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domingo, 17 de julio de 2016

Con el folklore en el alma

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 57 del 05/04/05

Nilda de Sunde, icono folklórico local por excelencia, rememora los mejores momentos de La Marrupeña.


Nació en Teodelina en 1941 pero cuando tenía 2 años sus padres se trasladaron a Villa Cañás donde vivió hasta sus 25 años. Al casarse se radicó en Santa Isa-bel y dio a luz a sus hijos y al movimiento folklórico más importante de la localidad.
Nilda González Farrando es conocida por su apellido de casada, Nilda Sunde, pero especialmente por su actividad de casi 32 años en La Marrupeña. De eso y de otras cuestiones estuvimos dialogando.


¿Cómo se relaciona la danza folklórica?
=En la escuela recitaba poesías, bailaba o hacíamos comedias. A los 15 años ya andaba en comisiones; con mi hermano hacíamos teatro vocacional o íbamos a la peña de Studebaker, que en ese entonces se llamaba La Huella. Estando en la organización de los carnavales que organizaba el Club conocí a Orlando, mi marido.
A mis hermanos y a mi nos gustó eso desde chicos, lo de las peñas o lo del teatro. Y el folklore nos gustaba porque mi papá defendía todo lo nacional.
Aprendí primero lo que me enseñaron en la escuela. Más adelante Aldo Alfonso, de Villa Cañás empezó a enseñarnos las danzas, hasta que, en esa peña, nos dieron clases algunos profesores. Cuando terminaba la clase, la gente se quedaba en el salón; había mate guitarra, bombos, empanadas, cuentos, historias y se seguía bailando. Solo bailé en las peñas, no me veía en los escenarios, pero el del teatro me gustó mucho.
¿Cómo fue fundada La Marrupeña?
=Un tiempo antes de casarme dejé el folklore y el teatro. Me casé, vine a vivir a Santa Isabel y tuve mis hijos.
Cuando Sergio tendría 4 años y Rafael 3, Oscar Villegas, de San Gregorio, comenzó a dar clases de danza en la Biblioteca y los anotamos. Eran unos 8 o 10 entre los que estaban Claudio y Carlos Bessone, Bibiana y Eduardo Agostinelli, Juan Alberto Mondino, Bibiana Mansilla y creo que Rosana Enrico. Ahí empezamos a conocernos con Carmen Mondino, porque su hijo era del grupo.
Villegas vino unos meses pero como había pocos alumnos dejó de hacerlo y nosotros nos quedamos con las ganas.
En esa época mi suegro era presidente de Juventud y lo consulté sobre la posibilidad de que éste profesor diera las clases en el Club. Si hay muchos chicos, me dijo, a lo mejor el Club puede ayudar.
A los padres del grupo les pareció buena la idea, así que con mi suegro fuimos a ver a este profesor y le dio la palabra de que si había algún inconveniente el Club se hacía responsable. Nunca hubo necesidad de eso porque de arranque se anotaron como 45 chicos.
¿Por qué le pusieron ese nombre?
= Apenas comenzamos en Juventud, se creó la Peña y se la llamó así.
Arrancamos el 10 de mayo de 1973 y el 29 de mayo, que era un sábado, el Club, nada que ver con la Peña, organizaba un espectáculo con Los Fronterizos. Pensé que podrían salir de padrinos y al revisar su historia vi que un tío de uno de los integrantes, Moreno, tenía una estancia en Salta donde le daba cobijo a folkloristas, escritores, poetas, bailarines. El hombre era Adolfo Marrupe y le decían el "Poncho" porque él los cobijaba a todos. La estancia es La Candelaria pero le decían La Marrupeña; para ese entonces ya estaba la zamba La Marrupeña, en honor a él y a la estancia.
Pusimos unos cuantos nombres para que los chicos eligieran, pero le contamos esta historia y ganó ese nombre. Los Fronterizos estaban re chochos, aunque después ni se habrán acordado más de nosotros.
¿Visitaron la estancia alguna vez?
=Nunca, pero nos invitaron. Una vez, cuando actuábamos en La Cumbre, unos sobrinos del "Poncho" se arrimaron, nos preguntaron el por qué de nuestro nombre y nos invitaron a la estancia.
¿Cómo llega Usted a ser profesora?
=En el segundo año siguió viniendo el mismo profesor solamente los sábados a la tarde, ahí se juntaban todos lo chicos y era un lío infernal. Entre semana, ¿quién ensayaba a los chicos? yo, porque como sabía folklore llevaba a mis chicos, me quedaba a las clases y todo lo que él daba, lo asimilaba.
Al otro año se decidió ir al festival de La Cumbre en Córdoba, y hubo que ensayar a los grupos elegidos de julio a noviembre. ¿Quien ensayaba? Nilda, y Carmen que daba una mano.
Pero aparece un problema con el ingreso de una mujer que desintegró la Peña. El profesor se vio en unos cuantos líos y adujo razones económicas para no venir más. Se fue mal con nosotros, los de la comisión, y esa mujer formó otra peña en el Armonía Bochas Club diciendo que nuestros chicos no podían dar más exámenes ni tener títulos porque Villegas era director zonal del IDAF, el Instituto de Arte Folklórico, al que estábamos incorporados desde el primer año.
El Instituto no nos mandaba profesor, porque habían engañado también a Santos Amores, el fundador y director. Pero una profesora zonal propuso a Leonor Castellanos, de Venado Tuerto, de18 años que recién se había recibido.
Yo tuve que volver a las clases, y algunas personas distanciadas de La Marrupeña le hacían la vida imposible a esta chica, que decidió terminar el año, dar los exámenes y no volver. Por eso los padres mi pidieron que yo fuera la profesora.
Carmen Mondino me ayudó a hacer las carpetas mientras yo aprendía, junto a los chicos, las danzas que me faltaban. Así que a fin de 1977, rendí los tres ciclos y el profesorado juntos.
La Marrupeña, además de sus festivales y actuaciones locales, estuvo en muchas partes del país....
=Al principio todo era a nivel infantil y competíamos en el festival de La Cumbre, pero llegó un momento en que tuvimos tantos alumnos que el 80% de los chicos se quedaba sin ir, por eso los padres resolvieron no ir más. Los más grandes premios a nivel infantil se trajeron de allí, traer dos veces seguidas la Copa Challenger era ser la mejor delegación entre otras de todo el país, y en otros años estuvimos cerca del primer premio.
También del Club Independiente de Avellaneda trajimos un premio en zamba infantil y estuvimos en importantes festivales que no eran competitivos, como el de Tucumán, al que fuimos dos o tres veces; eran tres noches en las que había que mostrar diferentes cuadros con argumentos escenificados. Haber hecho teatro me sirvió para las presentaciones, por eso muchas veces descollamos, por ser distintos.
También fuimos a festivales de la provincia de Buenos Aires o de Mendoza, pero lo grande fue Cosquín. Estuvimos muchas veces a través de las competencias, llegando a finales con parejas del Ballet y con malambos, uno de los últimos fue Claudio Pierani que llegó a la final hace tres o cuatro años.
En 1995, por invitación de Julio Mahárbiz al IDAF, fuimos a bailar a Cosquín junto a todos los bailarines del Instituto. Como es el más grande del país congregó a más de 1.000 bailarines. Unos días antes habíamos ido al Pre Cosquín porque eran finalistas Marcelo Pierani y Nerina Bustos. Marcelo llegó a la final en malambo sureño, así que nos quedamos hasta el final, y después empezó a llegar el resto de la gente. De una casa alquilada fuimos a las carpas que habían dispuesto en una cancha de fútbol para los bailarines del IDAF. Afuera estaban las de los familiares.
Fue una cosa inolvidable. Todos los integrantes del Instituto tenían que abrir la primer noche del festival mayor con una zamba de Juan de los Santos Amores. Se ensayó eso y también para el desfile que era a la tardecita. A la 1 de la tarde nos fuimos todos caminando hasta la plaza, unas 25 cuadras. Amores nos reunió a todos en el escenario... una muchedumbre, un calor... Llamó al zonal de Moreno, que es donde vivía él, y al de Tucumán, el más importante por la cantidad y calidad de los bailarines. Y me dice a mi, a ver Señora, venga para acá, adonde están Ernesto y Nerina, los quiero acá, y tráigame las mejores parejas de La Marrupeña. En el escenario estuvimos, al centro el zonal Moreno, a la derecha el zonal Tucumán y a la izquierda La Marrupeña. Y para atrás y en los pasillos de la plaza, el resto.
