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jueves, 2 de enero de 2014

Cómo era nuestra zona en el año de la Revolución de Mayo

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 110 - 04/06/10  

  Cumplidos ya los 200 años del nacimiento de la Patria, cabe preguntarse que pasaba en esos tiempos en la llanura pampeana, especialmente en nuestra región (mucho antes de la fundación de nuestros pueblos) lugares tan lejanos e inhóspitos para aquellos que vivían en las ciudades del Virreinato. 

Un artículo publicado el miércoles 26 de mayo en el diario de Venado Tuerto "La Guía Regional", que lleva la firma del reconocido historiador Roberto Landaburu, da respuestas a estos planteos. 

 
 Dice Landaburu: " Para el año 1810, podemos afirmar aunque parezca raro, que ya existían -desde muchos años antes-, varias fortificaciones y rancheríos en estas dilatadas pampas, cuyo paisaje sí, era diferente al que conocemos en la actualidad. No existían montes, y la vista se perdía en la curvatura de la estepa, en un espectáculo sobrecogedor". 

"Para el año 1779 el fuerte de Melincué alzaba su mangrullo junto a la laguna. Más al oeste y para el lado de Loreto-Maggiolo, el Marqués de Sobremonte había mandado construir en 1785 el fuerte de Nuestra Señora de Loreto, y por el lado de Arias-Alejo Ledesma se levantaba el fortín Las Tunas. Para el norte el cantón de Guardia de la Esquina ya estaba levantado 40 años antes de la Revolución de Mayo".


"Por el año 1660 o antes pasaba por el Venado Tuerto, la larga rastrillada de Las Tunas, el camino que unía Chile -a través de Mendoza- con Buenos Aires, pasando por Punta del Sauce o La Carlota, Loreto, Hinojo o Venado Tuerto, Melincué y el Pergamino".


 "Caravanas de carretas tiradas por bueyes y arrías de mulas, iban y venían, llevando frutos y mercaderías al puerto, pasajeros, vino, telas, herramientas…Para el 1650 en toda esta zona de fértiles pastos surcada de aguadas, se asentaban enormes manadas de ganado cimarrón, tanto vacuno como caballar, y hasta aquí se venían los criollos del Buenos Aires a practicar las famosas vaquerías. No era otra cosa que la matanza de esos animales desjarretándolas a la carrera, mientras otros degollaban y cuereaban. Se dice de largas filas de ganado cimarrón que se media a veces en leguas, pasaban frente a atónitos y ocasionales viajeros".

"La fauna autóctona era riquísima, principalmente la de lagunas, como también las manadas de venados, guanacos, rápidos ñandúes, pumas y cuántos más bichos del campo". 


"Reinaba un silencio desolador; silencio de muerte le llamço Charles Darwin cuando pasó por aquí cerca, en lo que le decían el desierto. El chirriar de los ejes de las carretas se escuchaba desde lejos, a kilómetros de distancia".


"Para 1806 don Luis de la Cruz se vino desde Chile queriendo llegar a Buenos Aires, lo hacia acompañado por caciques pampeanos liderado por el propio Carripilun, que le hizo de guía hasta el Melincué. Detalló todo lo que encontró a su paso, minucioso, detallista, Al llegar al viejo fuerte de Melincué -se encontraba en estado ruinoso por el avance de la laguna-, había mucha agitación que venía del sur, de Buenos Aires: Los ingleses habían invadido el Virreinato, y la gente y su Virrey huían hacia Córdoba".


"Muchos criollos poblaban la estepa criando sus animales a campo, junto a lagunas como la de Los Leones Murphy, en la zona del Estaqueadero-Villa Cañás, en las aguadas del Venado Tuerto, y tantas otras más".

"Sí, para 1810 había mucha vida en lo que nos enseñaron que no había nada. La pampa sureña santafesina hacia rato ya que palpitaba, y fuerte. Tierra de lejanía, huellas y pisadas.


Aún los que se animan, en las largas noches estrelladas, por la vieja senda de Las Tunas, saben escuchar el trotar agitado de caballos pampas que pasan raudos para el naciente, y otros vuelven agitados con tropeles de ganado buscando los montes del Mamuel Mapu. Algunos escuchan mugir de toros, rebuznes de burros y chirriar de carretas, gritos y alaridos, susurros y deslices… que vuelven y vuelven, para no hundirse en el silencio de los tiempos!"

 Estos territorios -incluido el distrito actual de Santa Isabel- fueron dominados por los aucas o araucanos. Eran indios que incursionaban desde la cordillera a lo largo del Río Quinto con el fin de cazar la abundante fauna de ésta zona. En la época del Virreinato del Río de la Plata, los Pampas, luego invadidos por los araucanos, que se hallaban en posesión del caballo, contaban con abundante ganado cimarrón para asegurarse el sustento mientras que -tal como lo comenta Landaburu- el gaucho se dedicaba a diezmar el ganado. En 1852 esta zona quedó comprendida dentro de la línea de frontera que unía Río Cuarto, La Carlota, Laguna de Hinojo (Venado Tuerto), Melincué y Fortín Chañar (Teodelina). En 1857 Santa Isabel era un sitio remoto, campo abierto, sin alambrado ni vallas, con ganado arisco. En ese año Don Miguel Rueda compró un terreno compuesto de dieciocho mil varas de frente (15 kms) por doce mil de fondo (10 kms) es decir seis leguas superficiales. Pero esta es otra historia que se acerca más a nuestro tiempo dejando atrás los años y los hechos que dieron origen a nuestro país.


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Colectivos a través del tiempo.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 109 - 28/04/10

  En los comienzos de Santa Isabel, los pasajeros viajaban principalmente en tren y funcionaban servicios de galera a caballo que unían Melincué con Teodelina o desde Santa Isabel a localidades como Chapuy y Carmen para tomar los trenes que por allí pasaban.

Una nueva era en el transporte de pasajeros empezó a gestarse en septiembre de 1928 cuando en Buenos Aires corrió la primera línea de colectivos. Poco a poco este servicio se fue extendiendo a otras ciudades y también llegó a la campaña.

