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domingo, 17 de enero de 2016

La vieja cancha de Juventud Unida

Por Norberto Oscar Dall’Occhio
 
En las décadas de 1920, 1930 y 1940 la cancha de Juventud Unida, ubicada entre las calles Corrientes, Francia, Misiones y Rivadavia, tenía ciertas características especiales. No poseía tejido olímpico y lo único que dividía al público y el perímetro del campo de juego era un hilo de alambre liso, sostenido a un metro de altura por postes de madera distanciados unos cinco metros uno de otro. El espacio comprendido entre el hilo de alambre y la línea divisoria del campo de juego era muy reducido; alrededor de dos metros. Es decir que los espectadores casi se daban la mano con los jugadores. Incluso muchos jóvenes, cuando el estadio estaba colmado, para presenciar el cotejo se sentaban en el pasto debajo del hilo de alambre para que la gente que estaba a sus espaldas de pié pudiera ver el partido. La policía en una actitud permisiva aceptaba esta situación, pero mediante el uso de una fusta obligaba a los jóvenes a encoger las piernas, pues si colocaban los miembros inferiores estirados sobre el pasto, sus pies se acercaban demasiado a la raya de cal. Resultaba una situación muy confusa y exponía peligrosamente a los jugadores y al árbitro ante reacciones muy agresivas de algunos hinchas. 


Cuando se concretaba un gol o se cobraba un penal no se podía evitar el ingreso sin autorización de espectadores a la cancha. Ni hablar de lo que acontecía cuando se producía una gresca. Un desorden generalizado imposible de controlar, ante semejante batalla campal.

En lo que se refiere al contexto que rodeaba el campo de juego, conviene aclarar que en los costados laterales de la cancha -que ocupaba una manzana entera en lo que es hoy la Escuela Nº779- no existían muros ni ligustros, sino un alambrado de varios hilos. Cuando había partido el Club cubría con arpilleras todos los sectores que daban a la calle. El propósito era evitar que los mirones vieran el encuentro sin pagar la correspondiente entrada. Pero había algunos de ellos que se arriesgaban y se subían a los árboles plantados sobre la vereda de tierra que circundaban la cancha. Era común que durante el desarrollo del partido se oyera el ruido provocado por el quiebre de alguna rama que no pudo resistir el peso de una persona. Entonces de inmediato se producía la reacción de la gente, que risueñamente solía gritar ¡¡¡ ¡Auxiliooo, hombre a tierra!. Felizmente las caídas no tenían consecuencias.

Juventud Unida en 1944 dejó esa cancha de reducida dimensiones -cuyo predio había sido facilitado por su dueño, don Miguel Rueda- y se trasladó a una cancha propia y más amplia, lo que es hoy su cómodo y moderno campo de deportes. Para ello el Club llegó a un acuerdo con la dueña, señora Josefina S. de Rueda, y adquirió el terreno. La inauguración del nuevo estadio que lleva el nombre de la señora Josefina, se realizó el domingo 30 de abril de 1944 mediante la realización de un Torneo Relámpago en el cual participaron varios equipos de la zona. Ese mismo año “los verdes” tuvieron otra alegría: festejaron el campeonato ganado en el certamen de la Liga Venadense de Fútbol, correspondiente a la temporada 1943, que finalizó en setiembre de 1944.


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lunes, 4 de enero de 2016

Los Campitos

Por Norberto Oscar Dall’Occhio

En la década  de 1940 y  comienzos  de la de 1950  era muy común que los chicos jugaran a  la pelota en los baldíos del pueblo. A  esos  lugares se los llamaba “campitos”. Hoy  esa  costumbre se perdió, pues tanto General Belgrano como Juventud Unida brindan  la posibilidad de  que los pibes  y los  adolescentes  utilicen sus cómodas instalaciones deportivas para jugar al fútbol.

Los baldíos eran canchas improvisadas, donde los propios  pibes determinaban un perímetro imaginario. Los arcos  eran dos  montoncitos de ropa o dos ladrillos o algunas  piedras,   que reemplazaban los palos. Previamente tenía que haber un acuerdo sobre el  largo de  los arcos.  Pero a  veces sucedía que en  un descuido durante el desarrollo del partido algún  “avivado” achicaba o agrandaba el arco  según su conveniencia. Y ahí se armaba la discusión y  comenzaban los  insultos.

En el momento previo a la iniciación del partido había una ceremonia   muy importante. Era necesario formar dos equipos. Dos pibes  similares  en  su capacidad de juego se ponían frente a frente a unos cinco metros de distancia. Cada uno a su turno adelantaba un pie. Al final perdía al  que le sobraba  el pie. Acto seguido  el ganador tenía la opción de elegir primero a un compañero de equipo. Por supuesto que  elegía  al mejor del grupo. Su rival elegía otro pibe  considerado “bueno”. Seguía la elección por descarte y los considerados “pataduras” quedaban para el final, como de “relleno”. Era una forma  bastante ecuánime de armar un partido con fuerzas parejas. Según las circunstancias,  si en un momento del encuentro un equipo se distanciaba demasiado en goles convertidos se compensaba la desigualdad de fuerzas con el trueque  de un  buen jugador de un bando por otro jugador de menor nivel  del equipo rival. Es decir los pibes tenían  bien claro el sentido lúdico del juego.

Era una diversión entretenida  donde cada uno quería demostrar sus habilidades personales. Ganarle a un equipo débil era considerado  un triunfo sin gloria. Por eso buscaban formar equipos parejos. Jugaban con zapatos, zapatillas o alpargatas. Los botines para  chicos  prácticamente no existían. Salvo alguna rara excepción, ninguno  poseía  la casaca que usan los clubes de primera división. Si recién habían salido del colegio, se sacaban el guardapolvo blanco, lo doblaban  y lo dejaban al lado de uno de los   arcos,  junto con la cartera de útiles escolares. Para custodiar el arco siempre mandaban a algún pibe con poca capacidad de juego. Cuando alguien llegaba tarde y pedía ingresar,  si  lo aceptaba el grupo  se incorporaba al juego.

Estos “picados” de potrero se jugaban sin  establecer tiempo por reloj. Sólo la oscuridad de la noche o la lluvia   los hacía prescindir del juego.  Se iba a cinco goles o más. Pero en pleno  partido  generalmente surgía un inconveniente. En algún momento aparecía la madre de algunos de los pibes para decirle a viva voz al nene que estaba preparada la leche. Como a veces esa mujer era la madre del “dueño de la pelota”, el partido se  suspendía  de inmediato. 

Hoy la pregunta  lógica sería,  pero ¿cómo  no había otra pelota?  La respuesta es que no.  En   esos tiempos  las pelotas de goma o de cuero  no estaban al alcance de todos los padres. Por ese motivo  el dueño de la pelota se convertía en un personaje especial, aunque fuera un “patadura”.  Los chicos solían jugar en la calle o en la vereda  con una pelota de trapo que las madres le preparaban  rellenando medias de mujer. En los campitos se jugaba con una pelota que picara en el piso. Tenía más sabor a fútbol porque  había que dominar el balón en el aire, ya sea con los pies, el pecho o la cabeza. 


Un baldío  muy utilizado estaba ubicado en  General López y  General Roca, donde  aún hoy se mantiene en pie una vieja palmera. Lo llamaban el “Campito del Bajo”. Por su amplitud, otro baldío  concurrido por chicos y adolescentes estaba  entre las calles General Roca, Santa Fe, Italia y Brasil. Era una manzana completa, donde años más tarde se instaló la fábrica de leche en polvo. Las vías del ferrocarril no existían, pues  se construyeron recién en la década de 1950.

En José Ingenieros al 1400  había un terreno desocupado, cercano del  lugar donde actualmente se encuentra instalado el tanque de agua potable. Allí  también  los chicos armaban su picado.

En Santa Fe  al 1400  había un amplio  descampado (hoy Parque Tirelli), muy propicio para practicar  fútbol. Los pibes para jugar  achicaban el perímetro,  pero los adolescentes y mayores lo ampliaban  como si fuera una cancha  normal. Habían colocado improvisados  arcos de madera, aunque  eran  bastante precarios. Ese  baldío  dejó  de utilizarse en 1950, cuando el Ferrocarril  y la Comuna dispusieron forestar el lugar con plantaciones de eucaliptus.

En la década de 1930,  en la esquina de José Ingenieros  y Mitre, en la misma manzana  donde está el edificio de la Comuna,  había un baldío  en el cual  los pibes jugaban sus picados.

