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domingo, 17 de julio de 2016

Con el folklore en el alma

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 57 del 05/04/05

Nilda de Sunde, icono folklórico local por excelencia, rememora los mejores momentos de La Marrupeña.


Nació en Teodelina en 1941 pero cuando tenía 2 años sus padres se trasladaron a Villa Cañás donde vivió hasta sus 25 años. Al casarse se radicó en Santa Isa-bel y dio a luz a sus hijos y al movimiento folklórico más importante de la localidad.
Nilda González Farrando es conocida por su apellido de casada, Nilda Sunde, pero especialmente por su actividad de casi 32 años en La Marrupeña. De eso y de otras cuestiones estuvimos dialogando.


¿Cómo se relaciona la danza folklórica?
=En la escuela recitaba poesías, bailaba o hacíamos comedias. A los 15 años ya andaba en comisiones; con mi hermano hacíamos teatro vocacional o íbamos a la peña de Studebaker, que en ese entonces se llamaba La Huella. Estando en la organización de los carnavales que organizaba el Club conocí a Orlando, mi marido.
A mis hermanos y a mi nos gustó eso desde chicos, lo de las peñas o lo del teatro. Y el folklore nos gustaba porque mi papá defendía todo lo nacional.
Aprendí primero lo que me enseñaron en la escuela. Más adelante Aldo Alfonso, de Villa Cañás empezó a enseñarnos las danzas, hasta que, en esa peña, nos dieron clases algunos profesores. Cuando terminaba la clase, la gente se quedaba en el salón; había mate guitarra, bombos, empanadas, cuentos, historias y se seguía bailando. Solo bailé en las peñas, no me veía en los escenarios, pero el del teatro me gustó mucho.
¿Cómo fue fundada La Marrupeña?
=Un tiempo antes de casarme dejé el folklore y el teatro. Me casé, vine a vivir a Santa Isabel y tuve mis hijos.
Cuando Sergio tendría 4 años y Rafael 3, Oscar Villegas, de San Gregorio, comenzó a dar clases de danza en la Biblioteca y los anotamos. Eran unos 8 o 10 entre los que estaban Claudio y Carlos Bessone, Bibiana y Eduardo Agostinelli, Juan Alberto Mondino, Bibiana Mansilla y creo que Rosana Enrico. Ahí empezamos a conocernos con Carmen Mondino, porque su hijo era del grupo.
Villegas vino unos meses pero como había pocos alumnos dejó de hacerlo y nosotros nos quedamos con las ganas.
En esa época mi suegro era presidente de Juventud y lo consulté sobre la posibilidad de que éste profesor diera las clases en el Club. Si hay muchos chicos, me dijo, a lo mejor el Club puede ayudar.
A los padres del grupo les pareció buena la idea, así que con mi suegro fuimos a ver a este profesor y le dio la palabra de que si había algún inconveniente el Club se hacía responsable. Nunca hubo necesidad de eso porque de arranque se anotaron como 45 chicos.
¿Por qué le pusieron ese nombre?
= Apenas comenzamos en Juventud, se creó la Peña y se la llamó así.
Arrancamos el 10 de mayo de 1973 y el 29 de mayo, que era un sábado, el Club, nada que ver con la Peña, organizaba un espectáculo con Los Fronterizos. Pensé que podrían salir de padrinos y al revisar su historia vi que un tío de uno de los integrantes, Moreno, tenía una estancia en Salta donde le daba cobijo a folkloristas, escritores, poetas, bailarines. El hombre era Adolfo Marrupe y le decían el "Poncho" porque él los cobijaba a todos. La estancia es La Candelaria pero le decían La Marrupeña; para ese entonces ya estaba la zamba La Marrupeña, en honor a él y a la estancia.
Pusimos unos cuantos nombres para que los chicos eligieran, pero le contamos esta historia y ganó ese nombre. Los Fronterizos estaban re chochos, aunque después ni se habrán acordado más de nosotros.
¿Visitaron la estancia alguna vez?
=Nunca, pero nos invitaron. Una vez, cuando actuábamos en La Cumbre, unos sobrinos del "Poncho" se arrimaron, nos preguntaron el por qué de nuestro nombre y nos invitaron a la estancia.
¿Cómo llega Usted a ser profesora?
=En el segundo año siguió viniendo el mismo profesor solamente los sábados a la tarde, ahí se juntaban todos lo chicos y era un lío infernal. Entre semana, ¿quién ensayaba a los chicos? yo, porque como sabía folklore llevaba a mis chicos, me quedaba a las clases y todo lo que él daba, lo asimilaba.
Al otro año se decidió ir al festival de La Cumbre en Córdoba, y hubo que ensayar a los grupos elegidos de julio a noviembre. ¿Quien ensayaba? Nilda, y Carmen que daba una mano.
Pero aparece un problema con el ingreso de una mujer que desintegró la Peña. El profesor se vio en unos cuantos líos y adujo razones económicas para no venir más. Se fue mal con nosotros, los de la comisión, y esa mujer formó otra peña en el Armonía Bochas Club diciendo que nuestros chicos no podían dar más exámenes ni tener títulos porque Villegas era director zonal del IDAF, el Instituto de Arte Folklórico, al que estábamos incorporados desde el primer año.
