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sábado, 3 de agosto de 2019

Cómo orientarse en Santa Isabel

Orientarse en Santa Isabel es fácil. En la zona urbana no existen calles diagonales. Todas están orientadas de SE a NO y de NE a SO. 
Es decir que si en una bocacalle cualquiera, trazamos dos líneas imaginarias que, al cruzarse al medio de ésta, unan las esquinas enfrentadas diagonalmente, podremos determinar la ubicación de los puntos cardinales Norte-Sur y Este-Oeste. 
Esto mismo es para las calles de la zona rural con excepción de las comprendidas en las zonas desde Santa Lucía a estancia Las Dos Hermanas donde las mismas tienen rumbos dispares.
En 2012 la Comuna de Santa Isabel hizo colocar en el parque ARA Gral. Belgrano una placa de granito con la información de los puntos cardinales y altura sobre el nivel del mar.










Las esquinas marcan los puntos
cardinales.









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miércoles, 20 de julio de 2016

Gelato fatto in casa - Primeros heladeros

Por Norberto Oscar Dall’Occhio


Durante los veranos de finales de la década de 1930 y comienzos de la década de 1940 era habitual la presencia en las calles del pueblo de los heladeros ambulantes.

Eran personajes especiales, quienes totalmente vestidos de blanco, incluido el gorro -a pesar del rigor del calor y en plena siesta-, recorrían las desiertas y polvorientas calles montados sobre un triciclo con sombrilla o empujando con las manos un carrito con capota ofreciendo helados artesanales. Como decían algunos italianos “gelato fatto in casa”.

Mucha gente estaba en plena siesta pueblerina, cuando a eso de las tres de la tarde empezaba a sonar el cornetín que anunciaba la próxima presencia del heladero frente a su domicilio.

Especialmente los chicos tenían un oído muy agudo para escuchar a la distancia el sonido del cornetín. Eso sucedía porque era muy común que los padres le prometieran un helado a los pibes si se portaban bien. Pero las personas mayores no se quedaban a la zaga. También lo esperaban ansiosamente para saborear esos ricos y refrescantes helados.

Los gustos para elegir eran solamente tres: crema, chocolate y limón.

Era interesante ver el ritual previo a la consumición. Con una señal, el heladero se detenía frente a la casa. De inmediato levantaba la tapa del carrito y preguntaba de qué gusto querían el helado. Entonces sacaba un molde rectangular de metal colocando una oblea en la base. Lo llenaba de helado y al final le ponía otra oblea. Es decir armaba un sandwich. A continuación oprimía un botón y un resorte hacía saltar automáticamente el emparedado. Lo rodeaba con un pequeño trozo de papel blanco, lo entregaba al interesado y a partir de allí empezaba un festín que alegraba el paladar del cliente. También si la persona se lo pedía le servía el helado en un vasito de oblea acompañado con una cucharita de madera.

En Santa Isabel había dos heladeros callejeros. Uno de ellos era Mario Miculán, que poseía un triciclo. El otro era Villalba, quién lo realizaba en un carrito de dos ruedas impulsado manualmente por él.

Más adelante este sistema de venta callejera dejó de funcionar. Por razones de salubridad, en la venta ambulante sólo se podían ofrecer helados con envases especiales. Los helados de marca no existían. En aquella época las heladerías solamente trabajaban durante los meses de verano. 


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domingo, 17 de julio de 2016

Construcción Hormiga. Cómo hicieron el "Cine de Nereo".

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 61 del 21/09/05

Juan Amadío nos cuenta detalles de la construcción de parte del "Cine de Nereo" en la que trabajó durante años. 

 Cuando finalizaba la década de 1960, en Gral. López al 1000 se comenzó a levantar una monumental obra destinada a ser un cine con características inusuales para nuestra zona, al mejor estilo de las grandes salas de Capital Federal. Por diversas circunstancias, unos 10 años después se detuvo definitivamente. Un protagonista importante en la construcción del gran salón, que iba a alojar a más de mil espectadores ha sido Juan Amadío (65), integrante de una familia de constructores de nuestra localidad. Las características con que llevó a cabo el trabajo son una de las curiosidades de este relato.

 ¿El propietario, Nereo Ansaloni, lo contrató desde el principio de la obra?
= No, la parte del frente la hizo antes otra empresa. Yo trabajé en el salón. Era algo nuevo para Santa Isabel, porque nunca se había hecho una cosa así. Por ejemplo, los cimientos, que son de 3 metros de profundidad.
 ¿Cómo hicieron los cimientos?
= Creo que empezamos en el '71. Primero le pasaron, con el tractor, una pala de arrastre, y después todo a pala. Éramos unas seis personas trabajando en esa parte. Después empezamos a levantar pared desde abajo, que en la parte del escenario, donde iban a ser los camarines, es de 85 cms. de ancho porque tiene, en un hueco de 10 cm., hormigón con hidrófugo.
 ¿Cuáles son las medidas del escenario?
= Unos 20 mts. de ancho, que es la boca, de pared a pared, y unos 7 de fondo. Para hacer la viga de la boca, vino un cementista, yo le ayudaba. Se necesitaron más de 100 bolsas de cemento.
 ¿Usted levantó las paredes?
= Cuando estaban a unos 3 mts. de altura, junto con tres empleados, empezamos a trabajarlas. Cuando empecé a ir más arriba me quedé con un solo empleado, Ramón País, que hacía la mezcla y me subía los baldes y los ladrillos. Se fueron yendo los otros, porque nadie quería subir, y así llegué a los 18 mts. Muchos vinieron a pedir trabajo, pero cuando sabían que tenían que trabajar tan alto, se iban
 ¿Intervino algún arquitecto o ingeniero?
= Creo que fue ideado por un arquitecto, yo planos nunca vi, así que después fue todo ideado por Ansaloni.
Todas esas paredes tienen columnas, en la parte interna, y encadenado.
 ¿Cuántos ladrillos se usaron?
= Según mi cálculo he puesto en esas paredes cerca de 300.000 ladrillos. Y de cemento se usaron más de 4.000 bolsas. Además había que apagar la cal en un pozo que habíamos hecho al medio.
 ¿Con qué sistema trabajó en las alturas?
= Tenía andamios de caño, con los que podés elevarte muchísimos metros. Para desarmarlos me venía a ayudar una persona que se animaba a subir. Además teníamos armado andamios del lado de adentro también. A los ladrillos los subíamos con un balde y una soga.

