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viernes, 11 de febrero de 2022

Custodiando a Evita

  Por esto de ser un entusiasta de los acontecimientos de nuestra localidad he tenido la oportunidad de escuchar muchas historias interesantes e increíbles referidas a Santa Isabel y a sus habitantes. Algunas de ellas las he podido plasmar en charlas grabadas que luego fueron publicadas por distintos medios y formatos, mientras que otras solo quedaron en mi mente. El implacable paso del tiempo y la inevitable llegada de la muerte provocan que los protagonistas de esas historias ya no estén para volver a contarlas con todos los detalles. 

 El siguiente relato solo está en mi recuerdo de charlas informales que alguna vez tuve con Antonio Carlovich, Pocholo. Lo tienen a él y a José Bolognese, Bolo, recordados vecinos de Santa Isabel, como protagonistas exclusivos y llega a estas letras con distorsiones producto de mi memoria que solo ha retenido algunos pasajes de importancia. De todas maneras, bien vale recordarla con los pocos elementos que poseo. Pocholo me la contó en dos oportunidades y Bolo la corroboró, todo en distintos momentos de fines de la década de 1990 y principios de la de 2000.

 El 26 de julio de 1952 es la fecha oficial del fallecimiento, tras padecer cáncer de cuello uterino, de María Eva Duarte de Perón, Evita, líder indiscutible del peronismo y referente del feminismo en Argentina. La gente siguió las alternativas del agravamiento de su estado de salud a través de los boletines que emitía Radio del Estado y fue así que, pasadas las 21:30 de ese día, el locutor Jorge Furnot anunció: "Cumple la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20 y 25 ha fallecido la señora Eva Perón, jefa espiritual de la Nación".

 Por esos días Pocholo y Bolo estaban cumpliendo con el Servicio Militar Obligatorio en distintas reparticiones de las Fuerzas Armadas cercanas a la ciudad de Buenos Aires y la casualidad quiso que ambos, estando de franco y vestidos con el atuendo de conscriptos en la mañana siguiente al anuncio, se encontraran en una de las calles más concurridas del centro porteño.

 Más allá de los anuncios oficiales, el rumor que estaba en las calles indicaba a la sede del Ministerio de Trabajo y Previsión, actualmente la legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, como el lugar elegido para el velatorio. Eva había trabajado allí, diariamente, desde el año 1947.

 Hacia allí, a pocas cuadras de su encuentro fortuito, se dirigieron nuestros protagonistas; solo para curiosear.

 Al llegar ya había gente reuniéndose frente al edificio de Perú 160 y, aunque ellos se mezclaron en medio de la incipiente multitud, su ropa se destacaba entre la de los civiles presentes. Es por eso que un militar los llamó, les ordenó ingresar al edificio y les asignó una misión específica: custodiar el féretro en el que se hallaba, ya preparado, el cuerpo de Evita, en el Hall de Honor ubicado en el primer piso.

 Parados y en silencio a cada uno de los costados del ataúd fueron observadores, por un largo tiempo, de cómo se ultimaban los detalles para el inicio de las exequias. En un momento determinado se produjo un movimiento inusual de los colaboradores que allí se encontraban y apareció la figura del Presidente de la Nación, Juan Domingo Perón, quién se dirigió hasta el cajón, frente al cual permaneció por varios minutos.

 Un rato más tarde, Pocholo y Bolo fueron desligados de la orden que les había sido impuesta e invitados a retirarse. Cuatro granaderos los reemplazaron, se apostaron a ambos costados del féretro y, ese domingo 27, a las 11 de una mañana lluviosa, se habilitó la capilla ardiente en donde ya las ofrendas florales se contaban por centenares. Al lado, en el Salón Dorado, se encontraba Perón.

 Así se inició un velorio que duró 16 días, uno de los más largos de la historia. Dos isabelenses, sin proponérselo, participaron de los preparativos.


(Raúl Pellegrini)

Fuente consultada y fotografía: https://www.infobae.com/sociedad/2019/07/26/los-16-dias-de-funerales-de-evita-como-se-embalsamo-el-cuerpo-los-deseos-no-cumplidos-de-la-familia-duarte-y-el-llanto-de-peron/

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domingo, 29 de noviembre de 2020

Restos de una estación espacial en Santa Isabel

En la fresca madrugada del 7 de febrero de 1991, aproximadamente a las 01:00, el cielo se encendió con múltiples líneas luminosas, a modo de abanico, que lo recorrieron desde el sudoeste hacia el noreste y se escucharon diversas explosiones de baja frecuencia, como las que quedan después de los rayos, una especie de truenos largos. 

Las pocas personas que vieron el fenómeno desde Santa Isabel se fueron a dormir sin saber qué había pasado exactamente. Ese día nada dijo la prensa sobre ese fenómeno. Recién un día después las noticias de los distintos medios nacionales dieron cuenta de lo acontecido: no eran objetos voladores no identificados tripulados por alienígenas, tampoco aerolitos, ni cometas. Eran los restos de una nave creada por el ser humano.

Se trató de la caída en una accidentada trayectoria y luego de haber orbitado la tierra por más de nueve años -tres más de los previstos- de la estación espacial rusa Salyut 7 en territorio argentino, la vieja antecesora directa de la estación MIR.

Fue la última estación de la serie Salyut (que en ruso significa saludo) la que albergó a once tripulaciones, entre los cuales se encontró la segunda mujer en el espacio y también hubo varios cosmonautas de otros países como Francia e India. Antes de ser reemplazada por la MIR, sirvió como base de numerosos experimentos y pilar para batir récords de permanencia en el espacio.

Al mejor estilo de los rusos, la Salyut 7 fue lanzada bajo el más estricto secreto el 19 de abril de 1982 con la finalidad de reemplazar a la Salyut 6 que tan buena performance había tenido. Poseía dos puertos de acople para naves tripuladas Soyuz y cargueros Progress, una longitud de 14 metros y un peso de 80 toneladas.

En distintos lanzamientos la Salyut 7 fue poblándose e intercambiando astronautas listos para batir un nuevo récord, además de realizar experimentos en astrofísica y astronomía.

Mientras tanto, en febrero de 1986 la Unión Soviética puso en órbita una nueva estación, mucho más moderna destinada a reemplazar a la Salyut 7, denominada MIR. La MIR fue ensamblada en órbita al conectar de forma sucesiva distintos módulos enviados por separado.

Mientras en la MIR se sucedían los primeros éxitos, la Salyut 7 continuaba en órbita sin tripulantes, hasta que su vida útil terminó en 1991 y los rusos decidieron sacarla de órbita. El 9 de febrero de 1991 la Salyut 7 reingresaría a la atmósfera y se desintegraría.

La vieja estación estaba destinada a caer en el Océano Pacífico Sur al término de su vida útil, pero los controladores rusos se vieron en problemas y no pudieron impedir que los restos de la nave se regaran en una larga lonja del centro de la Argentina, especialmente en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos.

Muchos de estos restos fueron recuperados. Entre otros escombros, pueden verse circuitos eléctricos, una ventana de lo que parece ser vidrio muy grueso, una escotilla completa y distintos trozos metálicos. Algunos de ellos fueron reunidos en el Observatorio de Oro Verde a 10 Km. de Paraná en Entre Ríos, en donde están exhibidos al público. Pero muchos otros trozos se encuentran diseminados en distintas localidades del sur de Santa Fe y parte de Entre Ríos.

