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viernes, 30 de junio de 2023

Las Cuarenta Horas

La Comisión de Damas del Hospital Miguel Rueda, formada por Angelita Cucco, Irma Pellegrini, Gladys Zanotti, Mirna Sánchez, Ana María Benedetto, María Raverta de Quatrín, Ofelia de Oliva, Marta Lobos, Rosita Bessone, Nélida Reato y Margarita de Costas decidieron fundar el Asilo de Ancianos de Santa Isabel el 23 de octubre de 1969. Desde ese momento comenzaron a recaudar fondos con la organización de distintos eventos y colectas con lo que se logró la adquisición de muebles y ropa de cama para este servicio en el Hospital Miguel Rueda.

La inauguración oficial del Asilo, a la que asistió el Gobernador de la Provincia de Santa Fe, Dr. Sylvestre Begnis, se realizó el 5 de mayo de 1974. Pero previamente, los días sábado 9 y domingo 10 de febrero, se llevó a cabo una colecta muy particular que se denominó Las Cuarenta Horas, destinada a recaudar fondos para este refugio de adultos mayores.

El evento, que tenía como lema "Pueblo lindo de gente linda", consistió en una transmisión radial continuada por Radio Circuito Cerrado Santa Isabel (de O.P.S.I., Organización Publicitaria Santa Isabel) a cargo del locutor y conductor isabelense Elbio Martínez cuando esta emisora tenía sus estudios en Santa Fe al 1300.

Martínez estuvo frente al programa durante 40 horas ininterrumpidas presentando música, interactuando con los oyentes, manteniendo charlas con invitados especiales e incentivando a la población a donar dinero para el Asilo. Se había propuesto llegar a determinada cifra de pesos, la que fue superada ampliamente, y a batir un récord de permanencia frente al micrófono radial, experiencia que también fue lograda. Alberto "Nito" Lombardi, Daniel Albanesi y Gustavo Díaz, entre otros integrantes de la radio, participaron de la transmisión que culminó exitosamente, en directo -con la contribución del locutor rosarino Eduardo Aldiser, amigo de Martínez quien por ese entonces trabajaba en medios de comunicación de la ciudad de Rosario- desde el salón del Club Juventud Unida con público a pleno.

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lunes, 23 de diciembre de 2013

Doctor Sylvester.

 Publicado en "Acercar a la Gente" N° 29 - 05/08/01

Norberto Sylvester nació en la localidad santafesina de Sancti Spíritu el 18 de junio de 1934. Allí comenzó sus estudios que continuaron en Elortondo, Firmat y Venado Tuerto, lugares a los que la familia se trasladaba porque su padre, oriundo de Rosario, era director de escuelas. Una vez terminada la secundaria ingresó a la Universidad Nacional de Rosario donde se graduó, a la edad de 28 años, de médico cirujano.

 Por unos parientes supo que en Santa Isabel solo había un médico. Luego de visitar la localidad y siendo aún soltero, se instaló aquí. En un primer tiempo vivió en el Hotel Central, atendiendo a sus pacientes en el Hospital Miguel Rueda (como lo haría siempre) o en su consultorio que estaba en calle Sarmiento al 1200 (frente a la Cooperativa). Un año después, y con su familia recién formada, se estableció en la casa de 25 de Mayo y la vía, lugar que alquilaron y luego compraron.

 Fue un médico que se entregó totalmente a su profesión. Vivió pendiente de sus pacientes, pasando muchas noches casi sin dormir por un caso grave o un parto que se aproximaba. Más de una vez dejó un plato de comida ante un llamado, cualquiera fuese su importancia. En su consultorio todos eran atendidos, con o sin obra social, y durante años no llevó la cuenta de los honorarios que le adeudaban. Aunque luego tuvo una secretaria esto no le impidió dejar de cobrar muchos de ellos.

 El estrés que le ocasionaba la actividad le acarreó problemas de salud. Por recomendación de un médico cardiólogo comenzó a buscar tranquilidad. En Buenos Aires se especializó en geriatría y en 1974 se trasladó con su familia a Rosario donde trabajó en un hospital geriátrico. Pero esto no duró mucho, luego de un año volvió a Santa Isabel, al lugar y a la actividad que extrañaba. Vivió un tiempo en la casa parroquial y cuando volvió su familia lo hicieron en una casa que le prestaron unos amigos. La continuidad del trabajo y un accidente automovilístico deterioraron su salud. Su corazón lo abandonó el 9 de agosto de 1980. Fue velado en la iglesia parroquial donde se congregó una multitud. 

Había muerto mucho más que un hombre bueno.

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miércoles, 13 de marzo de 2013

Vientos del ayer (o nostalgia del ayer, es casi lo mismo)

Publicado en www.acercarweb.com.ar el
05/07/09

 En ésta evocación de los cien años de nuestro pueblo los recuerdos más queridos de cada uno reverdecen en nuestra memoria; cómo habrá sido aquel inicio… el arado mancera, aquel de una reja, tirado por el fiel caballito criollo, abriendo surcos para la simiente; o tal vez los bueyes cinchando delante de las cuatro rejas… Pero claro, el pueblo se hizo con la gente en el campo para el sustento diario, porque pueblo es todo, y cuando digo “todo” lo digo porque era el poner el  hombro, el ayudarse el uno con el otro, era el luchar -por ejemplo- a abrazo partido entre vecinos para terminar con la plaga de langostas, cuando colocaban las barreras de chapa alrededor del sembradío con las estacas de hierro y se las exterminaban con aquella máquina lanza-llamas.
 Y pueblo era todo… la engavillada del alfalfar ya cortado con la guadañadora, para luego hacer los montes con la horquilla, y después venían la emparvada, entre vecinos y amigos en una ayuda alegre y fraternal; como el tirar maleta para descargarla en aquella enorme bolsa de arpillera que luego iba ala chata con el aparejo, remontándola a ella tirada por el matungo fiel, y el caballo… Siempre el caballo en los trabajos de campo, en el traslado de la gente con los sulkis, las jardinera o las volantas; y, como les decía, aquellas espigas que llegaban hasta la troja, para después pasar la desgranadora y ahí se llegaban a la bolsa ya desgranado.  En toda ésta evocación la carneada era otro de los momentos de encuentro con familiares, amigos y vecinos para ayudarse mutuamente.

