jueves, 20 de agosto de 2026
La tragedia de la estación Esso
martes, 31 de marzo de 2026
Nicolás Pavia. Herrero, carpintero, comerciante e inventor
En las primeras décadas de la vida de Santa Isabel, cuando el espíritu de progreso, el ímpetu y las esperanzas de una nueva localidad motivaba con fuerza a sus habitantes, muchas fueron las figuras que se destacaron; comerciantes, maestros, políticos, deportistas, artistas, funcionarios o personas sobresalientes en cualquier rubro.
Muchas de ellas aparecen plasmadas en las hojas de "Homenaje al pueblo Santa Isabel en su vigésimo quinto Aniversario", aparecido en 1933, en las que se pueden encontrar resúmenes de sus actividades. Y, entre las de los comerciantes aparece la figura de Nicolás Pavía, olvidada por el paso de las décadas pero que traemos a la memoria en esta oportunidad.
Como reza una vieja tarjeta publicitaria, el negocio de Pavia se trataba de "herrería y carpintería mecánica - ferretería - corralón de madera, hierro y carbón - pinturería - depósito de vidrios y varillas para cuadros". Su taller y local de ventas estaba ubicado en la amplia edificación que aún se conserva de Belgrano y Rivadavia, esquina Sur. Posteriormente fue utilizado por un empresario del ladrillo y el transporte de apellido Comuco, por la Cooperativa Unión y Fuerza en sus comienzos, y por Balassone Hnos., entre otros.
Entre tantos materiales provistos por este hombre a hogares, empresas e instituciones de Santa Isabel se pueden destacar, por ejemplo, las chapas premoldeadas que integran el cielorraso y los palcos de la sala de cine y teatro de la Sociedad Italiana, hoy Complejo Cultural Centenario, que también se observan en el falso techo del hall de la edificación.
Integrante de la masonería vernácula, Pavía también era inventor y artesano (posiblemente tallador de maderas para puertas) además de maestro de grandes carpinteros y ebanistas como lo fue Mario Tirelli quien, a su vez, transmitió estos conocimientos a varios de sus empleados aprendices.
No se tienen datos sobre su lugar de origen aunque se supone que, como tantos, era un inmigrante italiano o descendiente. Se instaló en Santa Isabel en 1911 y alrededor de 1942 se mudó Ciudadela, en el gran Buenos Aires, en donde se instaló con su carpintería y trabajó mucho en obras del gobierno. Estaba casado con Anunciata Fedelibus, de un tradicional familia isabelense, con quien tuvo un hijo y dos hijas. Falleció en ese lugar.
Sobre Pavia, el libro mencionado dice, en las páginas 31 y 32, lo siguiente:"No puede faltar la figura de don Nicolás Pavia en esta reseña de los progresos de Santa Isabel porque representa, indiscutiblemente, uno de los elementos más interesantes y ponderados, en razón de haberse dedicado siempre a la realización de iniciativas que, tarde o temprano, darán extraordinario fruto.
Instaló su taller de carpintería, herrería y mecánica en el año 1911.
Su espíritu de observación y de inventiva lo llevó a la preparación de aparatos que en el futuro, cuando sea posible llevarlos a cabo, constituirán la solución de muchos graves problemas económicos.
Uno de esos inventos es el de la máquina para juntar y desgranar maíz, la cual está hecha de una manera que, manejada por una sola persona, realiza la tarea de numerosos hombres, reduciendo personal, tiempo y aumentando la eficacia en el trabajo. Es una máquina que ha de revolucionar la industria en el país, contribuyendo a solucionar la cuestión agraria.
El otro aparato es el gasificador para utilizar combustible barato en los automóviles y que actualmente está perfeccionando, ofreciendo buenas perspectivas de éxito.
También ha ideado una máquina para matar langostas a base de combustible económico. Esta máquina ha sido experimentada con enormes resultados en 1932 y será, indudablemente, la que obtenga mayor éxito en lo sucesivo.
Don Nicolás Pavia merece el apoyo de todos cuantos saben apreciar el real espíritu de iniciativas y de trabajo”.
