domingo, 17 de julio de 2016
Construcción Hormiga. Cómo hicieron el "Cine de Nereo".
Juan Amadío nos cuenta detalles de la construcción de parte del "Cine de Nereo" en la que trabajó durante años.
Cuando finalizaba la década de 1960, en Gral. López al 1000 se comenzó a levantar una monumental obra destinada a ser un cine con características inusuales para nuestra zona, al mejor estilo de las grandes salas de Capital Federal. Por diversas circunstancias, unos 10 años después se detuvo definitivamente. Un protagonista importante en la construcción del gran salón, que iba a alojar a más de mil espectadores ha sido Juan Amadío (65), integrante de una familia de constructores de nuestra localidad. Las características con que llevó a cabo el trabajo son una de las curiosidades de este relato.
¿El propietario, Nereo Ansaloni, lo contrató desde el principio de la obra?
= No, la parte del frente la hizo antes otra empresa. Yo trabajé en el salón. Era algo nuevo para Santa Isabel, porque nunca se había hecho una cosa así. Por ejemplo, los cimientos, que son de 3 metros de profundidad.
¿Cómo hicieron los cimientos?
= Creo que empezamos en el '71. Primero le pasaron, con el tractor, una pala de arrastre, y después todo a pala. Éramos unas seis personas trabajando en esa parte. Después empezamos a levantar pared desde abajo, que en la parte del escenario, donde iban a ser los camarines, es de 85 cms. de ancho porque tiene, en un hueco de 10 cm., hormigón con hidrófugo.
¿Cuáles son las medidas del escenario?
= Unos 20 mts. de ancho, que es la boca, de pared a pared, y unos 7 de fondo. Para hacer la viga de la boca, vino un cementista, yo le ayudaba. Se necesitaron más de 100 bolsas de cemento.
¿Usted levantó las paredes?
= Cuando estaban a unos 3 mts. de altura, junto con tres empleados, empezamos a trabajarlas. Cuando empecé a ir más arriba me quedé con un solo empleado, Ramón País, que hacía la mezcla y me subía los baldes y los ladrillos. Se fueron yendo los otros, porque nadie quería subir, y así llegué a los 18 mts. Muchos vinieron a pedir trabajo, pero cuando sabían que tenían que trabajar tan alto, se iban
¿Intervino algún arquitecto o ingeniero?
= Creo que fue ideado por un arquitecto, yo planos nunca vi, así que después fue todo ideado por Ansaloni.
Todas esas paredes tienen columnas, en la parte interna, y encadenado.
¿Cuántos ladrillos se usaron?
= Según mi cálculo he puesto en esas paredes cerca de 300.000 ladrillos. Y de cemento se usaron más de 4.000 bolsas. Además había que apagar la cal en un pozo que habíamos hecho al medio.
¿Con qué sistema trabajó en las alturas?
= Tenía andamios de caño, con los que podés elevarte muchísimos metros. Para desarmarlos me venía a ayudar una persona que se animaba a subir. Además teníamos armado andamios del lado de adentro también. A los ladrillos los subíamos con un balde y una soga.
Por eso la obra no acababa nunca...
= Estuve trabajando en eso durante cuatro años. A la mañana subíamos ladrillos, unos 700 a 800. A la tarde los ponía, solamente subíamos la mezcla.
Además, ibamos cargando con cemento las columnas y cada tres metros había que hacer las vigas del encadenado.
¿En ese tiempo no había otra técnica de construcción?
= Si! En esa época había empresas con otro tipo de tecnología, pero Nereo decía que no tenía apuros, así que lo hicimos entre dos. Yo lo hacía porque ganaba bien en ese trabajo, pero después ya fue un capricho el que tenía, el de hacerlo.
Un trabajo de hormigas. Algo aburridor...
= Es cierto. El progreso de la obra no se notaba mucho, pero a mi me gustaba hacerlo.
¿En qué año terminó el trabajo?
= En 1977, porque al año siguiente fuimos a remodelar el otro cine, en la Sociedad Italiana. Después pusieron los techos de chapa y más tarde paró la obra, en ese momento yo estaba revocando las paredes de adentro, está casi todo con revoque grueso. No se le iba a hacer revoque fino porque eso iba a estar cubierto con una tela especial para el sonido.
¿Qué otras características iba a tener el cine una vez finalizado?
= Cielorraso de madera, piso parquet escalonado con unos 7 cms. de diferencia. En cada nivel iba a poner una fila de butacas y en los pasillos, los escalones iban a tener unas pequeñas luces en el frente para no tropezar en la oscuridad. Una cosa impresionante.
* *
Con el folklore en el alma
Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 57 del 05/04/05
Nilda de Sunde, icono folklórico local por excelencia, rememora los mejores momentos de La Marrupeña.
Nació en Teodelina en 1941 pero cuando tenía 2 años sus padres se trasladaron a Villa Cañás donde vivió hasta sus 25 años. Al casarse se radicó en Santa Isa-bel y dio a luz a sus hijos y al movimiento folklórico más importante de la localidad.
Nilda González Farrando es conocida por su apellido de casada, Nilda Sunde, pero especialmente por su actividad de casi 32 años en La Marrupeña. De eso y de otras cuestiones estuvimos dialogando.
¿Cómo se relaciona la danza folklórica?
=En la escuela recitaba poesías, bailaba o hacíamos comedias. A los 15 años ya andaba en comisiones; con mi hermano hacíamos teatro vocacional o íbamos a la peña de Studebaker, que en ese entonces se llamaba La Huella. Estando en la organización de los carnavales que organizaba el Club conocí a Orlando, mi marido.
A mis hermanos y a mi nos gustó eso desde chicos, lo de las peñas o lo del teatro. Y el folklore nos gustaba porque mi papá defendía todo lo nacional.
Aprendí primero lo que me enseñaron en la escuela. Más adelante Aldo Alfonso, de Villa Cañás empezó a enseñarnos las danzas, hasta que, en esa peña, nos dieron clases algunos profesores. Cuando terminaba la clase, la gente se quedaba en el salón; había mate guitarra, bombos, empanadas, cuentos, historias y se seguía bailando. Solo bailé en las peñas, no me veía en los escenarios, pero el del teatro me gustó mucho.
¿Cómo fue fundada La Marrupeña?
=Un tiempo antes de casarme dejé el folklore y el teatro. Me casé, vine a vivir a Santa Isabel y tuve mis hijos.
Cuando Sergio tendría 4 años y Rafael 3, Oscar Villegas, de San Gregorio, comenzó a dar clases de danza en la Biblioteca y los anotamos. Eran unos 8 o 10 entre los que estaban Claudio y Carlos Bessone, Bibiana y Eduardo Agostinelli, Juan Alberto Mondino, Bibiana Mansilla y creo que Rosana Enrico. Ahí empezamos a conocernos con Carmen Mondino, porque su hijo era del grupo.
Villegas vino unos meses pero como había pocos alumnos dejó de hacerlo y nosotros nos quedamos con las ganas.
En esa época mi suegro era presidente de Juventud y lo consulté sobre la posibilidad de que éste profesor diera las clases en el Club. Si hay muchos chicos, me dijo, a lo mejor el Club puede ayudar.
A los padres del grupo les pareció buena la idea, así que con mi suegro fuimos a ver a este profesor y le dio la palabra de que si había algún inconveniente el Club se hacía responsable. Nunca hubo necesidad de eso porque de arranque se anotaron como 45 chicos.
¿Por qué le pusieron ese nombre?
= Apenas comenzamos en Juventud, se creó la Peña y se la llamó así.
Arrancamos el 10 de mayo de 1973 y el 29 de mayo, que era un sábado, el Club, nada que ver con la Peña, organizaba un espectáculo con Los Fronterizos. Pensé que podrían salir de padrinos y al revisar su historia vi que un tío de uno de los integrantes, Moreno, tenía una estancia en Salta donde le daba cobijo a folkloristas, escritores, poetas, bailarines. El hombre era Adolfo Marrupe y le decían el "Poncho" porque él los cobijaba a todos. La estancia es La Candelaria pero le decían La Marrupeña; para ese entonces ya estaba la zamba La Marrupeña, en honor a él y a la estancia.
Pusimos unos cuantos nombres para que los chicos eligieran, pero le contamos esta historia y ganó ese nombre. Los Fronterizos estaban re chochos, aunque después ni se habrán acordado más de nosotros.
¿Visitaron la estancia alguna vez?
=Nunca, pero nos invitaron. Una vez, cuando actuábamos en La Cumbre, unos sobrinos del "Poncho" se arrimaron, nos preguntaron el por qué de nuestro nombre y nos invitaron a la estancia.
¿Cómo llega Usted a ser profesora?
=En el segundo año siguió viniendo el mismo profesor solamente los sábados a la tarde, ahí se juntaban todos lo chicos y era un lío infernal. Entre semana, ¿quién ensayaba a los chicos? yo, porque como sabía folklore llevaba a mis chicos, me quedaba a las clases y todo lo que él daba, lo asimilaba.
Al otro año se decidió ir al festival de La Cumbre en Córdoba, y hubo que ensayar a los grupos elegidos de julio a noviembre. ¿Quien ensayaba? Nilda, y Carmen que daba una mano.
Pero aparece un problema con el ingreso de una mujer que desintegró la Peña. El profesor se vio en unos cuantos líos y adujo razones económicas para no venir más. Se fue mal con nosotros, los de la comisión, y esa mujer formó otra peña en el Armonía Bochas Club diciendo que nuestros chicos no podían dar más exámenes ni tener títulos porque Villegas era director zonal del IDAF, el Instituto de Arte Folklórico, al que estábamos incorporados desde el primer año.
