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miércoles, 22 de noviembre de 2023

El Cadete tenía razón

 Por Norberto Oscar Dall’Occhio

 Corría el año 1949 y el Cadete fue a trabajar como de costumbre al bazar, librería y cigarrería de su tío en la esquina de Mitre y General López. Mientras barría el piso del negocio, pensaba en la película argentina que a la noche de ese sábado se proyectaría en el Cine Ideal y en el partido que Colegiales, el equipo de fútbol que él capitaneaba, disputaría el domingo en la cancha de General Belgrano, enfrentando nada menos que a su gran rival, el conjunto de Alumni. 

 Aquella fría mañana de invierno no había reparto de cigarrillos a los boliches y por lo tanto tenía que estar detrás del mostrador atendiendo a los clientes que venían al negocio. Al Cadete esa tarea no le resultaba del todo agradable por el formalismo que le exigían para atender a los clientes y por los distintos trabajos de limpieza que diariamente había que realizar. Él prefería la vida al aire libre, la libertad que le brindaba la Bicicleta de Reparto. Sí… la Bicicleta de Reparto escrito con mayúscula, porque era el valioso medio de transporte que usaba diariamente para recorrer los lugares más apartados del centro del pueblo, llevando diarios y revistas a domicilio, a veces en días lluviosos y con calles barrosas e intransitables. Además, se encargada de distribuir cajas de cigarrillos en los boliches más alejados del centro y de buscar los atados de diarios que venían de la Capital Federal y de Rosario en la parada del colectivo La Verde frente al Hotel Central. También tenía que retirar los paquetes de revistas y diarios que venían de Buenos Aires y se entregaban en la Estación del Ferrocarril y en las oficinas del Correo local. 

 Al Cadete le encantaba charlar amigablemente con los clientes y con la gente del lugar sobre diversos temas, enterarse de alguna novedad, escuchar un buen consejo de parte de las personas mayores y a veces aceptaba tomar un mate con algún cliente. Como adolescente, le entusiasmaba transitar ese variado ambiente pueblerino, fuera de las cuatro paredes de un negocio, vivir la realidad de la calle, que seguramente lo ayudaría a conformar su personalidad y lo prepararía para enfrentar mejor su futuro, buscando un nuevo horizonte con sus permanentes inquietudes, dentro de ese pequeño mundo donde le tocaba vivir.

 Serían alrededor de las once de ese sábado, cuando apareció en el negocio un apuesto joven que lucía botas de un brillo reluciente, elegantemente vestido con un impecable saco sport. Cuando lo atendió, el señor le preguntó si vendían discos para escuchar música. El Cadete le explicó que no tenían discos, pero que si lo deseaba, se podía hacer un pedido a Rosario. Su tío se dio cuenta que era un forastero, se acercó y continuó la conversación para sugerirle alguna otra alternativa. Mientras charlaban su tío y el caballero, el Cadete se aproximó a la vidriera del negocio para mirar el llamativo coche que el cliente había dejado estacionado. Era un ampuloso Cadillac y en el asiento delantero estaba sentada una hermosa dama de cabello platinado. 

 Su prima también se acercó para ver el atractivo vehículo, pero el Cadete fijó su mirada en la dama. ¡Pero esa mujer que está en el coche es Elina Colomer!, dijo asombrado, a lo que su prima le contestó de inmediato: ¡no imposible… cómo puede ser Elina Colomer!

 Mirá, le respondió el Cadete mostrando una revista Radiolandia que estaba en exhibición en un estante: ¡y ella está en la tapa! Su prima observó la tapa de la publicación, dudó un momento y le contestó: para mí es una mujer parecida… pero no se trata de Elina Colomer.

 Al mediodía su tío cerró el negocio y el Cadete se fue a su casa a almorzar. Durante la comida comentó lo sucedido. Estaban presentes sus padres y sus dos hermanas. Cuando escucharon el relato,todos a unísono dijeron: nooo… no puede ser, cómo Elina Colomer va venir a Santa Isabel… a vos te habrá parecido… debe ser otra persona… 

 La afirmación del Cadete no convenció a sus familiares, a pesar de la firmeza de sus palabras y de los ejemplos que dio.

 Terminado el almuerzo, el Cadete cruzó la calle y entró al Club Belgrano. Allí en el bar, donde estaba reunida la barra de amigos, era un lugar propicio para comentar lo sucedido durante la mañana y buscar apoyo a sus afirmaciones. Los muchachos lo escucharon con atención. Uno por uno, le contestaron casi lo mismo que su familia: "te habrá parecido que era Elina Colomer" o "debe ser alguna mujer con cierto perfil de la famosa actriz". Además, uno de los integrantes de la rueda de amigos agregó: "el hombre es probable que sea algún estanciero de la región que estuvo de paso por Santa Isabel y su linda acompañante tiene cierto parecido a la artista". Y ahí se acabó en tema. Los muchachos de la barra pidieron un naipe al conserje y se pusieron a jugar a las cartas… ¡Otro fracaso para el Cadete!

 Ante el escaso eco encontrado en el ámbito familiar, entre sus amigos y otras personas del pueblo que habitualmente frecuentaba, a las cuales les repetía la anécdota, el Cadete se sintió defraudado ya que, puesto como testigo, no tenía capacidad para convencer a la gente de sus cualidades de ser un buen observador y un buen fisonomista.

 Pero a los pocos días, sorpresivamente para él, ocurrió algo inesperado. En el pueblo empezó a correr la noticia de que en Villa Cañás, en la Estancia de Díaz, había pasado un fin de semana la actriz Elina Colomer. El Cadete, ante semejante información sacó pecho, se puso contento y se sintió reconfortado. Pensó para sí mismo: "¡yo tenía razón!", todo lo que vi con mis propios ojos era muy cierto y no me creyeron".

 Pero en su interesante narración omitió algo muy importante. Resultó que a pesar de confirmarse la veracidad de su relato, a la afirmación del Cadete le faltó agregar un dato que luego sería muy relevante. El elegante joven que él atendió en el negocio de su tío, era nada más y nada menos que Juan Duarte, hermano de Evita y Secretario Privado de Juan Domingo Perón, en ese momento Presidente de la Nación.

Elina Colomer: https://es.wikipedia.org/wiki/Elina_Colomer

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domingo, 12 de noviembre de 2023

Los carnavales de antaño

Por Norberto Oscar Dall’Occhio

 En los corsos que  se desarrollaban en Santa Isabel  en los finales de la década de 1930 y principios de 1940 abundaba el juego con serpentinas y papel picado. Hay recuerdos de mucha gente sobre la abundancia  del uso  de esos  elementos compuestos de papel. En las calles, que eran de tierra, la gente que iba en adornadas carrozas o  que estaba sentadas en  los coches que desfilaban, generalmente descapotados, lanzaban serpentinas al público que estaba de pie al costado de la acera o ubicadas en adornados palcos que preparaban los vecinos. 

 Abundaba  un amable y delicado intercambio de serpentinas entre gente conocida. Ese entrecruzamiento de cintas suspendidas en el aire, con el agregado de las numerosas luces que iluminaban la calle, se convertía en un hermoso espectáculo mirándolo a la distancia. El juego con papel picado resultaba más directo y a menor distancia y generalmente se tiraba sobre el cabello. Durante el corso el juego era de tal magnitud que tanto las calles como las veredas quedaban alfombradas con el tono multicolor de las serpentinas y del papel picado. Al día  siguiente del corso los trabajadores contratados por la Comuna se veían obligados a utilizar horquillas y rastrillos para limpiar sos enormes colchones de papeles esparcidos en las calles, amontonarlos y finalmente quemarlos. Con respecto al papel picado también quedaban alfombradas las veredas. Los trabajadores las barrían, las recogían con una pala,  las colocaban en una carretilla, hacían una especie de parva y luego les prendían fuego. Los juegos con papel fueron disminuyendo a partir de la década de 1940 debido a la escasez de ese material con motivo de la Segunda Guerra Mundial.