Tocábamos el cielo con las manos y los chicos que estaban ahí arriba, primera vez de una experiencia semejante, bailaron llorando de la emoción.
Pero estos no fueron los únicos escenarios de importancia...
= Hubo muchos. En enero de 2000, antes de ir a competir a Baradero, Erina y Ernesto fueron a ver La Chacarerata a Villa Cañás. Después de verlos bailar los invitaron a ir a Cosquín con ellos. Pero antes compitieron en Baradero y trajeron el primer premio, y en zamba estilizada, Rosana Coria y Juani Sunde el segundo. Ese año Santa Isabel los vio en Baradero y en Cosquín porque la Chacarerata los invitó y bailaron en el escenario mayor.
¿Pensó alguna vez llegar a todo esto?
=No, nunca fue pensado, salió así.
En primera instancia La Marrupeña no fue un medio de vida, durante mucho tiempo yo nunca cobré las clases, hasta que llegó un momento en que los padres y la comisión dijeron que no debía ser así. Empecé a cobrar, pero si había 40, pagaban 20, y siempre se dieron las clases. Pero luego esto se tornó una profesión importante y Amores me lo hizo sentir así, debe defender esta profesión, no debe regalarse y piense que algún día va a tener profesores a cargo, me dijo.
Y estoy contenta en eso, porque en este momento hay 13 chicas y muchachos, profesores, trabajando en mi zonal en localidades como Camilo Aldao, Cafferata, Chapuy, Elortondo, Venado Tuerto y Villa Cañás, son profesores a los que de una u otra manera les di clases.
Actualmente mi obligación es supervisar cada escuela para que se cumpla con el programa.
¿Esta ha sido su vocación?
=Mi vocación fue ser maestra, no lo pude ser y no le echo la culpa a nadie. Por eso siempre me gustó estar con los chicos. Siempre pretendí que no desaparezca, no La Marrupeña precisamente, si no la difusión de la danza criolla, y estando en un lugar de estos pude compartir lo que mis hijos hacían desde que tenían 3 años, y hoy, que tienen 30, lo sigo compartiendo. Es algo que permite estar junta a la familia y disfrutar de algo que nos gusta a todos.
¿Suele encontrarse con ex alumnos?
=El año pasado tuve una gran alegría, fui al festival de La Telesita de Villa Cañás, que es donde da clase Claudio Pierani, y me encontré con chicos, grandes, con gente que ya ni tengo en la memoria. Todos venían a saludarme con cariño y con respeto.
Eso por un lado, y por el otro, miré el escenario y entré a ver gente que a pasado por mis clases, o por las clases de mis hijos, o por las de los profesores que se han recibido con migo. Estaban las academias de mis chicos que están dando clases y que son de mi zonal.
Estoy feliz en ese sentido porque hay alguien que sigue lo que inicié.
Y que le proporciona ingresos...
=Respecto a lo que yo recibo como Directora Zonal, es un porcentaje sobre el arancel que cobra el Instituto en los exámenes. Según la cantidad de exámenes, hay un porcentaje que me dan a mi y otro al profesor.
Volviendo atrás, hay un momento en que la Marurupeña se va de Juventud a pesar de que siempre fue vista como una parte del Club...
=Era así. Tal vez porque los Sunde estábamos ahí. Siendo presidente mi suegro del Club, el dio su palabra de que si hacía falta un respaldo, lo ibamos a tener. Después fueron cambiando algunas cosas a través de los años y de los distintos presidentes y comisiones.
Pero nosotros nos sentimos parte del Club Juventud ya sea por el fútbol o por la Peña. Porque la familia de mi esposo eran del fútbol y nuestras casas eran albergues de los jugadores que Juventud traía. Nosotros no estrenamos nuestra casa, la estrenaron los jugadores del Club, por eso Juventud está en nuestro corazón, en nuestra alma. Siempre.
Si bien es cierto que nosotros y mucha gente de la Peña era de Juventud, a las personas que ingresaban, nunca se les puso algún tipo de condicionamientos. Pero algunas cosas fueron cambiando y hubo momentos en que ciertos sectores de la Institución nos rechazaron, o a lo mejor nosotros nos sentimos rechazados. O sea, el folklore se sintió rechazado, no la familia Sunde. Al suceder algunos problemas ,se pensó en buscar otro lugar.
Así nace una nueva Institución...
=La Marrupeña siempre se sostuvo por todo Santa Isabel; todo el mundo nos compró rifas o nos prestó cosas, y hubo gente que nos hizo ver esa realidad. Además el IDAF nos obligaba a denominarnos escuela y pedía una serie de requisitos que le complicaba las cosas al Club. Se juntó un poco de todo eso y en 1995 se realizó una asamblea en la que la mayoría decidió independizarse y crear la Escuela de Arte Folklórico La Marupeña.
Al principio estuvimos en el Centro Cultural, la Sociedad Italiana, hasta que cuando se cumplían las bodas de Plata encontramos el local en el que todavía estamos.
¿Cómo fue la creación del Ballet?
= Fue en 1990. Los varones, al terminar la escuela primaria no seguían bailando, en el secundario los cargaban y a los chicos les daba vergüenza . Pero se armó un grupo de chicos que eran muy firmes en lo que les gustaba, y se quedaron.
Como tenían 13, 14 o 15 años, con ellos empecé a crear cosas distintas. La Marrupeña traía artistas y nos metíamos con ellos y armábamos los cuadros y bailábamos. Uno de esos artistas fue Rubén Durán con quien nos hicimos amigos y hablamos mucho sobre el arte, la música y la danza; y empezamos a crear con Rubén. Un día me dijo: Negrita lo tuyo es un ballet, vos a este grupo no lo podés anunciar más como una peña, porque el trabajo que estás haciendo con los chicos es de avanzada. Fue la primer persona que habló de ballet y que luego fue el padrino.
Armamos un cuadro que después fue ganador en los encuentro juveniles de cultura en Santa Fe y tomado como ejemplo de danza estilizada. Ese cuadro llamó la atención, después Ernesto lo sigue perfeccionando, y todos lo que lo ven dicen que eso es propio de un ballet.
Por otra parte, Roberto Machado, que vino con Durán pero que lo conocíamos porque había sido profesor de canto y guitarra y estaba en el Trío América, con Chano Coria y con Sergio, nos llevó a un festival en Corral de Bustos como ballet principal. Cuando terminamos de actuar nos vino a saludar y felicitar un matrimonio que habían sido bailarines del Ballet Salta. A partir de esta relación trajimos al hombre unos meses para que prepare a los chicos. Con lo de él y lo mio creamos el Ballet La Marrupeña.
Con el Ballet tuvieron actuaciones internacionales...
=Fue cuando estuvimos en Brasil, en el año 2.000. Esa fue una idea de mi marido a partir de una persona que Ernesto conoció en Caferatta. Este hombre organizaba giras nacionales e internacionales con actuaciones, un empresario que se dedicaba a eso. Se lo propusimos a la Comisión que aceptó tener una charla con él para ver las posibilidades que había.
A partir de sus vinculaciones actuamos, especialmente en Foz do Iguazú, en Brasil, y en Ciudad del Este en Paraguay, un viaje que nos pagó Santa Isabel mediante la rifa que sacamos.
En realidad, siete días después de lo de Brasil teníamos que ir a Uruguay. Pero no nos llevó nunca, fuimos a verlo y todo pero nunca pasó nada.
Eso les podría haber servido para hacer importantes vínculos de trabajo
=Si estaba todo, pero nos quedamos en los cajones. Las actuaciones fueron fabulosas en todos lados. Habíamos quedado vinculados con el cónsul para que los chicos nuestros dieran clases de tango en Foz do Iguazú, en un centro cultural, pero no volvieron más.
En la cadena de hoteles más importantes de la ciudad, que tiene un centro de esparcimiento fabuloso, actuaron varias veces, con el cónsul y los dueños del hotel presentes; ellos les daban actuaciones en los hoteles de la cadena. Pero bueno, no se aprovechó.