El Instituto no nos mandaba profesor, porque habían engañado también a Santos Amores, el fundador y director. Pero una profesora zonal propuso a Leonor Castellanos, de Venado Tuerto, de18 años que recién se había recibido.
Yo tuve que volver a las clases, y algunas personas distanciadas de La Marrupeña le hacían la vida imposible a esta chica, que decidió terminar el año, dar los exámenes y no volver. Por eso los padres mi pidieron que yo fuera la profesora.
Carmen Mondino me ayudó a hacer las carpetas mientras yo aprendía, junto a los chicos, las danzas que me faltaban. Así que a fin de 1977, rendí los tres ciclos y el profesorado juntos.
La Marrupeña, además de sus festivales y actuaciones locales, estuvo en muchas partes del país....
=Al principio todo era a nivel infantil y competíamos en el festival de La Cumbre, pero llegó un momento en que tuvimos tantos alumnos que el 80% de los chicos se quedaba sin ir, por eso los padres resolvieron no ir más. Los más grandes premios a nivel infantil se trajeron de allí, traer dos veces seguidas la Copa Challenger era ser la mejor delegación entre otras de todo el país, y en otros años estuvimos cerca del primer premio.
También del Club Independiente de Avellaneda trajimos un premio en zamba infantil y estuvimos en importantes festivales que no eran competitivos, como el de Tucumán, al que fuimos dos o tres veces; eran tres noches en las que había que mostrar diferentes cuadros con argumentos escenificados. Haber hecho teatro me sirvió para las presentaciones, por eso muchas veces descollamos, por ser distintos.
También fuimos a festivales de la provincia de Buenos Aires o de Mendoza, pero lo grande fue Cosquín. Estuvimos muchas veces a través de las competencias, llegando a finales con parejas del Ballet y con malambos, uno de los últimos fue Claudio Pierani que llegó a la final hace tres o cuatro años.
En 1995, por invitación de Julio Mahárbiz al IDAF, fuimos a bailar a Cosquín junto a todos los bailarines del Instituto. Como es el más grande del país congregó a más de 1.000 bailarines. Unos días antes habíamos ido al Pre Cosquín porque eran finalistas Marcelo Pierani y Nerina Bustos. Marcelo llegó a la final en malambo sureño, así que nos quedamos hasta el final, y después empezó a llegar el resto de la gente. De una casa alquilada fuimos a las carpas que habían dispuesto en una cancha de fútbol para los bailarines del IDAF. Afuera estaban las de los familiares.
Fue una cosa inolvidable. Todos los integrantes del Instituto tenían que abrir la primer noche del festival mayor con una zamba de Juan de los Santos Amores. Se ensayó eso y también para el desfile que era a la tardecita. A la 1 de la tarde nos fuimos todos caminando hasta la plaza, unas 25 cuadras. Amores nos reunió a todos en el escenario... una muchedumbre, un calor... Llamó al zonal de Moreno, que es donde vivía él, y al de Tucumán, el más importante por la cantidad y calidad de los bailarines. Y me dice a mi, a ver Señora, venga para acá, adonde están Ernesto y Nerina, los quiero acá, y tráigame las mejores parejas de La Marrupeña. En el escenario estuvimos, al centro el zonal Moreno, a la derecha el zonal Tucumán y a la izquierda La Marrupeña. Y para atrás y en los pasillos de la plaza, el resto.
Tocábamos el cielo con las manos y los chicos que estaban ahí arriba, primera vez de una experiencia semejante, bailaron llorando de la emoción.
Pero estos no fueron los únicos escenarios de importancia...
= Hubo muchos. En enero de 2000, antes de ir a competir a Baradero, Erina y Ernesto fueron a ver La Chacarerata a Villa Cañás. Después de verlos bailar los invitaron a ir a Cosquín con ellos. Pero antes compitieron en Baradero y trajeron el primer premio, y en zamba estilizada, Rosana Coria y Juani Sunde el segundo. Ese año Santa Isabel los vio en Baradero y en Cosquín porque la Chacarerata los invitó y bailaron en el escenario mayor.
¿Pensó alguna vez llegar a todo esto?
=No, nunca fue pensado, salió así.
En primera instancia La Marrupeña no fue un medio de vida, durante mucho tiempo yo nunca cobré las clases, hasta que llegó un momento en que los padres y la comisión dijeron que no debía ser así. Empecé a cobrar, pero si había 40, pagaban 20, y siempre se dieron las clases. Pero luego esto se tornó una profesión importante y Amores me lo hizo sentir así, debe defender esta profesión, no debe regalarse y piense que algún día va a tener profesores a cargo, me dijo.
Y estoy contenta en eso, porque en este momento hay 13 chicas y muchachos, profesores, trabajando en mi zonal en localidades como Camilo Aldao, Cafferata, Chapuy, Elortondo, Venado Tuerto y Villa Cañás, son profesores a los que de una u otra manera les di clases.
Actualmente mi obligación es supervisar cada escuela para que se cumpla con el programa.
¿Esta ha sido su vocación?
=Mi vocación fue ser maestra, no lo pude ser y no le echo la culpa a nadie. Por eso siempre me gustó estar con los chicos. Siempre pretendí que no desaparezca, no La Marrupeña precisamente, si no la difusión de la danza criolla, y estando en un lugar de estos pude compartir lo que mis hijos hacían desde que tenían 3 años, y hoy, que tienen 30, lo sigo compartiendo. Es algo que permite estar junta a la familia y disfrutar de algo que nos gusta a todos.
¿Suele encontrarse con ex alumnos?
=El año pasado tuve una gran alegría, fui al festival de La Telesita de Villa Cañás, que es donde da clase Claudio Pierani, y me encontré con chicos, grandes, con gente que ya ni tengo en la memoria. Todos venían a saludarme con cariño y con respeto.
Eso por un lado, y por el otro, miré el escenario y entré a ver gente que a pasado por mis clases, o por las clases de mis hijos, o por las de los profesores que se han recibido con migo. Estaban las academias de mis chicos que están dando clases y que son de mi zonal.
Estoy feliz en ese sentido porque hay alguien que sigue lo que inicié.
Y que le proporciona ingresos...
=Respecto a lo que yo recibo como Directora Zonal, es un porcentaje sobre el arancel que cobra el Instituto en los exámenes. Según la cantidad de exámenes, hay un porcentaje que me dan a mi y otro al profesor.
Volviendo atrás, hay un momento en que la Marurupeña se va de Juventud a pesar de que siempre fue vista como una parte del Club...
=Era así. Tal vez porque los Sunde estábamos ahí. Siendo presidente mi suegro del Club, el dio su palabra de que si hacía falta un respaldo, lo ibamos a tener. Después fueron cambiando algunas cosas a través de los años y de los distintos presidentes y comisiones.
Pero nosotros nos sentimos parte del Club Juventud ya sea por el fútbol o por la Peña. Porque la familia de mi esposo eran del fútbol y nuestras casas eran albergues de los jugadores que Juventud traía. Nosotros no estrenamos nuestra casa, la estrenaron los jugadores del Club, por eso Juventud está en nuestro corazón, en nuestra alma. Siempre.
Si bien es cierto que nosotros y mucha gente de la Peña era de Juventud, a las personas que ingresaban, nunca se les puso algún tipo de condicionamientos. Pero algunas cosas fueron cambiando y hubo momentos en que ciertos sectores de la Institución nos rechazaron, o a lo mejor nosotros nos sentimos rechazados. O sea, el folklore se sintió rechazado, no la familia Sunde. Al suceder algunos problemas ,se pensó en buscar otro lugar.
Así nace una nueva Institución...
=La Marrupeña siempre se sostuvo por todo Santa Isabel; todo el mundo nos compró rifas o nos prestó cosas, y hubo gente que nos hizo ver esa realidad. Además el IDAF nos obligaba a denominarnos escuela y pedía una serie de requisitos que le complicaba las cosas al Club. Se juntó un poco de todo eso y en 1995 se realizó una asamblea en la que la mayoría decidió independizarse y crear la Escuela de Arte Folklórico La Marupeña.
Al principio estuvimos en el Centro Cultural, la Sociedad Italiana, hasta que cuando se cumplían las bodas de Plata encontramos el local en el que todavía estamos.
¿Cómo fue la creación del Ballet?
= Fue en 1990. Los varones, al terminar la escuela primaria no seguían bailando, en el secundario los cargaban y a los chicos les daba vergüenza . Pero se armó un grupo de chicos que eran muy firmes en lo que les gustaba, y se quedaron.
Como tenían 13, 14 o 15 años, con ellos empecé a crear cosas distintas. La Marrupeña traía artistas y nos metíamos con ellos y armábamos los cuadros y bailábamos. Uno de esos artistas fue Rubén Durán con quien nos hicimos amigos y hablamos mucho sobre el arte, la música y la danza; y empezamos a crear con Rubén. Un día me dijo: Negrita lo tuyo es un ballet, vos a este grupo no lo podés anunciar más como una peña, porque el trabajo que estás haciendo con los chicos es de avanzada. Fue la primer persona que habló de ballet y que luego fue el padrino.
Armamos un cuadro que después fue ganador en los encuentro juveniles de cultura en Santa Fe y tomado como ejemplo de danza estilizada. Ese cuadro llamó la atención, después Ernesto lo sigue perfeccionando, y todos lo que lo ven dicen que eso es propio de un ballet.
