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miércoles, 4 de febrero de 2026

Francisco Salemme, "el Padre del Pueblo"

Entre tantas voluntades de progreso y prosperidad por un nuevo pueblo recién gestado en la inmensidad de la pampa gringa de principios del siglo XX, varias figuras fueron relevantes en ese proceso inicial de Santa Isabel, siendo una de ellas, sin lugar a dudas, la del italiano Francisco Salemme, conocido popularmente como “El Padre del Pueblo” o, en su versión italiana -idioma muy utilizado en aquellos tiempos- “Il Padre del Popolo”.

Nacido en 1863 en Maierá, Cosenza, provincia de la región de Calabria, Don Francisco emigró a Argentina con el firme propósito, de "hacer la América", expresión que resume el sueño de millones de inmigrantes, mayormente europeos (italianos, españoles, entre otros), que entre finales del siglo XIX y principios del XX cruzaron el Atlántico hacia países como Argentina, Brasil o Estados Unidos, buscando escapar de la pobreza de sus tierras natales y lograr una vida mejor.

Su figura estuvo presente en varios lugares de la región. Aparece como presidente comunal de Elortondo entre los años 1896 y 1897 según se puede observar en "31 - Historia de los pueblos y ciudades del Departamento General López", y también como acopiador de granos en Christophersen.

A poco de fundarse Santa Isabel, el 8 de febrero de 1908, Salemme recaló en el pueblo adquiriendo una chacra y también media manzana situada en su lado más extenso sobre la calle Sarmiento al 1200. Allí construyó un almacén de ramos generales, su vivienda y otras dependencias, edificaciones que en 1948 fueron adquiridas en gran parte por la Cooperativa Unión y Fuerza.

A su prolífica actividad comercial se le añade la política, que lo llevó a ser presidente de la Comuna de Santa Isabel en los períodos de 1911 a 1912, 1914 a 1920, 1924 a 1926 y 1928 a 1930.

Casado con Filomena Biondi, durante todo este proceso de su vida en Argentina realizó algunos viajes a su pueblo natal volviendo con hijos que habían quedado allí.

Se cuenta que la comunidad de Santa Isabel, agradecida por su liderazgo, le realizó un ágape en la Sociedad Italiana como despedida por uno de sus viajes a Italia. Luego de la comida, Don Francisco dirigió unas palabras a los asistentes del evento pero su discurso fue interrumpido cuando su rostro recibió el golpe de un trozo de papa hervida -otros dicen que de miga de pan- que, a modo de broma, voló desde un punto indeterminado del salón generando su frase más célebre: "¡ma!, ¿chi mi ha lanciato il papaso?!!" (pero ¿quién me tiró el papaso?) y el momento más hilarante de la reunión.

Una excentricidad para la época y el lugar es que no manejaba su automóvil, tenía un chofer que lo llevaba a todos lados, no solo porque no sabía manejar sino también porque su nivel económico se lo permitía.

Falleció producto de "síncope cardíaco", según los registros del cementerio local, a los 67 años, el día 28 de abril de 1930.

Su personalidad le valió una página en la publicación de 1933 “Homenaje al pueblo Santa Isabel en su vigésimo quinto Aniversario” con el siguiente texto:

"Don Francisco Salemme, fundador de la casa de ramos generales que hoy existe bajo el rubro de Salemme Hermanos actuó en la comuna de Santa Isabel durante quince años y por sus condiciones de carácter, por su dedicación al cargo de presidente que desempeñara, se le mencionaba siempre cariñosamente como “el padre del pueblo”.
Cuando en el gobierno de Ignacio Crespo se dio autonomía a este distrito que antes dependía de la jurisdicción de Carmen formóse una comisión provisoria, la cual estaba compuesta de tres miembros y la integraban los señores Francisco Salemme, Domingo Carricart y Santiago Raimondi.
A poco que se ahonde en el desenvolvimiento de la labor constructiva desarrollada por don Francisco Salemme, a poco que se examine su vida pública, que aparece documentada en los libros comunales, se llega al convencimiento de que representó un valor imprescindible para la colectividad, porque fue siempre factor de progreso, porque fue elemento decidido, consejero discreto, de esos que encausan un pueblo.
La documentación oficial lo puntualiza y el recuerdo de los vecinos que conocieron su actuación, lo ratifica. Don Francisco Salemme actuó decidido y enérgico al frente de la comuna de Santa Isabel, con la sola preocupación de ser útil al núcleo que él consideraba su pueblo, su familia misma.
Todos sus actos han tenido esa noble característica, es decir, su empeño en trabajar por el progreso de Santa Isabel, su actividad nunca desmentida.
Como presidente de la comisión de fomento, don Francisco Salemme supo compenetrarse de las necesidades y aspiraciones de su pueblo, interpretándolas con acierto para convertirlas en halagadoras realidades, sin omitir sacrificios, ni aún los de carácter personal.
Dedicó todas sus energías a defender en la forma que le fue posible, con verdadero entusiasmo y siempre con buena fe, los interesas confiados a su custodia, siendo uno de los esforzados luchadores que cooperaron a la formación de este pueblo. La casa de comercio que fundara, la dirigen hoy sus hijos, los señores Domingo, Luis y Vicente Salemme".

Es interesante, además, lo que se publicó en el periódico "Cañás" de la vecina localidad de Villa Cañás, en el obituario que aparecido tras su muerte. El texto está extraído de una hoja ajada e incompleta por lo que hay algunos faltantes. Esta es la transcripción del mismo en forma fiel:

"Honda pena ha causado en los círculos comerciales donde actuó la inesperada desaparición de Don Francisco Salemme.
Italiano de origen, fue el extinto un ponderado factor que contribuyó en las esferas de sus conocimientos y con el entusiasmo y dedicación de los que tienen gran afecto al país, a los adelantos generales, asociando personalmente a cuanta iniciativa de progreso solicitara su ponderación. 
 Hombre de negocios, activo y experto, con iniciativas que han de recordarse siempre como el mejor elogio de su… …y esfuerzos correspondiéndole… …odo intervenir en todas las es… …entusiasmo y la fe, de quien… …en el porvenir la mejor recompensa. 
De cualidades caballerescas poco comunes, hombre de espíritu afable que siempre propulsaron propósitos nobles y generosos sentimientos, que reveló en cada circunstancia y en modo preferente en las instituciones bienhechoras a que prestó el calor de su apoyo y el estímulo de su perseverancia. 
Nacido en Maierá, centro de la Italia llegó en nuestro país el año 1877 en Rosario, de donde después de varios viajes a Europa el año 1891 se estableció con casa de negocio en Elortondo no tardó allí en vincularse, fundando y organizando la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos cuya presidencia ocupó por varios años. 
Fue electo Presidente de la Comisión de Fomento del mismo pueblo Elortondo desarrollando entonces una intensa y proficua labor, iniciando la construcción del cementerio local.
Al delinearse el pueblo de Santa Isabel, fue el señor Salemme uno de los primeros pobladores entregándose de lleno con renovado entusiasmo y viril energía… …un pueblo importante. 
Entre las tantas iniciativas y siendo patriota ardiente, inició y fundó en esta la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos ocupando casi siempre la presidencia.  
Por su mérito de hombre significado, el gobierno de la Provincia lo designó primer Presidente de la Comisión de Fomento de Santa Isabel, una vez sancionada la Ley de la Comisión de Fomento siempre por mayoría de votos siguió ocupando la presidencia por más de quince años, tiempo necesario para engrandecer el pueblo.  
En su último viaje a europa el año 1920, hizo fundir y trajo una campana que obsequió en nombre de su esposa a la Iglesia local; al regresar de su país natal trajo un hermoso juego de banderas de seda que obsequió a la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos. 
Su fallecimiento ha sido profundamente lamentado en el vasto círculo de su relación, así como por todos aquellos que tuvieron oportunidad de frecuentar su trato.
Esposo cariñoso y ejemplar, formó un hogar respetable, donde el ejemplo de sus correctos procederes ha de servir de guía para los suyos. 
 
SEPELIO
A una elocuente demostración de duelo dio lugar el sepelio el lunes 28 de Abril a las 10 horas, desde las primeras horas de la mañana el comercio en general que cerró sus puertas en señal de duelo se estacionaba ante la casa mortuoria, en donde llegaban representaciones de todas partes, la que se distinguía la sociedad italiana local con sus banderas enlutadas, a la salida del cortejo fúnebre la banda de música de Elortondo entonaba marcha fúnebre acompañando el cadáver que fue transportando a pulso hasta el interior del salón de la saciedad italiana donde le rindió homenaje póstume con un vibrante discurso el secretario de la misma señor Carlos De Agostini; siempre cresciendo la multitud de gente siguió el cortejo fúnebre hasta la iglesia parroquial que se ofició una solemne misa cantada por el eterno descanso. Bajo una densa lluvia siguió el acompañamiento hasta el cementerio local donde hize uso de la palabra el señor Severo Cabanillas".
A continuación se detallan los nombres de las personas que estuvieron en el sepelio -posiblemente extraídos de las tarjetas que los concurrentes acostumbraban dejar en el tarjetero para comunicar a los familiares su visita- tanto de Santa Isabel como de otras localidades y ciudades, además de los telegramas recibidos.