 Pero pueblo es también además de trabajo, el juntarse y compartir momentos gratos como podía ser la llegada de aquellas compañías teatrales que se escuchaban por radio y que después salían en gira por los pueblos para personificar y hacer real aquella imaginación de lo que nuestros oídos escuchaban. Y también estaban los circos con las obras teatrales después de la función en la pista.
 Y qué decir del mágico cine. De aquellas películas que casi siempre eran de “acción”, de pistoleros o de guerra los días miércoles;  y después, el sábado y el domingo, más actuales. Incluso teníamos  la matinée de los domingos. Cómo, entonces, no recordar aquel tema de…” se va el caimán, se va el caimán, se va pa´ la barranquilla” que anunciaba el inicio de la matinée. Y claro, teníamos aun en mente de cómo había terminado el domingo anterior el episodio de “Enmascarado solitario”, o quizás “El zorro”;  y el final había sido de los más intrigantes, así que teníamos que hacer cualquier cosa -bien los deberes- para no perderlo.
 Pero si pueblo es todo, también lo era en aquellos encuentros de los bailes populares, grandes, jóvenes y chicos, familias enteras gozando y compartiendo eso momentos tan gratos. Los bailes de los  conscriptos que ya partían muy pronto al Servicio Militar, con el nombramiento de princesas y reina. También es pueblo la llegada de la gente que fueron personajes, por ejemplo aquel patinador que quedo en el recuerdo por su record de permanencia sobre patines, Alfonso Esteban García era su nombre. Y el altoparlante del legendario “Prado Español” que anunciaba todo los días, en la voz de Juancito Miculan o de Eduardo Pozzeti, las horas y minutos que el patinador llevaba hasta ahí de permanencia. Realmente es conmovedor recordar la gente que lo acompañaba día y noche con comida, bebida y café, y distrayéndolo para que no se durmiera.
 Nombré al Prado Español, el refugio obligado en cada festejo patronal, todo los Santa Isabel eran el regocijo de la gente. Aquel recordatorio en la solapa del lado izquierdo, allí donde el corazón parecía latir más fuerte en esos momentos; realmente el recordar a las familia que unían pueblo y campo, porque el campo era una parte muy importante de gente en las chacras, pero el Prado Español tenia algo muy especial, porque la familia Miculán misma era muy especial. Y hablo en tiempo pasado por el recordatorio, pues Doña Elvira y Don Mario a la cabeza, era gente entrañablemente querida por todos, y además la atención y simpatía de Nelly, “Coca”, Juancito y “Lulo” nos contagiaba a todos. Es que no eran solamente los helados, también estaban aquellas picadas con el vermucito que era como una excusa para compartir momentos gratos con los amigos, aquella vereda que se ensanchaba y llegaba más allá del cordón hasta pasar las calle de tierra, esa vereda ficticia de madera rodeada de la baranda protectora que daba más lugar para comodidad de la gente. Y ahí nomás, enfrente, la plaza, las familias con los chicos, los matrimonio y novios dando vueltas en ella, para luego recalar casi obligatoriamente en la heladería de “Don Mario”, o si no para entrar al Prado y sentarse bajo las plantas de ligustrines donde también se degustaban los helados y bebidas predilectas. Cómo olvidar a “Don Mario” en su bicicleta con su cajón de helados vendiendo por calles del pueblo.
 Y qué decir de otro refugio obligado: nuestra Sociedad Italiana que tiene tantos años…casi… casi como el pueblo, un verdadero templo de recuerdos y emociones vividas.
 En la evocación desandamos caminos en el tiempo y surge la barra de amigos en nuestra niñez que, por supuesto, ¿quién no la tuvo?. En mi barra de andariegos estaban los amigos de la escuela primaria y otros que eran del barrio,  buscando algún baldío para hacer un “picado”. Aunque lo más difícil de encontrar era alguien que tuviera una pelota de fútbol, la tan preciada Nº 5; y sí, seguro que el dueño de la pelota jugaba de 9, el puesto mas codiciado, el llamado centrojas; el dueño de la pelota también se adueñaba del puesto aunque no tuviera actitudes para eso. Él ponía las condiciones y nosotros las respetábamos, lo importante era “Jugar a la Pelota”.
 Y en ese recuerdo tan mío están esos pibes de ayer, Mis Compañeritos, exactamente como se llamaba nuestro libro de lectura de esos años, aplicando los puntos y coma y la pausa, levantando la vista, como nos enseñaba nuestra maestra de aquel primario, la tan recordada Señorita Úrsula.
 Vuelvo a mis “compañeritos” pueblerinos. Nnos juntábamos con "Nito" Lombardi, "Quinito" Salemme,  "el Turco" Alianak, "Panchito" Paulini, "Dieguito" Colomba, "Vichéndalo" Sánchez (seudónimo que se lo puso Lisandro Salemme, que era menor que nosotros y vivía casi enfrente de la familia Sánchez,  y por eso, por ser mas chico, no era de nuestra barra, lo de “Vichéndalo” era por Vicente, pues se llamaba Héctor Vicente Sánchez)... Continúo con la barra de ataño:  “Musculito” Elbio Martínez,  "Ninimo" Enrico, que venia a la casa de su abuelo para las vacaciones; Román, que también llegaba en las vacaciones y se afincaba con sus familiares, la familia Salemme; y Pocho Ferro. A Ferrito lo dejo para el final porque cuando jugábamos a las bolitas nos “gelaba” a todos. "Gelar", en la jerga “bolistica” significa que nos “limpiaba” a todos y nos dejaba sin bolitas, pues Ferrito tenía una “quema” bárbara, y cuando nos daba con esa bolita “puntera” que él tenia en la línea que hacíamos de bolitas, producida un desparramo de aquellos… él se guardaba las bolitas en el bolsillo y nosotros nos quedábamos con esa cara de “circunstancia”. Para colmo, “el Pocho” se nos reía con esa risa casi  “sarcástica”… y nos dejaba con la congoja y sin bolitas…
 Pero bueno, volviendo a las andanzas de buscar pelota y potrero, esto último, en esos tiempos no era nada difícil pues baldíos y potreros los había; lo complicado era la pelota. Ocurrió que una vez alguien de los nuestro se hizo dueño de una Nº 5, no se si por el buen oficio de los Reyes Magos”o quizá por el día de su cumpleaños (12 de Octubre). Con este dato puntual, (el destinatario ya debe saber de quien se trata) ya teníamos a uno de la barra con pelota de fútbol y teníamos el lugar para hacer “el picado”, muy cerca de nuestras casas, era allí desde calle Mitre, por la avenida Santa Fe, hasta casi frente al hotel. En  ese recorrido había una hermosa arboleda, desde frente al club Juventud Unidad de aquel entonces hasta la calle San Martín, detrás de la línea de árboles donde había varios bancos para el descanso estaba el alambrado, y detrás de el, por supuesto, el predio del Ferrocarril que llegaba hasta ahí nomás, sobre calle Mitre. Todavía el pueblo no se había cortado por la vía, hacia el lado Norte. Y en ese lugar, antes de la vía, entre lo álamos, sauce y paraíso, había un claro, donde la gente se reunía para hacer el pic-nics; ahí mismo jugábamos los “picados”. También se llegaban pibes de más lejos, que no vivían en el centro y entonces nos juntábamos con Osvaldo Gadea, o con "Lobito" (Rubén Lobos). O con Darío Carrera, o quizás con "Calandria" Arce.
 Pero después me alejé de mi barra pueblerina, volvimos al campo, a nuestra casa natal, allí donde nacieron mi querida madre, mis también queridos tíos: Chela y Tina, nuestro inolvidable tío Lito, mi hermana Marta y yo. Ya mi hermana Norma había nacido en el pueblo. Así que regresamos al campo de mi abuela Gavio y entonces, allí se sumaron a aquellos que ya nombré, los amigos del campo, el recordado “Norbe" Fulconi, “Bubi" Petricich, Pedrito Scatagrini y Mario Kovasevic, que ahora con el paso de los años tiene el orgullote ser Presidente Comunal en los 100 años del pueblo.
 Y, desde ya, la pibada del pueblo, de vez en cuando llegaba hasta “nuestra” chacra a jugar a la pelota o a lo que fuera, y por entonces ya venían otros compañeros de escuela como Orlando Sunde o el recordado Juan Carlos Angeleri, y también el cariñosamente “Loco Diba” (Alfredito Di Bastista), que también vivía en una quinta lindera al pueblo; también se unía a nosotros el “Negro” Carpi (Juan Carlos). Y ahí conocí en los picados que jugábamos en el potrero del Bajo a grandes compañeros como Pepe Reato, el “Pato” Cisterna o al “Rulo” Montefiore, por nombrar algunos. En esos tiempo de pibes, qué decir de las trenzadas que tenia con "Saturno" Martínez. Principalmente cuando jugábamos  por las etiquetas de cigarrillos para ganar la más fácil, y lo mismo ocurría con las figuritas de los jugadores de fútbol de la época, nos jugábamos entero a las bolitas para conseguir la más buscada. Pero recordando los juegos es difícil de olvidar y muy grato recordar los momentos cuando con Elbio Martínez marcábamos con  tiza en el mosaico de nuestra casa la cancha para jugar al fútbol con los botones, los dos somos de la misma divisa, Elbio era el Racing Moderno de aquella época y yo el Racing Antiguo Veterano, qué momentos tan hermosos…
 Todo esto que es recuerdo, es pueblo también; como es pueblo los personajes tan nuestros. Y para nombrar a uno de ellos, llega a la memoria aquel peluquero que también fue recitador en los carnavales, aquel que llegó ha ser comisario del pueblo; el tan conocido “Manga” de apellido Lombardi. El dueño de la peluquería “El Criollo”, aquel que dejaba sentado a su cliente en el sillón para tomar abruptamente la máquina de flit y perseguir así alguna mosca intrusa, o para regar y barrer la vereda de tierra;  o tal vez para salir a regar la quinta con  aquella regadera que ya tenia preparada detrás de la puerta que daba al patio. Claro que su clientela ya estaba acostumbrada a “sus cosas” y, en todo caso, esa pérdida de tiempo servia para compartir alguna charla amena. Por lo general ahí se reunía la gente mayor, los que vivían en las quinta circundantes. A unas cuadras de allí estaba la peluquería de “Don Gallito”, que después se fue al centro para unirse a su colega “Kito" Dueñas. Y también estaban las peluquerías de los belgranistas y las de los de Juventud Unida; por ejemplo para “los verdes” era la de Don Bastino” y para los azulgranas la del “Flaco" Enrico; allí casi enfrente a la de Enrico estaba la de Don Domingo Lorenzatti, y estaba la cancha de paleta que los fines de semana se colmaba de gente y donde se “jugaba fuerte” .
 La paleta... Cómo no recordar entonces al gran Valentino Romero quien en su canchita era invencible. Casi podríamos decir que fueron discípulos de él Osvaldo Gadea, el “Vasco” Montes, el recordado “Norbe” (Ferrari) o Eterovich. Y,  después, más al centro, estaban los hermanos Carlovich, “Polaco” y “Pocholo” o Antonio Ducay; todos eran animadores en la pelota a paleta. Y, más allá en el tiempo, recordar también a “Tito" Salemme, y claro, mucho mas acá, a una gran promesa que desgraciadamente quedó trunca: “Tatano” Aquino. 
 