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| Circa 1930 - Tarjeta publicitaria y de presentación de Nicolás Pavia; herrería y carpintería, corralón de Rivadavia y Belgrano, esquina sur. |
| Imagen de Street View de Rivadavia esquina con Belgrano en septiembre de 2024. |
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miércoles, 4 de febrero de 2026
Francisco Salemme, "el Padre del Pueblo"
Entre tantas voluntades de progreso y prosperidad por un nuevo pueblo recién gestado en la inmensidad de la pampa gringa de principios del siglo XX, varias figuras fueron relevantes en ese proceso inicial de Santa Isabel, siendo una de ellas, sin lugar a dudas, la del italiano Francisco Salemme, conocido popularmente como “El Padre del Pueblo” o, en su versión italiana -idioma muy utilizado en aquellos tiempos- “Il Padre del Popolo”.
Nacido en 1863 en Maierá, Cosenza, provincia de la región de Calabria, Don Francisco emigró a Argentina con el firme propósito, de "hacer la América", expresión que resume el sueño de millones de inmigrantes, mayormente europeos (italianos, españoles, entre otros), que entre finales del siglo XIX y principios del XX cruzaron el Atlántico hacia países como Argentina, Brasil o Estados Unidos, buscando escapar de la pobreza de sus tierras natales y lograr una vida mejor.
Su figura estuvo presente en varios lugares de la región. Aparece como presidente comunal de Elortondo entre los años 1896 y 1897 según se puede observar en "31 - Historia de los pueblos y ciudades del Departamento General López", y también como acopiador de granos en Christophersen.
A poco de fundarse Santa Isabel, el 8 de febrero de 1908, Salemme recaló en el pueblo adquiriendo una chacra y también media manzana situada en su lado más extenso sobre la calle Sarmiento al 1200. Allí construyó un almacén de ramos generales, su vivienda y otras dependencias, edificaciones que en 1948 fueron adquiridas en gran parte por la Cooperativa Unión y Fuerza.
A su prolífica actividad comercial se le añade la política, que lo llevó a ser presidente de la Comuna de Santa Isabel en los períodos de 1911 a 1912, 1914 a 1920, 1924 a 1926 y 1928 a 1930.
Casado con Filomena Biondi, durante todo este proceso de su vida en Argentina realizó algunos viajes a su pueblo natal volviendo con hijos que habían quedado allí.
Se cuenta que la comunidad de Santa Isabel, agradecida por su liderazgo, le realizó un ágape en la Sociedad Italiana como despedida por uno de sus viajes a Italia. Luego de la comida, Don Francisco dirigió unas palabras a los asistentes del evento pero su discurso fue interrumpido cuando su rostro recibió el golpe de un trozo de papa hervida -otros dicen que de miga de pan- que, a modo de broma, voló desde un punto indeterminado del salón generando su frase más célebre: "¡ma!, ¿chi mi ha lanciato il papaso?!!" (pero ¿quién me tiró el papaso?) y el momento más hilarante de la reunión.
Una excentricidad para la época y el lugar es que no manejaba su automóvil, tenía un chofer que lo llevaba a todos lados, no solo porque no sabía manejar sino también porque su nivel económico se lo permitía.
Falleció producto de "síncope cardíaco", según los registros del cementerio local, a los 67 años, el día 28 de abril de 1930.
Su personalidad le valió una página en la publicación de 1933 “Homenaje al pueblo Santa Isabel en su vigésimo quinto Aniversario” con el siguiente texto:
"Don Francisco Salemme, fundador de la casa de ramos generales que hoy existe bajo el rubro de Salemme Hermanos actuó en la comuna de Santa Isabel durante quince años y por sus condiciones de carácter, por su dedicación al cargo de presidente que desempeñara, se le mencionaba siempre cariñosamente como “el padre del pueblo”.
Cuando en el gobierno de Ignacio Crespo se dio autonomía a este distrito que antes dependía de la jurisdicción de Carmen formóse una comisión provisoria, la cual estaba compuesta de tres miembros y la integraban los señores Francisco Salemme, Domingo Carricart y Santiago Raimondi.
A poco que se ahonde en el desenvolvimiento de la labor constructiva desarrollada por don Francisco Salemme, a poco que se examine su vida pública, que aparece documentada en los libros comunales, se llega al convencimiento de que representó un valor imprescindible para la colectividad, porque fue siempre factor de progreso, porque fue elemento decidido, consejero discreto, de esos que encausan un pueblo.
La documentación oficial lo puntualiza y el recuerdo de los vecinos que conocieron su actuación, lo ratifica. Don Francisco Salemme actuó decidido y enérgico al frente de la comuna de Santa Isabel, con la sola preocupación de ser útil al núcleo que él consideraba su pueblo, su familia misma.
Todos sus actos han tenido esa noble característica, es decir, su empeño en trabajar por el progreso de Santa Isabel, su actividad nunca desmentida.