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viernes, 17 de febrero de 2023

Jorge Alberto Tirelli


 Jorge Tirelli se destacó por su gran capacidad de trabajo, su sentido solidario, su accionar participativo y su amplia capacidad intelectual. Poseía un espíritu prolífico que lo hacía actuar en diversos ámbitos sociales, con un fuerte carácter hacedor y con una notable habilidad para resolver problemas.
  Nació el 17 de junio de 1946. Su infancia y adolescencia se desarrolló en Santa Isabel, recibiendo la educación en las escuelas Nº 179  y Nº 7 (E.E.S.O. Nº 214). Cursó sus estudios terciarios en la ciudad de Santa Fe, en la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Nacional del Litoral, graduándose como ingeniero químico. Mientras cursaba sus estudios obtuvo una beca de la empresa petrolera Esso destinada a los alumnos sobresalientes.
 Tras esto, junto a compañeros de la carrera y a su esposa Cristina Carri (con quién luego tuvo cuatro hijos), emprendió un intenso viaje por Europa que lo cautivó de sobremanera conociendo, en forma directa, el mundo industrial y cultural del viejo continente. A su regreso, en 1971, ocupó el cargo de jefe de sección hidrocarburos en la destilería de YPF de Ensenada (B. A.).
 En 1973 la firma Fernarolo S.A. compró y mejoró un antiguo establecimiento avícola de Santa Isabel (conocido como El Peladero) para la faena de cerdos. Al conocer que la firma necesitaba un ingeniero químico, Tirelli no dudó en postularse para el puesto de jefe de planta, siendo aceptado rápidamente. Así retornó, junto a su familia, a la localidad que lo vio nacer; esta vez no solo para desarrollar su profesión, si no también para dedicar gran parte de su tiempo a instituciones y emprendimientos de bien público y privado. Tuvo, en todo momento, como meta principal, mantener en buen funcionamiento al frigorífico y, aunque existieron ofrecimientos de mejoras laborales y económicas en otra localidad, resignó esos progresos personales para continuar en la empresa isabelense que le demandaba tiempo y esfuerzo.
 Poseedor de una oratoria vehemente y fluida, no dudaba en dirigirse a cualquier audiencia, por el tema que el momento lo requiriera, y exponer con claridad y convicción sus pensamientos y propuestas.
  Su actividad febril se trasladó, también, en diversos momentos de su vida, a otros planos locales. Al de la política, participando activamente en partidos vecinalistas; al económico y financiero, apoyando o integrando emprendimientos industriales o empresariales y siendo miembro activo de la Asociación Mutual del Club Belgrano; al de la cultura, siendo gestor e integrante de una empresa dedicada a la continuidad de la sala de cine; al de las instituciones sociales y deportivas, como la Sociedad Italiana en la que fue uno de los grandes motorizadores de la recuperación de su sala de cine y teatro, la Cooperativa de Agua Potable participando activamente en su creación y continuidad, la comisión para la instalación de teléfonos automáticos, la cooperadora de la Escuela Nº 214 o el Club Belgrano, donde integró repetidas veces la Comisión Directiva y varias subcomisiones siendo un fervoroso seguidor de equipos de fútbol de todas las categorías; al de la educación propiciando la creación de cursos de albañilería, plomería y electricidad; al de la organización de eventos colectivos como lo fue la fiesta del 75º Aniversario de Santa Isabel en la que fue su mayor gestor; o al de la religión, la católica, no solo siendo integrante de la comisión de la parroquia, si no también catequista y asistente del padre Trognot.
 Falleció el 3 de marzo de 1998, en su oficina del frigorífico, tras tomar la decisión de quitarse la vida. 

Fuente: Basado en una crónica de "Revista Pan"


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sábado, 9 de julio de 2016

Dr. Roberto Busto

El Dr. Roberto Busto nació el 7 de octubre de 1920 en Alpachiri, provincia de La Pampa.

Cursó sus estudios primarios en esa localidad pero los completó con el 7º grado en el Colegio Don Bosco de Bahía Blanca, preparándose, de esta manera, para la escuela secundaria que funcionaba en el mismo establecimiento escolar, donde continuó educándose.

Lo hizo en calidad de pupilo debido a la distancia que separa a esa ciudad bonaerense de Alpachiri (250 Km). Fueron tiempos de gran esfuerzo y sacrificio debido al alejamiento de su familia por largos períodos. Cada año su padre lo acompañaba hasta el colegio al comenzar las clases con sus pertenencias, y lo iba a buscar cuando éstas finalizaban. Como el camino era totalmente de tierra no había visitas a su pueblo en todo el año.

El desarraigo no impidió que concluyera sus estudios secundarios con medalla de oro al mejor promedio en cinco años.

En la ciudad de Rosario, Busto ingresó a la Facultad de Odontología, dependiente de la Universidad Nacional del Litoral (actualmente Universidad Nacional de Rosario) egresando de la misma como odontólogo el 15 de julio de 1944. 


Tras su graduación ejerció su profesión por un corto tiempo en su localidad natal hasta que, tentado por comentarios de un isabelense de apellido Esciolasa que conoció en Rosario, se instaló en Santa Isabel, que en ese momento carecía de un odontólogo. Fue recibido por el matrimonio Leidi en su casa. Lo hizo el 18 de abril de 1945, alquilando la propiedad del Sr. Benito Zallio, de Mitre 1034 -la que más tarde adquirió-, donde comenzó su actividad profesional.

En Rosario, en enero de 1948 contrajo enlace con Emilia Angélica Saint-Girons. La pareja se instaló en Santa Isabel donde nacieron y criaron a sus tres hijos.

Además de su actividad odontológica también tuvo participación en entidades de la localidad.

Fue profesor fundador de la Escuela de Comercio Nº 7 Dr. Mariano Moreno (Escuela Nº 214), dando clases en las materias Historia e Higiene durante varios años (los primeros de ellos sin percibir ninguna retribución económica al igual que los demás profesores). La escuela secundaria fue su gran pasión.

Integró el directorio fundador de la Caja de Ahorro y crédito de Santa Isabel Coop. Ltda. en la que participó más allá de su transformación en banco cooperativo en 1979.

Además fue colaboradazo de muchas instituciones sin llegar a integrar sus directorios. Fue socio del Club Juventud Unida (socio honorario) y del Club Belgrano (socio vitalicio).

Fué un ávido lector, especialmente de historia, alcanzando una importante suma de libros que recopilan datos y mapas históricos, especialmente sobre colonización y asentamientos aborígenes en nuestro país.

Es recordada, por sus amistades y por quienes visitaban su consultorio, la colección de relojes antiguos –la mayoría de pared- que había logrado alcanzar. Muchos de ellos estaban en la sala de espera, en perfecto funcionamiento, indicando las horas con sus distintos tonos y matices. También coleccionaba lámparas de pie.

En 1995 cumplió 50 años de profesión en Santa Isabel con su consultorio en la misma dirección en que comenzó la actividad profesional. En esa oportunidad recibió una nota de las autoridades comunales reconociendo su trayectoria.

Con las limitaciones lógicas de su edad, trabajó hasta 1998.

Falleció el 7 de octubre de 1999 a la edad de 79 años. 


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miércoles, 28 de octubre de 2015

Los Pessino. Tradición gráfica.

Publicado en "Acercar a la Gente" N° 58 y 59 - 11/05/05 - 22/06/05
Con Hugo Pessino repasamos la historia familiar y de su profesión. También sobre sus participaciones en distintas instituciones de la localidad.

Y... ¡Sáquen una hojita!! porque vamos a recordar sus tiempos como profesor en la 214.