 Por eso la obra no acababa nunca...
= Estuve trabajando en eso durante cuatro años. A la mañana subíamos ladrillos, unos 700 a 800. A la tarde los ponía, solamente subíamos la mezcla.
Además, ibamos cargando con cemento las columnas y cada tres metros había que hacer las vigas del encadenado.
 ¿En ese tiempo no había otra técnica de construcción?
= Si! En esa época había empresas con otro tipo de tecnología, pero Nereo decía que no tenía apuros, así que lo hicimos entre dos. Yo lo hacía porque ganaba bien en ese trabajo, pero después ya fue un capricho el que tenía, el de hacerlo.
 Un trabajo de hormigas. Algo aburridor...
= Es cierto. El progreso de la obra no se notaba mucho, pero a mi me gustaba hacerlo.
 ¿En qué año terminó el trabajo?
= En 1977, porque al año siguiente fuimos a remodelar el otro cine, en la Sociedad Italiana. Después pusieron los techos de chapa y más tarde paró la obra, en ese momento yo estaba revocando las paredes de adentro, está casi todo con revoque grueso. No se le iba a hacer revoque fino porque eso iba a estar cubierto con una tela especial para el sonido.
 ¿Qué otras características iba a tener el cine una vez finalizado?
= Cielorraso de madera, piso parquet escalonado con unos 7 cms. de diferencia. En cada nivel iba a poner una fila de butacas y en los pasillos, los escalones iban a tener unas pequeñas luces en el frente para no tropezar en la oscuridad. Una cosa impresionante. 




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domingo, 26 de junio de 2016

Eduardo Bastino: Un nombre para una tragedia y una calle

A partir de una consulta realizada entre alumnos de la escuela Nº 214 en 2005 y por pedido de la Comuna de Santa Isabel, el domingo 2 de abril de 2006 se impuso el nombre de "Eduardo Bastino" a la cortada ubicada en la zona norte de la localidad, que corre desde Misiones a Chaco a la altura del 800 de ambas, entre 25 de Mayo y 9 de Julio.

Al acto asistieron autoridades de Santa Isabel y familiares de Eduardo Bastino.

Si bien las razones esgrimidas por quienes eligieron este nombre durante la encuesta eran confusas o equivocadas, la posibilidad de recordar en forma permanente a este mártir isablense, producto de la locura y el afán de poder, caló hondo en las autoridades locales.

La gente más grande seguramente recuerda bien lo sucedido en 1963. Pero para las generaciones más jóvenes y para aquellos que llegaron a Santa Isabel luego de ese año, se hace necesario recorrer un poco la historia para entender el por qué de este homenaje.

La década de 1960 vio nacer dos facciones en las Fuerzas Armadas, Azules y Colorados, que se enfrentaron en 1962 y 1963, llegando al derramamiento de sangre. El último choque, el 2 de abril de 1963, se inició con un alzamiento del bando Colorado que buscó derrocar al presidente José María Guido. Ese día amaneció espléndido, propicio al plan de los conjurados, que pretendían ungir presidente a un conspirador veterano, el general retirado Benjamín Menéndez, "comandante en jefe de las fuerzas revolucionarias de Aire, Mar y Tierra". El almirante Rojas estaba entre los complotados.

La Armada se sumó casi en pleno a la sublevación. En el Ejército, los rebeldes contrarios a la cúpula Azul, encabezados por el general retirado Federico Toranzo Montero, lograron controlar algunas unidades del interior, mientras que en la Fuerza Aérea no pudo imponerse el sector minoritario del comodoro Lentino.

Para comprender esta pelea hay que retroceder a 1955, a la llamada Revolución Libertadora que derrocó a Perón y proscribió su movimiento. En 1958, Arturo Frondizi pactó y ganó las elecciones con los votos del líder del movimiento peronisra exiliado en España. Los militares no se lo perdonaron, y menos que recibiera en secreto al Che Guevara en agosto de 1961. Frondizi fue derrocado ocho meses después y en su lugar asumió el senador Guido, condicionado por el "Partido Militar".

Antiperonista, anticomunista y alentado por un puñado de conspiradores ambiciosos, el Partido Militar se dividió en dos, los Azules y los Colorados. Para los Colorados el peronismo era un movimiento sectario y violento que daba lugar al comunismo. Para los Azules, pese a su demagogia y sus abusos, el peronismo era una fuerza cristiana y nacional que había salvado a la clase obrera del comunismo y la subversión.

Los Azules ("fuerzas propias" en lenguaje militar) nacieron como tales en setiembre de 1962 y llamaron "Colorados" (los "enemigos") a sus rivales. Mediante la acción psicológica y el comunicado 150 que redactó Mariano Grondona se vendieron como "legalistas" y, tras cuatro días de escaramuzas, encumbraron a Juan Carlos Onganía como jefe del Ejército. El gobierno de Guido, con apoyo de los militares Azules, avanzaba en su estrategia de integrar al peronismo en la vida política, pero sin Perón. Los Colorados esperaban una oportunidad para tomar el poder.

El día elegido fue ese 2 de abril.
Sobre el mediodía se inició el episodio más sangriento de las jornadas: el ataque aéreo colorado al Regimiento de Caballería de Tanques 8 de Magdalena de los azules, donde estaba Eduardo Bastino haciendo el servicio militar obligatorio. El comandante de su vecina Base de Aviación Naval de Punta Indio, capitán de navío Santiago Sabarots, intimó sin éxito al jefe tanquista, coronel Alcides López Aufranc, a unirse a la revuelta. Desde una avioneta se arrojaron panfletos dando 20 minutos de plazo previos al ataque. "El escuadrón era un hormiguero, y la orden fue evacuar el cuartel. A las 12.30 comenzó a ser atacado por aviones Panther y Corsario con fuego de metralla, bombas incendiarias y destructivas", recuerda el conscripto clase 42 Hermindo Belastegui en su libro "El C-8 no se rinde", donde relata cómo fueron atacados todo el día con más de cien bombas, también de napalm. Hubo 22 heridos y 9 soldados muertos. Uno de ellos Bastino.

Al día siguiente la Fuerza Aérea "leal" contraatacó sobre Punta Indio. Cuando los blindados del 8 entraron en la base, 5 infantes de marina habían muerto y Sabarots había huido al Uruguay. También en el resto del país el alzamiento Colorado había fracasado. Los rebeldes capitularon el 5 ante el Gobierno.

Los combates de abril establecieron la victoria del bando Azul, dominado por los jefes del Arma de Caballería y el liderazgo del general Juan Carlos Onganía, sobre el conjunto de las Fuerzas Armadas y los sectores civiles y eclesiásticos que apoyaban el llamado "Partido Militar". Tres años después Onganía impondría la primera dictadura cívico-militar de carácter permanente de la historia argentina.

En julio hubo elecciones, y siguió la proscripción. Perón llamó a votar en blanco: lo hizo el 19,4%. El 12 de octubre asumió el radical Arturo Illia, con sólo el 25,1% de los votos. Sería derrocado en 1966 por los antiguos azules "legalistas", para instalar la dictadura de Onganía.

Mientras las historias de intrigas por el poder continuaros su marcha, los restos de Eduardo Bastino, de 20 años de edad, que llegaron a Santa Isabel acompañados por dos militares, fueron velados en su casa paterna de Santa Fe al 1000 y luego sepultados en el cementerio local. En el sepelio se leyeron dos discursos de despedida, uno de ellos de extrema y justificada dureza hacia los responsables de tamaña barbarie.