En Santa Isabel algunas personas vieron este fenómeno que no había sido informado a la población ya que sucedió en forma imprevista.
Pero sólo varias semanas después se supo
del peligro en que estuvimos. En el campo de Mercé (Oscar y Juan José), a poco de haber comenzado a cosechar la soja en un lote que está detrás de la casa familiar, desde arriba de la cosechadora pudieron divisar un objeto metálico, una especie de chapa gruesa de unos 50 x 50 cms y de extraño formato. Se encontraba a apenas cien metros de la casa.

En ese momento la chapa combada y con una soldadura realmente imposible de imitar con los métodos tradicionales, circuló por distintos ámbitos públicos y privados, en donde pudo ser observada por todos los curiosos.

La sometieron al desgaste de una amoladora, pero el material es de una dureza tal que es casi imposible poder cortarlo, mientras que el disco se gasta, la chapa queda casi sin cortarse.

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miércoles, 20 de julio de 2016

Acontecimientos artísticos de antaño

Por Norberto Oscar Dall’Occhio

Durante las décadas de 1930, 1940 y 1950 visitaron Santa Isabel numerosos conjuntos orquestales, algunos de ellos de gran jerarquía y de renombre internacional. Tal es el caso del famoso maestro Francisco Canaro, quien a principios de 1950 actuó con su Orquesta Típica (así se la denominaba a la orquesta que tocaba tangos) en un baile popular realizado en las instalaciones de la Sociedad Italiana. Fue un gran acontecimiento con una enorme concurrencia de público que colmó la sala, debiendo las autoridades habilitar una pista al lado del salón, aprovechando una noche con clima agradable.

A principios de la década de 1950 la otra gran atracción fue la visita del notable cantor popular Alberto Castillo, que a pesar de haber actuado un día lunes, llenó totalmente el salón de la Sociedad Italiana. Castillo se alojó en el Hotel Central y mucha gente recuerda que cuando llegó al pueblo varios admiradores del cantor se aproximaron al hotel para saludarlo. Castillo agradeció la demostración de afecto y desde los balcones del patio interior, donde estaba ubicada su habitación, entonó “a capella” una canción de su exitoso repertorio.
En otro orden artístico, también hubo muchas visitas de conjuntos de radioteatro de renombre que, en las emisoras de Buenos Aires y de Rosario, tenían gran éxito representando temas que atraían a los oyentes. Era una ficción donde hombres y mujeres de todas las edades quedaban atrapados por un relato verosímil, a través de las sugestivas voces de los actores y actrices y por los efectos especiales creados por excelentes sonidistas que, con su magia incentivaban la imaginación de la gente que los escuchaba. Esos elencos radiales luego realizaban giras en los pueblos y de esa forma la gente del interior podía verlos actuar en el teatro de su localidad. Desde Rosario solían venir las compañías dirigidas por Federico Fábregas y por Norberto Blesio, que daban obras, entre otras, como “Genoveva de Bravante”, “El León de Francia”, “El Forastero que llegó una tarde” y “Fachenzo el maldito”. De Buenos Aires lo hacía el elenco dirigido por Atilano Ortega Sanz que a la tarde transmitía con mucho éxito, por Radio Mitre, obras camperas que contaban con la valiosa animación de “Pichirica”, rol que estaba a cargo del destacado actor cómico Humberto Lopardo. Ortega Sanz era un prolífico creador de obras de radioteatro, luego representadas en los escenarios de los pueblos de campaña. Entre otras, se pueden mencionar “El boyerito de la cara sucia”, “La chacra del árbol seco”, “Corazón de chacarero” y “Cuando sangran los trigales”.

Anteriormente, en la década de1930 provenientes de la Capital Federal actuó en un baile la orquesta de tango de Roberto Zerrillo, donde también hubo un concurso de cantores locales. En otra ocasión lo hizo el conjunto “Los Bohemios” dirigido Mario Pugliese “Cariño”. “Los Bohemios” formaban parte de un grupo teatral muy popular que representaba graciosos temas cómico-musicales con raros instrumentos. Además el conjunto tenía programas radiales en las emisoras de Buenos Aires y actuaba en importantes teatros de esa ciudad.

A principios de la década de 1950 se realizó un baile popular. El atractivo fue la filmación de una película documental con tomas generales del público y varias de carácter individual, especialmente de la gente que estaba sentada en los palcos. El film fue proyectado en la sala tiempo después.

Era tradición cada año realizar, en noviembre, una reunión danzante como despedida de los conscriptos que al año siguiente serían incorporados al servicio militar obligatorio. Como se decía en la jerga popular "el baile es para los muchachos que tienen que hacer la colimba” el año que viene. 


Todos estos acontecimientos artísticos se llevaban a cabo en las instalaciones de la Sociedad Italiana. Allí, en la década de 1940, actuó el dúo cómico Buono-Striano, de enorme popularidad por su conocida participación radial en emisoras porteñas. En la misma sala, en otra oportunidad, tuvo gran repercusión la actuación de un mago e hipnotizador que presentaba escenas de levitación. Su atrayente espectáculo lo denominaba “Nostradamos” con “Salomé la Vidente”, con la participación en algún momento del público presente.

También desde Buenos Aires solía visitar Santa Isabel la compañía de teatro que representaba “Gran Pensión El Campeonato”, un programa auspiciado por Jabón Federal en Radio Belgrano (emisora de la Capital Federal que transmitía en cadena al interior). El programa era muy difundido y tenía mucha audiencia en todo el país, especialmente por parte del mundo futbolero durante la disputa del Campeonato Oficial de la A.F.A. En el elenco sobresalía la actuación del excelente actor Félix Mutarelli, quien hacia el papel de “Don Pedrín El Fainero” (el hincha fanático de Boca). También otros importantes actores representaban diversos clubes de primera división. En ese programa radial de Jabón Federal también solía participar -entre otros destacados artistas nacionales e internacionales- el Cuarteto de Juan Cambareri, llamado el “El Mago del Bandoneón”. Cambareri visitó varias veces Santa Isabel amenizando bailes que organizaba la Sociedad Italiana y que lograban gran asistencia de público. En varias oportunidades también actuó el famoso Cuarteto de Tango dirigido por Roberto Firpo, contratado por la Sociedad Italiana.

Otra visita importante la constituía la presencia de la “Orquesta de la Argentinidad” dirigida por Lorenzo Barbero, de Buenos Aires, que actuaba en las instalaciones del Prado Español. Barbero presentaba un atrayente y colorido espectáculo musical de danza tanguera y de otras melodías que contaba con la asistencia de numerosas familias de la zona. 


En 1955, también en el Prado Español, se llevó a cabo en la pista una especie de maratón individual a cargo del patinador Alfonso García, que intentaba batir su propio récord mundial de 80 horas de permanencia en patines, sin dormir y sin parar ni de día nide noche; objetivo que logró. El primer día no se pagaba entrada, en la segunda jornada se abonaba un modesto importe, en la tercera aumentaba el monto y en la culminación, al cuarto día, la entrada era más cara. Había servicio de buffet permanente a cargo de la Heladería Miculán, que organizaba el espectáculo. La reunión finalizó con el festejo de la hazaña deportiva, acompañada con un baile.

