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lunes, 15 de junio de 2015

Presbítero Antonio Llonch


En Santa Isabel, los fieles católicos recuerdan al padre Antonio Llonch por su paso en la parroquia Santa Isabel de Portugal.

Antonio Llonch se hizo cargo de la parroquia San José de Villa Cañás el 12 de febrero de 1933 ocupándose también, en un principio, el segundo y cuarto domingo de cada mes, de la iglesia de Santa Isabel, cuando ésta aún no tenía la categoría de Parroquia y, por lo tanto, carecía de cura párroco.
Nacido el 1º de noviembre de 1907 en Rosario, Llonch fue ordenado sacerdote el 18 de mayo de 1930. Ocupó los cargos de Vicario Cooperador en la Concepción de Rosario hasta el 20 de diciembre de 1930 y luego en Rafaela hasta el 1º de febrero de 1933. Falleció el 20 de noviembre de 1959 y su cuerpo se encuentra sepultado en uno de los muros del frente del templo parroquial San José de Villa Cañás.


En 1967 una resolución de la Comuna de Santa Isabel determinó que la calle Paraguay debía llamarse Antonio Llonch para recordar al desaparecido sacerdote. Finalmente este cambio no se realizó ya que disposiciones superiores no permitían el reemplazo en calles que tienen como denominación un país limítrofe. 


Sin embargo, en la reunión de Comisión Comunal celebrada en horas del mediodía del lunes 22 de marzo de 2010 se acordó designar con el nombre de Presbítero Antonio Llonch al pasaje que se ha creado en el nuevo barrio Fonavi que, por entonces, se estaba construyendo al suroeste del ejido urbano. El nuevo pasaje comunica a las calles San Martín e Yrigoyen y está ubicado entre las calles Chubut y Urquiza. Finalmente el nombre del querido y recordado cura quedó grabado en esta calle de Santa Isabel.


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martes, 31 de diciembre de 2013

Santa Isabel de Portugal, reina, madre de familia y pacificadora.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 98 - 28/04/09

 La Católica Apostólica Romana es la religión que, en el principio mismo de Santa Isabel, se estableció en la localidad junto a sus primeros habitantes. De tal manera, una vez fundado el pueblo en 1908 y comenzada su organización, se colocó en 1911, junto a una cruz de madera, la piedra fundamental de la que sería, en el futuro, la iglesia Santa Isabel de Portugal.

  Tras más de diez años de esfuerzos para su construcción, finalmente, el 2 de febrero de 1922 se inauguró el edificio de la iglesia parroquial.

  Isabel significa "Promesa de Dios" (Isab = promesa. El = Dios) y ésta es la historia de la santa patrona de nuestro pueblo: 

 Nació en 1270, no se sabe ciertamente si en Zaragoza o Barcelona. Era hija del rey Pedro III de Aragón y de Constanza de Sicilia, nieta del rey Jaime el Conquistador, biznieta del emperador Federico II de Alemania. Le pusieron este nombre en honor de su tía abuela Santa Isabel de Hungría.

  Santa Isabel tuvo la dicha de que su familia se esmerara extremadamente en formarla lo mejor posible en su niñez. Desde muy niña tuvo una notable inclinación hacia la piedad y un gusto especial por imitar los buenos ejemplos que leía en las vidas de los santos o que observaba en las vidas de las personas buenas. En su casa le enseñaron que si quería en verdad agradar a Dios debía unir a su oración, la mortificación de sus gustos y caprichos y esforzarse por evitar todo aquello que la pudiera inclinar hacia el pecado. Le repetían la frase antigua: "tanta mayor libertad de espíritu tendrás, cuanto menos deseos de cosas inútiles o dañosas tengas". Sus educadores le enseñaron que una mortificación muy formativa es acostumbrarse a no comer nada entre horas (o sea entre comida y comida), y soportar con paciencia que no se cumplan los propios deseos, y esmerarse cada día por no amargarle ni complicarle la vida a los demás. Dicen sus biógrafos que la formidable santidad que demostró más tarde se debe en gran parte a la esmerada educación que ella recibió en su niñez. 


  A los 15 años ya sus padres la habían casado con el rey de Portugal, Dionisio. Este hombre admiraba las cualidades de tan buena esposa, pero él por su parte tenía un genio violento y era bastante infiel en su matrimonio, llevaba una vida nada santa y bastante escandalosa, lo cual era una continua causa de sufrimientos para la joven reina, quien soportara todo con la más exquisita bondad y heroica paciencia.

  Sin embargo el rey dejaba a Isabel plena libertad para dedicarse a la piedad y a obras de caridad. Ella se levantaba de madrugada y leía cada día seis salmos de la Santa Biblia. Luego asistía devotamente a la Santa Misa; enseguida se dedicaba a dirigir las labores del numeroso personal del palacio. En horas libres se reunía con otras damas a coser y bordar y fabricar vestidos para los pobres. Las tardes las dedicaba a visitar ancianos y enfermos y a socorrer cuanto necesitado encontraba.

  Hizo construir albergues para indigentes, forasteros y peregrinos. En la capital fundó un hospital para pobres, un colegio gratuito para niñas, una casa para mujeres arrepentidas y un hospicio para niños abandonados. Conseguía ayudas para construir puentes en sitios peligrosos y repartía con gran generosidad toda clase de ayudas. Visitaba enfermos, conseguía médicos para los que no tenían con qué pagar la consulta; hacía construir conventos para religiosos, a las muchachas muy pobres les costeaba lo necesario para que pudieran entrar al convento, si así lo deseaban. Tenía guardada una corona de oro y unos adornos muy bellos y un hermoso vestido de bodas, que prestaba a las muchachas más pobres, para que pudieran lucir bien hermosas el día de su matrimonio.


 Su marido el rey Dionisio era un buen gobernante pero vicioso y escandaloso.

Ella rezaba por él, ofrecía sacrificios por su conversión y se esforzaba por convencerlo con palabras bondadosas para que cambiara su conducta. Llegó hasta el extremo de educarle los hijos naturales que él tenía con otras mujeres.


  Tuvo dos hijos: Alfonso, que fue rey de Portugal, sucesor de su padre, y Constancia que fue reina de Castilla. Pero Alfonso dio muestras desde muy joven de poseer un carácter violento y rebelde. Y en parte, esta rebeldía se debía a las preferencias que su padre demostraba por sus hijos naturales. En dos ocasiones Alfonso promovió la guerra civil en su país y se declaró contra su propio padre. Isabel trabajó hasta lo increíble, con su bondad, su amabilidad y su extraordinaria capacidad de sacrificio y su poder de convicción, hasta que obtuvo que el hijo y su padre hicieran las paces. Lo grave era que los partidos políticos hacían todo lo posible para poder enemistar al rey Dionisio y su hijo Alfonso.

  Algunas veces cuando los ejércitos de su esposo y de su hijo se preparaban para combatirse, ella vestida de sencilla campesina atravesaba los campos y se iba hacia donde estaban los guerreros y de rodillas ante el esposo o el hijo les hacía jurarse perdón y obtenía la paz. Son impresionantes las cartas que se conservan de esta reina pacificadora. Escribe a su esposo: "Como una loba enfurecida a la cual le van a matar a su hijito, lucharé por no dejar que las armas del rey se lancen contra nuestro propio hijo. Pero al mismo tiempo haré que primero me destrocen a mí las armas de los ejércitos de mi hijo, antes que ellos disparen contra los seguidores de su padre". Al hijo le escribe: "Por Santa María la Virgen, te pido que hagas las paces con tu padre. Mira que los guerreros queman casas, destruyen cultivos y destrozan todo. No con las armas, hijo, no con las armas, arreglaremos los problemas, sino dialogando, consiguiendo arbitrajes para arreglar los conflictos. Yo haré que las tropas del rey se alejen y que los reclamos del hijo sean atendidos, pero por favor, recuerda que tienes deberes gravísimos con tu padre como hijo y como súbdito con el rey". Y conseguía la paz una y otra vez.

 Su esposo murió muy arrepentido, y entonces Isabel dedicó el resto de su vida a socorrer pobres, auxiliar enfermos, ayudar a religiosos y rezar y meditar.


  Pero un día supo que entre su hijo Alfonso de Portugal y su nieto, el rey de Castilla, había estallado la guerra. Anciana y achacosa como estaba, emprendió un larguísimo viaje con calores horrendos y caminos peligrosos, para lograr la paz entre los dos contendores. Y este viaje fue mortal para ella. Sintió que le llegaba la muerte y desde aquel momento no dejó de rezar. Su lengua, cada vez más débil, recitaba salmos y versos latinos de himnos litúrgicos. Junto a su lecho, según ella siempre deseó, estaba su hijo por el que tanto había sufrido. Murió el 4 julio 1336, en el castillo de Estremoz. Su cuerpo fue trasladado hasta el monasterio de Santa Clara de Coimbra, donde recibió el último homenaje y adiós de sus súbditos. Allí reposa envuelto en una aureola de milagros. El pueblo cristiano ha rodeado, a través de los siglos, de una gloria inmortal a esta santa medieval. Fue canonizada por Urbano VIII el 25 mayo 1625.