El Instituto no nos mandaba profesor, porque habían engañado también a Santos Amores, el fundador y director. Pero una profesora zonal propuso a Leonor Castellanos, de Venado Tuerto, de18 años que recién se había recibido.
Yo tuve que volver a las clases, y algunas personas distanciadas de La Marrupeña le hacían la vida imposible a esta chica, que decidió terminar el año, dar los exámenes y no volver. Por eso los padres mi pidieron que yo fuera la profesora.
Carmen Mondino me ayudó a hacer las carpetas mientras yo aprendía, junto a los chicos, las danzas que me faltaban. Así que a fin de 1977, rendí los tres ciclos y el profesorado juntos.
La Marrupeña, además de sus festivales y actuaciones locales, estuvo en muchas partes del país....
=Al principio todo era a nivel infantil y competíamos en el festival de La Cumbre, pero llegó un momento en que tuvimos tantos alumnos que el 80% de los chicos se quedaba sin ir, por eso los padres resolvieron no ir más. Los más grandes premios a nivel infantil se trajeron de allí, traer dos veces seguidas la Copa Challenger era ser la mejor delegación entre otras de todo el país, y en otros años estuvimos cerca del primer premio.
También del Club Independiente de Avellaneda trajimos un premio en zamba infantil y estuvimos en importantes festivales que no eran competitivos, como el de Tucumán, al que fuimos dos o tres veces; eran tres noches en las que había que mostrar diferentes cuadros con argumentos escenificados. Haber hecho teatro me sirvió para las presentaciones, por eso muchas veces descollamos, por ser distintos.
También fuimos a festivales de la provincia de Buenos Aires o de Mendoza, pero lo grande fue Cosquín. Estuvimos muchas veces a través de las competencias, llegando a finales con parejas del Ballet y con malambos, uno de los últimos fue Claudio Pierani que llegó a la final hace tres o cuatro años.
En 1995, por invitación de Julio Mahárbiz al IDAF, fuimos a bailar a Cosquín junto a todos los bailarines del Instituto. Como es el más grande del país congregó a más de 1.000 bailarines. Unos días antes habíamos ido al Pre Cosquín porque eran finalistas Marcelo Pierani y Nerina Bustos. Marcelo llegó a la final en malambo sureño, así que nos quedamos hasta el final, y después empezó a llegar el resto de la gente. De una casa alquilada fuimos a las carpas que habían dispuesto en una cancha de fútbol para los bailarines del IDAF. Afuera estaban las de los familiares.
Fue una cosa inolvidable. Todos los integrantes del Instituto tenían que abrir la primer noche del festival mayor con una zamba de Juan de los Santos Amores. Se ensayó eso y también para el desfile que era a la tardecita. A la 1 de la tarde nos fuimos todos caminando hasta la plaza, unas 25 cuadras. Amores nos reunió a todos en el escenario... una muchedumbre, un calor... Llamó al zonal de Moreno, que es donde vivía él, y al de Tucumán, el más importante por la cantidad y calidad de los bailarines. Y me dice a mi, a ver Señora, venga para acá, adonde están Ernesto y Nerina, los quiero acá, y tráigame las mejores parejas de La Marrupeña. En el escenario estuvimos, al centro el zonal Moreno, a la derecha el zonal Tucumán y a la izquierda La Marrupeña. Y para atrás y en los pasillos de la plaza, el resto.
Tocábamos el cielo con las manos y los chicos que estaban ahí arriba, primera vez de una experiencia semejante, bailaron llorando de la emoción.
Pero estos no fueron los únicos escenarios de importancia...
= Hubo muchos. En enero de 2000, antes de ir a competir a Baradero, Erina y Ernesto fueron a ver La Chacarerata a Villa Cañás. Después de verlos bailar los invitaron a ir a Cosquín con ellos. Pero antes compitieron en Baradero y trajeron el primer premio, y en zamba estilizada, Rosana Coria y Juani Sunde el segundo. Ese año Santa Isabel los vio en Baradero y en Cosquín porque la Chacarerata los invitó y bailaron en el escenario mayor.
¿Pensó alguna vez llegar a todo esto?
=No, nunca fue pensado, salió así.
En primera instancia La Marrupeña no fue un medio de vida, durante mucho tiempo yo nunca cobré las clases, hasta que llegó un momento en que los padres y la comisión dijeron que no debía ser así. Empecé a cobrar, pero si había 40, pagaban 20, y siempre se dieron las clases. Pero luego esto se tornó una profesión importante y Amores me lo hizo sentir así, debe defender esta profesión, no debe regalarse y piense que algún día va a tener profesores a cargo, me dijo.
Y estoy contenta en eso, porque en este momento hay 13 chicas y muchachos, profesores, trabajando en mi zonal en localidades como Camilo Aldao, Cafferata, Chapuy, Elortondo, Venado Tuerto y Villa Cañás, son profesores a los que de una u otra manera les di clases.