 Una de las empresas más antiguas de colectivos que se recuerda es "La Flecha", que en la primera mitad de la década de 1940 realizaba su recorrido desde Villa Cañá a Santa Isabel, Chapuy, Carmen y otras localidades, hasta Rosario, en gran parte por caminos de tierra. Este servicio fue comprado por Fernández, Bracco y Ferrero de Villa Cañás, quienes fueron los primeros propietarios de "La Verde". A lo largo de su historia fueron muchos los socios que pasaron por esta empresa. Quienes eran sus dueños en 1963, trasladaron las oficinas que estaban en esa localidad a Teodelina que ya había sido incorporada años antes al recorrido regular que incluye ciudades como Venado Tuerto, Firmat o Casilda.

 A principios de la década de 1950 apareció la "Micro Bernard" que hacía el trayecto Junin-Venado Tuerto. En la década de 1970 cambió de nombre y pasó llamarse "La Lujanera" que extendió el servicio hasta Capital Federal. La misma línea, a mediados de los '80 pasó a llamarse "Empresa Rojas" y, años más tarde, pasó a ser parte de la empresa "La Estrella", ahora "Cóndor Estrella".

 Alrededor de 1950 la empresa "Chevalier " comenzó a brindar el servicio Santa Isabel-Capital Federal por ruta nacional Nº 8. Años más tarde los colectivos comenzaron a salir desde Villa Cañás. A principios de la década de 1990 este recorrido fue dado de baja.

 También, entre 1950 y 1960, aproximadamente, existió "El Solito", empresa que tenía un solo colectivo que por la mañana realizaba el recorrido María Teresa-Colón, en gran parte por caminos de tierra, pasando por la zona de colonia Santa Lucía, la laguna El Aljibe, Santa Isabel, Villa Cañás y Teodelina y de allí a Colón, regresando por la tarde a María Teresa.

En la actualidad hay un nutrido número de transportes de pasajeros que no tienen recorrido ni horario regular realizando viajes a distinto puntos mediante "combis".

 Sobre este tipo de transporte se debe citarse el perteneciente a Miguel Carpi que realizaba, hasta hace algunos años viajes a la empresa Hathor, diversas unidades que lo hacen diariamente a las instalaciones de Syngenta y, retrotrayéndonos a las décadas de 1960 y de 1970, el colectivo perteneciente al Sr. Marcos Zanni que realizaba viajes de corta distancia. También al "Quo Vadis", perteneciente a la familia de Simón Montaner e Isabel Serrati que, entre 1993 y 1995 realizaba viajes a distintos puntos, trasladando, especialmente, estudiantes a Rosario, Venado Tuerto o Villa Cañás.



  Mujeres esperando el colectivo en el refugio de Santa Fe y San Martín a principios de la década de 1960. 









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martes, 31 de diciembre de 2013

Algunos números.


Publicado en "Acercar a la Gente"
Nº 91 - 05/08/08
 
La superficie del distrito de Santa Isabel, incluyendo parcelas rurales, caminos, rutas, ferrocarriles, manzanas, calles y espacios verdes es de 379.042.425,90 m ² ó, lo que es lo mismo, 37.904 has., 24 as. y 25,9 ca. 
 Sus coordenadas geográficas son (medición realizada en plaza 9 de Julio): 33º 53' 18'' latitud Sur - 61º 41' 36'' longitud Oeste.

La altura sobre el nivel del mar, en esa zona es de 109 m. Se alcanzan los 110 m. en los alrededores del parque Ing. Tirelli y del monte de la estación, en la zona de las estación del ferrocarril. El sector más bajo de la zona urbana se encuentra en el sector Norte, en la cañada conocida como "El Bajo", con 105 m. sobre el nivel del mar.


 Santa Isabel, según el último censo de población del año 2001, cuenta con 4.855 habitantes, siendo 2.427 varones y 2.428 mujeres. La población urbana totaliza 4.424 habitantes de los cuales 2.190 son varones y 2.234 son mujeres. En tanto, en la zona rural, hay 431 habitantes, 237 varones y 194 mujeres. Si se lo compara con un censo realizado en 1933, se observa que la población total apenas ha crecido en todas estas décadas. En aquel año se contabilizaban 4.166 isabelenses, 2.339 en la zona urbana y 1.827 en la rural.

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jueves, 26 de diciembre de 2013

Colonia Santa Lucía.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 54 - 22/11/04

 Los campos que forman hoy la zona rural del distrito de Santa Isabel conocida como Santa Lucía (en el sector Sur), pertenecieron a Diego de Alvear y eran parte de su vasto territorio que incluían los actuales distritos de Christophersen, San Gregorio, Diego de Alvear, Teodelina, Villa Cañás, parte de María Teresa, Santa Isabel, Wheelwright, Hughes, Juncal y penetraba en casi igual extensión en el norte de la provincia de Buenos Aires. El límite Norte del territorio de Alvear, en nuestra zona estaba dado por lo que hoy conocemos por calle Francia o ruta 2-S.

 Cuando Diego de Alvear muere a mediados de la década de 1880, su propiedad pasa a manos de cuatro herederos que proceden a vender parte de ellas en años subsiguientes. A raíz de estas ventas surgen las colonias El Aljibe, Santa Lucía, y Constancia que hasta 1913 formaban parte de la jurisdicción de nuestro pueblo.

 Ese año la Comisión de Fomento reclamó al gobierno provincial por el pago de los impuestos que la gente de ese sector realizaba en Villa Cañás ya que les quedaba más cerca para hacerlo. Por eso el Ministerio de Instrucción Pública y Agricultura ordenó que los impuestos se paguen en Santa Isabel y que se reclame a Villa Cañás por las sumas pagadas.

 También en 1913, luego de una solicitud de la Comisión de Fomento, Santa Isabel cedió a María Teresa parte de las colonias El Aljibe y Constancia. A cambio de esta cesión se anexó a la zona Norte de nuestro distrito lo que más adelante se llamó campo Las Rosas. Eran dos leguas cuadradas, propiedad de Josefina Elortondo, que pertenecían a la jurisdicción de Carmen, la que llegaba a solo diez cuadras de nuestro pueblo.

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martes, 24 de diciembre de 2013

Villa Covernton.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 42 - 10/05/03

 La Avenida Francia es una vieja ruta que, hasta la década del '40, era el límite S.E. de Santa Isabel con la estancia "Las Dos Hermanas" perteneciente a María Luisa Pinasco casada con Federico Covernton. Éste, por ese tiempo, hizo trazar un plano de la que sería Villa Coverton, que estaría asentada al lado del pueblo, sobre Francia. Ese nuevo asentamiento humano a formarse tenía solares destinados a iglesia, plaza y escuela, trazado de calles y nomenclatura propia. No se concretó. Uno de los fundamentos de la oposición era la no continuidad de las calles con dirección S.E. - N.O., que producirían cortes en la calle Francia. Otro ítem negativo era que se iba a crear un pueblo prácticamente dentro de otro pueblo.

