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domingo, 12 de noviembre de 2023

Los carnavales de antaño

Por Norberto Oscar Dall’Occhio

 En los corsos que  se desarrollaban en Santa Isabel  en los finales de la década de 1930 y principios de 1940 abundaba el juego con serpentinas y papel picado. Hay recuerdos de mucha gente sobre la abundancia  del uso  de esos  elementos compuestos de papel. En las calles, que eran de tierra, la gente que iba en adornadas carrozas o  que estaba sentadas en  los coches que desfilaban, generalmente descapotados, lanzaban serpentinas al público que estaba de pie al costado de la acera o ubicadas en adornados palcos que preparaban los vecinos. 

 Abundaba  un amable y delicado intercambio de serpentinas entre gente conocida. Ese entrecruzamiento de cintas suspendidas en el aire, con el agregado de las numerosas luces que iluminaban la calle, se convertía en un hermoso espectáculo mirándolo a la distancia. El juego con papel picado resultaba más directo y a menor distancia y generalmente se tiraba sobre el cabello. Durante el corso el juego era de tal magnitud que tanto las calles como las veredas quedaban alfombradas con el tono multicolor de las serpentinas y del papel picado. Al día  siguiente del corso los trabajadores contratados por la Comuna se veían obligados a utilizar horquillas y rastrillos para limpiar sos enormes colchones de papeles esparcidos en las calles, amontonarlos y finalmente quemarlos. Con respecto al papel picado también quedaban alfombradas las veredas. Los trabajadores las barrían, las recogían con una pala,  las colocaban en una carretilla, hacían una especie de parva y luego les prendían fuego. Los juegos con papel fueron disminuyendo a partir de la década de 1940 debido a la escasez de ese material con motivo de la Segunda Guerra Mundial.

 También debemos mencionar los juegos con agua, que en muchos casos resultaban peligrosos debido a los abusos de  algunas personas por la exageración o  por  violencia  con que los hacían. A fines de la década del '30 ocurrió un hecho censurable en el cual intervino la policía. En un corso que se desarrollaba en la calle Belgrano al 1100, entre Mitre y Sarmiento, el señor Otamendi tenía una carnicería y para festejar el carnaval se le ocurrió utilizar la manguera que usaba para limpiar y baldear su negocio, para lanzar agua a raudales contra  la gente que pasaba frente a su casa, en algunos casos “bañándola” totalmente. La reacción del público fue inmediata y el responsable terminó en la comisaría.  Durante el corso estaba prohibida la utilización de baldes o jeringas. Sólo se permitía el uso  de lanza perfumes o pomos. Cabe acotar que durante el día, en las tres jornadas de carnaval, chicos y  jóvenes  solían jugar con agua en las calles del pueblo y a veces lo hacían mediante la utilización de baldes, globos, jeringas, botellas o palanganas.

 Los corsos se iniciaban alrededor de las 21:00 y duraban hasta las 24:00. El comienzo y la culminación del corso se hacía mediante el lanzamiento de bombas de estruendo. A su término se iniciaba el Baile de Carnaval con la actuación de alguna orquesta de la zona, que tenía lugar generalmente en las instalaciones del  Prado Español o en la Sociedad Italiana y se extendía hasta las tres de la madrugada. 

 En  algunas ocasiones como cierre del carnaval se armaba un enorme muñeco con trapos, cartones, arpilleras y maderas, en homenaje al Rey Momo. El muñeco se quemaba y sólo quedaban cenizas. Era el símbolo de que el carnaval y la fiesta habían culminado, con la esperanza de que al año siguiente se repitieran los festejos y volvieran la alegría, los disfraces, la sonoridad y las luces de los corsos y los bailes.

Los corsos generalmente se realizaban en las calle Mitre, San Martín, General López  o Belgrano, con un trayecto de dos cuadras.En la parte intermedia del recorrido, en coincidencia  con el cruce de calles, se instalaba el palco oficial. Desde allí el locutor animaba esta fiesta de color, donde solían actuar poetas locales y músicos y cantantes del pueblo.

Entre los disfrazados abundaban los “caballitos”, confeccionados  con arpilleras que portaban un ancho rebenque del mismo material al que hacían sonar fuertemente contra el piso, lo que provocaba cierto temor en los niños.

 Los disfrazados utilizaban antifaz o caretas para ocultar su cara. Estaban controlados y registrados por la policía y podían concurrir al baile.

Generalmente, los corsos y los bailes se realizaban a beneficio del Hospital Miguel Rueda.

 En la década de 1940 y principios de 1950 también se destacaban los bailes de disfraz y fantasías organizados por el Club General Belgrano. Resultaba una reunión muy divertida, con distintos y llamativos disfraces, en la cual participaban los socios de la institución y sus familias.