 También debemos mencionar los juegos con agua, que en muchos casos resultaban peligrosos debido a los abusos de  algunas personas por la exageración o  por  violencia  con que los hacían. A fines de la década del '30 ocurrió un hecho censurable en el cual intervino la policía. En un corso que se desarrollaba en la calle Belgrano al 1100, entre Mitre y Sarmiento, el señor Otamendi tenía una carnicería y para festejar el carnaval se le ocurrió utilizar la manguera que usaba para limpiar y baldear su negocio, para lanzar agua a raudales contra  la gente que pasaba frente a su casa, en algunos casos “bañándola” totalmente. La reacción del público fue inmediata y el responsable terminó en la comisaría.  Durante el corso estaba prohibida la utilización de baldes o jeringas. Sólo se permitía el uso  de lanza perfumes o pomos. Cabe acotar que durante el día, en las tres jornadas de carnaval, chicos y  jóvenes  solían jugar con agua en las calles del pueblo y a veces lo hacían mediante la utilización de baldes, globos, jeringas, botellas o palanganas.

 Los corsos se iniciaban alrededor de las 21:00 y duraban hasta las 24:00. El comienzo y la culminación del corso se hacía mediante el lanzamiento de bombas de estruendo. A su término se iniciaba el Baile de Carnaval con la actuación de alguna orquesta de la zona, que tenía lugar generalmente en las instalaciones del  Prado Español o en la Sociedad Italiana y se extendía hasta las tres de la madrugada. 

 En  algunas ocasiones como cierre del carnaval se armaba un enorme muñeco con trapos, cartones, arpilleras y maderas, en homenaje al Rey Momo. El muñeco se quemaba y sólo quedaban cenizas. Era el símbolo de que el carnaval y la fiesta habían culminado, con la esperanza de que al año siguiente se repitieran los festejos y volvieran la alegría, los disfraces, la sonoridad y las luces de los corsos y los bailes.

Los corsos generalmente se realizaban en las calle Mitre, San Martín, General López  o Belgrano, con un trayecto de dos cuadras.En la parte intermedia del recorrido, en coincidencia  con el cruce de calles, se instalaba el palco oficial. Desde allí el locutor animaba esta fiesta de color, donde solían actuar poetas locales y músicos y cantantes del pueblo.

Entre los disfrazados abundaban los “caballitos”, confeccionados  con arpilleras que portaban un ancho rebenque del mismo material al que hacían sonar fuertemente contra el piso, lo que provocaba cierto temor en los niños.

 Los disfrazados utilizaban antifaz o caretas para ocultar su cara. Estaban controlados y registrados por la policía y podían concurrir al baile.

Generalmente, los corsos y los bailes se realizaban a beneficio del Hospital Miguel Rueda.

 En la década de 1940 y principios de 1950 también se destacaban los bailes de disfraz y fantasías organizados por el Club General Belgrano. Resultaba una reunión muy divertida, con distintos y llamativos disfraces, en la cual participaban los socios de la institución y sus familias.

A  principios  de la década de 1950 se habían suspendido los corsos por la falta de luz eléctrica en el pueblo. Frente a esta situación y como dato curioso, vale recordar que a mediados de la década del '50 la Heladería Miculán organizó por su cuenta un corso frente a su Bar y Heladería en la calle Belgrano, que estaba al lado de la iglesia y pertenecía a la Sociedad Española. Para ello utilizó un generador de energía de su propiedad iluminando con guirnaldas de luces una cuadra frente a la Plaza 9 de Julio. La iniciativa tuvo gran éxito y se prolongó por varias jornadas de carnaval. En 1956, normalizado el sistem  eléctrico, se reiniciaron  los corsos.

 

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viernes, 17 de febrero de 2023

Jorge Alberto Tirelli


 Jorge Tirelli se destacó por su gran capacidad de trabajo, su sentido solidario, su accionar participativo y su amplia capacidad intelectual. Poseía un espíritu prolífico que lo hacía actuar en diversos ámbitos sociales, con un fuerte carácter hacedor y con una notable habilidad para resolver problemas.
  Nació el 17 de junio de 1946. Su infancia y adolescencia se desarrolló en Santa Isabel, recibiendo la educación en las escuelas Nº 179  y Nº 7 (E.E.S.O. Nº 214). Cursó sus estudios terciarios en la ciudad de Santa Fe, en la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Nacional del Litoral, graduándose como ingeniero químico. Mientras cursaba sus estudios obtuvo una beca de la empresa petrolera Esso destinada a los alumnos sobresalientes.
 Tras esto, junto a compañeros de la carrera y a su esposa Cristina Carri (con quién luego tuvo cuatro hijos), emprendió un intenso viaje por Europa que lo cautivó de sobremanera conociendo, en forma directa, el mundo industrial y cultural del viejo continente. A su regreso, en 1971, ocupó el cargo de jefe de sección hidrocarburos en la destilería de YPF de Ensenada (B. A.).
 En 1973 la firma Fernarolo S.A. compró y mejoró un antiguo establecimiento avícola de Santa Isabel (conocido como El Peladero) para la faena de cerdos. Al conocer que la firma necesitaba un ingeniero químico, Tirelli no dudó en postularse para el puesto de jefe de planta, siendo aceptado rápidamente. Así retornó, junto a su familia, a la localidad que lo vio nacer; esta vez no solo para desarrollar su profesión, si no también para dedicar gran parte de su tiempo a instituciones y emprendimientos de bien público y privado. Tuvo, en todo momento, como meta principal, mantener en buen funcionamiento al frigorífico y, aunque existieron ofrecimientos de mejoras laborales y económicas en otra localidad, resignó esos progresos personales para continuar en la empresa isabelense que le demandaba tiempo y esfuerzo.
 Poseedor de una oratoria vehemente y fluida, no dudaba en dirigirse a cualquier audiencia, por el tema que el momento lo requiriera, y exponer con claridad y convicción sus pensamientos y propuestas.
  Su actividad febril se trasladó, también, en diversos momentos de su vida, a otros planos locales. Al de la política, participando activamente en partidos vecinalistas; al económico y financiero, apoyando o integrando emprendimientos industriales o empresariales y siendo miembro activo de la Asociación Mutual del Club Belgrano; al de la cultura, siendo gestor e integrante de una empresa dedicada a la continuidad de la sala de cine; al de las instituciones sociales y deportivas, como la Sociedad Italiana en la que fue uno de los grandes motorizadores de la recuperación de su sala de cine y teatro, la Cooperativa de Agua Potable participando activamente en su creación y continuidad, la comisión para la instalación de teléfonos automáticos, la cooperadora de la Escuela Nº 214 o el Club Belgrano, donde integró repetidas veces la Comisión Directiva y varias subcomisiones siendo un fervoroso seguidor de equipos de fútbol de todas las categorías; al de la educación propiciando la creación de cursos de albañilería, plomería y electricidad; al de la organización de eventos colectivos como lo fue la fiesta del 75º Aniversario de Santa Isabel en la que fue su mayor gestor; o al de la religión, la católica, no solo siendo integrante de la comisión de la parroquia, si no también catequista y asistente del padre Trognot.
 Falleció el 3 de marzo de 1998, en su oficina del frigorífico, tras tomar la decisión de quitarse la vida. 