Por otra parte, Roberto Machado, que vino con Durán pero que lo conocíamos porque había sido profesor de canto y guitarra y estaba en el Trío América, con Chano Coria y con Sergio, nos llevó a un festival en Corral de Bustos como ballet principal. Cuando terminamos de actuar nos vino a saludar y felicitar un matrimonio que habían sido bailarines del Ballet Salta. A partir de esta relación trajimos al hombre unos meses para que prepare a los chicos. Con lo de él y lo mio creamos el Ballet La Marrupeña.
Con el Ballet tuvieron actuaciones internacionales...
=Fue cuando estuvimos en Brasil, en el año 2.000. Esa fue una idea de mi marido a partir de una persona que Ernesto conoció en Caferatta. Este hombre organizaba giras nacionales e internacionales con actuaciones, un empresario que se dedicaba a eso. Se lo propusimos a la Comisión que aceptó tener una charla con él para ver las posibilidades que había.
A partir de sus vinculaciones actuamos, especialmente en Foz do Iguazú, en Brasil, y en Ciudad del Este en Paraguay, un viaje que nos pagó Santa Isabel mediante la rifa que sacamos.
En realidad, siete días después de lo de Brasil teníamos que ir a Uruguay. Pero no nos llevó nunca, fuimos a verlo y todo pero nunca pasó nada.
Eso les podría haber servido para hacer importantes vínculos de trabajo
=Si estaba todo, pero nos quedamos en los cajones. Las actuaciones fueron fabulosas en todos lados. Habíamos quedado vinculados con el cónsul para que los chicos nuestros dieran clases de tango en Foz do Iguazú, en un centro cultural, pero no volvieron más.
En la cadena de hoteles más importantes de la ciudad, que tiene un centro de esparcimiento fabuloso, actuaron varias veces, con el cónsul y los dueños del hotel presentes; ellos les daban actuaciones en los hoteles de la cadena. Pero bueno, no se aprovechó.
Y también estuvimos en Oberá, Misiones, con conferencia de prensa y todo; canales, diarios... También aparecimos en los canales de Foz, o sea que adonde nos llevó, nos llevó con todo.
Hablando de viajes internacionales, cuéntenos de su experiencia de trabajo en España. ¿Cómo surgió?
=Fui en mayo de 2002 y surgió por la mala situación económica. Pensar de ir por mi cuenta imposible pero, como se habían ido Osvaldo Pierino, el "Gringo", y Silvia Nievas, y yo tengo relación con la familia de ellos, me contaron que estaban trabajando en un castillo y que la dueña, una condesa, buscaba cocinera para 15 a 20 persona en la temporada de verano.
Me animé y llamé a Silvia a España para que hablara con esa mujer. Consultaron y les dijo que si.
Yo llamé a fines de abril y me necesitaban para el 12 de junio. Me pagaban los pasajes de ida y vuelta pero yo no tenía pasaporte ni plata para hacerlo, así que fuí a de una prima que me ayudó para hacer los trámites. En ese momento los pasaportes demoraban de 6 meses a un año en salir, pero yo hice plantones en la Policía Federal y en la embajada de España, miles de cosas y papeles. Hasta que esta señora me mandó una certificación de trabajo y lo aceptaron en la embajada, a la vez que de tanto que expliqué mi situación, me hicieron el pasaporte. Vine acá, me preparé las pilchas y partí. Me ayudó mucha gente en esto, entre ellos la Sra. de Amores, me dieron unos mangos para no irme sin nada y un sobrino de ella me llevó a Ezeiza.
Hoy no se si me animaría a hacerlo.
Pero le sirvió para traer algo de plata...
=Prácticamente vivimos un año con eso y pagamos unas cuentas que teníamos.
¿Donde está ese castillo?
=En un pueblo de Cataluña, sobre el Mediterráneo, que se llama Canet de Mar. Está empotrado en la montaña y no se lo ve de ninguna parte, una vez subimos hasta una cruz que hay la cima de una montaña, y ni desde ahí se ve porque está tapado por los árboles. Es de la época de la guerra con los Moros.
¿Cuál ha sido su experiencia allí?
=Que a los trabajos de servidumbre ellos no los hacen. Había argentinos y otros sudamericanos. Marroquíes un montón, filipinos y negros africanos.
En total, trabajando éramos siete personas, los efectivos como Pierino y Silvia, que estaban en mantenimiento y otros trabajos, y una mujer que hacía la limpieza. Los demás estábamos ocupados por tres meses. .
¿Cómo era su trabajo?
= Era cocinar y planchar desde las 7 de la mañana hasta terminar, por lo general a las 5 y media de la tarde; y después volver a las 7 de la tarde para la cena. O sea que estaba ocupada todo el día.
A mi me costó muchísimo, por el trato de esta señora, no así con el resto de gente ni con el esposo; y además porque todo el día solo veía montañas. Nos daban un solo día de franco a la semana.
Ellos todos los días exigían tres platos distintos, todo a la alta escuela. Lo platos son de plata con el sello del castillo, como de 40 cm., que abarcan al resto de los platitos. Para 5 personas había que lavar unos 35 platos, las copas y los cubiertos.
Descríbanos el castillo
=Tiene paredes de 80 cm. de ancho, de piedra; las puertas son de madera maciza de unos 30 cm., las cierran con trancas que tienen que levantar entre cuatro. Escaleras, murciélagos... todo negro. Yo lo vi así. Cortinados pesados, estatuas en el salón de bailes, una araña de opalina celeste, vitrales.
Para mi era medio lúgubre, pero los domingos iban turistas y se maravillaban con las cosas que había ahí adentro. Donde yo estaba, para ver el cielo desde la cocina, tenía que subir a una silla y sacar la cabeza por una ventanita; sola, sin hablar con nadie... Solo faltaban los barrotes!
En otra ala del castillo hay una capilla desde donde, bajando por unas escaleras, se llega al cementerio y, siguiendo algunos corredores que yo no recorrí, están las mazmorras que alguna vez se habrán usado.
Vieras que cementerio! es en unas catacumbas con columnas de mármol de Carrara, todas talladas con ángeles, apóstoles y vírgenes. Además de los nichos también hay una especie de féretro de mármol tallado.
Y para arriba son tres pisos, hay dos torres, y al centro el patio de armas donde ellos hacen los conciertos.
Después cuando me tranquilicé un poco empecé a ver que eso era hermoso.
¿Qué clase de eventos se hacen ahí?
= Los que comían todos los días eran los dueños, parientes y amigos. Después estaban las visitas guiadas a turistas.
También lo alquilan para bodas, cumpleaños, cenas empresariales. El hijo de la condesa tiene una empresa de espectáculos y realizan conciertos de música sinfónica. Los sábados yo no cocinaba porque venía un servicio que preparaba en el patio de entrada las sillas con moños, flores, adornos, velas desde la entrada hasta arriba, en las escaleras. Son conciertos auspiciados por el gobierno de Cataluña y por una empresa de autos que exponía los modelos..
Fue una buena experiencia...
= Si. El dolor más grande era cuando nos juntábamos, poníamos música de folklore argentino llorábamos; y los filipinos y toda la gente así. Y la bronca... ¡Pero como nosotros, con el país que tenemos, tenemos que estar acá! Te revuelve las entrañas de tal manera que sentís dolor y bronca porque no podés hacer nada por tu patria.
¿Estuvo en otros lugares de España?
= Estuve en Cataluña donde vivieron mis bisabuelos, está la casa tal cual como estaba. Es una casucha de piedra, hacia abajo tenían la caballada y un escalón más arriba la casa. La tiene un primo de parte de mi mamá, tiene hasta las sábanas, la cómoda de mi abuela, un collage que lo hizo ella con sus hermanas con papelitos de chocolate, la olla de fundición colgada en el fogón, los morteros... Y fotos de toda la familia, hasta las que recibió de Argentina.
Volvamos a La Marrupeña. ¿Por qué no tiene la convocatorio de otros tiempos?
= Antes de dejar el Club ya no iban tantos chicos y creo que pasó el furor. Además no se qué es lo que pasa en Santa Isabel, porque en otros lados hay varias academias y muchos que bailan. Y nadie consiguió lo que consiguió La Marrupeña. Diría que el chico tiene un espejo donde mirarse para decir yo quiero ser un buen bailarín, en La Marrupeña hay buenos profesores que me van a enseñar bien. Puede ser el trato, la disciplina que se exige para el Ballet...no se, seremos muy absorbentes.
Deberían hacer una autocrítica...
=La hacemos. Y hemos intentado muchas cosas. Vimos un camino para interesar, que es el de las escuelas, intentamos hasta talleres gratuitos, pero parece que mucho no interesa.
Creo que La Marrupeña pagó un derecho de piso, colaboró siempre con las instituciones, yo diría que los profesores algo tienen que recibir en devolución de lo que dan.
¿Nos encaminamos hacia su extinción?
=Y, por ahí pienso que si. Como que se va a terminar, tanto el interés de los chicos para bailar, como la Institución.
Una de las cosas, que a lo mejor influye, es que los padres tienen que pagar la cuota al profesor y trabajar para el sostenimiento de la Institución, además del vestuario, viajes y todo eso. Es una actividad que compromete a los padres: planchar bombachas con tablitas o un vestido, el pañuelo, la faja, el sombrero...
Amo todo lo que es arte porque el artista es noble, cuando crea está creando belleza. Cuando das algo que da alegría es noble, estás ofreciendo tu corazón.