Y también estuvimos en Oberá, Misiones, con conferencia de prensa y todo; canales, diarios... También aparecimos en los canales de Foz, o sea que adonde nos llevó, nos llevó con todo.
Hablando de viajes internacionales, cuéntenos de su experiencia de trabajo en España. ¿Cómo surgió?
=Fui en mayo de 2002 y surgió por la mala situación económica. Pensar de ir por mi cuenta imposible pero, como se habían ido Osvaldo Pierino, el "Gringo", y Silvia Nievas, y yo tengo relación con la familia de ellos, me contaron que estaban trabajando en un castillo y que la dueña, una condesa, buscaba cocinera para 15 a 20 persona en la temporada de verano.
Me animé y llamé a Silvia a España para que hablara con esa mujer. Consultaron y les dijo que si.
Yo llamé a fines de abril y me necesitaban para el 12 de junio. Me pagaban los pasajes de ida y vuelta pero yo no tenía pasaporte ni plata para hacerlo, así que fuí a de una prima que me ayudó para hacer los trámites. En ese momento los pasaportes demoraban de 6 meses a un año en salir, pero yo hice plantones en la Policía Federal y en la embajada de España, miles de cosas y papeles. Hasta que esta señora me mandó una certificación de trabajo y lo aceptaron en la embajada, a la vez que de tanto que expliqué mi situación, me hicieron el pasaporte. Vine acá, me preparé las pilchas y partí. Me ayudó mucha gente en esto, entre ellos la Sra. de Amores, me dieron unos mangos para no irme sin nada y un sobrino de ella me llevó a Ezeiza.
Hoy no se si me animaría a hacerlo.
Pero le sirvió para traer algo de plata...
=Prácticamente vivimos un año con eso y pagamos unas cuentas que teníamos.
¿Donde está ese castillo?
=En un pueblo de Cataluña, sobre el Mediterráneo, que se llama Canet de Mar. Está empotrado en la montaña y no se lo ve de ninguna parte, una vez subimos hasta una cruz que hay la cima de una montaña, y ni desde ahí se ve porque está tapado por los árboles. Es de la época de la guerra con los Moros.
¿Cuál ha sido su experiencia allí?
=Que a los trabajos de servidumbre ellos no los hacen. Había argentinos y otros sudamericanos. Marroquíes un montón, filipinos y negros africanos.
En total, trabajando éramos siete personas, los efectivos como Pierino y Silvia, que estaban en mantenimiento y otros trabajos, y una mujer que hacía la limpieza. Los demás estábamos ocupados por tres meses. .
¿Cómo era su trabajo?
= Era cocinar y planchar desde las 7 de la mañana hasta terminar, por lo general a las 5 y media de la tarde; y después volver a las 7 de la tarde para la cena. O sea que estaba ocupada todo el día.
A mi me costó muchísimo, por el trato de esta señora, no así con el resto de gente ni con el esposo; y además porque todo el día solo veía montañas. Nos daban un solo día de franco a la semana.
Ellos todos los días exigían tres platos distintos, todo a la alta escuela. Lo platos son de plata con el sello del castillo, como de 40 cm., que abarcan al resto de los platitos. Para 5 personas había que lavar unos 35 platos, las copas y los cubiertos.
Descríbanos el castillo
=Tiene paredes de 80 cm. de ancho, de piedra; las puertas son de madera maciza de unos 30 cm., las cierran con trancas que tienen que levantar entre cuatro. Escaleras, murciélagos... todo negro. Yo lo vi así. Cortinados pesados, estatuas en el salón de bailes, una araña de opalina celeste, vitrales.
Para mi era medio lúgubre, pero los domingos iban turistas y se maravillaban con las cosas que había ahí adentro. Donde yo estaba, para ver el cielo desde la cocina, tenía que subir a una silla y sacar la cabeza por una ventanita; sola, sin hablar con nadie... Solo faltaban los barrotes!
En otra ala del castillo hay una capilla desde donde, bajando por unas escaleras, se llega al cementerio y, siguiendo algunos corredores que yo no recorrí, están las mazmorras que alguna vez se habrán usado.
Vieras que cementerio! es en unas catacumbas con columnas de mármol de Carrara, todas talladas con ángeles, apóstoles y vírgenes. Además de los nichos también hay una especie de féretro de mármol tallado.
Y para arriba son tres pisos, hay dos torres, y al centro el patio de armas donde ellos hacen los conciertos.
Después cuando me tranquilicé un poco empecé a ver que eso era hermoso.
¿Qué clase de eventos se hacen ahí?
= Los que comían todos los días eran los dueños, parientes y amigos. Después estaban las visitas guiadas a turistas.
También lo alquilan para bodas, cumpleaños, cenas empresariales. El hijo de la condesa tiene una empresa de espectáculos y realizan conciertos de música sinfónica. Los sábados yo no cocinaba porque venía un servicio que preparaba en el patio de entrada las sillas con moños, flores, adornos, velas desde la entrada hasta arriba, en las escaleras. Son conciertos auspiciados por el gobierno de Cataluña y por una empresa de autos que exponía los modelos..
Fue una buena experiencia...
= Si. El dolor más grande era cuando nos juntábamos, poníamos música de folklore argentino llorábamos; y los filipinos y toda la gente así. Y la bronca... ¡Pero como nosotros, con el país que tenemos, tenemos que estar acá! Te revuelve las entrañas de tal manera que sentís dolor y bronca porque no podés hacer nada por tu patria.
¿Estuvo en otros lugares de España?
= Estuve en Cataluña donde vivieron mis bisabuelos, está la casa tal cual como estaba. Es una casucha de piedra, hacia abajo tenían la caballada y un escalón más arriba la casa. La tiene un primo de parte de mi mamá, tiene hasta las sábanas, la cómoda de mi abuela, un collage que lo hizo ella con sus hermanas con papelitos de chocolate, la olla de fundición colgada en el fogón, los morteros... Y fotos de toda la familia, hasta las que recibió de Argentina.
Volvamos a La Marrupeña. ¿Por qué no tiene la convocatorio de otros tiempos?
= Antes de dejar el Club ya no iban tantos chicos y creo que pasó el furor. Además no se qué es lo que pasa en Santa Isabel, porque en otros lados hay varias academias y muchos que bailan. Y nadie consiguió lo que consiguió La Marrupeña. Diría que el chico tiene un espejo donde mirarse para decir yo quiero ser un buen bailarín, en La Marrupeña hay buenos profesores que me van a enseñar bien. Puede ser el trato, la disciplina que se exige para el Ballet...no se, seremos muy absorbentes.
Deberían hacer una autocrítica...
=La hacemos. Y hemos intentado muchas cosas. Vimos un camino para interesar, que es el de las escuelas, intentamos hasta talleres gratuitos, pero parece que mucho no interesa.
Creo que La Marrupeña pagó un derecho de piso, colaboró siempre con las instituciones, yo diría que los profesores algo tienen que recibir en devolución de lo que dan.
¿Nos encaminamos hacia su extinción?
=Y, por ahí pienso que si. Como que se va a terminar, tanto el interés de los chicos para bailar, como la Institución.
Una de las cosas, que a lo mejor influye, es que los padres tienen que pagar la cuota al profesor y trabajar para el sostenimiento de la Institución, además del vestuario, viajes y todo eso. Es una actividad que compromete a los padres: planchar bombachas con tablitas o un vestido, el pañuelo, la faja, el sombrero...
Amo todo lo que es arte porque el artista es noble, cuando crea está creando belleza. Cuando das algo que da alegría es noble, estás ofreciendo tu corazón.
Y la danza hace eso, transporta. Te modela el cuerpo, te estiliza. Y con el folklore aprendés a querer tu patria, a tu tierra, a conectarte con lo que es tuyo, la tierra donde pisás, donde creciste.
Pero bueno, si no se entiende, qué vamos a hacer. Yo siempre quise decir esto con la danza criolla, pero si la gente no lo entiende, si no le importa, cuantas veces lo vamos a explicar.
A lo mejor sirvió de algo...
=No se, pero los que estamos en esto tenemos algo en claro, mientras haya cuatro chicos que quieran aprender, seguiremos estando.