Fue beatificada en 1526 y canonizada por el Papa Urbano VIII en 1625. Su festividad fue introducida en el santoral católico, celebrándose el 4 de julio, día de su muerte. Posteriormente, en 1694 el Papa Inocencio XII movió la fiesta al día 8 de julio, de modo que no coincidiera con la celebración de la Octava de los santos Pedro y Pablo (del 29 de junio al 6 de julio). En 1955, Pío XII abolió la octava. El misal romano de 1962 cambió la categoría litúrgica de la festividad de Santa Isabel de Portugal de "Doble" a "Tercera clase". La reforma de 1969 del calendario clasificó la festividad como "memoria libre" y la devolvió al 4 de julio.

De todas maneras, y continuando con la tradición instalada al momento de la fundación de la localidad y de creada la parroquia, cada 8 de julio se celebra en Santa Isabel las fiestas patronales en honor a Santa Isabel de Portugal. 

En 2009, se publicó La rosa de Coimbra (en Portugal Memórias da Rainha Santa) de la escritora española María Pilar Queralt del Hierro, biografía novelada de este personaje. 

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jueves, 26 de diciembre de 2013

Oscar Severini.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 62 - 20/10/05

 Esta sección nunca estaría completa si no tuviera alguna referencia a Oscar Severini, un artista isabelense al que, quienes lo conocieron, recuerdan siempre con cariño por su personalidad y por sus trabajos.

 Nacido en nuestra localidad el 9 de octubre de 1929, Oscar trabajó en varias tiendas como "La Rosarina" o "Casa Ducay". También, junto a Juan Forneris siendo conserje del Club Belgrano. Pero durante 36 años se lo vió frente a la consola de Teléfonos del Estado, luego Entel, trabajando como operador, en tiempos en que las comunicaciones no eran automáticas y había que pedir la comunicación para poder hablar. Los usuarios telefónicos de aquel entonces seguramente no habrán olvidado su voz en medio de las comunicaciones de larga distancia. "Hablaron, hablaron", decía cada tanto para saber si aún se mantenía el contacto. 

 Su faceta más importante en la sociedad fue la del espectáculo y la del arte, brindando su colaboración y talento en todas las instituciones que se lo solicitaran. Así participó en muchísimas puestas en escena, musicales o teatrales, que lo tenían como gran protagonista. Por sus dotes de bailarín, junto a su esposa "Coqui", descollaba en los escenarios locales con cualquier ritmo. Por ser dibujante y letrista realizaba infinidades de escenografías. Los carnavales de los '60, organizados por el Hospital luego de su reapertura, tuvieron el sello de Oscar, ya sea porque participaba en la construcción de carrozas o por la creación de decenas de caricaturas que luego eran colocadas en lo alto de los postes del alumbrado de los corsos.

 El actual altar de la iglesia Santa Isabel de Portugal y "la Glorieta" fueron diseñadas por él. También fue integrante del grupo que creo el parque Pinochoi y, a fines de los '70, cuando se rediseñó, pintó infinidad de caricaturas en las paredes que lo rodeaban. En diciembre de 1974 armó un árbol de navidad en el mástil de la plaza... y así siempre. Su figura no podía faltar en los festejos -como los de los Juanes, Pedros y Pablos que se realizaban en los '70 y '80- o donde hubiera creación. Infinidad de fotografías dan cuenta de ello, como la de esta nota, sacada el 30 de diciembre de 1953, en la que se lo ve dando toque finales a una caricatura (de Divito - Gentileza Banco de Imágenes de Santa Isabel) pintada sobre una pared del patio de la sede del Club Belgrano. No alcanza el espacio para describir todas las cosas en las que trabajó.

 Oscar Severini falleció el 16 diciembre de 1984 dejando un sinfín de gratos recuerdos y de buenos ejemplos a los isabelenses. 

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miércoles, 25 de diciembre de 2013

Iglesia Cristiana Evangélica

Publicado en "Acercar a la Gente" N° 50 - 20/06/04

El 25 de noviembre de 1965 se inauguró el templo de la Iglesia Cristiana Evangélica en 9 de Julio 1160, lugar donde aún permanece. Este hecho marcó un paso importante para esta comunidad religiosa de nuestra localidad que se fue cimentando desde que el pastor Agustín Nasti (foto) comenzara, a principios de la década de 1950, a predicar en Santa Isabel.
 
 Nasti, nacido en Tramonti, Nápoles, Italia en el seno de una familia numerosa de fuerte raíz católica llegó a la Argentina a los 19 años escapando de los padecimientos de la Segunda Guerra Mundial. Sus familiares mencionan el hecho acontecido cuando llegó una carta informando la muerte de su padre en combate, que era capitán de la Marina Italiana. Este disgusto provocó la muerte de su madre quien no llegó a saber que esa información era errónea y que su esposo arribaría días después al hogar.

  Luego de instalarse en Buenos Aires junto a sus familiares Nasti ingresa a la Marina Mercante Argentina como motorista naval, trabajo que le permite recorrer el mundo pero que luego dejó ante el pedido de una hermana.

 En ese entonces había perdido todo tipo de creencias religiosas pero su vida cambió luego de escuchar, por casualidad, a un predicador evangélico, lo que lo vuelca de lleno a esta religión y a su difusión.

  Tiempo más tarde decide predicar en nuestra localidad, de donde era oriunda su esposa a la que conoció en Buenos Aires en una reunión. A partir de allí comienza a construir su iglesia no solo como lugar físico sino como comunidad que hasta ese entonces no existía.

  Antes de su muerte, acontecida el 19 de julio del año pasado, delegó el pastorado en su yerno Daniel Melegatti quien en estos momentos conduce esta Iglesia en la que funciona un comedor para niños y enseñanza bíblica y se están agregando talleres de música, tecnología e idiomas -entre otros- con profesores de la misma comunidad.

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viernes, 20 de diciembre de 2013

Iglesia católica.

Publicado en "Acercar a la Gente" N° 23 - 01/02/01

Como es de suponer, la primera iglesia en construirse en Santa Isabel fue la Católica. La piedra fundamental del edificio se colocó en 1911 junto a una cruz de madera en el terreno que la empresa Devoto y Cía. designó en 1909 para su edificación, frente a la plaza. En 1915 como no había sacerdote para atender la iglesia, el párroco de Villa Cañás solicitó al Obispado de Santa Fe que Santa Isabel fuera incorporada a su curia. Sin embargo en los años 1918, '19 y '20 se encargó de las misas, enseñanzas y enfermos el sacerdote de Carmen.

 En una nota fechada el 24 de septiembre de 1918, con un sello que dice "Comisión Pro Iglesia de Santa Isabel" y firmada por Juan Enrico y Luis Borgatello se pedía al mismo obispado el permiso para su construcción. En otra nota similar, pero del 12 de junio de 1919, se informaba que se estaba construyendo. La iglesia se inauguró el 2 de febrero de 1922 y con el transcurso del tiempo, fue sufriendo algunos cambios. Entre otros: la colocación del revoque en su fachada o la construcción, sobre la vereda, de una verja alta con rejas de hierro que se quitó luego, en la década del '70 .

 El 2 de febrero de 1933 se hizo cargo de la Parroquia San José de Villa Cañás el padre Antonio Llonch, quien en un principio se ocupó de Santa Isabel el segundo y cuarto domingo de cada mes. Llonch falleció el 20 de noviembre de 1959.
 En 1938 se solicitó que la Iglesia de Santa Isabel fuera nombrada parroquia, cosa que sucedió bastante tiempo después, el 11 de enero de 1959.

 Fue su primer párroco el padre Ernesto Traverso. Lo reemplazó el 18 de agosto de 1963 el padre Antonio Fabroni.

Al fallecer Fabroni, el padre Marcelino Zarich se hizo cargo el 28 de mayo de 1965 momentáneamente y al alejarse de sus funciones asumió la conducción de la grey católica local el padre Nelso Raúl Trognot quien continúa hasta el día de hoy.


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miércoles, 13 de marzo de 2013

Vientos del ayer (o nostalgia del ayer, es casi lo mismo)

Publicado en www.acercarweb.com.ar el
05/07/09

 En ésta evocación de los cien años de nuestro pueblo los recuerdos más queridos de cada uno reverdecen en nuestra memoria; cómo habrá sido aquel inicio… el arado mancera, aquel de una reja, tirado por el fiel caballito criollo, abriendo surcos para la simiente; o tal vez los bueyes cinchando delante de las cuatro rejas… Pero claro, el pueblo se hizo con la gente en el campo para el sustento diario, porque pueblo es todo, y cuando digo “todo” lo digo porque era el poner el  hombro, el ayudarse el uno con el otro, era el luchar -por ejemplo- a abrazo partido entre vecinos para terminar con la plaga de langostas, cuando colocaban las barreras de chapa alrededor del sembradío con las estacas de hierro y se las exterminaban con aquella máquina lanza-llamas.
 Y pueblo era todo… la engavillada del alfalfar ya cortado con la guadañadora, para luego hacer los montes con la horquilla, y después venían la emparvada, entre vecinos y amigos en una ayuda alegre y fraternal; como el tirar maleta para descargarla en aquella enorme bolsa de arpillera que luego iba ala chata con el aparejo, remontándola a ella tirada por el matungo fiel, y el caballo… Siempre el caballo en los trabajos de campo, en el traslado de la gente con los sulkis, las jardinera o las volantas; y, como les decía, aquellas espigas que llegaban hasta la troja, para después pasar la desgranadora y ahí se llegaban a la bolsa ya desgranado.  En toda ésta evocación la carneada era otro de los momentos de encuentro con familiares, amigos y vecinos para ayudarse mutuamente.