A  principios  de la década de 1950 se habían suspendido los corsos por la falta de luz eléctrica en el pueblo. Frente a esta situación y como dato curioso, vale recordar que a mediados de la década del '50 la Heladería Miculán organizó por su cuenta un corso frente a su Bar y Heladería en la calle Belgrano, que estaba al lado de la iglesia y pertenecía a la Sociedad Española. Para ello utilizó un generador de energía de su propiedad iluminando con guirnaldas de luces una cuadra frente a la Plaza 9 de Julio. La iniciativa tuvo gran éxito y se prolongó por varias jornadas de carnaval. En 1956, normalizado el sistem  eléctrico, se reiniciaron  los corsos.

 

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sábado, 3 de agosto de 2019

Cómo orientarse en Santa Isabel

Orientarse en Santa Isabel es fácil. En la zona urbana no existen calles diagonales. Todas están orientadas de SE a NO y de NE a SO. 
Es decir que si en una bocacalle cualquiera, trazamos dos líneas imaginarias que, al cruzarse al medio de ésta, unan las esquinas enfrentadas diagonalmente, podremos determinar la ubicación de los puntos cardinales Norte-Sur y Este-Oeste. 
Esto mismo es para las calles de la zona rural con excepción de las comprendidas en las zonas desde Santa Lucía a estancia Las Dos Hermanas donde las mismas tienen rumbos dispares.
En 2012 la Comuna de Santa Isabel hizo colocar en el parque ARA Gral. Belgrano una placa de granito con la información de los puntos cardinales y altura sobre el nivel del mar.










Las esquinas marcan los puntos
cardinales.









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miércoles, 20 de julio de 2016

Gelato fatto in casa - Primeros heladeros

Por Norberto Oscar Dall’Occhio


Durante los veranos de finales de la década de 1930 y comienzos de la década de 1940 era habitual la presencia en las calles del pueblo de los heladeros ambulantes.

Eran personajes especiales, quienes totalmente vestidos de blanco, incluido el gorro -a pesar del rigor del calor y en plena siesta-, recorrían las desiertas y polvorientas calles montados sobre un triciclo con sombrilla o empujando con las manos un carrito con capota ofreciendo helados artesanales. Como decían algunos italianos “gelato fatto in casa”.

Mucha gente estaba en plena siesta pueblerina, cuando a eso de las tres de la tarde empezaba a sonar el cornetín que anunciaba la próxima presencia del heladero frente a su domicilio.

Especialmente los chicos tenían un oído muy agudo para escuchar a la distancia el sonido del cornetín. Eso sucedía porque era muy común que los padres le prometieran un helado a los pibes si se portaban bien. Pero las personas mayores no se quedaban a la zaga. También lo esperaban ansiosamente para saborear esos ricos y refrescantes helados.

Los gustos para elegir eran solamente tres: crema, chocolate y limón.

Era interesante ver el ritual previo a la consumición. Con una señal, el heladero se detenía frente a la casa. De inmediato levantaba la tapa del carrito y preguntaba de qué gusto querían el helado. Entonces sacaba un molde rectangular de metal colocando una oblea en la base. Lo llenaba de helado y al final le ponía otra oblea. Es decir armaba un sandwich. A continuación oprimía un botón y un resorte hacía saltar automáticamente el emparedado. Lo rodeaba con un pequeño trozo de papel blanco, lo entregaba al interesado y a partir de allí empezaba un festín que alegraba el paladar del cliente. También si la persona se lo pedía le servía el helado en un vasito de oblea acompañado con una cucharita de madera.

En Santa Isabel había dos heladeros callejeros. Uno de ellos era Mario Miculán, que poseía un triciclo. El otro era Villalba, quién lo realizaba en un carrito de dos ruedas impulsado manualmente por él.

Más adelante este sistema de venta callejera dejó de funcionar. Por razones de salubridad, en la venta ambulante sólo se podían ofrecer helados con envases especiales. Los helados de marca no existían. En aquella época las heladerías solamente trabajaban durante los meses de verano. 


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domingo, 26 de junio de 2016

Eduardo Bastino: Un nombre para una tragedia y una calle

A partir de una consulta realizada entre alumnos de la escuela Nº 214 en 2005 y por pedido de la Comuna de Santa Isabel, el domingo 2 de abril de 2006 se impuso el nombre de "Eduardo Bastino" a la cortada ubicada en la zona norte de la localidad, que corre desde Misiones a Chaco a la altura del 800 de ambas, entre 25 de Mayo y 9 de Julio.

Al acto asistieron autoridades de Santa Isabel y familiares de Eduardo Bastino.

Si bien las razones esgrimidas por quienes eligieron este nombre durante la encuesta eran confusas o equivocadas, la posibilidad de recordar en forma permanente a este mártir isablense, producto de la locura y el afán de poder, caló hondo en las autoridades locales.

La gente más grande seguramente recuerda bien lo sucedido en 1963. Pero para las generaciones más jóvenes y para aquellos que llegaron a Santa Isabel luego de ese año, se hace necesario recorrer un poco la historia para entender el por qué de este homenaje.