En los bailes locales también solían actuar las orquestas de Juan Antonio Manzur, de Rosario; “Maipo”, “Víctor” y “Marchetti y Morelli”, de Venado Tuerto, y el Cuarteto “Boedo”, de Villa Cañás. En este último conjunto, a veces intervenían músicos, cantores y presentadores de Santa Isabel. Conviene aclarar que en aquella época sólo se podían realizar bailes populares en las instituciones, con el consiguiente permiso de las autoridades locales. No existían las discotecas privadas ni lugares parecidos.

Fuera de lo artístico, en la década de 1940, una noche de verano -con la presencia de mucho público- se presentó en el terreno contiguo a la Sociedad Italiana un atlético deportista con una gran contextura física, quien hizo alarde de su fuerza y resistencia corporal. Para demostrar su gran vigor, el fornido atleta comenzó doblando con sus enormes brazos gruesos alambres de hierro. También mostró todas sus energías levantado pesas. Más adelante se realizó una interesante cinchada utilizando una soga; como contrincantes tenía a un grupo numeroso de personas de Santa Isabel que, en forma colectiva tomados de la soga, luchaban para no ser arrastrados por el forzudo; pero los muchachos locales finalmente fueron vencidos. Como cierre del espectáculo el protagonista colocó su cuerpo acostado casi debajo de la rueda de un camión. A continuación el vehículo fue puesto en movimiento y una rueda pasó por encima de su pecho -le habían colocado una tabla encima- sin causarle ningún problema. 


En el año 1956 se realizó con mucho éxito en la Sociedad Italiana una Velada Artística que colmó la capacidad de la sala. Fue protagonizada por gente residente en el pueblo y constituyó toda una novedad por su ingenio y creatividad con mucho de sabor local, que fue muy festejada por la gente. En el primer acto se presentó una pareja de tango compuesta por Ilda Imnocenzi y Diego Tobío, quienes bailaron en una simulada pantalla de televisión construida en mayor escala; una notable creación del recordado Oscar Severini que tuvo a su cargo la escenografía de la velada. En otro sketch Aroldo Carra y Rodofo “Flaco” Enrico hicieron una reidera parodia mediante la interpretación cantada de una grabación de la ópera “El Barbero de Sevilla”. La noche finalizó con la representación de una comedia teatral con un libreto de color local. Entre otros, actuaron Diego Colomba y Mary y Carlos Forneris; pero la verdadera revelación fue la actuación de Carlos “Lito” Gavio que se ganó los aplausos del público. Cumplió la función de director de escena Cavalieri, estafetero del Ferrocarril San Martín. El apuntador fue Jack Romero. Todos los participantes guardaron un rigoroso secreto en el pueblo acerca de lo que iban hacer. De esa forma sorprendieron al público, resultando una hermosa expresión artística, finamente preparada. Una gran velada sabelense, muy comentada, que quedó en el recuerdo.

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martes, 28 de junio de 2016

Historias de frontón

Por Norberto José Florencio Eterovich - Marzo de 2008

Breve historia del juego de pelota
La "pelota a paleta", "pelota goma", "paleta argentina" o simplemente "paleta" es una especialidad de origen argentino del juego de pelota vasca, que se caracteriza por utilizar una pala de madera para golpear la pelota, llamada paleta, que tiene la forma estilizada de una paleta vacuna.

El juego de la pelota llegó al Río de la Plata hacia el año 1800, introducido por inmigrantes vascos.

Durante el siglo XIX fue el juego más popular en el país. Tal era el entusiasmo por la pelota, especialmente en la campaña de la provincia de Buenos Aires, que Juan Manuel de Rosas, en 1830, hizo construir un frontón en su estancia.

En 1882 se inauguró un frontón en la ciudad de Buenos Aires -uno más de los que ya había- con la presencia del presidente de la república y del intendente de entonces, lo que denota la importancia de este juego para aquel momento.

En el año 1890 se realizó un mitin político en una cancha de pelota dando surgimiento a un partido político que luego tendría gran influencia en la historia argentina, siendo Leandro N. Alem su principal orador y fundador del mismo. De allí el distintivo de los radicales: la boina blanca tomada de los jugadores.

Este juego se extendió, principalmente, por las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe.


Hasta los primeros años del siglo XX se jugaba a mano, con un guante o con una cesta; no se conocía la paleta. Pero en 1907 ocurrió un hecho que cambió la historia: en las quintas de Burzaco, provincia de Buenos Aires, un joven nacido en Francia, vasco francés, modeló la primera paleta de madera para el juego de pelota, a la que perfeccionó mientras la usaba solo él emulando la paleta de una vaca, el hueso escápula.

Este joven se llamaba Gabriel Martirén. Sus restos mortales descansan en la localidad santafesina de Diego de Alvear. Una lápida lo recuerda así: “A la memoria de Gabriel Martirén, inventor de la Pelota a Paleta”.

La paleta en Santa Isabel
En la historia de Santa Isabel la pelota a paleta ocupó un lugar muy importante tanto como deporte y juego, y como lugar de reunión a diario de los vecinos de la localidad.

1974 - Cancha de pelota a paleta del Club Belgrano.
No hay fechas, pero por su forma de construcción algunas de las canchas se levantaron poco tiempo después de haberse fundado el pueblo en 1908. Se llegó a tener hasta tres canchas en pleno funcionamiento, todas ellas llenas de jóvenes entusiastas desafiando partidos mano a mano o de cuatro.

La ubicación de las mismas determinaba que en algún momento del día el sol impedía realizar el juego por el encandilamiento que efectuaba sobre los participantes de las contiendas.

Las tres eran canchas abiertas y zurdas, es decir que sobre esa mano estaba la pared larga del frontón al rebote.

La cancha de “Valengo” (padre de Valentín Romero) estaba sobre calle Francia al 1100, del lado impar, pero se entraba por calle Belgrano. Se podía jugar todo el día.

La cancha de “Blanco” estaba en calle Sarmiento al 1200, del lado impar. El frontón estaba hacia el lado de calle Mitre por lo que el sol de la tarde, en algún momento molestaba a los jugadores.

La tercera cancha es la actual, la del Círculo Social y Deportivo General Belgrano, que se salvó de la piqueta destructora que borró de nuestro pueblo tantas construcciones históricas e importantes, además de las dos primeras canchas mencionadas.

De partidos y jugadores
Hay partidos que se desarrollaron en ellas y que quedaron como hitos en la historia paletera de Santa Isabel. A principios de los años cincuenta del siglo XX jugaron en la cancha de Valengo los campeones mundiales de cancha abierta, rosarinos ellos, Santos Belluzzo y su zaguero, contra Oscar Mesina (también conocido como Milo, el manco Milo o el manco de Teodelina) y “Quito” Dueñas de nuestro pueblo. Ganaron Milo y Quito.

Muchos jugadores se destacaron por sus tantos, por su calidad de juego. Debemos decir que como en todo deporte, cuando hay destacados es que hay una gran camada de jugadores que los ayudaron a sobresalir.