Actualmente mi obligación es supervisar cada escuela para que se cumpla con el programa.
¿Esta ha sido su vocación?
=Mi vocación fue ser maestra, no lo pude ser y no le echo la culpa a nadie. Por eso siempre me gustó estar con los chicos. Siempre pretendí que no desaparezca, no La Marrupeña precisamente, si no la difusión de la danza criolla, y estando en un lugar de estos pude compartir lo que mis hijos hacían desde que tenían 3 años, y hoy, que tienen 30, lo sigo compartiendo. Es algo que permite estar junta a la familia y disfrutar de algo que nos gusta a todos.
¿Suele encontrarse con ex alumnos?
=El año pasado tuve una gran alegría, fui al festival de La Telesita de Villa Cañás, que es donde da clase Claudio Pierani, y me encontré con chicos, grandes, con gente que ya ni tengo en la memoria. Todos venían a saludarme con cariño y con respeto.
Eso por un lado, y por el otro, miré el escenario y entré a ver gente que a pasado por mis clases, o por las clases de mis hijos, o por las de los profesores que se han recibido con migo. Estaban las academias de mis chicos que están dando clases y que son de mi zonal.
Estoy feliz en ese sentido porque hay alguien que sigue lo que inicié.
Y que le proporciona ingresos...
=Respecto a lo que yo recibo como Directora Zonal, es un porcentaje sobre el arancel que cobra el Instituto en los exámenes. Según la cantidad de exámenes, hay un porcentaje que me dan a mi y otro al profesor.
Volviendo atrás, hay un momento en que la Marurupeña se va de Juventud a pesar de que siempre fue vista como una parte del Club...
=Era así. Tal vez porque los Sunde estábamos ahí. Siendo presidente mi suegro del Club, el dio su palabra de que si hacía falta un respaldo, lo ibamos a tener. Después fueron cambiando algunas cosas a través de los años y de los distintos presidentes y comisiones.
Pero nosotros nos sentimos parte del Club Juventud ya sea por el fútbol o por la Peña. Porque la familia de mi esposo eran del fútbol y nuestras casas eran albergues de los jugadores que Juventud traía. Nosotros no estrenamos nuestra casa, la estrenaron los jugadores del Club, por eso Juventud está en nuestro corazón, en nuestra alma. Siempre.
Si bien es cierto que nosotros y mucha gente de la Peña era de Juventud, a las personas que ingresaban, nunca se les puso algún tipo de condicionamientos. Pero algunas cosas fueron cambiando y hubo momentos en que ciertos sectores de la Institución nos rechazaron, o a lo mejor nosotros nos sentimos rechazados. O sea, el folklore se sintió rechazado, no la familia Sunde. Al suceder algunos problemas ,se pensó en buscar otro lugar.
Así nace una nueva Institución...
=La Marrupeña siempre se sostuvo por todo Santa Isabel; todo el mundo nos compró rifas o nos prestó cosas, y hubo gente que nos hizo ver esa realidad. Además el IDAF nos obligaba a denominarnos escuela y pedía una serie de requisitos que le complicaba las cosas al Club. Se juntó un poco de todo eso y en 1995 se realizó una asamblea en la que la mayoría decidió independizarse y crear la Escuela de Arte Folklórico La Marupeña.
Al principio estuvimos en el Centro Cultural, la Sociedad Italiana, hasta que cuando se cumplían las bodas de Plata encontramos el local en el que todavía estamos.
¿Cómo fue la creación del Ballet?
= Fue en 1990. Los varones, al terminar la escuela primaria no seguían bailando, en el secundario los cargaban y a los chicos les daba vergüenza . Pero se armó un grupo de chicos que eran muy firmes en lo que les gustaba, y se quedaron.
Como tenían 13, 14 o 15 años, con ellos empecé a crear cosas distintas. La Marrupeña traía artistas y nos metíamos con ellos y armábamos los cuadros y bailábamos. Uno de esos artistas fue Rubén Durán con quien nos hicimos amigos y hablamos mucho sobre el arte, la música y la danza; y empezamos a crear con Rubén. Un día me dijo: Negrita lo tuyo es un ballet, vos a este grupo no lo podés anunciar más como una peña, porque el trabajo que estás haciendo con los chicos es de avanzada. Fue la primer persona que habló de ballet y que luego fue el padrino.
Armamos un cuadro que después fue ganador en los encuentro juveniles de cultura en Santa Fe y tomado como ejemplo de danza estilizada. Ese cuadro llamó la atención, después Ernesto lo sigue perfeccionando, y todos lo que lo ven dicen que eso es propio de un ballet.