En las escuelas primarias estaba prohibido  jugar al fútbol.  Sin embargo  los varones no podían impedir su impulso  futbolero  y en algún descuido de la celadora   improvisaban un mini  picadito con una pequeña pelota y algunas veces hasta con una naranja.  Pero  solía suceder  que en  forma inesperada  aparecía la maestra  y  les  incautaba la pelota además  de  la consiguiente reprimenda.

En la década de 1940 aparecieron en el pueblo  las canchas de Baby Fútbol. Para los pibes fue toda una novedad, ya que les permitía jugar en una cancha marcada, con arcos de madera(a veces  con red), con pelota de cuero y con vestimenta  similar a la que usaban  sus ídolos, los  jugadores mayores que integraban  los clubes de primera división. 


General Belgrano instaló su cancha de Baby  Fútbol,  que tenía luz artificial,  en el predio ubicado en General López  esquina  25 de Mayo  y Juventud Unida en las instalaciones contiguas a la Sociedad Italiana.  En esos lugares se organizaban importantes partidos  y torneos  diurnos y nocturnos con la intervención de equipos de la zona. Los cotejos contaban con la concurrencia de mucho público, que en algunas circunstancias,  por la atracción que ejercían, colmaban totalmente la capacidad  de  esos  mini estadios deportivos.

A  partir de 1949  se iniciaron en el país  la disputa de los Torneos Infantiles  “Evita”, promovidos por la Fundación “Eva Perón”. A partir de 1950 la Comuna local  todos los años formaba un equipo de pibes que representaba al pueblo. Los jóvenes  enfrentaban a equipos similares de la región.

Esta es una breve historia de los baldíos y los campitos del pueblo. Esos  potreros  fueron excelentes “semilleros”  y dieron lugar a la formación de destacados futbolistas  que posteriormente  se desempeñaron en equipos locales y algunos de ellos triunfaron en la región integrando elencos de clubes de primer nivel.    

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viernes, 3 de enero de 2014

La vieja cancha Azulgrana.

Publicado en "www.red-belgrano.com.ar" - 12/12/13

Por Norberto Dall'Occhio
   

  Muchos hinchas de General Belgrano recuerdan con cariño y con cierta nostalgia la vieja  cancha  que el Club tenía “detrás de la vía”, como suele decirse, aquella que tantos simpatizantes tienen en sus memorias.

  Desde  su fundación  en 1916  y  hasta  1926, General  Belgrano practicaba fútbol pero no tenía cancha propia  y lo hacía  en terrenos prestados.  En 1927  adquirió una manzana ubicada entre las calles Sarmiento, Misiones, San Martín y Chaco, donde se instaló el campo de juego, hasta que se compró, en la década de 1960, los terrenos donde actualmente están las  nuevas instalaciones y por entonces el club resolvió fraccionar y vender el terreno de la antigua cancha para recaudar fondos destinados a la nueva inversión. Muchos socios adquirieron buena parte de esos  lotes, que más adelante pasaron a manos de la Comuna a fin de que en ese sitio se construyera el barrio de viviendas FONAVI.

  Pasado un tiempo, en una de las esquinas, se construyeron los vestuarios, la boletería y otras dependencias que servían como vivienda a los cuidadores de la cancha. Entre los cuales se recuerdan, “La Macha” Ferreyra y el “Negro” Paulini, dos destacados jugadores  azulgranas.

  Los  belgranistas  guardan muy  gratos recuerdos de ese viejo estadio, que fue escenario de importantes acontecimientos deportivos. En las décadas de los 40, 50 y 60, cada 9 de julio, el Club organizaba un atractivo torneo relámpago, de dos días de duración en el cual participaban ocho equipos de la zona y donde se ponían en disputa hermosos  trofeos y medallas.

  Continuando con los partidos que se disputaban en la antigua cancha, se destacaban por la gran rivalidad, los clásicos con  Juventud Unida, como así también los duros enfrentamientos con  Sportsman de Villa Cañás. Principalmente esos encuentros generaban una gran expectativa en la gente del pueblo y de la zona, provocando una enorme concurrencia de público al espectáculo, que colmaban la capacidad del estadio.

  Cambiando el rumbo y yendo a las características del terreno, se puede contar que dentro de él había que ubicar el campo de juego, los vestuarios, el  alambre, o tejido olímpico, y el público. Por las dimensiones que tenía el lote, el diseño del perímetro de la cancha se hizo sobre la base de las  medidas mínimas establecidas en los reglamentos que rigen el fútbol, era denominada una “cancha chica”, como se dice en el lenguaje futbolero. Pero no solo lo era  para los jugadores, sino también para  el público. Los espectadores, por el poco espacio disponible, estaban  muy cerca de la línea de cal, a solo unos dos metros. La proximidad de la gente, sumado al calor de la lucha deportiva, a veces levantaba la temperatura del ambiente y creaban un clima muy tenso en el estadio. Durante el desarrollo del juego, los futbolistas tenían ciertos inconvenientes para ejecutar los tiros de esquina, ya que les resultaba difícil darle precisión a la pelota por el poco lugar para tomar distancia y lanzar el centro. Por su parte, los espacios destinados a los hinchas eran muy estrechos, especialmente en los sectores donde estaban los arcos.

  Hasta principios de 1.940 el campo de juego estuvo rodeado tan solo por un hilo de alambre liso, sostenido por postes, a fin de fijarle un límite a la concurrencia y evitar que se metieran dentro de la cancha. Existen muchos recuerdos de aquella época sobre triunfos épicos, días de gloria, peleas, corridas y transgresiones. En ciertas oportunidades, cuando se convertía un gol importante, algunos hinchas eufóricos y descontrolados, pasaban el hilo de alambre, evadían el control policial y salían corriendo para abrazar al autor del tanto. Otro descontrol aparecía cuando se iba a patear un penal, simpatizantes que estaban cercanos al arco, sobrepasaban primero el alambrado, la raya de cal y se metían imprudentemente dentro de la cancha invadiendo el área grande para ver de cerca el disparo desde los doce pasos. ¡Para qué hablar de lo que ocurría si el arquero atajaba el penal y daba rebote! Una confusión total, entrevero  de jugadores, mezclados con el público, gritos, una pelota en juego y un árbitro desorientado. Un tiempo después, para una mejor protección y para mantener el orden, se colocó como divisorio un grueso tejido olímpico en reemplazo de ese franqueable hilo de alambre. Continuando con la descripción del estadio, se puede decir que tenía cierta protección de los vientos, puesto que los cuatro costados que daban a la calles estaban cubiertos, además de los tejidos, por un espeso cerco de ligustros de hojas anchas y de gran altura, que impedían la visual desde las veredas. En algunos sectores destinados al público, el espacio resultaba tan reducido que cuando se desplazaban, debían hacerlo en “fila india”.

  El  problema mayor estaba detrás de los arcos, porque lo que cumplía la función de red permanente, era un grueso tejido de alambre en reemplazo de la tradicional de piolines. Por la escasez de espacio en el campo de juego, los caños que sostenían el arco y la mencionada red, invadían un metro el sector del público, por ese motivo, detrás de cada arco se producía un gran congestionamiento de gente que se desplazaba de un lugar a otro.

  Para evitar cualquier provocación al arquero, siempre al costado del arco y dentro de la cancha, pero detrás de la raya, se colocaba un agente de policía para  mantener el orden y proteger al portero. Debido a las particulares características del estadio y su entorno durante  algunos partidos trascendentes, el espectáculo que se apreciaba en el campo de juego era muy particular, se jugaba dentro de un ambiente con ánimos bastantes caldeados, los jugadores tenían frecuentes roces y discusiones con sus rivales, sumados a las airadas protestas al árbitro y los gritos del público.

  Lo descripto era el encuadre y la atmósfera especial que se vivía generalmente en esa vieja cancha, cuando General Belgrano jugaba en su condición de local, allí el equipo azulgrana se agrandaba y se hacía fuerte, era un reducto complicado para cualquier escuadra visitante, que valoraba mucho un triunfo en la recordada y difícil cancha chica del Ciclón.

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jueves, 2 de enero de 2014

Algunas Instituciones y agrupaciones que ya no están


Publicado en "Acercar a la Gente"
Nº 102 - 27/08/09 
 
  Además de la Sociedad Española de Socorros Mutuos, cuya historia que se extendió desde 1910 hasta 1975 detallamos en el número anterior, en Santa Isabel existieron muchas organizaciones o instituciones que con el correr del tiempo fueron desapareciendo. Este es un resumen de la existencia de algunas de ellas.