Fuente: Basado en una crónica de "Revista Pan"


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martes, 28 de junio de 2016

Historias de frontón

Por Norberto José Florencio Eterovich - Marzo de 2008

Breve historia del juego de pelota
La "pelota a paleta", "pelota goma", "paleta argentina" o simplemente "paleta" es una especialidad de origen argentino del juego de pelota vasca, que se caracteriza por utilizar una pala de madera para golpear la pelota, llamada paleta, que tiene la forma estilizada de una paleta vacuna.

El juego de la pelota llegó al Río de la Plata hacia el año 1800, introducido por inmigrantes vascos.

Durante el siglo XIX fue el juego más popular en el país. Tal era el entusiasmo por la pelota, especialmente en la campaña de la provincia de Buenos Aires, que Juan Manuel de Rosas, en 1830, hizo construir un frontón en su estancia.

En 1882 se inauguró un frontón en la ciudad de Buenos Aires -uno más de los que ya había- con la presencia del presidente de la república y del intendente de entonces, lo que denota la importancia de este juego para aquel momento.

En el año 1890 se realizó un mitin político en una cancha de pelota dando surgimiento a un partido político que luego tendría gran influencia en la historia argentina, siendo Leandro N. Alem su principal orador y fundador del mismo. De allí el distintivo de los radicales: la boina blanca tomada de los jugadores.

Este juego se extendió, principalmente, por las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe.


Hasta los primeros años del siglo XX se jugaba a mano, con un guante o con una cesta; no se conocía la paleta. Pero en 1907 ocurrió un hecho que cambió la historia: en las quintas de Burzaco, provincia de Buenos Aires, un joven nacido en Francia, vasco francés, modeló la primera paleta de madera para el juego de pelota, a la que perfeccionó mientras la usaba solo él emulando la paleta de una vaca, el hueso escápula.

Este joven se llamaba Gabriel Martirén. Sus restos mortales descansan en la localidad santafesina de Diego de Alvear. Una lápida lo recuerda así: “A la memoria de Gabriel Martirén, inventor de la Pelota a Paleta”.

La paleta en Santa Isabel
En la historia de Santa Isabel la pelota a paleta ocupó un lugar muy importante tanto como deporte y juego, y como lugar de reunión a diario de los vecinos de la localidad.

1974 - Cancha de pelota a paleta del Club Belgrano.
No hay fechas, pero por su forma de construcción algunas de las canchas se levantaron poco tiempo después de haberse fundado el pueblo en 1908. Se llegó a tener hasta tres canchas en pleno funcionamiento, todas ellas llenas de jóvenes entusiastas desafiando partidos mano a mano o de cuatro.

La ubicación de las mismas determinaba que en algún momento del día el sol impedía realizar el juego por el encandilamiento que efectuaba sobre los participantes de las contiendas.

Las tres eran canchas abiertas y zurdas, es decir que sobre esa mano estaba la pared larga del frontón al rebote.

La cancha de “Valengo” (padre de Valentín Romero) estaba sobre calle Francia al 1100, del lado impar, pero se entraba por calle Belgrano. Se podía jugar todo el día.

La cancha de “Blanco” estaba en calle Sarmiento al 1200, del lado impar. El frontón estaba hacia el lado de calle Mitre por lo que el sol de la tarde, en algún momento molestaba a los jugadores.

La tercera cancha es la actual, la del Círculo Social y Deportivo General Belgrano, que se salvó de la piqueta destructora que borró de nuestro pueblo tantas construcciones históricas e importantes, además de las dos primeras canchas mencionadas.

De partidos y jugadores
Hay partidos que se desarrollaron en ellas y que quedaron como hitos en la historia paletera de Santa Isabel. A principios de los años cincuenta del siglo XX jugaron en la cancha de Valengo los campeones mundiales de cancha abierta, rosarinos ellos, Santos Belluzzo y su zaguero, contra Oscar Mesina (también conocido como Milo, el manco Milo o el manco de Teodelina) y “Quito” Dueñas de nuestro pueblo. Ganaron Milo y Quito.

Muchos jugadores se destacaron por sus tantos, por su calidad de juego. Debemos decir que como en todo deporte, cuando hay destacados es que hay una gran camada de jugadores que los ayudaron a sobresalir.

Nombraremos algunos de los jugadores de Santa Isabel que se destacaron entre los ’50 y ‘60:
- Orlando Carlovich (Polaco)
- Jacinto Acevedo (Pato)
- Osvaldo Stiepovich (Pibe)
- Antonio Carlovich (Pocholo)
- Roque Acevedo
- Valentín Romero
- Adolfo Montes (Vasco)
- Oscar Dueñas (Quito)
- Norberto Ferrari (Nene)

Este juego se jugaba en canchas públicas y a las pautas deportivas se agregaban las apuestas. Esto proponía los tipos de partidos, en algunos casos insólitos. Por ejemplo, un jugador podía darle como ventaja a su contrincante, que él tomara todas las devoluciones de la pelota a dos piques. Otro caso era devolver por debajo de la pierna, es decir, levantar la pierna y golpear la pelota por debajo de la misma en todos los casos. Otra manera es la que se denomina de “cadete”, que requiere pegarle a la pelota por detrás del cuerpo. Y así se daban ventajas para igualar los juegos.

Y hablando de habilidosos, recordamos también a Roque Acevedo.

Deporte y mucho más
Lo extraordinario de este juego, más allá de la pasión de los jugadores, era el protagonismo de los espectadores que diariamente concurrían a las canchas, veían un espectáculo agradable y, además, gratis.

Los partidos se jugaban a veinticinco tantos. Quién llevaba la cuenta era el tanteador, el juez del partido. Este hombre tenía una gran responsabilidad, sin embargo en pocas ocasiones se discutía el fallo.

El “eco” de la pelota en el frontón, para los chicos de esa época sonaba como un canto de sirenas, irresistible. Y allí se juntaban.

Miraban el partido sin molestar pero, apenas terminaba, cada uno pedía una paleta para garronear hasta que empezara otro desafío.

En la década de 1950 la oferta de ropa deportiva casi no existía. Había solamente dos marcas de zapatillas deportivas. El equipo del jugador era todo de color blanco: zapatillas, pantalón bombacha, remera y gorra blanca.

Avanzando en el tiempo Se puede decir que la década de 1960 -tal vez con algún margen de error- fue la última época de la pelota multitudinaria, tal como se la conocía. Ya después se fue perdiendo como entretenimiento para los jóvenes, reemplazada por el avance de otros pasatiempos menos saludables.

En esos tiempos se destacaron en torneos zonales Valentín Romero y Antonio Carlovich, Pocholo; siendo, tal vez, los más ganadores de aquel momento.

Hubieron partidos memorables. Por su desarrollo y entorno; como la final que ganaron en Sancti Spíritu.

Esta pareja de jugadores se complementaba totalmente, siendo muy difícil ganarles. Pocholo, jugador seguro y con conducta para sortear dificultades. Valentín con capacidades físicas y técnicas que lo distinguía, pero, fundamentalmente, muy inteligente para descolocar al rival, con pelotas bien ubicadas.

Una muestra de ello se dio en Arias, provincia de Córdoba, en donde llegaron a la final. El zaguero contrario pegaba de tal manera que, a quien le siguiera su juego lo terminaba físicamente. Valentín casi siempre jugaba de zaguero; y ahí descolló frente a este jugador sin hiel a quien nunca le daba la devolución para que la tomara de aire, siempre al pique. Y así, el que se terminó físicamente fue el pegador contrario.

En 1963 se dio un caso excepcional en Santa Isabel: la final provincial de pelota a paleta se definió entre jugadores que eran todos de Santa Isabel. Ellos fueron Oscar Dueñas, Valentín Romero, Norberto Ferrari y Adolfo J, Montes. Es decir que los campeones provinciales juveniles y los subcampeones serían todos del pueblo.