 Pero pueblo es también además de trabajo, el juntarse y compartir momentos gratos como podía ser la llegada de aquellas compañías teatrales que se escuchaban por radio y que después salían en gira por los pueblos para personificar y hacer real aquella imaginación de lo que nuestros oídos escuchaban. Y también estaban los circos con las obras teatrales después de la función en la pista.
 Y qué decir del mágico cine. De aquellas películas que casi siempre eran de “acción”, de pistoleros o de guerra los días miércoles;  y después, el sábado y el domingo, más actuales. Incluso teníamos  la matinée de los domingos. Cómo, entonces, no recordar aquel tema de…” se va el caimán, se va el caimán, se va pa´ la barranquilla” que anunciaba el inicio de la matinée. Y claro, teníamos aun en mente de cómo había terminado el domingo anterior el episodio de “Enmascarado solitario”, o quizás “El zorro”;  y el final había sido de los más intrigantes, así que teníamos que hacer cualquier cosa -bien los deberes- para no perderlo.
 Pero si pueblo es todo, también lo era en aquellos encuentros de los bailes populares, grandes, jóvenes y chicos, familias enteras gozando y compartiendo eso momentos tan gratos. Los bailes de los  conscriptos que ya partían muy pronto al Servicio Militar, con el nombramiento de princesas y reina. También es pueblo la llegada de la gente que fueron personajes, por ejemplo aquel patinador que quedo en el recuerdo por su record de permanencia sobre patines, Alfonso Esteban García era su nombre. Y el altoparlante del legendario “Prado Español” que anunciaba todo los días, en la voz de Juancito Miculan o de Eduardo Pozzeti, las horas y minutos que el patinador llevaba hasta ahí de permanencia. Realmente es conmovedor recordar la gente que lo acompañaba día y noche con comida, bebida y café, y distrayéndolo para que no se durmiera.
 Nombré al Prado Español, el refugio obligado en cada festejo patronal, todo los Santa Isabel eran el regocijo de la gente. Aquel recordatorio en la solapa del lado izquierdo, allí donde el corazón parecía latir más fuerte en esos momentos; realmente el recordar a las familia que unían pueblo y campo, porque el campo era una parte muy importante de gente en las chacras, pero el Prado Español tenia algo muy especial, porque la familia Miculán misma era muy especial. Y hablo en tiempo pasado por el recordatorio, pues Doña Elvira y Don Mario a la cabeza, era gente entrañablemente querida por todos, y además la atención y simpatía de Nelly, “Coca”, Juancito y “Lulo” nos contagiaba a todos. Es que no eran solamente los helados, también estaban aquellas picadas con el vermucito que era como una excusa para compartir momentos gratos con los amigos, aquella vereda que se ensanchaba y llegaba más allá del cordón hasta pasar las calle de tierra, esa vereda ficticia de madera rodeada de la baranda protectora que daba más lugar para comodidad de la gente. Y ahí nomás, enfrente, la plaza, las familias con los chicos, los matrimonio y novios dando vueltas en ella, para luego recalar casi obligatoriamente en la heladería de “Don Mario”, o si no para entrar al Prado y sentarse bajo las plantas de ligustrines donde también se degustaban los helados y bebidas predilectas. Cómo olvidar a “Don Mario” en su bicicleta con su cajón de helados vendiendo por calles del pueblo.
 Y qué decir de otro refugio obligado: nuestra Sociedad Italiana que tiene tantos años…casi… casi como el pueblo, un verdadero templo de recuerdos y emociones vividas.
 En la evocación desandamos caminos en el tiempo y surge la barra de amigos en nuestra niñez que, por supuesto, ¿quién no la tuvo?. En mi barra de andariegos estaban los amigos de la escuela primaria y otros que eran del barrio,  buscando algún baldío para hacer un “picado”. Aunque lo más difícil de encontrar era alguien que tuviera una pelota de fútbol, la tan preciada Nº 5; y sí, seguro que el dueño de la pelota jugaba de 9, el puesto mas codiciado, el llamado centrojas; el dueño de la pelota también se adueñaba del puesto aunque no tuviera actitudes para eso. Él ponía las condiciones y nosotros las respetábamos, lo importante era “Jugar a la Pelota”.
 Y en ese recuerdo tan mío están esos pibes de ayer, Mis Compañeritos, exactamente como se llamaba nuestro libro de lectura de esos años, aplicando los puntos y coma y la pausa, levantando la vista, como nos enseñaba nuestra maestra de aquel primario, la tan recordada Señorita Úrsula.
 Vuelvo a mis “compañeritos” pueblerinos. Nnos juntábamos con "Nito" Lombardi, "Quinito" Salemme,  "el Turco" Alianak, "Panchito" Paulini, "Dieguito" Colomba, "Vichéndalo" Sánchez (seudónimo que se lo puso Lisandro Salemme, que era menor que nosotros y vivía casi enfrente de la familia Sánchez,  y por eso, por ser mas chico, no era de nuestra barra, lo de “Vichéndalo” era por Vicente, pues se llamaba Héctor Vicente Sánchez)... Continúo con la barra de ataño:  “Musculito” Elbio Martínez,  "Ninimo" Enrico, que venia a la casa de su abuelo para las vacaciones; Román, que también llegaba en las vacaciones y se afincaba con sus familiares, la familia Salemme; y Pocho Ferro. A Ferrito lo dejo para el final porque cuando jugábamos a las bolitas nos “gelaba” a todos. "Gelar", en la jerga “bolistica” significa que nos “limpiaba” a todos y nos dejaba sin bolitas, pues Ferrito tenía una “quema” bárbara, y cuando nos daba con esa bolita “puntera” que él tenia en la línea que hacíamos de bolitas, producida un desparramo de aquellos… él se guardaba las bolitas en el bolsillo y nosotros nos quedábamos con esa cara de “circunstancia”. Para colmo, “el Pocho” se nos reía con esa risa casi  “sarcástica”… y nos dejaba con la congoja y sin bolitas…
 Pero bueno, volviendo a las andanzas de buscar pelota y potrero, esto último, en esos tiempos no era nada difícil pues baldíos y potreros los había; lo complicado era la pelota. Ocurrió que una vez alguien de los nuestro se hizo dueño de una Nº 5, no se si por el buen oficio de los Reyes Magos”o quizá por el día de su cumpleaños (12 de Octubre). Con este dato puntual, (el destinatario ya debe saber de quien se trata) ya teníamos a uno de la barra con pelota de fútbol y teníamos el lugar para hacer “el picado”, muy cerca de nuestras casas, era allí desde calle Mitre, por la avenida Santa Fe, hasta casi frente al hotel. En  ese recorrido había una hermosa arboleda, desde frente al club Juventud Unidad de aquel entonces hasta la calle San Martín, detrás de la línea de árboles donde había varios bancos para el descanso estaba el alambrado, y detrás de el, por supuesto, el predio del Ferrocarril que llegaba hasta ahí nomás, sobre calle Mitre. Todavía el pueblo no se había cortado por la vía, hacia el lado Norte. Y en ese lugar, antes de la vía, entre lo álamos, sauce y paraíso, había un claro, donde la gente se reunía para hacer el pic-nics; ahí mismo jugábamos los “picados”. También se llegaban pibes de más lejos, que no vivían en el centro y entonces nos juntábamos con Osvaldo Gadea, o con "Lobito" (Rubén Lobos). O con Darío Carrera, o quizás con "Calandria" Arce.
 Pero después me alejé de mi barra pueblerina, volvimos al campo, a nuestra casa natal, allí donde nacieron mi querida madre, mis también queridos tíos: Chela y Tina, nuestro inolvidable tío Lito, mi hermana Marta y yo. Ya mi hermana Norma había nacido en el pueblo. Así que regresamos al campo de mi abuela Gavio y entonces, allí se sumaron a aquellos que ya nombré, los amigos del campo, el recordado “Norbe" Fulconi, “Bubi" Petricich, Pedrito Scatagrini y Mario Kovasevic, que ahora con el paso de los años tiene el orgullote ser Presidente Comunal en los 100 años del pueblo.
 Y, desde ya, la pibada del pueblo, de vez en cuando llegaba hasta “nuestra” chacra a jugar a la pelota o a lo que fuera, y por entonces ya venían otros compañeros de escuela como Orlando Sunde o el recordado Juan Carlos Angeleri, y también el cariñosamente “Loco Diba” (Alfredito Di Bastista), que también vivía en una quinta lindera al pueblo; también se unía a nosotros el “Negro” Carpi (Juan Carlos). Y ahí conocí en los picados que jugábamos en el potrero del Bajo a grandes compañeros como Pepe Reato, el “Pato” Cisterna o al “Rulo” Montefiore, por nombrar algunos. En esos tiempo de pibes, qué decir de las trenzadas que tenia con "Saturno" Martínez. Principalmente cuando jugábamos  por las etiquetas de cigarrillos para ganar la más fácil, y lo mismo ocurría con las figuritas de los jugadores de fútbol de la época, nos jugábamos entero a las bolitas para conseguir la más buscada. Pero recordando los juegos es difícil de olvidar y muy grato recordar los momentos cuando con Elbio Martínez marcábamos con  tiza en el mosaico de nuestra casa la cancha para jugar al fútbol con los botones, los dos somos de la misma divisa, Elbio era el Racing Moderno de aquella época y yo el Racing Antiguo Veterano, qué momentos tan hermosos…
 Todo esto que es recuerdo, es pueblo también; como es pueblo los personajes tan nuestros. Y para nombrar a uno de ellos, llega a la memoria aquel peluquero que también fue recitador en los carnavales, aquel que llegó ha ser comisario del pueblo; el tan conocido “Manga” de apellido Lombardi. El dueño de la peluquería “El Criollo”, aquel que dejaba sentado a su cliente en el sillón para tomar abruptamente la máquina de flit y perseguir así alguna mosca intrusa, o para regar y barrer la vereda de tierra;  o tal vez para salir a regar la quinta con  aquella regadera que ya tenia preparada detrás de la puerta que daba al patio. Claro que su clientela ya estaba acostumbrada a “sus cosas” y, en todo caso, esa pérdida de tiempo servia para compartir alguna charla amena. Por lo general ahí se reunía la gente mayor, los que vivían en las quinta circundantes. A unas cuadras de allí estaba la peluquería de “Don Gallito”, que después se fue al centro para unirse a su colega “Kito" Dueñas. Y también estaban las peluquerías de los belgranistas y las de los de Juventud Unida; por ejemplo para “los verdes” era la de Don Bastino” y para los azulgranas la del “Flaco" Enrico; allí casi enfrente a la de Enrico estaba la de Don Domingo Lorenzatti, y estaba la cancha de paleta que los fines de semana se colmaba de gente y donde se “jugaba fuerte” .
 La paleta... Cómo no recordar entonces al gran Valentino Romero quien en su canchita era invencible. Casi podríamos decir que fueron discípulos de él Osvaldo Gadea, el “Vasco” Montes, el recordado “Norbe” (Ferrari) o Eterovich. Y,  después, más al centro, estaban los hermanos Carlovich, “Polaco” y “Pocholo” o Antonio Ducay; todos eran animadores en la pelota a paleta. Y, más allá en el tiempo, recordar también a “Tito" Salemme, y claro, mucho mas acá, a una gran promesa que desgraciadamente quedó trunca: “Tatano” Aquino. 
 