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jueves, 2 de enero de 2014

Cómo era nuestra zona en el año de la Revolución de Mayo

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 110 - 04/06/10  

  Cumplidos ya los 200 años del nacimiento de la Patria, cabe preguntarse que pasaba en esos tiempos en la llanura pampeana, especialmente en nuestra región (mucho antes de la fundación de nuestros pueblos) lugares tan lejanos e inhóspitos para aquellos que vivían en las ciudades del Virreinato. 

Un artículo publicado el miércoles 26 de mayo en el diario de Venado Tuerto "La Guía Regional", que lleva la firma del reconocido historiador Roberto Landaburu, da respuestas a estos planteos. 

 
 Dice Landaburu: " Para el año 1810, podemos afirmar aunque parezca raro, que ya existían -desde muchos años antes-, varias fortificaciones y rancheríos en estas dilatadas pampas, cuyo paisaje sí, era diferente al que conocemos en la actualidad. No existían montes, y la vista se perdía en la curvatura de la estepa, en un espectáculo sobrecogedor". 

"Para el año 1779 el fuerte de Melincué alzaba su mangrullo junto a la laguna. Más al oeste y para el lado de Loreto-Maggiolo, el Marqués de Sobremonte había mandado construir en 1785 el fuerte de Nuestra Señora de Loreto, y por el lado de Arias-Alejo Ledesma se levantaba el fortín Las Tunas. Para el norte el cantón de Guardia de la Esquina ya estaba levantado 40 años antes de la Revolución de Mayo".