Finalmente, por esta oposición que surgió especialmente del gobierno del momento, Covernton decidió vender en forma de quintas y chacras. La zona en cuestión se extiende, por Avenida Francia, desde la última calle del pueblo, Urquiza, hasta el campo de Glavinovich y, como ancho tiene el largo de la estación del ferrocarril (de Francia hacia el sudeste, 700 metros aproximadamente, hasta la calle que pasa detrás del frigorífico). El barrio Belgrano y el barrio Fo.Na.Vi. Grande son algunos de los asentamientos que están en esta zona. 
 

 

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lunes, 4 de marzo de 2013

Alguien lo tiene que hacer.

Publicado en "Acercar a la Gente" N° 34 del 27/02/2002 
 
 Charla con Adrián País, jefe de Bomberos de Santa Isabel y propietario de la única empresa de sepelios. Recuerdos e historias de una persona acostumbrada a tratar con el drama de la muerte. 
 
 Habitante de Santa Isabel desde su nacimiento y católico al punto de pensar seriamente en ser sacerdote, Adrián País se ha convertido, con el correr de los años, en la persona infaltable en los momentos de angustia. Su presencia suele remitirnos al desasosiego pero también a la voluntad de servicio, a “trabajos” al que pocos se le animan pero que alguien tiene que hacer. Sus ocupaciones se lo imponen: es Jefe del cuerpo de Bomberos Voluntarios de Santa Isabel y también propietario de la única empresa de sepelios de la localidad. 
Dos actividades que tratan con el drama de la muerte y que lo han hecho un hombre público.
 ¿Dónde adquiriste tu formación religiosa?
= Cuando terminé 7° grado, a los 12 o 13 años entré al Colegio de Los Hermanos (Sagrado Corazón) en Venado Tuerto. A esa edad eso te forma la cabeza. Se tenía la idea de que en las escuelas no había buena disciplina y como yo era rebelde, mi mamá pensó que el colegio de los curas me iba a cambiar. Lo acepté y gracias a Dios quedé muy satisfecho, no solo con lo que aprendí estudiando, sino por el ambiente en general, por los amigos que hice en un curso de chicos que eran de distintos lugares del país, eran vivencias distintas.
  Y decidiste hacerte cura...
=Fue en 2° año. El colegio es totalmente libre, un secundario privado con guía religiosa. Pero yo convivía mucho con los curas, estaba en la selección de fútbol del colegio… un ambiente que me fue llevando. Mi papá no quería eso para mi y ahí dejé la idea, también influyó el ambiente del fútbol, ya jugaba en Juventud, me entré a mezclar con los más grandes, empecé a jugar en primera.... Nunca estudié para cura, solo tuve la idea.
  Pero tuviste educación religiosa muy fuerte.
=Y si, todos la tuvimos. El año pasado cumplimos 25 años de la promoción y nos encontramos un gran porcentaje de compañeros y todos coincidimos, después de 25 años de distintas labores, en que el rector que tuvimos, Daniel Mujica, nos formó la cabeza, nos marcó. Él decía: “busquen siempre la verdad y la verdad los hará libre.”
El colegio nos preparó en instrucción y nos inculcó una vida ordenada. La palabra orden era prioritaria y a partir de ese orden la disciplina de vida. Yo estuve en el internado del colegio y ahí había horarios estrictos, había normas y reglas. Y cuando a los 12 años te marcan con normas y reglas que son estrictas ya te van marcando para la vida.
  ¿Esa formación tiene relación con tus labores de bombero o en la funeraria?
= Lo de la funeraria fue una circunstancia de la vida. Mi mamá trabajaba en la esquina de Alejandro Cucco, que tenía la funeraria. En ese tiempo yo trabajaba en el Banco Provincia y como tenía tiempo y él estaba enfermo me preguntó si quería ocuparme de la documentación. Acepté y a partir de ahí empezó el contacto con Cucco.
Eso fue en el '79 y en el '80 él falleció. La cochería había quedado algo desestabilizada, con muchas deudas y problemas. Angelita, la esposa de Cucco, estaba cansada por tantos años de trabajo, un poco enferma, las cosas no le habían ido bien y además se había instalado en Santa Isabel otra empresa que estaba haciendo muchos servicios. Acá se hacen unos 45 entierros por año y no pueden vivir dos empresas, por eso ella ya tenía intenciones de venderles la cochería. Pero por conversaciones entre mi mamá y Angelita, ésta me propone participar en este trabajo, y bueno, le dije que si. Quería tener algo extra pero nunca hubiera imaginado esto. Por otra parte yo trabajaba en la oficina de “Freto” Angeleri, donde estaba Don Alfredo Caldera a quien le comenté la idea. Él me inculcó que me dedicara a esto: "Metete en ese trabajo que tenés un futuro” Y así fue, comencé con esto. ¿y con qué persona fallecida tuve que hacer mi primer servicio de sepelio?... con Don Alfredo Caldera, fue el 12 de abril de 1981. No quería ir. Mi mamá me dijo "Te tomaste un compromiso, tenés que hacerlo"
  Tal vez, sin saberlo, tenías una predisposición para eso.
=Puede ser. Porque al principio fue como una vocación. Y a partir de ahí lo tomé con una gran responsabilidad. Durante muchos años trabajamos para tratar de levantar a la cochería, sin ver ganancias de ningún tipo, porque había quedado realmente mal.
  Tu primer servicio no fue nada agradable.
= No, para nada. Yo nunca tomé a este trabajo como algo agradable. Es una gran responsabilidad, soy el responsable de que las cosas salgan bien, porque cuando alguien me viene a buscar para un servicio yo lo tomo como que todo está bajo mi responsabilidad. Es muy sagrado el cuerpo de un fallecido, hay que tener mucho respeto, mucho cuidado con su tratamiento, sea joven, de mediana edad o anciano. Los que hacemos este trabajo tratamos de que no nos sea un esfuerzo el trato con un cuerpo sagrado que está bajo nuestra responsabilidad hasta que se le da sepultura.
  Pero esto es un negocio y en otros lugares tal vez haya otro trato.
=Conozco empresas de todo tipo. Si los empleados de las empresas grandes están instruidos por propietarios de empresas de familia, suelen tener este tipo de preparación. Si son sociedades, con directorios y demás, puede que haya un grado de frialdad mucho más grande. Es un negocio y, lógicamente, mi familia y yo vivimos de esto. El asunto es como se toma el negocio, ¿no?