Nombraremos algunos de los jugadores de Santa Isabel que se destacaron entre los ’50 y ‘60:
- Orlando Carlovich (Polaco)
- Jacinto Acevedo (Pato)
- Osvaldo Stiepovich (Pibe)
- Antonio Carlovich (Pocholo)
- Roque Acevedo
- Valentín Romero
- Adolfo Montes (Vasco)
- Oscar Dueñas (Quito)
- Norberto Ferrari (Nene)

Este juego se jugaba en canchas públicas y a las pautas deportivas se agregaban las apuestas. Esto proponía los tipos de partidos, en algunos casos insólitos. Por ejemplo, un jugador podía darle como ventaja a su contrincante, que él tomara todas las devoluciones de la pelota a dos piques. Otro caso era devolver por debajo de la pierna, es decir, levantar la pierna y golpear la pelota por debajo de la misma en todos los casos. Otra manera es la que se denomina de “cadete”, que requiere pegarle a la pelota por detrás del cuerpo. Y así se daban ventajas para igualar los juegos.

Y hablando de habilidosos, recordamos también a Roque Acevedo.

Deporte y mucho más
Lo extraordinario de este juego, más allá de la pasión de los jugadores, era el protagonismo de los espectadores que diariamente concurrían a las canchas, veían un espectáculo agradable y, además, gratis.

Los partidos se jugaban a veinticinco tantos. Quién llevaba la cuenta era el tanteador, el juez del partido. Este hombre tenía una gran responsabilidad, sin embargo en pocas ocasiones se discutía el fallo.

El “eco” de la pelota en el frontón, para los chicos de esa época sonaba como un canto de sirenas, irresistible. Y allí se juntaban.

Miraban el partido sin molestar pero, apenas terminaba, cada uno pedía una paleta para garronear hasta que empezara otro desafío.

En la década de 1950 la oferta de ropa deportiva casi no existía. Había solamente dos marcas de zapatillas deportivas. El equipo del jugador era todo de color blanco: zapatillas, pantalón bombacha, remera y gorra blanca.

Avanzando en el tiempo Se puede decir que la década de 1960 -tal vez con algún margen de error- fue la última época de la pelota multitudinaria, tal como se la conocía. Ya después se fue perdiendo como entretenimiento para los jóvenes, reemplazada por el avance de otros pasatiempos menos saludables.

En esos tiempos se destacaron en torneos zonales Valentín Romero y Antonio Carlovich, Pocholo; siendo, tal vez, los más ganadores de aquel momento.

Hubieron partidos memorables. Por su desarrollo y entorno; como la final que ganaron en Sancti Spíritu.

Esta pareja de jugadores se complementaba totalmente, siendo muy difícil ganarles. Pocholo, jugador seguro y con conducta para sortear dificultades. Valentín con capacidades físicas y técnicas que lo distinguía, pero, fundamentalmente, muy inteligente para descolocar al rival, con pelotas bien ubicadas.

Una muestra de ello se dio en Arias, provincia de Córdoba, en donde llegaron a la final. El zaguero contrario pegaba de tal manera que, a quien le siguiera su juego lo terminaba físicamente. Valentín casi siempre jugaba de zaguero; y ahí descolló frente a este jugador sin hiel a quien nunca le daba la devolución para que la tomara de aire, siempre al pique. Y así, el que se terminó físicamente fue el pegador contrario.

En 1963 se dio un caso excepcional en Santa Isabel: la final provincial de pelota a paleta se definió entre jugadores que eran todos de Santa Isabel. Ellos fueron Oscar Dueñas, Valentín Romero, Norberto Ferrari y Adolfo J, Montes. Es decir que los campeones provinciales juveniles y los subcampeones serían todos del pueblo.

Este logro los llevó a la Capital Federal a jugar el campeonato Argentino; y por mérito y calidad llegaron a la final. A este partido lo disputaron, por Santa Fe, Oscar Dueñas y Adolfo Montes, y por Capital Federal Ángel Armas y Jaunarena.

Se jugó en el Club Comunicaciones donde ese día descolló por su juego firme y seguro el Vasco Montes; esto muy comentado por Valentín en su momento. De todas maneras esto no alcanzó para ganar. Salieron subcampeones Argentinos Juveniles de cancha abierta. Este fue uno de los logros a nivel nacional más importantes para la historia de la pelota de Santa Isabel.

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Nota del editor: A mediados de la década de 1970 surgió de Santa Isabel, entre tantos buenos pelotaris, un importante jugador de pelota a paleta, Wilmar Abadíe, quien obtuvo grandes triunfos, el más importante de ellos junto a Federico Elortondo con quien logró obtener el Campeonato Argentino en cancha cerrada.

Ver más en:  Recuerdo a Valentín


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domingo, 26 de junio de 2016

Eduardo Bastino: Un nombre para una tragedia y una calle

A partir de una consulta realizada entre alumnos de la escuela Nº 214 en 2005 y por pedido de la Comuna de Santa Isabel, el domingo 2 de abril de 2006 se impuso el nombre de "Eduardo Bastino" a la cortada ubicada en la zona norte de la localidad, que corre desde Misiones a Chaco a la altura del 800 de ambas, entre 25 de Mayo y 9 de Julio.

Al acto asistieron autoridades de Santa Isabel y familiares de Eduardo Bastino.

Si bien las razones esgrimidas por quienes eligieron este nombre durante la encuesta eran confusas o equivocadas, la posibilidad de recordar en forma permanente a este mártir isablense, producto de la locura y el afán de poder, caló hondo en las autoridades locales.

La gente más grande seguramente recuerda bien lo sucedido en 1963. Pero para las generaciones más jóvenes y para aquellos que llegaron a Santa Isabel luego de ese año, se hace necesario recorrer un poco la historia para entender el por qué de este homenaje.

La década de 1960 vio nacer dos facciones en las Fuerzas Armadas, Azules y Colorados, que se enfrentaron en 1962 y 1963, llegando al derramamiento de sangre. El último choque, el 2 de abril de 1963, se inició con un alzamiento del bando Colorado que buscó derrocar al presidente José María Guido. Ese día amaneció espléndido, propicio al plan de los conjurados, que pretendían ungir presidente a un conspirador veterano, el general retirado Benjamín Menéndez, "comandante en jefe de las fuerzas revolucionarias de Aire, Mar y Tierra". El almirante Rojas estaba entre los complotados.

La Armada se sumó casi en pleno a la sublevación. En el Ejército, los rebeldes contrarios a la cúpula Azul, encabezados por el general retirado Federico Toranzo Montero, lograron controlar algunas unidades del interior, mientras que en la Fuerza Aérea no pudo imponerse el sector minoritario del comodoro Lentino.

Para comprender esta pelea hay que retroceder a 1955, a la llamada Revolución Libertadora que derrocó a Perón y proscribió su movimiento. En 1958, Arturo Frondizi pactó y ganó las elecciones con los votos del líder del movimiento peronisra exiliado en España. Los militares no se lo perdonaron, y menos que recibiera en secreto al Che Guevara en agosto de 1961. Frondizi fue derrocado ocho meses después y en su lugar asumió el senador Guido, condicionado por el "Partido Militar".

Antiperonista, anticomunista y alentado por un puñado de conspiradores ambiciosos, el Partido Militar se dividió en dos, los Azules y los Colorados. Para los Colorados el peronismo era un movimiento sectario y violento que daba lugar al comunismo. Para los Azules, pese a su demagogia y sus abusos, el peronismo era una fuerza cristiana y nacional que había salvado a la clase obrera del comunismo y la subversión.