"Por el año 1660 o antes pasaba por el Venado Tuerto, la larga rastrillada de Las Tunas, el camino que unía Chile -a través de Mendoza- con Buenos Aires, pasando por Punta del Sauce o La Carlota, Loreto, Hinojo o Venado Tuerto, Melincué y el Pergamino".


 "Caravanas de carretas tiradas por bueyes y arrías de mulas, iban y venían, llevando frutos y mercaderías al puerto, pasajeros, vino, telas, herramientas…Para el 1650 en toda esta zona de fértiles pastos surcada de aguadas, se asentaban enormes manadas de ganado cimarrón, tanto vacuno como caballar, y hasta aquí se venían los criollos del Buenos Aires a practicar las famosas vaquerías. No era otra cosa que la matanza de esos animales desjarretándolas a la carrera, mientras otros degollaban y cuereaban. Se dice de largas filas de ganado cimarrón que se media a veces en leguas, pasaban frente a atónitos y ocasionales viajeros".

"La fauna autóctona era riquísima, principalmente la de lagunas, como también las manadas de venados, guanacos, rápidos ñandúes, pumas y cuántos más bichos del campo". 


"Reinaba un silencio desolador; silencio de muerte le llamço Charles Darwin cuando pasó por aquí cerca, en lo que le decían el desierto. El chirriar de los ejes de las carretas se escuchaba desde lejos, a kilómetros de distancia".


"Para 1806 don Luis de la Cruz se vino desde Chile queriendo llegar a Buenos Aires, lo hacia acompañado por caciques pampeanos liderado por el propio Carripilun, que le hizo de guía hasta el Melincué. Detalló todo lo que encontró a su paso, minucioso, detallista, Al llegar al viejo fuerte de Melincué -se encontraba en estado ruinoso por el avance de la laguna-, había mucha agitación que venía del sur, de Buenos Aires: Los ingleses habían invadido el Virreinato, y la gente y su Virrey huían hacia Córdoba".


"Muchos criollos poblaban la estepa criando sus animales a campo, junto a lagunas como la de Los Leones Murphy, en la zona del Estaqueadero-Villa Cañás, en las aguadas del Venado Tuerto, y tantas otras más".

"Sí, para 1810 había mucha vida en lo que nos enseñaron que no había nada. La pampa sureña santafesina hacia rato ya que palpitaba, y fuerte. Tierra de lejanía, huellas y pisadas.


Aún los que se animan, en las largas noches estrelladas, por la vieja senda de Las Tunas, saben escuchar el trotar agitado de caballos pampas que pasan raudos para el naciente, y otros vuelven agitados con tropeles de ganado buscando los montes del Mamuel Mapu. Algunos escuchan mugir de toros, rebuznes de burros y chirriar de carretas, gritos y alaridos, susurros y deslices… que vuelven y vuelven, para no hundirse en el silencio de los tiempos!"

 Estos territorios -incluido el distrito actual de Santa Isabel- fueron dominados por los aucas o araucanos. Eran indios que incursionaban desde la cordillera a lo largo del Río Quinto con el fin de cazar la abundante fauna de ésta zona. En la época del Virreinato del Río de la Plata, los Pampas, luego invadidos por los araucanos, que se hallaban en posesión del caballo, contaban con abundante ganado cimarrón para asegurarse el sustento mientras que -tal como lo comenta Landaburu- el gaucho se dedicaba a diezmar el ganado. En 1852 esta zona quedó comprendida dentro de la línea de frontera que unía Río Cuarto, La Carlota, Laguna de Hinojo (Venado Tuerto), Melincué y Fortín Chañar (Teodelina). En 1857 Santa Isabel era un sitio remoto, campo abierto, sin alambrado ni vallas, con ganado arisco. En ese año Don Miguel Rueda compró un terreno compuesto de dieciocho mil varas de frente (15 kms) por doce mil de fondo (10 kms) es decir seis leguas superficiales. Pero esta es otra historia que se acerca más a nuestro tiempo dejando atrás los años y los hechos que dieron origen a nuestro país.


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domingo, 29 de diciembre de 2013

El mástil de la plaza.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 78 - 31/05/07

Uno de los iconos de orgullo isabelense es, sin dudas, el mástil de más 30 mts. de altura que se yergue desde el centro de la plaza 9 de Julio (que alguna vez se llamó 6 de Septiembre, en conmemoración al golpe de estado que ese día de 1930 destituyó a Yrigoyen). Sin embargo no se tienen fechas exactas que den cuenta de su construcción.

   Se sabe que durante el gobierno de Ernesto Di Battista, entre 1938 y 1943, se remodeló la plaza y se levantó el mástil para el que, en 1939 la Comuna ya estaba realizando estudios para su emplazamiento.

 Se cuenta que llegó por ferrocarril, embalado por piezas, a la estación Otto Bemberg (luego Rastreador Fournier). Que luego fue armado en el suelo y plantado cuando ya era un solo trozo de metal mediante un mecanismo tirado por un tractor. Que en un primer intento por pararlo se cortó el cable que movía el mecanismo y que cayó al suelo. También que, una vez colocado en el pozo que se había preparado, se le hizo una base de cemento de unos 3 mts. de diámetro.

 Otra información -que corrobora esta fotografía- es que en un primer momento la parte externa de la base era mucho más alta que la actual y con otra arquitectura, mucho más compleja y monumental (por esos años la Comuna realizó aportes para la construcción del Monumento a la Bandera de Rosario que comenzó en 1943 y que, casualmente, tiene un mástil casi igual al nuestro ¿habrá alguna conexión con esa obra?).

 La mujer y el bebé de la foto pertenecen a la familia Di Bacco. El esposo, Juan Carlos Di Bacco era farmacéutico y la fotografía es de 1941.
 Se dice que esta base, cambiada por la actual, más simple y chata, era incómoda para izar y arriar la bandera, por lo que se decidió, en fecha desconocida, reformarla.

 La publicación de esta foto, "figurita difícil", tiene como finalidad mostrar el proyecto original de la obra que, como vemos, nunca se plasmó totalmente.  



Nº 79 - 29/06/07
MAS SOBRE EL MÁSTIL



 A partir de la nota aparecida en la sección "Historias y Curiosidades de Santa Isabel", en nuestro número pasado, varias fueron las personas que nos acercaron datos, algunos de ellos rectificando y ampliando lo comentado sobre la construcción del mástil de plaza 9 de Julio.

 Adolfo Amadío (Tito), que participó de esta obra nos dijo que la misma se comenzó en 1939 y se terminó en 1940. El mástil fue armado en el suelo y luego colocado por una empresa rosarina cuyos obreros eran de origen alemán, quienes utilizaban este idioma para comunicarse durante los trabajos.

