañás, las chicas y yo. Y a ellas nadie las llamó, vinieron solas.
 Hay que resaltar este trabajo voluntario que va más allá de las horas que tienen que cumplir y del sueldo. Tienen puestas la camiseta del hospital.

El trato con el dolor y con la muerte.
 ¿Cómo sobrellevan los trances más duros de un enfermo?
M del A: A veces la gente se piensa que nosotros somos de corazón duro, que no sufrimos, pero no es así.
Dr. Costa: Yo ceo que uno ya se ha hecho una corteza y va tomando con frialdad las cosas que ve. En un hospital de ciudad los pacientes por lo general son anónimos, pero acá es el vecino, el amigo, el compañero de la escuela. Es duro.
M. de los A.: Si son criaturas, es peor. En el momento no tengo problemas, pero después duele.
Marta: Esas cosas nos afectan muchísimo.
 De tanto estar en contacto con la muerte, alguna vez notaron algo que confirme la existencia de otra vida?
Dr. Costa: Las enfermeras viejas cuentan cosas. Yo no lo viví acá, pero sí en Santa Fe. El shock room es una habitación de pacientes críticos, donde fallece la gente. Me pasó de estar una noche de guardia en que no había pacientes y sentir "Doctor, doctor!" y darme vuelta y no ver a nadie.
 ¿No habrá sido algo psicológico suyo?
Dr. Costa: Puede ser. La explicación es la que vos quieras, pero el sonido se escuchó.
M de los A.: En un tiempo algunas de las chicas que trabajaban acá sentían correr agua en alguna de las habitaciones, siempre fue en la parte nueva, como si una canilla estuviera volcando, volcando. Y cuando iban a ver no había nada.
Dr. Costa: Lo que yo veo siempre es lo que ocurre con pacientes muy críticos, terminales, a punto de morir. Lo llamamos a Raúl (Trognot), viene él y le da la extremaunción. El paciente tiene unos 5 o 6 minutos de conexión, se va el cura y fallece al poco tiempo.
M. de los A.: Es cierto. Lo hemos visto en muchos casos. A veces también están esperando a alguien especial, un familiar o un amigo. Llega esa persona, charlan un rato y se muere. Yo creo que la gente sabe cuando le está llegando el final.
 ¿Y qué es lo que cuentan las enfermeras viejas de otros hospitales?
Dr. Costa: Cuentan sobre fenómenos como ver imágenes o escuchar voces, objetos que cambian de lugar. Por ejemplo de saber que en el '73 murió una mamá por una eclampsia, que estaba dando a luz, y escuchan el llanto de un bebé a la madrugada. Cosas de ese tipo, y yo les creo.
Es como que el alma queda en ese lugar. Y estas cosas se dan en los lugares donde la gente fallece.
Marta: Yo me he quedado infinidad de veces sola en el hospital pero nunca me pasó nada de esto...

La camiseta.
 ¿Es cierto lo que dice el Doctor, de que Ustedes tienen puesta la camiseta del hospital?
Marta: Si, claro que sí! Tenemos puesta la camiseta del Hospital. Y no nos hablen mal del hospital, porque nos enojamos mucho... (risas).




  Parte del personal del Hospital Miguel Rueda. De izq. a der. Arriba, :María de los Ángeles Rossi, Dr. Ignacio Costa, María Lobera. Abajo: René NIevas y Marta Lobos.









sábado, 2 de marzo de 2013

Payamédicos. Se puede estar completamente vivo, antes de estar definitivamente muerto.

Publicado en "Acercar a la Gente"  Nº 95 del 20/12/2008
   Repetida hasta el cansancio por la televisión, la película Patch Adams (Dr. de la Risa) que protagoniza Robin Williams, se basa en la vida de este médico estadounidense que en 1970, convencido de que en un ambiente de felicidad existen pacientes más saludables o con la suficiente motivación para mejorarse pronto, decidió llevar a esos lugares su vocación de payaso y clown. Fue esa película la que nos introdujo a millones de argentinos en el conocimiento de su invento, la “risoterapia”, que realiza con fines médicos y terapéuticos, siendo el responsable de la inclusión de ésta en la medicina moderna.

Patch Adams organiza cada año un grupo de voluntarios de todo el mundo como payasos, para llevar esperanza y diversión a huérfanos, pacientes y a la gente en general. En una de esos viajes, en 2005, visitó el Hospital Garrahan de Buenos Aires y varios hogares infantiles.El ejemplo y las inquietudes de Adams también prendió en la Argentina con la creación, en 2003, de una entidad civil sin fines de lucro denominada Payamédicos, siendo sus fundadores el Dr. José Pellucchi (psiquiatra) y la Lic.en psicologia Andrea Romero, que luego se extendió por otras ciudades, entre ellas Rosario.
 Allí está radicada Melisa Costas, integrante de esta corriente medicinal que, al igual que en la célebre película, combina pelucas, narices y trajes de colores en las habitaciones de los enfermos. “Nací en Santa Isabel un 3 de diciembre; en el Sanatorio Santa Isabel, con el Dr. Araujo y el Dr. Armando, el día del médico”, nos dice. ”¿Será casualidad o causalidad?; siempre hago el chiste de que nací el día del medico, ese es mi karma, pero es para discutir si con la vocación se nace o se hace”.