Por otra parte, Roberto Machado, que vino con Durán pero que lo conocíamos porque había sido profesor de canto y guitarra y estaba en el Trío América, con Chano Coria y con Sergio, nos llevó a un festival en Corral de Bustos como ballet principal. Cuando terminamos de actuar nos vino a saludar y felicitar un matrimonio que habían sido bailarines del Ballet Salta. A partir de esta relación trajimos al hombre unos meses para que prepare a los chicos. Con lo de él y lo mio creamos el Ballet La Marrupeña.
Con el Ballet tuvieron actuaciones internacionales...
=Fue cuando estuvimos en Brasil, en el año 2.000. Esa fue una idea de mi marido a partir de una persona que Ernesto conoció en Caferatta. Este hombre organizaba giras nacionales e internacionales con actuaciones, un empresario que se dedicaba a eso. Se lo propusimos a la Comisión que aceptó tener una charla con él para ver las posibilidades que había.
A partir de sus vinculaciones actuamos, especialmente en Foz do Iguazú, en Brasil, y en Ciudad del Este en Paraguay, un viaje que nos pagó Santa Isabel mediante la rifa que sacamos.
En realidad, siete días después de lo de Brasil teníamos que ir a Uruguay. Pero no nos llevó nunca, fuimos a verlo y todo pero nunca pasó nada.
Eso les podría haber servido para hacer importantes vínculos de trabajo
=Si estaba todo, pero nos quedamos en los cajones. Las actuaciones fueron fabulosas en todos lados. Habíamos quedado vinculados con el cónsul para que los chicos nuestros dieran clases de tango en Foz do Iguazú, en un centro cultural, pero no volvieron más.
En la cadena de hoteles más importantes de la ciudad, que tiene un centro de esparcimiento fabuloso, actuaron varias veces, con el cónsul y los dueños del hotel presentes; ellos les daban actuaciones en los hoteles de la cadena. Pero bueno, no se aprovechó.
Y también estuvimos en Oberá, Misiones, con conferencia de prensa y todo; canales, diarios... También aparecimos en los canales de Foz, o sea que adonde nos llevó, nos llevó con todo.
Hablando de viajes internacionales, cuéntenos de su experiencia de trabajo en España. ¿Cómo surgió?
=Fui en mayo de 2002 y surgió por la mala situación económica. Pensar de ir por mi cuenta imposible pero, como se habían ido Osvaldo Pierino, el "Gringo", y Silvia Nievas, y yo tengo relación con la familia de ellos, me contaron que estaban trabajando en un castillo y que la dueña, una condesa, buscaba cocinera para 15 a 20 persona en la temporada de verano.
Me animé y llamé a Silvia a España para que hablara con esa mujer. Consultaron y les dijo que si.
Yo llamé a fines de abril y me necesitaban para el 12 de junio. Me pagaban los pasajes de ida y vuelta pero yo no tenía pasaporte ni plata para hacerlo, así que fuí a de una prima que me ayudó para hacer los trámites. En ese momento los pasaportes demoraban de 6 meses a un año en salir, pero yo hice plantones en la Policía Federal y en la embajada de España, miles de cosas y papeles. Hasta que esta señora me mandó una certificación de trabajo y lo aceptaron en la embajada, a la vez que de tanto que expliqué mi situación, me hicieron el pasaporte. Vine acá, me preparé las pilchas y partí. Me ayudó mucha gente en esto, entre ellos la Sra. de Amores, me dieron unos mangos para no irme sin nada y un sobrino de ella me llevó a Ezeiza.
Hoy no se si me animaría a hacerlo.
Pero le sirvió para traer algo de plata...
=Prácticamente vivimos un año con eso y pagamos unas cuentas que teníamos.
¿Donde está ese castillo?
=En un pueblo de Cataluña, sobre el Mediterráneo, que se llama Canet de Mar. Está empotrado en la montaña y no se lo ve de ninguna parte, una vez subimos hasta una cruz que hay la cima de una montaña, y ni desde ahí se ve porque está tapado por los árboles. Es de la época de la guerra con los Moros.
¿Cuál ha sido su experiencia allí?
=Que a los trabajos de servidumbre ellos no los hacen. Había argentinos y otros sudamericanos. Marroquíes un montón, filipinos y negros africanos.
En total, trabajando éramos siete personas, los efectivos como Pierino y Silvia, que estaban en mantenimiento y otros trabajos, y una mujer que hacía la limpieza. Los demás estábamos ocupados por tres meses. .
¿Cómo era su trabajo?
= Era cocinar y planchar desde las 7 de la mañana hasta terminar, por lo general a las 5 y media de la tarde; y después volver a las 7 de la tarde para la cena. O sea que estaba ocupada todo el día.
A mi me costó muchísimo, por el trato de esta señora, no así con el resto de gente ni con el esposo; y además porque todo el día solo veía montañas. Nos daban un solo día de franco a la semana.
Ellos todos los días exigían tres platos distintos, todo a la alta escuela. Lo platos son de plata con el sello del castillo, como de 40 cm., que abarcan al resto de los platitos. Para 5 personas había que lavar unos 35 platos, las copas y los cubiertos.
Descríbanos el castillo