  Y al que no siempre se lo ve con simpatía.
=Seguro. Por el momento que le toca vivir.
  ¿Eras consciente de esto?
=No, en absoluto. Y sabés porqué, porque en un momento de dolor, hablar de economía en la década del '80 era una cosa y hablar de como hay que pagar un entierro en la actualidad es otra, porque aparte del momento de dolor por el familiar desaparecido a veces nos encontramos conque no hay con que pagar el entierro. En mi caso, el que viene a contratar el servicio se encuentra con alguien que le está buscando la forma de como puede llegar a cubrir ese entierro y a veces a tratar de instruirlo para que no produzca gastos que después no puede costear, aunque se pueda interpretar mal.
Todos, yo también, tuvimos que acomodar la cabeza a las circunstancias. A los que comenzábamos en este trabajo nos formaban con la idea de que había entierros de primera y entierros de segunda.
  ¿Cuáles eran las diferencias?
=Para los de primera había un fúnebre, para los de segunda otro, todo eso que hacía a la ceremonia y que se denominaba pompa fúnebre. Un entierro de primera era con cuatro caballos para el fúnebre, uno de segunda con dos. Y si había más de seis coronas se le ponía el coche portacoronas, entonces ya era de primera. El entierro con cofre también era un entierro de primera. Carlitos Lorenzatti, que fue el hombre que pasó por todas las cocherías de Santa Isabel, me traspasó estas informaciones. La primera fue de Zorzi. Estuvo también con Cucco y conmigo. Si bien no estaba en contacto con las personas fallecidas, porque no le gustaba, conocía todos los entretelones. Llegó junto a los caballos que cuidaba cuando su patrón los vendió a Zorzi para la cochería. Manejaba el portacoronas, lo llamaban el verdulero. Los caballos se usaron en los fúnebres, calculo, hasta el año 1968, cuando Cucco compró los Kaiser Carabela, unos autos negros y largos.
  ¿Cambiaron las costumbres en los velorios?
= Si, totalmente. Ha cambiado la cultura, para bien diría yo.
  Son un poco más prácticos.
= Si, por ejemplo desapareció el tema del luto. Ningún extremo es bueno, antes estaban un año de luto, pero tampoco lo de ahora es bueno. Podemos ser muy prácticos pero a veces no tenemos gente para las manijas del cajón, en la mayoría de los servicios no hay gente. Creo que se ha perdido la conciencia comunitaria por ese individualismo que vivimos ahora. Estamos muy enfrascados en nuestros problemas, agobiados y hasta adormecidos por las situaciones que se viven. Por eso se perdieron signos que tenían su valor, como el velatorio de 24 horas que se hacía en la casa de familia y con el que, en un gran porcentaje, todo el pueblo tenía compromisos. Todo debe tener sus causas, tal vez los medios de comunicación nos han quitado la posibilidad de reaccionar ante situaciones de esta naturaleza, como es la de participar del dolor. Así como se participa de las alegrías de los demás, también se debe participar del dolor.
  Como vivimos en un pueblo vos conoces a todos los que mueren y sus familiares. ¿Cómo actúa esto en tu persona?
=Soy un agradecido a la comunidad de Santa Isabel porque me ha contemplado todo tipo de errores que, como ser humano frágil y pecador, he cometido. Las personas que podemos estar cumpliendo roles como este, sin hacer una comparación burda, como un profesional médico, o sea, los que entramos en las familias en momentos difíciles, a veces tenemos que llevar una conducta, no digo intachable pero sí al menos respetable. Y la comunidad de Santa Isabel me ha apoyado totalmente. Yo siento que a veces he cometido errores y sin embargo la gente volvió y he sentido ese respeto y esa contemplación de faltas. He interpretado que a veces hay que tener en cuenta situaciones y lo que le pido a la gente es sinceridad. Falta alguien y se dice no tengo, no puedo; la Comuna ha participado de muchos servicios y poniendo un poco la Comuna y un poco nosotros, se hace.
  Pero la realidad es que tenés que trabajar con cuerpos de personas que has conocido y hasta compartido momentos de su vida.
=Seguro. Después de esas situaciones tengo días en que a lo mejor estoy irritable, tengo problemas de digestión, se me altera el sistema nervioso hasta que me vuelvo a estabilizar. Que me afecta, me afecta.
Ahora que van pasando los años, ya hace 22 que estoy en esto, si bien estoy acostumbrado a muchas cosas, me siento cada vez más afectado con el fallecimiento de los niños. Tal vez porque tengo chicos y voy avanzando en edad, o porque medito más sobre la situación. Realmente me cuesta más acomodar ese cuerpo, especialmente si ha sido por una muerte violenta o un accidente. Pero tengo la familia que me acompaña y lo que no hago yo lo hace otro.
  En los velatorios se pueden dar situaciones graciosas o de tensión. ¿Cuál es tu reacción?
=Desde que me llaman se me graba que tengo una responsabilidad que sacar adelante, bajo las connotaciones que tenga, entre ellas situaciones graciosas, dramáticas o violentas. Hay muchas situaciones, con problemas de familias o cuando hay muertes violentas, en las que quedan resabios, dolor hacia otras partes que no se resuelven en forma inmediata y donde hay que tener la sensibilidad como para lograr calmar a las personas y poder seguir con el ritual.
  ¿Cuántas personas has enterrado?
=Desde que estoy con la cochería llevo 1.123 personas sepultadas. Tal vez más, porque al principio trabajé como empleado.
  De tanto lidiar con los muertos y la muerte y teniendo en cuenta tu arraigada creencia religiosa, ¿has percibido en algún momento, alguna señal concreta, algo que te haya dado la certeza de tu creencia, de que la vida después de la muerte existe? 
=Es una pregunta muy puntual y muy importante. Lógicamente que por mi fe de católico creo que hay vida después de la muerte; o sea en la resurrección, aunque es un misterio porque nadie volvió para contarnos que es lo que pasa, es cuestión de fe.
Una cosa es el trato con la persona muerta y otra con la agonía. Yo he estado ante la agonía de varias personas, hasta en la de aquellos que estaba rescatando y he tenido casos que me han movido y estoy convencido de que después de esta vida hay otra. Extremadamente convencido.