Como presidente de la comisión de fomento, don Francisco Salemme supo compenetrarse de las necesidades y aspiraciones de su pueblo, interpretándolas con acierto para convertirlas en halagadoras realidades, sin omitir sacrificios, ni aún los de carácter personal.
Dedicó todas sus energías a defender en la forma que le fue posible, con verdadero entusiasmo y siempre con buena fe, los interesas confiados a su custodia, siendo uno de los esforzados luchadores que cooperaron a la formación de este pueblo. La casa de comercio que fundara, la dirigen hoy sus hijos, los señores Domingo, Luis y Vicente Salemme".
Es interesante, además, lo que se publicó en el periódico "Cañás" de la vecina localidad de Villa Cañás, en el obituario que aparecido tras su muerte. El texto está extraído de una hoja ajada e incompleta por lo que hay algunos faltantes. Esta es la transcripción del mismo en forma fiel:
"Honda pena ha causado en los círculos comerciales donde actuó la inesperada desaparición de Don Francisco Salemme.Italiano de origen, fue el extinto un ponderado factor que contribuyó en las esferas de sus conocimientos y con el entusiasmo y dedicación de los que tienen gran afecto al país, a los adelantos generales, asociando personalmente a cuanta iniciativa de progreso solicitara su ponderación.Hombre de negocios, activo y experto, con iniciativas que han de recordarse siempre como el mejor elogio de su… …y esfuerzos correspondiéndole… …odo intervenir en todas las es… …entusiasmo y la fe, de quien… …en el porvenir la mejor recompensa.De cualidades caballerescas poco comunes, hombre de espíritu afable que siempre propulsaron propósitos nobles y generosos sentimientos, que reveló en cada circunstancia y en modo preferente en las instituciones bienhechoras a que prestó el calor de su apoyo y el estímulo de su perseverancia.Nacido en Maierá, centro de la Italia llegó en nuestro país el año 1877 en Rosario, de donde después de varios viajes a Europa el año 1891 se estableció con casa de negocio en Elortondo no tardó allí en vincularse, fundando y organizando la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos cuya presidencia ocupó por varios años.Fue electo Presidente de la Comisión de Fomento del mismo pueblo Elortondo desarrollando entonces una intensa y proficua labor, iniciando la construcción del cementerio local.Al delinearse el pueblo de Santa Isabel, fue el señor Salemme uno de los primeros pobladores entregándose de lleno con renovado entusiasmo y viril energía… …un pueblo importante.Entre las tantas iniciativas y siendo patriota ardiente, inició y fundó en esta la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos ocupando casi siempre la presidencia.Por su mérito de hombre significado, el gobierno de la Provincia lo designó primer Presidente de la Comisión de Fomento de Santa Isabel, una vez sancionada la Ley de la Comisión de Fomento siempre por mayoría de votos siguió ocupando la presidencia por más de quince años, tiempo necesario para engrandecer el pueblo.En su último viaje a europa el año 1920, hizo fundir y trajo una campana que obsequió en nombre de su esposa a la Iglesia local; al regresar de su país natal trajo un hermoso juego de banderas de seda que obsequió a la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos.Su fallecimiento ha sido profundamente lamentado en el vasto círculo de su relación, así como por todos aquellos que tuvieron oportunidad de frecuentar su trato.Esposo cariñoso y ejemplar, formó un hogar respetable, donde el ejemplo de sus correctos procederes ha de servir de guía para los suyos.SEPELIOA una elocuente demostración de duelo dio lugar el sepelio el lunes 28 de Abril a las 10 horas, desde las primeras horas de la mañana el comercio en general que cerró sus puertas en señal de duelo se estacionaba ante la casa mortuoria, en donde llegaban representaciones de todas partes, la que se distinguía la sociedad italiana local con sus banderas enlutadas, a la salida del cortejo fúnebre la banda de música de Elortondo entonaba marcha fúnebre acompañando el cadáver que fue transportando a pulso hasta el interior del salón de la saciedad italiana donde le rindió homenaje póstume con un vibrante discurso el secretario de la misma señor Carlos De Agostini; siempre cresciendo la multitud de gente siguió el cortejo fúnebre hasta la iglesia parroquial que se ofició una solemne misa cantada por el eterno descanso. Bajo una densa lluvia siguió el acompañamiento hasta el cementerio local donde hize uso de la palabra el señor Severo Cabanillas".