 ¿Quién puede negar que esto no es pueblo? Como los dichos que son el folklore pueblerino, por nombrar algunos, como aquel: “te lo debo Angeleri”, o “quedó como la gallina de Baldessari” (el destinatario era mi tío Ángel), o el: “arriba dijo Pijuán”, o aquel otro tan conocido de un “caudillo” político que fue historia…
 Personajes que hacen a un pueblo, como aquel dicho de Don Silvio Marino: ”Y tu mamá que dijo?”. Así respondía cuando algún interesado le pedía que le fiara el alquiler de alguno de los Ford A que alquilaba. Con esa respuesta le daba a entender que no aceptaba el fiado del auto, pero pasaba que después venia la "vendetta” de la barra que alquilaba el Ford A para ir algún baile de pueblos vecino. Y la “vendetta” era que desconectaban la “tripa” del velocímetro por algunos kilómetros para abaratar el viaje, pues Marino les cobraba por kilómetros recorrido. Pero el dueño de la “escudería” del Ford A -llámese Silvio Marino- se avivó de la trampa; entonces la muchachada de aquella época inventó otra,  la de volver marcha atrás algunos kilómetros, desandando camino para ahorrar algo del alquiler. Anécdotas de esos tiempos…
 Y la evocación y los recuerdos pueblerinos siguen… Como la de las serenatas en las fiestas de Nochebuena y Año Nuevo, las familias que esperaban a los serenateros, el escuchar el golpecito”en las ventana anunciando: “serenata!” y en el sonido de una guitarra y de alguna voz, quizás con berretín de cantor, o por qué no en el sonido de alguna vitrola rayando un disco debajo de la púa. Las serenatas… ¿te acordás Roberto Bastino de aquella glosa que vos recitabas anunciando nuestra serenata?:  “A la familia presente con un augurio sincero, les deseamos un feliz y próspero año nuevo, lleno de felicidad y de todo… nosotros, de cualquier modo con habilidad y destreza le ofrecemos esta pieza, y para tirarle la manga, nos tire alguna cerveza”.
 Recuerdos inolvidables, sin dudas, como lo eran los torneos de baby-fútbol en la canchita que tenia el Club Juventud Unida sobre calle Belgrano, a la derecha de la entrada del portón, cerca de donde está la actual pileta. Se jugaban esos torneos pegadita a la que entonces era la cancha de básquet, allí también se hacían partidos de papi-fútbol como también lo eran en Belgrano. Los comerciales de básquet eran otros espectáculos en Belgrano donde se reunía mucha gente los día de semana.
 Los recuerdos hermosos de esos años nos llevan a los carnavales de ataño mezclados en serpentinas, papel picado y agua florida que ya venía incorporada en aquellos pomos de plomo. Los corsos… desde Avenida Santa Fe por calle Mitre hasta la José Ingenieros, en la esquina de la herrería de los hermanos Pennachietti. El palco adornado con hojas de palmera en las esquinas de Mitre y General López, cantores y cuentistas o recitadores hacían quizás su “bautismo actoral”, la gente, los autos y disfraces girando alrededor del corso, y después la cita obligada en el “Prado Español” para el baile final del festejo.
 Todo era pueblo. Cosas de recordación. Las familias en sus paseos, el recuerdo de la familia Cañete, por ejemplo, paseando por el pueblo en sulke con las ruedas engomadas y aquel caballito briosos de trotecito parejo y seguidor. Y cómo no recordar a los lecheros que aguantando heladas, lluvia y vientos llegaban siempre para que no faltara en cada casa lo imprescindible, aquel carro inclinado para atrás facilitando así la bajada y subida del lechero y, mientras éste dejaba en el recipiente la cantidad de leche que fuese, ya el caballito seguía el trayecto y se detenía en el domicilio del recorrido, caballo y lechero conocían por igual el lugar indicado. Lo mismo con los soderos, su caballo y recorrido. También es para valorar el gran trabajo y sacrificio que hacían los carniceros en la época del matadero comunal, en los días inhóspitas salían casi de noche, antes de amanecer para realizar su trabajo.
 Pero claro, eran otras épocas y otra gente ya mentalizada en lo suyo. Era cuando los chacareros le daban vida al pueblo y estaban los negocios de ramos generales. Para tener una idea de esto vamos a tomar al azar una manzana céntrica del pueblo, esto por los años 50. Por ejemplo arrancamos en la calle Mitre y General López, la esquina bazar y librería de los Hermanos Dall`Ochio, más allá la carpintería de Mario Tirelli, pegadita a ella la librería de Don Bertú, luego la sastrería de los Hermanos Rasello, luego la relojería Big-Ben de la familia Caminos, y llegando a la esquina de la calle Belgrano el taller y estación de servicio de la Empresa PAN-AM que patrocinaba Silvio Marino, el señor que, como les conté anteriormente, alquilaba sus Ford “A” y que tenia fama de muy agarrado. Siguiendo ya por calle Belgrano, el almacén y ferretería de Don Máximo Martínez, luego la carnicería de Alfredo Otamendi y ya llegando a la esquina de la calle Sarmiento la tienda de “Saldos y Retazos” de los socios por entonces:”Chalo" Carpi y Silvio Marino y familia. Por calle Sarmiento y llegando a la esquina de General  López, el almacén de la familia Carlovich, pegadita a ella y siempre por General López la verdulería “El Gallego”, su dueño de apellido Pérez, que se decía era boxeador y que falleció muy joven. En ese mismo lugar puso peluquería Don Bastino. Siguiendo, luego aparece la tradicional panadería de Don Romero y casi llegando a la esquina, la carnicería de la familia Costa, en la que atendía el recordado y querido "Guido" Costa.  Esto nos da una pauta de los negocios que había en Santa Isabel por aquella época. 
 Cambiando bruscamente de tema y evocando nuestro recuerdos tan entrañables, los enfrentamientos históricos de nuestro clubes tan queridos, Belgrano-Juventud o Juventud-Belgrano, son sin duda parte y vida de nuestro pueblo. También el “Bochas Club”, un lugar donde la gente grande, por lo general, se reunían y aun se junta para alguna partida de truco a "cara e' perro”. Y aquellos bochófilos que se refugiaban jugando horas y horas enteras. Como también lo es en la época del Turismo Carretera, cuando el T.C. era realmente eso, recorriendo pueblos, ciudades y provincias, abriendo caminos incluso a países limítrofes; basta recordar aquel gran premio de América de Sur en 1948, en el recorrido de ida y la 2ª carrera de vuelta. Por esos tiempos las familias en los pueblos esperaban a la vera del camino o dentro del mismo pueblo el paso de sus ídolos, preparando el mate o arrimando leña al fuego para el posterior asado, mientras el avión que seguía al puntero ya anunciaba su llegada. Todo esto también es pueblo.
 Y pueblo, por supuesto, son también los referentes puntuales, los personajes que hicieron cosas muy importantes, en el pueblo. No voy a hacer una evocación prolija de nombres, simplemente de algunos, porque el querer nombrar a todos nos llevaría a margen de error involuntario y dejaríamos de lado a gente que también luchó y colaboró para el progreso. Pero el devenimiento de “escuela de comercio”, aquella Mariano Moreno y hoy 214, nos lleva inevitablemente a reconocer la visión progresista de personas como Humberto Albanesi (hijo) a “Pipo” Tabaco, o quizás a Alfredo Vázquez que tenia un puesto muy importante en la provincia y a su hermano Justo Vázquez que salía por el campo a buscar alumnos, a mentalizar diría yo, a padres e hijos en la importancia de seguir estudiando, pues en esa época la idea de proseguir con los estudios era muy remota. Terminábamos la escuela primaria y nos dábamos por cumplidos. Y aquí les pido disculpas; primero a mis padres por no haber hecho el sueño de ellos, segundo a mis profesores o maestro que no eran como tales, pues todos colaboraban desinteresadamente sin tener titulo ni sueldos de profesores. Les pido disculpa por no reconocer el esfuerzo de todo ellos, por no darme cuenta en ese momento que lo hacían por nuestro futuro, pues yo hice el 1er. año de la secundaria y después abandoné como muchos otros de ese curso porque quedamos en el camino. 
 El recuerdo de esa gente tan querida que dejaba parte de su trabajo para preocuparse por esos muchachos y chicas de entonces... Solamente voy a nombrar a nuestro primer rector, el Doctor Carlos Farr, profesor de inglés que tanto nos recordaba aquel “signo fonético”. Y digo de nombrar al rector porque fue la cabeza de ese conjunto de gente extraordinaria, de aquel 1956. Ya la escuela en sus 50 años recordó a los primeros alumnos y profesores de ésa  época y a los demás que pasaron por las aulas, todos inolvidables.
 El recuerdo de gente importante nos lleva al reconocimiento por su capacidad de Rafael Pasquinelli, que entre otras cosas consiguió la reapertura del Hospital Miguel Rueda, luego el asfalto en el pueblo, y la importancia de lograr aquel tan esperado motor para la entonces Cooperativa de Luz.
 Y en los emprendimientos hubo algo muy importante, que justo en los 100 años del pueblo, nuestra radio cumple sus 50. El “Gringo” Aldo Vanni junto con otra gente muy importante puso en marcha aquella O.P.S.I. con sus altoparlantes que cuando se silenciaron, por esas cosas del progreso, entristeció al pueblo.  Primero fue el circuito cerrado con los monitores, y después avanzando el tiempo es la F.M. actual que recorre kilómetros e pueblos vecinos.
 La importancia de las imprentas, en épocas en que la fotocopia no estaba en el pensamiento de nadie. Si apenas teníamos aquel mimeógrafo que en la escuela nos parecía  casi milagroso. La familia Pensa, junto con la familia Pessino quienes aún continúan con esta noble y hermosa profesión de imprimir y crear, como lo son Hugo, Teddy y su hijo Mauro.
 En el progreso industrial, nuestro molino harinero fue orgullo muy nuestro. El tesón y trabajo de gente como Don Francisco Farrando, Don Paganini y el señor Dedios; esto por nombrar cabezas del emprendimiento. Aquel molino que después de modernizarse, a los pocos años se le derrumbó parte de un silo, pero que luego, con enorme esfuerzo, lograron reconstruirlo. 