  ¿Qué es lo que te convenció?
=La paz. La paz y hasta la alegría de quien está muriendo. La paz de muchos que, aún sabiendo que van a morir, la reciben de una manera difícil de describir y que se expresa en el rostro o en las últimas palabras; hasta en la fortaleza que le pueden transmitir a los que están a su alrededor en días u horas antes de fallecer.
Esto es lo que a mi me hace tener la seguridad, aparte de la fe, de la existencia de otra vida. Lo tangible es eso, la fortaleza de las personas que con fe y esperanza van en busca de ese paso tremendo y dramático que es la muerte. Las agonías dicen mucho más que el hecho consumado.
En una ocasión había fallecido ahogada una criatura de 5 años. Como en toda muerte violenta interviene la justicia y por eso vino un médico forense. Como yo lo conocía -un hombre grande, un forense de muchos años de trabajo- cuando quedamos a solas le dije “Doctor, ¿no le parece un sacrilegio hacerle una autopsia a un cuerpito de 5 años, que todos sabemos que ha fallecido accidentalmente?. Y me contestó: “Quedate tranquilo que yo por el rostro me doy cuenta si falleció ahogada ella solita o si la violentaron.” Y bueno, después que la miró me dijo: “¿No ves el rostro de paz que tiene esta criatura? ¿No vez que hasta una sonrisa se le esboza? Quedate tranquilo que la criatura ya está con Dios y no hace falta hacerle ninguna autopsia.”
  ¿Empezaste con Bomberos a partir de esta actividad?
=Si, exactamente. Era el tiempo en que estaba la ruta angosta, había accidentes de tránsito y no había bomberos, solo en Venado Tuerto y en Villa Cañás. Muchos heridos eran rescatados y trasladados por terceros, entonces yo empecé a acudir con la ambulancia de la cochería y, por los meses de abril y mayo del '82, se sucedieron varios accidentes de gravedad. Como pasaban los bomberos de Villa Cañás por dentro del pueblo la gente lo comentaba mucho, un día yo estaba en el taller de Marcelino Martínez y salió la conversación sobre el tema. Simón Montaner me dijo, “Que vergüenza que en Santa Isabel no tengamos un grupo que pueda acudir en este tipo de situaciones”. Y me apuntó a Nito Lombardi, que estaba muy interesado en crear una cosa como esta y también me nombró a Guillermo Benso. Yo hablé con Guillermo y juntos fuimos a ver a Nito, ese fue el inicio de los Bomberos y de una amistad muy profunda con Nito.
  ¿Como bombero, qué es lo que más te marcó?
=Hay muchas cosas. Las personas jóvenes, los niños, son los que más me estremecen. Lo que más tiempo me duró de poder purgar, de poder estabilizarme a una vida normal, fue un accidente en que murió un joven de la localidad y que para los bomberos tuvo connotaciones, porque cuando llegamos los cuerpos estaban atrapados en los vehículos incendiados. Siempre cuento lo que fue para esa dotación de 8 hombres que llegó sin agua, porque la autobomba salió primero, pero llegó después que nosotros que teníamos dos matafuegos. No solo no podíamos bajar el volumen del fuego sino que no podíamos hacer el trabajo para sacar a las personas de adentro. Yo era el único que sabía de antemano que estaban involucrados chicos de Santa Isabel. Todos quedamos muy mal y a partir de ahí empezamos a estudiar sicología en la emergencia. Eso fue lo que más nos costó superar, fue muy fuerte.
  En el cuartel de bomberos hay un cartel, de tono autoritario, que dice…
=“Cuando comienza el deber termina la amistad.” Lo copiamos de un cartel de Villa Cañás que ellos después borraron, tal vez porque interpretaron que no expresaba bien lo que se quería decir. Nosotros lo dejamos pero en la actualidad no es guía.
Creo que nadie que esté al frente de cualquier empresa o institución escapa al orden y la disciplina para llevarla adelante. Más aún en un servicio gratuito como el de bomberos en que se trabaja en situaciones donde la vida de las personas puede estar en riesgo. Ahí no nos cabe improvisación, ni desorden, ni desconcentración. Hace varios meses que no asistimos a un accidente de gravedad. Ese el enemigo que tenemos, explicado por psicólogos, la relajación. Pero lo que no nos va a provocar esa relajación es pertenecer a una institución donde hay orden y ese orden funciona todos los días, donde sabemos las funciones y las normas a cumplir. Convencidos además, de que un grupo de buenas voluntades no son suficientes para sacar adelante situaciones como esas. La columna vertebral es el orden y la disciplina, que no necesita del rostro rígido ni de utilizar ciertas terminologías.
  Pero que en algún momento lo han tenido.
=Si. Pero no te olvides que en nuestros inicios nos fuimos a instruir a otros cuarteles y venimos de una formación de años de militarización, en esa época estaban los mili-tares. Todo eso ya se ha relajado bastante.
  Ahora ya no se tratan de Usted...
=Entre los más jóvenes seguro que no, entre los más grandes a lo mejor puede ser…
Pero el 80% de los bomberos del país son de menos de 25 años, entonces todas esas cosas ni las aceptan ni las asimilan. Sí entienden que tienen que trabajar bajo normas y reglas.
  Como hombre público, ¿tenés conciencia de que tu vida está más expuesta que la de otros?
=La he comenzado a tener desde hace un tiempo, no se bien desde cuando. Yo no me daba cuenta de que podía se una persona pública, que puedo estar siendo observado.
De lo que también soy consciente es de que soy un hombre frágil que necesita, tal vez más que otras, meditar para poder ser mejor.
  Sin embargo das una imagen distinta. 
=Muchas veces mi esposa Tamara, que me observaba desde antes, me lo ha dicho “¿Por que no cambiás el rostro?, hasta tenés palidez en los entierros?” Es que bajo ningún punto de vista trato de imitar nada, no soy insensible. Asumo con tal responsabilidad el trabajo que no me permito errores.
  ¿Sufrís una transformación?
=Puede ser. Pero desde hace unos dos años ya está más metida mi esposa y mi hijo en el trabajo y la gente ya está viendo otras caras.
  ¿Esta actividad te permitió progresar?
=Por supuesto que si. Me doy cuenta de que tengo cierta capacidad para esto y trato, como todos, de superarme.