Este logro los llevó a la Capital Federal a jugar el campeonato Argentino; y por mérito y calidad llegaron a la final. A este partido lo disputaron, por Santa Fe, Oscar Dueñas y Adolfo Montes, y por Capital Federal Ángel Armas y Jaunarena.

Se jugó en el Club Comunicaciones donde ese día descolló por su juego firme y seguro el Vasco Montes; esto muy comentado por Valentín en su momento. De todas maneras esto no alcanzó para ganar. Salieron subcampeones Argentinos Juveniles de cancha abierta. Este fue uno de los logros a nivel nacional más importantes para la historia de la pelota de Santa Isabel.

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Nota del editor: A mediados de la década de 1970 surgió de Santa Isabel, entre tantos buenos pelotaris, un importante jugador de pelota a paleta, Wilmar Abadíe, quien obtuvo grandes triunfos, el más importante de ellos junto a Federico Elortondo con quien logró obtener el Campeonato Argentino en cancha cerrada.

Ver más en:  Recuerdo a Valentín


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lunes, 4 de enero de 2016

Los Campitos

Por Norberto Oscar Dall’Occhio

En la década  de 1940 y  comienzos  de la de 1950  era muy común que los chicos jugaran a  la pelota en los baldíos del pueblo. A  esos  lugares se los llamaba “campitos”. Hoy  esa  costumbre se perdió, pues tanto General Belgrano como Juventud Unida brindan  la posibilidad de  que los pibes  y los  adolescentes  utilicen sus cómodas instalaciones deportivas para jugar al fútbol.

Los baldíos eran canchas improvisadas, donde los propios  pibes determinaban un perímetro imaginario. Los arcos  eran dos  montoncitos de ropa o dos ladrillos o algunas  piedras,   que reemplazaban los palos. Previamente tenía que haber un acuerdo sobre el  largo de  los arcos.  Pero a  veces sucedía que en  un descuido durante el desarrollo del partido algún  “avivado” achicaba o agrandaba el arco  según su conveniencia. Y ahí se armaba la discusión y  comenzaban los  insultos.

En el momento previo a la iniciación del partido había una ceremonia   muy importante. Era necesario formar dos equipos. Dos pibes  similares  en  su capacidad de juego se ponían frente a frente a unos cinco metros de distancia. Cada uno a su turno adelantaba un pie. Al final perdía al  que le sobraba  el pie. Acto seguido  el ganador tenía la opción de elegir primero a un compañero de equipo. Por supuesto que  elegía  al mejor del grupo. Su rival elegía otro pibe  considerado “bueno”. Seguía la elección por descarte y los considerados “pataduras” quedaban para el final, como de “relleno”. Era una forma  bastante ecuánime de armar un partido con fuerzas parejas. Según las circunstancias,  si en un momento del encuentro un equipo se distanciaba demasiado en goles convertidos se compensaba la desigualdad de fuerzas con el trueque  de un  buen jugador de un bando por otro jugador de menor nivel  del equipo rival. Es decir los pibes tenían  bien claro el sentido lúdico del juego.

Era una diversión entretenida  donde cada uno quería demostrar sus habilidades personales. Ganarle a un equipo débil era considerado  un triunfo sin gloria. Por eso buscaban formar equipos parejos. Jugaban con zapatos, zapatillas o alpargatas. Los botines para  chicos  prácticamente no existían. Salvo alguna rara excepción, ninguno  poseía  la casaca que usan los clubes de primera división. Si recién habían salido del colegio, se sacaban el guardapolvo blanco, lo doblaban  y lo dejaban al lado de uno de los   arcos,  junto con la cartera de útiles escolares. Para custodiar el arco siempre mandaban a algún pibe con poca capacidad de juego. Cuando alguien llegaba tarde y pedía ingresar,  si  lo aceptaba el grupo  se incorporaba al juego.

Estos “picados” de potrero se jugaban sin  establecer tiempo por reloj. Sólo la oscuridad de la noche o la lluvia   los hacía prescindir del juego.  Se iba a cinco goles o más. Pero en pleno  partido  generalmente surgía un inconveniente. En algún momento aparecía la madre de algunos de los pibes para decirle a viva voz al nene que estaba preparada la leche. Como a veces esa mujer era la madre del “dueño de la pelota”, el partido se  suspendía  de inmediato. 

Hoy la pregunta  lógica sería,  pero ¿cómo  no había otra pelota?  La respuesta es que no.  En   esos tiempos  las pelotas de goma o de cuero  no estaban al alcance de todos los padres. Por ese motivo  el dueño de la pelota se convertía en un personaje especial, aunque fuera un “patadura”.  Los chicos solían jugar en la calle o en la vereda  con una pelota de trapo que las madres le preparaban  rellenando medias de mujer. En los campitos se jugaba con una pelota que picara en el piso. Tenía más sabor a fútbol porque  había que dominar el balón en el aire, ya sea con los pies, el pecho o la cabeza. 


Un baldío  muy utilizado estaba ubicado en  General López y  General Roca, donde  aún hoy se mantiene en pie una vieja palmera. Lo llamaban el “Campito del Bajo”. Por su amplitud, otro baldío  concurrido por chicos y adolescentes estaba  entre las calles General Roca, Santa Fe, Italia y Brasil. Era una manzana completa, donde años más tarde se instaló la fábrica de leche en polvo. Las vías del ferrocarril no existían, pues  se construyeron recién en la década de 1950.

En José Ingenieros al 1400  había un terreno desocupado, cercano del  lugar donde actualmente se encuentra instalado el tanque de agua potable. Allí  también  los chicos armaban su picado.

En Santa Fe  al 1400  había un amplio  descampado (hoy Parque Tirelli), muy propicio para practicar  fútbol. Los pibes para jugar  achicaban el perímetro,  pero los adolescentes y mayores lo ampliaban  como si fuera una cancha  normal. Habían colocado improvisados  arcos de madera, aunque  eran  bastante precarios. Ese  baldío  dejó  de utilizarse en 1950, cuando el Ferrocarril  y la Comuna dispusieron forestar el lugar con plantaciones de eucaliptus.

En la década de 1930,  en la esquina de José Ingenieros  y Mitre, en la misma manzana  donde está el edificio de la Comuna,  había un baldío  en el cual  los pibes jugaban sus picados.

En las escuelas primarias estaba prohibido  jugar al fútbol.  Sin embargo  los varones no podían impedir su impulso  futbolero  y en algún descuido de la celadora   improvisaban un mini  picadito con una pequeña pelota y algunas veces hasta con una naranja.  Pero  solía suceder  que en  forma inesperada  aparecía la maestra  y  les  incautaba la pelota además  de  la consiguiente reprimenda.

En la década de 1940 aparecieron en el pueblo  las canchas de Baby Fútbol. Para los pibes fue toda una novedad, ya que les permitía jugar en una cancha marcada, con arcos de madera(a veces  con red), con pelota de cuero y con vestimenta  similar a la que usaban  sus ídolos, los  jugadores mayores que integraban  los clubes de primera división. 


General Belgrano instaló su cancha de Baby  Fútbol,  que tenía luz artificial,  en el predio ubicado en General López  esquina  25 de Mayo  y Juventud Unida en las instalaciones contiguas a la Sociedad Italiana.  En esos lugares se organizaban importantes partidos  y torneos  diurnos y nocturnos con la intervención de equipos de la zona. Los cotejos contaban con la concurrencia de mucho público, que en algunas circunstancias,  por la atracción que ejercían, colmaban totalmente la capacidad  de  esos  mini estadios deportivos.

A  partir de 1949  se iniciaron en el país  la disputa de los Torneos Infantiles  “Evita”, promovidos por la Fundación “Eva Perón”. A partir de 1950 la Comuna local  todos los años formaba un equipo de pibes que representaba al pueblo. Los jóvenes  enfrentaban a equipos similares de la región.