 ¿Quién puede negar que esto no es pueblo? Como los dichos que son el folklore pueblerino, por nombrar algunos, como aquel: “te lo debo Angeleri”, o “quedó como la gallina de Baldessari” (el destinatario era mi tío Ángel), o el: “arriba dijo Pijuán”, o aquel otro tan conocido de un “caudillo” político que fue historia…
 Personajes que hacen a un pueblo, como aquel dicho de Don Silvio Marino: ”Y tu mamá que dijo?”. Así respondía cuando algún interesado le pedía que le fiara el alquiler de alguno de los Ford A que alquilaba. Con esa respuesta le daba a entender que no aceptaba el fiado del auto, pero pasaba que después venia la "vendetta” de la barra que alquilaba el Ford A para ir algún baile de pueblos vecino. Y la “vendetta” era que desconectaban la “tripa” del velocímetro por algunos kilómetros para abaratar el viaje, pues Marino les cobraba por kilómetros recorrido. Pero el dueño de la “escudería” del Ford A -llámese Silvio Marino- se avivó de la trampa; entonces la muchachada de aquella época inventó otra,  la de volver marcha atrás algunos kilómetros, desandando camino para ahorrar algo del alquiler. Anécdotas de esos tiempos…
 Y la evocación y los recuerdos pueblerinos siguen… Como la de las serenatas en las fiestas de Nochebuena y Año Nuevo, las familias que esperaban a los serenateros, el escuchar el golpecito”en las ventana anunciando: “serenata!” y en el sonido de una guitarra y de alguna voz, quizás con berretín de cantor, o por qué no en el sonido de alguna vitrola rayando un disco debajo de la púa. Las serenatas… ¿te acordás Roberto Bastino de aquella glosa que vos recitabas anunciando nuestra serenata?:  “A la familia presente con un augurio sincero, les deseamos un feliz y próspero año nuevo, lleno de felicidad y de todo… nosotros, de cualquier modo con habilidad y destreza le ofrecemos esta pieza, y para tirarle la manga, nos tire alguna cerveza”.
 Recuerdos inolvidables, sin dudas, como lo eran los torneos de baby-fútbol en la canchita que tenia el Club Juventud Unida sobre calle Belgrano, a la derecha de la entrada del portón, cerca de donde está la actual pileta. Se jugaban esos torneos pegadita a la que entonces era la cancha de básquet, allí también se hacían partidos de papi-fútbol como también lo eran en Belgrano. Los comerciales de básquet eran otros espectáculos en Belgrano donde se reunía mucha gente los día de semana.
 Los recuerdos hermosos de esos años nos llevan a los carnavales de ataño mezclados en serpentinas, papel picado y agua florida que ya venía incorporada en aquellos pomos de plomo. Los corsos… desde Avenida Santa Fe por calle Mitre hasta la José Ingenieros, en la esquina de la herrería de los hermanos Pennachietti. El palco adornado con hojas de palmera en las esquinas de Mitre y General López, cantores y cuentistas o recitadores hacían quizás su “bautismo actoral”, la gente, los autos y disfraces girando alrededor del corso, y después la cita obligada en el “Prado Español” para el baile final del festejo.
 Todo era pueblo. Cosas de recordación. Las familias en sus paseos, el recuerdo de la familia Cañete, por ejemplo, paseando por el pueblo en sulke con las ruedas engomadas y aquel caballito briosos de trotecito parejo y seguidor. Y cómo no recordar a los lecheros que aguantando heladas, lluvia y vientos llegaban siempre para que no faltara en cada casa lo imprescindible, aquel carro inclinado para atrás facilitando así la bajada y subida del lechero y, mientras éste dejaba en el recipiente la cantidad de leche que fuese, ya el caballito seguía el trayecto y se detenía en el domicilio del recorrido, caballo y lechero conocían por igual el lugar indicado. Lo mismo con los soderos, su caballo y recorrido. También es para valorar el gran trabajo y sacrificio que hacían los carniceros en la época del matadero comunal, en los días inhóspitas salían casi de noche, antes de amanecer para realizar su trabajo.
 Pero claro, eran otras épocas y otra gente ya mentalizada en lo suyo. Era cuando los chacareros le daban vida al pueblo y estaban los negocios de ramos generales. Para tener una idea de esto vamos a tomar al azar una manzana céntrica del pueblo, esto por los años 50. Por ejemplo arrancamos en la calle Mitre y General López, la esquina bazar y librería de los Hermanos Dall`Ochio, más allá la carpintería de Mario Tirelli, pegadita a ella la librería de Don Bertú, luego la sastrería de los Hermanos Rasello, luego la relojería Big-Ben de la familia Caminos, y llegando a la esquina de la calle Belgrano el taller y estación de servicio de la Empresa PAN-AM que patrocinaba Silvio Marino, el señor que, como les conté anteriormente, alquilaba sus Ford “A” y que tenia fama de muy agarrado. Siguiendo ya por calle Belgrano, el almacén y ferretería de Don Máximo Martínez, luego la carnicería de Alfredo Otamendi y ya llegando a la esquina de la calle Sarmiento la tienda de “Saldos y Retazos” de los socios por entonces:”Chalo" Carpi y Silvio Marino y familia. Por calle Sarmiento y llegando a la esquina de General  López, el almacén de la familia Carlovich, pegadita a ella y siempre por General López la verdulería “El Gallego”, su dueño de apellido Pérez, que se decía era boxeador y que falleció muy joven. En ese mismo lugar puso peluquería Don Bastino. Siguiendo, luego aparece la tradicional panadería de Don Romero y casi llegando a la esquina, la carnicería de la familia Costa, en la que atendía el recordado y querido "Guido" Costa.  Esto nos da una pauta de los negocios que había en Santa Isabel por aquella época. 
 Cambiando bruscamente de tema y evocando nuestro recuerdos tan entrañables, los enfrentamientos históricos de nuestro clubes tan queridos, Belgrano-Juventud o Juventud-Belgrano, son sin duda parte y vida de nuestro pueblo. También el “Bochas Club”, un lugar donde la gente grande, por lo general, se reunían y aun se junta para alguna partida de truco a "cara e' perro”. Y aquellos bochófilos que se refugiaban jugando horas y horas enteras. Como también lo es en la época del Turismo Carretera, cuando el T.C. era realmente eso, recorriendo pueblos, ciudades y provincias, abriendo caminos incluso a países limítrofes; basta recordar aquel gran premio de América de Sur en 1948, en el recorrido de ida y la 2ª carrera de vuelta. Por esos tiempos las familias en los pueblos esperaban a la vera del camino o dentro del mismo pueblo el paso de sus ídolos, preparando el mate o arrimando leña al fuego para el posterior asado, mientras el avión que seguía al puntero ya anunciaba su llegada. Todo esto también es pueblo.
 Y pueblo, por supuesto, son también los referentes puntuales, los personajes que hicieron cosas muy importantes, en el pueblo. No voy a hacer una evocación prolija de nombres, simplemente de algunos, porque el querer nombrar a todos nos llevaría a margen de error involuntario y dejaríamos de lado a gente que también luchó y colaboró para el progreso. Pero el devenimiento de “escuela de comercio”, aquella Mariano Moreno y hoy 214, nos lleva inevitablemente a reconocer la visión progresista de personas como Humberto Albanesi (hijo) a “Pipo” Tabaco, o quizás a Alfredo Vázquez que tenia un puesto muy importante en la provincia y a su hermano Justo Vázquez que salía por el campo a buscar alumnos, a mentalizar diría yo, a padres e hijos en la importancia de seguir estudiando, pues en esa época la idea de proseguir con los estudios era muy remota. Terminábamos la escuela primaria y nos dábamos por cumplidos. Y aquí les pido disculpas; primero a mis padres por no haber hecho el sueño de ellos, segundo a mis profesores o maestro que no eran como tales, pues todos colaboraban desinteresadamente sin tener titulo ni sueldos de profesores. Les pido disculpa por no reconocer el esfuerzo de todo ellos, por no darme cuenta en ese momento que lo hacían por nuestro futuro, pues yo hice el 1er. año de la secundaria y después abandoné como muchos otros de ese curso porque quedamos en el camino. 
 El recuerdo de esa gente tan querida que dejaba parte de su trabajo para preocuparse por esos muchachos y chicas de entonces... Solamente voy a nombrar a nuestro primer rector, el Doctor Carlos Farr, profesor de inglés que tanto nos recordaba aquel “signo fonético”. Y digo de nombrar al rector porque fue la cabeza de ese conjunto de gente extraordinaria, de aquel 1956. Ya la escuela en sus 50 años recordó a los primeros alumnos y profesores de ésa  época y a los demás que pasaron por las aulas, todos inolvidables.
 El recuerdo de gente importante nos lleva al reconocimiento por su capacidad de Rafael Pasquinelli, que entre otras cosas consiguió la reapertura del Hospital Miguel Rueda, luego el asfalto en el pueblo, y la importancia de lograr aquel tan esperado motor para la entonces Cooperativa de Luz.
 Y en los emprendimientos hubo algo muy importante, que justo en los 100 años del pueblo, nuestra radio cumple sus 50. El “Gringo” Aldo Vanni junto con otra gente muy importante puso en marcha aquella O.P.S.I. con sus altoparlantes que cuando se silenciaron, por esas cosas del progreso, entristeció al pueblo.  Primero fue el circuito cerrado con los monitores, y después avanzando el tiempo es la F.M. actual que recorre kilómetros e pueblos vecinos.
 La importancia de las imprentas, en épocas en que la fotocopia no estaba en el pensamiento de nadie. Si apenas teníamos aquel mimeógrafo que en la escuela nos parecía  casi milagroso. La familia Pensa, junto con la familia Pessino quienes aún continúan con esta noble y hermosa profesión de imprimir y crear, como lo son Hugo, Teddy y su hijo Mauro.
 En el progreso industrial, nuestro molino harinero fue orgullo muy nuestro. El tesón y trabajo de gente como Don Francisco Farrando, Don Paganini y el señor Dedios; esto por nombrar cabezas del emprendimiento. Aquel molino que después de modernizarse, a los pocos años se le derrumbó parte de un silo, pero que luego, con enorme esfuerzo, lograron reconstruirlo. 