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domingo, 3 de marzo de 2013

Rutas argentinas hasta el fin.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 77 del 26/05/2007

Un breve recorrido con Emilio y Edmundo por la historia de los Pellegrini de Santa Isabel. También por la de la empresa de cargas más antigua de la localidad.  

 La idea inicial era realizar una nota sobre la empresa de transporte de cargas que, con el nombre modificado y otros dueños, continúa siendo la más antigua de nuestra localidad, Expreso Dante, conocida desde hace un año como Nuevo Expreso Dante. Por supuesto que hablaremos del transporte, pero es imposible hacerlo sin tocar previamente la historia familiar de los entrevistados. Los hermanos Emilio y Edmundo Pellegrini son parte de esta prolífica familia de italianos que llegó casi con el nacimiento de Santa Isabel y que se desarrolló a lo largo de toda su historia multiplicándose en incontables miembros que no solo viven aquí, sino que además se diseminaron por distintos puntos del país. Esta es otra historia, como la de tantos inmigrantes (algunas de ellas ya han sido detalladas en estas páginas) que relata la epopeya de aquellos europeos que vinieron a "hacer la América".

 En una incierta fecha, apenas pasada la línea que divide el siglo XIX del XX, Pedro Pellegrini y su mujer Magdalena Gonzi partieron junto a sus hijos de Sinalunga, en la región de Toscana en Italia, para trabajar en los cafetales de Botucatú, en el estado de Sao Paulo, Brasil, donde vivieron en una fazenda. Pero un día decidieron un nuevo viaje, esta vez a la Argentina.