 Los libros de Actas y Copiadores de Cartas de la Comuna de Santa Isabel dan cuenta de varias de estas organizaciones. El 6 de abril de 1916, la Comisión de Fomento cedió la plaza pública al “Footbal Club Rivadavia” para construir una cancha de fútbol. El 22 de diciembre de 1926 concedió permiso para realizar un baile al “Club Atlético Centenario”. El 8 de junio de 1927, envió una nota a la presidenta del “Club de Tennis” pidiéndole que cortaran las malezas y limpiaran la cancha que se encontraba en la plaza pública pues, decía, su estado era lamentable. El 4 de octubre de 1930, una “Comisión de Señoritas” pidió prestado a la Comuna los objetos del juego de tenis. Tres años más tarde se cita a Esteban Boveris como presidente del “Lawn Tennis Club”. En diciembre de 1938 el “Club Sportivo Las Rosas” solicitó permiso para realizar un baile. En ese mismo año estaba organizado el “Club Juventud Agraria” que para marzo de 1950 aún existía. En 1941 se cita funcionando al “Club Atlético La Lyda”.

 Por otra parte, en 1924 se fundó la Sociedad Argentina de Socorros Mutuos y en 1930 la Biblioteca Pública D. F. Sarmiento”Las dos entidades desaparecieron al fusionarse y dar nacimiento, el 2 de septiembre de 1953, a la actual Asociación Cultural Domingo Faustino Sarmiento.

 El 28 de agosto de 1912 se colocó la piedra fundamental del edificio de la Sociedad Italiana Humberto Primo, entidad que habría nacido a partir de la escisión de un grupo que integraba la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos. Su edificio se levantó en Gral López al 1100, en un terreno que pertenece a la Cooperativa de Agua Potable. Allí funcionó el denominado Cine Gardel. No se conoce exactamente la fecha de fundación ni cuando dejó de funcionar la entidad como tal.

 En 1962 se conformó la Asociación Jóvenes Isabelenses (A.J.I.) con la finalidad de contribuir al mejoramiento de la localidad. Solamente se sostuvo durante unos seis meses pero su labor fue intensa. Entre otras cosas esbozó un proyecto de parquización de terrenos del ferrocarril -que no se plasmó- con la participación de profesionales y llevó a cabo la pintada de los troncos del arbolado público. Algunos de sus integrantes eran Enrique Canal, Humberto Albanesi, Rubén Benso, Jorge Tirelli, Gerardo Salemme, Norma Achilli, Vilma Dall'Ochio, Mirna Sánchez, Elvio Martínez, Hugo Pessino, Estrella Bendaham, Norberto L. Salemme, etc. Sus reuniones se realizaban en la sede de la Asociación Cultural D. F. Sarmiento.

 La Agrupación de Atletismo de Santa Isabel (A.D.A.S.I.) se conformó el 21 de agosto de 1973 con el anhelo de lograr un grupo de niños y jóvenes aunados a través de la práctica de este deporte y con el deseo de obtener mejores niveles para la educación física. El cuerpo técnico estuvo integrado por los profesores de Educación Física, Ilda Imnocenzi (quien era directora de la escuela Nº 779 D. F. Sarmiento) y José Ángel Rubín, además de la entrenadora Alicia Cuminetti. Se disolvió en 1977.

 El 1º de junio de 1982 fundó el Club de Servicios Comunitarios. Sus directivos eran Felipe Floridi, Próspero Antonio Risso, Albino E. A. Gobbi, Humberto Carpi, Agustín Leal, Oscar Stiepovich, Umberto Pennacchietti, Carlos Casadei, Alberto Fassi, Enrique Canal, Emilio Pellegrini, Adolfo Leidi, Juan C. Luporini, Pedro Viccei, Osvaldo Saez, Arístides Catini, Eduardo Mercé y Miguel Mercé. Surgió para reanudar las actividades que realizaba el Club de Leones de Santa Isabel. Éste había sido constituido el 12 de junio de 1975. Sus socios fundadores fueron Atilio Fassi, José Tocchetti, Pedro Viccei, Emilio Pellegrini, Dante Pellegrini, Oscar Stiepovich, Próspero Antonio Risso, José A. Rubín, Albino E. A. Gobbi, Pedro Ballachino, Mario Bosertnizan, Arístides Catini, Oscar Dellacha, Alberto Fassi, Felipe Floridi, Víctor Glavinovich, Heriberto Latini, Adolfo Leidi, Enrique Canal y Mateo Matiacich. En marzo de 2005, mediante un convenio celebrado con la Asociación Hospital Miguel Rueda le transfirió a esta última sus bienes y servicio y, tras el mismo, el Club de Servicios Comunitarios quedó inactivo.

 La Peña Tradicionalista Refugio de amistad fue fundada en 1980 por Hugo Arrac, Julio Gilardone, Nelson Favaro y Mario Focquart, participando en desfiles criollos en distintas ciudades. El nombre fue dado por el Sr. Juan Herrera. Al grupo original se fueron agregando más integrantes, entre ellos Edsel Gilardone, Jorge Tazzioli, Luis Milanesi, hermanos Codutti, "Leo" Flamini, Rionda, Martín Nierumberg, "Pancho" Coria e hijo, Daniel Merlo, Juan Vélez, Daniel Zanni, Marcelo Hernando, José Carlos Romero, Ricardo Donadío, José Cebrero, Esteban Tiseira, Leandro Mercé, Juan Herrera, etc.
Sus actividades, que generalmente se desarrollaban en Sarmiento y ruta 94, eran variadas: jineteadas, carreras de sortijas, juegos de riendas, etc. En 1998 la agrupación se disolvió al disminuir la cantidad de miembros y su posibilidad de mantenerla en funcionamiento.

 Infantiles Santa Isabel (I.S.I.) se creó con la finalidad de fomentar la práctica del fútbol entre los niños de la localidad y competir en ligas infantiles. Este grupo se formó en 1984 siendo su primer Presidente el Sr. Francisco Vivas. Además lo integraban, entre otros, Juan Carlos Oneglia, Rubén Benso, Adalberto Oneglia, Juan Carlos Balassone, Rosendo Cicci, Raúl Roggeri, Ignacio "Pochi" Pérez, Jorge "Ruso" Giménez y Oscar Donatti. Adquirió un predio de dos manzanas situadas entre 25 de Mayo, Urquiza y Sarmiento en donde construyeron canchas de fútbol y un quincho que, además de ser la sede, funcionó como parrilla y comedor. Este emprendimiento alcanzó gran éxito. Sin embargo, en los últimos años de la década de 1980 la actividad fue disminuyendo hasta que finalmente se disolvió.

 La Asociación Mutual Entre Asociados del Club Juventud Unida (A.M.A.J.U.) comenzó a desarrollar su actividad el 16 de junio de 1986 con el objetivo de gestionar el bien común y la ayuda solidaria para sus asociados y la localidad. Entre sus servicios estaban las transacciones financieras de ayudas económicas o captación de ahorros y, más adelante, con la compra de Casa Martínez (ferretería ya artículos del hogar de Belgrano 1043) la de Proveeduría Mutual. También brindaba servicios de salud y turismo a través de la representación de otras entidades. Mediante una operatoria del Banco Hipotecario Nacional llevó a cabo la construcción del Barrio Juventud de 20 viviendas. Esta entidad realizó diversos aportes económicos a distintas instituciones de bien publico de Santa Isabel. Sus oficinas estaban instaladas en la galería comercial del Club Juventud Unida de Belgrano y San Martín. Dejó de operar cuando se produjo su fusión por absorción con la Asociación Mutual de Venado Tuerto. 


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jueves, 26 de diciembre de 2013

Club Sol de Mayo


Publicado en "Acercar a la Gente" 
Nº 63 - 21/11/05

Octubre de 2022 - La estructura del Club Sol de Mayo aún en pié.
 El 10 de mayo de 1924, en Runciman, sector rural ubicado al oeste de la zona urbana de Santa Isabel, se fundó el "Club Recreativo y Sportivo Sol de Mayo". La primera Comisión Directiva estuvo formada por José Maurizzi, presidente, además de Juan Momo, Gregorio Maino, Luis Maltagliati, Eusebio Mansilla, Antonio Gallo, Francisco Mir, Armando Momo y León Blanco. El fútbol fue la práctica deportiva habitual, que en su comienzo se efectuaba en una cancha improvisada en las adyacencias del almacén (boliche) del Sr. Momo. Los colores que adoptó para su divisa fueron el celeste y blanco a rayas verticales, con la que alcanzó numerosos triunfos.
 