Los Azules ("fuerzas propias" en lenguaje militar) nacieron como tales en setiembre de 1962 y llamaron "Colorados" (los "enemigos") a sus rivales. Mediante la acción psicológica y el comunicado 150 que redactó Mariano Grondona se vendieron como "legalistas" y, tras cuatro días de escaramuzas, encumbraron a Juan Carlos Onganía como jefe del Ejército. El gobierno de Guido, con apoyo de los militares Azules, avanzaba en su estrategia de integrar al peronismo en la vida política, pero sin Perón. Los Colorados esperaban una oportunidad para tomar el poder.

El día elegido fue ese 2 de abril.
Sobre el mediodía se inició el episodio más sangriento de las jornadas: el ataque aéreo colorado al Regimiento de Caballería de Tanques 8 de Magdalena de los azules, donde estaba Eduardo Bastino haciendo el servicio militar obligatorio. El comandante de su vecina Base de Aviación Naval de Punta Indio, capitán de navío Santiago Sabarots, intimó sin éxito al jefe tanquista, coronel Alcides López Aufranc, a unirse a la revuelta. Desde una avioneta se arrojaron panfletos dando 20 minutos de plazo previos al ataque. "El escuadrón era un hormiguero, y la orden fue evacuar el cuartel. A las 12.30 comenzó a ser atacado por aviones Panther y Corsario con fuego de metralla, bombas incendiarias y destructivas", recuerda el conscripto clase 42 Hermindo Belastegui en su libro "El C-8 no se rinde", donde relata cómo fueron atacados todo el día con más de cien bombas, también de napalm. Hubo 22 heridos y 9 soldados muertos. Uno de ellos Bastino.

Al día siguiente la Fuerza Aérea "leal" contraatacó sobre Punta Indio. Cuando los blindados del 8 entraron en la base, 5 infantes de marina habían muerto y Sabarots había huido al Uruguay. También en el resto del país el alzamiento Colorado había fracasado. Los rebeldes capitularon el 5 ante el Gobierno.

Los combates de abril establecieron la victoria del bando Azul, dominado por los jefes del Arma de Caballería y el liderazgo del general Juan Carlos Onganía, sobre el conjunto de las Fuerzas Armadas y los sectores civiles y eclesiásticos que apoyaban el llamado "Partido Militar". Tres años después Onganía impondría la primera dictadura cívico-militar de carácter permanente de la historia argentina.

En julio hubo elecciones, y siguió la proscripción. Perón llamó a votar en blanco: lo hizo el 19,4%. El 12 de octubre asumió el radical Arturo Illia, con sólo el 25,1% de los votos. Sería derrocado en 1966 por los antiguos azules "legalistas", para instalar la dictadura de Onganía.

Mientras las historias de intrigas por el poder continuaros su marcha, los restos de Eduardo Bastino, de 20 años de edad, que llegaron a Santa Isabel acompañados por dos militares, fueron velados en su casa paterna de Santa Fe al 1000 y luego sepultados en el cementerio local. En el sepelio se leyeron dos discursos de despedida, uno de ellos de extrema y justificada dureza hacia los responsables de tamaña barbarie.

El domingo 2 de abril de 2006, a 44 años de su muerte, el nombre de Eduardo Bastino quedó plasmado en una calle del pueblo que lo vio nacer. 


02/04/2006 - El Presidente Comunal Juan Enrique Lombardi, La Jueza de Paz Olga Cuminetti de Sylvester y el Pbro. Nelso Raúl Trognot en el acto de imposición de nombre a la cortada Bastino.
 
 
Fuentes consultadas:  
 
 
 


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miércoles, 30 de diciembre de 2015

El Gordo de Navidad

Por Norberto Oscar Dall’Occhio 

Se acercaban las fiestas de fin de año y comenzaban los preparativos para su festejo, aunque fuera de manera muy modesta. La Comuna en esos momentos era presidida por Santiago Raimondi. El país tenía un presidente de facto, el general Edelmiro J. Farrell, quien de alguna manera facilitó la carrera política del entonces coronel Juan Domingo Perón, que llegó a ocupar varios puestos claves en el Poder Ejecutivo. Es decir, a partir de los cargos que  desempeñaba en el Gobierno, Perón comienza  a lanzar una corriente de pensamiento de carácter nacional y popular  de enorme gravitación en el país, cuyos principios básicos aún hoy tienen plena vigencia en nuestra vida política.

En lo deportivo Juventud Unida continuaba festejando el título obtenido en el campeonato de la Liga Venadense de Fútbol y Boca Juniors hacía lo mismo con otro campeonato  logrado en el fútbol profesional.

En el orden internacional proseguía la Segunda Guerra Mundial. Debido al conflicto bélico la Argentina no podía exportar a Europa su producción agrícola y se habían acumulado  varias cosechas de maíz sin vender. Había falta de insumos importados de todo tipo. Una difícil situación para el país con la consiguiente repercusión en la vida social y económica  de toda la población.

 A pesar de esas penurias económicas la vida continuaba. Así llegamos al  viernes 22 de diciembre de 1944. Para la gente de Santa Isabel no fue un día más. Al mediodía de esa calurosa jornada de verano un hecho inesperado conmocionó el pueblo. En el sorteo del Gordo de Navidad  de la Lotería Nacional realizado en la Capital Federal (se transmitía por radio) había salido con el primer premio el número 11.880. Los diez  décimos correspondientes a la Lotería de Santa Fe -que jugaba junto con la Nacional- fueron vendidos por la Agencia de Lotería de Santiago Lorenzatti, ubicada en la esquina de General López y Sarmiento.

Resultaron varias las personas del pueblo que gracias a un golpe de suerte, el número  11.880 les cambió la vida. Entre los favorecidos estaban José Costas, el médico Alfredo  Horsman, Juan Benso, Emilio  Fontana, los dueños del Hotel Central: Aurelio y Dafara, quienes le habían dado participación en el billete a Felice y a Negri. Otros  ganadores  fueron  dos productores agropecuarios: Millet  y  Juan  Paganini y también un almacenero español al que algunos lo  llamaban “Yesca”, que tenía su negocio  ubicado "atrás de la vía".

La noticia corrió como reguero de pólvora por la zona  y en el pueblo había comentarios de todo tipo, desde aquéllos que decían que habían tenido el billete en sus manos y lo cambiaron por otro número hasta los que vieron el billete colgado en la vidriera y no pudieron adquirirlo porque no tenían plata en ese momento. Abundaban muchas  anécdotas y por supuesto aparecían las especulaciones acerca de qué harían los nuevos ricos con tanto dinero.

Entre las anécdotas había una muy llamativa. El día del sorteo del Gordo de Navidad el agenciero Lorenzatti estaba preocupado porque se acercaba el mediodía y aún tenía sin vender varios billetes incluido dos décimos del 11.880. A fin de colocarlos se dirigió a la casa de los hermanos Rossi ubicada en la esquina de 25 de Mayo y General López. Allí les ofreció dos billetes con el número 11.880 a los dueños de casa y luego del consabido parloteo logró convencer a uno de ellos y se los dejó. Lorenzatti tomó el camino del retorno y cuando había hecho una cuadra por General López sorpresivamente se acercó corriendo uno de los Rossi para decirle que sus hermanos no querían ese número porque no les  gustaba y pidió que se lo cambiara por otro billete. El agenciero hizo el  cambio y se dirigió directamente al consultorio del Dr. Alfredo Horsmann, que alquilaba la casa ubicada en General López 1323. El médico le dijo que no quería comprarlos pues no tenía dinero. Por la inminencia del comienzo del sorteo y antes de quedarse con lo que consideraba "un clavo", Lorenzatti muy desesperado le puso los dos décimos del número 11.880 doblados en el bolsillito de arriba del saco y le dijo: "Doctor, después me los paga". Cosas del destino.