 ¿Cómo y cuando llegaron hasta aquí los primeros Pellegrini?
Emilio: Tiene que haber sido a principios de 1910. Llegaron mis abuelos y sus hijos, tres nacidos en Italia, mi papá Dante, Antonio y Ernesto, y también dos brasileros, Adamo y Tía Nuncia (Anunciatta). Pero hubo otros hijos, Rosita, que murió en Brasil, y dos argentinos Pepe y Ángel.
Edmundo: Cuando vinieron a la Argentina llegaron a Elortondo y pararon en la casa de la familia De Pablo. Ahí le dieron alojamiento porque ya se conocían de Italia y Brasil.
Emilio: El primero en venir a la Argentina fue De Pablo. Mi nona decía que habían vivido en una favela y yo no sabía que una favela era una villa miseria. Cuando De Pablo vino acá le mandó una carta a Pietro, Pedro, mi abuelo, diciéndoles que se vengan. Y se vinieron para acá y vieron esto... Lo que era esto!!!... Y ahí, trabajadores como eran, se fueron para arriba como tiro!!
Pedro compró una quinta en Santa Isabel. Con papá hemos hablado mucho de mi abuelo, me contó que los colonos caían a la quinta y como era italiano le hablaban en italiano. El les decía: "Yo no hablo más italiano, mi tierra es esta, todos nosotros, cuando nos levantamos a la mañana deberíamos besar esta tierra".
  Pero no solo se dedicaron a la quinta...
Edmundo: Los hijos de Pedro primero fueron albañiles. Ernesto trabajó junto a Francisco Pensa pero luego se independizó y siguió con los hermanos. Hicieron la iglesia, la Sociedad Italiana, parte de la casa de Salemme, el almacén Las Encadenadas y también, entre otras cosas, el salón de Santa Fe y 25 de Mayo, donde siempre funcionó lo que nosotros llamamos "El Escritorio", la empresa familiar. Los seis hermanos empezaron como albañiles y después se pusieron de cerealistas en la época en que había mucha colonia.
Emilio: Papá empezó de cerealista junto a sus hermanos, alrededor de 1926, no se exactamente. La firma era Pellegrini Hermanos y Ferro.
  ¿Cómo era el funcionamiento de la empresa cerealista?
Emilio: Se usaban para el almacenaje de las bolsas de cereales los galpones que los hermanos Pellegrini hicieron hacer en la estación Rastreador Fournier, que en ese tiempo era Otto Bemberg. Acá, en El Escritorio, hasta el '48, siempre se trabajó con los cereales. Ahí estaba el tema administrativo, donde llegaban las bolsas vacías, traíamos camionadas de hilo para coser las bolsas, se vendían repuestos, tractores, camiones, camionetas...
Edmundo: En ese tiempo todavía no existía la vía y en todo el terreno del corralón, que era desde la calle Santa Fe a la Brasil, entraban los carros con los caballos cargados de bolsas con cereal. El cereal iba siempre a las estaciones de ferrocarril, pero los carros y los camiones pasaban por ahí para hacer la papelería o a dejarlos.
Emilio: Al principio trabajaban con los carros, el primer camión que entró a casa fue un Ford T modelo '27.
  ¿Había además otros cerealistas? 
Emilio: En Santa Isabel llegó a haber hasta nueve cerealistas. Algunos de ellos: Salemme, Pellegrini, la Northen Elevathor, Ferro, que antes era socio de Pellegrini, Seret, Vázquez, más los que venían de afuera. Pero después vino la gran crisis mundial del '29 y la firma entró en convocatoria de acreedores junto con otras grandes empresas de la zona.
  ¿Hasta cuando duró la sociedad de los hermanos Pellegrini?
Edmundo: Hasta 1948 en que se hizo la sociedad Dante Pellegrini e Hijos. Hasta ahí los dueños fueron los seis hermanos: Antonio, Dante, Adamo, Pepe (José), Ernesto y Ángel. Cada cual se quedó con una cosa distinta, Adamo y Pepe se dedicaron al negocio de los chanchos, Antonio, Ernesto y Ángel al campo. Papá se quedó con lo más grande pero también con toda las deudas de la convocatoria.
 Emilio: Se pagó todo, y aunque se había arreglado pagar el 25% de las deudas papá pagó el 100%, no quedó nadie colgado... Y por ese 75 % de diferencia tuvo que pagar impuestos, porque eso quedó como una ganancia. Me llevó a Rosario, a rentas, y decía: "¡Como puede ser que tenga que pagar por las deudas que pagué!?" Le contestaron "Usted pagó ese 75% porque ganó, ¿verdad? bueno, eso es ganancia y tiene que pagar impuestos". Me dijo: "Yo tendría que haberme quedado con ese 75% y así no pagaba impuestos. Hay que robar para no pagar" . Pegó un portazo y se fue...
  ¿Ustedes, los hijos de Dante, trabajaron en esta firma cerealista?
Edmundo: Si. Teníamos una máquina, "La Voladora" que le decíamos, para cargar vagones a granel. Trabajábamos en 6 o 7 estaciones como 4 de Febrero, Runciman, Otto Bemberg, El Jardín, Villa Cañás, Teodelina o Venado Tuerto. Nosotros agarrábamos varias estaciones con esta máquina, porque los otros cerealistas cargaban en bolsas o en los elevadores con una cargadora. Teníamos una estable en Runciman y otra en Otto Bemberg, en las demás estaciones cargábamos con esa máquina, donde los otros no podían llegar.
Emilio: Habían hecho esta máquina con una cinta con paletas y una balanza. De los camiones, el cereal, iba a la balanza y de ahí a los vagones. Era una máquina que habían fabricado papá, que dio la idea, y Juan Curt. Estaba montada sobre el chasis de un camión Chevrolet '28. Andaban mis hermanos Edmundo, Nino y Pedro... La máquina era para cargar lo que comprábamos.
  ¿Cuando comenzaron con los camiones?
Emilio: Nosotros empezamos a tener camiones en 1948. Por una ley del gobierno de Perón, los cerealistas tuvimos que dejar la actividad, porque en ese tiempo se fundaron muchas cooperativas, que no pagaban impuestos y nosotros no podíamos competir. Es así que la sociedad Dante Pellegrini e Hijos se formó el 31 de octubre de 1948 y luego, al faltar papá, continuó como Hijos de Dante Pellegrini.
Edmundo: Empezamos llevando cereal, ya era a granel, al puerto de Rosario con un camión Ford A y un International, después compramos y cambiamos otros camiones. Hacíamos fletes para terceros, y así hemos ido a todos lados.
Emilio: Cuando empezamos tuvimos que llevar unos galpones a Chaco, y desde ahí llevábamos algodón a Bs. As. Viajábamos también a Tucumán, luego vino Zapala, San Martín de los Andes, Esquel, Comodoro Rivadavia... Nosotros eramos los camioneros y así recorrimos casi todo el país. La empresa era de los cuatro hermanos, Nino, Pedro, Emilio y Edmundo.
Edmundo:Por este trabajo nos habíamos ido a vivir a Bs. As, Emilio vivía en Ituizangó y yo en San Miguel. También viajábamos a Mendoza a buscar vino que distribuíamos acá, de Carlovich o de Penecino, y llevábamos a otros pueblos también. Eran por encargo de los comerciante y venían en barriles de madera de 200 litros.
Emilio: Pero después empezamos con Transporte Dante. Dejamos todo lo demás, porque había tanto, tanto trabajo, que no teníamos tiempo de hacer otra cosa.
  ¿Cómo comenzó Transporte Dante?
Emilio: Carlitos Bulfoni, trajo el dato de que los Burzacca vendían la línea a Buenos Aires. Bulfoni entró en la sociedad y compramos la llave de negocio. Eso fue el 6 de enero de 1961.Poco tiempo después dejó la sociedad y se fue a vivir a Mendoza.
Edmundo: Le compramos a Bulfoni el camión, un Morris, y a tío Pepe y tío Adamo un International, que era para reparto. Le decíamos "El Águila", porque tenía un águila de metal en la tapa del radiador.
Emilio: Una vez venía de hacer un reparto en Hughes con El Águila y un camión no me podía pasar por el tránsito. Cuando lo hizo el acompañante me tiró una caja de fósforos! ¡Qué bronca me tuve que tragar!!
Después le compramos a Caffa de Villa Cañás la línea a Rosario, Edmundo se dedicaba a Rosario y yo a Buenos Aires.
Edmundo: Llegamos a tener 14 empleados entre camioneros y para el reparto.
  ¿Donde repartían la mercadería?
Edmundo: Empezamos trabajando mucho con el frigorífico de Hughes, pero después repartíamos en Teodelina, María Teresa, Villa Cañás y Santa Isabel. Teníamos un depósito en Buenos Aires donde llevaban la carga y nosotros la repartíamos.
Emilio: Eran dos viajes a la semana, pero a veces hacíamos un viaje extra, y si no había mucha carga, igual lo hacíamos. Pero en esa época no había viajes vacíos, al contrario, no alcanzaban los camiones. Los llenábamos con mercadería que sobresalía hacia arriba. Venía de todo, ropa, muebles, repuestos... de todo. Muchísima mercadería de tienda, porque en Cañás había una fábrica de ropas, también los fardos de telas para Ducay, cargas para Dall'ochio... A Reali de Villa Cañás también le traíamos mucho.
También trabajamos mucho con la Uperlact, que acá fabricaba productos lácteos. Los lle-vábamos a Baires, una fábrica de helados, a Felipe Fort (Fel-Fort), a Bagley y Terrabussi.
Edmundo: Y cuando esa fábrica cerró transportábamos quesos de una de Venado. También traíamos para Alpargatas, Jabón Federal, Lever, a eso lo ibamos buscar a las fábricas. El trabajo fuerte fue el reparto en los supermercados de A.C.A. Repartíamos en Villa Cañás, Teodelina, Venado Tuerto, Carmen y Santa Isabel. Eran los supermercados Cooperación.
Pero también había otras empresas de tranporte...
Emilio: Si, Conte o Vidal, de VenadoTuerto venían acá, pero cuando empezamos tuvieron que abandonar, porque eramos nosotros los que andábamos en los camiones y en el reparto, cargando y descargando, cosas que las empresas grandes no podían hacer y por lo tanto no podían competir.
El trabajo fuerte duró hasta finales de los '70, hasta que empezó a cambiar la economía. Además antes no se podía ir a Buenos Aires con cualquier auto, ahora la misma persona va con una camioneta, compra lo que quiere y se lo trae.
Edmundo: Las cargas empezaron a mermar, hoy hay mucho movimiento con los tours de compras. Y nosotros nos dejamos estar un poco. En fin, hemos vendido la línea y los camiones, pero la empresa sigue operando desde el mismo lugar y tiene como nombre Nuevo Expreso Dante. La empresa sigue igual, en El Escritorio, en Santa Fe 917 y es la continuación de aquella que nació en 1926.-

De lo que Emilio y Edmundo nos cuentan podemos deducir, como lo hemos hecho en otros notas con familiares de inmigrantes europeos, que la mayoría de los que vinieron en busca de prosperidad, aquí la encontraron. 

A pesar de que la realidad hoy nos marca otra cosa, muy distinta a la de otros tiempos de progreso seguro, los cuantiosos descendientes de aquellos Pellegrini llegados de Italia a través del Brasil permanecen todos en la Argentina. Tal vez haciendo honor, sin saberlo, a las palabras del viejo Pedro: "Deberíamos besar esta tierra cada vez que nos levantamos por la mañana".- 






 El patio de la firma Pellegrini Hermanos en tiempo de cosecha durante la década de 1930.