Desgraciadamente después del alejamiento de los ya nombrados, los intereses y malos manejos de gente que jamás le importó ni el pueblo, ni el molino, ni las familias que vivían de él, tiraron todo por la borda y nos dejaron sin esa industria tan importante. Algo muy parecido, aunque con diferentes ribetes o dificultades ocurrió también  con la llamada Fábrica de Leche que después de cambiar de mano en mano quedó en ruinas.
 Sin embargo algunos siguieron en pié e incluso progresaron, como aquel taller de rectificaciones que en un inicio era de la firma “Fassi-Teppaz y Cía.”, los empleados del taller tienen hoy su fuente de trabajo propia, y el hijo de Don Atilio Fassi, Norberto Fassi ,sigue en el mismo lugar donde se inició su padre junto con Antonio Teppaz.
 Cambiando de tema, las cooperativas cerealeras, han tenido gran importancia. Primero la Cooperativa Unión y Fuerza con aquel almacén inmenso de ramos generales y ferretería y, más adelante, la Cooperativa Agropecuaria. Es de hacer notar que antes de trasladarse al lugar actual, la vieja Cooperativa Agraria Unióny Fuerza se encontraba en el predio de calle Rivadavia y Belgrano, luego en ese mismo lugar llegó el transporte de la familia Comuco que también tuvo su importancia en nuestro pueblo.
 Después, con el paso de los años, los hermanos Balassone se instalaron en el mismo lugar con ese gran emprendimiento de comercio mayorista que fue orgullo de nuestra zona y quienes le dieron trabajo durante muchos años a infinidades de familias de Santa Isabel. Pero, como siempre, desgraciadamente, los vaivenes y cambios de  nuestra mal manejada economía echó por tierra el sacrificio de la familia Balassone.
 Hoy en día tenemos otra cooperativa, en otro rubro, por supuesto, me refiero a la industria frigorífica, me refiero COTRASI. El esfuerzo y la preocupación de su gente mantiene en pié a esta planta. La misma que llegó a tener momentos de gran productividad pero también graves problemas con cambios de mano y en la cual Jorge Tirelli fue un luchador incansable. Luís Miculán fue otro, junto a la gente que bregó por la fuente de trabajo. Imposible olvidarse de los muy buenos oficios de nuestros presidentes comunales que en diferentes gestione lucharon para mantener en pié la mas importante fuente de trabajo en nuestro pueblo, por eso Norberto “Pichón” Cugnofis fue ejemplo en esto, como también lo fue hasta hace poco tiempo Juan Enrique Lombardi.
 Actualmente la empresa Hathor como también Syngental son señeras también como la salida laboral y además por importante emprendimientos. Se agrega otra fuente laboral, la familia de Enrique Vázquez con su criadero de cerdos, una  importante cuota laboral. Y, por supuesto, las dos empresas de transporte, El Andar y Ruta Joven son fuentes de trabajo de enorme importancia. La fábrica lechera en Runciman es, en buena medida, otra ayuda laboral. Pido disculpas si me olvido, en este recorrido, de algún emprendimiento de trabajo.
 Con el paso de los años surgió algo muy importante en el pueblo y fue una idea magnifica de gente que pensó, primero, en el prójimo, en el de servir a los demás sin ningún interés propio. Nuestro Cuerpo de Bomberos Voluntarios es orgullo de Santa Isabel y de toda la zona. Sin hacer nombres, sin caer en injusto olvidos, los que pasaron, lo que están y los que vendrán, para todos ellos, que son ejemplos de tesón, sacrifico y abnegación, nuestro agradecimiento.
 Pero aun nos queda algo para recordar;  el paso por nuestro pueblo de los sacerdotes, los curas, aquellos con sotanas negras. En esos tiempos, el padre Llonch que venia de Villa Cañas a dar misa en aquel Chevrolet azul, creo que modelo 38, con el que muchos de nosotros tomamos nuestra primera comunión; o quizás el padre Traversa, de gestos algo huraño, pero que dejo un buen recuerdo, o quizás el padre Fabroni, muy deportista él, si hasta jugaba al fútbol con la muchachada. Y de allí que muchos jóvenes empezaron a ir mas asiduamente a misa y también otros que jamás iban. El Padre Tetamanti también nos dejó un muy buen recuerdo, y llegamos a nuestro Padre Raúl, ahora Don Raúl Trognot , el paso de los años nos hace llamarlo Don Raúl. Es que son mas de 40 años en que el Padre esta al frente de las comunidad, son muchos años de recuerdos; como las primeras reuniones de novios-futuros matrimonios de ese entonces. Y luego la entrevista con el Doctor Sylvester  en esas mismas reuniones, realmente cuantos casamientos, bautismos y comuniones de la mano de nuestro Padre Raúl, el recuerdo de la catequistas que tanto colaboraron con los niños. En mi tiempo de pibe Oldita Nesprias fue, aun ella muy joven, una de las mas recordadas.
 Y bueno… nombré al Dr. Sylvester, y por eso el recuerdo a los médicos, pero también incluso el gran aporte de aquellas parteras que tanto de bueno hacían para lograr el nacimiento en momentos que el médico, por diferentes causas, no llegaba o no estaba en el lugar. Y vuelvo otra vez a nuestros médicos, desde el Dr. Carrillo, pasando por el Dr. Horsmann o el Dr. Farr. O el Dr. Cequeira que, recuerdo, tenía gran afinidad con los niños. Después sí, el Dr. Norberto Sylvester, el Dr. Bozernitzan  y su señora. Ella tenía la especialidad de bioquímica, también el paso fugaz del Dr. Soldini. El Dr. Ernesto Araujo marcó también una senda en medicina pero, claro, los primeros médicos tuvieron que luchar a brazo partido en épocas muy difíciles, con medios muy precarios. Ya en tiempos mas cercanos el Dr. Jorge Del Grecco, que ya hace muchos años está entre nosotros, lo mismo que el Dr. Armando Alianak, orgullo de los isabelenses, que por ser nativo de nuestro pueblo, para todos es cariñosamente el “Dr. Armando”, y por supuesto, el ultimo recién llegado y afincado entre nosotros: el Dr. Ignacio Costa.
 Desde ya, otros médicos han pasado por nuestro pueblo, por ejemplo el Dr. Sarjanovich, que llego después del Dr. Sylvester y se alejó al tiempo, dejando un muy buen recuerdo. Lo mismo que los doctores Salvai y Chiacherini al igual que el Dr. Pereyra, incluso el Dr. Procaccini es otro de los muy queridos y que ahora atiende en su especialidad especifica. El Dr. Zanini es muy recordado también, al igual que el Dr. Tejerina que hizo muchas guardias en el hospital y la clínica. El Dr. Morelli aun en ocasiones atiende en nuestro pueblo. No nos olvidemos del Dr. Reynaldo Casco, otro gran medico que todas lasa semanas se llega a Santa Isabel para atender sus pacientes, y bueno… actualmente completan el plantel de nuestros médicos: el Dr. Raúl Bugnon y la Dra. Lorena Had, más el aporte invalorable de pediátricos, oculistas y especialistas de diferentes especialidades. Los anestesistas es otro rubro muy importante también en este quehacer.
 Y ahora ¿qué nos queda? Tantas cosas. Los médicos, dentistas, por ejemplo, con el recuerdo tan entrañable del Dr. Roberto Busto que ahora se actualiza se alarga en el tiempo con su hijo, para nosotros: el Guy Busto. El Dr. Balachino fue otro de los odontólogos de nuestro pueblo, hasta llegar al matrimonio de los doctores Gambini junto al matrimonio Iglesias que atienden tan eficazmente en nuestro hospital. Imposible dejar de lado a nuestros bioquímicos: el Dr. Durand recordado él que venia de Venado Tuerto para atender en Santa Isabel, el Dr. Feijó de Villa Cañas, un profesional muy querido y que falleció muy joven, para luego llegar el Dr. Palumbo quien echó raíces aquí, donde formó su familia. Otro que tuvo su paso en nuestro pueblo, no por mucho tiempo pero nacido aquí y que ahora desarrolla su profesión en la ciudad de Villa Cañas es el Dr. José Luís Pellegrini. El Dr. Sosa fue otro de nuestros bioquímicos en la localidad.
 Los radiólogos, otra faceta importantísima. Pero por supuesto es imposible recordar tantas cosas y personas importantes de nuestro querido pueblo; porque… como dejar de lado a los farmacéuticos, esa gente linda que nos saca tantas veces de un apuro inminente. Así que es muy noble recordar a la Faminia Cumba; por ejemplo el apellido Armincchiardi desde “Don Pedro” y “Don Alberto”, llegando a Luís ahora, pero al que por el momento no lo llamamos “Don”. Una familia arraigada y querida por todos, sin dudas, la familia. Miculán, que son familiares por herencia y por profesión. Los entrañables ”Beba y Bambín”, nombrados así tan amigablemente, el matrimonio Albanesi, y ahora se actualiza también con su hija Marcela. El matrimonio Severini en farmacia Cabello.
 Y siguiendo en esto de la comunidad isabelense, el trabajo abnegado y solidario de las enfermeras que pasaron y de las que están actualmente bregando por la salud de todos es algo que debemos reconocer con la dignidad que se merecen, las mucamas son también verdaderas mujeres que en un trabajo muy sacrificado se brindan por la gente, bueno… cuando nombro a los muchos mas incluyo también  a las cocineras, que es un metié de suma importancia. En la parte administrativa en lo referente a salud es muy encomiable al trabajo que realizan  también. Otra faceta importante es el trabajo de la Asistentes Sociales, que en nuestros días cobra tanta relevancia. 
 En este repaso y recuerdos, habrá cosas importantes que puedo recordar, pero en todo este recorrer de  caminos de cosas pasadas, añoranzas y recuerdos, el Club de Leones, fue otro logro de gente que trabajó por los demás. No tengo en mente los nombres que lo integraban, recuerdo sí que Albino Gobbi fue uno de los principales animadores, también Humberto “Chalo” Carpi y el desaparecido Antonio Risso fueron personas importantes en aquel Club de Leones. igualmente el reconocimiento a todas aquellas personas que integraron algo tan importante en obras de beneficencia, para todos nuestro agradecimiento.
 Cambiando de tema, en el aspecto cultural, la creación de La Fachada nos llena de orgullo por chicos tan jóvenes que lograron una cuota importante de cultura, para conseguir con esfuerzo y desinteresadamente un lugar donde expresar y demostrar cualidades, tal vez para muchos o algunos desconocidos. Y qué decir de la La Marrupeña, cuántas chicas y chicos surgieron de allí, como profesores de baile también, incluso con presentaciones de gran importancia a nivel nacional. La Marrupeña es orgullo de nuestro pueblo. Y los hacedores de ésta, la familia. Sunde con Nilda y Orlando a la cabeza y además Carmen Mondino; con estos nombres es hacer el homenaje a todos aquellos que contribuyeron a que La Marrupeña haya logrado tantas cosas importantes para todos.
 El casi ya legendario A todo Pulmón es un orgullo isabelense que va ganando terreno año tras año, sin duda que el recordado ”Lalo” Colomba fue junto con otra gente su más ferviente luchador.
 Y ahora… me pregunto una vez más… ¿que nos queda?, es imposible recordar a tanta gente que fue de tremenda importancia en nuestro pueblo.
 Pero hay una mujer que yo quiero homenajear, así humildemente, porque creo que ejemplo de sacrificio, digo esto porque en noches crudas de frió, lluvia o viento, jamás dejo de atender a aquel para aliviar algún dolor, y principalmente donde había criaturas, ella con su bicicleta salía a cualquier hora para colocar esa inyección que aliviara el dolor o hiciera bajar la fiebre, por supuesto hablo de Mabel Costa, sin duda que ésta Mujer es el emocionado agradecimiento de todos nosotros, de la comunidad, sin duda.
 Y en el final de esta humilde evocación, llega el recuerdo ferviente de nuestros queridos "Fundadores”, así, entre comillas y con mayúscula. Para los que están y para los que no figuran ni en las fotos ni en los escritos, los que están me refiero a aquellos que vemos en fotografías y escrituras, que los otros, los anónimos también fueron fundadores pues hay apellidos que quizás, y seguro que sí han luchado con sacrificio en épocas muy difíciles y remotas, sin medios pero con la fuerza y la inteligencia de los pocos que tienen y todo lo dan; los nombres… ya lo sabemos, hay otros que quizás ignoramos, todos ellos son “Fundadores”… todos ellos son el esfuerzo que ahora cumple 100 años, ese logro y ese esfuerzo que se llama Santa Isabel.
 Levantemos las copas y brindemos en un abrazo fraternal por estos primeros 100 años… y por los muchos 100 que vendrán…  
 Pido perdón por el olvido de cosas y gente que si no los recordé, igualmente los quiero en todo caso fue esta negligencia mía por olvido, por falta de conocimiento o por ignorancia, pero jamás por mala intención.
 Soy un retoño más de este árbol imaginario llamado Santa Isabel, un hijo más de nuestro pueblo…
 Un hijo más que gracias a Dios y a la compañera” inolvidable” se proyecta en el tiempo con otros hijos y una nieta hasta hoy…pero siempre esperando que las semillas sigan dando flores y frutos.
 Con el permiso de ustedes a los amigos de “Mi barra de Oro” que se fueron en plena juventud, José Ángel, Eduardo y después Héctor.
Y a los míos tan queridos… que ya no están, pero que viven en mi corazón hasta el fin de mis días…