La década de 1960 vio nacer dos facciones en las Fuerzas Armadas, Azules y Colorados, que se enfrentaron en 1962 y 1963, llegando al derramamiento de sangre. El último choque, el 2 de abril de 1963, se inició con un alzamiento del bando Colorado que buscó derrocar al presidente José María Guido. Ese día amaneció espléndido, propicio al plan de los conjurados, que pretendían ungir presidente a un conspirador veterano, el general retirado Benjamín Menéndez, "comandante en jefe de las fuerzas revolucionarias de Aire, Mar y Tierra". El almirante Rojas estaba entre los complotados.

La Armada se sumó casi en pleno a la sublevación. En el Ejército, los rebeldes contrarios a la cúpula Azul, encabezados por el general retirado Federico Toranzo Montero, lograron controlar algunas unidades del interior, mientras que en la Fuerza Aérea no pudo imponerse el sector minoritario del comodoro Lentino.

Para comprender esta pelea hay que retroceder a 1955, a la llamada Revolución Libertadora que derrocó a Perón y proscribió su movimiento. En 1958, Arturo Frondizi pactó y ganó las elecciones con los votos del líder del movimiento peronisra exiliado en España. Los militares no se lo perdonaron, y menos que recibiera en secreto al Che Guevara en agosto de 1961. Frondizi fue derrocado ocho meses después y en su lugar asumió el senador Guido, condicionado por el "Partido Militar".

Antiperonista, anticomunista y alentado por un puñado de conspiradores ambiciosos, el Partido Militar se dividió en dos, los Azules y los Colorados. Para los Colorados el peronismo era un movimiento sectario y violento que daba lugar al comunismo. Para los Azules, pese a su demagogia y sus abusos, el peronismo era una fuerza cristiana y nacional que había salvado a la clase obrera del comunismo y la subversión.

Los Azules ("fuerzas propias" en lenguaje militar) nacieron como tales en setiembre de 1962 y llamaron "Colorados" (los "enemigos") a sus rivales. Mediante la acción psicológica y el comunicado 150 que redactó Mariano Grondona se vendieron como "legalistas" y, tras cuatro días de escaramuzas, encumbraron a Juan Carlos Onganía como jefe del Ejército. El gobierno de Guido, con apoyo de los militares Azules, avanzaba en su estrategia de integrar al peronismo en la vida política, pero sin Perón. Los Colorados esperaban una oportunidad para tomar el poder.

El día elegido fue ese 2 de abril.
Sobre el mediodía se inició el episodio más sangriento de las jornadas: el ataque aéreo colorado al Regimiento de Caballería de Tanques 8 de Magdalena de los azules, donde estaba Eduardo Bastino haciendo el servicio militar obligatorio. El comandante de su vecina Base de Aviación Naval de Punta Indio, capitán de navío Santiago Sabarots, intimó sin éxito al jefe tanquista, coronel Alcides López Aufranc, a unirse a la revuelta. Desde una avioneta se arrojaron panfletos dando 20 minutos de plazo previos al ataque. "El escuadrón era un hormiguero, y la orden fue evacuar el cuartel. A las 12.30 comenzó a ser atacado por aviones Panther y Corsario con fuego de metralla, bombas incendiarias y destructivas", recuerda el conscripto clase 42 Hermindo Belastegui en su libro "El C-8 no se rinde", donde relata cómo fueron atacados todo el día con más de cien bombas, también de napalm. Hubo 22 heridos y 9 soldados muertos. Uno de ellos Bastino.

Al día siguiente la Fuerza Aérea "leal" contraatacó sobre Punta Indio. Cuando los blindados del 8 entraron en la base, 5 infantes de marina habían muerto y Sabarots había huido al Uruguay. También en el resto del país el alzamiento Colorado había fracasado. Los rebeldes capitularon el 5 ante el Gobierno.

Los combates de abril establecieron la victoria del bando Azul, dominado por los jefes del Arma de Caballería y el liderazgo del general Juan Carlos Onganía, sobre el conjunto de las Fuerzas Armadas y los sectores civiles y eclesiásticos que apoyaban el llamado "Partido Militar". Tres años después Onganía impondría la primera dictadura cívico-militar de carácter permanente de la historia argentina.

En julio hubo elecciones, y siguió la proscripción. Perón llamó a votar en blanco: lo hizo el 19,4%. El 12 de octubre asumió el radical Arturo Illia, con sólo el 25,1% de los votos. Sería derrocado en 1966 por los antiguos azules "legalistas", para instalar la dictadura de Onganía.

Mientras las historias de intrigas por el poder continuaros su marcha, los restos de Eduardo Bastino, de 20 años de edad, que llegaron a Santa Isabel acompañados por dos militares, fueron velados en su casa paterna de Santa Fe al 1000 y luego sepultados en el cementerio local. En el sepelio se leyeron dos discursos de despedida, uno de ellos de extrema y justificada dureza hacia los responsables de tamaña barbarie.

El domingo 2 de abril de 2006, a 44 años de su muerte, el nombre de Eduardo Bastino quedó plasmado en una calle del pueblo que lo vio nacer. 