Las malas lenguas dicen que los hermanos Rossi estuvieron  tres días seguidos con hielo en la cabeza. No es para menos. El azar les jugó una mala pasada.

Algunos vecinos recuerdan que la esposa de Juan Benso, al enterarse por boca de un joven que llegó corriendo a su domicilio y muy agitado le  informó que había ganado la Grande, con una alegría incontenible, espontáneamente salió presurosa de su casa y comenzó a correr por las calles del pueblo gritando ¡¡¡sooomos riiiicoos¡¡¡. Dicen que al joven que le trajo la buena nueva luego le regalaron un traje a medida. Benso explotaba la cancha de pelota a paleta ubicada en Belgrano y Francia y allí vivía con su familia. Después la explotación de la cancha pasó a manos de Valentín "Valengo"” Romero (jugador de Juventud Unida).

¿Y qué destino le dieron los afortunados ganadores al dinero? Por ejemplo, don José Costas compró más de cien hectáreas de campo pertenecientes a Victorio Dedominici. La chacra estaba  ubicada cercana al pueblo, en el sector oeste. Por su parte Juan Benso adquirió un camión de transporte y una vivienda. Más adelante formó parte de una sociedad propietaria del "Frigorífico Santa Isabel". Juan Paganini se convirtió en empresario y años después se asoció con Abelino De Dios de Villa Cañás y con Francisco Farrando. La sociedad adquirió a Angel Ferro las instalaciones del antiguo molino harinero de la calle General López y Rivadavia.

Cabe aclarar que en aquella época no existía en el país el cúmulo y la diversidad de juegos de azar como ocurre en la actualidad. Por lo tanto el sorteo del Gordo de Navidad era muy esperado por la población en todo el territorio argentino y creaba una enorme expectativa en la gente que aguardaba ansiosa el sorteo, con la esperanza de "salir de pobres", como decían algunos. 


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domingo, 29 de diciembre de 2013

Una maravilla de la tecnología.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 87 - 16/04/08

  La televisión argentina nació el 17 de octubre de 1951 con la transmisión de un acto de Eva Perón, realizada para unos pocos cientos de aparatos por el flamante Canal 7 que tenía su antena instalada en el edificio del Ministerios de Obras Públicas, en la avenida 9 de julio, de la ciudad de Buenos Aires. Con el correr del tiempo la gente empezó a interesarse por la posibilidad de compra de un aparato de TV. En Santa Isabel este interés se vio menguado por la dificultad para captar la señal debido a la distancia que nos separan de Buenos Aires. Sin embargo, a finales de la década de 1950, se encendió el primer televisor, blanco y negro, en la Heladería y Bar de Mario Miculán (foto, con su dueño Mario Miculán), que estaba en el local de la desaparecida Sociedad Española, en calle Belgrano, entre la Iglesia Santa Isabel de Portugal y el también desaparecido Prado Español. Testigos de aquel tiempo relatan que eran muy pocas las veces en que se podían distinguir las imágenes.

 Más adelante, el 18 de noviembre de 1964, se iniciaron en Rosario las transmisiones de Canal 5 y luego, el 20 de junio de 1965, las de Canal 3. Es entonces cuando los isabelenses comenzaron a interesarse más por la televisión ya que estas señales podían captarse con mayor facilidad. De todos modos era necesario instalar sobre el techo de cada hogar una torre de unos 15 m. de altura para colocar la antena; y aún así, en algunos días, las imágenes se desvanecían o, por el contrario, según las condiciones atmosféricas, solían tener interferencias de otras emisoras más lejanas. Eran poco frecuentes las veces en que se podía ver televisión en forma óptima.

 De esta manera el cielo isabelense se fue poblando de infinidad de torres metálicas en las que, además de las antenas dirigidas a Rosario, se solían colocar otras, dobles, hacia Buenos Aires para captar, cuando se podía, no solo Canal 7, sino también el 9, el 11 y el 13 que ya estaban en el aire. Muchas de estas torres todavía continúan montadas.
Mario Miculán junto a su nuevo televisor.

 En 1978, ante la llegada del campeonato mundial de fútbol se inauguraron las repetidoras de los canales rosarinos en Venado Tuerto y Rufino. A cambio, en toda la región, los propietarios de televisores debieron pagar un dinero en varias cuotas. Pero esa es otra historia.



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El indómito león Togo.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 84 - 27/11/07

 La llegada de un circo en el invierno de 1962 prometía cambiar el letargo del Santa Isabel de aquel tiempo, en el que los divertimientos eran escasos comparados con la actualidad. Por eso, esa noche del debut, el público casi que había cubierto las localidades de la modesta carpa que había sido instalada, como era habitual, en la esquina de Brasil y Mitre. Era en un descampado que alcanzaba a toda la manzana que completaban las calles Sarmiento y Corrientes, frente al terreno del ferrocarril que tenía un monte de eucaliptus.


 La publicidad había entusiasmado a la gente a llegarse a esa función inaugural. Una camioneta tirando un carromato jaula que exhibía un león en su interior había recorrido el pueblo mientras anunciaba el número más importante: "...¡No se pierda esta noche la presentación del indómito león Togo!!", decía el locutor.


 Todo transcurrió dentro de la normalidad en la primera parte de esa noche circense. Pasaron payasos, magos y equilibristas que hicieron reír y asombrar al público compuesto por personas de todas las edades. Hasta que llegó el momento esperado, el número con los leones.

 Los asistentes armaron en la pista una gran jaula con una manga enrejada a la cual atracaron un primer carromato. Abrieron la puerta y un león -posiblemente Togo- bajó del mismo y caminó sin problemas hasta el centro, en donde ya estaba esperándolo el domador. Después colocaron otro carromato y trataron de repetir la operación con un segundo animal. Pero éste estaba echado en el piso y sin intenciones de moverse. Para que se bajara, los asistentes golpearon los barrotes y el techo del aparato y lo azuzaron con un palo... pero nada, el león seguía en el piso. Por eso el domador salió de la jaula dejando solo al primer animal y fue a ayudar para lograr el cometido.

 Mientras estaban en esa faena, el león que aburrido daba algunas vueltas en la jaula de la pista, se metió en la manga rumbo al carromato. Ante esto, los asistentes cerraron la puerta impidiéndole el paso para que no suba al aparato, por lo que el animal, al querer volverse hacia la pista, como la manga era angosta, se paró sobre una reja que cedió un poco y dejó una abertura. La fiera aprovechó la ocasión, se coló a la parte trasera de la pista y comenzó a caminar hacia el público.

 Cuando la gente se percató de la situación, primero los más cercanos, comenzaron los gritos y las corridas hacia la salida. Los que estaban frente a la jaula y a la manga tardaron un poco en darse cuenta porque las rejas les daba una falsa sensación de seguridad. Igual todo el mundo salió de la carpa en medio de una batahola descomunal ganando la calle y corriendo en distintas direcciones, especialmente hacia el centro del pueblo o, algunos chicos, subiéndose a los árboles.