Esta es una breve historia de los baldíos y los campitos del pueblo. Esos  potreros  fueron excelentes “semilleros”  y dieron lugar a la formación de destacados futbolistas  que posteriormente  se desempeñaron en equipos locales y algunos de ellos triunfaron en la región integrando elencos de clubes de primer nivel.    

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sábado, 23 de mayo de 2015

Cooperativas de Santa Isabel


Publicado en "Acercar a la Gente"
Nº 60 - 10/08/2005

 Pilares de la economía local, las cooperativas están presentes en gran parte de nuestra historia.  Agricultura, industrias, comunicaciones, agua y crédito, son algunas de las actividades que sostienen.  Cómo y por qué fueron creadas. Su actualidad y su futuro.

  Sin lugar a dudas el papel del cooperativismo ha sido, y continúa siendo, de fundamental importancia en el desarrollo de nuestra localidad. Muestra de ello es la variedad de servicios que pone al alcance de sus asociados en medio de una economía local acotada por diversos factores, especialmente por la reducida dimensión del área rural, motor económico de la región, y por la posesión de la misma en pocas manos. Este último factor, sumado a la baja rentabilidad que algunos servicios tienen por nuestra escasa población, hace que no se produzcan inversiones privadas en la medida de lo necesario.
 Cuando se dan estas situaciones, el cooperativismo, conjunción de voluntades solidarias, entra en juego para dar esperanzas ciertas de progreso. Por eso, en esta nota haremos un repaso de las distintas cooperativas que registra la historia de Santa Isabel para revalorizar su necesaria presencia.


  Es bueno repasar, aunque brevemente, la historia para encontrar ejemplos de los errores que una comunidad no debe cometer. La malograda Cooperativa de Luz y Fuerza e Industria Anexa de Santa Isabel Limitada es uno de ellos.
 Esta Cooperativa se creó en 1948 cuando la SUDAM, Compañía Sudamericana de Servicios Públicos, ya no quiso continuar con el negocio de la electricidad. Al hacerse cargo del servicio debió afrontar cuantiosos problemas al quedar obsoleto el equipamiento, lo que produjo largos meses con apenas unas horas diarias de energía; una época de verdadera oscuridad signada por agudas disputas que concluyó con la llegada de un nuevo generador. Después de esos años tristes la Cooperativa fue mejorando el servicio en la localidad con más generación propia, luego conectándose a una línea de alta tensión desde la Cooperativa de Venado Tuerto y por último al "Interconectado Nacional".
 En la década de los '60 la Cooperativa colocó nuevas y modernas luminarias en las calles del pueblo en varias oportunidades y, en 1974, impulsó la distribución de electricidad en la zona rural.
 Unos meses después de inaugurada esta obra se le asestó un mazazo que puso punto final a su vida. Estando en plena expansión se tomó la decisión de transferir la totalidad de sus bienes a la actual E. P. E.
 La Cooperativa de Electricidad solo siguió sobreviviendo en los papeles hasta que los mismos caducaron definitivamente, perdiéndose un bien incalculable que solo se puede mensurar cuando vemos la prosperidad de cooperativas similares en localidades vecinas, donde los servicios que brindan son de excelencia. 
 



El 17 de octubre de 1943, se creó la Cooperativa Agrícola Ganadera Unión y Fuerza de Santa Isabel Limitada a instancias de un grupo de colonos arrendatarios que, deseosos de solucionar los problemas que los agobiaban, habían constituido un centro de productores. Un año después de su creación la entidad ya operaba con la comercialización de trigo, lino, maíz y girasol, adquiriendo a la firma Salemme Hnos. la primera planta de silos. Como señal de consolidación, en 1948, adquirió su actual local propio de Santa Fe y Sarmiento. Durante el transcurso del 9º ejercicio se habilitaron las instalaciones de remate feria dada la gran actividad ganadera del momento. Desde un principio la entidad habilitó sus secciones de consumo y semillas tratando de cubrir un amplio espectro de necesidades planteadas por los productores.
 Con el correr de los años la producción agropecuaria local se fue inclinando casi en su totalidad a la agricultura, por lo que la dinámica de la cooperativa se fue adecuando a esta circunstancia. De tal manera la ampliación de la capacidad de almacenaje de granos, con predominio de la soja, seguid por el maíz y el trigo, fue una constante.
 A comienzos de 1987, convocada por la Asociación de Cooperativas Argentinas, comienzan a realizarse reuniones con el propósito de considerar algunos aspectos relacionados con las actividades de la Cooperativa Agropecuaria de Teodelina Ltda. llegándose, más tarde a acordar la fusión por incorporación. La operatoria conjunta comienza en diciembre de ese año y luego, al redactarse nuevos estatutos nace la Cooperativa Agraria Unión y Fuerza de Santa Isabel y Teodelina Ltda.
 En la actualidad la capacidad de almacenaje se encuentra distribuida en Estación Rastreador Fournier, Colonia Morgan, Desvio Km. 95, Estación Teodelina y María Teresa. Además en nuestra localidad, debido al fuerte crecimiento, se alquilan las instalaciones del molino harinero. Para el transporte del cereal cuenta con tres equipo y otro para los fertilizantes.   Además, la Cooperativa brinda al productor asesoramiento técnico, insumos, agroquímicos, semillas, fertilizantes, seguros, sistema de salud y turismo, entre otros servicios.
 En la actualidad, una de las obras emprendidas es la remodelación de la tradicional sede.
 

La creación de una nueva cooperativa del sector agrícola se plasmó el 31 de octubre de 1954, en el "Prado Español" de Mitre y Belgrano, cuando se realizó la Asamblea Constitutiva de la que dio en llamarse Cooperativa Agropecuaria Justicialista de Santa Isabel Ltda. y que quedó afiliada a la Asociación Justicialista de Cooperativas Agropecuarias Rosafé Ltda., que por ese entonces propiciaba el nacimiento de nuevas entidades. En noviembre de 1956 se le quita a la denominación de la Cooperativa el adjetivo "Justicialista", pero continúa el ansia de progreso de sus directivos y asociados, siendo el almacenaje motivo de constante inquietud ya que en su nacimiento, la Cooperativa Agropecuaria no contaba con silos propios para recepcionar las cosechas de los asociados.
 Los galpones de las estaciones ferroviarias Rastreador Fournier y Santa Isabel han sido los primeros lugares utilizados para recibir los granos que en esos tiempos se almacenaban en estibas de bolsas. En 1974 se tomó la decisión de construir la planta de silos propia con la ayuda de un préstamo del Banco de la Nación Argentina y de acciones de los asociados. La obra, realizada en el predio de la estación Santa Isabel, en Francia Brasil, concluyó en 1975. Diversas ampliaciones fueron aumentando la capacidad de almacenamiento.
 Por otra parte, después de tres décadas de largos trámites, durante el corriente año, se obtuvo la escritura definitiva del terreno de la planta de silos por parte de Ferrocarriles Argentinos a favor de la Cooperativa.
 La sede de esta cooperativa ha sido hasta el año pasado la de Mitre 1167. La edificación, que la entidad primeramente alquilaba y que luego adquirió en 1966, dejó de utilizarse al ser inaugurada la nueva casa que se ha emplazado junto a la planta de silos.
 La Cooperativa Agropecuaria, que en 2002 debió sortear un fuerte problema financiero producto de la conjunción de varios factores, pero especialmente de los devenires económicos del país, se encuentra abocada tanto a la renovación y ampliación de se sus instalaciones como en la elaboración de nuevos proyectos, siendo el de la creación de una planta de productos balanceados el que se encuentra en carpeta.
 La Cooperativa Agropecuaria, compuesta por productores de pequeñas extensiones brinda a sus asociados asesoramiento técnico, los distintos insumos necesarios para la producción, y servicios adicionales.
 