Desgraciadamente después del alejamiento de los ya nombrados, los intereses y malos manejos de gente que jamás le importó ni el pueblo, ni el molino, ni las familias que vivían de él, tiraron todo por la borda y nos dejaron sin esa industria tan importante. Algo muy parecido, aunque con diferentes ribetes o dificultades ocurrió también  con la llamada Fábrica de Leche que después de cambiar de mano en mano quedó en ruinas.
 Sin embargo algunos siguieron en pié e incluso progresaron, como aquel taller de rectificaciones que en un inicio era de la firma “Fassi-Teppaz y Cía.”, los empleados del taller tienen hoy su fuente de trabajo propia, y el hijo de Don Atilio Fassi, Norberto Fassi ,sigue en el mismo lugar donde se inició su padre junto con Antonio Teppaz.
 Cambiando de tema, las cooperativas cerealeras, han tenido gran importancia. Primero la Cooperativa Unión y Fuerza con aquel almacén inmenso de ramos generales y ferretería y, más adelante, la Cooperativa Agropecuaria. Es de hacer notar que antes de trasladarse al lugar actual, la vieja Cooperativa Agraria Unióny Fuerza se encontraba en el predio de calle Rivadavia y Belgrano, luego en ese mismo lugar llegó el transporte de la familia Comuco que también tuvo su importancia en nuestro pueblo.
 Después, con el paso de los años, los hermanos Balassone se instalaron en el mismo lugar con ese gran emprendimiento de comercio mayorista que fue orgullo de nuestra zona y quienes le dieron trabajo durante muchos años a infinidades de familias de Santa Isabel. Pero, como siempre, desgraciadamente, los vaivenes y cambios de  nuestra mal manejada economía echó por tierra el sacrificio de la familia Balassone.
 Hoy en día tenemos otra cooperativa, en otro rubro, por supuesto, me refiero a la industria frigorífica, me refiero COTRASI. El esfuerzo y la preocupación de su gente mantiene en pié a esta planta. La misma que llegó a tener momentos de gran productividad pero también graves problemas con cambios de mano y en la cual Jorge Tirelli fue un luchador incansable. Luís Miculán fue otro, junto a la gente que bregó por la fuente de trabajo. Imposible olvidarse de los muy buenos oficios de nuestros presidentes comunales que en diferentes gestione lucharon para mantener en pié la mas importante fuente de trabajo en nuestro pueblo, por eso Norberto “Pichón” Cugnofis fue ejemplo en esto, como también lo fue hasta hace poco tiempo Juan Enrique Lombardi.
 Actualmente la empresa Hathor como también Syngental son señeras también como la salida laboral y además por importante emprendimientos. Se agrega otra fuente laboral, la familia de Enrique Vázquez con su criadero de cerdos, una  importante cuota laboral. Y, por supuesto, las dos empresas de transporte, El Andar y Ruta Joven son fuentes de trabajo de enorme importancia. La fábrica lechera en Runciman es, en buena medida, otra ayuda laboral. Pido disculpas si me olvido, en este recorrido, de algún emprendimiento de trabajo.
 Con el paso de los años surgió algo muy importante en el pueblo y fue una idea magnifica de gente que pensó, primero, en el prójimo, en el de servir a los demás sin ningún interés propio. Nuestro Cuerpo de Bomberos Voluntarios es orgullo de Santa Isabel y de toda la zona. Sin hacer nombres, sin caer en injusto olvidos, los que pasaron, lo que están y los que vendrán, para todos ellos, que son ejemplos de tesón, sacrifico y abnegación, nuestro agradecimiento.
 Pero aun nos queda algo para recordar;  el paso por nuestro pueblo de los sacerdotes, los curas, aquellos con sotanas negras. En esos tiempos, el padre Llonch que venia de Villa Cañas a dar misa en aquel Chevrolet azul, creo que modelo 38, con el que muchos de nosotros tomamos nuestra primera comunión; o quizás el padre Traversa, de gestos algo huraño, pero que dejo un buen recuerdo, o quizás el padre Fabroni, muy deportista él, si hasta jugaba al fútbol con la muchachada. Y de allí que muchos jóvenes empezaron a ir mas asiduamente a misa y también otros que jamás iban. El Padre Tetamanti también nos dejó un muy buen recuerdo, y llegamos a nuestro Padre Raúl, ahora Don Raúl Trognot , el paso de los años nos hace llamarlo Don Raúl. Es que son mas de 40 años en que el Padre esta al frente de las comunidad, son muchos años de recuerdos; como las primeras reuniones de novios-futuros matrimonios de ese entonces. Y luego la entrevista con el Doctor Sylvester  en esas mismas reuniones, realmente cuantos casamientos, bautismos y comuniones de la mano de nuestro Padre Raúl, el recuerdo de la catequistas que tanto colaboraron con los niños. En mi tiempo de pibe Oldita Nesprias fue, aun ella muy joven, una de las mas recordadas.
 Y bueno… nombré al Dr. Sylvester, y por eso el recuerdo a los médicos, pero también incluso el gran aporte de aquellas parteras que tanto de bueno hacían para lograr el nacimiento en momentos que el médico, por diferentes causas, no llegaba o no estaba en el lugar. Y vuelvo otra vez a nuestros médicos, desde el Dr. Carrillo, pasando por el Dr. Horsmann o el Dr. Farr. O el Dr. Cequeira que, recuerdo, tenía gran afinidad con los niños. Después sí, el Dr. Norberto Sylvester, el Dr. Bozernitzan  y su señora. Ella tenía la especialidad de bioquímica, también el paso fugaz del Dr. Soldini. El Dr. Ernesto Araujo marcó también una senda en medicina pero, claro, los primeros médicos tuvieron que luchar a brazo partido en épocas muy difíciles, con medios muy precarios. Ya en tiempos mas cercanos el Dr. Jorge Del Grecco, que ya hace muchos años está entre nosotros, lo mismo que el Dr. Armando Alianak, orgullo de los isabelenses, que por ser nativo de nuestro pueblo, para todos es cariñosamente el “Dr. Armando”, y por supuesto, el ultimo recién llegado y afincado entre nosotros: el Dr. Ignacio Costa.
 Desde ya, otros médicos han pasado por nuestro pueblo, por ejemplo el Dr. Sarjanovich, que llego después del Dr. Sylvester y se alejó al tiempo, dejando un muy buen recuerdo. Lo mismo que los doctores Salvai y Chiacherini al igual que el Dr. Pereyra, incluso el Dr. Procaccini es otro de los muy queridos y que ahora atiende en su especialidad especifica. El Dr. Zanini es muy recordado también, al igual que el Dr. Tejerina que hizo muchas guardias en el hospital y la clínica. El Dr. Morelli aun en ocasiones atiende en nuestro pueblo. No nos olvidemos del Dr. Reynaldo Casco, otro gran medico que todas lasa semanas se llega a Santa Isabel para atender sus pacientes, y bueno… actualmente completan el plantel de nuestros médicos: el Dr. Raúl Bugnon y la Dra. Lorena Had, más el aporte invalorable de pediátricos, oculistas y especialistas de diferentes especialidades. Los anestesistas es otro rubro muy importante también en este quehacer.