=Tiene paredes de 80 cm. de ancho, de piedra; las puertas son de madera maciza de unos 30 cm., las cierran con trancas que tienen que levantar entre cuatro. Escaleras, murciélagos... todo negro. Yo lo vi así. Cortinados pesados, estatuas en el salón de bailes, una araña de opalina celeste, vitrales.
Para mi era medio lúgubre, pero los domingos iban turistas y se maravillaban con las cosas que había ahí adentro. Donde yo estaba, para ver el cielo desde la cocina, tenía que subir a una silla y sacar la cabeza por una ventanita; sola, sin hablar con nadie... Solo faltaban los barrotes!
En otra ala del castillo hay una capilla desde donde, bajando por unas escaleras, se llega al cementerio y, siguiendo algunos corredores que yo no recorrí, están las mazmorras que alguna vez se habrán usado.
Vieras que cementerio! es en unas catacumbas con columnas de mármol de Carrara, todas talladas con ángeles, apóstoles y vírgenes. Además de los nichos también hay una especie de féretro de mármol tallado.
Y para arriba son tres pisos, hay dos torres, y al centro el patio de armas donde ellos hacen los conciertos.
Después cuando me tranquilicé un poco empecé a ver que eso era hermoso.
¿Qué clase de eventos se hacen ahí?
= Los que comían todos los días eran los dueños, parientes y amigos. Después estaban las visitas guiadas a turistas.
También lo alquilan para bodas, cumpleaños, cenas empresariales. El hijo de la condesa tiene una empresa de espectáculos y realizan conciertos de música sinfónica. Los sábados yo no cocinaba porque venía un servicio que preparaba en el patio de entrada las sillas con moños, flores, adornos, velas desde la entrada hasta arriba, en las escaleras. Son conciertos auspiciados por el gobierno de Cataluña y por una empresa de autos que exponía los modelos..
Fue una buena experiencia...
= Si. El dolor más grande era cuando nos juntábamos, poníamos música de folklore argentino llorábamos; y los filipinos y toda la gente así. Y la bronca... ¡Pero como nosotros, con el país que tenemos, tenemos que estar acá! Te revuelve las entrañas de tal manera que sentís dolor y bronca porque no podés hacer nada por tu patria.
¿Estuvo en otros lugares de España?
= Estuve en Cataluña donde vivieron mis bisabuelos, está la casa tal cual como estaba. Es una casucha de piedra, hacia abajo tenían la caballada y un escalón más arriba la casa. La tiene un primo de parte de mi mamá, tiene hasta las sábanas, la cómoda de mi abuela, un collage que lo hizo ella con sus hermanas con papelitos de chocolate, la olla de fundición colgada en el fogón, los morteros... Y fotos de toda la familia, hasta las que recibió de Argentina.
Volvamos a La Marrupeña. ¿Por qué no tiene la convocatorio de otros tiempos?
= Antes de dejar el Club ya no iban tantos chicos y creo que pasó el furor. Además no se qué es lo que pasa en Santa Isabel, porque en otros lados hay varias academias y muchos que bailan. Y nadie consiguió lo que consiguió La Marrupeña. Diría que el chico tiene un espejo donde mirarse para decir yo quiero ser un buen bailarín, en La Marrupeña hay buenos profesores que me van a enseñar bien. Puede ser el trato, la disciplina que se exige para el Ballet...no se, seremos muy absorbentes.
Deberían hacer una autocrítica...
=La hacemos. Y hemos intentado muchas cosas. Vimos un camino para interesar, que es el de las escuelas, intentamos hasta talleres gratuitos, pero parece que mucho no interesa.
Creo que La Marrupeña pagó un derecho de piso, colaboró siempre con las instituciones, yo diría que los profesores algo tienen que recibir en devolución de lo que dan.
¿Nos encaminamos hacia su extinción?
=Y, por ahí pienso que si. Como que se va a terminar, tanto el interés de los chicos para bailar, como la Institución.
Una de las cosas, que a lo mejor influye, es que los padres tienen que pagar la cuota al profesor y trabajar para el sostenimiento de la Institución, además del vestuario, viajes y todo eso. Es una actividad que compromete a los padres: planchar bombachas con tablitas o un vestido, el pañuelo, la faja, el sombrero...
Amo todo lo que es arte porque el artista es noble, cuando crea está creando belleza. Cuando das algo que da alegría es noble, estás ofreciendo tu corazón.
Y la danza hace eso, transporta. Te modela el cuerpo, te estiliza. Y con el folklore aprendés a querer tu patria, a tu tierra, a conectarte con lo que es tuyo, la tierra donde pisás, donde creciste.
Pero bueno, si no se entiende, qué vamos a hacer. Yo siempre quise decir esto con la danza criolla, pero si la gente no lo entiende, si no le importa, cuantas veces lo vamos a explicar.
A lo mejor sirvió de algo...
=No se, pero los que estamos en esto tenemos algo en claro, mientras haya cuatro chicos que quieran aprender, seguiremos estando.