 Según Amadío, primeramente se hizo una base de cemento de 3mts. de diámetro por 2mts. de profundidad desde el nivel del suelo y en el centro, 1m. cúbico más hacia abajo. Además armaron una torre, más alta, y con una pluma lo pararon. 

Luego le colocaron una rienda hacia cada esquina de la plaza para ponerlo a plomo. "Ellos lo dejaron ahí y después fuimos nosotros y le hicimos todo el trabajo de arriba", nos dijo. "Eso tiene una base plana de hierro con cuatro bulones metidos en el cemento, cuando lo dejaron presentado seguimos amurándolo".

 El trabajo original de la parte superior fue realizado por los constructores Calcaprina y Dazi. Pero a pesar de su belleza no se terminó y fue desarmado poco tiempo después porque era incómodo para izar la bandera.

 "Terminamos con la plaza en septiembre de 1940, las veredas y todo", agregó Tito. "Las escalinatas del mástil son las originales, lo que se remodeló es la parte de arriba; los canteros de alrededor estaban diseñados para tener agua, pescaditos de colores y una iluminación especial, una especie de fuente, pero temieron por los chicos". "Mientras los electricistas trabajaban con los cables subterráneos estaban los albañiles, fue una gran obra para a época; fue un trabajo lindo, tenia una estética integral, estaba todo diseñado previamente.

 Por su parte, Hugo Larripa nos comentó que al haberle sacado la parte superior de la base, ésta había quedado muy reducida por lo que el mástil oscilaba mucho y se temía que hubiese filtraciones de agua y se cortara. "Mi cuñado, Sixto Boschetti se hizo cargo de la obra de ampliación de la base dándole garantías a la comuna de que no iba a haber más problemas", dijo Larripa.

 El trabajo, que se realizó alrededor de 1945, es el que aún permanece en la actualidad.

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viernes, 27 de diciembre de 2013

Corso con efecto dominó.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 75 - 20/02/07

 Este es un tiempo en el que la fiesta de carnaval pasa totalmente desapercibida en nuestra localidad, aunque hasta hace muy poco se han organizado algunos corsos.

 Si bien es imposible saber con precisión en que fecha se comenzaron a realizar estos festejos en Santa Isabel, hay fotografías tomadas en 1925 que muestran disfrazados y carrozas adornadas para la ocasión. 

 Pero la historia que nos interesa y que se cuenta como verdadera, con algunas variaciones, sucedió mucho más adelante en el tiempo, en un año incierto de fines de la década de 1960 o principio de la de 1970. Era el tiempo en que todavía se jugaba con agua y no solo en los corsos. Cualquier día de carnaval y a cualquier hora se podía llegar a recibir un baldazo de agua. Las guerras entre chicos y chicas, niños, adolescentes y jóvenes - y a veces también entre gente más grande- eran moneda corriente y una sana y alegre manera de divertirse. La serpentina y el papel picado aún seguían siendo los elementos más usados para tirarle a los disfrazados, a las carrozas o al sexo opuesto, y los pomos de plástico para agua, de distintos tamaños y colores, eran el furor. No existía la nieve loca y los globitos recién empezaban a aparecer.

 Luego de su reapertura, el Hospital Miguel Rueda era la institución organizadora de los corsos aunque a veces se lo concedía a alguna otra entidad. También era la propietaria de unos postes cuadrados que, pintados de varios colores, en la parte superior formaba una "V" llena de lamparitas por arriba y por abajo. Esos palos, que sostenían las bocinas para el sonido y llevaban adosados unas chapas circulares con caricaturas pintadas, se colocaban en el centro de la calle formando una avenida por la cual circulaban las carrozas y los automóviles -que pagaban entrada para estar en el corso- en una especie de vuelta del perro sin fin.

 Esa vez se organizó en calle San Martín, desde Santa Fe hasta José Ingenieros. Sobre la calle pavimentada se habían colocado los palos sostenidos en la base por tubos de cemento llenos de arena adonde se los había plantado, tal como era el sistema. Por ellos -5 o 6 por cuadra- pasaban los cables para encender las lámparas y conectar las bocinas. Después de algunas noches de éxito se decidió extender el corso una cuadra más, hasta Paraguay, esta vez en una calle de tierra y con otros postes enterrados en el centro de la calle. 

 Se acercaba un nuevo fin de semana que se perfilaba con muy buen tiempo para concentrar a mucho público en otra noche "carnestolenda", como se decía. Pero el destino fatal quiso que una tardecita calurosa avanzara por José Ingenieros una cosechadora que, al pasar por la esquina de San Martín, enganchó, sin que el conductor se diera cuenta, uno de los cables del corso que cruzaba la bocacalle... Sobrevino el desastre... El primer poste, que estaba sobre la esquina, cayó cerca de la vereda contraria al Club Juventud. Este tiró de los cables y arrastró al segundo, este otro al tercero y así sucesivamente. Una especie de efecto dominó se había activado.

 Se cuenta de señoras que buscaron refugio en el umbral más cercano y que varios parroquianos que estaba disfrutando de un aperitivo en la vereda de un bar de San Martín al 1200 (hoy una heladería) cuando vieron venir la ola de postes dejaron los tragos y vituallas sobre la mesa y corrieron a guarecerse al salón. 

 El efecto solo se detuvo cuando, al llegar a Santa Fe, cayó el último de los postes. No hubo heridos ni mayores daños, pero los organizadores del corso debieron dedicar trabajo extra para levantar todo lo caído contra reloj para brindar otra noche de carnaval. 

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martes, 12 de marzo de 2013

El gaucho Milanesi, un criollo de mi pueblo.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 41 - 05/03/2003 
 Hijo de inmigrantes italianos, nacido en Melincué en 1924, Luis Eduardo Milanesi -el gaucho Mila- continúa apegado a las cosas y costumbres gauchescas que supo cultivar y amar desde niño. Su figura suele aparecer en desfiles gauchescos, domadas, carreras cuadreras o de sortijas y también a la hora de exponer sus trabajos en cuero o de enseñar a ensillar un caballo. Es un baluarte de las tradiciones camperas, raza en extinción, y un personaje singular de Santa Isabel.