 El 1º de septiembre de 1926 inauguró su salón propio, ubicado frente a la que en la actualidad es la escuela Nº 6253 de Runciman, y el 27 de marzo de 1927 inauguró la cancha de fútbol y las de bochas, todas ubicadas junto a la sede. En ese lugar se desarrollaron innumerables bailes, actos artísticos y culturales, ceremonias religiosas, fiestas familiares, torneos de fútbol y picnics que siempre reunieron a gente de ese sector rural y de localidades vecinas con un ambiente familiar y de amistad. 

 Pasada la década del '80, junto con el fenómeno de declinación de la población rural, sus actividades decayeron enormemente, por lo que la escuela anteriormente citada, que fue creada a partir de las gestiones que la Comisión Directiva del Club realizó en 1925, se hizo cargo de sus instalaciones. 

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Arreglador de pelotas

Publicado en "Acercar a la Gente" N° 56 - 23/02/05

 La imagen de Don Juan Stiepovich cociendo pelotas de fútbol en su pequeño taller es una estampa imborrable de la niñez de muchos isabelenses.

  Hijo de croatas en Argentina, realizó tareas rurales en campos de la localidad hasta 1956, momento en que se trasladó con su familia a la zona urbana donde tuvo venta de pan y también taxi. A principio de la década de 1960 comenzó a realizar trabajos para la Cooperativa Unión y Fuerza hasta jubilarse en 1973. Es en sus años de jubilado que desarrolla esta actividad tan particular como recordada y de la que fue el único en realizarla en Santa Isabel.

 Stiepovich, que fue arquero del equipo de Juventud Unida que en 1932 salió campeón de la Liga del Sud, se dedicó a reparar pelotas de fútbol a partir de las que se les rompían a su hijo y sus amigos que jugaban en un terreno frente a su casa. Ellos habían comenzado a repararlas y Don Juan, se inició en el trabajo para ayudarlos pero terminó haciendolo en forma continua y como un ingreso que se sumaba a su jubilación.

 Por aquel tiempo las pelotas de fútbol eran de cuero con cámara de goma. Con suma prolijidad hacía nuevas costuras donde estas habían cedido, cambiaba los gajos de cuero roto, cambiaba las cámaras o partes enteras del casco de las pelotas. Entre sus clientes no solo estaban los chicos si no también los clubes que comenzaron a llevarle trabajo.

 Falleció en 1990 a los 82 años.


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domingo, 22 de diciembre de 2013

Benjamín Santos.

Publicado en "Acercar a la Gente"
N° 26 - 05/05/00

 Bemjamín César Santos, nacido en Cafferatta el 7 de febrero de 1924, jugó en el equipo de primera división del Club Belgrano en 1943 a instancias del Sr. Alfredo Caldera y la comisión que lo secundaba por aquel entonces. 

 Santos es recordado por la potencia con que pateaba la pelota. Se cuenta que en un torneo jugado en la vieja cancha de Juventud Unida, donde hoy está la escuela N° 779, Belgrano llegó a la final con Sportman de Villa Cañás y el partido se definió por penales. Bolatti, arquero de Sportman, después de recibir en el pecho un bombazo de Santos no quiso atajarle ningún penal más. También se recuerda un gol que le hizo, casi de media cancha, a River Plate cuando ya jugaba en Rosario Central: Soriano, arquero de River, declaró que sentía que los hinchas festejaban el gol y él no entendía que había pasado, no había visto entrar la pelota al arco.

  Belgrano lo transfirió a Rosario Central por una suma de alrededor de $ 500, suficiente como para comprar una casa. Debutó en junio de 1944 jugando en el puesto de entreala derecho hasta junio de 1949 . Convirtió 65 de los 107 goles anotados para Central en ese período en partidos por campeonatos oficiales de la A.F.A. En el campeonato de 1948 se convirtió, con 21 goles, en el primer jugador de ese club en obtener el privilegio de ser el máximo goleador del campeonato.

 Luego pasó a jugar al Torino de Italia, que realizó importantes compras ya que todo su equipo había fallecido en un accidente aéreo. En Italia, Santos se casó con una mujer de apellido Cinzano, perteneciente a la familia propietaria de la famosa marca. Falleció en 1965 a raíz de un accidente automovilístico cuando retornaba de unas vacaciones en España. Por ese entonces era director técnico del Génova y algunos problemas en ese club lo hicieron volver anticipadamente a esa ciudad.

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domingo, 17 de marzo de 2013

"El eterno". Nelso Omar Jurado.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 66 del 21/09/2006 
 Ex futbolista, animador de fiestas, músico, empleado y ahora comerciante. Nos cuenta parte de su intensa vida.
 Dialogamos con Nelso Omar Jurado, el "Negro Jurado", como se lo conoce comúnmente o, como alguien le puso alguna vez, el "Eterno".
Ex futbolista, animador de fiestas, músico, empleado y ahora comerciante, a los 70 años, el Negro nos cuenta parte de su intensa vida en estas cuestiones.