02/04/2006 - El Presidente Comunal Juan Enrique Lombardi, La Jueza de Paz Olga Cuminetti de Sylvester y el Pbro. Nelso Raúl Trognot en el acto de imposición de nombre a la cortada Bastino.
 
 
Fuentes consultadas:  
 
 
 


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jueves, 2 de enero de 2014

Colectivos a través del tiempo.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 109 - 28/04/10

  En los comienzos de Santa Isabel, los pasajeros viajaban principalmente en tren y funcionaban servicios de galera a caballo que unían Melincué con Teodelina o desde Santa Isabel a localidades como Chapuy y Carmen para tomar los trenes que por allí pasaban.

Una nueva era en el transporte de pasajeros empezó a gestarse en septiembre de 1928 cuando en Buenos Aires corrió la primera línea de colectivos. Poco a poco este servicio se fue extendiendo a otras ciudades y también llegó a la campaña.

 Una de las empresas más antiguas de colectivos que se recuerda es "La Flecha", que en la primera mitad de la década de 1940 realizaba su recorrido desde Villa Cañá a Santa Isabel, Chapuy, Carmen y otras localidades, hasta Rosario, en gran parte por caminos de tierra. Este servicio fue comprado por Fernández, Bracco y Ferrero de Villa Cañás, quienes fueron los primeros propietarios de "La Verde". A lo largo de su historia fueron muchos los socios que pasaron por esta empresa. Quienes eran sus dueños en 1963, trasladaron las oficinas que estaban en esa localidad a Teodelina que ya había sido incorporada años antes al recorrido regular que incluye ciudades como Venado Tuerto, Firmat o Casilda.

 A principios de la década de 1950 apareció la "Micro Bernard" que hacía el trayecto Junin-Venado Tuerto. En la década de 1970 cambió de nombre y pasó llamarse "La Lujanera" que extendió el servicio hasta Capital Federal. La misma línea, a mediados de los '80 pasó a llamarse "Empresa Rojas" y, años más tarde, pasó a ser parte de la empresa "La Estrella", ahora "Cóndor Estrella".

 Alrededor de 1950 la empresa "Chevalier " comenzó a brindar el servicio Santa Isabel-Capital Federal por ruta nacional Nº 8. Años más tarde los colectivos comenzaron a salir desde Villa Cañás. A principios de la década de 1990 este recorrido fue dado de baja.

 También, entre 1950 y 1960, aproximadamente, existió "El Solito", empresa que tenía un solo colectivo que por la mañana realizaba el recorrido María Teresa-Colón, en gran parte por caminos de tierra, pasando por la zona de colonia Santa Lucía, la laguna El Aljibe, Santa Isabel, Villa Cañás y Teodelina y de allí a Colón, regresando por la tarde a María Teresa.

En la actualidad hay un nutrido número de transportes de pasajeros que no tienen recorrido ni horario regular realizando viajes a distinto puntos mediante "combis".

 Sobre este tipo de transporte se debe citarse el perteneciente a Miguel Carpi que realizaba, hasta hace algunos años viajes a la empresa Hathor, diversas unidades que lo hacen diariamente a las instalaciones de Syngenta y, retrotrayéndonos a las décadas de 1960 y de 1970, el colectivo perteneciente al Sr. Marcos Zanni que realizaba viajes de corta distancia. También al "Quo Vadis", perteneciente a la familia de Simón Montaner e Isabel Serrati que, entre 1993 y 1995 realizaba viajes a distintos puntos, trasladando, especialmente, estudiantes a Rosario, Venado Tuerto o Villa Cañás.



  Mujeres esperando el colectivo en el refugio de Santa Fe y San Martín a principios de la década de 1960. 









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Plaza 9 de Julio.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 105 - 25/11/09  

 Delimitada por las calles Belgrano, Mitre, José Ingenieros y 25 de Mayo, esta manzana, la Nº 60, fue asignada a plaza por la empresa que realizó la colonización, Devoto & Cía., en cumplimiento de una ley provincial que la obligaba a destinar terrenos para ese y otros fines, a cambio de la exención de ciertos impuestos.

En algún lugar de este lote se colocó la piedra fundamental del pueblo cuando se realizó el remate de tierras que le dio origen, los días 8 y 9 de febrero de 1908.

 Por supuesto, en un principio sólo fue un solar plagado de yuyos en el que, según relatos, en más de una oportunidad ha pastado el ganado.

 En 1913 la plaza ya contaba con algunos árboles. Esto se desprende de las actas comunales que hablan sobre el recambio de árboles como así también de que el terreno fue arado completamente.

Para mediados de la década de 1920 los árboles habían prosperado, se había instalado la iluminación y ya era un lugar de esparcimiento.

 En 1930 el nombre de 9 de Julio fue cambiado por el de 6 de Septiembre en conmemoración al golpe de estado que ese día de 1930 destituyó a Yrigoyen. En 1933 fue restituida su denominación original.

 En los últimos años de la década de 1930 y los primeros de la de 1940 la plaza fue remodelada totalmente y se levantó el mástil, ícono y orgullo isabelense, cuya altura es de 33 m.