La Caja de Ahorro y Crédito de Santa Isabel Ltda. se fundó el 2 de julio de 1960, siendo la primer entidad de su tipo en el departamento Gral. López y la generadora de importantes obras en nuestra localidad a través del financiamiento de las mismas. Las Cajas de Crédito, que en un principio fueron subestimadas por el gobierno, luego evolucionaron hasta tener un importantísimo movimiento de fondos y ser, como en Santa Isabel, un pilar fundamental en el progreso económico. Por esta razón los gobiernos, alejados de las realidades de la gente, comenzaron a tomar medidas que lentamente le fueron cercenando la operatoria con la finalidad de controlar el dinero depositado.
 La última dictadura militar aumentó la presión y el control, obligando a las cajas a fusionarse y transformarse en bancos cooperativos. Así en 1977 nace el Banco Ces Coop. Ltdo. por la fusión de las Cajas de Santa Isabel, Carmen y Elortondo, un banco chico que en el movimiento cooperativo fue citado como modelo.
 En los '90, época de mayor concentración económica, ante nuevas presiones se producen dos fusiones. Primeramente, en julio de 1995 por la fusión de los bancos cooperativos Ces, Horizonte, Aliancoop, Baf, Nodecoop y parte del Local, se crea el Banco Argencoop Coop. Ltdo. con casa central en la ciudad de Santa Fe. La otra fusión se produce el 15 de diciembre de 1997 cuando el Banco Credicoop Coop. Ltdo. absorbe a los otros dos bancos cooperativos del país, el Coopesur y el Argencoop, todos integrantes del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos que fue el que propició, en su momento, la creación de las cajas.
 El Banco Credicoop Coop. Ltdo, sucesor de las cajas de crédito, ocupa en la actualidad el puesto Nº 10 del país en depósitos, manteniendo la filosofía de sus orígenes. De tal manera cada sucursal se considera un distrito que cuenta con su Comisión de Asociados las que a su vez integran las distintas zonas en que está dividido el país. De esta manera mantiene el contacto directo con las entidades intermedias de cada localidad, prestando especial atención al apoyo a las Pymes.
 

Un servicio de vital importancia es el que brinda a toda la población la Cooperativa de Agua Potable y Otros Servicios Públicos de Santa Isabel Ltda. Sus comienzos se ubican en agosto de 1977 cuando el Servicio Provincial de Agua Potable Rural (S.P.A.R) dependiente del Ministerio de Obras Públicas de la provincia comunicó a la Comuna que nuestra localidad había sido incluida en el conjunto de 15 localidades en donde se realizarían estudios de fuentes para futuras instalaciones del servicios de agua potable. Luego de realizados los estudios se aprobó un acuerdo Nación-Provincia en el cual figuraba nuestra localidad como una de las beneficiarias del servicio por el plan BID III.
 En 1978 se realizó un estudio socio-económico, necesarios para la obtención de la personería jurídica y la aprobación de los estatutos y el 31 de agosto de 1979, luego de superados algunos rasgos negativos por la falta de compenetración de la población en el proyecto, quedó constituida la Cooperativa, y la Comuna ratificó al ente la decisión de encarar la obra.
 El servicio de distribución de agua potable, después de grandes idas y venidas (como es costumbre en nuestra localidad cada vez que se realiza una obra de importancia para la comunidad) finalmente fue inaugurado el 21 de agosto de 1987. Así se dio comienzo a una etapa que posiciona a la localidad dentro de aquellas que poseen el privilegio de consumir agua potable, sin riesgos, con más de 1.000 usuarios.
 En el año 2000 y 2001 se realizaron obras financiadas por el PROPASA para abatir arsénico pero tras la crisis económica de 2001 quedaron detenidas. Ahora, con la ayuda crediticia proveniente del Banco Credicoop Coop. Ltdo. y de la Asociación Mutual del Club Belgrano, la Cooperativa prevé culminar con los trabajos en los próximos meses y tener la planta en funcionamiento antes de finalizar este año. El arsénico, elemento presente en el agua que consumimos, no era problema en los comienzos del servicio pero con el establecimiento de nuevos parámetros de calidad se hizo necesaria esta obra por lo que la Cooperativa está dando respuestas a los mismos.
 

 Co.Tra.S.I., Cooperativa de Trabajo de Santa Isabel Ltda. tiene una historia rica en hechos lamentables y también épicos, que la convierten en orgulloso sostén de alrededor de un centenar de puestos de trabajo.
 La planta de Frigorífico Fernarolo S.A. que operaba desde los '70 pasó a manos de San Sebastián S.A. en 1992. Este fue el comienzo del vaciamiento de la empresa ya que las mejores máquinas de producción de fiambres fueron enviadas a la ciudad de Colón, quedando reducida a un frigorífico de faena, desposte y fabricación de fiambres salados solamente.
 En noviembre de 2001 la firma abandonó las instalaciones dejando al personal a la deriva y sin los servicios esenciales, por lo que la mayoría de ellos decidió constituir la cooperativa para retomar las actividades de la planta, que en la actualidad se dedica a la faena y desposte de cerdos, producción de grasa y de algunos fiambres de bajo valor agregado.
 La respuesta de los iniciadores de la entidad fue la continuidad de lo que sabían hacer: trabajo digno. Primeramente el personal mantuvo guardias permanentes de vigilancia y mantenimiento técnico para salvaguardar las instalaciones del vandalismo y para mantenerlas técnicamente operativas hasta la reapertura, cobrando únicamente el Subsidio por Desempleo. Mientras tanto se generaba el proyecto para hacer resurgir al frigorífico que solo lo podría hacer con el aporte de mucha mano de obra, más que con el aporte de capital, dado que el estado de la planta hacía que fuese más viable montar una nueva que reparar la existente.
Han sido muchos los avatares que se sucedieron para que actualmente la planta esté funcionando. Basta con mencionar los vericuetos legales a los que debieron someterse los propulsores de la idea, la maraña de trámites que hubieron de cumplir para obtener el retorno de los servicios esenciales y el otorgamiento de los permisos necesarios, o los cuantiosos viajes que debieron realizar, para tener una somera idea del arduo y complejo trabajo que significó el retorno a la actividad del frigorífico. No faltaron, además, medidas de importancia y de apoyo por parte de la Comuna para concretarlo.
 En la actualidad ha vuelto a ser uno de los principales motores de la economía de Santa Isabel no solo por los retornos -aunque aún magros- del personal, sino también por lo que significa para el comercio y los servicios de la localidad y la zona. La Cooperativa exhibe con orgullo el número 001 en el Registro de Unidades Autogestionadas por los Trabajadores; éste registro es de alcance nacional estando individualizadas al momento 180.


 La más nueva de las cooperativas de Santa Isabel fue creada el 6 de agosto de 2003. Se trata de la Cooperativa de Servicios Públicos Belgrano Ltda, parte de lo que se ha dado en llamar la Red Belgrano, integrada por otras dos instituciones, el Círculo Social y Deportivo Gral. Belgrano y la Asociación Mutual del Club Belgrano.
 Con objetivos muy amplios, fundamentalmente apuntados a brindar servicios a la comunidad isabelense, en marzo de 2004 lanzó el servicio de internet dial-up (a través de módem telefónico) y luego, con una importante inversión el servicio de internet wireless de banda ancha, actualmente utilizado por empresas, comercios y socios de la Cooperativa
 Otro de los servicios que ofrece es el de telefonía IP que permite establecer comunicaciones nacionales e internacionales a costos muy bajos.
 La Cooperativa Belgrano aspira a extenderse en el área de las comunicaciones y estar atento a todo nuevo servicio que pueda beneficiar a Santa Isabel.