 Por Juan Jorge Baldessari        


Jorge Baldessari -cuarto desde la izq.- con amigos a principio de la década de 1960


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martes, 12 de marzo de 2013

Historias que llegan al alma.

Publicado en "Acercar a la Gente"  Nº 47 del 20/12/2003
 
 Tres relatos de la vida real que desde la adversidad nos transmiten esperanza y confianza en nuestras fuerzas.
 
 La vida te da sorpresas. A veces buenas, otras no tanto. Lo cierto es que tarde o temprano debemos enfrentar situaciones duras, complejas y muy poco agradables. Suelen durar minutos, días o muchos años, pero si intentamos resolverlas y tenemos el valor necesario podemos cambiarles el final y hacer de ellas una experiencia positiva para nosotros mismos y para los demás.

Como ejemplo hemos seleccionado estas tres historias reales que nos transmiten esperanzas a pesar de sus comienzos angustiantes.
 
 
De hermano a hermano.
 Con voz pausada Hugo Ribas (56) nos habla desde el sillón de su peluquería, esa que en los últimos meses más de una vez debió dejar, al igual que a su familia, para realizarse decenas de análisis, chequeos y una internación de una semana para poder devolverle la esperanza a su hermano Jorge Alfredo "Fredy" (52).
 "Él había adelgazado mucho - cuenta- y en febrero pasado le empezó a doler un costado y se le hinchó el bazo. Fue al médico y le diagnosticó leucemia... Pero después de un estudio le hablaron sobre la posibilidad de un trasplante de médula ósea".
 Con la angustia que causa una noticia de este tipo Fredy comenzó el tratamiento para controlar la enfermedad. Pero la cura solo podía llegar con el transplante, por eso en junio se dispuso que los hermanos de Fredy (en total son 12 hermanos con vida) debían hacerse estudios de compatibilidad para saber cual de ellos sería el donante. "No se si lo soñé o qué, pero estaba tranquilo y convencido de que iba a ser yo, tenía esa sensación desde el primer momento. Fui en el primer grupo, nos hicimos el análisis y salí ciento por ciento compatible, por eso no se hicieron más".
 Hugo y Fredy comenzaron a viajar varias veces por semana a Rosario y a Venado Tuerto para hacerse los análisis y estudios que preparaban el terreno para el transplante. "Nunca se habló de tiempos, ellos no te dicen mucho pero te van llevando y preparando muy bien. A los dos nos hacían los mismos análisis, fueron más de 60 en total y varios chequeos. En el mes de septiembre pasado lo internaron, en Rosario".
 Quince días después Hugo también fue internado por una semana en el mismo centro de salud pero en otra habitación, y ambos fueron preparados para el transplante. "A él le bajaron las defensas -continúa diciendo- para recibir la médula, porque sino el cuerpo reacciona y se la rechaza, y a mi me las subieron. Cada 20 minutos te hacen algo, inyecciones, análisis, te pesan, te revisan continuamente... Podía caminar, estar en la pieza, lo más bien, pero estaba controlado. Además no tuve contacto con mi hermano desde el día que me internaron hasta el que me fuí; como tenía las defensas bajas lo aislaron para prevenir posibles contagios, aún hoy debe cuidarse de eso".
 Lo estricto del proceso se aprecia en algunos comentarios que hace: "cuando entrás ahí te hacés acéptico, te controlan por T.V. y todo eso. Yo le preguntaba a Cristina por nuestras hijas. Estaban fuera de la habitación pero no las las dejaban entrar. Te aíslan de todo el mundo..."
 Cristina, su esposa, explica en forma sencilla que el transplante de médula ósea se hacía a través de la médula de ciertos huesos del donante a otros del receptor pero que ahora el proceso es menos doloroso, es vía venosa. Se hace pasar la médula a la sangre del donante, luego se la separa y se la transplantan al paciente. Es un proceso lento que dura siete horas.
 Dicho de esta manera parece un trámite sencillo pero Hugo cuenta detalles largos de expresar que ponen a prueba el temple de una persona tanto en lo físico como en lo sicológico. "Tuve el apoyo de mi familia en todo momento, es que afectivamente es muy fuerte, no es tan simple como a veces lo vemos por en un noticiero. El shock más grande para mi fue cuando me vine, ahí tuve más conciencia y estaba muy alterado, por eso le tengo que pedir perdón a la gente, no estaba en condiciones de hablar, recién ahora lo puedo hacer ".
 En estos momentos Fredy ya no está internado pero continúa en Rosario recuperándose del transplante y controlando la enfermedad. "El médico me dijo que el transplante fue ciento por ciento exitoso. Todos los problemas colaterales que le dijeron que iba a tener los fue teniendo pero la médula está trabajando bien, así que esperamos que para enero ya esté acá. Es tremenda la tecnología que hay y es importante recalcar que lo que hace unos años atrás era imposible hoy se puede realizar, es fabuloso".
 Ahora que la tempestad está pasando Hugo hace balances que ponen como saldo favorable no solo la salud de su hermano si no también a los vínculos que se han estrechado: "Aunque vivimos cerca, él en Villa Cañás, por distintos asuntos nos veíamos poco, pero viajamos tanto que charlamos muchísimo. También sirvió para unirme más a sus hijas y su mujer. Ojalá que a nadie le toque, pero si tienen la oportunidad de donar, que lo hagan porque es una muy buena experiencia. Tal vez no tengo plena conciencia de lo sucedido pero cuando Fredy venga y estemos más tiempos juntos me voy a dar cuenta".
 ¿Sirvió esta experiencia para afianzar los lazos entre ambos? Hugo dice que si. "Teníamos la unión de hermanos sin ningún drama, hola que tal, como te va? Pero en las charlas con la sicóloga descubrí cosas que yo no le conocía. Porque hasta que no te tocan un sentimiento no valorás nada, todo está por el aire. Eso es lo que hoy siento". 
 