Y la danza hace eso, transporta. Te modela el cuerpo, te estiliza. Y con el folklore aprendés a querer tu patria, a tu tierra, a conectarte con lo que es tuyo, la tierra donde pisás, donde creciste.
Pero bueno, si no se entiende, qué vamos a hacer. Yo siempre quise decir esto con la danza criolla, pero si la gente no lo entiende, si no le importa, cuantas veces lo vamos a explicar.
A lo mejor sirvió de algo...
=No se, pero los que estamos en esto tenemos algo en claro, mientras haya cuatro chicos que quieran aprender, seguiremos estando.
* *
domingo, 17 de marzo de 2013
José Vargas.
Relata que estuvo unos 16 meses pasando una vida difícil. "Vivía en una casa con el dueño del kiosco y otro muchacho, pero no tenía cama, dormía en un sillón; yo quería salir de Rosario porque no me gustaba, era sacrificado, comía de vez en cuando, mi almuerzo era un remo, leche con chocolate..."
Durante los '80 conocimos a José Vargas por sus programas radiales de música y lectura. Pero no era nuevo en la localidad, porque varios años antes había estado viviendo mucho tiempo en Santa Isabel.
Los invitamos a compartir una nueva historia de vida que, como es costumbre en este espacio, las vivencias se mezclan con las historias de nuestra localidad.
¿ Como llega a Santa Isabel?
=Estando en Rosario un día un hombre, al que siempre le llevaba el diario, me ofreció ir a otro lugar. "Cuando yo viaje te aviso”, me dijo, y al poco tiempo me habló de un hotel en Santa Isabel donde necesitaban gente para trabajar en la cocina. Así que acepté la oferta y me vine en el colectivo de un tal Ventura, que era de Cañás. Yo tenía 12 años, eso sería en 1931.
¿Quienes eran los dueños del hotel?
=Eran Aurelio, un rumano, cocinero profesional, y Dafara, italiano, que puso la plata para el negocio cuando en Buenos Aires se asociaron para instalar un hotel en el interior.
¿Como fue su trabajo allí?
=Habré trabajado dos o tres días en la cocina porque Aurelio me puso a hacer los mandados y otras cosas. A él le gustaba el jardín, las flores, todo lo que sea naturaleza, mientras que el italiano no quería saber nada de todo eso. Así que yo era el encargado, por ejemplo, de comprarle en lo de Pietrobón las plantas, en un vivero que había en el chalet donde ahora está la escuela Nº 214. Debido a eso yo podía dormir un poco más, pero me fue enseñando a ser mozo, que fue el trabajo que más hice.
El hotel estaba en la esquina de Santa Fe y Sarmiento, en lo que después fue Alianak y Gioni, y ahora es "La Fachada". Pero esta gente hizo construir el Hotel Central, de Santa Fe y San Martín que terminaron en 1936, más o menos. Un hotel lindo pero que tenía la dificultad de no tener baños individuales, por eso a veces la gente retaceaba quedarse, aunque empezó a trabajar muchísimo. Venían muchos a almorzar o cenar, la mayoría viajantes. En aquel entonces en el campo se hacían chorizos, longanizas, todo tipo de fiambres, salamines a la grasa, jamones... A todo eso les hacían una muy buena presentación y la gente, especialmente los que venían de Buenos Aires, se volvían locos.
Yo salía muy poco porque siempre estaba trabajando; muchas veces, cuando ya eran las 11 de la noche, llegaba algún cliente retrasado y se quedaba hasta la una de la mañana, y lo tenía que atender. Después tuve más tiempo para salir, que fue cuando conocí a mi esposa Amelia.
¿Cuando dejó de trabajar en el Hotel Central?
=Pasó que Aurelio, el que sabía cómo manejar el hotel, se murió. Dafara, junto a una hermana de unos 60 años, decidió seguir y empezó a traer cocineros de Rosario, pero para el cliente ya no era como antes, porque estos no ponían las ganas que sí ponía Aurelio, además de hacer un gasto mayor. Así, la clientela fue mermando hasta que el italiano decidió vender, aunque no lo hizo enseguida.
En ese tiempo mi padre me ofreció un trabajo en el norte de Santa Fe, en un desmonte de Santa Margarita, departamento 9 de Julio. Trabajé en el hotel de ese lugar dos años. A las 10 de la noche ya no había luz, eran unas dos manzanas donde estaba todo el comercio y después, alrededor, gente muy pobre. Ahí todavía estaban compañías que se manejaban como La Forestal, a la gente le pagaba con vales... Se iban a trabajar cuando todavía estaba oscuro y volvían de noche. Y cuando había baile se gastaban lo poco que habían ganado. Todo era una gran pobreza.
Después, durante unos seis meses, hice el mismo trabajo en Tostado, pero me volví al Hotel Central de Santa Isabel; tenía 22 años.
¿Cómo estaban las cosas por el hotel?
=No andaban bien, la gente muchas veces protestaba por la comida, y un día Dafara me dijo, “mirá José, de ahora en adelante al que te proteste decile que se vaya". Es que muchos protestaban por cualquier cosa, y había un tipo que me tenía mal; siempre venía tarde y me prepoteaba; así que una noche le dije al dueño, y entonces fue y lo echó.
Cuando tenía 24 años, con mi mujer decidimos casarnos, hasta ese tiempo yo había vivido en el hotel. Un día recibí la carta de un primo mío, que era sub jefe de armería en el Batallón de Arsenales en Fray Luis Beltrán, diciéndome que había un trabajo para mí con un buen sueldo, por eso dejé definitivamente el hotel y nos fuimos a vivir allá. Unos años después, en 1948, el Hotel Central pasó a manos de Basignani.
¿Qué me puede decir del nuevo trabajo?
=Cuando fui había una orden de no tomar más personal. Me quedé sin trabajo, así que pasé a ser pintor de casas como empleado, lo que seguí haciendo aún cuando finalmente entré, pero reparando armamento, con un sueldo bastante bajo. También trabajaba en una fábrica de azul para blanquear ropa que había puesto mi primo, pero que se fundió.
Después de unos 6 años me pasaron al taller de galvanoplastía. Ese era un trabajo diferente, trabajaba 6 horas por ser insalubre. Ponía las piezas de metal, de armas o de vehículos, en los baños de niquelado, bronceado, cromado, etc. También hacía el empavonado, eran trabajos con varios pasos hasta lograr lo que se buscaba, y que me gustaba porque me permitía escuchar música con tranquilidad. En 1979 me jubilé y volvimos a Santa Isabel.
Siempre le gustó la música...
=La música y la lectura. A pesar de haber llegado hasta 5º grado, la lectura me permitió adquirir conocimientos. Cuando uno lee, se concentra, siente y asimila. Así viaja por todo el mundo.
Ahora, además se ha volcado a la religión...
=Después de la muerte de mi esposa decidí vivir solo, pero no me sentía bien. Por eso una amiga me acercó a la religión que me cambió la vida para bien, soy otra persona.
¿Cómo ve a los jóvenes?
=A veces la juventud está apagada. Acá hay algunos jóvenes que hacen algo, pero la juventud debería ayudar más a la gente pobre, no solamente con plata, ¿qué hacemos con que usted me de hoy de comer si mañana me ve en la calle y me ignora?. La gente necesita amor. En este momento, en que el pueblo está queriendo desprender, mejorar, los chicos deberían tratar de aprender oficios como carpintería, electricidad, etc. Eso es lo que falló en la Argentina, la falta de gente capacitada.
"El eterno". Nelso Omar Jurado.
Ex futbolista, animador de fiestas, músico, empleado y ahora comerciante, a los 70 años, el Negro nos cuenta parte de su intensa vida en estas cuestiones.
Comencemos por su niñez. ¿Donde nació?
= En María Teresa, pero vine a los tres años, yo pertenezco a Santa Isabel. Cuando yo era chico, mi papá entró a trabajar en la estancia La Lyda cuidando animales para llevar a exposiciones y cuando empecé la escuela ya me quedé en el pueblo, en una pensión que era de la Viuda de Aldabe. Mis viejos venían todos los días. Hice hasta 6º grado, y me fui a Venado Tuerto a estudiar en el colegio Sagrado Corazón, donde me recibí de perito mercantil.
Y volvió al pueblo...
=Estuve un año trabajando de pintor con el padre de Edy, mi mujer, porque no había trabajo de oficina. Trabajaba en el ferrocarril también, como ayudante en el mantenimiento de las máquinas, estaban Miguel Cugnoflis, Gabriel, Valentín Lamelza, había mucha gente, como 15 o 16 personas.
¿Cuando empezó a jugar al fútbol?
= A los 8 años en un equipo infantil de Juventud y cuando estaba en el Sagrado Corazón yo ya jugaba. En esa época no estaban las inferiores, acá se empezaba a jugar en la Segunda, y después pasabas a la primera.
En la época de la primaria yo ya era muy amigo de Aldo Vanni, ibamos juntos a la escuela y practicábamos en la cancha vieja de Belgrano, todos los días meta fútbol. Pero me fiché para Juventud, porque mi viejo era de Juventud y trabajaban con él, en la estancia, tres o cuatro muchachos que jugaban para Juventud. Aldo Vanni siempre me cargaba por esto.