  

 Instalado entre los apellidos tradicionales que han cruzado casi toda la historia de Santa Isabel se encuentra el de los Pessino que, como tantos otros, inicia su derrotero argentino en la lejana Italia.
A aquellos inmigrantes europeos que arribaban apiñados en barcos los movilizaba el afán de "hacer la América" y también hambrunas, guerras o desgracias familiares. Esto último provocó la llegada de los Pessino a la Argentina; fueron unas castañas guardadas en vasijas de cobre que, contaminadas con este metal, causaron el envenenamiento de todos los mayores tras un desayuno fatal y la desbastación de la familia que solo quedó con sus miembros más chicos que no comieron el fruto mortal.
 El mayor de ellos, de 12 años vino a vivir a la casa de su padrino en Máximo Paz.
 Nietos de este niño inmigrante, Hugo y Ruben (Teddy) Pessino serán los encargados de mostrarnos la historia familiar, de sus empresas gráficas, de su profesión y de los acontecimientos locales en los cuales han actuado.
 Para el número venidero dejamos la charla con Teddy y su hijo Mauro, heredero de los secretos que hacen a las artes gráficas que la familia ha sabido cultivar. En cambio, esta primer entrega está reservada a la entrevista que hemos realizado a Hugo, el mayor de los hermanos Pessino.

 Una vez instalado ¿A qué se dedicó su abuelo?
=Comenzó a trabajar y fue progresando de tal manera que pudo traer a sus hermanos menores y reunir a la familia. Más adelante abrió una fonda en Máximo Paz, en un local frente a la plaza y le fue anexando otros ramos. Después de varios años dejó ese negocio y se instaló en un campo de Santa Emilia dedicandose a la actividad agropecuaria.
 ¿Cómo llegan los Pessino a Santa Isabel?
=Mi papá, Ángel, iba a los bailes de Elortondo y en una oportunidad, tendría unos 23 años, se suspendió por la lluvia y se vino con unos amigos a nuestro pueblo. Se quedaron a dormir en el hotel que estaba donde ahora está Alianak (Santa Fe y Sarmiento). Al día siguiente preguntó si había una imprenta, porque se estaba por casar y buscaba un lugar para instalarse. Le dijeron que solo había una imprenta chica.
Dando vueltas fue a parar donde ahora es el Hotel Central (Santa Fe y San Martín), que en esa época no era hotel, era una propiedad de Esteban Maglione, y decidió alquilarle.
El 21 de marzo de 1931 se casó, fue a Buenos Aires de luna de miel y aprovechó para comprar las máquinas que a principios de abril ya habían llegado por ferrocarril.
 ¿Como había conocido el oficio?
=Mi abuelo lo mandó a estudiar al colegio San José en Rosario donde aprendió algo. Después dejó el colegio, estudió en otro y al volver a Máximo Paz consiguió trabajo en una imprenta que fue donde desarrolló lo que sabía.
 ¿Ustedes aprendieron de él?
=Yo nací en diciembre del '31, y después, a los dos años, nació Teddy, o sea que nosotros nos criamos dentro de la imprenta.
 ¿Cómo fue evolucionando el negocio?
=Después de un tiempo empezó a construir este local (Sarmiento y J. Ingenieros) y nos vinimos cuando yo tenía seis años. Mi papá empezó haciendo los trabajos del pueblo, el primero que recibió fue del Club Belgrano, por eso cuando yo nací, me hizo socio del Club. El primer empleado que tuvo fue "Juancho" Sgavetti, otro fue Ramón Serratti, "Moncho". Es ahí que empieza a viajar junto con Moncho, vendiendo trabajos de imprenta, almanaques y otras cosas de la que era representante, como patentes para los automóviles que compraban las comunas, trofeos o medallas.
 ¿Cuales fueron los principales trabajos?
=De entrada la impresión. Después se incorporaron los almanaques que al principio no los fabricaba, los revendía. También vendía artículos de cotillón, serpentinas, papel picado, matracas, etc.
Una cosa importante fue la fabricación de bolsas de papel kraft que se usaban en los almacenes. Esto surgió cuando volvíamos de un viaje a Rosario, yo era chico; había llovido y el auto se quedó encajado. Un señor que pasó nos llevó a su casa en Carreras. Ese hombre tenía un almacén de ramos generales muy importante y le propuso a mi papá la fabricación de las bolsas. Había que cortarlas y pegarlas a mano, hubo un momento en que había unas 15 o 20 personas dedicadas a esto.
 ¿Durante toda la trayectoria, cuáles han sido las empresas para las que tranbajaron?
=De la zona casi todas. Te puedo mencionar en Venado Tuerto a Andueza & Gamboa o un almacén muy grande que se llamaba Los Empleados. En Villa Cañás, Gastón, Aramendi, Areso, la Cooperativa; en Teodelina también la Cooperativa. De María Teresa Nicasio Guerrico y Cía, Baldomá, que puso una fábrica de aceite...
Cuando el tema de las bolsas de papel se fue apagando se empezó a trabajar mucho con las estampillas comunales que se ponían en la documentación, y eso se vendió a muchas comunas, hasta en el norte de la provincia.
 ¿Usted estuvo viviendo afuera?
= A principios de 1944 me fui a estudiar a Buenos Aires, hice el colegio secundario y después ingresé a la Universidad para estudiar Ciencias Económicas. Un profesor que tuve en 5º año me dio trabajo en su estudio contable con muchos clientes importantes, como estancias, el Club Regatas o el dueño de Pelikan, que en ese tiempo era rector de la Universidad de Buenos Aires.
Al terminar la escuela secundaria me ofreció trabajar con él en el estudio o en la facultad donde era secretario. Me quedé a trabajar con él y la verdad es que aprendí mucho; al tiempo le salieron otras cosas, como la gerencia de Grafa, y me dejó a cargo del estudio contable. Yo tenía 17 o 18 años.
Después me tocó el servicio militar en Buenos Aires, en el Ministerio de Defensa, donde era ayudante de oficina y hacía un horario de 7 a 1 de la tarde.
Todas esas actividades fueron demasiadas y me enfermé; en ese tiempo le decían surmenage, ahora se lo conoce como estrés. Entonces me vine a Santa Isabel pero viajaba a Buenos Aires porque seguía rindiendo exámenes y visitando el estudio donde mis amigos seguían con el trabajo.
 ¿En qué viajaba a Buenos Aires?
= En colectivo, con un Chevallier que pasaba por el cruce. Solía viajar un hombre de apellido Musse, de una firma, Corbela y Musse, que estaba donde ahora está Balassone (Belgrano y Rivadavia), que tenía influencias. Logró que el Chevallier viajara desde Santa Isabel a Buenos Aires, tenía la terminal en el Hotel Central, es la misma línea que después se extendió a Villa Cañás.
En ese tiempo a mi hermano le toca hacer el servicio militar dos años en la marina, así que empecé a ayudar a mi papá en la imprenta. También surgió el tema de las clases en la escuela, mi papá se va a vivir a Rosario y al poco tiempo vuelve Teddy.
 ¿Eso hace que Ud. deje lo de Bs. Aires?
=Si, aunque yo iba a periódicamente a visitar clientes. Ahí fue cuando consigo como cliente de almanaques a la Asociación de Cooperativas Argentinas, A.C.A. Ese fue otro de los grandes clientes, porque teníamos como 300 cooperativas a las que hacerles los almanaques.
 ¿Estos almanaques estuvieron presentes en la mayoría de los allegados al campo argentino? 
=Había otras fábricas de almanaque que también hacían ese modelo, pero el de la mayoría de las cooperativas, los que tenía toda la gente ligada al campo, los hacíamos nosotros. Eso fue por lo menos en toda la década del '60. Se hacía una cantidad muy grande y había que despacharlos a todas las cooperativas, por correo, en tren, por camiones, con combinaciones, ...
 ¿En qué meses trabajaban más con los almanaques?
= Con A.C.A. teníamos un contrato en el cual teníamos una fecha, por ejemplo el 30 de noviembre, para entregar todo y ellos hasta el 31 de julio para entregar los pedidos; ese era un período de mucho trabajo. Hacíamos hasta para cooperativas de Salta, Jujuy y Tucumán.
 O sea que A.C.A. fue el gran cliente...
= Ese fue uno de los grandes, otros fueron Isaura y Amargo Obrero. Yo me movía más vale en la parte de la comercialización, además teníamos representantes en lugares como Junín, Venado Tuerto o Rosario donde estaba mi papá y otro más. Por eso las grandes empresas de Junín fueron clientes nuestros.
 ¿Los almanaques eran el eje central del negocio?
=Si, pero además aparecieron otros clientes como las casas mayoristas de casimires. Nosotros les hacíamos los muestrarios para que pegaran las telas y los enviaran a los sastres. Además les hacíamos las etiquetitas de cada muestra; eso era un trabajo grande porque abarcaba las temporadas de invierno y verano. También les hacíamos unos libros que ellos regalaban a los sastres para que anotaran las medidas que le tomaban a los clientes.
Además en un tiempo fabricábamos carpetas para escolares, había un cliente que compraba unas 100 mil carpetas.
 Estos trabajos coinciden con el auge industrial de Santa Isabel que va de mediados de los 50 hasta mediados de los '70...
=Si, también en los '80, porque después empezamos con la fabricación de cajas de herramientas para la empresa Gherardi y otros clientes, y también hacíamos almanaque para empresas como Grimaldi y Grassi, Sansoni o Ricardo Rodríguez. A este último le despachábamos por correo los almanaques en bolsas de cartón directamente a sus clientes. Pero vimos que el tema de los grandes pedidos no nos convenía y lo fuimos dejando, porque absorbían todo el tiempo, había que pasarles un precio bajo por la gran cantidad, se descuidaba a los medianos y chicos y quedábamos prisioneros de esos clientes grandes.