 
 Alumbrar en la noche.
 Ella conoce muy bien eso de traer hijos al mundo, tiene cinco. Pero el nacimiento de Néstor Pablo, segundo de los varones, ha sido una experiencia inolvidable para Clara Pérez de Ledesma (51) quien nos concedió una pausa en el trabajo que realiza en la Comuna de Santa Isabel para contarnos su odisea.
 Con tono humilde nos cuenta que en 1987 se encontraba embarazada de quien iba a ser su cuarto hijo. Los médicos que la atendían habían verificado que todo estaba bien y habían estimado una fecha para el parto, pero la cosa se adelantó unos días a lo esperado. "Desde unos días antes, que habían sido calurosos, tenía dolores, y esa noche sentí que iba a nacer. Ya tenía dolores de parto".
 A la una de la mañana del 9 de agosto estaba sola con sus hijos en su casita humilde porque su esposo había tenido que ausentarse por razones de trabajo. Entonces decidió que ya no podía esperar más porque supo que el bebé iba a nacer de un momento a otro. Es así que se levantó, se preparó, tomó los documentos y despertó a una de sus hijas para que la acompañara.
 La noche era fea y si bien no llovía amenazaba con hacerlo: "Salí caminando de mi casa para ir hasta la Clínica porque al hospital no llegaba, me acompañó Laura que tenía 10 años y que poco entendía de lo que pasaba".
 La Clínica, como se la llamaba por ese entonces al Sanatorio Santa Isabel, estaba a poco más de cuatro cuadras de su casa pero el viaje se hizo interminable: "No teníamos vecinos en esa época, además, en mi casa ni luz teníamos y en el camino no encontré absolutamente a nadie, los únicos que estaban eran unos perros que nos seguían. Yo iba caminando paso a paso, muy despacio por los dolores que venía sintiendo, no daba más".
 De todos modos siguió su marcha durante casi una hora hasta que se detuvo a pocos metros del lugar de destino, a la vuelta de la Clínica. El niño llegaba en medio de la noche y no hubo más tiempo que esperar. "Caminé despacio hasta que llegué frente a la casa que en esa época era de los viejitos Pennacchietti, (José Ingenieros al 1200) y no pude seguir más. Apoyé mi mano en la puerta y mandé a la nena a avisar a las enfermeras que no llegaba a la Clínica y para que les pidiera que vinieran hasta donde estaba."
 Pero cuando la chica fue a buscar a las enfermeras se agregó a la noche y al mal tiempo la más absoluta soledad: "Estaba desesperada, estaba sola, no había nadie en la calle, solamente esos perros que estaban ahí y que yo quería correr. Por eso no me acosté para tener el bebé, porque pensaba en esos perros".
 Clara debió realizar un esfuerzo terrible, pero el alumbramiento finalmente se produjo: "Entonces me quedé parada, apoyé la mano en la puerta y nació... Nació, lo agarré, lo levanté desesperada y le dí un chirlo para que llorara porque lo veía ahogado. Después lo envolví en mi pollera y empecé a caminar despacito otra vez".
 Cuando estaba llegando a la esquina regresó su hija: "Mami, dice la enfermera que no puede venir". "La enfermera no podía dejar sola la Clínica pero le dije a la nena: ¡decile que ya nació el bebé, decile que nació!; yo pensaba que el bebé iba a tener problemas. Y bueno, la enfermera vino acompañada y le entregué el bebé en la esquina, desesperada para que lo salvara".
 El movimiento fue grande esa madrugada en la Clínica: "A a mi me llevaron hasta la camilla, llamaron al Dr. Armando que atendió al bebé, que pesó dos kilos setecientos, y me atendió a también a mi. Además vino la Dra. Norma, le hicieron análisis, todo... El Dr. Armando me preguntaba ¿Qué hiciste con el cordón umbilical, tenías tijera? Creo que se cortó cuando lo levanté, yo no me di cuenta...El nene, que ahora tiene 16 años, nació sano, hasta ahora apenas si tuvo algunos resfríos."
 A pesar de todo lo que tuvo que padecer esa noche, Clara se muestra feliz de contarnos su historia y especialmente de su final: "Hubo un final feliz y estoy muy contenta porque vino mucha gente a visitarnos, nos trajeron ropa, tenía hasta moisés y talco... Me regalaron una caja de ropita de bebé.... Todo bien, este fue el bebé que más cosas tuvo de todos los chicos que tuve. No tenía ropa porque no había aprontado nada porque esperaba que naciera unos días más adelante. Una señora me iba a regalar ropa pero cuando pasó todo esto ella no había llegado. En verdad, todo lo que pasó fue una especie de milagro..."
Esa mañana finalmente se puso a llover.
 
 
  El encuentro tan esperado.
 Para comenzar el relato lanza esta terrible frase: "Mi mamá nos abandonó cuando éramos chicos y mi papá ya nos había abandonado antes."
 Gladys Cardozo de Tavani (64) cuenta que ella y sus otros tres hermanitos vivían en Cafferata cuando esto pasó. "Yo era la mayor, tenía 5 o 6 años y vivíamos en un ranchito, me acuerdo como si fuera hoy del día que se fue mi papá. Todo debe haber pasado en pocos días pero cuando uno es chico le parece que pasa mucho tiempo."
 Con tristeza en los ojos Gladys recuerda esos días tan lejanos en el tiempo pero tan presentes en la memoria: "Después que se fue mi papá nos quedamos con ella. Nos mandaba de un lado a otro, pedíamos por la calle... uno nos daba, otros no porque decían que mi mamá les debía. Me acuerdo de una vez que tomábamos mate cocido en un plato para que los chicos vecinos creyeran que estábamos comiendo". "La abuela de Alberto Ludueña -un vecino de nuestra localidad-, que vivía en frente nos daba la leche, nosotros pasamos el sarampión sentados afuera... Siempre vivíamos solitos, porque mi mamá se iba a la mañana y no volvía. Hacíamos fuego en un brasero de lata y no se por qué, una vez teníamos un pedazo de carne; me acuerdo tan bien de eso, del fuego y que pusimos la carne arriba..."
  Un día su madre decidió irse definitivamente.. "Estábamos durmiendo, yo me desperté y me dijo: me voy a Venado y mañana los vengo a buscar. Esa noche ella se fue y nos quedamos solos... Al pueblo llegaba un solo colectivo, así que todas las tardes ibamos a esperar la llegada de mi mamá...y no llegó nunca..."
 Después de un tiempo los hermanos comenzaron a separarse. Ana María, la tercera, fue llevada por desconocidos "Vino una señora de Chovet a buscarla y me dijo que mamá se la había regalado, a mi hermano Hugo unos vecinos también se lo llevaron y yo, que era la mayor, me quedé solita en el rancho".
 Y sigue relatando más cosas de esa niñez tan dura "como la de mi hermanito, mi mamá nos dejó a nosotros tres con el bebito que lloraba y lloraba... Yo preparé mate cocido y le daba mate cocido pero a los dos o tres días se murió... una vecina decía tendrá esto, tendrá lo otro. Qué se yo, tenía hambre, yo era chiquita..."
 Unos vecinos, que no le dieron buen trato, llevaron a Gladys con ellos hasta que llegó al pueblo un matrimonio que no tenía hijos, él era el nuevo comisario. "le dijeron si me quería, consultó con la mujer y me llevaron, son los que me criaron y con quienes estuve hasta que me casé; ella es Mayorina de Cufré, que vive aquí; mis hijos le dicen abuela".
 ¿Volvió a ver a sus padres y hermanos? Dice que su madre vivía en Venado Tuerto y una vez, cuando era chica apareció por Cafferata aunque no sabe para qué, nunca más la volvió a ver pero tiene conocimiento de que siguió teniendo más hijos que no conoce y se enteró de su muerte una mañana escuchando las noticias por la radio. Con su padre tuvo contacto cuando vino una vez a Santa Isabel, él vivía en Buenos Aires con Hugo a quién finalmente se había llevado. Con Hugo, que ahora vive en Santa Isabel, se reencontró hace tiempo.
 Pero ¿Y donde estaba aquella hermanita que se habían llevado? La que, según relata, siendo pequeña se había quemado las piernas cuando la madre la puso envuelta cerca de un brasero que incendió sus ropas.
 Gladys creció, desarrolló su vida, tuvo una familia pero siempre recordaba a Ana María "Cuando veía a alguien en la calle pensaba que podía ser mi hermana, que podía encontrarla; a lo mejor está enferma y anda por ahí, pensaba"
 Una serie de charlas casuales y averiguaciones comenzaron a acercarla a su paradero. Tal es así que Alberto Ludueña le confirmó a Bibiana, hija mayor de Gladys, que él era familiar de quienes la habían llevado a Chovet y, luego de nuevas averiguaciones, que Ana María ya no quería tener contacto con quienes la habían criado pobremente y cargada de trabajo.  También hubo charlas en Buenos Aires, donde vive Ana María, ya que una mujer oriunda de Chovet, que solía verla casualmente le comentó que la estaban buscando. "Bibiana con Alberto hicieron el trámite y la cuestión es que un día me llamó para decirme que había llegado una carta de mi hermana".
 Así comienza el contacto directo entre ellas, con cartas y con el teléfono y con una inmensa alegría de por medio. "Ella me contó que tiene tres chicos, una nena y dos varones mellizos que nacieron un 14 de septiembre, ¡y los míos el 15 de septiembre del mismo año!. Yo tengo a David nada más de esos mellizos".
 Entre charla y charla, quedaron encontrarse con sus respectivas familias en Santa Isabel para Navidad "y un 24 vinieron, en el pueblo todo el mundo sabía de esto y nos venían a ver! Y ellos, viniendo, pararon en el cruce para preguntar por Santa Isabel y por la familia Tavani, y el que los atendió les preguntó: ¿Usted es hermana de Gladys? Si, claro, le contestaron; bueno, les dijo, allá la están esperando con bombos y platillos!" 
 