El domingo 2 de abril de 2006, a 44 años de su muerte, el nombre de Eduardo Bastino quedó plasmado en una calle del pueblo que lo vio nacer. 


02/04/2006 - El Presidente Comunal Juan Enrique Lombardi, La Jueza de Paz Olga Cuminetti de Sylvester y el Pbro. Nelso Raúl Trognot en el acto de imposición de nombre a la cortada Bastino.
 
 
Fuentes consultadas:  
 
 
 


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lunes, 4 de enero de 2016

Los Campitos

Por Norberto Oscar Dall’Occhio

En la década  de 1940 y  comienzos  de la de 1950  era muy común que los chicos jugaran a  la pelota en los baldíos del pueblo. A  esos  lugares se los llamaba “campitos”. Hoy  esa  costumbre se perdió, pues tanto General Belgrano como Juventud Unida brindan  la posibilidad de  que los pibes  y los  adolescentes  utilicen sus cómodas instalaciones deportivas para jugar al fútbol.

Los baldíos eran canchas improvisadas, donde los propios  pibes determinaban un perímetro imaginario. Los arcos  eran dos  montoncitos de ropa o dos ladrillos o algunas  piedras,   que reemplazaban los palos. Previamente tenía que haber un acuerdo sobre el  largo de  los arcos.  Pero a  veces sucedía que en  un descuido durante el desarrollo del partido algún  “avivado” achicaba o agrandaba el arco  según su conveniencia. Y ahí se armaba la discusión y  comenzaban los  insultos.

En el momento previo a la iniciación del partido había una ceremonia   muy importante. Era necesario formar dos equipos. Dos pibes  similares  en  su capacidad de juego se ponían frente a frente a unos cinco metros de distancia. Cada uno a su turno adelantaba un pie. Al final perdía al  que le sobraba  el pie. Acto seguido  el ganador tenía la opción de elegir primero a un compañero de equipo. Por supuesto que  elegía  al mejor del grupo. Su rival elegía otro pibe  considerado “bueno”. Seguía la elección por descarte y los considerados “pataduras” quedaban para el final, como de “relleno”. Era una forma  bastante ecuánime de armar un partido con fuerzas parejas. Según las circunstancias,  si en un momento del encuentro un equipo se distanciaba demasiado en goles convertidos se compensaba la desigualdad de fuerzas con el trueque  de un  buen jugador de un bando por otro jugador de menor nivel  del equipo rival. Es decir los pibes tenían  bien claro el sentido lúdico del juego.

Era una diversión entretenida  donde cada uno quería demostrar sus habilidades personales. Ganarle a un equipo débil era considerado  un triunfo sin gloria. Por eso buscaban formar equipos parejos. Jugaban con zapatos, zapatillas o alpargatas. Los botines para  chicos  prácticamente no existían. Salvo alguna rara excepción, ninguno  poseía  la casaca que usan los clubes de primera división. Si recién habían salido del colegio, se sacaban el guardapolvo blanco, lo doblaban  y lo dejaban al lado de uno de los   arcos,  junto con la cartera de útiles escolares. Para custodiar el arco siempre mandaban a algún pibe con poca capacidad de juego. Cuando alguien llegaba tarde y pedía ingresar,  si  lo aceptaba el grupo  se incorporaba al juego.

Estos “picados” de potrero se jugaban sin  establecer tiempo por reloj. Sólo la oscuridad de la noche o la lluvia   los hacía prescindir del juego.  Se iba a cinco goles o más. Pero en pleno  partido  generalmente surgía un inconveniente. En algún momento aparecía la madre de algunos de los pibes para decirle a viva voz al nene que estaba preparada la leche. Como a veces esa mujer era la madre del “dueño de la pelota”, el partido se  suspendía  de inmediato. 

Hoy la pregunta  lógica sería,  pero ¿cómo  no había otra pelota?  La respuesta es que no.  En   esos tiempos  las pelotas de goma o de cuero  no estaban al alcance de todos los padres. Por ese motivo  el dueño de la pelota se convertía en un personaje especial, aunque fuera un “patadura”.  Los chicos solían jugar en la calle o en la vereda  con una pelota de trapo que las madres le preparaban  rellenando medias de mujer. En los campitos se jugaba con una pelota que picara en el piso. Tenía más sabor a fútbol porque  había que dominar el balón en el aire, ya sea con los pies, el pecho o la cabeza. 


Un baldío  muy utilizado estaba ubicado en  General López y  General Roca, donde  aún hoy se mantiene en pie una vieja palmera. Lo llamaban el “Campito del Bajo”. Por su amplitud, otro baldío  concurrido por chicos y adolescentes estaba  entre las calles General Roca, Santa Fe, Italia y Brasil. Era una manzana completa, donde años más tarde se instaló la fábrica de leche en polvo. Las vías del ferrocarril no existían, pues  se construyeron recién en la década de 1950.

En José Ingenieros al 1400  había un terreno desocupado, cercano del  lugar donde actualmente se encuentra instalado el tanque de agua potable. Allí  también  los chicos armaban su picado.

En Santa Fe  al 1400  había un amplio  descampado (hoy Parque Tirelli), muy propicio para practicar  fútbol. Los pibes para jugar  achicaban el perímetro,  pero los adolescentes y mayores lo ampliaban  como si fuera una cancha  normal. Habían colocado improvisados  arcos de madera, aunque  eran  bastante precarios. Ese  baldío  dejó  de utilizarse en 1950, cuando el Ferrocarril  y la Comuna dispusieron forestar el lugar con plantaciones de eucaliptus.

En la década de 1930,  en la esquina de José Ingenieros  y Mitre, en la misma manzana  donde está el edificio de la Comuna,  había un baldío  en el cual  los pibes jugaban sus picados.

En las escuelas primarias estaba prohibido  jugar al fútbol.  Sin embargo  los varones no podían impedir su impulso  futbolero  y en algún descuido de la celadora   improvisaban un mini  picadito con una pequeña pelota y algunas veces hasta con una naranja.  Pero  solía suceder  que en  forma inesperada  aparecía la maestra  y  les  incautaba la pelota además  de  la consiguiente reprimenda.

En la década de 1940 aparecieron en el pueblo  las canchas de Baby Fútbol. Para los pibes fue toda una novedad, ya que les permitía jugar en una cancha marcada, con arcos de madera(a veces  con red), con pelota de cuero y con vestimenta  similar a la que usaban  sus ídolos, los  jugadores mayores que integraban  los clubes de primera división. 


General Belgrano instaló su cancha de Baby  Fútbol,  que tenía luz artificial,  en el predio ubicado en General López  esquina  25 de Mayo  y Juventud Unida en las instalaciones contiguas a la Sociedad Italiana.  En esos lugares se organizaban importantes partidos  y torneos  diurnos y nocturnos con la intervención de equipos de la zona. Los cotejos contaban con la concurrencia de mucho público, que en algunas circunstancias,  por la atracción que ejercían, colmaban totalmente la capacidad  de  esos  mini estadios deportivos.