 
Según el relato de uno de los obreros de esta remodelación, Adolfo Amadío, la obra se comenzó en 1939 y se terminó en 1940. El mástil fue armado en el suelo y luego colocado por una empresa rosarina cuyos obreros eran de origen alemán, quienes utilizaban este idioma para comunicarse durante los trabajos.

  Primeramente se hizo una base de cemento de 3m. de diámetro por 2m. de profundidad desde el nivel del suelo y, en el centro, 1m. cúbico más hacia abajo. Para colocarlo armaron una torre más alta que el propio mástil, con una pluma lo pararon y luego le colocaron una rienda hacia cada esquina de la plaza para ponerlo a plomo. La parte en que asienta sobre el cemento es de hierro amarrada a la base mediante cuatro bulones.

 
 La explanada original fue realizada por los constructores Calcaprina y Dazi. Pero a pesar de su belleza no se terminó y fue desarmada poco tiempo después porque generaba ciertas incomo-didades al izar la bandera. Por este motivo, luego de algunos años, se le quitó la parte superior. Hugo Larripa, obrero de la remodelación de la explanada, contó que al haberle sacado parte del sustento superior, el mástil oscilaba mucho, se temía que hubiese filtraciones de agua y que, finalmente, se cortara. Sixto Boschetti se hizo cargo de la obra de remodelación de la explanada alrededor del año 1945, dándole el aspecto que aún permanece, cuyas escalinatas pertenecen al proyecto original.  En cuanto a los demás trabajos de remodelación de la plaza, estos se terminaron en septiembre de 1940. Se hicieron las veredas, se colocaron cables subterráneos y cañerías para el riego, y, entre otras cosas, se colocaron nuevos bancos (los antiguos aún existen ubicados en el parque del Hospital Miguel Rueda). Fue una gran obra para la época, que tenía una estética paisajística integral y que fue motivo de orgullo durante varias décadas.  Con el correr del tiempo se le fueron agregando nuevas ornamentaciones y árboles que fueron alejándose de la idea original.


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martes, 31 de diciembre de 2013

El cementerio.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 92 - 05/09/08
 
 Al trazarse el Pueblo y Colonia de Santa Isabel, la empresa encargada del remate de tierras para la colonización debió escriturar a favor del fisco el predio que actualmente ocupa el cementerio de la localidad, ubicado a unos 2000 mts. al Sudoeste de la zona céntrica.
 
 Sin embargo en los primeros tiempos de Santa Isabel la gente que fallecía era sepultada en cementerios de otras localidades siendo el más frecuente, según los relatos orales, el de la localidad de Carmen.

 Sólo después de formarse la primera Comisión de Fomento del pueblo en 1911, y de que ésta tratase asuntos de suma importancia para una localidad que estaba naciendo y debía organizarse, se pudo disponer del predio asignado para cementerio. En la sesión del 5 de enero de 1912 se informó que se habían dado por terminado el cementerio y se dispuso que inmediatamente fuera librado al servicio público.

 La primer inhumación correspondió a Teresa Dominini, una niña de 15 años que murió el 14 de febrero de 1912. Según relatos orales su cuerpo fue llevado en un rastrón tirado por caballos, lo que da una idea de la precariedad y la dureza de la vida en los comienzos del pueblo. El 8 de febrero de 2007, con motivo del 99º Aniversario de Santa Isabel se reconstruyó su tumba que incluye la cruz original.
 
 A través del tiempo, el cementerio fue creciendo y transformándose. La mayoría de los primitivos panteones nichos y tumbas aún se conservan, siendo muchos de ellos exponentes de estilos arquitectónicos y ornamentales exquisitos. En este tipo de construcciones se pueden observar los cambios en las costumbres y modas de cada época.

 A comienzos del mes de septiembre de 2007 se contabilizaron 3.950 cuerpos inhumados. Había 540 sepulturas, además de 97 panteones, 221 nicheras, 1.160 nichos exteriores y cuatro galerías sociales pertenecientes, 1 a la Asociación Mutual del Club Belgrano, 2 a Cochería País, y 1 a La Asociación Mutual Armonía Bochas Club y Cochería País.





El cementerio de Santa Isabel en 1980.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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Algunos números.


Publicado en "Acercar a la Gente"
Nº 91 - 05/08/08
 
La superficie del distrito de Santa Isabel, incluyendo parcelas rurales, caminos, rutas, ferrocarriles, manzanas, calles y espacios verdes es de 379.042.425,90 m ² ó, lo que es lo mismo, 37.904 has., 24 as. y 25,9 ca. 
 Sus coordenadas geográficas son (medición realizada en plaza 9 de Julio): 33º 53' 18'' latitud Sur - 61º 41' 36'' longitud Oeste.

La altura sobre el nivel del mar, en esa zona es de 109 m. Se alcanzan los 110 m. en los alrededores del parque Ing. Tirelli y del monte de la estación, en la zona de las estación del ferrocarril. El sector más bajo de la zona urbana se encuentra en el sector Norte, en la cañada conocida como "El Bajo", con 105 m. sobre el nivel del mar.