 

martes, 5 de marzo de 2013

Enfermera a domicilio.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 72 del 12/10/2006
 Charla con Mabel País de Costas.

 Iniciamos con esta, una serie de charlas con distintas enfermeras de nuestra localidad con la intención de ingresar a un mundo tan ignorado como poco reconocido, el de la asistencia a los enfermos. Mabel País de Costas, que lleva más de 60 años asistiendo a la gente con su profesión, nos cuenta sus experiencias. 
  ¿Cómo ingresa Usted a este trabajo de enfermera?
= Yo trabajé tres años en el hospital de Santa Isabel. Cuando entré era muy chiquita, entré de cocinera. Estaba de gerente Don Carlos Dagostino, que también era maestro. Como sufría de diabetes iba a eso de las 12 a colocarse insulina y además a comer. A veces las chicas estaban ocupadas y el me decía “aprendé, que el saber nunca ocupa lugar". Siempre me acuerdo de él por lo bien que me vinieron sus palabras, porque aprendí. Las enfermeras me fueron enseñando y yo, como me gustaba, iba aprendiendo.
En una oportunidad, todavía estando en la cocina, hubo una operación en la que debieron cortarle una pierna a un señor de Villa Cañás, que a eso lo hizo el Dr. Caldani. Un amigo de él vino a presenciar la operación y , a la vez, le tenía la pierna mientras que el Dr. se la cortaba. Pero en un momento dado no aguantó y se descompuso. Entonces me llamaron a mi y el Dr. me dice, "agarrá esa pierna". Y cuando quedó en mis manos le pregunté que hacía con la pierna y me dijo que la llevara a la morgue. Pero yo, como era tan jovencita y amiga de la cocinera, que era Velia Alori, fui y le dije, mostrándosela, "¿No la querés hacer en puchero?" Sabés que se descompuso ella también... Por un pelo no me echaron. Decí que Dagostino les dijo a los de la comisión que yo iba a ser una buena enfermera porque había trabajado bien y sin descomponerme como los otros.
  ¿Por qué empezó a trabajar tan joven?
= Hice hasta tercer grado porque papá me sacó de la escuela porque no había plata ni para comer. Ponele que tendría 12 o 13 años cuando pasó esto. Con decirte que me ponían un cajoncito para que llegara a la pileta para poder lavar los platos.
  ¿Cuando dejó el hospital, adonde fue a trabajar?
= Estuve tres años en Quilmes, en un consultorio de un médico que también era médico del hospital Rawson y de la cervecería Quilmes. La mayor parte del día me quedaba en el consultorio, le atendía la gente, le limpiaba el consultorio, si había que poner alguna inyección la ponía... Ahí también estuve tres años y cuando volví, tendría 19 o 20 años, me dediqué a trabajar de enfermera en forma independiente. Ya sabía colocar suero, sabía hacer nebulizaciones, poner inyecciones en la nalga o en las venas... Durante mucho tiempo extraje sangre para el Dr. Feijoo de Villa Cañás, para hacer análisis. El me mandaba los remedios para poner la sangre según los análisis que tenía que hacer y se los enviaba en el colectivo.
  Es un trabajo que le permitió entrar a muchas casas del pueblo...
= Jamás fui capaz de mirar raza ni colores, si tenían o no plata. Donde me llamaran, llueva o truene, a las 2 o las 3 de la mañana, siempre iba. Y nunca me fijé de alguno que no haya podido pagarme. Siempre me gustó el trabajo, y como me gustó hice cualquier cosa, no solo poner inyecciones o sueros, sino atender a la gente en distintos problemas, haciendo cosas que pocos se animarían a hacer.
  ¿Le han quedado muchos trabajos sin cobrar?
= Y... Cuántos no me han pagado. Yo diría que la mayoría era porque no tenían para hacerlo pero, cómo me iba a negar.
  Este es un trabajo que tiene que hacerse a cualquier hora. ¿Cómo ha influido en Usted?
= Eeeh! querido! Y en otras épocas, en que pasando la vía no había pavimento; nada, igual que para el lado del cementerio. Donde era el conventillo, era todo tierra. Llegaba a mi casa con la bicicleta a la rastra por el barro que tenía. Yo iba al campo, ¡con unos fríos!, ¡en sulki, en moto me han llevado! La vida que yo hice no la sabe nadie. Y hay que hacerlo a cualquier hora, por eso ahora tomo pastillas para dormir, el médico me dijo que eso es por las interrupciones de sueño que he tenido.
  Además ha tenido que asistir a mucha gente en el momento de su muerte...
= Te da mucha pena pero a la vez pensás que los años a vos se te van y que vas por el mismo camino, entonces por ahí encontrás la resignación. Solo te queda decir bueno, se fue, dejó de sufrir y que Dios lo tenga en la gloria.
¡He tenido que estar a la par de tantos! Yo ya veía que en cualquier momento iban a morir y me decía, "si tanto hice, puedo hacer un poco más", no me volvía a mi casa. Y los cambiaba también.
También trabajé con "Chon" Cucco en la cochería y después con Adrián País. Eran trabajos que hacía cuando había algún accidente y había que acomodar los cuerpos. Y cuando terminaba de hacer el trabajo me sentía como liberada.
  ¿Como se colocaban las inyecciones antes de que aparecieran las jeringas descartables?
= Había que tener disciplina, se lavaban bien las jeringas y las agujas, se hervían y se tapaban en la caja de metal. Por más que las hirvieras dos por tres había abscesos. Ahora, con las descartables no, hace añares que no hay problemas. Además, a las agujas cada tanto había cambiarlas porque se despuntaban.
  ¿Alguna vez tuvo problemas al colocar alguna?
= No, nunca erré en la cantidad. Al contrario, yo siempre fui muy cuidadosa. Además si el médico lo recetó vos ya estás libre de todo. Lo triste es ponerlas por cuenta de uno.
Siempre le ponía inyecciones a un hombre asmático. Una vez fue de un médico a Venado Tuerto y yo le puse lo que le habían recetado. Como las dos primeras veces me había comentado que se había sentido mal fui hasta la casa a ponerle la inyección. Y, hay, le hizo una reacción alérgica y se moría. Y me decía, "¡vos me mataste Mabel, vos me cambiaste la inyección y me mataste!!" Yo lloraba tanto en el consultorio del Dr. Araujo... "No te hagas problemas Mabel, lo que pasa es que es muy alérgico y no se la va a poner más", me dijo. A él le puso una pastilla debajo de la lengua y yo juré que nunca más le iba a poner una inyección. Después me pidió disculpas, lo que pasa es que estaba desesperado.
  ¿Qué le ha dejado este trabajo?
= Te digo la verdad, hoy a mi edad, 77 años, me siento más que realizada porque tengo mi casa que la he levantado con mi trabajo. Todavía salgo a trabajar pero estoy muy triste de tener que dejar este mundo porque me gusta mucho lo que hago. Yo no conozco nada, no he salido del pueblo de vacaciones, a no ser cuando mi hija se fue a Misiones.
La gente sigue viniendo aunque el trabajo de la enfermera a domicilio ya se terminó. A mi me gustó ser independiente porque ganaba más. Un día llegué a poner 70 inyecciones.
Y así se me fue la vida. A mi me encantaba hacer el trabajo. Y lo hice con cariño, he tenido señores a los que le daba de comer, los cambiaba y todo, y la familia se iba y me dejaba la llave de la casa, que para mi ha sido una gran responsabilidad.
  No se va a tomar un descanso?
= Mirá pibe, ver, veo bien, la gente dice que tengo una buena mano. Así que el día que no pueda más, que no pueda andar con mis piernas, que yo vea que en realidad no puedo, ahí si dejaré de trabajar. Acá siguen viniendo muchos clientes, por ahora sigo.


*

 

La gente del Miguel Rueda.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 73 del 20/11/2006

  Una larga charla, difícil de resumir, hemos mantenido con parte del personal del Hospital Miguel Rueda. En ella recorrimos las diversas vivencias que un lugar tan complejo como ese permite recoger a enfermeras y médicos. De la rueda, mate incluido, participaron varias personas que por momentos, requeridas por sus obligaciones, debían abandonarla. 

Estuvimos dialogando con René Nievas, Marta Lobos, María de los Ángeles Rossi, María Lobera, Estela Rivarola y el Dr. Ignacio Costa. Estaban presentes también Marisabel Arias y Susana Díaz.