A  partir de 1949  se iniciaron en el país  la disputa de los Torneos Infantiles  “Evita”, promovidos por la Fundación “Eva Perón”. A partir de 1950 la Comuna local  todos los años formaba un equipo de pibes que representaba al pueblo. Los jóvenes  enfrentaban a equipos similares de la región.

Esta es una breve historia de los baldíos y los campitos del pueblo. Esos  potreros  fueron excelentes “semilleros”  y dieron lugar a la formación de destacados futbolistas  que posteriormente  se desempeñaron en equipos locales y algunos de ellos triunfaron en la región integrando elencos de clubes de primer nivel.    

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miércoles, 30 de diciembre de 2015

El Gordo de Navidad

Por Norberto Oscar Dall’Occhio 

Se acercaban las fiestas de fin de año y comenzaban los preparativos para su festejo, aunque fuera de manera muy modesta. La Comuna en esos momentos era presidida por Santiago Raimondi. El país tenía un presidente de facto, el general Edelmiro J. Farrell, quien de alguna manera facilitó la carrera política del entonces coronel Juan Domingo Perón, que llegó a ocupar varios puestos claves en el Poder Ejecutivo. Es decir, a partir de los cargos que  desempeñaba en el Gobierno, Perón comienza  a lanzar una corriente de pensamiento de carácter nacional y popular  de enorme gravitación en el país, cuyos principios básicos aún hoy tienen plena vigencia en nuestra vida política.

En lo deportivo Juventud Unida continuaba festejando el título obtenido en el campeonato de la Liga Venadense de Fútbol y Boca Juniors hacía lo mismo con otro campeonato  logrado en el fútbol profesional.

En el orden internacional proseguía la Segunda Guerra Mundial. Debido al conflicto bélico la Argentina no podía exportar a Europa su producción agrícola y se habían acumulado  varias cosechas de maíz sin vender. Había falta de insumos importados de todo tipo. Una difícil situación para el país con la consiguiente repercusión en la vida social y económica  de toda la población.

 A pesar de esas penurias económicas la vida continuaba. Así llegamos al  viernes 22 de diciembre de 1944. Para la gente de Santa Isabel no fue un día más. Al mediodía de esa calurosa jornada de verano un hecho inesperado conmocionó el pueblo. En el sorteo del Gordo de Navidad  de la Lotería Nacional realizado en la Capital Federal (se transmitía por radio) había salido con el primer premio el número 11.880. Los diez  décimos correspondientes a la Lotería de Santa Fe -que jugaba junto con la Nacional- fueron vendidos por la Agencia de Lotería de Santiago Lorenzatti, ubicada en la esquina de General López y Sarmiento.

Resultaron varias las personas del pueblo que gracias a un golpe de suerte, el número  11.880 les cambió la vida. Entre los favorecidos estaban José Costas, el médico Alfredo  Horsman, Juan Benso, Emilio  Fontana, los dueños del Hotel Central: Aurelio y Dafara, quienes le habían dado participación en el billete a Felice y a Negri. Otros  ganadores  fueron  dos productores agropecuarios: Millet  y  Juan  Paganini y también un almacenero español al que algunos lo  llamaban “Yesca”, que tenía su negocio  ubicado "atrás de la vía".

La noticia corrió como reguero de pólvora por la zona  y en el pueblo había comentarios de todo tipo, desde aquéllos que decían que habían tenido el billete en sus manos y lo cambiaron por otro número hasta los que vieron el billete colgado en la vidriera y no pudieron adquirirlo porque no tenían plata en ese momento. Abundaban muchas  anécdotas y por supuesto aparecían las especulaciones acerca de qué harían los nuevos ricos con tanto dinero.

Entre las anécdotas había una muy llamativa. El día del sorteo del Gordo de Navidad el agenciero Lorenzatti estaba preocupado porque se acercaba el mediodía y aún tenía sin vender varios billetes incluido dos décimos del 11.880. A fin de colocarlos se dirigió a la casa de los hermanos Rossi ubicada en la esquina de 25 de Mayo y General López. Allí les ofreció dos billetes con el número 11.880 a los dueños de casa y luego del consabido parloteo logró convencer a uno de ellos y se los dejó. Lorenzatti tomó el camino del retorno y cuando había hecho una cuadra por General López sorpresivamente se acercó corriendo uno de los Rossi para decirle que sus hermanos no querían ese número porque no les  gustaba y pidió que se lo cambiara por otro billete. El agenciero hizo el  cambio y se dirigió directamente al consultorio del Dr. Alfredo Horsmann, que alquilaba la casa ubicada en General López 1323. El médico le dijo que no quería comprarlos pues no tenía dinero. Por la inminencia del comienzo del sorteo y antes de quedarse con lo que consideraba "un clavo", Lorenzatti muy desesperado le puso los dos décimos del número 11.880 doblados en el bolsillito de arriba del saco y le dijo: "Doctor, después me los paga". Cosas del destino.

Las malas lenguas dicen que los hermanos Rossi estuvieron  tres días seguidos con hielo en la cabeza. No es para menos. El azar les jugó una mala pasada.

Algunos vecinos recuerdan que la esposa de Juan Benso, al enterarse por boca de un joven que llegó corriendo a su domicilio y muy agitado le  informó que había ganado la Grande, con una alegría incontenible, espontáneamente salió presurosa de su casa y comenzó a correr por las calles del pueblo gritando ¡¡¡sooomos riiiicoos¡¡¡. Dicen que al joven que le trajo la buena nueva luego le regalaron un traje a medida. Benso explotaba la cancha de pelota a paleta ubicada en Belgrano y Francia y allí vivía con su familia. Después la explotación de la cancha pasó a manos de Valentín "Valengo"” Romero (jugador de Juventud Unida).

¿Y qué destino le dieron los afortunados ganadores al dinero? Por ejemplo, don José Costas compró más de cien hectáreas de campo pertenecientes a Victorio Dedominici. La chacra estaba  ubicada cercana al pueblo, en el sector oeste. Por su parte Juan Benso adquirió un camión de transporte y una vivienda. Más adelante formó parte de una sociedad propietaria del "Frigorífico Santa Isabel". Juan Paganini se convirtió en empresario y años después se asoció con Abelino De Dios de Villa Cañás y con Francisco Farrando. La sociedad adquirió a Angel Ferro las instalaciones del antiguo molino harinero de la calle General López y Rivadavia.

Cabe aclarar que en aquella época no existía en el país el cúmulo y la diversidad de juegos de azar como ocurre en la actualidad. Por lo tanto el sorteo del Gordo de Navidad era muy esperado por la población en todo el territorio argentino y creaba una enorme expectativa en la gente que aguardaba ansiosa el sorteo, con la esperanza de "salir de pobres", como decían algunos. 