 Santa Isabel, según el último censo de población del año 2001, cuenta con 4.855 habitantes, siendo 2.427 varones y 2.428 mujeres. La población urbana totaliza 4.424 habitantes de los cuales 2.190 son varones y 2.234 son mujeres. En tanto, en la zona rural, hay 431 habitantes, 237 varones y 194 mujeres. Si se lo compara con un censo realizado en 1933, se observa que la población total apenas ha crecido en todas estas décadas. En aquel año se contabilizaban 4.166 isabelenses, 2.339 en la zona urbana y 1.827 en la rural.

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domingo, 29 de diciembre de 2013

Las manzanas no son todas iguales.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 88 - 16/05/08

  Si calculamos distancias con el simple hecho de contar las cuadras, en Santa Isabel hay que tomar ciertos recaudos porque no todas miden igual.

  El trazado original de la zona urbana, situado entre las calles Chaco, España, Urquiza y Av. Francia, comprende una superficie de 169 hectáreas. En ellas hay 55 manzanas de 80 m. por 100 m., ubicadas de un lado y otro del terreno de la estación del ferrocarril, entre Chaco, Mitre, Urquiza y Av. Francia; 5 manzanas de 100 m. por 150 m. comprendidas entre Brasil, España, Av. Santa Fe y Mitre, cruzadas actualmente por la vía del ferrocarril, y 44 manzanas de 100 m. por 100 m. ubicadas a un lado y otro de las anteriormente citadas; además se le deben sumar el terreno ferroviario comprendido entre Av. Francia, Basil, Mitre y Av. Santa Fe que es de 150 m. por 480 m, cruzado por calle San Martín. Todas ellas están separadas por un espacio de 20 m., entre una y otra línea de edificación, destinado a veredas, espacios verde y calle. 
 
 Posteriormente, en distintas urbanizaciones, se agregaron nuevas manzanas. Una de ellas es la que comprende 8 manzanas, entre Güemes, Av. Sarmiento, Chaco y Av. Francia, es decir donde hoy se asienta el estadio del Club Sportivo Juventud Unida, el barrio que lleva su nombre y las 4 manzanas adyacentes.

 También, a partir de un proyecto presentado en 1938 por el Sr. Guillermo Coverton, se anexó a la zona urbana, en la década de 1940, un sector de su estancia, lindera a la primitiva traza del pueblo. Este sector se extiende desde Av. Francia, entre Av. Santa Fe y Urquiza, hacia el Sudeste unos 700 metros aproximadamente, que es el largo de la antigua estación del ferrocarril, hasta la calle que pasa detrás del frigorífico. Son en total unas 66 has. con manzanas de diversas medidas debido a distintas urbanizaciones como el barrio Fo.Na.Vi. Grande o el Barrio Belgrano.

 En este último sector como en la primitiva traza de la localidad, aún existen manzanas, en la periferia, sin construcciones que suelen ser utilizadas como quintas para la explotación agrícola.


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El indómito león Togo.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 84 - 27/11/07

 La llegada de un circo en el invierno de 1962 prometía cambiar el letargo del Santa Isabel de aquel tiempo, en el que los divertimientos eran escasos comparados con la actualidad. Por eso, esa noche del debut, el público casi que había cubierto las localidades de la modesta carpa que había sido instalada, como era habitual, en la esquina de Brasil y Mitre. Era en un descampado que alcanzaba a toda la manzana que completaban las calles Sarmiento y Corrientes, frente al terreno del ferrocarril que tenía un monte de eucaliptus.


 La publicidad había entusiasmado a la gente a llegarse a esa función inaugural. Una camioneta tirando un carromato jaula que exhibía un león en su interior había recorrido el pueblo mientras anunciaba el número más importante: "...¡No se pierda esta noche la presentación del indómito león Togo!!", decía el locutor.


 Todo transcurrió dentro de la normalidad en la primera parte de esa noche circense. Pasaron payasos, magos y equilibristas que hicieron reír y asombrar al público compuesto por personas de todas las edades. Hasta que llegó el momento esperado, el número con los leones.

 Los asistentes armaron en la pista una gran jaula con una manga enrejada a la cual atracaron un primer carromato. Abrieron la puerta y un león -posiblemente Togo- bajó del mismo y caminó sin problemas hasta el centro, en donde ya estaba esperándolo el domador. Después colocaron otro carromato y trataron de repetir la operación con un segundo animal. Pero éste estaba echado en el piso y sin intenciones de moverse. Para que se bajara, los asistentes golpearon los barrotes y el techo del aparato y lo azuzaron con un palo... pero nada, el león seguía en el piso. Por eso el domador salió de la jaula dejando solo al primer animal y fue a ayudar para lograr el cometido.