 El león, que parece que no era tan indómito, mientras todos corrían, salió muy tranquilamente por la parte de atrás de la carpa destinada al movimiento de los artistas, hacia el descampado, donde el personal del circo lo atrapó y lo volvió a poner en el carromato. Pero a esa altura de la circunstancia la gente ya había huido despavorida. La mayoría estaba, expectante, a 150 metros, en la esquina de Mitre y Santa Fe. Desde allí, después de un tiempo, escucharon al locutor que por los parlantes los llamaba: "Regresen, ¡la bestia ha sido capturada!", decía.

 Con un poco de recelo, el público fue regresando de a poco. Y antes de continuar con la función devolvieron las cosas que en el desorden de la estampida la gente había perdido: "¡Se ha encontrado un zapato marrón de dama!... "Acá hay un birrete de conscripto!...", "¿Quién es la dueña de esta cartera negra?!..."

 Después retornó el espectáculo. Finalmente actuó el león Togo, dieron una obra de teatro típica del circo criollo y finalizó aquella función que quedó grabada en la historia. 

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viernes, 27 de diciembre de 2013

Corso con efecto dominó.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 75 - 20/02/07

 Este es un tiempo en el que la fiesta de carnaval pasa totalmente desapercibida en nuestra localidad, aunque hasta hace muy poco se han organizado algunos corsos.

 Si bien es imposible saber con precisión en que fecha se comenzaron a realizar estos festejos en Santa Isabel, hay fotografías tomadas en 1925 que muestran disfrazados y carrozas adornadas para la ocasión. 

 Pero la historia que nos interesa y que se cuenta como verdadera, con algunas variaciones, sucedió mucho más adelante en el tiempo, en un año incierto de fines de la década de 1960 o principio de la de 1970. Era el tiempo en que todavía se jugaba con agua y no solo en los corsos. Cualquier día de carnaval y a cualquier hora se podía llegar a recibir un baldazo de agua. Las guerras entre chicos y chicas, niños, adolescentes y jóvenes - y a veces también entre gente más grande- eran moneda corriente y una sana y alegre manera de divertirse. La serpentina y el papel picado aún seguían siendo los elementos más usados para tirarle a los disfrazados, a las carrozas o al sexo opuesto, y los pomos de plástico para agua, de distintos tamaños y colores, eran el furor. No existía la nieve loca y los globitos recién empezaban a aparecer.

 Luego de su reapertura, el Hospital Miguel Rueda era la institución organizadora de los corsos aunque a veces se lo concedía a alguna otra entidad. También era la propietaria de unos postes cuadrados que, pintados de varios colores, en la parte superior formaba una "V" llena de lamparitas por arriba y por abajo. Esos palos, que sostenían las bocinas para el sonido y llevaban adosados unas chapas circulares con caricaturas pintadas, se colocaban en el centro de la calle formando una avenida por la cual circulaban las carrozas y los automóviles -que pagaban entrada para estar en el corso- en una especie de vuelta del perro sin fin.

 Esa vez se organizó en calle San Martín, desde Santa Fe hasta José Ingenieros. Sobre la calle pavimentada se habían colocado los palos sostenidos en la base por tubos de cemento llenos de arena adonde se los había plantado, tal como era el sistema. Por ellos -5 o 6 por cuadra- pasaban los cables para encender las lámparas y conectar las bocinas. Después de algunas noches de éxito se decidió extender el corso una cuadra más, hasta Paraguay, esta vez en una calle de tierra y con otros postes enterrados en el centro de la calle. 

 Se acercaba un nuevo fin de semana que se perfilaba con muy buen tiempo para concentrar a mucho público en otra noche "carnestolenda", como se decía. Pero el destino fatal quiso que una tardecita calurosa avanzara por José Ingenieros una cosechadora que, al pasar por la esquina de San Martín, enganchó, sin que el conductor se diera cuenta, uno de los cables del corso que cruzaba la bocacalle... Sobrevino el desastre... El primer poste, que estaba sobre la esquina, cayó cerca de la vereda contraria al Club Juventud. Este tiró de los cables y arrastró al segundo, este otro al tercero y así sucesivamente. Una especie de efecto dominó se había activado.

 Se cuenta de señoras que buscaron refugio en el umbral más cercano y que varios parroquianos que estaba disfrutando de un aperitivo en la vereda de un bar de San Martín al 1200 (hoy una heladería) cuando vieron venir la ola de postes dejaron los tragos y vituallas sobre la mesa y corrieron a guarecerse al salón. 

 El efecto solo se detuvo cuando, al llegar a Santa Fe, cayó el último de los postes. No hubo heridos ni mayores daños, pero los organizadores del corso debieron dedicar trabajo extra para levantar todo lo caído contra reloj para brindar otra noche de carnaval. 

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Arbolito en el mástil de la plaza.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 74 - 20/12/06

 Para la Navidad de 1975 por iniciativa de varias personas y de la Comuna se armó un arbolito en el mástil de plaza 9 de Julio que, por las noches, encendía luces y en lo alto una estrella de Belén. En la foto aparecen, entre otros, Cirilo Colomba (izq. con casco), "Tito" Lamelza (arriba), Oscar Severini (en la escalera), Serafín Rende (teniendo la escalera) y tantísimos chicos que, hoy mayores, seguramente se reconocerán.












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miércoles, 25 de diciembre de 2013

Primeros gobiernos comunales.

Publicado en "Acercar a la Gente" N° 46 - 20/11/03
  
 En esta oportunidad recordamos algunos nombres y datos que tienen que ver con los primeros gobiernos de nuestra localidad.

 El primero de ellos aparece recién tres años después de fundado el pueblo. Nombrada por el Poder Ejecutivo provincial, el 25 de abril de 1911 se constituyó la primera Comisión de Fomento de Santa Isabel integrada por Francisco Salemme, Domingo Carricart y Santiago Raimondi quienes, según el primer acta, “se reunieron en la casa de comercio de los señores Olauchea y Azpiri”.

  En el acta Nº 2, fechada el 1º de mayo de ese año, se detalla la distribución de cargos quedando Francisco Salemme como presidente, vice Santiago Raimondi y tesorero Domigo Carricart, designándose a Enrique Lamarque como secretario. También se deja constancia de que para su funcionamiento este primer gobierno “alquiló un local al vecino Segundino Audisio”.

  Entre los primeros actos de gobierno se encuentra la decisión de recaudar impuestos. En junio de ese año resolvieron cobrar la primera patente de rodados disponiendo poner avisos en los comercios invitando al pago de la misma y, además, notificar a los gremios para que abonaran los impuestos correspondientes. Por otra parte en la reunión del 5 de enero de 1912 se informó que se había dado por terminado el cementerio y se dispuso librarlo al servicio público.

  En julio de 1912 un decreto del Poder Ejecutivo provincial declaró cesante a esta Comisión que actuó en el primer ejercicio y nombró en su reemplazo a los Sres. Santiago Rossignoli, Rafael Lira y Emilio Taddei.

 Las primeras elecciones comunales se realizaron el 25 de diciembre (si, en Navidad!) de 1913 resultando electos Francisco Salemme, Andrés Dall’Occhio y José Dedominici como titulares, Constancio Gilardone, Enrique Arona y Domingo Benso como suplentes y, como revisadores de cuentas, Justo Vázquez, Emilio Mónica y Juan Enrico. Pocos días después, el 3 de enero, se realizó la entrega del gobierno.