 Es importante destacar y recordar, que a diferencia de las empresas privadas, generalmente sociedades anónimas, el usuario de los servicios que brindan las cooperativas es un socio más, y por lo tanto tiene acceso a informaciones y explicaciones que de otro modo no las tendría. También puede, mediante las asambleas, participar de los Consejos de   Administración respectivos y ser parte de las decisiones. Estas cualidades hacen del cooperativismo la herramienta ideal para que en localidades como la nuestra podamos administrar nuestros propios recursos. 


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viernes, 3 de enero de 2014

La vieja cancha Azulgrana.

Publicado en "www.red-belgrano.com.ar" - 12/12/13

Por Norberto Dall'Occhio
   

  Muchos hinchas de General Belgrano recuerdan con cariño y con cierta nostalgia la vieja  cancha  que el Club tenía “detrás de la vía”, como suele decirse, aquella que tantos simpatizantes tienen en sus memorias.

  Desde  su fundación  en 1916  y  hasta  1926, General  Belgrano practicaba fútbol pero no tenía cancha propia  y lo hacía  en terrenos prestados.  En 1927  adquirió una manzana ubicada entre las calles Sarmiento, Misiones, San Martín y Chaco, donde se instaló el campo de juego, hasta que se compró, en la década de 1960, los terrenos donde actualmente están las  nuevas instalaciones y por entonces el club resolvió fraccionar y vender el terreno de la antigua cancha para recaudar fondos destinados a la nueva inversión. Muchos socios adquirieron buena parte de esos  lotes, que más adelante pasaron a manos de la Comuna a fin de que en ese sitio se construyera el barrio de viviendas FONAVI.

  Pasado un tiempo, en una de las esquinas, se construyeron los vestuarios, la boletería y otras dependencias que servían como vivienda a los cuidadores de la cancha. Entre los cuales se recuerdan, “La Macha” Ferreyra y el “Negro” Paulini, dos destacados jugadores  azulgranas.

  Los  belgranistas  guardan muy  gratos recuerdos de ese viejo estadio, que fue escenario de importantes acontecimientos deportivos. En las décadas de los 40, 50 y 60, cada 9 de julio, el Club organizaba un atractivo torneo relámpago, de dos días de duración en el cual participaban ocho equipos de la zona y donde se ponían en disputa hermosos  trofeos y medallas.

  Continuando con los partidos que se disputaban en la antigua cancha, se destacaban por la gran rivalidad, los clásicos con  Juventud Unida, como así también los duros enfrentamientos con  Sportsman de Villa Cañás. Principalmente esos encuentros generaban una gran expectativa en la gente del pueblo y de la zona, provocando una enorme concurrencia de público al espectáculo, que colmaban la capacidad del estadio.

  Cambiando el rumbo y yendo a las características del terreno, se puede contar que dentro de él había que ubicar el campo de juego, los vestuarios, el  alambre, o tejido olímpico, y el público. Por las dimensiones que tenía el lote, el diseño del perímetro de la cancha se hizo sobre la base de las  medidas mínimas establecidas en los reglamentos que rigen el fútbol, era denominada una “cancha chica”, como se dice en el lenguaje futbolero. Pero no solo lo era  para los jugadores, sino también para  el público. Los espectadores, por el poco espacio disponible, estaban  muy cerca de la línea de cal, a solo unos dos metros. La proximidad de la gente, sumado al calor de la lucha deportiva, a veces levantaba la temperatura del ambiente y creaban un clima muy tenso en el estadio. Durante el desarrollo del juego, los futbolistas tenían ciertos inconvenientes para ejecutar los tiros de esquina, ya que les resultaba difícil darle precisión a la pelota por el poco lugar para tomar distancia y lanzar el centro. Por su parte, los espacios destinados a los hinchas eran muy estrechos, especialmente en los sectores donde estaban los arcos.

  Hasta principios de 1.940 el campo de juego estuvo rodeado tan solo por un hilo de alambre liso, sostenido por postes, a fin de fijarle un límite a la concurrencia y evitar que se metieran dentro de la cancha. Existen muchos recuerdos de aquella época sobre triunfos épicos, días de gloria, peleas, corridas y transgresiones. En ciertas oportunidades, cuando se convertía un gol importante, algunos hinchas eufóricos y descontrolados, pasaban el hilo de alambre, evadían el control policial y salían corriendo para abrazar al autor del tanto. Otro descontrol aparecía cuando se iba a patear un penal, simpatizantes que estaban cercanos al arco, sobrepasaban primero el alambrado, la raya de cal y se metían imprudentemente dentro de la cancha invadiendo el área grande para ver de cerca el disparo desde los doce pasos. ¡Para qué hablar de lo que ocurría si el arquero atajaba el penal y daba rebote! Una confusión total, entrevero  de jugadores, mezclados con el público, gritos, una pelota en juego y un árbitro desorientado. Un tiempo después, para una mejor protección y para mantener el orden, se colocó como divisorio un grueso tejido olímpico en reemplazo de ese franqueable hilo de alambre. Continuando con la descripción del estadio, se puede decir que tenía cierta protección de los vientos, puesto que los cuatro costados que daban a la calles estaban cubiertos, además de los tejidos, por un espeso cerco de ligustros de hojas anchas y de gran altura, que impedían la visual desde las veredas. En algunos sectores destinados al público, el espacio resultaba tan reducido que cuando se desplazaban, debían hacerlo en “fila india”.

  El  problema mayor estaba detrás de los arcos, porque lo que cumplía la función de red permanente, era un grueso tejido de alambre en reemplazo de la tradicional de piolines. Por la escasez de espacio en el campo de juego, los caños que sostenían el arco y la mencionada red, invadían un metro el sector del público, por ese motivo, detrás de cada arco se producía un gran congestionamiento de gente que se desplazaba de un lugar a otro.

  Para evitar cualquier provocación al arquero, siempre al costado del arco y dentro de la cancha, pero detrás de la raya, se colocaba un agente de policía para  mantener el orden y proteger al portero. Debido a las particulares características del estadio y su entorno durante  algunos partidos trascendentes, el espectáculo que se apreciaba en el campo de juego era muy particular, se jugaba dentro de un ambiente con ánimos bastantes caldeados, los jugadores tenían frecuentes roces y discusiones con sus rivales, sumados a las airadas protestas al árbitro y los gritos del público.

  Lo descripto era el encuadre y la atmósfera especial que se vivía generalmente en esa vieja cancha, cuando General Belgrano jugaba en su condición de local, allí el equipo azulgrana se agrandaba y se hacía fuerte, era un reducto complicado para cualquier escuadra visitante, que valoraba mucho un triunfo en la recordada y difícil cancha chica del Ciclón.

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jueves, 26 de diciembre de 2013

Oscar Severini.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 62 - 20/10/05

 Esta sección nunca estaría completa si no tuviera alguna referencia a Oscar Severini, un artista isabelense al que, quienes lo conocieron, recuerdan siempre con cariño por su personalidad y por sus trabajos.

 Nacido en nuestra localidad el 9 de octubre de 1929, Oscar trabajó en varias tiendas como "La Rosarina" o "Casa Ducay". También, junto a Juan Forneris siendo conserje del Club Belgrano. Pero durante 36 años se lo vió frente a la consola de Teléfonos del Estado, luego Entel, trabajando como operador, en tiempos en que las comunicaciones no eran automáticas y había que pedir la comunicación para poder hablar. Los usuarios telefónicos de aquel entonces seguramente no habrán olvidado su voz en medio de las comunicaciones de larga distancia. "Hablaron, hablaron", decía cada tanto para saber si aún se mantenía el contacto. 