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martes, 31 de diciembre de 2013

Sociedad Italiana, institución centenaria.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 100 - 25/06/09 

  La Sociedad Italiana Mutual y Cultural fue fundada el 18 de julio de 1909. La primera comisión (Consejo de Administración Provisorio) estuvo integrado por Pablo Chiesa, Santiago Raimondi, Domingo Salemme, Juan Rosignoli, Domingo Viola, Bautista Goría, Pablo Navello, Benito Zallio, Juan B. Bruno, Francisco Pensa y Ernesto Giudici.

 Los fines de esta institución, la primera y más antigua de nuestra localidad, se detallan en el acta fundacional. Ellos son la instrucción, la fraternidad, el socorro mutuo y la moralidad. La primordial motivación que impulsó a los fundadores fue poder contar con un lugar donde reunirse y a la vez sentirse protegidos por la fuerza que suponía esa unión, dado la condición de inmigrantes italianos de reciente ingreso al país. La Sociedad constituida les permitía mitigar las añoranzas de su lejana patria al reunirse con sus connacionales y, además, hallar en los servicios mutuales prestados desde el comienzo, asistencia médica, asesoramiento legal y laboral y otras facilidades que completaran su adaptación al medio existente en esa época, en un pueblo que llevaba a penas un año desde su fundación.