En su quinta, donde vive con Dominga, su mujer, nos recibió para contarnos mil anécdotas, creencias populares y mostrarnos sus trabajos artesanales en cuero.
   Usted es un gaucho con apellido italiano.
=Si tengo un apellido gringo, soy un gringo criollo porque soy hijo de italianos.
  ¿De donde le viene esto de las costumbres camperas y lo gauchesco?
= Nosotros nos criamos en el campo, entre el gauchaje. Donde estábamos, agricultura no se hacía, las vacas se criaban bien, se amansaban caballos. A mi viejo siempre le han gustado los animales, y yo me crié entre ellos, en un campo que ahora debe tener 5 metros de agua de la laguna de Melincué, que en esa época estaba cerquita.
  ¿Como era la laguna en ese tiempo?
= Yo no me acuerdo, pero mi padre siempre decía que la cruzaban con el sulky, que era una lagunita nomás. Él la conoció en 1903 y siempre contaba que se empezó a agrandar cuando pasaban con las máquinas trilladoras, esas máquinas viejas con el motor a vapor; y decía que uno de esos motores se enterró y no lo pudieron sacar más, se fue abajo y de ahí se empezó a agrandar la laguna. Esa es la historia que siempre contaban.
  ¿Vivió mucho tiempo en Melincué?
= No, ya en el '29 vinimos a una chacra de Santa Isabel. Ahí había un peón, Don Lucero, que era un gaucho de los verdaderos, yo lo imitaba en las costumbres y con él fui aprendiendo muchas cosas del campo. A los 13 años ya sabía castrar y me vestía como Don Lucero, con bombacha, rastra, alpargatas y llevaba en la cintura un cuchillito que él me había regalado.
  ¿En qué se destaca más?
= Bueno, en un poco de todo. Yo he amansado, porque es lo que me han enseñado. Sobre que me gustaba, a mi viejo también le gustaba amansar los caballos de pecho y de sulky. Tuve unos maestros muy buenos, entonces ahí aprendí. Para amansarlo bien tiene que tener un año y pico; para conocerlo bien, para que vos te colgués del estribo y no se te asuste. Lleva tiempo y hay que tener paciencia y conocimiento, porque al caballo vos le hacés hacer cualquier cosa si querés. Hay muchos que a los ocho días quieren que el caballo se siente en un bar a tomar algo... no puede ser.
Después, con los trabajos en cuero, fui aprendiendo de unos y de otros. Una vez, un viejo no me quería enseñar unas cosas, y yo le decía "enseñame", "no, vení que yo te lo hago". Y era tuerto, pobre hombre; mientras él trabajaba yo le cebaba mate y lo bichaba del lado del ojo que no veía. Y... aprendí.
Las primeras cosas que hice fueron bozales, rebenques, maneas, encimeras, frenos; los aperos para el caballo. Después fui haciendo cosas más trabajadas, con adornos gauchescos.
En eso he trabajado mucho cuando tenía bruselosis y no podía trabajar. También trabajo en los días de lluvia o en invierno, que las noches son largas.
  ¿Qué preparación se le hace al cuero antes de trabajarlo? 
=Hay que sacarle el cuero al animal, puede ser en lonjas que se pelan frescas a cuchillo o entero y cuando está medio queriéndose secar, por lo menos un mes y medio o dos, hay que empezarlo a cortar y sobarlo.
Al cuero vacuno hay que estaquearlo a la sombra, sino se reseca mucho, después a la noche, si hay rocío se le pone una bolsa arriba. En los tiempos de mucha humedad hay que ponerlo bajo techo. Después hay que sobarlo, cuando las lonjas están sobadas ya se puede empezar a trabajar.
El cuero de oveja, ya es más jodido, porque cuando lo ponés a secar, si está amontonado o con humedad se calienta, ese es el que da más trabajo. Al yeguarizo hay que sacarle las lonjas, no más, porque la lonja se prepara para hacer tientos. Pero lo que más se usa es el cuero de vaca.
  ¿Usted vivió siempre en esta quinta?
=No, primero en el campo Rueda, allá fuimos en el año '31. Compramos ahí y después, cuando vino la inundación, en el '73, '74, aguantamos cuatro años y no aguanté más, porque de las 100 hectáreas había una islita nomás. Y me asusté más cuando al tercer día de viento norte se llenaba el campo de agua sin llover, que venía de abajo, por la laguna de Melincué; cavabas una punteada y ya salía el agua. Y era perder cosecha un año, perder cosecha otro año, malvender la vacas, malvender los chanchos...
De ahí compramos un campito frente a la estancia Santa Marta, después lo vendí y compré en La Carlota, un campaso. Y allá, muy bien, me gustaba. De cuatro cosechas, una sola cosechamos, que era el girasol. Al girasol, cuando lo sembramos, valía 12,80, lo cosechamos, sacamos 1.500 quintales, lo vendimos a 5, 80! Una vez le agarró una peste al trigo, otra vuelta sembramos soja, un sojal, le agarró la arrolla cuando ya estaba queriendo largar la chaucha... no sirvió más. Cuando la sembramos, ahí no la conocían, sacaban fotos y todo; y se quedaron con la foto nomás.
Y el último año había sembrado trigo, que ya había empezado a cosechar, habíamos sacado poquito ¡y se vino un tornado!... Las dos y media de la tarde. Mirá, el trigo quedó como una gramillita, alta así, y gracias a Dios que nos salvamos nosotros! Yo nunca había visto un eucalipto, que entre dos no lo abrazabas, arrancarlo de raíz y levantarlo; y a otros los cortaba!
"Mila! Mila! saque la chata de ahí!", me gritaba el puestero. Estaba cerca de una planta, y había un tinglado abierto y lo metí ahí nomás, le puse los frenos y la dejé. ¡La mesa del comedor en contra de la mesa de la cocina, los bancos arriba! "Mila!, cualquier cosa abajo de la mesa, eh".
Al techo no se lo llevó porque eso es como una hectárea de puro monte y la casita al medio. Eso paró un poco el viento, pero le arrancó la rueda con máquina y todo al molino.
  ¿Vivían en esa chacra?
=Ya estábamos acá en la quinta, por ahí iba para allá, o estaba acá. Y después vino un comprador, vos lo veías y no dabas nada, un crotito; sacó un paquete con una bolsita de plástico y ahí tenía la plata. Me la pagó en efectivo sin hacer boleto ni nada. "Deme la mano, no precisa que hagamos boleto ni nada, ni que haya comisionista, venga la otra semana y ya tiene toda la plata", y así lo vendí.
  Además se ha dedicado a los animales...
=A las vacas, más que nada. Ahora tengo ovejas nada más. Los chicos criaron chanchos, yo también crié chanchos pero ahora no, la osamenta ya no me da.
  ¿De curandero tiene algo?
=Y, más o menos... El ardor de las quemaduras, los bichos de los animales y el dolor de muela los puedo curar, por lo menos dicen que se les pasa.
  ¿Será sugestivo o será que Ud. tiene algún poder?
= Y será, no se. Yo no se, porque eso es cosa de Dios nomás.
  ¿Como se curan los animales embichados?
=Se cura por el color del pelo. Se cura con el color rabicano, que entran todos los colores, igual que el cristiano, yo veo uno negro, otro rubio, el color rabicano y a la miércoles.
  ¿Usted dice una oración mencionando el color del pelo?
= Si, claro. Y... por lo menos los bichos de los animales se mueren y el dolor de muela se pasa. Pero yo les digo, si no les pasa el dolor vayan a un dentista, porque puede haber un quiste, o inflamación, yo no estoy para curar eso.
Si veo un animal embichado, aunque no sea mío, yo lo curo igual, de palabra. Otra forma de curarlos es con la pisada; donde está la marca donde pasó el animal embichado la cortás con el cuchillo y la das vuelta y ahí le decís lo que tenés que decirle.
Ahora me enseñaron otra forma de curarlos pero todavía no encontré ningún animal embichado. Me dicen que cuando se termina de curar, los bichos del animal se caen. Mi padre siempre contaba de un vecino que sacaba un poquito de tierra y la tiraba sobre el lomo del animal y como caía la tierra caían los bichos.  
 