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miércoles, 22 de julio de 2015

Administración Devoto

Publicado en "Acercar a la Gente"  47 - 20/12/03

 El primitivo remate fundacional de Santa Isabel del 8 y 9 de febrero de 1908 no fue suficiente para que se vendieran todos los lotes que figuraban en el proyecto de la empresa Devoto & Cía., propietaria del campo La Colina, y gran parte de ellos quedaron sin nuevos dueños. 
   Varios años después, en 1915, se llevó a cabo otro remate, también ordenado por esta empresa pero en este caso no se realizó en ninguna carpa levantada para el acontecimiento, como ocurrió en 1908, sino en un local ocupado por el comerciante Nicolás Mateljan, de la esquina de Belgrano y San Martín, sobre lo que ahora es la galería comercial del Club Juventud Unida.

 Posteriormente, como nuevamente quedaron lotes y terrenos sin vender, el administrador de la firma continuó la venta particular y en estas condiciones tuvieron salida los restantes.

  Santiago Raimondi (padre) fue este administrador, cargo que comprendía no solo la venta de los terrenos sino también el cobro de las cuotas de los que habían sido vendidos a plazos.

  Raimondi, desde la casilla de la administración, que estuvo en pie hasta al menos 1933, pudo observar el desarrollo de Santa Isabel en sus primeros años. Esta casilla, desaparecida hace ya mucho tiempo, tiene su historia debido a que fue allí donde se firmaron los primeros contratos de venta del campo La Colina, hoy Santa Isabel. Fue construida por un cerealista de Teodelina de apellido Cardala el cual la trajo hasta aquí. Más tarde fue cambiada de lugar utilizando siete yuntas de bueyes y luego, en 1915, fue ocupada por el primer comisario que tuvo el pueblo, José Juárez.

  En 1917 la sociedad Devoto y Cía. transfirió todos los bienes que poseía en Santa Isabel a Elina Pombo de Devoto. Para 1933 aún había algunos terrenos sin vender y los sucesores tenían al escribano Adolfo Bulrich de Villa Cañás y al Sr. José Ronco de Santa Isabel como representantes.



La casilla de la administración Devoto.











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jueves, 2 de enero de 2014

Plaza 9 de Julio.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 105 - 25/11/09  

 Delimitada por las calles Belgrano, Mitre, José Ingenieros y 25 de Mayo, esta manzana, la Nº 60, fue asignada a plaza por la empresa que realizó la colonización, Devoto & Cía., en cumplimiento de una ley provincial que la obligaba a destinar terrenos para ese y otros fines, a cambio de la exención de ciertos impuestos.

En algún lugar de este lote se colocó la piedra fundamental del pueblo cuando se realizó el remate de tierras que le dio origen, los días 8 y 9 de febrero de 1908.

 Por supuesto, en un principio sólo fue un solar plagado de yuyos en el que, según relatos, en más de una oportunidad ha pastado el ganado.

 En 1913 la plaza ya contaba con algunos árboles. Esto se desprende de las actas comunales que hablan sobre el recambio de árboles como así también de que el terreno fue arado completamente.

Para mediados de la década de 1920 los árboles habían prosperado, se había instalado la iluminación y ya era un lugar de esparcimiento.

 En 1930 el nombre de 9 de Julio fue cambiado por el de 6 de Septiembre en conmemoración al golpe de estado que ese día de 1930 destituyó a Yrigoyen. En 1933 fue restituida su denominación original.

 En los últimos años de la década de 1930 y los primeros de la de 1940 la plaza fue remodelada totalmente y se levantó el mástil, ícono y orgullo isabelense, cuya altura es de 33 m.


 
Según el relato de uno de los obreros de esta remodelación, Adolfo Amadío, la obra se comenzó en 1939 y se terminó en 1940. El mástil fue armado en el suelo y luego colocado por una empresa rosarina cuyos obreros eran de origen alemán, quienes utilizaban este idioma para comunicarse durante los trabajos.

  Primeramente se hizo una base de cemento de 3m. de diámetro por 2m. de profundidad desde el nivel del suelo y, en el centro, 1m. cúbico más hacia abajo. Para colocarlo armaron una torre más alta que el propio mástil, con una pluma lo pararon y luego le colocaron una rienda hacia cada esquina de la plaza para ponerlo a plomo. La parte en que asienta sobre el cemento es de hierro amarrada a la base mediante cuatro bulones.

 
 La explanada original fue realizada por los constructores Calcaprina y Dazi. Pero a pesar de su belleza no se terminó y fue desarmada poco tiempo después porque generaba ciertas incomo-didades al izar la bandera. Por este motivo, luego de algunos años, se le quitó la parte superior. Hugo Larripa, obrero de la remodelación de la explanada, contó que al haberle sacado parte del sustento superior, el mástil oscilaba mucho, se temía que hubiese filtraciones de agua y que, finalmente, se cortara. Sixto Boschetti se hizo cargo de la obra de remodelación de la explanada alrededor del año 1945, dándole el aspecto que aún permanece, cuyas escalinatas pertenecen al proyecto original.  En cuanto a los demás trabajos de remodelación de la plaza, estos se terminaron en septiembre de 1940. Se hicieron las veredas, se colocaron cables subterráneos y cañerías para el riego, y, entre otras cosas, se colocaron nuevos bancos (los antiguos aún existen ubicados en el parque del Hospital Miguel Rueda). Fue una gran obra para la época, que tenía una estética paisajística integral y que fue motivo de orgullo durante varias décadas.  Con el correr del tiempo se le fueron agregando nuevas ornamentaciones y árboles que fueron alejándose de la idea original.


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Algunas Instituciones y agrupaciones que ya no están


Publicado en "Acercar a la Gente"
Nº 102 - 27/08/09 
 
  Además de la Sociedad Española de Socorros Mutuos, cuya historia que se extendió desde 1910 hasta 1975 detallamos en el número anterior, en Santa Isabel existieron muchas organizaciones o instituciones que con el correr del tiempo fueron desapareciendo. Este es un resumen de la existencia de algunas de ellas.

 Los libros de Actas y Copiadores de Cartas de la Comuna de Santa Isabel dan cuenta de varias de estas organizaciones. El 6 de abril de 1916, la Comisión de Fomento cedió la plaza pública al “Footbal Club Rivadavia” para construir una cancha de fútbol. El 22 de diciembre de 1926 concedió permiso para realizar un baile al “Club Atlético Centenario”. El 8 de junio de 1927, envió una nota a la presidenta del “Club de Tennis” pidiéndole que cortaran las malezas y limpiaran la cancha que se encontraba en la plaza pública pues, decía, su estado era lamentable. El 4 de octubre de 1930, una “Comisión de Señoritas” pidió prestado a la Comuna los objetos del juego de tenis. Tres años más tarde se cita a Esteban Boveris como presidente del “Lawn Tennis Club”. En diciembre de 1938 el “Club Sportivo Las Rosas” solicitó permiso para realizar un baile. En ese mismo año estaba organizado el “Club Juventud Agraria” que para marzo de 1950 aún existía. En 1941 se cita funcionando al “Club Atlético La Lyda”.