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Publicado en "Acercar a la Gente" 112 - 29/07/10

 
Primeros gobiernos locales. 
 El 25 de abril de 1911 se constituyó la primera Comisión de Fomento de Santa Isabel que estaba formada por Francisco Salemme, Domingo Carricart y Santiago Raimondi. El acta labrada en ese momento dice:

"En Santa Isabel, a 25 de abril de 1911, en posesión de una nota de Julio A. Busaniche, Ministro de Instrucción Pública y Agricultura de la Provincia de Santa Fe, por la cual comunica que el P/E de esta provincia ha nombrado una Comisión de Fomento en el pueblo Santa Isabel del departamento General López, compuesta por los señores Francisco Salemme, Domingo Carricart y Santiago Raimondi, los cuales provistos de sus respectivos nombramientos se reunieron en la casa de comercio de los señores Olauchea y Azpiri de esta plaza y acordaron aceptar sus nombramientos. Para constancia firman los presentes." Al pie, el sello comunal y las firmas de los nombrados.

Luego, el 1º de mayo de ese año, se distribuyeron los cargos de la primera Comisión de Fomento, siendo su presidente Francisco Salemme; vicepresidente, Santiago Raimondi y Tesorero, Domingo Carricart. Se nombró secretario a Enrique Lamarque.

En julio de 1912, por un decreto del Poder Ejecutivo provincial fue declarada cesante esta Comisión que actuó en el primer ejercicio y fueron designados los señores Juan Segundo Rosignoli, Rafael Lira y Emilio Taddei quienes se hicieron cargo del gobierno el día 6 de ese mes.

La primeras elecciones comunales se realizaron el 25 de diciembre de 1913. Resultaron electos Francisco Salemme, Andrés Dall'Ochio y José Dedominici como Titulares; Enrique Arona y Domingo Benso como Suplentes y, como Revisadores de Cuentas, Justo Vázquez, Emilio Mónica y Juan Enrico.

En un principio, para las reuniones y funcionamiento de la secretaría, fue alquilado un local a Segundino Audisio, como consta en el acta número dos del 1º de mayo de 1911.

Según relatos orales, la sede comunal estuvo, antes de instalarse en su local actual, en una casa ubicada en San Martín 1057 perteneciente a la familia Rimoldi.

Ya en 1933, en la publicación realizada por el 25º Aniversario de Santa Isabel, se hablaba de "reunir los fondos necesarios para hacer frente a los gastos que habría de irrogar la construcción de un edificio para las oficinas comunales".

Cuatro años más tarde, el 9 de julio de 1937, fue inaugurado el edificio actual de la Comuna ubicado en José Ingenieros 942. El mismo fue hecho por los constructores locales Calcaprina y Dazi sobre un terreno que la empresa Devoto y Cía. debió ceder para esta finalidad al momento de obtener la aprobación de la traza del pueblo y colonia en 1908. Junto a esta edificación en la que funciona la administración comunal, también se encuentra el patio de maquinarias de la Comuna.

El edificio inaugurado en 1937 fue un importante avance para la localidad. Por mucho tiempo también se usó como vivienda para algún funcionario y su familia.



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martes, 24 de diciembre de 2013

Villa Covernton.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 42 - 10/05/03

 La Avenida Francia es una vieja ruta que, hasta la década del '40, era el límite S.E. de Santa Isabel con la estancia "Las Dos Hermanas" perteneciente a María Luisa Pinasco casada con Federico Covernton. Éste, por ese tiempo, hizo trazar un plano de la que sería Villa Coverton, que estaría asentada al lado del pueblo, sobre Francia. Ese nuevo asentamiento humano a formarse tenía solares destinados a iglesia, plaza y escuela, trazado de calles y nomenclatura propia. No se concretó. Uno de los fundamentos de la oposición era la no continuidad de las calles con dirección S.E. - N.O., que producirían cortes en la calle Francia. Otro ítem negativo era que se iba a crear un pueblo prácticamente dentro de otro pueblo.

Finalmente, por esta oposición que surgió especialmente del gobierno del momento, Covernton decidió vender en forma de quintas y chacras. La zona en cuestión se extiende, por Avenida Francia, desde la última calle del pueblo, Urquiza, hasta el campo de Glavinovich y, como ancho tiene el largo de la estación del ferrocarril (de Francia hacia el sudeste, 700 metros aproximadamente, hasta la calle que pasa detrás del frigorífico). El barrio Belgrano y el barrio Fo.Na.Vi. Grande son algunos de los asentamientos que están en esta zona. 
 

 

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lunes, 23 de diciembre de 2013

¿Por qué Santa Isabel?

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 30 - 05/09/01

 El origen del nombre de nuestra localidad ha sido asunto de confusión durante bastante tiempo. Pero en 1986 se publicó "Santa Isabel: desde la Tierra Pública hasta 1908", un trabajo en el que su autor, Roberto Severini, aborda este tema y elabora una tesis que, por la documentación que presenta, se debe aceptar como la versión que se ajusta a la realidad. Allí se desechan varios conceptos erróneos, entre ellos que en donde se asienta el pueblo haya existido una estancia con ese nombre o que estas tierras hayan pertenecido a Isabel Amstrong de Elortondo. Dice el autor: "El pueblo se llama Santa Isabel porque la estación del ferrocarril se llama así desde el 6 de noviembre de 1902 según resolución del Ministerio de Obras Públicas de la Nación y porque los Devoto -empresa que subastó los terrenos el 8 de febrero de 1908- lo adoptaron para la aprobación, por parte de la Provincia, del proyecto del Pueblo y Colonia".

 Al leer este libro nos damos cuenta que la estación (la más vieja, frente a barrio FoNaVi) toma el nombre de una estancia que se encontraba a unas cuatro leguas hacia el NE de la localidad y se llamaba Santa Isabel cuando pertenecía a Drabble Hnos. quienes la compraron en 1857 cuando todo era campo abierto y salvaje. El establecimiento, que tenía seis leguas cuadradas y era gemelo con la propiedad de Miguel Rueda, fue absorbido en 1908 por United Estancias Company Ltd., con el tiempo sufrió algunas divisiones y aún existe con ese nombre pero reducido en su extensión y al sur de la primitiva parcela. Hasta allí debió llegar el ferrocarril (y de ahí el nombre de la estación) según la ley 3965 de 1900 en la que se concedió al Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico el derecho de construir y explotar una vía férrea desde Saforcada que, al llegar a Arenales continuara en línea recta hasta el límite norte de la estancia. El proyecto original se modificó para que pasara por Teodelina y desde allí en línea recta hasta el límite norte de la estancia Las Dos Hermanas, donde definitivamente se construyó la estación.

 Según Severini: "La estación Santa Isabel toma el nombre de la estancia de los Drabble que se encuentra a cuatro leguas del pueblo, y éste a su vez toma el nombre de la estación." No sabemos por qué la estancia se llamaba así. Tal vez, como algunos dicen, porque una de las Drabble se llamaba Isabel.
 
Sep. de 2006 - Antigua estación ferroviaria que dió el nombre al pueblo y frente a la cual se fundó Santa Isabel el 8 de febrero de 1908, ubicada sobre Av. Santa Fe al 1700 aproximadamente.

 


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