 Y ahora ¿qué nos queda? Tantas cosas. Los médicos, dentistas, por ejemplo, con el recuerdo tan entrañable del Dr. Roberto Busto que ahora se actualiza se alarga en el tiempo con su hijo, para nosotros: el Guy Busto. El Dr. Balachino fue otro de los odontólogos de nuestro pueblo, hasta llegar al matrimonio de los doctores Gambini junto al matrimonio Iglesias que atienden tan eficazmente en nuestro hospital. Imposible dejar de lado a nuestros bioquímicos: el Dr. Durand recordado él que venia de Venado Tuerto para atender en Santa Isabel, el Dr. Feijó de Villa Cañas, un profesional muy querido y que falleció muy joven, para luego llegar el Dr. Palumbo quien echó raíces aquí, donde formó su familia. Otro que tuvo su paso en nuestro pueblo, no por mucho tiempo pero nacido aquí y que ahora desarrolla su profesión en la ciudad de Villa Cañas es el Dr. José Luís Pellegrini. El Dr. Sosa fue otro de nuestros bioquímicos en la localidad.
 Los radiólogos, otra faceta importantísima. Pero por supuesto es imposible recordar tantas cosas y personas importantes de nuestro querido pueblo; porque… como dejar de lado a los farmacéuticos, esa gente linda que nos saca tantas veces de un apuro inminente. Así que es muy noble recordar a la Faminia Cumba; por ejemplo el apellido Armincchiardi desde “Don Pedro” y “Don Alberto”, llegando a Luís ahora, pero al que por el momento no lo llamamos “Don”. Una familia arraigada y querida por todos, sin dudas, la familia. Miculán, que son familiares por herencia y por profesión. Los entrañables ”Beba y Bambín”, nombrados así tan amigablemente, el matrimonio Albanesi, y ahora se actualiza también con su hija Marcela. El matrimonio Severini en farmacia Cabello.
 Y siguiendo en esto de la comunidad isabelense, el trabajo abnegado y solidario de las enfermeras que pasaron y de las que están actualmente bregando por la salud de todos es algo que debemos reconocer con la dignidad que se merecen, las mucamas son también verdaderas mujeres que en un trabajo muy sacrificado se brindan por la gente, bueno… cuando nombro a los muchos mas incluyo también  a las cocineras, que es un metié de suma importancia. En la parte administrativa en lo referente a salud es muy encomiable al trabajo que realizan  también. Otra faceta importante es el trabajo de la Asistentes Sociales, que en nuestros días cobra tanta relevancia. 
 En este repaso y recuerdos, habrá cosas importantes que puedo recordar, pero en todo este recorrer de  caminos de cosas pasadas, añoranzas y recuerdos, el Club de Leones, fue otro logro de gente que trabajó por los demás. No tengo en mente los nombres que lo integraban, recuerdo sí que Albino Gobbi fue uno de los principales animadores, también Humberto “Chalo” Carpi y el desaparecido Antonio Risso fueron personas importantes en aquel Club de Leones. igualmente el reconocimiento a todas aquellas personas que integraron algo tan importante en obras de beneficencia, para todos nuestro agradecimiento.
 Cambiando de tema, en el aspecto cultural, la creación de La Fachada nos llena de orgullo por chicos tan jóvenes que lograron una cuota importante de cultura, para conseguir con esfuerzo y desinteresadamente un lugar donde expresar y demostrar cualidades, tal vez para muchos o algunos desconocidos. Y qué decir de la La Marrupeña, cuántas chicas y chicos surgieron de allí, como profesores de baile también, incluso con presentaciones de gran importancia a nivel nacional. La Marrupeña es orgullo de nuestro pueblo. Y los hacedores de ésta, la familia. Sunde con Nilda y Orlando a la cabeza y además Carmen Mondino; con estos nombres es hacer el homenaje a todos aquellos que contribuyeron a que La Marrupeña haya logrado tantas cosas importantes para todos.
 El casi ya legendario A todo Pulmón es un orgullo isabelense que va ganando terreno año tras año, sin duda que el recordado ”Lalo” Colomba fue junto con otra gente su más ferviente luchador.
 Y ahora… me pregunto una vez más… ¿que nos queda?, es imposible recordar a tanta gente que fue de tremenda importancia en nuestro pueblo.
 Pero hay una mujer que yo quiero homenajear, así humildemente, porque creo que ejemplo de sacrificio, digo esto porque en noches crudas de frió, lluvia o viento, jamás dejo de atender a aquel para aliviar algún dolor, y principalmente donde había criaturas, ella con su bicicleta salía a cualquier hora para colocar esa inyección que aliviara el dolor o hiciera bajar la fiebre, por supuesto hablo de Mabel Costa, sin duda que ésta Mujer es el emocionado agradecimiento de todos nosotros, de la comunidad, sin duda.
 Y en el final de esta humilde evocación, llega el recuerdo ferviente de nuestros queridos "Fundadores”, así, entre comillas y con mayúscula. Para los que están y para los que no figuran ni en las fotos ni en los escritos, los que están me refiero a aquellos que vemos en fotografías y escrituras, que los otros, los anónimos también fueron fundadores pues hay apellidos que quizás, y seguro que sí han luchado con sacrificio en épocas muy difíciles y remotas, sin medios pero con la fuerza y la inteligencia de los pocos que tienen y todo lo dan; los nombres… ya lo sabemos, hay otros que quizás ignoramos, todos ellos son “Fundadores”… todos ellos son el esfuerzo que ahora cumple 100 años, ese logro y ese esfuerzo que se llama Santa Isabel.
 Levantemos las copas y brindemos en un abrazo fraternal por estos primeros 100 años… y por los muchos 100 que vendrán…  
 Pido perdón por el olvido de cosas y gente que si no los recordé, igualmente los quiero en todo caso fue esta negligencia mía por olvido, por falta de conocimiento o por ignorancia, pero jamás por mala intención.
 Soy un retoño más de este árbol imaginario llamado Santa Isabel, un hijo más de nuestro pueblo…
 Un hijo más que gracias a Dios y a la compañera” inolvidable” se proyecta en el tiempo con otros hijos y una nieta hasta hoy…pero siempre esperando que las semillas sigan dando flores y frutos.
 Con el permiso de ustedes a los amigos de “Mi barra de Oro” que se fueron en plena juventud, José Ángel, Eduardo y después Héctor.
Y a los míos tan queridos… que ya no están, pero que viven en mi corazón hasta el fin de mis días…