 Cuando Usted regresa a Santa Isabel, también empieza con actividades institu-cionales. ¿Cuál fue la primera de ellas?
= Cuando volví de Buenos Aires, que fue en el '53, acá había problemas con la electricidad, apenas si daban una hora por día para que las panaderías hicieran el pan y que los bombeadores cargaran los tanques con agua; después todo estaba a oscuras. Mi papá tenía un motor con un dínamo de corriente continua para hacer funcionar la imprenta e incluso se usaba para la casa. El problema era que cuando se prendía alguna máquina se bajaba el voltaje, y al apagarla, subía. Por eso se hizo un regulador manual que era un tablero con lámparas de distintos voltajes, así que si se iba a apagar o prender una máquina había una persona que prendía o apagaba lámparas, para compensar.
Los motores de la usina se fueron deteriorando y ya no se podía dar corriente. Ante este problema, muchos se fueron del pueblo, era un verdadero problema, había divisiones y peleas por distintas cuestiones. Los que estaban en la Cooperativa de Luz, habían conseguido un motor de 300 C.V.; esto era impor-tante, pero otro grupo quería dos motores de 150 C.V. Técnicamente a lo mejor tenían razón, pero en ese tiempo no se podía conse-guir más que el de 300.
Ahí había una gran pelea y en una asam-blea presen-tamos una lista con muchachos jóvenes como Leandro Quatrín, Antonio Amorós, Enrique Canal y yo, junto con otros que ya estaban de antes. Como presidente quedó Isidoro Crespi, secretario Felipe Enrico y tesorero Bartolo Salemme; también estaba "Nisín" Alianak. En ese tiempo el gerente era Norberto Ricordi y como administrativo estaba Raúl Paggi.
El combate siguió pero nosotros, que buscábamos la unidad del pueblo, nos abocamos a hacer las cosas como debían ser. Por ejemplo, cuando llegó el motor, para conectarse había que aumentar las acciones, algunos no querían pagarlas, entonces no le poníamos la luz. Además, por los problemas económicos, tomamos medidas que algunos criticaron ya que le bajamos la tarifa a todas las industrias que eran las que más consumían y a las que si les aumentábamos se ponían motores propios. Como les bajamos el precio se quedaron todas enganchadas y eso hizo que se pudiera mantener la usina y con posterioridad, a medida que aumentó el consumo, bajar las tarifas domiciliarias.
En esa época estaba el molino, el peladero (frigorífico), la fábrica de oxígeno OXI-ITAD... Esas industrias se fueron creando a través de una comisión que habíamos hecho tratando de promoverlas.
 ¿Además nacieron a partir de la regularización del servicio eléctrico?
= Si, tal fue así que al poco tiempo el motor no alcanzó más y hubo que traer otro, el M.W.M. No fue fácil lograr esto, al principio había resistencias, peleas; tuvimos que ir tantas veces a Santa Fe... Pero nosotros, como tipos jóvenes y más neutrales poníamos paños fríos y tratábamos de calmar, porque en la usina había habido líos grandes, con tiros y todo. Nosotros llegamos después de ese enfrentamiento entre grupos antagónicos.
 Otra comisión en la que trabajó fue en la reapertura del hospital Miguel Rueda. ¿Qué había pasado? 
= Por qué se cerró el hospital, no se. La cuestión es que el hospital estaba cerrado, ya no había enfermeras, no había nada. Estaba muy abandonado, hubo que limpiar todo, faltaban cosas, aunque en ese tiempo no había tanta depredación como ahora.
Rafael Pasquinelli trabajaba en la Cooperativa Unión y Fuerza, donde estaba Leandro Quatrín, Enrique Canal y yo que había estado ayudando en unos balances. Cuando se presentó como candidato a diputado nosotros lo apoyamos y cuando llegó a serlo se pensó en reabrir el hospital y se creó una comisión. Estaban, entre otros, Pasquinelli, "Mito" Martínez, el Dr. Fahr, "Titi" Ruiz, Gerardo Tobío y Néreo Ansaloni.
Se firmó un convenio con el gobierno provincial pon el cual se comprometía a hacer aportes para mantener al hospital y nosotros recaudábamos fondos para la compra de materiales. El gobierno querían que todo pasara a propiedad de la provincia y nosotros no. Finalmente prevaleció nuestra opinión, el hospital se puso en marcha nuevamente y una la principal fuente de ingreso fueron los carnavales. Estaba José Arias, un zapatero, que siempre había querido hacer un gran corso, así que se puso a trabajar, creó comparsas en los barrios, ofreció premios y consiguió ropas para los que no tenían. El primer corso grande, que se hizo en 1957, dejó mucha plata y permitió comprar cosas, traer médicos, instalar un laboratorio. Se compró un microscopio, se un fotocolorímetro para hacer análisis, se pintó, se repararon las camas...
 Era gente joven con ganas de trabajar...
= Acá hay gente que ha hecho mucho por Santa Isabel, por ejemplo "Bambín" Albanesi, Héctor Nesprías o Rafael Pasquinelli que cuando fue diputado provincial obtuvo un subsidio para hacera importantes trabajos en la biblioteca, como es el frente del edificio.
 ¿Estuvo Ud. en la Bibliotaca Sarmiento?
=Fui presidente varios años. Además del aporte del subsidio se hicieron muchas cosas a fuerza de trabajo de la Comisión Directiva. También se firmó un contrato con la Comuna cuando era presidente "Chalo" Carpi para instalar el Parque Pinocho. La Biblioteca puso el terreno, la escuela 179 unos juegos que tenía y la Comuna se comprometió a realizar el mantenimiento. En la Comisión estaban Juan Forneris, Ismael Cañete, Albino Gobbi, "Tito" Ruiz, "Titi" Pennacchietti y Leandro Quatrín entre otros.
La Biblioteca Sarmiento había estado cerrada durante mucho tiempo, estando en distintas casas. La sede actual era de la Sociedad Argentina que no estaba en actividad pero tenía personería jurídica. Se hizo una fusión y se le puso el nombre de Asociación Cultural D. F. Sarmiento y se le empezó a dar mayor actividad.
 Una bibliotecaria de mucho tiempo fue Isabel Gobbi..
= Isabel Gobbi es una persona a la que no se le ha reconocido todo lo que hizo por la Biblioteca. Ella estuvo años y años, desde antes de la fusión con la Sociedad Argentina, abriendo el local sin cobrar un centavo.
 ¿También estuvo Ud. en la creación de la Caja de Ahorro y Crédito?
=Acá no había bancos, ya funcionaban las industrias y había problemas con los cheques, todo se manejaba por cambios de cheques entre las empresas, pero había que encontrar los cheques justos que se necesitaban. Nosotros, por ejemplo, teníamos cuentas en Rosario y en Buenos Aires, para depositarlos, mandábamos los cheques por correo y después el banco enviaba la boleta de depósito que llegaba a los 4 o 5 días.
Enrique Canal conocía a una persona que estaba en la creación de las Cajas. Y justo se hace una huelga bancaria que duró como dos meses y lo invita a este hombre a dar una charla sobre el tema que se dio en el Prado Español. Nos interesó y comenzamos a formar el grupo, que siempre caía más o menos en los mismos. En este caso estabamos Juan Balassone, Enrique Canal, Anonio Amorós, Florencio Mercé, Alberto Arminchiardi y otros más que en este momento no recuerdo.
Se comenzó a trabajar, a recorrer distintos lugares y a elaborar los estatutos y adaptarlos a Santa Isabel. Se creó entonces la Caja de Ahorro y Crédito de Santa Isabel Coop. Ltda., la primera que se forma en la zona pero no la primera en abrir. En Venado Tuerto se formó después pero abrió unos dos meses antes que la nuestra.
Un objetivo era la creación de una entidad que facilitara la operatoria de los comercios, otro el que el dinero del pueblo se manejara en el pueblo y, además, darle una salida laboral a los que estudiaban de perito mercantil en el secundario, que podrían trabajar en la misma Caja o bien en las empresas que se fueran creando a partir de eso.
El primer gerente fue Domingo Romero, quien justamente había sido uno de los bancarios huelguistas y que no tenía trabajo. Y la verdad es que Romero fue una buena elección porque hizo mucho para la institución.
A partir de la Caja el pueblo cambió mucho porque se empezó a dar créditos. El primero que se otorgó fue a una persona que tenía que operar a la esposa, y después de eso empezó a venir más gente. La Caja de Santa Isabel promovió a muchas de la zona, por ejemplo la de Villa Cañás, la de Murphy, lla de San Eduardo, Hughes y María Teresa, etc.
Con el tiempo las Cajas habían crecido tanto que manejaban el 20% de los depósitos del país. Durante el gobierno del Dr. Illia se presentó un proyecto de ley en el que se les daba a las Letras de Cambio cooperativa características similares a la de los cheques bancarios.
La revolución que derrocó a Illia truncó ese proyecto y circulaban rumores de que las Cajas de Crédito estaban al servicio del comunismo. Detuvieron a los directores del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos y crearon pánico entre los depositantes. Eso ocurrió un día viernes, el sábado se realizó una reunión en Rosario y nosotros optamos por hacer una asamblea urgente el día domingo en la que explicamos a los socios cómo salir de la emergencia. La gente respondió con confianza como en muchos otros lugares, pero en el camino se cerraron unas 300 Cajas ya que el día lunes todos estaban pidiéndoles la plata.
 Pero la persecución continuó hasta que se debieron transformar en bancos...
=Después de estos hechos, como no pudieron matarlas crearon la llamada Orden del Ladrillo, una Letra de Cambio que tenía dimensiones grandísimas para que nadie pudiera andar con semejante libro en el bolsillo. Hubo que inventar talonarios con las Letras dobladas al medio para que fuesen más chicos y prácticos, esa fue una idea que propuse acá y que se popularizó en otras Cajas.
Después empezaron a actuar sobre los capitales mínimos, pidiendo cada vez más, pero no les dio resultado porque la gente ponía plata en acciones. Finalmente las obligaron a convertirse en bancos cooperativos. Así se formó el Banco CES, luego debieron fusionarse y se creó el Argencoop y ahora es el Credicoop.
Las Caja daba créditos con mucha facilidad y poco interés, con una sola garantía a satisfacción. Así se pudieron hacer obras importantes como la primera pavimentación del pueblo y también valiosas donaciones a instituciones.
 Otra institución en la que incursionó Ud. es en la Sociedad Italiana.
= Si, esta es historia más reciente. El edificio estaba mal, con el techo en mal estado, con parte del cielorraso caído, los palcos rotos y muchos otros problemas.
Se hizo una convocatoria que no tuvo mucho éxito pero que logró que un grupo de gente se pusiera a trabajar. Entre la gente de la Comisión estaba Ilda Imnocenzi, Erina Montanari, Antonio Risso, Norma Achilli, Zulma Pennacchietti, "Chalo" Carpi, "Titi" Pennacchietti y Jorge Tirelli. Después de mucho trabajo, de conseguir dinero prestado y la ayuda de mucha gente se pudo reconstruir la sala y reinaugurala en 1996. No solo se recuperó este edificio si no que también se lo fue dotando de muebles y de equipamiento.