 Por otra parte, en 1924 se fundó la Sociedad Argentina de Socorros Mutuos y en 1930 la Biblioteca Pública D. F. Sarmiento”Las dos entidades desaparecieron al fusionarse y dar nacimiento, el 2 de septiembre de 1953, a la actual Asociación Cultural Domingo Faustino Sarmiento.

 El 28 de agosto de 1912 se colocó la piedra fundamental del edificio de la Sociedad Italiana Humberto Primo, entidad que habría nacido a partir de la escisión de un grupo que integraba la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos. Su edificio se levantó en Gral López al 1100, en un terreno que pertenece a la Cooperativa de Agua Potable. Allí funcionó el denominado Cine Gardel. No se conoce exactamente la fecha de fundación ni cuando dejó de funcionar la entidad como tal.

 En 1962 se conformó la Asociación Jóvenes Isabelenses (A.J.I.) con la finalidad de contribuir al mejoramiento de la localidad. Solamente se sostuvo durante unos seis meses pero su labor fue intensa. Entre otras cosas esbozó un proyecto de parquización de terrenos del ferrocarril -que no se plasmó- con la participación de profesionales y llevó a cabo la pintada de los troncos del arbolado público. Algunos de sus integrantes eran Enrique Canal, Humberto Albanesi, Rubén Benso, Jorge Tirelli, Gerardo Salemme, Norma Achilli, Vilma Dall'Ochio, Mirna Sánchez, Elvio Martínez, Hugo Pessino, Estrella Bendaham, Norberto L. Salemme, etc. Sus reuniones se realizaban en la sede de la Asociación Cultural D. F. Sarmiento.

 La Agrupación de Atletismo de Santa Isabel (A.D.A.S.I.) se conformó el 21 de agosto de 1973 con el anhelo de lograr un grupo de niños y jóvenes aunados a través de la práctica de este deporte y con el deseo de obtener mejores niveles para la educación física. El cuerpo técnico estuvo integrado por los profesores de Educación Física, Ilda Imnocenzi (quien era directora de la escuela Nº 779 D. F. Sarmiento) y José Ángel Rubín, además de la entrenadora Alicia Cuminetti. Se disolvió en 1977.

 El 1º de junio de 1982 fundó el Club de Servicios Comunitarios. Sus directivos eran Felipe Floridi, Próspero Antonio Risso, Albino E. A. Gobbi, Humberto Carpi, Agustín Leal, Oscar Stiepovich, Umberto Pennacchietti, Carlos Casadei, Alberto Fassi, Enrique Canal, Emilio Pellegrini, Adolfo Leidi, Juan C. Luporini, Pedro Viccei, Osvaldo Saez, Arístides Catini, Eduardo Mercé y Miguel Mercé. Surgió para reanudar las actividades que realizaba el Club de Leones de Santa Isabel. Éste había sido constituido el 12 de junio de 1975. Sus socios fundadores fueron Atilio Fassi, José Tocchetti, Pedro Viccei, Emilio Pellegrini, Dante Pellegrini, Oscar Stiepovich, Próspero Antonio Risso, José A. Rubín, Albino E. A. Gobbi, Pedro Ballachino, Mario Bosertnizan, Arístides Catini, Oscar Dellacha, Alberto Fassi, Felipe Floridi, Víctor Glavinovich, Heriberto Latini, Adolfo Leidi, Enrique Canal y Mateo Matiacich. En marzo de 2005, mediante un convenio celebrado con la Asociación Hospital Miguel Rueda le transfirió a esta última sus bienes y servicio y, tras el mismo, el Club de Servicios Comunitarios quedó inactivo.

 La Peña Tradicionalista Refugio de amistad fue fundada en 1980 por Hugo Arrac, Julio Gilardone, Nelson Favaro y Mario Focquart, participando en desfiles criollos en distintas ciudades. El nombre fue dado por el Sr. Juan Herrera. Al grupo original se fueron agregando más integrantes, entre ellos Edsel Gilardone, Jorge Tazzioli, Luis Milanesi, hermanos Codutti, "Leo" Flamini, Rionda, Martín Nierumberg, "Pancho" Coria e hijo, Daniel Merlo, Juan Vélez, Daniel Zanni, Marcelo Hernando, José Carlos Romero, Ricardo Donadío, José Cebrero, Esteban Tiseira, Leandro Mercé, Juan Herrera, etc.
Sus actividades, que generalmente se desarrollaban en Sarmiento y ruta 94, eran variadas: jineteadas, carreras de sortijas, juegos de riendas, etc. En 1998 la agrupación se disolvió al disminuir la cantidad de miembros y su posibilidad de mantenerla en funcionamiento.

 Infantiles Santa Isabel (I.S.I.) se creó con la finalidad de fomentar la práctica del fútbol entre los niños de la localidad y competir en ligas infantiles. Este grupo se formó en 1984 siendo su primer Presidente el Sr. Francisco Vivas. Además lo integraban, entre otros, Juan Carlos Oneglia, Rubén Benso, Adalberto Oneglia, Juan Carlos Balassone, Rosendo Cicci, Raúl Roggeri, Ignacio "Pochi" Pérez, Jorge "Ruso" Giménez y Oscar Donatti. Adquirió un predio de dos manzanas situadas entre 25 de Mayo, Urquiza y Sarmiento en donde construyeron canchas de fútbol y un quincho que, además de ser la sede, funcionó como parrilla y comedor. Este emprendimiento alcanzó gran éxito. Sin embargo, en los últimos años de la década de 1980 la actividad fue disminuyendo hasta que finalmente se disolvió.

 La Asociación Mutual Entre Asociados del Club Juventud Unida (A.M.A.J.U.) comenzó a desarrollar su actividad el 16 de junio de 1986 con el objetivo de gestionar el bien común y la ayuda solidaria para sus asociados y la localidad. Entre sus servicios estaban las transacciones financieras de ayudas económicas o captación de ahorros y, más adelante, con la compra de Casa Martínez (ferretería ya artículos del hogar de Belgrano 1043) la de Proveeduría Mutual. También brindaba servicios de salud y turismo a través de la representación de otras entidades. Mediante una operatoria del Banco Hipotecario Nacional llevó a cabo la construcción del Barrio Juventud de 20 viviendas. Esta entidad realizó diversos aportes económicos a distintas instituciones de bien publico de Santa Isabel. Sus oficinas estaban instaladas en la galería comercial del Club Juventud Unida de Belgrano y San Martín. Dejó de operar cuando se produjo su fusión por absorción con la Asociación Mutual de Venado Tuerto. 


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domingo, 29 de diciembre de 2013

Las manzanas no son todas iguales.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 88 - 16/05/08

  Si calculamos distancias con el simple hecho de contar las cuadras, en Santa Isabel hay que tomar ciertos recaudos porque no todas miden igual.