 Estos servicios fueron realizados con gran eficacia, convirtiéndola en la primera y más sólida de las instituciones que durante varias décadas tuvo Santa Isabel. 


 La parte más importante de la sede de la Institución, ubicada en Gral. López 766, se terminó de construir en 1910. Era un salón totalmente despojado de comodidades en el que se realizaron los principales eventos sociales y artísticos de la época.

 Pero el 18 de diciembre de 1918 la Entidad puso en marcha un proyecto de ampliación y refaccióndel edificio. Comenzaron así varios años de arduos trabajos en los que se construyó el frente de la edificación (hall, bar y secretaría) y se remodeló la puerta de entrada en la que lucían, tallados en la madera, los escudos de Argentina e Italia. En el primitivo salón se instalaron los palcos y cielorrasos, se construyeron el escenario y los baños.

 Eran Presidente y Vice de la Comisión Directiva, Bautista Boccardi y Dante Pellegrini, y era secretario Carlos de Agostini, quien conservó el cargo por muchos años. Para solventar los gastos de este proyecto de reforma y ampliación del edificio social se emitieron acciones en calidad de préstamo a dos años y sin intereses.

 En junio de 1.929 se aprobó el presupuesto para la construcción de la casilla para instalar la máquina de proyección de películas; se instaló la luz eléctrica; se compró el tanque de diez mil litros para el suministro de agua que contaba con instalación de seguridad contra incendio; se realizó el arbolado del predio adyacente (esquina de Gral. López y 9 de Julio); se brindó asistencia médica a los socios y se compró un terreno iniciándose la construcción de una casa que debería rifarse en beneficio de la Sociedad Italiana.

 Hay que destacar la importancia institucional de estas entidades en el país como nexo entre la colectividad asentada en diferentes pueblos e Italia, tan es así, que estaban organizadas en una Federación General de Sociedades Italianas en la República Argentina. Los delegados de la Sociedad Italiana de Santa Isabel ante la misma eran los señores Alessandro Squassini y Giuseppe Barbieri. Por aquellos años los representantes de la Institución concurrían a los actos portando la bandera italiana, demostrando el orgullo y el sentido de pertenencia a Italia y respetando sus símbolos, a tal punto que en una reunión se decide "no sacar de la sede social la bandera italiana por haber sido humillada en un acto cívico al colocarla a la derecha de la bandera española.

 El 20 de setiembre de 1929, cuando ya estuvieron terminadas las labores de refacción y ampliación, se inauguró el Cine Teatro Social cuya majestuosidad constituyó todo un acontecimiento para la época. Más tarde, en el mismo año, se realizó el llamado a licitación para alquilar el bufete, que se declaró desierta por falta de oferta.

 Comienzan por esos años también problemas económicos para la Sociedad Italiana que se extienden hasta principios de 1940 ocasionados por los préstamos tomados para la construcción de la sala de cine y teatro, la rifa de la casa que finamente no se sorteó debido a la poca venta de la misma y con la dificultad de cobrar el alquiler a quienes habitaban esta vivienda.

 Sin embargo los servicios mutuales con asistencia médica se ampliaron y sólo comenzaron a decaer pasada la mitad del siglo XX desapareciendo por completo en la década de 1970. Mientras tanto las veladas, bailes populares, obras de teatro, actos y funciones de cine mantienen a la sede en constante uso. A la sala se le agregó un patio con piso de lajas y escenario que, en los años de las décadas de 1940 y 1950, sirvieron también para la realización grandes bailes populares al aire libre que recibieron a las figuras más importantes de cada tiempo.

 Las funciones de cine, que generalmente se concesionaron a particulares, fueron otro de los grandes aglutinantes de los isabelenses. Estas se sucedieron prácticamente cada fin de semana desde su inauguración, en 1929, hasta septiembre de 1985, interrumpiéndose en algunos períodos por cambios de dueños y/o refacciones.

 En la década de 1940 estuvieron como empresarios cinematográficos Jano y Beto Martínez y, luego, una persona oriunda de Rosario del mismo apellido. El cine, que para 1952 ya se llamaba Ideal, fue explotado por el matrimonio de Luis Parodi y Roma Astolfi desde febrero de ese año hasta octubre de 1977.