 A Ud. mucha gente lo recuerda por haber sido profesor de geografía en la escuela Nº 214, antes Nº 7.
=La escuela se abrió en el año '56 a mitad de año. Al año siguiente la profesora de geografía renunció y me ofrecieron historia o geografía. A mi me gustaba más historia, pero como el Dr. Busto, que había venido a hablarme, daba historia, me incliné por geografía.
En la facultad había estudiado mucho geografía e historia económica, así que entré en el segundo año de la escuala y estuve hasta 1982.
 Usted era algo así como el terror de la escuela por la modalidad que tenía para dar dar las clases.
= Yo estudié en un colegio muy bueno de Buenos Aires y en la facultad con profesores de los que desconocía, en ese, momento su importancia. Por ejemplo el Dr, Biggeri, que era un genio de las matemáticas reconocido mundialmente, que había resuelto problemas planteados varios siglos antes. O sea, eran profesores muy exigentes en la calidad, no eran malas personas, y nosotros también le teníamos cierto miedo, pero era un miedo que provenía de que te pidiera algo y que vos no lo supieras. Y lo mismo en el colegio secundario, donde muchos profesores eran autores de los libros de estudio que se usaron en el país, como por ejemplo uno de matemáticas de Repeto, Linskens y Fesquet o Julio César Levene, que era el director del colegio Nacional de Comercio Nº 5.
 Tomó el modelo de esos profesores y lo trasladó a Santa Isabel...
=Yo me daba cuenta de que la disciplina era importante, nunca persiguiendo al alumno sino buscando el camino más conveniente para su interés educativo. Creo haberlo logrado porque nunca tuve que aplicar una medida disciplinaria. Además muchos alumnos ahora me dicen que resolvieron problemas de su adolescencia en alguna charla en clase o en forma privada. Por mi parte los recuerdo a todos con un enorme afecto y les debo los mejores momentos de mi paso por la docencia.
 "Saquen una hojita" es la frase clásica de Hugo Pessino que todos recuerdan...
=Esas famosas pruebas que consistían en 10 preguntas sobre el tema del día, que se contestaban en forma sintética y concreta con una o dos palabras, estaban destinadas a lograr que estudiaran todos los días. Tomarlas llevaba 10 minutos pero en lo personal me insumía mucho tiempo corregirlas en casa, teniendo en cuenta que en cada curso había un promedio de 20 alumnos. Pero lo hacía con gusto para conseguir que aprendieran sin tener grandes baches en sus conocimientos.
 ¿Cuál es su parecer sobre la forma de enseñanza actual?
=Los métodos de enseñanza y la tecnología disponible cambian con los tiempos. Tanto antes como ahora se pueden encontrar aspectos positivos y negativos. Creo que siempre es bueno que una clase sea creativa y a la vez ordenada, porque el orden permite concentrar la atención en los temas tratados y el desorden la dispersa.
En definitiva, la calidad de los resultados obtenidos le dará a cada uno la respuesta verdadera.
 ¿Qué resultado cree que dio su tarea? 
=Siempre habrá alguno con otra opinión, pero los que fueron mis alumnos, cuando me ven, siempre me dicen que aprendieron la materia, que saben bastante y que siempre tienen un buen recuerdo. Esto es en términos generales, yo no salí a constatarlo, pero en las reuniones de egresados todos me dicen lo mismo, me recuerdan bien y con afecto.

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Teddy y Mauro Pessino nos ponen al tanto de su empresa gráfica, continuadora de una tradición familiar de impresores y artistas gráficos, iniciada a poco de nacer Santa Isabel.
 

 En el número pasado publicamos la entrevista realizada a Hugo Pessino en la que, entre otras cosas, extractó la historia familiar que, desde la llegada a Santa Isabel en sus primeros años, estuvo siempre ligada al trabajo de la imprenta y las artes gráficas.
En esta oportunidad los entrevistados son su hermano Rubén - Teddy - y su hijo Mauro, receptor y continuador de esta profesión.
En el taller gráfico de Mitre al 800 mantuvimos con ambos, esta charla que nos acerca a una profesión de la que solemos desconocer muchas de sus facetas.