 Comenzar a trabajar.
 Cuenten cuando y cómo empezaron a trabajar en el Hospital Miguel Rueda.
Marta: Empecé a trabajar de enfermera en el '69 cuando era director el Dr. Farr. Él me enseñó a poner inyecciones, a atender un enfermo, a controlar una parturienta, a hacer tacto, porque hacíamos todo en aquel tiempo. Incluso hasta he atendido partos, porque el médico no llegaba!
Estela: Yo entré en el '73 directamente al asilo. Me enseñaron a limpiarlo y a atender a los abuelos. Me fui haciendo en el asilo, después pasé a la cocina y por último a la parte hospitalaria. Antes se entraba de ojo pero ahora te exigen un título. En 1994 todas hicimos el curso de enfermera auxiliar y en 2004 el de reconversión.
María L.: En cambio yo ya tenía un título cuando empecé. Después me alejé 5 años y volví en 2001 como mucama y más tarde empecé con los turnos rotativos.
M. de los A.: Yo llegué por un pedido de traslado en la época del Dr. Araujo. Había venido a pasear unos días y le pregunté al Dr. Araujo, que era el director, si había lugar para venirme. Y el me contestó que cuando me fuera a Santa Fe no volvería más. Pero un 29 o 30 de diciembre le llevé la nota de traslado y el no lo podía creer. En ese tiempo estaban de enfermeras Elba Otañe, "Chiquita" Aguilera, María Bilós, Nelly Bertozi, Marta Carranza...
René: Cuando empecé a hacer esto estaba de director el Dr. Sylvester y como enfermeras también Mary Krenz y Marta Zabala. Esto todavía era una boca de lobos.
Marta: Estaba el monte, no había pavimento y el hospital estaba rodeado de ligustros altos. Pero el hospital, anteriormente, cuando no tenía el asilo ni el quirófano ni las habitaciones nuevas, era más chico y más fácil de controlar. Por eso ahora tenemos sereno, pero hasta hace unos diez años las enfermeras nos quedábamos solas a la noche.
 ¿Cuantos enfermos hay normalmente?
Estela: Podés tener varios o ninguno, pero cuidado que está el asilo. Hay que recorrer, darles la medicación y además en los tres turnos hay que cambiar pañales, higienizarlos, bañarlos...
Marta: Hace un tiempo que a ese trabajo no lo hago porque estoy en cirugía y farmacia, pero lo hice durante 43 años. Cuando uno ama a la profesión lo hace con cariño y respeto.
René: Además las mucamas y hasta el sereno nos ayudan a hacerlo.
Marta: Claro, nos ayuda Jorge Baldessari, que es el más antiguo de los hombres, porque ahora se sumó Gustavo Cañete que es enfermero... Todos terminamos haciendo lo mismo.

De borrachos, malos y otras yerbas.
 A propósito de sereno, normalmente vemos la actividad diaria pero ¿qué cosas suceden cuando llega la noche?
Estela: De noche o de día, si hay un problema la enfermera debe suspender la higienización y dedicarse a la urgencia.
René: Una noche vinieron de una fiesta varios chicos y golpeaban la puerta a los gritos: "¡Queremos un médico, queremos un médico! Así que abrimos y entraron todos insultando y diciendo cualquier cosa porque estaban tomados; rompieron unas maderas... Mientras, la enfermera hizo un llamado como pidiendo al médico, pero cuando cortó uno de ellos dice, "esta llamó a la policía". En ese tiempo no había sereno y tuvimos miedo. Decí que enseguida llegó la policía y se los tuvieron que llevar.
Marta: Las noches de carnavales esto se llenaba de borrachos, de peleas...
Estela: Pero antes a los borrachos los apaciguábamos más facilmente, en cambio ahora no los podemos parar. Nos pegan, te dicen cosas que te da vergüenza y no sabés que contestar. Son todos malos!...
Marta: Cuando estaba la Cantina también había borrachos y accidentados.
María L.: Una vez vino uno para que le sacáramos los puntos. Le expliqué que si no teníamos autorización del médico no podíamos hacerlo, que era sábado y que hace guardias pasivas y solo en caso de urgencia se lo llama. Era un sábado a la tarde. Fue a la casa del médico y lo matoneó, tal es así que nos llamó diciendo que se los sacáramos. Cuando fui a sacárselos el tipo estaba indignadísimo, decía que él iba a poner en orden las cosas en el hospital. Y además me dijo "no me vayas a hacer mal porque te voy a pegar una trompada".

Los personajes y sus historias.
Estela: Tenemos también los personajes que vienen siempre.
 Un ejemplo...
María L.: Por ejemplo gente a la que le dijo el médico que se controle la presión pero te viene a las tres de la mañana , a las cuatro, y así. Porque es un tema algo sicológico.
María de los A.: En el asilo tuvimos muchos personajes. Uno se nos escapaba y como era alcohólico siempre venía casi arrastrándose. Tuvimos una tandita media brava, que se emborrachaban, que no se querían bañar. Cuando los querías meter al baño nos decían de todo.
Marta: Había uno que hacía caer el agua de la ducha, se ponía al costado y se ponía a fumar. Yo abría la puerta y lo veía... Fumaba el puchito mientras le caía el agua al lado!.
M. de los A.: Y cuando se peleaban entre ellos... Había que estar al medio para separarlos!
René: Hay gente que te cae a las dos o las tres de la mañana, que quieren una pastilla o tomarse la presión, o con delirios, ven cosas, se imaginan cosas...
M. de los A.: Hubo una época en que los bomberos nos traían siempre a una persona, que no era de acá, porque tenía problemas psicológicos. Ya lo habíamos adoptado...
 En otra oportunidad los bomberos trajeron un paciente con problemas de nervios en la ambulancia y entró el Doctor en el office. Justo llegó una persona que tenía un enfermo y se pensó que la que estaba en la camilla era el familiar de él. Se enojó, hizo un desastre, le quiso pegar al Doctor, rompió cosas! Y la paciente que estaba atacada de los nervios, al ver todo este drama, se sentó en la camilla y dijo: "Pero este está más loco que yo, yo me voy de acá!!

Las Urgencias.
Dr. Costa: Una cosa importante hay que destacar. Y es el hecho de que las enfermeras del hospital, siempre, sin ser convocadas, cuando sienten las sirenas de los bomberos se vienen a trabajar cualquiera sea la hora y sin saber qué es lo que ha ocurrido. En mayo del año pasado cuando volcó un colectivo en la ruta fui por 35 heridos y si no hubiese sido por ellas esto se desbordaba. Ese día éramos el Dr. Alianak, el Dr. Grossi y el Dr. Hernández de Villa Cañás, las chicas y yo. Y a ellas nadie las llamó, vinieron solas.
 Hay que resaltar este trabajo voluntario que va más allá de las horas que tienen que cumplir y del sueldo. Tienen puestas la camiseta del hospital.

El trato con el dolor y con la muerte.
 ¿Cómo sobrellevan los trances más duros de un enfermo?
M del A: A veces la gente se piensa que nosotros somos de corazón duro, que no sufrimos, pero no es así.
Dr. Costa: Yo ceo que uno ya se ha hecho una corteza y va tomando con frialdad las cosas que ve. En un hospital de ciudad los pacientes por lo general son anónimos, pero acá es el vecino, el amigo, el compañero de la escuela. Es duro.
M. de los A.: Si son criaturas, es peor. En el momento no tengo problemas, pero después duele.
Marta: Esas cosas nos afectan muchísimo.
 De tanto estar en contacto con la muerte, alguna vez notaron algo que confirme la existencia de otra vida?
Dr. Costa: Las enfermeras viejas cuentan cosas. Yo no lo viví acá, pero sí en Santa Fe. El shock room es una habitación de pacientes críticos, donde fallece la gente. Me pasó de estar una noche de guardia en que no había pacientes y sentir "Doctor, doctor!" y darme vuelta y no ver a nadie.
 ¿No habrá sido algo psicológico suyo?
Dr. Costa: Puede ser. La explicación es la que vos quieras, pero el sonido se escuchó.
M de los A.: En un tiempo algunas de las chicas que trabajaban acá sentían correr agua en alguna de las habitaciones, siempre fue en la parte nueva, como si una canilla estuviera volcando, volcando. Y cuando iban a ver no había nada.
Dr. Costa: Lo que yo veo siempre es lo que ocurre con pacientes muy críticos, terminales, a punto de morir. Lo llamamos a Raúl (Trognot), viene él y le da la extremaunción. El paciente tiene unos 5 o 6 minutos de conexión, se va el cura y fallece al poco tiempo.
M. de los A.: Es cierto. Lo hemos visto en muchos casos. A veces también están esperando a alguien especial, un familiar o un amigo. Llega esa persona, charlan un rato y se muere. Yo creo que la gente sabe cuando le está llegando el final.
 ¿Y qué es lo que cuentan las enfermeras viejas de otros hospitales?
Dr. Costa: Cuentan sobre fenómenos como ver imágenes o escuchar voces, objetos que cambian de lugar. Por ejemplo de saber que en el '73 murió una mamá por una eclampsia, que estaba dando a luz, y escuchan el llanto de un bebé a la madrugada. Cosas de ese tipo, y yo les creo.
Es como que el alma queda en ese lugar. Y estas cosas se dan en los lugares donde la gente fallece.
Marta: Yo me he quedado infinidad de veces sola en el hospital pero nunca me pasó nada de esto...

La camiseta.
 ¿Es cierto lo que dice el Doctor, de que Ustedes tienen puesta la camiseta del hospital?
Marta: Si, claro que sí! Tenemos puesta la camiseta del Hospital. Y no nos hablen mal del hospital, porque nos enojamos mucho... (risas).




  Parte del personal del Hospital Miguel Rueda. De izq. a der. Arriba, :María de los Ángeles Rossi, Dr. Ignacio Costa, María Lobera. Abajo: René NIevas y Marta Lobos.