Comencemos por su niñez. ¿Donde nació?
= En María Teresa, pero vine a los tres años, yo pertenezco a Santa Isabel. Cuando yo era chico, mi papá entró a trabajar en la estancia La Lyda cuidando animales para llevar a exposiciones y cuando empecé la escuela ya me quedé en el pueblo, en una pensión que era de la Viuda de Aldabe. Mis viejos venían todos los días. Hice hasta 6º grado, y me fui a Venado Tuerto a estudiar en el colegio Sagrado Corazón, donde me recibí de perito mercantil.
Y volvió al pueblo...
=Estuve un año trabajando de pintor con el padre de Edy, mi mujer, porque no había trabajo de oficina. Trabajaba en el ferrocarril también, como ayudante en el mantenimiento de las máquinas, estaban Miguel Cugnoflis, Gabriel, Valentín Lamelza, había mucha gente, como 15 o 16 personas.
¿Cuando empezó a jugar al fútbol?
= A los 8 años en un equipo infantil de Juventud y cuando estaba en el Sagrado Corazón yo ya jugaba. En esa época no estaban las inferiores, acá se empezaba a jugar en la Segunda, y después pasabas a la primera.
En la época de la primaria yo ya era muy amigo de Aldo Vanni, ibamos juntos a la escuela y practicábamos en la cancha vieja de Belgrano, todos los días meta fútbol. Pero me fiché para Juventud, porque mi viejo era de Juventud y trabajaban con él, en la estancia, tres o cuatro muchachos que jugaban para Juventud. Aldo Vanni siempre me cargaba por esto.
Yo entré directamente en Primera a los 16 años, junto con "Beto" Benedetto y el "Zurdo" Pierani, fue en el '50. Empecé a jugar en primera y no largué más. Hubo dos años en la cual Juventud, no se por qué motivo no participó en la Liga Venadense, por eso Sportman me pidió a préstamo. Allí jugué dos años de los cuales en un año salí campeón, jugaban el "Gallego" Fassio, Martinelli, Zanotti, "Coquito" Sampietro....
¿Volvió a Juventud Unida?
=Si, en 1958 ganamos en la Fiesta del Fútbol, en la que participaron todos los equipos de la Liga Venadense y en 1959 salimos campeones. El campeonato terminó en el 60 porque las finales se jugaron en marzo.
También participamos en la copa de Iriarte en la que participaron cuadros de Junin o Chacabuco. Juventud iba reforzado, de acá fue el Negro Ribas y otros jugadores de Belgrano. Me acuerdo que una vez vino Carlitos Chabaño, que había jugado en Belgrano y estaba en Mexico, y cuando vino lo llevaron a este torneo.
¿Cuál era su puesto?
=Jugaba de 9, pero ahora se habla mucho de carrilero, de volante de ataque, de volante de contención. Antes, estaban los wing, los centrofoward, un 6. Y cuando atacaban, atacaban los cinco, era un juego distinto. Yo no era de los que se quedan estáticos, andaba por todos lados, por eso salí goleador. En el '59 le ganamos a San Martín de Chovet en la final, jugamos tres partidos. El primero 4 a 4, el segundo 2 a 2 y al tercero lo ganamos 3 a 2.
¿Cómo eran los clásicos?
= Existía eso de no pisar uno u otro club, pero ahora se ha progresado muchísimo, aunque la rivalidad futbolística siempre existió. Antes, cuando yo era chico, cuando Juventud salió campeón en el '43, había un grupo de mujeres de Belgrano y otro de Juventud que se trenzaban a las puteadas y algunas veces se iban a las manos. Yo era chico y me acuerdo de eso...
¿Cómo es esa historia de cuando lo vinieron a buscar en avión?
= En el campeonato del '59 yo fuí goleador de la Liga. Mi viejo trabajaba en La Lyda y el administrador de la estancia, un tal Olivero, que vivía en Buenos Aires había jugado para Argentino de Las Parejas, en la Liga de Cañada de Gómez. Estaba en la comisión de River y me había querido llevar a las inferiores, pero mi papá no quiso.
Y mirá lo que son las casualidades, en el 59 se lesionó el 9 que ellos tenían en Argentinos, y este Olivero, que siempre iba a Las Parejas les hablo de mí, "no tienen que ir a verlo jugar, vayan a buscarlo que va a venir", les dijo.
Y ahí llegó el avión...
= Habrá sido marzo de 1960. Un día, a eso de las 4 de la tarde empezó a dar vueltas un avión. Yo estaba en la casa de mis viejos, en el pueblo. El avión aterrizó en el campo de Mancini, detrás de lo que es ahora la Cooperativa Agropecuaria y hasta casa los trajo el taxi de Berolo. Se bajaron dos tipos y los atendí yo. "Venimos en busca de Jurado". Sí, quien ¿mi papá o yo? "No, no, el que juega al fútbol, venimos de parte del Sr. Olivero para que nos ponga en contacto con el presidente o secretario del club porque queremos que venga a jugar a Las Parejas, tiene que ser ya porque a las 7 y media cierra el libro de pases ".
Me bañé y salimos. Fuimos a lo de Sunde, el presidente, y fuimos a ver a Lantaret, y ellos decidieron no negarme el pase. Así que salimos en el avión y llegamos a las 7 y cuarto a Cañada de Gómez. Entramos nosotros a la sede de la Liga y cerraron las puertas. Ni ropa había llevado!
Esa noche comimos un asado con todos los del equipo que eran casi todos de afuera, muchos de Rosario, el otro club es Atlético, en esa época y ahora ponían mucha plata y había mucha rivalidad. Esa noche fuimos al club a comer un asado con los otros muchachos, y antes de las 11.00, nos llevaron a dormir. Al otro día era el partido, y yo jugué sin que nadie me hubiera visto hacerlo. En ese partido hice dos goles en Villa Eloísa y quedaron todos contentos.
En las Parejas estuve unos cinco años, porque después me casé y estuvimos un año y medio más viviendo allá.
¿En ese club tenía un buen sueldo?
=Esa fue otra sorpresa que me llevé. Porque acá yo nunca cobré ni quise cobrar, yo jugaba porque sentía amor a la camiseta. Y después de ese primer partido, cuando estábamos en el vestuario llegó el secretario con un sobre para cada uno. Yo no lo podía creer, eran 70 pesos de esa época, que para mí era un platal! Y te cumplían rigurosamente.
En ese tiempo que estuve no se ganaron campeonatos pero siempre andábamos medios entreverados. Los clásicos eran más bravos que los de acá, y ahora también.
Ellos me habían conseguido trabajo y estuve en las oficinas de varias fábricas.
¿Lo expulsaron alguna vez de la cancha?
= Una sola vez. Acá, en la cancha de Juventud. Yo se que estuve mal, pero por ahí da que pensar. Jugábamos con Independiente y ganábamos fácil, porque Independiente no tenía nada en ese tiempo. Y había un muchacho, Santich, un grandote, que me había pegado tantas patadas! Me marcaba y no me lo podía sacar de encima. Vos sabés que me chorreaba sangre, porque en esa época no usábamos canilleras, yo jugaba con las medias caídas, hasta que en una de esas me volvió a pegar y se cayó. Y cuando quedó en el suelo, me di vuelta y le pegué una patada en la espalda. Me echaron de la cancha.
Santich me tiró cincuenta mil trompadas, decí que se metieron los otros y no me pudo pegar ninguna. Después nos hicimos amigos y cuando nos encontramos nos acordamos de eso.
¿Se ha quedado con alguna bronca por cosas como estas? 
=Nunca le he guardado rencor a ninguno. He tenido grandes rivales. En Belgrano jugaba el "Beto" Cohego y hemos sido muy amigos, con "Tito" Pellegrini o con Nello Astolfi, que pegaban, pero no porque eran malintencionados, sino porque el físico los llevaba a pegar. porque ponían el corazón en la cancha. Y sin embargo siempre fuimos amigos, igual que con otros.
¿Cómo fue la vuelta a Santa Isabel?
=El día que teníamos que partir teníamos las cosas cargadas y no sabíamos si venirnos o quedarnos. El motivo era que Edy estaba embarazada de nuestro primer hijo, nuestros padres nos querían acá, ya me habían conseguido trabajo en la Cooperativa Unión y Fuerza. Así que nos vinimos, entre a trabajar en la cooperativa y estuve 39 años hasta que me jubilé .

¿Cómo llega a vincularse con la música y la locución?
=Yo era muy amigo de Freto Angeleri, del Negro Ribas, de mucha gente de Belgrano. Y para una fiesta de aniversario del Club Belgrano, en 1973, Freto me dice: "Negro, a vos que te gusta la payasada, por qué no hacés algo para presentar en la fiesta, algún número". Y bueno, se lo comenté a Nancy Parodi y a Eduardo Rasello, los dos tocaban la guitarra. Nancy le dijo a Analía Tocchetti que también se entusiasmó y, como nos faltaba una primera guitarra, hable con Carlitos Iglina de Villa Cañás y aceptó. Comenzamos a ensayar en la Sociedad Italiana, hicimos unos cuantos temas y debutamos esa noche con el nombre de Los Arrieros.
Después de eso actuamos en Villa Cañás y en Venado Tuerto, y nos entusiasmamos, por eso me puse en contacto con los organizadores del festival de Cosquín. Nos pidieron algunos datos, una grabación y otros requisitos, y como teníamos todo, fuimos aceptados y tocamos en el escenario mayor, en la semana anterior al festival mayor de Cosquín. La plaza estaba llena de gente, nos aplaudieron y todo!.
¿Por qué le dicen "El Eterno"?
= Me lo puso Adrián Giacardi, cosa de muchachos. Porque tenía un montón de años y jugaba al fútbol con los chicos, yo jugué hasta los 63 años en los Señors, cuando los otros andaban por los 40 o 45. Está bien que no hacía mucho, pero me defendía.
También se dedicó al periodismo...
=Si, yo trabajaba en la cooperativa y a la vez tenía un programa en O.P.S.I., cuando era circuito cerrado, de doce a doce y media, que se llamaba "Jurado y sus Noticias". Todos los días llevaba gente para charlar y reportear. Era muy escuchado porque a la gente le gusta saber las cosas que pasan en el pueblo. Y en ese tiempo no había tanta televisión como ahora, por eso se escuchaba mucho.
Y ahora se sigue dedicando a estas cosas?
=No. Ahora no estoy en esos temas, solo para cantar algo en algún asado, para divertirse, para pasar el tiempo. Hay que dejar el paso a los jóvenes, aunque no me siento viejo, eh?. Yo tengo 70 años pero trato de actualizarme. No te voy a decir que me quiero hacer el joven, pero tampoco quiero quedarme atrás, que intervenís en una conversación y no sabés que decir.
Por su trabajo en la cooperativa y ahora, dedicado a la venta de maquinarias conoce bien a la gente de campo y su trabajo. ¿Cual es su opinión?
= Según mi punto de vista hay que darse cuenta de que si los chacareros ganan plata le van a dar trabajo, indirectamente a mucha gente. Cuando compran una camioneta le están dando de ganar a la agencia, al que fabrica, al que vende, a los obreros, a todo el mundo.
Por otra parte te puedo decir que el problema de nuestra zona es que estamos rodeados de estancias, no han quedado más colonos en las estancias y además, muchos vendieron el campo que tenían. Pero hay lugares, no muy lejos, en la zona de Chovet, por ejemplo, en los que todavía hay muchas chacras habitadas, son como las de antes, con sus animales y todo, pero con las comodidades actuales.
Un balance de su vida...
= Yo creo que la vida ha sido para mi muy buena porque gracias a Dios tengo unos buenos hijos, mi mujer, mis nueras, ahora tengo cuatro nietas... El balance es positivo.
Son etapas, jugué primero al fútbol, cuando se terminó esa etapa anduve con la música, con la orquesta de Cuarteto Impacto. Con mi esposa vamos a todos lados... Eso si, no tengo plata, pero no me interesa ese tema, sí vivir bien, con salud y con la familia bien.