 Su faceta más importante en la sociedad fue la del espectáculo y la del arte, brindando su colaboración y talento en todas las instituciones que se lo solicitaran. Así participó en muchísimas puestas en escena, musicales o teatrales, que lo tenían como gran protagonista. Por sus dotes de bailarín, junto a su esposa "Coqui", descollaba en los escenarios locales con cualquier ritmo. Por ser dibujante y letrista realizaba infinidades de escenografías. Los carnavales de los '60, organizados por el Hospital luego de su reapertura, tuvieron el sello de Oscar, ya sea porque participaba en la construcción de carrozas o por la creación de decenas de caricaturas que luego eran colocadas en lo alto de los postes del alumbrado de los corsos.

 El actual altar de la iglesia Santa Isabel de Portugal y "la Glorieta" fueron diseñadas por él. También fue integrante del grupo que creo el parque Pinochoi y, a fines de los '70, cuando se rediseñó, pintó infinidad de caricaturas en las paredes que lo rodeaban. En diciembre de 1974 armó un árbol de navidad en el mástil de la plaza... y así siempre. Su figura no podía faltar en los festejos -como los de los Juanes, Pedros y Pablos que se realizaban en los '70 y '80- o donde hubiera creación. Infinidad de fotografías dan cuenta de ello, como la de esta nota, sacada el 30 de diciembre de 1953, en la que se lo ve dando toque finales a una caricatura (de Divito - Gentileza Banco de Imágenes de Santa Isabel) pintada sobre una pared del patio de la sede del Club Belgrano. No alcanza el espacio para describir todas las cosas en las que trabajó.

 Oscar Severini falleció el 16 diciembre de 1984 dejando un sinfín de gratos recuerdos y de buenos ejemplos a los isabelenses. 

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La pileta de Belgrano.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 55 - 16/12/04

 En el verano de 1968/69, mientras se encontraban en el natatorio de la localidad de Teodelina, a un grupo de familias simpatizantes del Círculo Social y Deportivo General Belgrano les nació la idea de la construcción de una pileta para su Club y nuestro pueblo. 

 Luego de ser presentadas a las autoridades de la Institución, la iniciativa comenzó a crecer en entusiasmo hasta formarse una Sub-Comisión de Pileta cuyos precursores fueron Ángel "Lili" Benso y Osvaldo "Nene" Farrando con la participación de Luis Perdomo, junto a un gran número de adherentes.

  Con la finalidad de recaudar los fondos necesarios se pusieron en venta distintos ciclos de temporadas por adelantado mientras que se gestionó un subsidio provincial solo para natatorios olímpicos que ofreció el entonces senador Sr. Rafael Pasquinelli. Esta última posibilidad aumentó las ambiciones del proyecto, por eso se realizaron rápidos contactos con la empresa constructora Catalini y Gómez de Villa Cañás, que en aquella época se encontraba pavimentando algunas calles de nuestro pueblo.

 Esta empresa finalmente llevó a cabo la obra que quedó habilitada a principios de 1970, en enero, siendo hasta el momento una de las más importantes de la zona con 50m. de largo por 20 m. de ancho, con una profundidad de hasta 2,50 m., y con una capacidad de alrededor de 1.500.000 lts. La inauguración oficial de la pileta olímpica se llevó a cabo el 14 de febrero de 1971.


Con lo recaudado de las ventas de las temporadas se edificaron los baños vestuarios (actualmente parte la casa de la familia de los cuidadores de Polideportivo) y la pileta. Con ramas de eucaliptus y cañas se levantó un quincho que se usaba como bufet, siendo su primer conserje Juan Bilós. Asociados y simpatizantes de todas las edades y ambos sexos colaboraron en distintas labores destinadas a limpiar, ordenar y mejorar la reciente obra.

Cuando se recibió el subsidio provincial se levantaron nuevos y más amplios vestuarios y el bar, y además se realizaron mejoras en la sede del Club.

Como datos anecdóticos se recuerda el día de la habilitación, de baja temperatura para el mes de enero, en el que las primeras personas en ingresar al agua fueron los Sres. Juan Lombardi y Francisco -Franco- Pellegrini. Por otra parte se recuerda al profesor Miguel Ángel Servio quien fue el primer bañero de la pileta y, en la temporada siguiente, lo sucedió el profesor Luis Silvestre, ambos de la ciudad de Venado Tuerto.

Otra particularidad de los primeros años fueron las carnets de asociados a la temporada de pileta en los que constaban los datos de la persona y el correspondiente certificado médico. Al llegar, éste debía entregado en la consergería donde se verificaban los datos, si estaba al día con los pagos, autorizaciones, etc. y se le entregaba a la persona una chapita con un número y un cordel que se colocaba en el traje de baño y permitía el pase a las instalaciones de la pileta.

 Con el correr del tiempo distintas comisiones fueron mejorando el lugar con canchas de distintos deportes -boley, tenis y paddle, entre otras-, mejores instalaciones, parrilleros, iluminación, mayor arboleda y parquización.

El buen cuidado de las instalaciones por parte de las sucesivas sub comisiones de pileta y de autoridades del club han hecho perdurar a la misma a través de las décadas estando aún hoy en perfecto estado de funcionamiento y prestando sus servicios a todos los isabelenses que deseen disfrutar de buenos momentos veraniegos.

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martes, 24 de diciembre de 2013

Ángel Baldessari: Futbolero, melómano, fotógrafo.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 45 - 15/10/03

  En esta oportunidad rescatamos del recuerdo a Ángel Baldessari, uno de los tantos personajes que han habitado nuestro pueblo y que es recordado por varias de sus aficiones.

    La mayoría de su vida transcurrió en la zona rural hasta que en 1966 se mudó al pueblo. Trabajó mucho tiempo con una máquina sembradora tirada por caballos lo que no le impedía escuchar la radio y dedicarse, desde muy joven, a sus colecciones. Llegó a poseer la mayoría de los números de la revista El Gráfico aparecidos entre 1931 y 1935 y la totalidad desde ese año a la fecha de su muerte ocurrida a mediado de los ‘70 cuando tenía 60 años. 

  También fue importante su colección de discos de pasta de 78 R.P.M. y de L.Ps. La mayoría eran de grandes orquestas y cantantes de tango pero también los había de intérpretes de la llamada “nueva ola”, música para la juventud que comenzó a aparecer a mediados de los cincuenta. Ángel Baldessari tuvo un fonógrafo, más adelante un tocadiscos que funcionaba con 16 pilas grandes y por último un equipo amplificador a batería que, a su turno, los fue usando en fiestas de amigos o donde se lo pidieran a las que también llevaba los discos para animar. Fue uno de los primeros Discs Jockey isabelenses.

No se sabe cual fue el destino final de los discos ni el de las revistas. Algunos dicen que cuando se mudó al pueblo trajo parte de estas colecciones pero la mayoría quedó en la pieza que habitaba en el campo y luego de un tiempo fueron quemadas porque molestaban.


  También se dedicaba a la fotografía desplegando su trabajo con familiares, en las fiestas a las que concurría o en los festejos del Club Belgrano del cual era hincha. Para iluminar el momento de las fotos usaba el viejo sistema de magnesio que provocaba un gran fogonazo. Justamente esto le valió el mote de “Fogonazo”. 

 Era además una especie de ayudante de campo, aguatero, o botiquín del equipo de fútbol del Club Belgrano.

 El otro club de sus amores era Independiente de Avellaneda, del cual tenía muchísimos conocimientos adquiridos en esas revistas y en tantas horas de radio. Se cuenta que una vez fue a una fiesta del Club en Buenos Aires a la que habían concurrido los dirigentes más importantes de la institución. Allí fue el deleite y admiración de todos al describir detalles desconocidos de equipos, goles, campañas y jugadores.


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