 






 
 


"El Águila", un icono de los Pellegrini que aún permanece en el patio esperando hacer el reparto.








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sábado, 2 de marzo de 2013

Rutas

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 115 del 26/11/2010
 
 
Santa Isabel está conectado al resto del país por importantes rutas pavimentadas.

La Ruta Nacional Nº 8 cruza buena parte del distrito y se accede a ella a través de la ruta provincial 94, cruzándose ambas a unos 6 Km. al Noroeste de la planta urbana. También ingresa al distrito de Santa Isabel la Ruta Provincial Nº 14, sobre la cual se encuentra la zona de Runciman.
 La Ruta Provincial Nº 94, que une Teodelina con Chapuy pasa por la zona urbana de Santa Isabel. Se construyó entre 1938 y 1939 y fue inaugurada oficialmente en enero de 1940 en Villa Cañás, aunque ya había sido habilitada un tiempo antes.

 Para realizar la obra se tendió, en forma provisoria, una vía de trocha estrecha, paralela al nuevo camino, por donde transitaba una pequeña locomotora a vapor que tiraba los carros con los materiales desde Chapuy (adonde llegaban por ferrocarril) hasta el lugar de trabajo.
El trazado de la 94, que pasaba por el interior de las poblaciones de su recorrido (en Santa Isabel por Av. Santa Fe) se construyó de hormigón con un ancho de sólo 3 m., es decir un sólo sentido. Únicamente quedaron pavimentados los dos sentidos en el interior de cada localidad, lo que en Santa Isabel fue desde 9 de Julio hasta Rivadavia.

 En el año 1981 se concretó la deseada ampliación (o ensanche) a 6,5 m. desde el cruce con Ruta Nacional Nº 8 hasta Villa Cañás y, poco más tarde, se prosiguió dicha ampliación hasta Teodelina. En esta obra también se construyeron desvíos que evitaron que la ruta atravesara el centro de las poblaciones.

 Antes de concretarse el ensanche de la ruta 94, al haber una sola "mano" pavimentada, los vehículos que viajaban con sentido Santa Isabel-Villa Cañás tenían la prioridad de permanecer sobre la franja pavimentada, mientras que los que lo hacían en sentido contrario debían ceder el paso pasándose momentáneamente al sector de tierra. Como es de suponer esta situación generaba grandes y continuos inconvenientes. No solo porque esta regla solían romperla los vehículos de mayor porte, sino también porque en los días lluviosos era común encontrar camiones y automóviles empantanados, uno tras otro, creando un tapón que impedía el paso de los demás vehículos hasta que eran retirados con tractores. Por el contrario, cuando no llovía se levantaba gran cantidad de polvo haciendo, en muchas oportunidades, casi imposible la visión de los conductores con los consecuentes peligros que esto acarreaba.

 Los neumáticos y la suspensión se llevaban la peor parte al "bajar" a la tierra y luego al volver al pavimento. Es que en muchos tramos el pavimento solía estar "descalzado", es decir sin tierra en la parte del borde de cemento que quedaba expuesto en varios centímetros. Esto provocó varios accidentes.

 Con el correr del tiempo el tránsito se hizo cada vez más intenso y veloz, lo que creaba situaciones riesgosas para los transeúntes y vehículos del pueblo. Para paliar esta situación la Comuna colocó, en los últimos años de la década de 1970, semáforos en las esquinas que la Av. Santa Fe tiene con calle San Martín y con Av. 25 de Mayo. Cuando se hizo el ensanche de la ruta y el desvío por el sector Oeste de la localidad, estos cayeron en desuso y fueron desmontados.

 Si bien para 1981 ya se había inaugurado el nuevo ingreso al pueblo desde el desvío por Av. Sarmiento, parte del tránsito continuó pasando por el viejo trazado hasta que éste fue cerrado en la parte que va hacia el cruce con ruta 8. Esto se realizó apenas comenzada la década de 1990 debido a los accidentes, algunos luctuosos, que ocurrían en ese empalme entre la ruta vieja y la ruta nueva.  




1939 (aprox.) - Trabajos de alteo, entre Santa Isabel y Villa Cañás para la primera pavimentación de ruta 94.








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jueves, 28 de febrero de 2013

La loma de la 94


Publicado en "Acercar a la Gente" N° 14 del 15/04/2000

 A poco de salir de la localidad, desde calle Santa Fe hacia el N. O. por la vieja ruta 94, la de una sola mano, encontramos una extraña elevación del terreno conocido por muchos como "la loma". Esto es parte de la obra inconclusa que proyectaba unir las ciudades de Rosario y Río Cuarto mediante el entonces Ferrocarril Pacífico que más tarde pasó a llamarse Bartolomé Mitre. La ley 2394 dispuso la construcción del tramo Rosario-Peyrano y la 8366 la extensión hasta Otto Bemberg (dueño de esas tierras), hoy Rastreador Fournier (nombre asignado por el gobierno de Perón).
 
 La apertura al servicio público de esta estación se realizó el 15 de julio de 1914 pero de ella solo quedan despojos. En el lugar, donde también hay una planta de silos para granos, podemos ver parte de su antiguo esplendor: el tanque de agua para las locomotoras a vapor, el puente para girarlas (que aún funciona), la playa de maniobras y las ruinas saqueadas de los edificio de la estación y viviendas para el personal. Hasta fines de la década del '70 y principios del '80 aún existían varias dependencias junto a un amplio galpón con fosas destinadas a reparaciones. Se cuenta que hasta esta estación llegaron objetos que conocemos, como el mástil de la plaza 9 de Julio o la imagen de S. Isabel de Portugal.

 El tendido de la línea continuó en dirección S. O. solo algunos metros (algo más de 1 km. de lo que ahora es el desvío de la ruta 94 hasta el comienzo del campo de Vanni, pasando por el que fuera de la familia Gavio) pero la obra se detuvo debido a la primera guerra mundial y ese tramo solo se usó para acumular viejos vagones hasta que se lo levantó definitivamente. Luego, en la década del '50 se realizó el empalme con la estación Santa Isabel.

 Cuando en la década del '30 se hizo la ruta 94, el terraplén de la vía ya estaba hecho. Desde ese entonces existe "la loma".

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