 Es que la joven estudió medicina en la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario; además estudió psicoanálisis en la escuela de Freud, está haciendo una tecnicatura en Epidemiología, es ayudante de la Cátedra de Pediatría en los laboratorios de diarrea y deshidratación pediátrica, pertenece a Payamédicos y estudió Zooterapia con distintas razas caninas.
 ¿Cómo son las terapias con animales?
=Es maravilloso el trabajo que hacen los perros, por ejemplo los labradores o los goldens, con no videntes, hipoacúsicos y enfermedades motrices, entre otras. Y además soy payamédica, Es importante aclarar que tanto Payamedicos como la zooterapia no son medicinas alternativas, sino una forma diferente de ser medico.
 ¿De qué se trata Payamédicos?
=Es el desdramatizar la relación medico-paciente y olvidarse del guardapolvo blanco. Da excelentes resultados en el tratamiento y permite el juego, la risa, la creatividad, perder el miedo al doctor, olvidar la enfermedad aunque sea por un rato y liberar endorfinas. La propuesta tiene un fin terapéutico, al liberar endorfinas, que son pequeñas proteínas producidas a nivel de la hipófisis, una pequeña glándula ubicada en la base del cerebro, el paciente percibe una disminución de la ansiedad y una sensación de bienestar general. La risa es un factor importante para la liberación de estas sustancias beneficiosas para la salud.
 Cada clown tiene su paya DNI con su nombre y existe un padrón en el cual figuramos para que no se repitan, lleva un nombre de pila y apellido relacionado con medicina, está la Dra. Bernarnida Metionina, el Dr. Benito Globulito, la Dra. Lila Percentila, el Dr. Verdin Vacunin y la Dra. Flora Susana Sana, entre otros. La propuesta es de alta ternura para que en un hospital la fantasía, la risa y la calidez también tengan su espacio. Así, el estetosflorio, mitad estetoscopio, mitad flor, sirve para escuchar el corazón de los pacientes. Un payamédico, mitad payaso, mitad médico, llega al hosptial desde Saturno en su payanave y trae sus jerinmaraca y payaremedios con vaquitas de San Antonio. Toda esta fantasía tiene como propósito atender el corazón, ese que sirve para enamorarse.
 Con esta terapia los pacientes cambian el estado de ánimo, la actitud y la conducta, consumen menos analgésicos y somníferos; los que están en condiciones de comer lo hacen mejor y se activan los recursos del paciente para su propia recuperación.
 ¿Cómo te interesaste por Payamédicos?
=En realidad a mi siempre me gusto el psicoanalisis, y en verdad no me gusta la clínica médica, pero estudié medicina porque supongo que dentro de mí siempre sentí que se podía trabajar de otra manera y combinar conocimientos, experiencia y humor, desdramatizar el guardapolvo blanco y esa relación médico- paciente tan formal del siglo pasado. Yo sabía de Patch Adams, así que me inscribí en Payamedicos, estudie, me recibí y me permití soñar con un sistema medico diferente, ni mejor ni peor, simplemente diferente.
 ¿En que lugares trabajan con esta terapia?
=En el Hospital Centenario, en pediatría, trabajamos los sábados, en maternidad los domingos y en un geriátrico de zona sur los lunes.
 ¿Cómo reacciona la sociedad con lo que Uds. hacen?
=Los Payamedicos esta muy instalado en la sociedad y en Rosario la gente nos esta conociendo. Una de las formas de darnos a conocer son las “Payamarchas” que realizamos para repartir alegría, con todas nuestras técnicas, en el Hospital Granaderos a Caballos (San Lorenzo) o el Monumento a la Bandera. Además, firmamos convenios con el Hospital Centenario y estamos en trámites con el Hospital de Niños Víctor J. Vilela. Realizamos trabajos en distintos hospitales llevando alegría, risas y canciones a los niños y adultos internados.
 ¿Suelen ser rechazados por los pacientes?
=Nunca nos pasó, siempre se muestran dispuestos. Algunos tal vez tarden un poco más en contagiarse de la risa, pero nunca ocurrió que nos rechacen. Los Payamédicos trabajamos al lado de la cama del paciente y siempre se le pide consentimiento para su intervención, nunca se trabaja por imposición. Por otra parte estamos preparados para garantizar el respeto y la confidencialidad que requiere el medio sanitario y el hospitalario, por eso estamos formados en el dominio de tres áreas estrechamente relacionadas: artística, psicológica y su adaptación al medio hospitalario.
 ¿Además de tus conocimientos en medicina, también te preparás artísticamente?
=Si, estudie técnicas de clown, es parte de nuestra formación. En noviembre fui a un congreso internacional de clown en Buenos Aires, fue maravilloso, había médicos de Italia, Uruguay, Brasil, Venezuela, de toda la Argentina; todos juntos estudiando clown y comedia para luego realizarlas en el hospital. Se puede hacer arte en una sala de oncología y lo más maravilloso es que se puede reír a pesar de la enfermedad y la muerte. Está demostrado científicamente que el buen humor extiende el pronostico de vida especialmente en inmunodeprimidos. Yo estoy en oncología en donde hay niños con leucemia y una adolescente con cáncer de estómago y te puedo asegurar que los resultados son muy buenos. Después de tanto dolor y sufrimiento, todos están esperando que lleguen los payamedicos para jugar, nos espera el paciente pero también la madre y la familia que está sufriendo muchísimo, y las enfermeras también nos esperan. Hay mucho estrés, lagrimas y miedo en esas habitaciones y nosotros llevamos un poco de color y amor.
 Siendo tu misión la de desdramatizar la situacion y ayudar al paciente, ¿Qué es lo que te ocurre cuando tu día no es el mejor?
=Generalmente cuando te ponés la ropa de payaso tratás de cambiar tu interior y de transformarte. Pero además cuando ves lo positivo que se genera en el otro, tu estado emocional también mejora. Es una terapia de ida y vuelta, que mejora al paciente pero que te hace replantear un montón de cosas de la vida, del valor que tiene y de cómo, con tan poco, uno puede hacer tanto bien.
Con los abuelos se realizan los mejores trabajos, porque se atreven a soñar a volver a vivir y sentir como cuando eran niños, se sienten vivos, con ganas de jugar, contar historias y hacer preguntas, nos esperan ansiosos cada semana y nos preparan dibujos, poemas, canciones hasta nos sacan fotos.
 ¿Qué se necesita para ser un payamédico?
=Tener ganas de cambiar lo negativo en algo hermoso y saber reírse de uno mismo. Necesitas creer en esta técnica, sentirlo y vivirlo intensamente, Payamedicos es una caricia para el alma.