 Por Juan Jorge Baldessari        


Jorge Baldessari -cuarto desde la izq.- con amigos a principio de la década de 1960


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lunes, 4 de marzo de 2013

Alguien lo tiene que hacer.

Publicado en "Acercar a la Gente" N° 34 del 27/02/2002 
 
 Charla con Adrián País, jefe de Bomberos de Santa Isabel y propietario de la única empresa de sepelios. Recuerdos e historias de una persona acostumbrada a tratar con el drama de la muerte. 
 
 Habitante de Santa Isabel desde su nacimiento y católico al punto de pensar seriamente en ser sacerdote, Adrián País se ha convertido, con el correr de los años, en la persona infaltable en los momentos de angustia. Su presencia suele remitirnos al desasosiego pero también a la voluntad de servicio, a “trabajos” al que pocos se le animan pero que alguien tiene que hacer. Sus ocupaciones se lo imponen: es Jefe del cuerpo de Bomberos Voluntarios de Santa Isabel y también propietario de la única empresa de sepelios de la localidad. 
Dos actividades que tratan con el drama de la muerte y que lo han hecho un hombre público.
 ¿Dónde adquiriste tu formación religiosa?
= Cuando terminé 7° grado, a los 12 o 13 años entré al Colegio de Los Hermanos (Sagrado Corazón) en Venado Tuerto. A esa edad eso te forma la cabeza. Se tenía la idea de que en las escuelas no había buena disciplina y como yo era rebelde, mi mamá pensó que el colegio de los curas me iba a cambiar. Lo acepté y gracias a Dios quedé muy satisfecho, no solo con lo que aprendí estudiando, sino por el ambiente en general, por los amigos que hice en un curso de chicos que eran de distintos lugares del país, eran vivencias distintas.
  Y decidiste hacerte cura...
=Fue en 2° año. El colegio es totalmente libre, un secundario privado con guía religiosa. Pero yo convivía mucho con los curas, estaba en la selección de fútbol del colegio… un ambiente que me fue llevando. Mi papá no quería eso para mi y ahí dejé la idea, también influyó el ambiente del fútbol, ya jugaba en Juventud, me entré a mezclar con los más grandes, empecé a jugar en primera.... Nunca estudié para cura, solo tuve la idea.
  Pero tuviste educación religiosa muy fuerte.
=Y si, todos la tuvimos. El año pasado cumplimos 25 años de la promoción y nos encontramos un gran porcentaje de compañeros y todos coincidimos, después de 25 años de distintas labores, en que el rector que tuvimos, Daniel Mujica, nos formó la cabeza, nos marcó. Él decía: “busquen siempre la verdad y la verdad los hará libre.”
El colegio nos preparó en instrucción y nos inculcó una vida ordenada. La palabra orden era prioritaria y a partir de ese orden la disciplina de vida. Yo estuve en el internado del colegio y ahí había horarios estrictos, había normas y reglas. Y cuando a los 12 años te marcan con normas y reglas que son estrictas ya te van marcando para la vida.
  ¿Esa formación tiene relación con tus labores de bombero o en la funeraria?
= Lo de la funeraria fue una circunstancia de la vida. Mi mamá trabajaba en la esquina de Alejandro Cucco, que tenía la funeraria. En ese tiempo yo trabajaba en el Banco Provincia y como tenía tiempo y él estaba enfermo me preguntó si quería ocuparme de la documentación. Acepté y a partir de ahí empezó el contacto con Cucco.
Eso fue en el '79 y en el '80 él falleció. La cochería había quedado algo desestabilizada, con muchas deudas y problemas. Angelita, la esposa de Cucco, estaba cansada por tantos años de trabajo, un poco enferma, las cosas no le habían ido bien y además se había instalado en Santa Isabel otra empresa que estaba haciendo muchos servicios. Acá se hacen unos 45 entierros por año y no pueden vivir dos empresas, por eso ella ya tenía intenciones de venderles la cochería. Pero por conversaciones entre mi mamá y Angelita, ésta me propone participar en este trabajo, y bueno, le dije que si. Quería tener algo extra pero nunca hubiera imaginado esto. Por otra parte yo trabajaba en la oficina de “Freto” Angeleri, donde estaba Don Alfredo Caldera a quien le comenté la idea. Él me inculcó que me dedicara a esto: "Metete en ese trabajo que tenés un futuro” Y así fue, comencé con esto. ¿y con qué persona fallecida tuve que hacer mi primer servicio de sepelio?... con Don Alfredo Caldera, fue el 12 de abril de 1981. No quería ir. Mi mamá me dijo "Te tomaste un compromiso, tenés que hacerlo"
  Tal vez, sin saberlo, tenías una predisposición para eso.
=Puede ser. Porque al principio fue como una vocación. Y a partir de ahí lo tomé con una gran responsabilidad. Durante muchos años trabajamos para tratar de levantar a la cochería, sin ver ganancias de ningún tipo, porque había quedado realmente mal.
  Tu primer servicio no fue nada agradable.
= No, para nada. Yo nunca tomé a este trabajo como algo agradable. Es una gran responsabilidad, soy el responsable de que las cosas salgan bien, porque cuando alguien me viene a buscar para un servicio yo lo tomo como que todo está bajo mi responsabilidad. Es muy sagrado el cuerpo de un fallecido, hay que tener mucho respeto, mucho cuidado con su tratamiento, sea joven, de mediana edad o anciano. Los que hacemos este trabajo tratamos de que no nos sea un esfuerzo el trato con un cuerpo sagrado que está bajo nuestra responsabilidad hasta que se le da sepultura.
  Pero esto es un negocio y en otros lugares tal vez haya otro trato.
=Conozco empresas de todo tipo. Si los empleados de las empresas grandes están instruidos por propietarios de empresas de familia, suelen tener este tipo de preparación. Si son sociedades, con directorios y demás, puede que haya un grado de frialdad mucho más grande. Es un negocio y, lógicamente, mi familia y yo vivimos de esto. El asunto es como se toma el negocio, ¿no?
  Y al que no siempre se lo ve con simpatía.
=Seguro. Por el momento que le toca vivir.
  ¿Eras consciente de esto?
=No, en absoluto. Y sabés porqué, porque en un momento de dolor, hablar de economía en la década del '80 era una cosa y hablar de como hay que pagar un entierro en la actualidad es otra, porque aparte del momento de dolor por el familiar desaparecido a veces nos encontramos conque no hay con que pagar el entierro. En mi caso, el que viene a contratar el servicio se encuentra con alguien que le está buscando la forma de como puede llegar a cubrir ese entierro y a veces a tratar de instruirlo para que no produzca gastos que después no puede costear, aunque se pueda interpretar mal.
Todos, yo también, tuvimos que acomodar la cabeza a las circunstancias. A los que comenzábamos en este trabajo nos formaban con la idea de que había entierros de primera y entierros de segunda.
  ¿Cuáles eran las diferencias?
=Para los de primera había un fúnebre, para los de segunda otro, todo eso que hacía a la ceremonia y que se denominaba pompa fúnebre. Un entierro de primera era con cuatro caballos para el fúnebre, uno de segunda con dos. Y si había más de seis coronas se le ponía el coche portacoronas, entonces ya era de primera. El entierro con cofre también era un entierro de primera. Carlitos Lorenzatti, que fue el hombre que pasó por todas las cocherías de Santa Isabel, me traspasó estas informaciones. La primera fue de Zorzi. Estuvo también con Cucco y conmigo. Si bien no estaba en contacto con las personas fallecidas, porque no le gustaba, conocía todos los entretelones. Llegó junto a los caballos que cuidaba cuando su patrón los vendió a Zorzi para la cochería. Manejaba el portacoronas, lo llamaban el verdulero. Los caballos se usaron en los fúnebres, calculo, hasta el año 1968, cuando Cucco compró los Kaiser Carabela, unos autos negros y largos.
  ¿Cambiaron las costumbres en los velorios?
= Si, totalmente. Ha cambiado la cultura, para bien diría yo.
  Son un poco más prácticos.
= Si, por ejemplo desapareció el tema del luto. Ningún extremo es bueno, antes estaban un año de luto, pero tampoco lo de ahora es bueno. Podemos ser muy prácticos pero a veces no tenemos gente para las manijas del cajón, en la mayoría de los servicios no hay gente. Creo que se ha perdido la conciencia comunitaria por ese individualismo que vivimos ahora. Estamos muy enfrascados en nuestros problemas, agobiados y hasta adormecidos por las situaciones que se viven. Por eso se perdieron signos que tenían su valor, como el velatorio de 24 horas que se hacía en la casa de familia y con el que, en un gran porcentaje, todo el pueblo tenía compromisos. Todo debe tener sus causas, tal vez los medios de comunicación nos han quitado la posibilidad de reaccionar ante situaciones de esta naturaleza, como es la de participar del dolor. Así como se participa de las alegrías de los demás, también se debe participar del dolor.
  Como vivimos en un pueblo vos conoces a todos los que mueren y sus familiares. ¿Cómo actúa esto en tu persona?