 Para ese entonces la edificación presentaba problemas por el paso del tiempo que fueron reparados por Nereo Ansaloni quien concretó importantes refacciones que llevaron a la colocación de una nueva puerta de entrada, la construcción de nuevos baños y bar, y la instalación de nuevas butacas y proyectores, entre otras obras de importancia. El cine estuvo a su cargo desde julio de 1978 hasta finales de 1982.

 En junio de 1983 comienzan las proyecciones de Promociones Culturales S.R.L., una empresa formada por vecinos de la localidad con la finalidad de mantener en funcionamiento el cine. Las mismas se extienden hasta septiembre de 1985.

Tras el cierre del cine el edificio comienza un período de decadencia que se agrava enormemente para mediados de la década de 1990. Tras varias gestiones, importantes inversiones y gran trabajo, una nueva comisión tomó las riendas de la Institución y logró reinagurar la sala que fue reparada, siendo el cambio del techo de chapas de la misma y del escenario una de las mayores inversiones. La obra se realizó con el préstamo desinteresado de varios socios los que fueron recuperando el dinero en cuotas. Para el año 2001 ya se habían pagado las deudas.

 En 1997, mediante un subsidio provincial la Sociedad Italiana pudo comprar equipos para proyectar películas. Esto se realizó hasta los primeros años del nuevo siglo, en forma discontinua hasta que, por la falta de público, cesaron las funciones. Mientras tanto la sala cobijó actos culturales y también reuniones sociales.

 En 2007, en el marco de los 100 años de Santa Isabel, la Sociedad Italiana realizó un contrato de comodato con la Comuna de Santa Isabel por 50 años con opción a otros cincuenta. A cambio de ello se deberán realizar obras de refacción y ampliación en los primeros 20 años para la concreción de un Complejo Cultural en el que se desarrollen las diversas
actividades artísticas y culturales de Santa Isabel.

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miércoles, 25 de diciembre de 2013

Los Arrieros

Publicado en "Acercar a la Gente" N° 48 - 27/02/04

 Eduardo Rasello, Analía Tocchetti, Nancy Parodi, Carlos Iglina -de Villa Cañás- y Nelso Omar Jurado conformaron lo que puede considerarse como uno de los primeros grupos folklóricos de Santa Isabel: "Los Arrieros". 

  El conjunto surgió a partir del pedido de un directivo del Club Belgrano que deseaba tener un nuevo número para el aniversario de la Institución en junio de 1973. De tal manera, cuando llegó ese momento el grupo, que realizaba sus ensayos en el hall del Cine Ideal, en la Sociedad Italiana, ya estaba consolidado y realizó su primera presentación con éxito.

  Luego fueron convocados para una nueva presentación a beneficio en otra localidad de la zona donde también tuvieron buena acogida por parte del público. Esto entusiasmó a los integrantes a realizar una nueva apuesta: tocar en Cosquín.

  Desde enero de 1961, fecha de su comienzo, el Festival Nacional de Folklore de la ciudad de Cosquín posee el escenario más codiciado por los músicos del folklore argentino. Para concretar este anhelo enviaron una carta al ente organizador y se contactaron con un ex residente de Santa Isabel, radicado en esa ciudad cordobesa, quien realizó algunas gestiones. Al poco tiempo llegaron noticias que incluían los requisitos para poder actuar, entre ellos les pedían una grabación. Esta se realizó en los viejos estudios de O.P.S.I. y tras ser enviado el cassette, fueron aceptados.

 Por aquel tiempo el Pre-Cosquín se realizaba en el escenario mayor del festival y allí fueron convocados. En enero de 1974 finalmente, con el atuendo que los caracterizaba, pantalón negro, camisa blanca y ponchos rojos con guardas negras, tocaron en la plaza Próspero Molina aquel repertorio que incluía los temas tradicionales de mayor repercusión.

 Esa noche también actuaron decenas de artistas de los que se seleccionó solo uno de cada categoría para pasar al festival mayor. Los Arrieros no lograron superar esa instancia pero marcaron un hito en la historia musical isabelense que aún no ha podido ser imitado: Esa fue la primera y única vez que un grupo musical de Santa Isabel actuó en el escenario mayor de Cosquín. 

 El grupo siguió actuando durante un año más hasta que, por causas particulares de sus integrantes, se disolvió.

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