¿Cuáles son las experiencias que has acumulado con los distintos pacientes?
=Especialmente cuando trabajamos con abuelos y con enfermos de cáncer los resultados son mejores, porque nuestro clown lleva una esperanza a tanto sufrimiento, un poco de diversión; crea una ilusión a aquellos que saben que van a morir. Hace poco trabajamos con una mujer mayor con cáncer y a los pocos días murió. Sin embargo las enfermeras nos contaban que estaba contenta hasta que llegó el momento de partir, y lo hizo en forma muy tranquila. También te puedo mencionar lo que me sucedió con Lucas, de 2 años, con leucemia. Fue una experiencia increíble. Mientras le hacían quimioterapia, se descompensó y se puso hipertenso. Todos pensamos que moría, en un momento escucho que me dice: “payaso, vení”. Se me dio vuelta el mundo!. Y con mis compañeros empezamos a trabajar con nuestras técnicas de clown, burbujas, canciones, música; todo en la Sala de Oncología del Hospital Centenario. Poco tiempo después la pediatra nos avisa que la presión de Lucas estaba bajando, la mamá lloraba porque su hijo moría pero empezó a cantar y bailar para darle fuerzas, todos estábamos al lado de la cama en la quimioterapia, desdramatizando el momento. Pusimos fuerza, ganas de vivir y mucha alegría. Fue una verdadera locura, un delirio médico, pero Lucas sigue vivo y la esta peleando. Ese día entendí la importancia de nuestro trabajo, en momentos de tanta tensión es fundamental mantenerse tranquilos y no sentir miedo, esa tranquilidad y energía positiva ayudó a que la presión arterial de Lucas bajara; a todos nos gustan los payasos.
 En los geriátricos, los abuelos y las enfermeras esperan nuestra llegada. Un ejemplo es una mujer que normalmente está con un camisón, toda desarreglada durante la semana, pero los lunes que nosotros vamos a visitarlos, se cambia, se viste bien y se arregla para recibirnos, hasta se pinta y se hace los rulos. Para ella, nosotros somos su única visita y diversión, es un motivo para vivir: Hay que recordar que muchos abuelos son abandonados en los geriátricas o no tienen familia.
Este tipo de vivencias demuestra que se puede, y que desdramatizar todo el periodo de internación y atravesar los miedos con alegría da resultados.
 Se puede estar completamente vivo antes de estar definitivamente muerto. Podrán decir que estamos locos, pero no somos los únicos.