=Soy un agradecido a la comunidad de Santa Isabel porque me ha contemplado todo tipo de errores que, como ser humano frágil y pecador, he cometido. Las personas que podemos estar cumpliendo roles como este, sin hacer una comparación burda, como un profesional médico, o sea, los que entramos en las familias en momentos difíciles, a veces tenemos que llevar una conducta, no digo intachable pero sí al menos respetable. Y la comunidad de Santa Isabel me ha apoyado totalmente. Yo siento que a veces he cometido errores y sin embargo la gente volvió y he sentido ese respeto y esa contemplación de faltas. He interpretado que a veces hay que tener en cuenta situaciones y lo que le pido a la gente es sinceridad. Falta alguien y se dice no tengo, no puedo; la Comuna ha participado de muchos servicios y poniendo un poco la Comuna y un poco nosotros, se hace.
  Pero la realidad es que tenés que trabajar con cuerpos de personas que has conocido y hasta compartido momentos de su vida.
=Seguro. Después de esas situaciones tengo días en que a lo mejor estoy irritable, tengo problemas de digestión, se me altera el sistema nervioso hasta que me vuelvo a estabilizar. Que me afecta, me afecta.
Ahora que van pasando los años, ya hace 22 que estoy en esto, si bien estoy acostumbrado a muchas cosas, me siento cada vez más afectado con el fallecimiento de los niños. Tal vez porque tengo chicos y voy avanzando en edad, o porque medito más sobre la situación. Realmente me cuesta más acomodar ese cuerpo, especialmente si ha sido por una muerte violenta o un accidente. Pero tengo la familia que me acompaña y lo que no hago yo lo hace otro.
  En los velatorios se pueden dar situaciones graciosas o de tensión. ¿Cuál es tu reacción?
=Desde que me llaman se me graba que tengo una responsabilidad que sacar adelante, bajo las connotaciones que tenga, entre ellas situaciones graciosas, dramáticas o violentas. Hay muchas situaciones, con problemas de familias o cuando hay muertes violentas, en las que quedan resabios, dolor hacia otras partes que no se resuelven en forma inmediata y donde hay que tener la sensibilidad como para lograr calmar a las personas y poder seguir con el ritual.
  ¿Cuántas personas has enterrado?
=Desde que estoy con la cochería llevo 1.123 personas sepultadas. Tal vez más, porque al principio trabajé como empleado.
  De tanto lidiar con los muertos y la muerte y teniendo en cuenta tu arraigada creencia religiosa, ¿has percibido en algún momento, alguna señal concreta, algo que te haya dado la certeza de tu creencia, de que la vida después de la muerte existe? 
=Es una pregunta muy puntual y muy importante. Lógicamente que por mi fe de católico creo que hay vida después de la muerte; o sea en la resurrección, aunque es un misterio porque nadie volvió para contarnos que es lo que pasa, es cuestión de fe.
Una cosa es el trato con la persona muerta y otra con la agonía. Yo he estado ante la agonía de varias personas, hasta en la de aquellos que estaba rescatando y he tenido casos que me han movido y estoy convencido de que después de esta vida hay otra. Extremadamente convencido.
  ¿Qué es lo que te convenció?
=La paz. La paz y hasta la alegría de quien está muriendo. La paz de muchos que, aún sabiendo que van a morir, la reciben de una manera difícil de describir y que se expresa en el rostro o en las últimas palabras; hasta en la fortaleza que le pueden transmitir a los que están a su alrededor en días u horas antes de fallecer.
Esto es lo que a mi me hace tener la seguridad, aparte de la fe, de la existencia de otra vida. Lo tangible es eso, la fortaleza de las personas que con fe y esperanza van en busca de ese paso tremendo y dramático que es la muerte. Las agonías dicen mucho más que el hecho consumado.
En una ocasión había fallecido ahogada una criatura de 5 años. Como en toda muerte violenta interviene la justicia y por eso vino un médico forense. Como yo lo conocía -un hombre grande, un forense de muchos años de trabajo- cuando quedamos a solas le dije “Doctor, ¿no le parece un sacrilegio hacerle una autopsia a un cuerpito de 5 años, que todos sabemos que ha fallecido accidentalmente?. Y me contestó: “Quedate tranquilo que yo por el rostro me doy cuenta si falleció ahogada ella solita o si la violentaron.” Y bueno, después que la miró me dijo: “¿No ves el rostro de paz que tiene esta criatura? ¿No vez que hasta una sonrisa se le esboza? Quedate tranquilo que la criatura ya está con Dios y no hace falta hacerle ninguna autopsia.”
  ¿Empezaste con Bomberos a partir de esta actividad?
=Si, exactamente. Era el tiempo en que estaba la ruta angosta, había accidentes de tránsito y no había bomberos, solo en Venado Tuerto y en Villa Cañás. Muchos heridos eran rescatados y trasladados por terceros, entonces yo empecé a acudir con la ambulancia de la cochería y, por los meses de abril y mayo del '82, se sucedieron varios accidentes de gravedad. Como pasaban los bomberos de Villa Cañás por dentro del pueblo la gente lo comentaba mucho, un día yo estaba en el taller de Marcelino Martínez y salió la conversación sobre el tema. Simón Montaner me dijo, “Que vergüenza que en Santa Isabel no tengamos un grupo que pueda acudir en este tipo de situaciones”. Y me apuntó a Nito Lombardi, que estaba muy interesado en crear una cosa como esta y también me nombró a Guillermo Benso. Yo hablé con Guillermo y juntos fuimos a ver a Nito, ese fue el inicio de los Bomberos y de una amistad muy profunda con Nito.
  ¿Como bombero, qué es lo que más te marcó?
=Hay muchas cosas. Las personas jóvenes, los niños, son los que más me estremecen. Lo que más tiempo me duró de poder purgar, de poder estabilizarme a una vida normal, fue un accidente en que murió un joven de la localidad y que para los bomberos tuvo connotaciones, porque cuando llegamos los cuerpos estaban atrapados en los vehículos incendiados. Siempre cuento lo que fue para esa dotación de 8 hombres que llegó sin agua, porque la autobomba salió primero, pero llegó después que nosotros que teníamos dos matafuegos. No solo no podíamos bajar el volumen del fuego sino que no podíamos hacer el trabajo para sacar a las personas de adentro. Yo era el único que sabía de antemano que estaban involucrados chicos de Santa Isabel. Todos quedamos muy mal y a partir de ahí empezamos a estudiar sicología en la emergencia. Eso fue lo que más nos costó superar, fue muy fuerte.
  En el cuartel de bomberos hay un cartel, de tono autoritario, que dice…
=“Cuando comienza el deber termina la amistad.” Lo copiamos de un cartel de Villa Cañás que ellos después borraron, tal vez porque interpretaron que no expresaba bien lo que se quería decir. Nosotros lo dejamos pero en la actualidad no es guía.
Creo que nadie que esté al frente de cualquier empresa o institución escapa al orden y la disciplina para llevarla adelante. Más aún en un servicio gratuito como el de bomberos en que se trabaja en situaciones donde la vida de las personas puede estar en riesgo. Ahí no nos cabe improvisación, ni desorden, ni desconcentración. Hace varios meses que no asistimos a un accidente de gravedad. Ese el enemigo que tenemos, explicado por psicólogos, la relajación. Pero lo que no nos va a provocar esa relajación es pertenecer a una institución donde hay orden y ese orden funciona todos los días, donde sabemos las funciones y las normas a cumplir. Convencidos además, de que un grupo de buenas voluntades no son suficientes para sacar adelante situaciones como esas. La columna vertebral es el orden y la disciplina, que no necesita del rostro rígido ni de utilizar ciertas terminologías.
  Pero que en algún momento lo han tenido.
=Si. Pero no te olvides que en nuestros inicios nos fuimos a instruir a otros cuarteles y venimos de una formación de años de militarización, en esa época estaban los mili-tares. Todo eso ya se ha relajado bastante.
  Ahora ya no se tratan de Usted...
=Entre los más jóvenes seguro que no, entre los más grandes a lo mejor puede ser…
Pero el 80% de los bomberos del país son de menos de 25 años, entonces todas esas cosas ni las aceptan ni las asimilan. Sí entienden que tienen que trabajar bajo normas y reglas.
  Como hombre público, ¿tenés conciencia de que tu vida está más expuesta que la de otros?
=La he comenzado a tener desde hace un tiempo, no se bien desde cuando. Yo no me daba cuenta de que podía se una persona pública, que puedo estar siendo observado.
De lo que también soy consciente es de que soy un hombre frágil que necesita, tal vez más que otras, meditar para poder ser mejor.
  Sin embargo das una imagen distinta. 
=Muchas veces mi esposa Tamara, que me observaba desde antes, me lo ha dicho “¿Por que no cambiás el rostro?, hasta tenés palidez en los entierros?” Es que bajo ningún punto de vista trato de imitar nada, no soy insensible. Asumo con tal responsabilidad el trabajo que no me permito errores.
  ¿Sufrís una transformación?
=Puede ser. Pero desde hace unos dos años ya está más metida mi esposa y mi hijo en el trabajo y la gente ya está viendo otras caras.
  ¿Esta actividad te permitió progresar?
=Por supuesto que si. Me doy cuenta de que tengo cierta capacidad para esto y trato, como todos, de superarme.


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