Yo entré directamente en Primera a los 16 años, junto con "Beto" Benedetto y el "Zurdo" Pierani, fue en el '50. Empecé a jugar en primera y no largué más. Hubo dos años en la cual Juventud, no se por qué motivo no participó en la Liga Venadense, por eso Sportman me pidió a préstamo. Allí jugué dos años de los cuales en un año salí campeón, jugaban el "Gallego" Fassio, Martinelli, Zanotti, "Coquito" Sampietro....
¿Volvió a Juventud Unida?
=Si, en 1958 ganamos en la Fiesta del Fútbol, en la que participaron todos los equipos de la Liga Venadense y en 1959 salimos campeones. El campeonato terminó en el 60 porque las finales se jugaron en marzo.
También participamos en la copa de Iriarte en la que participaron cuadros de Junin o Chacabuco. Juventud iba reforzado, de acá fue el Negro Ribas y otros jugadores de Belgrano. Me acuerdo que una vez vino Carlitos Chabaño, que había jugado en Belgrano y estaba en Mexico, y cuando vino lo llevaron a este torneo.
¿Cuál era su puesto?
=Jugaba de 9, pero ahora se habla mucho de carrilero, de volante de ataque, de volante de contención. Antes, estaban los wing, los centrofoward, un 6. Y cuando atacaban, atacaban los cinco, era un juego distinto. Yo no era de los que se quedan estáticos, andaba por todos lados, por eso salí goleador. En el '59 le ganamos a San Martín de Chovet en la final, jugamos tres partidos. El primero 4 a 4, el segundo 2 a 2 y al tercero lo ganamos 3 a 2.
¿Cómo eran los clásicos?
= Existía eso de no pisar uno u otro club, pero ahora se ha progresado muchísimo, aunque la rivalidad futbolística siempre existió. Antes, cuando yo era chico, cuando Juventud salió campeón en el '43, había un grupo de mujeres de Belgrano y otro de Juventud que se trenzaban a las puteadas y algunas veces se iban a las manos. Yo era chico y me acuerdo de eso...
¿Cómo es esa historia de cuando lo vinieron a buscar en avión?
= En el campeonato del '59 yo fuí goleador de la Liga. Mi viejo trabajaba en La Lyda y el administrador de la estancia, un tal Olivero, que vivía en Buenos Aires había jugado para Argentino de Las Parejas, en la Liga de Cañada de Gómez. Estaba en la comisión de River y me había querido llevar a las inferiores, pero mi papá no quiso.
Y mirá lo que son las casualidades, en el 59 se lesionó el 9 que ellos tenían en Argentinos, y este Olivero, que siempre iba a Las Parejas les hablo de mí, "no tienen que ir a verlo jugar, vayan a buscarlo que va a venir", les dijo.
Y ahí llegó el avión...
= Habrá sido marzo de 1960. Un día, a eso de las 4 de la tarde empezó a dar vueltas un avión. Yo estaba en la casa de mis viejos, en el pueblo. El avión aterrizó en el campo de Mancini, detrás de lo que es ahora la Cooperativa Agropecuaria y hasta casa los trajo el taxi de Berolo. Se bajaron dos tipos y los atendí yo. "Venimos en busca de Jurado". Sí, quien ¿mi papá o yo? "No, no, el que juega al fútbol, venimos de parte del Sr. Olivero para que nos ponga en contacto con el presidente o secretario del club porque queremos que venga a jugar a Las Parejas, tiene que ser ya porque a las 7 y media cierra el libro de pases ".
Me bañé y salimos. Fuimos a lo de Sunde, el presidente, y fuimos a ver a Lantaret, y ellos decidieron no negarme el pase. Así que salimos en el avión y llegamos a las 7 y cuarto a Cañada de Gómez. Entramos nosotros a la sede de la Liga y cerraron las puertas. Ni ropa había llevado!
Esa noche comimos un asado con todos los del equipo que eran casi todos de afuera, muchos de Rosario, el otro club es Atlético, en esa época y ahora ponían mucha plata y había mucha rivalidad. Esa noche fuimos al club a comer un asado con los otros muchachos, y antes de las 11.00, nos llevaron a dormir. Al otro día era el partido, y yo jugué sin que nadie me hubiera visto hacerlo. En ese partido hice dos goles en Villa Eloísa y quedaron todos contentos.
En las Parejas estuve unos cinco años, porque después me casé y estuvimos un año y medio más viviendo allá.
¿En ese club tenía un buen sueldo?
=Esa fue otra sorpresa que me llevé. Porque acá yo nunca cobré ni quise cobrar, yo jugaba porque sentía amor a la camiseta. Y después de ese primer partido, cuando estábamos en el vestuario llegó el secretario con un sobre para cada uno. Yo no lo podía creer, eran 70 pesos de esa época, que para mí era un platal! Y te cumplían rigurosamente.
En ese tiempo que estuve no se ganaron campeonatos pero siempre andábamos medios entreverados. Los clásicos eran más bravos que los de acá, y ahora también.
Ellos me habían conseguido trabajo y estuve en las oficinas de varias fábricas.
¿Lo expulsaron alguna vez de la cancha?
= Una sola vez. Acá, en la cancha de Juventud. Yo se que estuve mal, pero por ahí da que pensar. Jugábamos con Independiente y ganábamos fácil, porque Independiente no tenía nada en ese tiempo. Y había un muchacho, Santich, un grandote, que me había pegado tantas patadas! Me marcaba y no me lo podía sacar de encima. Vos sabés que me chorreaba sangre, porque en esa época no usábamos canilleras, yo jugaba con las medias caídas, hasta que en una de esas me volvió a pegar y se cayó. Y cuando quedó en el suelo, me di vuelta y le pegué una patada en la espalda. Me echaron de la cancha.
Santich me tiró cincuenta mil trompadas, decí que se metieron los otros y no me pudo pegar ninguna. Después nos hicimos amigos y cuando nos encontramos nos acordamos de eso.
¿Se ha quedado con alguna bronca por cosas como estas?
=Nunca le he guardado rencor a ninguno. He tenido grandes rivales. En Belgrano jugaba el "Beto" Cohego y hemos sido muy amigos, con "Tito" Pellegrini o con Nello Astolfi, que pegaban, pero no porque eran malintencionados, sino porque el físico los llevaba a pegar. porque ponían el corazón en la cancha. Y sin embargo siempre fuimos amigos, igual que con otros.
¿Cómo fue la vuelta a Santa Isabel?
=El día que teníamos que partir teníamos las cosas cargadas y no sabíamos si venirnos o quedarnos. El motivo era que Edy estaba embarazada de nuestro primer hijo, nuestros padres nos querían acá, ya me habían conseguido trabajo en la Cooperativa Unión y Fuerza. Así que nos vinimos, entre a trabajar en la cooperativa y estuve 39 años hasta que me jubilé .
¿Cómo llega a vincularse con la música y la locución?
=Yo era muy amigo de Freto Angeleri, del Negro Ribas, de mucha gente de Belgrano. Y para una fiesta de aniversario del Club Belgrano, en 1973, Freto me dice: "Negro, a vos que te gusta la payasada, por qué no hacés algo para presentar en la fiesta, algún número". Y bueno, se lo comenté a Nancy Parodi y a Eduardo Rasello, los dos tocaban la guitarra. Nancy le dijo a Analía Tocchetti que también se entusiasmó y, como nos faltaba una primera guitarra, hable con Carlitos Iglina de Villa Cañás y aceptó. Comenzamos a ensayar en la Sociedad Italiana, hicimos unos cuantos temas y debutamos esa noche con el nombre de Los Arrieros.
Después de eso actuamos en Villa Cañás y en Venado Tuerto, y nos entusiasmamos, por eso me puse en contacto con los organizadores del festival de Cosquín. Nos pidieron algunos datos, una grabación y otros requisitos, y como teníamos todo, fuimos aceptados y tocamos en el escenario mayor, en la semana anterior al festival mayor de Cosquín. La plaza estaba llena de gente, nos aplaudieron y todo!.
¿Por qué le dicen "El Eterno"?
= Me lo puso Adrián Giacardi, cosa de muchachos. Porque tenía un montón de años y jugaba al fútbol con los chicos, yo jugué hasta los 63 años en los Señors, cuando los otros andaban por los 40 o 45. Está bien que no hacía mucho, pero me defendía.
También se dedicó al periodismo...
=Si, yo trabajaba en la cooperativa y a la vez tenía un programa en O.P.S.I., cuando era circuito cerrado, de doce a doce y media, que se llamaba "Jurado y sus Noticias". Todos los días llevaba gente para charlar y reportear. Era muy escuchado porque a la gente le gusta saber las cosas que pasan en el pueblo. Y en ese tiempo no había tanta televisión como ahora, por eso se escuchaba mucho.
Y ahora se sigue dedicando a estas cosas?
=No. Ahora no estoy en esos temas, solo para cantar algo en algún asado, para divertirse, para pasar el tiempo. Hay que dejar el paso a los jóvenes, aunque no me siento viejo, eh?. Yo tengo 70 años pero trato de actualizarme. No te voy a decir que me quiero hacer el joven, pero tampoco quiero quedarme atrás, que intervenís en una conversación y no sabés que decir.
Por su trabajo en la cooperativa y ahora, dedicado a la venta de maquinarias conoce bien a la gente de campo y su trabajo. ¿Cual es su opinión?
= Según mi punto de vista hay que darse cuenta de que si los chacareros ganan plata le van a dar trabajo, indirectamente a mucha gente. Cuando compran una camioneta le están dando de ganar a la agencia, al que fabrica, al que vende, a los obreros, a todo el mundo.