 Cuéntenos, Teddy, sus comienzos en la imprenta.
Teddy = Cuando terminé la escuela primaria me mandaron a Buenos Aires a estudiar. Pero mi vocación era la imprenta con la que viví desde chico. Por eso, después de un año y medio abandoné y ya en 1949 estaba trabajando con mi papá. Antes de ir a estudiar ya le ayudaba en algunas cosas; intercalar, abrochar almanaques o armar pantallas.
 ¿Las que se usaban para abanicarse? ¿Cómo se fabricaban?
Teddy = Se compraban los cartones impresos con fotos de artistas o de paisajes, y los palitos. Se imprimía en el revés del cartón lo que el cliente pedía, luego se les ponía el palito y se los abrochaba, y por último se hacían los paquetes, que era lo más difícil, por la forma que tenían.
 ¿Al dejar el estudio se volcó de lleno a la fabricación de almanaques?
Teddy = En ese tiempo mi papá los vendía, pero no los hacía. Pero compró algunas máquina y los empezó a hacer, medio de corajudo. Tenía un amigo dueño de una imprenta muy grande en Buenos Aires que le propuso que me mandara a aprender los secretos para la fabricación de almanaques.
 ¿Y el pibe fue?
Teddy = Y el pibe fue. Estuve como seis meses. Yo tenía 16 años y cuando volví se sumaron mis conocimientos y la facilidad para vender de mi papá, y se comenzó a trabajar mucho más con los almanaques.
 ¿Le sirven esos conocimientos aún hoy?
Teddy = No en la intensidad como al principio, pero todavía algunas empresas, encargan almanaques como los que hacíamos. Las costumbres fueron cambiando y ese estilo de almanaque comercial, que se hacen de felpa o papel, con letras en bajorrelieve de color dorado, ya no se usan tanto.
 ¿Cómo se imprimen las letras con oro?
Teddy = Hay tres tipos de dorado, el dorado a fuego falso, el dorado en purpurina, que es un polvo que se coloca sobre un pegamento, y el oro puro. Para las letras en oro puro vienen hojas de este material, unas 10.000 hojas de papel de oro, de 10cm. por 10cm. hacen 1 cm. de alto. Se usaba mucho para los carnet de conducir o de los clubes. Pero, por los costos, en los almanaques se usaba el oro falso, que es otro material.
Para imprimir las letras en oro se usa una máquina especial para dorar, con formas de letras de bronce. Por cada impresión lleva una o dos hojas de oro; son tan finas que con la misma respiración se rompen. Se usa un cabello para poder ponerlas a imprimir.
 ¿Donde más se hacían estos trabajos?
Teddy = Acá, en la zona, no lo hacía nadie. En Rosario había una sola casa que hacía este tipo de trabajos, que solía mandarnos algunos a nosotros.
 ¿De qué máquinas disponían para hacer los trabajos?
Teddy = Además de algunas especiales, teníamos las que se usaban ene esa época. La Minerva a pedal o la eléctrica.
 ¿Cómo se trabaja con las Minervas? 
Teddy = Los originales a imprimir deben ser convertidos en formas tipográficas y clisés, sobre los cuales, una vez entintados, se apoya el papel, ejerciendo presión para que absorba la tinta.
El tipógrafo es el que arma las formas que se van a poner luego en la máquina, es como armar un rompecabezas. Coloca las letras, que están separadas, de a una, para dar forma a lo que se va a imprimir en las hojas . Es un trabajo que lleva un tiempo aprender; sobre todo hay que tener buen gusto. Un buen tipógrafo es un artista, por eso se habla de artes gráficas, porque es un arte.
Una vez armada las formas, estas se colocan en la máquina y el minervista procede a imprimir, poniendo y sacando las hojas una por una.
Hoy en día, para algunas cosas, se sigue usando la Minerva, forzosamente tenés que caer en esa máquina.
También, del mismo modo que las formas se arman para la Minerva, se las hacen para la máquinas automáticas verticales o planas.
 ¿Cuando aparece la primera máquina offset en la empresa?
Teddy = Cuando estábamos en sociedad con Hugo, apareció una offset pero, por distintos motivos no se usó.
Cuando yo empecé había pocas, pero terminó siendo como con las computadoras, hoy cualquiera tiene una, y con la offset pasó igual.
 O sea que una imprenta sin offset, no es imprenta...
Teddy = Es imprenta, pero estás muy limitado para realizar los trabajos.
 ¿Cuando comienza Gráfica Teddý?
Teddy = Hace 20 años. Ahí me di cuenta de que tenía que cambiar en la forma de trabajar, porque todo venía cambiando. Además, Mauro se incorporó a la empresa, que es quien la va a continuar, y empezamos a trabajar con la offset.
 ¿Cómo trabaja una máquina offset?
Teddy = En forma sintética se lo puede describir así. Primeramente se realiza el trabajo en la computadora y se imprime un original en un papel vegetal transparente. Este papel se coloca sobre una chapa especial que contiene ciertas propiedades químicas y se la somete, durante cierto tiempo, a un determinado tipo de luz. Donde esta luz pasa, graba la chapa. A esta chapa grabada se la coloca en la máquina. En este sistema se usa agua y tinta, dos elementos que se rechazan. Durante el proceso de impresión la máquina moja la chapa y también la entinta.
Mauro = Cuando se graba la chapa, lo que se va a imprimir queda con una sustancia afín a la tinta, y como esta es grasosa rechaza al agua que queda en los sectores que no se imprimen.
El agua y la tinta terminan siendo adsorbidos por el papel que, según cuál sea, puede tener una mayor o menor estabilidad dimensional. También puede influir la humedad ambiente, las fibras del papel, cómo fue cortado...
Es una forma de impresión indirecta, porque la chapa, a su vez, entinta un rodillo de caucho que lo traspasa al papel.
 ¿Cómo se logra una impresión a todo color?
Teddy = Eso es una cuatricomía. Son cuatro impresiones, una para el negro, otra para el azul o cian , otra para el amarillo y otra para el rojo o magenta. La combinación de esos cuatro colores, según las tramas, hace que aparezcan todos los colores. En nuestra máquina, como es monocolor, hacemos cuatro pasadas al papel para lograrlo.
Para que las cosas salgan bien es necesario tener experiencia y conocer la máquina, no todas son iguales y si la cambiás hay que conocer cosas nuevas. A veces, cuando no salen los trabajos, algunos maquinistas le echan la culpa a la máquina, pero a lo mejor otro la hace andar bien. Toda máquina tiene su maña.
 ¿Se hacen cuatricromías en la Minerva? 
Teddy = Si, yo he hecho algunas. Se mandan a hacer cuatro clisé, uno para cada color. Las primeras se las hice a la Cooperativa de Tamberos de Rosario, que después fue Cotar, fue en la década del '60 y se las hice con la Minerva.
Con la offset, al principio nos dio un poco de trabajo. Es que son muchas las cosas que juegan a favor o en contra de una buena impresión en color, comenzando por la fotografía, no es lo mismo una foto casera que una foto hecha por profesionales pensando en una impresión gráfica.
 ¿El uso masivo de las computadoras les ha quitado trabajo?
Mauro = No porque hay trabajos que las computadoras hogareñas no pueden hacer. Todo tiene un límite, ya sea en calidad o e costo.
Cuando compraron lo offset, también tuvieron que comprar la P.C. y la impresora láser...
Mauro = Si se compró todo. A la impresora láser la única utilidad que le damos es la de sacar las transparencias para grabar las chapas. Si la impresión tiene que ser de alta calidad se envía a un taller de fotocromía el archivo digitalizado o las fotos, para que hagan, las transparencias.
Los formularios continuos con que los imprimen?
Mauro = Es otra máquina offset a la que se le hace pasar en forma continua el papel especial para estos trabajos, ya vienen troquelados y al salir de la máquina se va doblando solo.
¿Cómo manejan el tema de los tiempos que el cliente exige?
Mauro = Generalmente se trata de cumplir con todos si les damos la palabra.
Teddy = A veces se da el caso de gente que se queda sin facturas y quiere que se las hagamos de un día para el otro. Ahí la cosa cambia, tratamos de hacerles un lugar y terminárselas a tiempo.
Mauro = Con respecto a las facturas, la mayor complicación está en el tema fiscal, especialmente con los inscriptos a I.V.A. porque hay que hacer por Internet varios trámites con la D.G.I. Hay que pedir la autorización, cargar los números que te suministran y con eso generar un código de barras y el dígito verificador para imprimirlos en las facturas .
Otra cosa, que pocos saben, es que cada mes hay que declarar a la D.G.I. todas las facturas que se hicieron, cada seis meses todas las facturas de los monotributistas. Eso es tiempo y se necesitan programas de computación para poder hacerlo.
 ¿Quién repara las máquinas de imprimir cuando tienen problemas? 
Teddy = A algunas reparaciones las hacemos nosotros y para otras, llamamos a un técnico.
Antes llamábamos a Buenos Aires. Una vez era una pavada pero nosotros no podíamos dar en el clavo. El tipo vino a las 8 y media de la tarde y a las 9 y 10 ya había apretado un tornillo y la máquina andaba. Lo invité a cenar y a las 12 se fue en colectivo. Setecientos pesos.
 Pero después apareció un service en Rosario y nos volcamos a este muchacho, que muchas veces nos guía por teléfono.
Mauro = Siempre hay que tenerlas bien cuidadas y hacerles el mantenimiento, pero no siempre los problemas son de la máquina. Influye también el papel, el clima, los días húmedos son terribles.
 ¿Hacia adonde apunta Gráfica Teddy para el futuro?
Mauro = Después de la crisis que vivimos, no había forma de apuntar a nada porque no sabíamos que iba a pasar mañana. Como todo el mundo, pretendemos estabilizarnos, que es lo que está sucediendo, tratar de afianzarnos y mantener la clientela y ganar nueva.
 ¿Tienen clientes de otras localidades?
Teddy = Si. Tenemos clientes de Villa Cañás, de Venado Tuerto y otros pueblos. Estos clientes vienen un poco por la tradición de la familia y también porque los hemos ido a visitar.
Mauro = Algunas veces se consiguen porque los salimos a buscar, otras veces por recomendaciones de otros clientes. Pueden ser cualquier tipo de trabajos, pero lo que más hacemos son almanaques.
 En los último años Uds. han estado haciendo nuevos modelos de almanaques. ¿Es una idea propia?
Mauro = En realidad yo no vi que otros los hagan, con fotografías y trabajos de diseño gráfico. Surgió de una charla nuestra para intentar cambiar un poco. Además los almanaques dorados a fuego son muy lindos pero muy caros y por otra parte, en la sociedad actual, no encajan. La mayoría de los que hacemos son con trabajos hechos en fotocromía, pegados sobre el cartón del almanaque. Como siempre, al taco y al mensual los compramos hecho.
 ¿Por qué en el ambiente gráfico suelen mezquinar el ingreso de otras personas a los talleres?
Mauro = Nosotros tratamos de preservar la discreción en los trabajos, o sea que nadie pueda ver lo que estamos imprimiendo hasta que el cliente lo reciba y decida qué hacer. Es como una parte íntima de cada cliente.
Por ejemplo, las memorias y balances de las cooperativas o de alguna empresa. Si entra un extraño puede ponerse a mirarlas y, en realidad, es solamente para los socios a los que la entidad se los entregará en su momento.
 Pero esto generan una especie de misterio sobre la profesión...
Mauro = Es más la idea que se hacen que lo que es. Pero especialmente es por el motivo que te explicaba, de todas maneras cuando hago algún diseño en la computadora los hago pasar.
Teddy = Pero además ya es una tradición en casi todos los imprenteros, es difícil que te hagan pasar.
 ¿Qué significado tiene para los Pessino es trabajo? ¿Es solamente un negocio?
Teddy = No. Es por vocación pero también me sirve para vivir. Es como en cualquier profesión. Si un cura no tiene vocación sacerdotal no puede ser cura, el médico lo mismo. Y esto es igual.
 Cuál es tu opinión, Mauro, siendo que sos parte de la tercer generación de la familia en mantener esta profesión?
Mauro = En esto hay mucho de vocación y de arte y, como en cualquier trabajo, es importante ponerle un poco de pasión a lo que se hace. Cuando empecé a trabajar fue en la transición de lo manual a la llegada de la tecnología, que fue a partir de 1991 en que empiezan a aparecer muchas máquinas nuevas. Especialmente con la informática, con las computadoras que se adecuan perfectamente al diseño gráfico.
Teddy = Tenés que tener creatividad, te tiene que gustar. No es rutinario porque todos los días se hacen trabajos distintos
Mauro = Este es un lindo trabajo porque además de tener que ser creativo, se tiene contacto con determinados clientes. Aparte aporta a la cultura de la humanidad, de tal manera que ha cambiado el mundo desde su llegada.
 Internet es una amenaza para las imprentas?
Mauro = En un primer momento parecía que se iba a comer todo, que los diarios en papel iban a desaparecer. En realidad se complementan, la tecnología permitió el enriquecimiento de la parte gráfica. Hoy en día se pueden hacer cosas, en Santa Isabel, no hay que salir de acá, inimaginables algunos años atrás. Por ejemplo, hacer en otro lugar un trabajo gráfico en la computadora, pasarlo por e.mail a la imprenta y, sin que nadie se mueva de su lugar, se impriman los ejemplares que se deseen.
 Gráfica Teddy ¿Es solo una imprenta o está dentro de las artes gráficas?
Mauro = Hay lugares que se dedican solo a hacer boletas porque no saben hacer otra cosa o porque no lo pueden hacer. Eso es una imprenta. Pero cuando se hacen trabajos con valor agregado, digamos que ya se está dentro de un rango más elevado, más artistas.
 Y ustedes se consideran artistas...
Mauro = No, no. Yo te digo las diferencias, después que la gente nos pongan donde sea.
Teddy = A los títulos honoríficos que los pongan los demás. Nosotros hacemos determinados trabajos, pero puede haber quienes lo hagan mucho mejor.
 