  Hay gente que no cree en estas cosas...
=Ah, no. Pero si les toca, después cree, no se... Me acuerdo que fui un día al hospital y sentí un chiquitín que lloraba desesperado. Y no aguanté, "yo voy a preguntar que le pasa", y era una nenita que se había volcado agua caliente. Le digo a la madre "voy a casa (para no errar alguna palabra, porque tengo todo escrito), la curo y vengo de vuelta, vamos a ver que pasa". Vine y la curé, cuando volví dormía, che, tranquila.
  ¿Esto se puede enseñar? 
=Si, a mi me enseñaron, me la dieron escrita, "abrir en noche buena", ahí se puede transmitir. Y hay otros que no se puede enseñar ni en noche buena ni nada. Yo tenía un concuñado que era una barbaridad para curar animales o bichos en el cereal. "Enseñame", le decía, "no, no puedo". "¿Y en noche buena?, "no, no, pierdo el don". La habrá aprendido solo.
  ¿De donde provienen estas creencias? 
= Acá, en la Argentina y en todos lados siempre ha habido, porque mi madre y mi padre, decían que en Italia había curanderos. Mi viejo se clavó una astilla en la panza y los doctores no querían abrirlo para sacarla, entonces fue de un cura. Le dijo "cuando estés abajo de esa planta, te das vuelta y me saludás y después mirate la espina". Lo saludó y cuando miró, la espina estaba afuera, sola había salido! Eso siempre lo contaba.
Y a mi madre, cuando era chica, tenía 11 años, eso en Italia, le iban a cortar la pierna en la rodilla, no sanaba. Entonces, como mi abuela era muy católica, habló con un cura y la mandó a lo de Don Bosco; le hizo una carta y todo. Se fueron en tren. Las hizo dormir en piezas separadas, puerta de por medio y a la madrugada, cuando estaba saliendo el sol, se despierta asustada, se levanta de la cama y sale caminando!... Mi mamá murió a los 87 años y con la pierna bien, son cosas que parece mentira pero que son ciertas.
  ¿Y eso de curar los lotes sembrados?
=Yo a eso no lo hago pero da resultado, si señor.. En Colón había una señora, siempre nos han contado, que cuando había isoca en el lino, porque antes se sembraba mucho lino, ella no las hacía morir, ella miraba y decía, "¿por acá no hay un lote de tierra arada? yo las mando ahí", las mandaba ahí, se morían de hambre y el lino se salvaba. También había gente que curaba la isoca del girasol.
Y están los que dicen que pueden cortar las tormentas...
=Yo, hasta ahora, me tengo fe.
  Pero a esa de La Carlota no la pudo parar!
=No ¡Si cuando la vimos ya estaba encima!
  ¿Y cómo es eso de cortar tormentas?
=Y, una cosa así también. Tenés que decir unas oraciones, hacer unas cruces...
   ¿Y se cortan o no?
=Si, sin ir más lejos, el otro día cuando vino ese viento fuerte, me vi venir a esa tormenta, y bueno, se abrió. Hay que agarrarla a tiempo, porque si la tenés encima ya no podés hacer nada.
Mirá, una vez había ido a una domada en Runciman. Hay m'hijito, venía un tormentón! que hizo daño, todo por ahí. La gente disparaba y digo "yo me le tengo fe que voy a cortar esa tormenta " y todos me miraban. De la cancha de fútbol que hay ahí, salí al campo y la tormenta se abrió. Parece que ella te obedece, se corta donde estás.
  Usted se convence de que eso va a suceder...
=Claro. Ahí, lo que tenés es la fe.
  ¿La gente le pide su ayuda?
= Me lo piden por teléfono, otros vienen.
  Hay quienes viven constantemente detrás de los curanderos...
=Para mi eso no es bueno. Ya se pasan, ir por una recalcadura vaya y pase. Yo no receto nada, si sana así bien, y si no que vayan al médico.
  Usted siempre participa de peñas y desfiles gauchescos... 
= Algunas peñas se han perdido, otras siguen. La nuestra es Refugio de Amistad, tenemos un terreno pero no se por que no siguen los muchachos.
Y a los desfiles siempre voy porque es lindo, porque le hace honor al pueblo y se junta mucha gente para ver.
Además me llaman de las escuelas para mostrar como se ensilla un caballo. Ahora llevo el caballete porque el caballo se me murió, ahí lo tengo enterrado. ¡Criollo sin caballo! Y yo les digo, a los de la peña, "¿por que no le enseñan ustedes?".
  Para terminar, ¿Como se ensilla un caballo?
=Primero hay que agarrar el caballo, ponerle el freno y el bozal, si es arisco tenés que manearlo, para que no te de una patada. Para ensillarlo se pone primero la sudadera, que es una lonita. Después le ponés los mandiles: la carronilla y la carrona de suela. Después tenemos el basto, que va arriba; ahora agarramos la cincha, que tiene los estribos y que viene con la maletita para llevar la botella de vino o de ginebra, se pasa por abajo de la panza y se aprieta. Después viene el pellón, el cojinillo, un cuero de oveja y la sobrecincha, apretando el cojinillo.
Después de andar, cuando se desencilla, hay que lavarle el lomo y abajo, porque está sudado. En los días de frío también, porque si queda el sudor, peor. En verano se le puede tirar unos baldazos, porque si lo largás así se seca el sudor y le sale unos granitos en el cuero.


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