Por otra parte te puedo decir que el problema de nuestra zona es que estamos rodeados de estancias, no han quedado más colonos en las estancias y además, muchos vendieron el campo que tenían. Pero hay lugares, no muy lejos, en la zona de Chovet, por ejemplo, en los que todavía hay muchas chacras habitadas, son como las de antes, con sus animales y todo, pero con las comodidades actuales.
Un balance de su vida...
= Yo creo que la vida ha sido para mi muy buena porque gracias a Dios tengo unos buenos hijos, mi mujer, mis nueras, ahora tengo cuatro nietas... El balance es positivo.
Son etapas, jugué primero al fútbol, cuando se terminó esa etapa anduve con la música, con la orquesta de Cuarteto Impacto. Con mi esposa vamos a todos lados... Eso si, no tengo plata, pero no me interesa ese tema, sí vivir bien, con salud y con la familia bien.
* *
Entre historias y trabajo.
Alberto comienza con la de su familia, la de sus padres, que vivían aquí cuando Santa Isabel aun no había nacido:
=Mi padre nació en Italia y fue a trabajar a Brasil. Al lado de ellos estaba Joaquín Polverini y su esposa, que tenían una hija que se llamaba Santa. Los dos trabajaban juntos, y se miraron, se miraron, hasta que se casaron. Eso fue en el Brasil. Mi papá se llamaba José, y allá nació Alejandro Tavani. Después se vinieron a la Argentina, a Teodelina, y de Teodelina vinieron a Santa Isabel.
Ellos estuvieron antes de que se hiciera el pueblo, frente a la estación del ferrocarril (la vieja), en la esquina del campo de Las Dos Hermanas (Santa Fe y Francia). Había un almacencito, que era de Goría, Bautista y Marini. La gente venía de Villa Cañás o de Teodelina en sulki, en breque o de a caballo; iban a Melincué a pagar los impuestos, porque por acá no se cobraba nada. Entonces paraban ahí y le pedían a mi mamá una comida, una taza de mate, o un churrasquito. Y mi papá les largaba el caballo en el corral, le daba un poco de pasto y agua y, cuando terminaban, les agarraba el caballo y se iban. Y a la vuelta, volvían a hacer lo mismo.
O sea que ellos estuvieron cuando se realizó el remate que dio origen al pueblo...
= Si. El martillero de Devoto remataba los campos y mi papá le llevaba el mapa y los portafolios.
La gente quería ver donde estaba el terreno que iban a comprar. No había ninguna demarcación, nada, estaba lleno de yuyos, y mi papá los llevaba al lugar. Me acuerdo que cuando yo era chico, y ya habían pasado varios años del remate, amigos de mi padre venían a retarlo porque no les gustaba el terreno que habían comprado. Con el yuyal que había en el momento en que se hizo el remate, qué sabían si un terreno era bajo o no! Claro, cuando cortaron los yuyos, llovía y por ahí veían que se formaba una lagunita, y venían a retarlo al viejo! Qué sabía yo, decía, si estaba lleno de yuyos.
¿Qué trabajos hizo su padre?
= Él era albañil. Trabajó en la construcción de la iglesia de Melincué y en la de la alcaidía. Allá murió una hermanita de 6 meses. Mis hermanos eran Alejandro, que nació en Brasil, después Margarita, Marcelina, Edmundo, Pedro, yo, Teresa y la Ida. Criaron 11 hijos.
¿También fue campesino?
= Compró una quinta, pasando el cementerio, cuando termina la calle, después de varios años de que se había fundado el pueblo. Cuando Devoto remató otra vez, que ya se iva del pueblo la compañía, le quisieron dar el campo en el que después estuvo Dall'Ochio. Dijo, ¿si no tengo un caballo, con que lo voy a arar?
Después de unos años compró 20 hectáreas y un caballo, y con el arado de mano, el de mancera, araba la quinta. ¡Mirá vos!, ¡y ahora, las máquinas que hay!
Ahora trabaja menos gente en el campo...
= Mirá gringuito, la Biblia dice que va a haber una miseria espantosa por culpa de la misma gente, por el gran adelanto y la capacitación que tiene, que van a hacer cosas que sacan el trabajo a la gente. En el correo, en el banco, ¿cuantos había?
Yo ahora, pido el hilo por teléfono, después me voy al banco y les hago una transferencia. Cuando vengo a casa llamo a la fábrica y ellos comprueban que ya está depositado. Antes tenías que hacer el cheque, el sobre, la carta, y pagar el envío por correspondencia con aviso de retorno. Ahora ya no se hace todo eso.
Cuentan que su papá era un hombre de carácter fuerte, muy especial...
= Tuvo que criar a 11 hijos,¿ es fácil criar chicos?...
Él, hacía cosas que hoy nadie hace. Por ejemplo, en dos o tres oportunidades se fue caminando a Villa Cañás. ¿Hoy quién lo hace?
Te cuento también que cuando hicieron el mástil de la plaza, en 1935, papá hizo un cajoncito de cemento en el que pusieron todas las firmas de las autoridades y de los que trabajaban, y pusieron plata de 1 peso hasta 100, por si pasaba algo, y ahí está, en algún lugar de la base.
Por su parte Yolanda, "Yoli", nos habla brevemente de su familia, de los Arona, de cuando llegaron a la Argentina:
= Mis abuelos vinieron de Italia y compraron 1000 hectáreas en Luján, pero como el campo en ese entonces se inundaba, las vendieron y compraron 500 hectáreas acá, en la zona de Santa Lucía. Mi papá era el más grande de los hermanos y en 1910, más o menos, compró a Devoto una chacra que está cerca de la laguna de Raimondi (El Aljibe) Después, con el tiempo las distintas partes de la herencia se fueron vendiendo.
Cuéntenos, Alberto, como llegan Uds. a dedicarse al negocio textil.
= Yo, cuando tenía 13 o 14 años manejaba un camión, de esos con bigotes, que era de Mateljan.
Mateljan era cerealista y tenía el negocio en la esquina de lo que es ahora el Club Juventud, era una casa grande, compraba y vendía cereal.
Antes se cortaba el trigo y se ataba. Después se amontonaba y se emparvaba y después iba la máquina y lo trillaba. Por eso había tanto trabajo. Ahora las máquinas agarran 20 metros y al lado está el camión cargando.
Y yo hacía viajes del campo a la estación Otto Bemberg llevando el cereal en bolsas.
Después, cuando ya tenía 17 o 18 años, me entusiasmé con un camión nuevo que vendía Garabano, en Villa Cañás. El primer camión con cabina de lujo que vino a Santa Isabel, fue el mío, que me lo regaló mi papá. Un Ford cuatro cilindros. Después de un tiempito me gustó un Chevrolet que tenía más fuerza y que cargaba más, que también compramos en Villa Cañás.
Con estos camiones llevaba cereal a Rosario. Íbamos por caminos de tierra, se pasaba Melincué hasta Chabás. Ahí empezaba el asfalto, y justo en la entrada había un boliche donde parábamos cuando iba con mi papá. Él se tomaba una o dos cervezas, pero yo no, porque nunca me gustó.
Iba al puerto de Rosario, levábamos el cereal en bolsas y se descargaba todo a mano. Muchos decía que no era para mi ese trabajo, pero a mi me gustaba, cargaban las bolsas y yo las acomodaba en el camión. Y en Otto Bemberg, cuando se descargaba del camión y las cargaban en los vagones del ferrocarril, ahí tenía que descargarlas uno.
En Rosario, a veces había una cola de varias cuadras y yo miraba los camiones de todas partes. Una vez vi un International importado de norteamérica y le pregunté al dueño donde lo había comprado. Me dijo que en Junín, entonces cuando vine lo hable con papá.
¿Quien lo vende? Fulano de tal en Junín. El sábado vamos a comprarlo, me dijo. Fuimos y me vine con el camión nuevo. Cuando vino la guerra, no se fabricaban repuestos acá ni podían traerlos, entonces los colectiveros que tenían esa marca fueron al sindicato a preguntar quien tenía el camión mejor equipado. Alberto Tavani les dijeron. Me lo pagaron el doble de lo que pagué cuando lo compré, porque lo usaron para repuestos.
¿Ahí termina su vida de camionero y comienza otra?
= Si. Mi hermano Edmundo estaba estudiando violín en Buenos Aires y lo fui a visitar. Él me aconsejó dedicarme a la fabricación de medias porque conocía a amigos que hacían ese trabajo. Y me compré una máquina.
Después quería comprar otro camión más grande, pero Yoli me dijo que compremos más máquinas, y que trabajemos juntos. Y acepté, ¡y todas las máquinas que llegamos a tener! Tuvimos como 20 chicas trabajando.
Más adelante comenzamos a comprar máquinas para tejer, para hacer prendas, con las que se necesitaba menos gente para trabajar.
Ahora, mi sobrina Silvana, sigue haciendo medias por encargo. Porque Edmundo, después dejó de estudiar violín, se casó y puso también un tallercito en Santa Isabel. Ellos llegaron a fabricarles medias a Los Pumas y a Vilas.
Quienes han sido sus clientes de medias y pulloveres?
Yoli= Nosotros siempre vendimos en Venado Tuerto. Teníamos unas 6 tiendas que nos compraban. Era tanto el trabajo que cuando se iban las chicas nosotros seguíamos tejiendo hasta las 11 de la noche, porque teníamos muchos pedidos.
Ahora seguimos vendiendo, pero ya somos viejos los dos y trabajamos menos.