 Mientras estaban en esa faena, el león que aburrido daba algunas vueltas en la jaula de la pista, se metió en la manga rumbo al carromato. Ante esto, los asistentes cerraron la puerta impidiéndole el paso para que no suba al aparato, por lo que el animal, al querer volverse hacia la pista, como la manga era angosta, se paró sobre una reja que cedió un poco y dejó una abertura. La fiera aprovechó la ocasión, se coló a la parte trasera de la pista y comenzó a caminar hacia el público.

 Cuando la gente se percató de la situación, primero los más cercanos, comenzaron los gritos y las corridas hacia la salida. Los que estaban frente a la jaula y a la manga tardaron un poco en darse cuenta porque las rejas les daba una falsa sensación de seguridad. Igual todo el mundo salió de la carpa en medio de una batahola descomunal ganando la calle y corriendo en distintas direcciones, especialmente hacia el centro del pueblo o, algunos chicos, subiéndose a los árboles.

 El león, que parece que no era tan indómito, mientras todos corrían, salió muy tranquilamente por la parte de atrás de la carpa destinada al movimiento de los artistas, hacia el descampado, donde el personal del circo lo atrapó y lo volvió a poner en el carromato. Pero a esa altura de la circunstancia la gente ya había huido despavorida. La mayoría estaba, expectante, a 150 metros, en la esquina de Mitre y Santa Fe. Desde allí, después de un tiempo, escucharon al locutor que por los parlantes los llamaba: "Regresen, ¡la bestia ha sido capturada!", decía.

 Con un poco de recelo, el público fue regresando de a poco. Y antes de continuar con la función devolvieron las cosas que en el desorden de la estampida la gente había perdido: "¡Se ha encontrado un zapato marrón de dama!... "Acá hay un birrete de conscripto!...", "¿Quién es la dueña de esta cartera negra?!..."

 Después retornó el espectáculo. Finalmente actuó el león Togo, dieron una obra de teatro típica del circo criollo y finalizó aquella función que quedó grabada en la historia. 

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viernes, 27 de diciembre de 2013

Corso con efecto dominó.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 75 - 20/02/07

 Este es un tiempo en el que la fiesta de carnaval pasa totalmente desapercibida en nuestra localidad, aunque hasta hace muy poco se han organizado algunos corsos.

 Si bien es imposible saber con precisión en que fecha se comenzaron a realizar estos festejos en Santa Isabel, hay fotografías tomadas en 1925 que muestran disfrazados y carrozas adornadas para la ocasión. 

 Pero la historia que nos interesa y que se cuenta como verdadera, con algunas variaciones, sucedió mucho más adelante en el tiempo, en un año incierto de fines de la década de 1960 o principio de la de 1970. Era el tiempo en que todavía se jugaba con agua y no solo en los corsos. Cualquier día de carnaval y a cualquier hora se podía llegar a recibir un baldazo de agua. Las guerras entre chicos y chicas, niños, adolescentes y jóvenes - y a veces también entre gente más grande- eran moneda corriente y una sana y alegre manera de divertirse. La serpentina y el papel picado aún seguían siendo los elementos más usados para tirarle a los disfrazados, a las carrozas o al sexo opuesto, y los pomos de plástico para agua, de distintos tamaños y colores, eran el furor. No existía la nieve loca y los globitos recién empezaban a aparecer.

 Luego de su reapertura, el Hospital Miguel Rueda era la institución organizadora de los corsos aunque a veces se lo concedía a alguna otra entidad. También era la propietaria de unos postes cuadrados que, pintados de varios colores, en la parte superior formaba una "V" llena de lamparitas por arriba y por abajo. Esos palos, que sostenían las bocinas para el sonido y llevaban adosados unas chapas circulares con caricaturas pintadas, se colocaban en el centro de la calle formando una avenida por la cual circulaban las carrozas y los automóviles -que pagaban entrada para estar en el corso- en una especie de vuelta del perro sin fin.

 Esa vez se organizó en calle San Martín, desde Santa Fe hasta José Ingenieros. Sobre la calle pavimentada se habían colocado los palos sostenidos en la base por tubos de cemento llenos de arena adonde se los había plantado, tal como era el sistema. Por ellos -5 o 6 por cuadra- pasaban los cables para encender las lámparas y conectar las bocinas. Después de algunas noches de éxito se decidió extender el corso una cuadra más, hasta Paraguay, esta vez en una calle de tierra y con otros postes enterrados en el centro de la calle. 

 Se acercaba un nuevo fin de semana que se perfilaba con muy buen tiempo para concentrar a mucho público en otra noche "carnestolenda", como se decía. Pero el destino fatal quiso que una tardecita calurosa avanzara por José Ingenieros una cosechadora que, al pasar por la esquina de San Martín, enganchó, sin que el conductor se diera cuenta, uno de los cables del corso que cruzaba la bocacalle... Sobrevino el desastre... El primer poste, que estaba sobre la esquina, cayó cerca de la vereda contraria al Club Juventud. Este tiró de los cables y arrastró al segundo, este otro al tercero y así sucesivamente. Una especie de efecto dominó se había activado.