  El trazado original de la zona urbana, situado entre las calles Chaco, España, Urquiza y Av. Francia, comprende una superficie de 169 hectáreas. En ellas hay 55 manzanas de 80 m. por 100 m., ubicadas de un lado y otro del terreno de la estación del ferrocarril, entre Chaco, Mitre, Urquiza y Av. Francia; 5 manzanas de 100 m. por 150 m. comprendidas entre Brasil, España, Av. Santa Fe y Mitre, cruzadas actualmente por la vía del ferrocarril, y 44 manzanas de 100 m. por 100 m. ubicadas a un lado y otro de las anteriormente citadas; además se le deben sumar el terreno ferroviario comprendido entre Av. Francia, Basil, Mitre y Av. Santa Fe que es de 150 m. por 480 m, cruzado por calle San Martín. Todas ellas están separadas por un espacio de 20 m., entre una y otra línea de edificación, destinado a veredas, espacios verde y calle. 
 
 Posteriormente, en distintas urbanizaciones, se agregaron nuevas manzanas. Una de ellas es la que comprende 8 manzanas, entre Güemes, Av. Sarmiento, Chaco y Av. Francia, es decir donde hoy se asienta el estadio del Club Sportivo Juventud Unida, el barrio que lleva su nombre y las 4 manzanas adyacentes.

 También, a partir de un proyecto presentado en 1938 por el Sr. Guillermo Coverton, se anexó a la zona urbana, en la década de 1940, un sector de su estancia, lindera a la primitiva traza del pueblo. Este sector se extiende desde Av. Francia, entre Av. Santa Fe y Urquiza, hacia el Sudeste unos 700 metros aproximadamente, que es el largo de la antigua estación del ferrocarril, hasta la calle que pasa detrás del frigorífico. Son en total unas 66 has. con manzanas de diversas medidas debido a distintas urbanizaciones como el barrio Fo.Na.Vi. Grande o el Barrio Belgrano.

 En este último sector como en la primitiva traza de la localidad, aún existen manzanas, en la periferia, sin construcciones que suelen ser utilizadas como quintas para la explotación agrícola.


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El mástil de la plaza.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 78 - 31/05/07

Uno de los iconos de orgullo isabelense es, sin dudas, el mástil de más 30 mts. de altura que se yergue desde el centro de la plaza 9 de Julio (que alguna vez se llamó 6 de Septiembre, en conmemoración al golpe de estado que ese día de 1930 destituyó a Yrigoyen). Sin embargo no se tienen fechas exactas que den cuenta de su construcción.

   Se sabe que durante el gobierno de Ernesto Di Battista, entre 1938 y 1943, se remodeló la plaza y se levantó el mástil para el que, en 1939 la Comuna ya estaba realizando estudios para su emplazamiento.

 Se cuenta que llegó por ferrocarril, embalado por piezas, a la estación Otto Bemberg (luego Rastreador Fournier). Que luego fue armado en el suelo y plantado cuando ya era un solo trozo de metal mediante un mecanismo tirado por un tractor. Que en un primer intento por pararlo se cortó el cable que movía el mecanismo y que cayó al suelo. También que, una vez colocado en el pozo que se había preparado, se le hizo una base de cemento de unos 3 mts. de diámetro.

 Otra información -que corrobora esta fotografía- es que en un primer momento la parte externa de la base era mucho más alta que la actual y con otra arquitectura, mucho más compleja y monumental (por esos años la Comuna realizó aportes para la construcción del Monumento a la Bandera de Rosario que comenzó en 1943 y que, casualmente, tiene un mástil casi igual al nuestro ¿habrá alguna conexión con esa obra?).

 La mujer y el bebé de la foto pertenecen a la familia Di Bacco. El esposo, Juan Carlos Di Bacco era farmacéutico y la fotografía es de 1941.
 Se dice que esta base, cambiada por la actual, más simple y chata, era incómoda para izar y arriar la bandera, por lo que se decidió, en fecha desconocida, reformarla.

 La publicación de esta foto, "figurita difícil", tiene como finalidad mostrar el proyecto original de la obra que, como vemos, nunca se plasmó totalmente.  



Nº 79 - 29/06/07
MAS SOBRE EL MÁSTIL



 A partir de la nota aparecida en la sección "Historias y Curiosidades de Santa Isabel", en nuestro número pasado, varias fueron las personas que nos acercaron datos, algunos de ellos rectificando y ampliando lo comentado sobre la construcción del mástil de plaza 9 de Julio.

 Adolfo Amadío (Tito), que participó de esta obra nos dijo que la misma se comenzó en 1939 y se terminó en 1940. El mástil fue armado en el suelo y luego colocado por una empresa rosarina cuyos obreros eran de origen alemán, quienes utilizaban este idioma para comunicarse durante los trabajos.

 Según Amadío, primeramente se hizo una base de cemento de 3mts. de diámetro por 2mts. de profundidad desde el nivel del suelo y en el centro, 1m. cúbico más hacia abajo. Además armaron una torre, más alta, y con una pluma lo pararon. 

Luego le colocaron una rienda hacia cada esquina de la plaza para ponerlo a plomo. "Ellos lo dejaron ahí y después fuimos nosotros y le hicimos todo el trabajo de arriba", nos dijo. "Eso tiene una base plana de hierro con cuatro bulones metidos en el cemento, cuando lo dejaron presentado seguimos amurándolo".

 El trabajo original de la parte superior fue realizado por los constructores Calcaprina y Dazi. Pero a pesar de su belleza no se terminó y fue desarmado poco tiempo después porque era incómodo para izar la bandera.

 "Terminamos con la plaza en septiembre de 1940, las veredas y todo", agregó Tito. "Las escalinatas del mástil son las originales, lo que se remodeló es la parte de arriba; los canteros de alrededor estaban diseñados para tener agua, pescaditos de colores y una iluminación especial, una especie de fuente, pero temieron por los chicos". "Mientras los electricistas trabajaban con los cables subterráneos estaban los albañiles, fue una gran obra para a época; fue un trabajo lindo, tenia una estética integral, estaba todo diseñado previamente.

 Por su parte, Hugo Larripa nos comentó que al haberle sacado la parte superior de la base, ésta había quedado muy reducida por lo que el mástil oscilaba mucho y se temía que hubiese filtraciones de agua y se cortara. "Mi cuñado, Sixto Boschetti se hizo cargo de la obra de ampliación de la base dándole garantías a la comuna de que no iba a haber más problemas", dijo Larripa.

 El trabajo, que se realizó alrededor de 1945, es el que aún permanece en la actualidad.

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viernes, 27 de diciembre de 2013

Corso con efecto dominó.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 75 - 20/02/07

 Este es un tiempo en el que la fiesta de carnaval pasa totalmente desapercibida en nuestra localidad, aunque hasta hace muy poco se han organizado algunos corsos.