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domingo, 29 de diciembre de 2013

La Señora de las Cañas.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 81 - 28/08/07

Sin dudas, la historia de Santa Isabel no estaría completa si no se le dedicase un espacio a Aurora Buscarioli, conocida como la Señora de las Cañas.
 
 Sus orígenes se remontan a Villalpando, un pueblo de Castilla y León en España, lugar desde donde llegaron sus padres al corazón de la pampa húmeda, como tantos otros inmigrantes, buscando la realización de sus sueños. 

 Esta pareja de labradores se instaló en lo que hoy es el límite entre Santa Isabel y María Teresa. De ellos nacieron 7 hijos. Aurora fue la segunda, un ser muy especial, diferente, que alegró el hogar de sus padres el 30 de octubre de 1916 y que tuvo una juventud poco sencilla ya que, como mucama, debió trabajar mucho.
 Se casó con Pedro Cicci. Mientras él trabajaba en los galpones del ferrocarril, ella lo hacía en la fábrica de medias del Sr. Tavani. Tuvieron tres hijos: Rosendo, Cristóbal y Lucio. Aurora pedía con frecuencia a Dios por seguridad para sus hijos, alimentos y salud. Solo eso la conformaba.

 Se cuenta que una tarde, mientras lavaba medias en el patio de su casa, se acercó a ella una vecina con su bebé en brazos pidiéndole, entre llantos, que cure a su pequeño hijo. Aurora no entendía, le pedía que lo llevara al médico, pero la mujer insistía de un modo sorprendente.

 Aurora tomó un crucifijo que llevaba colgado al cuello y lo posó sobre el cuello de la criatura quien evidenció una rápida mejoría. Brotaron de sus labios palabras desconocidas. La fiebre bajó. Le recetó una infusión de Yerba de Pollo. El niño estaba totalmente curado. A cambio recibió una gallina y la fama que la acompañaría hasta su muerte.

 Comenzó a tener videncias. Existen sobradas pruebas de que fue consultada por gente humilde y también por personalidades de todo el país y del extranjero. Uno de los casos más conocidos fue el de las hermanas Norma y Mimí Pons. 

 No todas fueron rosas para Aurora. Sufrió persecuciones por parte de las autoridades y denuncias. Pero hasta la policía la consultaba aunque, muchas veces, el mismo agente que se había hecho atender la premiaba haciéndole pasar una noche fría en la celda.

 No cobraba ni un peso. Se valía de un crucifijo, cintas y cañas. Curó, atendió o sanó -o como se lo quiera llamar- hasta que sus fuerzas y su salud se lo permitieron. 

 Su deterioro comenzó cuando falleció su esposo. Él fue quién más la comprendió, el que luego de extenuantes jornadas en las que se enfrentaba con enfermos del cuerpo y del alma, la esperaba con unos amargos. Pata de Cabra, empachos, ojeaduras, borracheras, traiciones, celos. Todos pasaban por la modesta casa de calle 25 de Mayo.

 A fuerza de aliviar males ajenos olvidó los propios. Una ataque de presión la llevó a declinar, a sentirse perdida, a sumirse en un mundo desconocido para el resto de los mortales durante varios años. Murió acompañada de sus familiares en el año 2000, recibiendo o despidiendo el milenio. 

 Poderes extraordinarios, sugestión, propiedades curativas de ciertas yerbas, fe... O la combinación de todas ellas; tal vez esas hayan sido las armas que utilizaba para aliviar los cuerpos y las mentes, o para indicar el lugar en que se encontraba un objeto perdido.

 Dicen que su padre, al igual que ella, también tenía videncias. ¿Alguien habrá heredado esas facultades?

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jueves, 26 de diciembre de 2013

Oscar Severini.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 62 - 20/10/05

 Esta sección nunca estaría completa si no tuviera alguna referencia a Oscar Severini, un artista isabelense al que, quienes lo conocieron, recuerdan siempre con cariño por su personalidad y por sus trabajos.

 Nacido en nuestra localidad el 9 de octubre de 1929, Oscar trabajó en varias tiendas como "La Rosarina" o "Casa Ducay". También, junto a Juan Forneris siendo conserje del Club Belgrano. Pero durante 36 años se lo vió frente a la consola de Teléfonos del Estado, luego Entel, trabajando como operador, en tiempos en que las comunicaciones no eran automáticas y había que pedir la comunicación para poder hablar. Los usuarios telefónicos de aquel entonces seguramente no habrán olvidado su voz en medio de las comunicaciones de larga distancia. "Hablaron, hablaron", decía cada tanto para saber si aún se mantenía el contacto. 

 Su faceta más importante en la sociedad fue la del espectáculo y la del arte, brindando su colaboración y talento en todas las instituciones que se lo solicitaran. Así participó en muchísimas puestas en escena, musicales o teatrales, que lo tenían como gran protagonista. Por sus dotes de bailarín, junto a su esposa "Coqui", descollaba en los escenarios locales con cualquier ritmo. Por ser dibujante y letrista realizaba infinidades de escenografías. Los carnavales de los '60, organizados por el Hospital luego de su reapertura, tuvieron el sello de Oscar, ya sea porque participaba en la construcción de carrozas o por la creación de decenas de caricaturas que luego eran colocadas en lo alto de los postes del alumbrado de los corsos.