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Club Belgrano. 90 años en azul y rojo.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 68 del 12/06/2006
 Este 18 de junio de 2006 se cumplen 90 años de aquella primera reunión de jóvenes isabelenses que dieron nacimiento a lo que hoy es el Círculo Social y Deportivo General Belgrano, . Intentar reflejar en este espacio tantos hechos, tanta gente, tantos momentos, tanta trayectoria dentro de la sociedad isabelense, es tarea imposible. Solo será una breve reseña con los hitos fundamentales en el devenir de lo tiempos. 

Fundación:
 En junio de 1916, 8 años después de nacido el pueblo, un grupo de jóvenes fundaron un club dedicado a la práctica del fútbol, el Belgrano Foot Ball Club. Tiempo en que el juego ingles se afianzaba en la popularidad mundial y en el que en Santa Isabel sobraban los baldíos para improvisar canchas y dar rienda suelta a la práctica deportiva. El 1º de enero de 1917 se redactó la primer acta. Allí se habla de la consolidación de la institución y se resume la historia diciendo: " A mediados del próximo año pasado un grupo de jóvenes entusiastas footballistas se reunieron en este pueblo con el objeto de hacer lo posible para poder principiar a practicar el deporte de football, a cuyo fin se llegó formando provisionalmente el club que lleva por título el apellido del ilustre patriota argentino Don Manuel Belgrano, en esta forma Belgrano Football Club.  Dice además que se había formado una comisión directiva provisional que lleva como presidente a Francisco Perna (h), Vicepresidente Carlos Steopovich (sic), Secretario Carmelo Carrea, Tesorero, Alberto Poch y Capitán Ernesto Di Battista.  Se transcribe un inventario que detalla todos los elementos con que contaba la institución: dos arcos, un pito, una lezna, dos pelotas usadas, un inflador, un pomo solución, un sello, una almohadilla tinta, un reglamento, una caja tipos, un talonario de recibos, papel y sobres.
 Se agrega sobre el Club que "en estos últimos meses empezó a decaer, quedando casi desorganizado, en vista de lo cual varios jóvenes que recién habían entrado de socios resolvieron , con la conformidad de los demás, que se fundase de nuevo el Club y que se designase una nueva Comisió Directiva. La misma estuvo constituida por: Presidente: Juan Paulina, Secretario: Alberto Poch, Tesorero: Hugo Severini y Capitan: Ernesto Di Battista. También firmaban Héctor Severini, Vicente Paresi, Carlos Di Battista, Antonio Dedominici. Toda gente muy joven, el presidente, por ejemplo, tenía 19 años.
Instalaciones:
 Desde el comienzo se trabajó en procura de las instalaciones para desarrollar el deporte y las actividades sociales o institucionales. La primera casa del Club Belgrano fue una habitación del domicilio de la Sra de Paulini, (hoy transporte Dante) Santa Fe 927, luego se trasladó a la que ahora es Farmacia Miculán, Belgrano 1118.Posteriormente la Secretaría se ubicó en lo que es Rectificadora Fassi, San Martín 1150, luego estuvo un tiempo en Belgrano 1169 y pasó después a Santa Fe 1076, hoy Transporte Ruta Joven. Después se ubicó en un local que pertenece a la Cooperativa Unión y Fuerza, en Sarmiento 1240, aproximadamente, hasta recalar en la actual sede de Gral. López 965, aún antes de que esa propiedad fuera del Club. La antigua construcción fue derribada y en los '60 se construyó el actual edificio que ha sido reformado en varias oportunidades. En lo que era el patio se construyó una cancha de básquet y pelota a paleta que luego fue techada.

Canchas:
 Otra preocupación fue lograr las instalaciones para la práctica del fútbol. Al principio fueron simples baldíos con el agregado de los arcos y la marcaciones. Primeramente fue en un terreno de Santa Fe y 25 de Mayo, esquina Norte. Luego estuvo en 25 de Mayo al 1430 aproximadamente, después se mudó más al centro, a media cuadra de la plaza en José Ingenieros 862. De ahí pasó a la esquina Norte de Corrientes y Mitre, donde ahora es el Hogar de Niños.
 Finalmente, el 12 de abril de 1927 adquirió la manzana comprendida por las calles Sarmiento, Chaco, San Martín y Misiones, actualmente Barrio Fonavi (en la esquina de Misiones y Sarmiento aún se encuentra, convertidos en vivienda, lo que fueron los vestuarios y la entrada). Al finalizar la década del '60 se inauguró el actual estadio de calle España y Gral. López.


El Polideportivo:
 Luego de inaugurada la cancha de fútbol se dio paso a la construcción de lo que se llama el Polideportivo Manuel Boggio.  En 1970 se inauguró la pileta olímpica y detrás de ella vinieron, a través de los años, las instalaciones del bar y vivienda, las canchas de boley, básquet, paddle, tenis y los vestuarios y restaurante de "El Quincho".

Deportes:
 El fútbol es, desde el comienzo, ha sido la actividad deportiva más importante del Club. La primitiva camiseta de color celeste y blanco fue reemplazada, en los primeros años, por la actual azul y rojo. Belgrano ha sido siempre un gran animador de los campeonatos en los que participó y obtuvo, en 1930, el campeonato de la desaparecida Liga Regional del Sud. A fines de la década del '30 se comenzó con la práctica del básquet utilizandose, primeramente, las instalaciones que la Sociedad Italiana tenía en 9 de Julio y Gral. López, hasta que se construyeron las propias. La pelota a paleta es otro deporte tradicional, siendo esta la única cancha de la localidad desde hace más de 40 años.
 El tenis, el boley, paddle y la natación son otros de los deportes que se practican en la Institución. También el automovilismo tiene su capítulo con las carreras de Ford T que se realizaban en un sector de estancia Las Dos Hermanas o la del circuito de Fomento Vnadense en los ´70, sobre lo que luego fue el desvío de la ruta 94

Red-Belgrano:
 Así se denominó al grupo integrado por el Círculo Social y Deportivo General Belgrano, la Asociación Mutual del Club Belgrano y la Cooperativa de Servicios Públicos Belgrano Ltda. La Mutual, creada en 1984 ha sido un importante pilar económico de la institución. A pesar de algún altibajo, esta entidad se ha consolidado fuertemente lo que le permite ampliar las prestaciones a sus asociados, no solo en el rubro financiero, sino también en servicios como salud, seguros o turismo, representando a otras entidades, o el recientemente inaugurado panteón social. En poco tiempo se estima que se comenzará a construir las nuevas oficinas en calle Mitre al 1200. La Cooperativa Belgrano, creada en 2003 con objetivos muy amplios, hoy brinda a la comunidad el servicio de internet dial-up y banda ancha inalámbrica.

El Futuro:
 Dicho así, el transcurso de estos 90 años parecieran rápidos y fáciles. Sin embargo ha sido el tesón, el esfuerzo y la dedicación de miles de personas los que hicieron posible el potencial social y económico del Belgrano actual. Hoy sus dirigentes tienen la posibilidad de contribuir en forma sustancial al desarrollo de Santa Isabel. 


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miércoles, 13 de marzo de 2013

Trabajar en las máquinas.

Publicado en "Acercar a la Gente"  N° 48 del 27/02/2004 
 "Nelo" Astolfi resume casi 50 años de trabajo en las cosechadoras.  Costumbres y situaciones de ayer y de hoy ligadas al mundo de las máquinas.
  La industria argentina de maquinaria agrícola, pionera en Sudamérica, tiene un largo historial que se remonta a 1878, cuando en Esperanza (S.F.), la primer colonia agrícola del país, Nicolás Schneider inició la fabricación de arados.

 En nuestro país, las cosechadoras se comenzaron a fabricar mucho antes que lo hicieran las firmas líderes mundiales: Massey Harris en 1938, International Harvester en 1942 y John Deere en 1947. Terminada la Primera Guerra Mundial (1914-1918), y aún desde 1912, comienzan a aparecer en los campos argentinos las primeras cosechadoras de trigo arrastradas, en su mayoría, por caballos y desprovistas de motor, que tomaban sus movimientos de una de las ruedas; ganándole terreno a las viejas trilladoras de amarre. La cosechadora se definía por la combinación de la siega y la trilla simultáneamente, además del embolsado del grano y de poder cosechar distintos tipos de cereales. Por estas razones uno de sus nombres más conocidos fue el de corta-trilla. Precisamente, “cortitrilla” ha sido y es la palabra que junto, y muy especialmente, a la de “máquina” define, por estos lugares, a las cosechadoras. Trabajar en las máquinas significa, ineludiblemente, trabajar en las cosechadoras. 