 Se cuenta de señoras que buscaron refugio en el umbral más cercano y que varios parroquianos que estaba disfrutando de un aperitivo en la vereda de un bar de San Martín al 1200 (hoy una heladería) cuando vieron venir la ola de postes dejaron los tragos y vituallas sobre la mesa y corrieron a guarecerse al salón. 

 El efecto solo se detuvo cuando, al llegar a Santa Fe, cayó el último de los postes. No hubo heridos ni mayores daños, pero los organizadores del corso debieron dedicar trabajo extra para levantar todo lo caído contra reloj para brindar otra noche de carnaval. 

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Arbolito en el mástil de la plaza.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 74 - 20/12/06

 Para la Navidad de 1975 por iniciativa de varias personas y de la Comuna se armó un arbolito en el mástil de plaza 9 de Julio que, por las noches, encendía luces y en lo alto una estrella de Belén. En la foto aparecen, entre otros, Cirilo Colomba (izq. con casco), "Tito" Lamelza (arriba), Oscar Severini (en la escalera), Serafín Rende (teniendo la escalera) y tantísimos chicos que, hoy mayores, seguramente se reconocerán.












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El Rubio de la Galera.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 67 - 05/05/06

 José Arredi, apodado el "Rubio de la Galera" fue, en los comienzos de nuestro pueblo, una figura muy conocida por el trabajo que realizaba. Como tantos otros de aquellos tiempos, su historia comienza en Europa, más precisamente en Novi Ligure, Italia, cuando nació en abril de 1879. Como tantos otros también, viajó solo a la Argentina en busca de nuevos horizontes. Luego de un largo viaje en un barco llamado "Reina Elena" llegó al país y se afincó en Villa Cañás, en 1904. 

Su cuñado, Juan Pisani tenía en ese entonces una galera con la que trasladaba correspondencia y pasajeros entre Carmen y Villa Cañás, pero para hacer más fácil el trayecto, para poder realizar el recambio de caballos y continuar el viaje, decidió alquilar una quinta, que muchas décadas después se la conoció como la quinta de Fabián, ahora en ruinas, ubicada sobre Avenida Santa Fe, detrás de la cancha del Club Belgrano.


 Arredi, por consejo de su cuñado fue a vivir a ese lugar y también compró una galera, más pequeña, con la que también transportaba correspondencia y pasajeros.

 Su nieta, Elba Fachini nos cuenta que esto ocurría cuando Santa Isabel recién había nacido, y que su abuelo comenzó a realizar estos viajes desde las estaciones de Chapuy y de Otto Bemberg (mucho después llamada Rastreador Fournier) a Santa Isabel, entregandole la correspondencia a quien ejercía de estafetero, el Sr. Rafael Di Giorno, y dejando los pasajeros en la fonda de Basignani que estaba situada en Santa Fe y Mitre, adonde ahora hay una carnicería. 

 Estos trayectos los hizo durante muchos años. Primero cuando se construía el ferrocarril, llevando y trayendo a la gente que trabajaba en la obra y luego a los pasajeros que llegaban a esas estaciones. Era un trabajo que le dejaba buenas ganancias.

 Tal vez por eso, una noche fue asaltado por la banda del Pibe Cabeza y, además de recibir un golpe en la nuca con la culata de un revólver, que lo llevó a consultar inmediatamente al médico del pueblo, también se hizo acreedor de amenazas de muerte para él y su familia si tenía la ocurrencia de realizar la denuncia policial.

 Después de esto, el Rubio de la Galera ya no quiso seguir con el negocio. Viajó un tiempo más acompañado por alguno de sus hijos y luego vendió el carruaje, allá por 1930, al Sr. Lori, quien siguió transportando la correspondencia de la localidad.

Foto ilustrativa.

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martes, 24 de diciembre de 2013

Villa Covernton.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 42 - 10/05/03

 La Avenida Francia es una vieja ruta que, hasta la década del '40, era el límite S.E. de Santa Isabel con la estancia "Las Dos Hermanas" perteneciente a María Luisa Pinasco casada con Federico Covernton. Éste, por ese tiempo, hizo trazar un plano de la que sería Villa Coverton, que estaría asentada al lado del pueblo, sobre Francia. Ese nuevo asentamiento humano a formarse tenía solares destinados a iglesia, plaza y escuela, trazado de calles y nomenclatura propia. No se concretó. Uno de los fundamentos de la oposición era la no continuidad de las calles con dirección S.E. - N.O., que producirían cortes en la calle Francia. Otro ítem negativo era que se iba a crear un pueblo prácticamente dentro de otro pueblo.

Finalmente, por esta oposición que surgió especialmente del gobierno del momento, Covernton decidió vender en forma de quintas y chacras. La zona en cuestión se extiende, por Avenida Francia, desde la última calle del pueblo, Urquiza, hasta el campo de Glavinovich y, como ancho tiene el largo de la estación del ferrocarril (de Francia hacia el sudeste, 700 metros aproximadamente, hasta la calle que pasa detrás del frigorífico). El barrio Belgrano y el barrio Fo.Na.Vi. Grande son algunos de los asentamientos que están en esta zona. 
 

 

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