 Si bien es imposible saber con precisión en que fecha se comenzaron a realizar estos festejos en Santa Isabel, hay fotografías tomadas en 1925 que muestran disfrazados y carrozas adornadas para la ocasión. 

 Pero la historia que nos interesa y que se cuenta como verdadera, con algunas variaciones, sucedió mucho más adelante en el tiempo, en un año incierto de fines de la década de 1960 o principio de la de 1970. Era el tiempo en que todavía se jugaba con agua y no solo en los corsos. Cualquier día de carnaval y a cualquier hora se podía llegar a recibir un baldazo de agua. Las guerras entre chicos y chicas, niños, adolescentes y jóvenes - y a veces también entre gente más grande- eran moneda corriente y una sana y alegre manera de divertirse. La serpentina y el papel picado aún seguían siendo los elementos más usados para tirarle a los disfrazados, a las carrozas o al sexo opuesto, y los pomos de plástico para agua, de distintos tamaños y colores, eran el furor. No existía la nieve loca y los globitos recién empezaban a aparecer.

 Luego de su reapertura, el Hospital Miguel Rueda era la institución organizadora de los corsos aunque a veces se lo concedía a alguna otra entidad. También era la propietaria de unos postes cuadrados que, pintados de varios colores, en la parte superior formaba una "V" llena de lamparitas por arriba y por abajo. Esos palos, que sostenían las bocinas para el sonido y llevaban adosados unas chapas circulares con caricaturas pintadas, se colocaban en el centro de la calle formando una avenida por la cual circulaban las carrozas y los automóviles -que pagaban entrada para estar en el corso- en una especie de vuelta del perro sin fin.

 Esa vez se organizó en calle San Martín, desde Santa Fe hasta José Ingenieros. Sobre la calle pavimentada se habían colocado los palos sostenidos en la base por tubos de cemento llenos de arena adonde se los había plantado, tal como era el sistema. Por ellos -5 o 6 por cuadra- pasaban los cables para encender las lámparas y conectar las bocinas. Después de algunas noches de éxito se decidió extender el corso una cuadra más, hasta Paraguay, esta vez en una calle de tierra y con otros postes enterrados en el centro de la calle. 

 Se acercaba un nuevo fin de semana que se perfilaba con muy buen tiempo para concentrar a mucho público en otra noche "carnestolenda", como se decía. Pero el destino fatal quiso que una tardecita calurosa avanzara por José Ingenieros una cosechadora que, al pasar por la esquina de San Martín, enganchó, sin que el conductor se diera cuenta, uno de los cables del corso que cruzaba la bocacalle... Sobrevino el desastre... El primer poste, que estaba sobre la esquina, cayó cerca de la vereda contraria al Club Juventud. Este tiró de los cables y arrastró al segundo, este otro al tercero y así sucesivamente. Una especie de efecto dominó se había activado.

 Se cuenta de señoras que buscaron refugio en el umbral más cercano y que varios parroquianos que estaba disfrutando de un aperitivo en la vereda de un bar de San Martín al 1200 (hoy una heladería) cuando vieron venir la ola de postes dejaron los tragos y vituallas sobre la mesa y corrieron a guarecerse al salón. 

 El efecto solo se detuvo cuando, al llegar a Santa Fe, cayó el último de los postes. No hubo heridos ni mayores daños, pero los organizadores del corso debieron dedicar trabajo extra para levantar todo lo caído contra reloj para brindar otra noche de carnaval. 

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Arbolito en el mástil de la plaza.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 74 - 20/12/06

 Para la Navidad de 1975 por iniciativa de varias personas y de la Comuna se armó un arbolito en el mástil de plaza 9 de Julio que, por las noches, encendía luces y en lo alto una estrella de Belén. En la foto aparecen, entre otros, Cirilo Colomba (izq. con casco), "Tito" Lamelza (arriba), Oscar Severini (en la escalera), Serafín Rende (teniendo la escalera) y tantísimos chicos que, hoy mayores, seguramente se reconocerán.












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Cuando quisieron incendiar la comuna


Publicado en "Acercar a la Gente"
Nº 68 - 12/06/06

En su edición del 20 de abril de 1932, el diario "La Prensa" de Buenos Aires dedicó un espacio a para informar sobre nuestra localidad bajo el título "En Santa Isabel se pretendió asaltar el edificio comunal". El texto es el siguiente:
 "Rosario, abril 19 -- Noticias procedentes del pueblo de Santa Isabel, departamento General López, dan cuenta de un suceso importante ocurrido ayer como acto de protesta contra el interventor en la municipalidad local.

Un grupo de vecinos que habían organizado un mitin en el Prado Español, después de escuchar a varios oradores que criticaron al interventor, se organizaron en manifestación, dirigiéndose al local ocupado por la comisión de fomento con ánimo de tomarlo por la violencia".


 "No faltaron las voces que sugerían el incendio del edificio, logrando entonces el comisario del pueblo calmar los ánimos de los más exaltados e invitarlos a que redactaran un memorial al Ministerio de Gobierno formulando los cargos que creyeran oportuno hacer contra la actual autoridad municipal y a la situación creada por la intervención".


 "Sin embargo, como la excitación popular se mantuviera, la jefatura de policía del departamento General López dispuso el traslado a Santa Isabel del secretario de policía para que instruya un sumario".


 "Villa Cañás, abril 19 -- El senador provincial por el departamento General López, doctor Arteaga, después de haber concurrido al mitin realizado en el pueblo de Santa Isabel, que no fue convocado a las elecciones del día 3 del corriente mes y cuya municipalidad se halla aún intervenida, dirigió un despacho telegráfico al gobernador en el que le describe el estado de ánimo de la población de esa localidad y le pide que la convoque a elecciones para darle autonomía municipal".
 
Cabe recordar que la sede del gobierno isabelense se encontraba en un local alquilado ubicado en calle San Martín al  1049 aproximadamente.

 El suceso se enmarca dentro de un período de turbulencias políticas e institucionales de la Nación, acontecidas tras el derrocamiento del gobierno de Hipólito Yrigoyen en septiembre de 1930.

 El 3 de marzo de 1931, por un decreto de la intervención nacional en Santa Fe se declaró la caducidad de la Comisión de Fomento elegida por los vecinos de Santa Isabel y tres días más tarde asumió el interventor. El 20 de octubre se impuso un nuevo interventor para el gobierno local, que fue removido el 16 de abril de 1932 y reemplazado por otra persona.

 Dos días después se desarrollaron los hechos relatados. Sin embargo las elecciones comunales no se desarrollaron hasta el 17 de julio. La lista ganadora fue la del radicalismo que integraban los mismos vecinos que habían sido declarados cesantes: Juan Carrillo, Dante Pellegrini, Andrés Dall'Ochio, Enrique Arona, Máximo Martínez, Vicente Fidelibus, Lorenzo Benso, José Zarich, José Aldabe, Narciso Baldessari, Francisco Eciolaza, Demetrio Dakovich y Juan J. Di Battista.

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