Alberto = Yo ya cumplí 92 años, si sabés quien quiere comprar un tallercito, se lo vendo.
Ya no quiero trabajar más... Te parece poco a vos?
Yo nací en el campo. Cuando nos casamos nos quedamos dos o tres meses allá y después compré esta casa y nos vinimos. Después con la plata del camión agrandamos y compranos las máquinas. Y siempre trabajando.
Yoli estudió de modista de chica, y ella por ejemplo te toma el contorno, de acuerdo al contorno tiene que anotar cuantas agujas pone en la máquina, te dice cuanto largo tenés que tejer.
Yoli = Y hay que tener mucha memoria, yo llevo todo en la cabeza.
Ahora estamos trabajando tres tardes por semana nada más. Si fuéramos a vender a Venado como antes no daríamos a basta. Nosotros se lo hacemos a la gente que nos pide.
También hemos vendido algo en Buenos Aires y en La Plata, ahí vendía mi nuera.
En Buenos Aires le vendimos a Gat & Chávez y también a Harrod's.
Alberto = Una vez, en Gat & Cháves, me encargaron tantas prendas que no podíamos abastecerlos, así que no fui más porque no iba a poder cumplir.
¿Desde cuando fabrican tejidos?
Yoli =A los pulloveres estamos trabajandolos desde el año '55. Durante un tiempo seguimos con las dos cosas. Teníamos 10 chicas de medias y las de pulloveres. Nosotros dejamos las medias en el año '60.
El orgullo aflora en las cara de ambos cuando deciden hablar de su hijo Eduardo. No es para menos, tienen mucho y bueno para exhibir de él
Yoli = Cuando terminó la escuela secundaria, a los 17 años, entró a estudiar en la facultad de La Plata. Porque para estudiar la carrera que el quería no había en Rosario, había en Santa Fe; y como nosotros ibamos seguido a Buenos Aires, se inscribió en la Plata donde estudió Ingeniería química. Es ingeniero, investigador, científico...
Y muestran infinidad de diplomas de todas partes del mundo que lucen su nombre en letras refinadas, mientras remata Alberto con emoción:
= El va a otros países con sus colegas, a abrir distintos congresos, pero esté donde esté, en cualquier parte del mundo, después de las 9 de la noche nos habla por teléfono, todos los días.
sábado, 16 de marzo de 2013
De carne somos.
Si bien el paisaje rural se ha modificado, al menos en nuestra zona, por la masificación de la agricultura y por la cría cada vez más difundida de estos animales en lugares cerrados, el gusto por la carne no ha disminuido y las carnicerías, en su versión moderna, insertas en supermercados, autoservicios o despensas, siguen plenamente vigentes.
Atilio Lombardi, carnicero por medio siglo en el local ubicado en 25 de mayo 1228 de Santa Isabel, nos cuenta las costumbres y formas de trabajar en este negocio. También surgen los nom-bres, de los car-niceros de otros tiempos y colaboradores, gente dedicada a satisfacer ese deseo que continúa vigente como siempre: la carne.
= En el año 1946, con mi hermano Juan que ya tenía la carnicería en el mismo lugar desde unos 7 u 8 años antes. Tuvo distintos socios como Paggi, Cavagnolo y Caldera, también la alquiló a Natalio Colombo por un año y después, cuando vine del servicio militar, en el '46, entré con él. Estuve 50 años trabajando en esa carnicería. Yo era más de salir y mi hermano de estar en el mostrador. Salía a repartir, a carnear o a tropear.
¿Cómo se abastecían de carne?
= Comprábamos vacunos en las ferias. Estaba la de Rovea, que tenía feria en Villa Cañás y acá; esa estaba donde ahora está Parodi (ruta 2-S y camino hacia Estación Fournier). Estuvo la feria de Maffia y Sarlenga, también comprábamos en Villa Cañás, de Manzino y de Vicente Cudós. Después se hizo la feria de la Cooperativa Unión y Fuerza (a unos metros del camino entre la vieja ruta 94 y Estación Fournier); que prácticamente no la manejó; primero estuvo al frente Enrique Canal y después Víctor Codutti.
También comprábamos a particulares como a Don Juan Perna. A veces un colono ofertaba dos o tres animales y se lo comprábamos. Nosotros los íbamos a buscar, yo principalmente porque mi hermano atendía el mostrador. Teníamos un caballito para llevarlos desde el campo o la feria al matadero. Más de tres o cuatro animales por vez no se podían llevar ahí porque había poco pasto. A los que comprábamos en la feria los dejábamos allí y después, a medida que íbamos precisando, los llevábamos al matadero.
De Cañás, al principio un tropero traía los animales arreando para 4 o 5 carniceros juntos, le ponía unas cinco horas. Después ya se empezó a traer en camioncitos. Se llevaban a la feria porque ahí además de los corrales había potreros. Es que en el matadero, principalmente en el invierno, no había nada de comer, se venían muy abajo, o había que llevarles fardos pero como estaban todos juntos comían también los animales de los otros.
¿Vendían otro tipo de carne que no fuera vacuna?
= Casi nunca. Después se empezaron a carnear corderos y lechones para Navidad y Año Nuevo. Era nada más que carne vacuna, y nada de vender carbón y otras cosas. Así más o menos tirabas, pero después empezó a venir eso de que con la carne sola ya no podías vivir entonces se le fueron agregando otro tipo de cosas para vender.
¿Con qué herramientas contaban?
= A la vaca la cortaba al medio yo con una sierra manual de dientes grandes y, en el mostrador, mi hermano cortaba con la otra sierra, también a mano. Más adelante, con la sierra eléctrica, la carne se empezó a trabajar mejor.
Antes se picaba la carne a mano, con la máquina de hacer chorizos, después llegaron las picadoras eléctricas.
¿Cada cuanto se hacían las ferias?
= Prácticamente todas las semanas, especialmente en el tiempo en que había dos ferias. En ese tiempo había muchos colonos tanto en Las Dos Hermanas como en La Lyda o en Las Rosas, y todos tenían sus animalitos que mandaban a la feria.
¿Qué tipo de vacunos compraban, como los elegían?
= En las ferias ya estaban los corrales hechos, después, cuando se remataban, se ofertaba y se compraba. Por lo general se carneaba novillo o vaquillonas.
¿Siempre fue así, o hubo épocas que se carneaban vacas?
= También se carneaban vacas, especialmente en el tiempo de la juntada de maíz, cuando había más salida y que venía gente de afueras. Pero si no, había que tener mercaderías buena.
La carne de vaca es más económica pero inferior. Se entreveraba, no era todo novillo, porque por ahí, en un corral comprabas vaquillonas y entre el grupo de cuatro o cinco venía alguna que ya era tipo vaca.
¿Qué cantidad de animales han llegado a vender?
= Nosotros, por ejemplo, en el tiempo de la juntada de maíz eran siete, ocho y hasta nueve animales por semana. Pero después no, ya después se carneaban cuatro por semana, o a veces cinco.
¿Qué carnicerías recuerda Usted?
= Cuando empecé estaba la de Costas, atendía Guido y en el matadero le carneaba un tal Rossi, después estaba Otamendi, la Viuda, que le carneaba el “Loco” Rueda. Otamendi era uno de los más antiguos, después murió y siguió la mujer y más adelante el hijo, la carnicería siempre estuvo en el mismo lugar (Belgrano casi Sarmiento). La carnicería de Costas (G. López al 100) también ha sido de las más antiguas, primero estaba el padre y después siguieron los hijos Enzo, Guido y Héctor. A veces yo salía a repartir al campo con Enzo.
Otro que estaba era Juan Costaguta, donde después estuvo Armando Bottacini (Mitre 1244) . Otra carnicería era le de De Filippi, que estaba donde está Audicana (Irigoyen 1158), que ahora es del frigorífico. Por ahí pasaron muchos, en un tiempo estuvo Giardini, “Yiyi” Vannni, después Bartolomé Pijuán, que era todo un personaje. A él le carneaba Eduardo Tombolini. Masciarelli estaba en la zona del hospital y tenía reparto en el pueblo con un carro, él tenía como un mostrador acomodado en el carro y una sierra y llevaba la carne.
También Colombo, ellos le alquilaron a mi hermano y después pusieron carnicería donde está el Banco de Santa Fe (San Martín y Gral. López), ahí estuvieron una punta de años hasta que después “Busi” (César Colombo) se fue a la esquina del frente.
Armando Bottacini, el “Didi”, es más nuevo. Cuando abrió revolucionó a las carnicerías con los cortes que hacía, empezó a clasificar la carne y a presentarla bien, la carne bien acomodadita en el mostrador, a cortar milanesas... Un tipo muy inteligente para trabajar la carne; lo que es pulpa era pulpa y tenía su precio, el puchero, puchero, el asado, asado...
También “Finito” Bottaccini más adelante abrió su carnicería, estaba Alonso... normalmente siempre eran unas siete u ocho carnicerías en el pueblo.
¿Cómo funcionaba el matadero?
= Eso siempre fue de la Comuna (sobre ruta 94 vieja y “la loma”) y estaba desde mucho antes que yo empezara. Había un corral, un brete y se enlazaba el animal. Antes de que se hiciera el galpón techado (1961), eran solo corrales.