 Hasta llegar a la época actual, en que las máquinas -la mayoría importadas- poseen equipamientos computados y guías satelitales con gran comodidad para el operador, en Argentina se produjeron miles de unidades de diferentes marcas y modelos.

 La mayoría de las fabricas se situaron en el sur de Santa Fe, centro y sur de Córdoba y noroeste de Buenos Aires (en nuestra provincia se forjaron nada menos que veinticuatro fábricas entre los años 1921 y 1960). Algunas de estas fábricas fueron o son: En Susana: (1917) Luis Gnero y Miguel Gardiol. En San Vicente: Hermanos Senor (1921), Bernardin (1923), Flamini (década del '40) e Industrias Boffelli S.A. (1958). En Sunchales: Alfredo Rotania (1920) que en 1929 recibe el título de “Patente de Invención” reconociéndosela como la primera cosechadora automotriz del mundo, y José Alassia (1927). En Josefina: Santiago Puzzi y Cía. (1926). En Angélica: Luis Boschetto y Hnos. S.A. (1939). En Colonia Margarita: Picco, Apendino y Cía. con la marca Marfariteña. En María Juana: Juan B. Buriasco y Cía con la marca La Soberana. En Zenón Pereyra: Baietto y Cía., Contardi y Cía. y la firma Osvaldo y Atilio Forzani S.R.L. En Totoras: Miguel Druetta (1923). En Rosario: Grandes Establecimientos Metalúrgicos Argentinos S.A. -GEMA- (1943). En Venado Tuerto: Giubergia (1948). En Firmat: Roque Vassalli (1949) e Industrias Agromecánicas Di Tullio S.A. (1955). En Casilda: Ramón Amadeo Guasch (1943), Establecimientos Industriales Rector S.A.C y F. (1949), Establecimiento Metalúrgico Marani S.R.L. (1948) y AUDMEC S.A. (1958). 

 Además, entre 1939 y 1945, Mainero y Minervino fabricaron los primeros equipos para cosechar girasol, inéditos en el mundo; y en 1950 las fábricas Vasalli y Giubergia fueron pioneras en el mundo con la fabricación de cabezales maiceros.
  Entre tantas marcas y modelos y la inacabable extensión de campos, los hombres dedicados al trabajo específico de la cosecha continúan tejiendo infinitas situaciones, anécdotas y costumbres. Muchas se repiten desde siempre, otras van mutando conforme a los nuevos tiempos.

 Anello ("Nelo") Astolfi pasó la mayoría de su vida ligado a este trabajo. Por eso hemos recurrido a él para que nos cuente sus experiencias y nos acerque al mundo de las máquinas, el que, aún teníendolo tan cerca, para muchos de nosotros puede ser desconocido. 