 El actual altar de la iglesia Santa Isabel de Portugal y "la Glorieta" fueron diseñadas por él. También fue integrante del grupo que creo el parque Pinochoi y, a fines de los '70, cuando se rediseñó, pintó infinidad de caricaturas en las paredes que lo rodeaban. En diciembre de 1974 armó un árbol de navidad en el mástil de la plaza... y así siempre. Su figura no podía faltar en los festejos -como los de los Juanes, Pedros y Pablos que se realizaban en los '70 y '80- o donde hubiera creación. Infinidad de fotografías dan cuenta de ello, como la de esta nota, sacada el 30 de diciembre de 1953, en la que se lo ve dando toque finales a una caricatura (de Divito - Gentileza Banco de Imágenes de Santa Isabel) pintada sobre una pared del patio de la sede del Club Belgrano. No alcanza el espacio para describir todas las cosas en las que trabajó.

 Oscar Severini falleció el 16 diciembre de 1984 dejando un sinfín de gratos recuerdos y de buenos ejemplos a los isabelenses. 

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Legisladores isabelenses.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 60 - 10/08/05

 En los albores de la década de 1940 un ciudadano de Santa Isabel llega por primera vez a ocupar una banca en la Cámara de Diputados de la provincia de Santa Fe. Se trata de Ernesto R. Di Battista, quien después de haber sido en varias oportunidades Secretario Comunal y de haber ejercido con acierto varios períodos como Presidente Comunal entre los años 1935 y 1943, es elegido Diputado Provincial.

 Muchos años después, en 1960, otro vecino de nuestra localidad, Rafael Gonzalo Pasquinelli, es elegido Diputado Provincial quien permanece en el cargo hasta 1962 en que es intervenida la provincia y, en consecuencia, se disuelve la Legislatura.  Durante ese lapso integra la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados.

 Posteriormente Pasquinelli fue elegido Senador Provincial, cargo que ocupa entre 1963 hasta 1966 cuando otro golpe a las instituciones democráticas de nuestro país disuelve nuevamente la Legislatura.

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Arreglador de pelotas

Publicado en "Acercar a la Gente" N° 56 - 23/02/05

 La imagen de Don Juan Stiepovich cociendo pelotas de fútbol en su pequeño taller es una estampa imborrable de la niñez de muchos isabelenses.

  Hijo de croatas en Argentina, realizó tareas rurales en campos de la localidad hasta 1956, momento en que se trasladó con su familia a la zona urbana donde tuvo venta de pan y también taxi. A principio de la década de 1960 comenzó a realizar trabajos para la Cooperativa Unión y Fuerza hasta jubilarse en 1973. Es en sus años de jubilado que desarrolla esta actividad tan particular como recordada y de la que fue el único en realizarla en Santa Isabel.

 Stiepovich, que fue arquero del equipo de Juventud Unida que en 1932 salió campeón de la Liga del Sud, se dedicó a reparar pelotas de fútbol a partir de las que se les rompían a su hijo y sus amigos que jugaban en un terreno frente a su casa. Ellos habían comenzado a repararlas y Don Juan, se inició en el trabajo para ayudarlos pero terminó haciendolo en forma continua y como un ingreso que se sumaba a su jubilación.

 Por aquel tiempo las pelotas de fútbol eran de cuero con cámara de goma. Con suma prolijidad hacía nuevas costuras donde estas habían cedido, cambiaba los gajos de cuero roto, cambiaba las cámaras o partes enteras del casco de las pelotas. Entre sus clientes no solo estaban los chicos si no también los clubes que comenzaron a llevarle trabajo.

 Falleció en 1990 a los 82 años.


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martes, 24 de diciembre de 2013

Ángel Baldessari: Futbolero, melómano, fotógrafo.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 45 - 15/10/03

  En esta oportunidad rescatamos del recuerdo a Ángel Baldessari, uno de los tantos personajes que han habitado nuestro pueblo y que es recordado por varias de sus aficiones.

    La mayoría de su vida transcurrió en la zona rural hasta que en 1966 se mudó al pueblo. Trabajó mucho tiempo con una máquina sembradora tirada por caballos lo que no le impedía escuchar la radio y dedicarse, desde muy joven, a sus colecciones. Llegó a poseer la mayoría de los números de la revista El Gráfico aparecidos entre 1931 y 1935 y la totalidad desde ese año a la fecha de su muerte ocurrida a mediado de los ‘70 cuando tenía 60 años. 

  También fue importante su colección de discos de pasta de 78 R.P.M. y de L.Ps. La mayoría eran de grandes orquestas y cantantes de tango pero también los había de intérpretes de la llamada “nueva ola”, música para la juventud que comenzó a aparecer a mediados de los cincuenta. Ángel Baldessari tuvo un fonógrafo, más adelante un tocadiscos que funcionaba con 16 pilas grandes y por último un equipo amplificador a batería que, a su turno, los fue usando en fiestas de amigos o donde se lo pidieran a las que también llevaba los discos para animar. Fue uno de los primeros Discs Jockey isabelenses.

No se sabe cual fue el destino final de los discos ni el de las revistas. Algunos dicen que cuando se mudó al pueblo trajo parte de estas colecciones pero la mayoría quedó en la pieza que habitaba en el campo y luego de un tiempo fueron quemadas porque molestaban.


  También se dedicaba a la fotografía desplegando su trabajo con familiares, en las fiestas a las que concurría o en los festejos del Club Belgrano del cual era hincha. Para iluminar el momento de las fotos usaba el viejo sistema de magnesio que provocaba un gran fogonazo. Justamente esto le valió el mote de “Fogonazo”. 

 Era además una especie de ayudante de campo, aguatero, o botiquín del equipo de fútbol del Club Belgrano.

 El otro club de sus amores era Independiente de Avellaneda, del cual tenía muchísimos conocimientos adquiridos en esas revistas y en tantas horas de radio. Se cuenta que una vez fue a una fiesta del Club en Buenos Aires a la que habían concurrido los dirigentes más importantes de la institución. Allí fue el deleite y admiración de todos al describir detalles desconocidos de equipos, goles, campañas y jugadores.


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lunes, 23 de diciembre de 2013

Doctor Sylvester.

 Publicado en "Acercar a la Gente" N° 29 - 05/08/01

Norberto Sylvester nació en la localidad santafesina de Sancti Spíritu el 18 de junio de 1934. Allí comenzó sus estudios que continuaron en Elortondo, Firmat y Venado Tuerto, lugares a los que la familia se trasladaba porque su padre, oriundo de Rosario, era director de escuelas. Una vez terminada la secundaria ingresó a la Universidad Nacional de Rosario donde se graduó, a la edad de 28 años, de médico cirujano.

 Por unos parientes supo que en Santa Isabel solo había un médico. Luego de visitar la localidad y siendo aún soltero, se instaló aquí. En un primer tiempo vivió en el Hotel Central, atendiendo a sus pacientes en el Hospital Miguel Rueda (como lo haría siempre) o en su consultorio que estaba en calle Sarmiento al 1200 (frente a la Cooperativa). Un año después, y con su familia recién formada, se estableció en la casa de 25 de Mayo y la vía, lugar que alquilaron y luego compraron.

 Fue un médico que se entregó totalmente a su profesión. Vivió pendiente de sus pacientes, pasando muchas noches casi sin dormir por un caso grave o un parto que se aproximaba. Más de una vez dejó un plato de comida ante un llamado, cualquiera fuese su importancia. En su consultorio todos eran atendidos, con o sin obra social, y durante años no llevó la cuenta de los honorarios que le adeudaban. Aunque luego tuvo una secretaria esto no le impidió dejar de cobrar muchos de ellos.

 El estrés que le ocasionaba la actividad le acarreó problemas de salud. Por recomendación de un médico cardiólogo comenzó a buscar tranquilidad. En Buenos Aires se especializó en geriatría y en 1974 se trasladó con su familia a Rosario donde trabajó en un hospital geriátrico. Pero esto no duró mucho, luego de un año volvió a Santa Isabel, al lugar y a la actividad que extrañaba. Vivió un tiempo en la casa parroquial y cuando volvió su familia lo hicieron en una casa que le prestaron unos amigos. La continuidad del trabajo y un accidente automovilístico deterioraron su salud. Su corazón lo abandonó el 9 de agosto de 1980. Fue velado en la iglesia parroquial donde se congregó una multitud. 

Había muerto mucho más que un hombre bueno.

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