A los animales los podíamos tener unos días ahí. Larripa los enlazaba, nosotros los degollábamos, le sacábamos la panza, lo cargábamos y lo traíamos a la carnicería donde se terminaba de limpiar. Pero en el matadero siempre había gente que ayudaba en los trabajos como "Polo" Herrera o Vicente Escudero
En el verano se carneaba a eso de las cuatro de la mañana. A medida que llegábamos se iba enlazando por turno; a veces a las tres ya habíamos algunos para agarrar turno, porque el que salía primero, llegaba primero al pueblo y Francisco Criado le sacaba primero el cuero. Iba a todas las carnicerías por turno, a él se le vendía el cuero y después los lavaba, los salaba y demás.
En invierno a la una, una y media de la tarde abría el matadero uno hora antes ya estamos allá, porque ya te digo, al que llegaba primero lo atendían primero.
Y se armarían algunas discusiones...
= Y, a veces se armaban discusiones... Don Natalio Colombo siempre quería salir primero, una vez hasta perdió la vaca por el camino! No es que el que terminaba primero empezaba a vender primero, si no que le sacaban el cuero antes, entonces ya se desocupaba.. Porque había también que preparar las achuras, sacar las quijadas, lavar todo...
Pero también me acuerdo de las charlas que teníamos tirados de panza en la cuneta mientras esperábamos que abriera el matadero. Nos reíamos, uno llevaba un chimento, otro, otro chimento... Y de las carreras que hacíamos para carnear, el más ligero de todos era Raúl Bazán, carneaba para Otamendi después de que había fallecido Rueda. Porque algunos tenían una persona que les carneaba. Nosotros y Armando Bottacini carneábamos lo nuestro, pero, por ejemplo, “Busi” lo tuvo a Ruiz y después a “Chocho” (Juan) Oneglia.
¿Quiénes vivieron en la casa del matadero?
= Esa casa ya estaba de antes que se hiciera el galpón del matadero (1961). Estaba Larripa y “Chocho” Oneglia habrá entrado en el '55. Esta gente, además de trabajar en el matadero también juntaba la basura. En ese tiempo el pueblo era chico y se juntaba la basura por el centro nada más, y a las 10 y media ya se desocupaban; está bien que empezaban, a lo mejor a las 4 de la mañana. Salían a juntar la basura con un carro tirado por un caballo, y era una sola persona, bajar, subir, bajar, subir.... Después la Comuna puso un tractor y un acopladito, “Chocho” lo manejaba y tenía una persona que juntaba la basura.
Que tiraban en El Bajo...
= Si, siempre tiraron en El Bajo hasta que dejaron hacerlo.
¿Con el galpón del matadero se simplificó la tarea?
= Si porque ya hacías todo allá y llegabas a la carnicería con la vaca limpia. A las achuras las preparabas en el matadero y venías al pueblo con la vaca ya pelada y la colgabas directamente.
En el galpón cada uno tenía su sitio. Eran ocho lugares, cuatro de cada lado y cada uno tenía su canilla, su manguera y su colgadero. Después había un riel en el medio para que corriera la media res colgada y poder cargarla.
Pero a principio de los '70 salió la ley federal de carnes con la que había que comprarle todo a los frigoríficos. Igualmente seguimos carneando algunos animales y terminamos en cana.
¿Por qué pasó eso?
= Comprábamos alguna media res al frigorífico y también comprábamos animales en la feria. No era que las robábamos, las comprábamos en la feria y las carneábamos allá mismo. Eso lo hacíamos con “Busi” Colombo hasta que una vez, no se si hubo una denuncia o qué, vino la policía, nos sacó la carne a nosotros, a “Busi” y a Gularte, y nos llevaron a los tres a Melincué en el “Cuartito Azul” (apodo que tenía el móvil policial de aquel tiempo, que era un Jeep con carrocería cuadrada todo pintado de azul). Llegamos a eso de las 12. A la tarde nos dieron el mate cocido y a la nochecita polenta.
Con nosotros también llevaron a “Cholo” Colombo, que trabajaba en la feria. Mi hermano Juan se salvó porque se había ido a un velorio de una tía a Rosario junto con “Quino” Salemme que era el Presidente Comunal. Así que cuando Salemme vino, habló con el jefe de policía y a la noche nos soltaron. De acá, algunos ya habían salido con colchones para nosotros pero los encontramos en el camino.
¿Les cobraron multa por eso?
= Multa no, pero al tiempo tuvimos que cumplir un mes de arresto acá en el pueblo. Íbamos a la comisaría una o dos horas todos los días. Estábamos un tiempo ahí pero teníamos la carnicería abierta, comíamos algún asado...
Les ha costado varios asados...
= Y si, si. Gularte hasta les podaba las plantas y les limpiaba el patio!
¿Cómo eran los clientes?
= Como ahora, había de todo. Pero antes la gente era menos delicada porque por lo general se compraba la carne entreverada. A la que más se le vendía era a la gente de campo que venía y compraba dos o tres kilos, y llevaba pulpa, llevaba asado, llevaba de todo.
¿Cómo conservaban la carne, por ejemplo cuando no había electricidad en el pueblo, allá por los '50?
= Era el gran dilema de esos tiempos, porque hasta que no vinieron las heladeras eléctricas grandes se complicaba bastante. Nosotros, por ejemplo, teníamos una heladera a hielo con dos puertas y en el medio poníamos dos barras de hielo que duraban tres días. A la carne que sobraba el sábado, para el lunes la conservaba al pelo. Igual era un dilema, había que hacer faltar la carne el sábado, para que no sobrara.
Acá había hielo que fabricaba Yaco Raimundi y después no hubo más, había ue ir a buscarlo a Cañás. En un tiempo Peovich los iba a buscar en una jardinera y los repartía, si no íbamos nosotros en la Ford “T” a buscarlos.
En el tiempo que no había corriente eso fue un desastre. Qué épocas malas que se vivieron, no? Y todo por política.
¿Antes, cuando no había bolsas de nailon, en que entregaban la carne?
= Y, se envolvía en papel de diario, con un pedazo, a veces, de papel blanco. Había gente que traía su plato o fuente y la llevaba así.
¿En qué horarios abrían la carnicería?
= A las 5 o 6 de la mañana ya teníamos la carnicería abierta, porque había gente que iba a trabajar al campo y pasaba a comprar, era una costumbre. En verano se abría, se ventilaba, y a las 11 ya se cerraba, ahora es la una de la tarde y todavía están abiertas. A la noche, cuando oscurecía ya se cerraba.
¿Cómo se hacía el reparto en el campo?
= Era en el tiempo de la juntada de maíz; entre marzo y junio, a veces hasta en agosto, unos cuatro meses.
Yo anotaba todo en una libreta porque en cada chacra había 8 o 10 juntadores y eran todas pesadas distintas. Se las dejaba colgadas en un gancho en una planta, porque en muchas partes llegaba temprano y algunos todavía dormían.
Mirá lo que hacíamos; me levantaba, llamaba a mi hermano para que cortara y me iba a atar el sulki que estaba en la chacra de mi otro hermano. Cuando volvía le ayudaba a cortar y a pesar. Se cocían con un hilo las pesadas para que no se mezclaran y después, a todas las pesadas de una chacra las poníamos en un gancho de mayor a menor para saber cual era una y otra, porque yo no llevaba balanza. Salía con el sulki a repartir por el campo y volvía al pueblo a eso de las once de la mañana, comía un poco y ya salía para el matadero.
¿Por qué lugares hacía el reparto?
= Tenía distintos recorridos. Un día por Las Dos Hermanas, iba al campo Rueda y por lo de Negrini, también de Zamarini, Ducevich, Valero, Milanesi, entraba en Santa Emilia, hasta lo de Parnisari y lo de Ressio; otro día salía por campo Las Rosas... Un día por un lado, otro día por otro, hasta los domingos. Después cuando empecé con la Ford “T”, la cosa era más aliviada, ya era cafiso.
Una vez que terminaba la juntada del maíz ya no se salía.
¿Cómo era la relación entre carniceros?
= Éramos bastante unidos, aunque un poco de celos había ya sea porque alguno trabajaba más que otro o lo que fuere. Nos reuníamos muy seguido, por ahí nos comíamos un asado entre todos; si había aumento en la hacienda se conversaba por el precio y poníamos los precios al otro día en pizarra.
Había veces que nos juntábamos en el matadero, en vez de venirnos para el pueblo en seguida, juntábamos un poco de achuras y nos hacíamos un asado y comíamos juntos. Nos llevábamos bastante bien.
¿Siempre se hicieron chorizos en las carnicerías?
= Si, siempre. Eran con carne de chanchos que se compraban en las chacras y que carneábamos. Nosotros hicimos muchos con Pijuán porque a veces un chancho para uno solo era mucho. Nos repartíamos a medias los chorizos, morcillas, huesitos... También trabajamos mucho tiempo así con “Busi” Colombo. Se compraba un capón o una chancha y hacíamos chorizos porque en ese tiempo no se exigían marcas ni nada.
¿Hasta cuando funcionó la carnicería?
= Mi hermano enfermó en 1989 pero yo seguí con la carnicería porque él se quedó en la casa, de socio. Después seguí solo hasta el '97, hasta que la cerré. Es que con carne solamente ya no era redituable, había que tener una especie de despensa para subsistir.
Cuando la carne empezó a traerse de los frigoríficos se terminó con tanto trabajo, pero ahí se encareció mucho más. Además las ferias ya no andaban porque en la zona empezó a haber menos animales. Cuando carneábamos teníamos las achuras, el cuero, el cebo, la quijada, que quedaban de ganancias, pero después a eso hubo que comprarlo todo y ya no era tan redituable.
Un día me decidí, vendí todo y cerré la carnicería.