  ¿Cómo comenzó a trabajar en las máquinas?
= Trabajé algunos años en las estaciones de servicio del pueblo y después, cinco años en la fábrica Carelli, en Venado Tuerto. En ese tiempo, cuando ya estaba casado, tenía 24 años, surgió la oportunidad de comprar una máquina y trabajar junto a mis cuñados "Tito" y "Franco" Pellegrini, con quienes estuve cinco años.
Me pasaron el dato de una usada, una Massey Harrys 21 A, que estaba en Salto así que un domingo a la mañana, con una helada bárbara, fuimos con Tito en una Ford "A" a buscarla. Resulta que estaba casi nueva, pero le habían dejado el agua en el motor y el hielo de la helada lo había rajado. Así que estuvimos varios días dando vuelta hasta que trajimos el motor para desarmarlo y al final lo mandamos a Buenos Aires a un taller que le hacías las reparaciones al motor de Oscar Gálvez y que había inventado un sistema para sellar estas rajaduras. Después de este arreglo pusimos el motor y hasta el día que la vendí, nunca tuve problemas por eso.
 Esa fue la primer máquina que compré, en el año 1953, y era igual a las que tenían Tito y Franco.
  ¿Cuanta gente trabajaba en esas máquinas?
= Mientras se trabajaba íbamos cuatro personas, el maquinista, un costurero, un enganchador y un ayudante. El maquinista manejaba, el enganchador iba poniendo o enganchando las bolsas en las boquillas de la máquina, la sacaba cuando estaba llena y se la daba al costurero. El costurero la cocía, la cerraba y la largaba en la batea, una especie de tobogán, en el que entraban tres bolsas y una arriba, cuatro. Para largarlas se apretaba un pedal que habría la puerta de la batea y las bolsas, mientras la máquina seguía en marcha, quedaban acostadas en el campo. Se tenía la precaución, para que no se perdieran, de largarlas siempre en la misma fila, porque si no después no se veían todas y algunas quedaban tiradas en el campo. Entonces, en la primer vuelta que se daba se paraba una bolsa, como para marcar, que servía de guía para largarlas en la misma línea. Además esto hacía más fácil el trabajo de pararlas.
  ¿Cómo era el trabajo del costurero?
= Cuando yo me inicié había que poner gente del Centro si o si, entonces íbamos al Centro de Trabajadores a pedir la gente; para tres máquinas se precisaban seis personas. Por ahí te tocaba un enganchador que más o menos sabía coser y ayudaba, pero como las máquinas eran chicas, poco pie de corte, iba bien. Pero guarda, había gente muy hábil para coser rápido, no era fácil, el costurero tenía que saber trabajar bien.
Venían las madejas de hilo para coser las bolsas de arpillera. El costurero la cortaba al medio y le quedaban pedazos de hilo de 1,20 m. más o menos. Enhebraba la aguja y quedaba doble hilo, empezaba a coser de una punta de la boca de la bolsa, hacía una oreja y cosía hasta la otra punta donde formaba la otra oreja y quedaba la bolsa cerrada.
  ¿Cómo se trabajaba con las bolsas que quedaban en el campo?
=Generalmente se iba trillando y el colono, con gente de la familia o del Centro, las iban parando para que se orearan bien. No había secadoras, había que trillar seco, aunque parando las bolsas, el cereal se seca solo. Después las recolectaban y hacían estibas en los galpones o en el campo para después sacarlas en los camiones.
 Con la humedad, estando paradas no había problema. Por ejemplo,en Villa Valeria, San Luis, hicimos 15 montones de sorgo de 700 u 800 quintales cada uno y al medio una hilera larga: Si llueve se moja una capa arriba de 10 cm. y después no entra más la humedad, se hincha y corre el agua como si fuera una lona. Por eso las bolsas se podían dejar unos días en el campo.
  Eso fue así hasta que se comenzó a trabajar a granel...
= Las tolvas y los carritos se habrán empezado a usar a mediado de los '60. Algunos trillaban con bolsa, pero eso era más económico para el colono porque se lo trillabas y se lo llevabas con el acopladito hasta los silos. Yo había comprado un silo rodante marca Tameq. Ahí cargaba el cereal de los carritos y después los pasaba a los camiones.  ¿En que zonas trabajaban?
=Con el trigo arrancábamos en el norte, el 10 o 15 de noviembre, en Barrancas, Villa Eloísa, San José de la Esquina, y los primeros días diciembre ya estábamos trabajando acá. Después íbamos al sur de la provincia de Buenos Aires, Coronel Suárez, Pringles, Puán. Allá trabajábamos un mes o un mes y medio. Pasé muchas Navidades y Años Nuevos sin estar en casa, juntando el trigo.
  ¿Cuanto tardaban en llegar al sur?
= A Coronel Suárez, con las Masey Harris cuatro o cinco días. Con las otras que compré después, tres días. A veces se tardaba más porque ibamos haciendo algunas changas en el camino. A partir del ´70, más o menos, cuando terminábamos la cosecha pedíamos al ferrocarril cuatro o cinco chatas y cargábamos, en Coronel Suárez, casilla, máquina, todo lo que teníamos, y lo bajábamos en Chapuy. En un día estábamos de vuelta.
  ¿Por qué todavía las máquinas siguen viajando al sur?
= Porque es mucho lo que se siembra, la provincia de Buenos Aires es muy grande. Donde nosotros íbamos sembraban unas 1.500 has., con esas tres máquinas teníamos toda la campaña ahí porque eran lerdas, ahora una máquina moderna en seis o siete días liquida todo.
  ¿Cómo se organizaban para estar tantos días fueras de sus casas? 
= En un principio no teníamos casillas, eran un lujo, así que teníamos una lona de siete por ocho, la cabreada, el palo largo con el puntal, y en 10 minutos armábamos la carpa. Cada uno llevaba su catre y como era verano, la mayoría de las veces dormíamos afuera.
 Una vez fuimos a Villa Eloísa con "Pirucho" Piancatelli, que llevó el bandoneón arriba de la máquina. Llegamos de tardecita y armamos la carpa sin darnos cuenta de que estábamos en una calle que era como un canal, y a eso de las 12 de la noche se largó a llover, era una cosa de locos. El agua se llevó todas las alpargatas; levantamos las valijas con la ropa, pero del bandoneón no nos dimos cuenta y quedó debajo de un catre. A la mañana, cuando Pirucho vio el bandoneón se agarraba la cabeza, lo fue a sacar de la caja y se le despegó el fuelle. Cuando lo quiso abrir se desarmó todo.
  Pero pasaban buenos momentos...
=A la noche, después de trabajar continuamente todo el día, daba gusto reunirse porque era toda gente alegre. No te los puedo nombrar ahora, porque me voy a olvidar de muchos de los que solían venir. Eramos trece, cuatro en cada máquina y Tito que quedaba libre porque había que hacer la comida o hacer los mandados. En el sur es distinto que acá. A lo mejor tenía que hacer 10 o 12 leguas para ir a buscar las cosas, andábamos con una Ford "A" sola para atender todo. La estancia nos daba la carne, entonces se compraba pan y lo que hacía falta para tres o cuatro días...
 Y vino. Para que vamos a hablar, damajuanas de 10 litros, a lo mejor llevábamos siete u ocho. Calculá que eramos todos tomadores de vino y era verano. Teníamos en cada máquina una bota Pamplona colgada, cuando se vaciaba te avisaban.  Pero no era que se mamaban ni nada de eso, en vez de tomar agua se tomaba un trago de vino.
  ¿A que hora comían? 
=A la mañana, a eso de las 8 y media, se comían los bifes, era una especie de desayuno. Después, a las 12 y media, más o menos, se almorzaba, pero para no parar y aprovechar el buen tiempo se hacían relevos. A la hora del mate parábamos todos, se paraba para echar nafta, porque estas Masey Harris eran con motor naftero. Y después se seguía con el trabajo hasta la noche, hasta que la humedad del cereal nos dejara. Podían ser las 11, las 12 o las 2 de la mañana. Hemos tenido la suerte, en un año de seca, de trabajar toda la noche.
  ¿Les traían problemas esos motores nafteros?
= No tanto, pero como estaba puesto abajo, a la altura de la paja del trigo que ibas trillando, había que tener cuidado de que no juntara basura y se prendiera fuego.
 He visto cada incendio en e sur que daba miedo.
  ¿Por que son tan grandes los incendios en esa zona?
= En los años '60 y '61, en el sur hubo una gran sequía. Tal es así que no quedaban vacas, los campos pelados completamente y en el '62 empezó la lluvia otra vez. Allá son estancia de 5.000 o 10.000 has. y había quedado, prácticamente todo sin hacienda, por eso se sembró todo trigo. Ese año gané mucha plata, porque faltaban máquinas y se cobraba mucho.
 El dueño del campo recomendaba tener cuidado con el fuego, porque si se prendía no quedaba nada y no nos salvábamos nosotros tampoco. Porque, ¿adonde nos íbamos a meter? Los lotes son de 1.000 o 1.500 has, y pegado a ese a lo mejor hay otro. Cuando había hacienda no, porque cortaban con lotes de hacienda, pero ese año habían sembrado hasta debajo de la cama.
 Todos los días se veían, a lo lejos, humaredas de incendios, daba miedo.
  Antes se acostumbraba quemar el rastrojo.
= Acá si, porque son chacras chicas. Pero allá, prohibido terminantemente prender fuego un lote. Le echaban hacienda y la pisoteaban para poder trabajarlo de vuelta.
 Nosotros le trabajábamos a un tal Segón. Tenía un galpón todo de chapa y sin una sombra. Obligadamente teníamos que hacer fuego ahí adentro, y cuidadito que te viera que tuvieras un cigarrillo en la boca.
 Nosotros no tuvimos incendios, pero una vez se nos venía el fuego del campo vecino y nos metimos en medio de unas plantas. De cualquier manera lo cortaron antes. Era terrible.
  Y después de la cosecha, a reparar...
=Teníamos un mes y pico de reparación. Había que cambiar poleas, revisar todo, llevar piezas al torno. No había bolilleros, muchos rodillos, mucho desgaste. A eso había que hacerlo todos los años, generalmente, se desarmaba la máquina completa y lo que estaba gastado se ponía nuevo. Cuando tenía la Massey Harris todos los repuestos eran importados, norteamericanos.
 Hasta el otro trigo no hacíamos otra cosecha. Después cuando se empezó con el maicero ya no. Llegábamos y teníamos que desarmar todo, armar el maicero y salir. Yo con el maíz no salía mucho afuera.
  Al principio no cosechaba maíz.... 
= Nosotros hacíamos trigo nada más, hasta que mucho después aparecieron las plataformas maiceras. Después de la Massey Harris compré la primer Giubergia, la Preferida, y cuando en el '68 compré la Super G, esta venía con el maicero de cinco surcos. Algunos no querían saber nada con los maiceros y juntaban todo a mano.
  ¿También se sembraba girasol?
= Si, pero poco. El girasolero es más viejo que el maicero, es una puntonera, son unas bandejas separadas por unos 10 cm. de abertura.
 Te cuento que una vez, con el girasolero de la Massey Harris le fui a trillar un girasol a Adamo Pellegrini, en el campo de Baldessari. El girasol estaba tan enredado que las tortas se quedaban trancadas en las bandejas, las cañas quedaban debajo de la plataforma para atrás y si no las pisabas, no corrían y se hacía un montón adelante. Entonces Adamo iba agarrado al costado de la plataforma pisandolas; pisaba acá, pisaba allá... Y había un eje que tenía un engranaje con un prisionero, que yo le dije "tenga cuidado". "No, vos dale, dale..." Por ahí veo que el prisionero le enganchó la manga del pullover, así que enseguida saque el embrague para que se pare la máquina, pero igual siguió por el envión. Vos podés creer que lo desvistió completo; le quedó puesto el sombrero y las alpargatas. Le sacó el pullover, la camisa, la camiseta, los pantalones y los calzoncillos, todo quedó enrollado en el eje. Menos mal que cuando lo quiso levantar, se agarró fuerte y ya la máquina fue parando; pero lo desvistió. Se tapaba y se reía. "Andá a decirle a tu madre que me mande un par de pantalones y calzoncillo" le decía al hijo, a Pedrito.
 Primero nos reíamos, pero después nos asustamos mucho.
  ¿Cuál ha sido uno de los campos donde más ha trabajado?
= Cuando empecé a trabajar con las máquinas en el '53 entré en la estancia La Lyda y hasta que se vendió la última parte, que no hace mucho que se separaron y que le vendió el campo a Hathor, estuvimos trabajando. Trabajé como 50 años ahí adentro, así que conocía todo el movimiento.
  ¿Hasta cuando estuvo en esta actividad?
= Hasta hace dos años y medio o tres, trabajabamos como tractoristas rurales, en Villa Valeria, hacíamos los trabajos y lo cosechába-mos también.
  Desde sus comienzos a la actualidad las máquinas tuvieron un gran avance ¿no?
= Subir a las máquinas de ahora es un lujo. Por eso es que ahora se achica la mano de obra. Con las tres maquinitas que teníamos nosotros íbamos trece personas, ahora una máquina sola hace el trabajo de lo que nosotros hacíamos en cinco días; y va el maquinista y el tractorista.
 Además, al haber muchas máquinas, antes las fábricas tenían mucho trabajo con el tema de los repuestos, después empezó a venir lo importado y tuvieron que cerrar. Por otro lado, chacras casi que no quedan más. No quedó nada, por eso se ha achicado mucho la mano de obra.
 Será que uno es medio sentimental, pero a veces no quiero salir por el campo. Tengo 75 años y a las chacras las conocí de pibe y con este trabajo. Y ahora son todas taperas; y yo cuando veo eso me agarra una amargura... Ahora se ven las plantas de las taperas, te da pena.
  Además de trabajar en las máquinas, también se ha dedicado al fútbol...
= Si. En el '53, '54 , '55 y '56 en Belgrano teníamos un cuadro muy bueno. Tres años seguidos salimos campeones de zona, pero nunca pudimos mojar el campeonato de la Liga, porque nos desbandábamos todos cuando llegaba el tiempo de la cosecha y nos íbamos a las máquinas.



 Las Massey Harris y el personal posando para la foto.




 En la casilla. Un momento de recreo entre tanto trabajo.
 Recién llegada. La familia posa junto a la nueva Giubergia.








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