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martes, 9 de diciembre de 2025
La masonería en Santa Isabel
No se conoce a ciencia cierta cuándo y dónde se inició la masonería, pero sí se sabe que está íntimamente ligada a la historia de constructores, arquitectos y albañiles de la antigüedad. En 1717, cuatro logias de Londres formaron la primera institución formal que regiría a la fraternidad en lo sucesivo. A lo largo de su historia se formaron distintas asociaciones y organizaciones que se han caracterizado por adoptar el principio de la fraternidad mutua entre sus miembros.
En nuestro país ocupó un gran lugar en su historia. Presidentes de la Nación y Vicepresidentes formaron parte de ella: Rivadavia, Urquiza, Derqui, Mitre, Sarmiento, Juárez Celman, Pellegrini, Quintana, Figueroa Alcorta, R. Sáenz Peña, De la Plaza, Irigoyen, Justo, Del Carril, Pedernera, Alsina, Madero, Quirno Costa, Domingo T. Pérez, Del Pino y Villanueva. José de San Martín, Manuel Belgrano y Vicente López y Planes fueron masones.
En Santa Isabel existió, entre 1925 y 1935 aproximadamente, un movimiento de este tipo con una pequeña cantidad de integrantes los cuales se llamaban Masones. Su lugar de reunión era un sótano de unos 8 m² ubicado sobre Av. Santa Fe al 1200, entre lo que hoy es el Hotel Central y el playón de la estación de servicio vecina. Algunos de sus integrantes estaban vinculados a la construcción, siendo algunos de ellos los que estuvieron ligados o hicieron las principales edificaciones de los primeros tiempos. También algunos de ellos estaban vinculados al comercio, especialmente de cereales.
Algunos de los posibles hombres que participaron de esta logia -no existe evidencia pero sí relatos orales- serían Antonio Zorzi (empresario fúnebre, vecino del sótano de las reuniones), Dante Pellegrini (cerealista y, anteriormente, constructor), Esteban Maglione (propietario del centro de reunión masónica), Dr. Juan Carrillo (médico del pueblo), Nicolás Pavia (taller mecánico de carpintería, metalúrgica y fábrica de implementos agrícolas; fue quien revistió el sótano con madera e hizo una gran escalera junto a su aprendiz Mario Tirelli), Juan Dazi (costructor), Juan Di Batista (comisionista de aves y huevos. Seguros y nafta), Nicolás Mateljan (cerealista), Santiago Raimondi (miembro de la primer Comisión de Fomento, productor agropecuario) y Antolín Pintado (empresario, dueño del cine teatro Dante, pintor del techo del sótano con signos similares a los ritos masónicos).
Si bien históricamente la Iglesia Católica mantuvo confrontaciones con la masonería, en Santa Isabel la mayoría de sus miembros profesaban esta religión y algunos de ellos hasta contribuían con la iglesia local.
miércoles, 22 de noviembre de 2023
El Cadete tenía razón
Por Norberto Oscar Dall’Occhio
Aquella fría mañana de invierno no había reparto de cigarrillos a los boliches y por lo tanto tenía que estar detrás del mostrador atendiendo a los clientes que venían al negocio. Al Cadete esa tarea no le resultaba del todo agradable por el formalismo que le exigían para atender a los clientes y por los distintos trabajos de limpieza que diariamente había que realizar. Él prefería la vida al aire libre, la libertad que le brindaba la Bicicleta de Reparto. Sí… la Bicicleta de Reparto escrito con mayúscula, porque era el valioso medio de transporte que usaba diariamente para recorrer los lugares más apartados del centro del pueblo, llevando diarios y revistas a domicilio, a veces en días lluviosos y con calles barrosas e intransitables. Además, se encargada de distribuir cajas de cigarrillos en los boliches más alejados del centro y de buscar los atados de diarios que venían de la Capital Federal y de Rosario en la parada del colectivo La Verde frente al Hotel Central. También tenía que retirar los paquetes de revistas y diarios que venían de Buenos Aires y se entregaban en la Estación del Ferrocarril y en las oficinas del Correo local.
Al
Cadete le encantaba charlar amigablemente con los clientes y con la
gente del lugar sobre diversos temas, enterarse de alguna novedad,
escuchar un buen consejo de parte de las personas mayores y a veces
aceptaba tomar un mate con algún cliente. Como adolescente, le
entusiasmaba transitar ese variado ambiente pueblerino, fuera de las
cuatro paredes de un negocio, vivir la realidad de la calle, que
seguramente lo ayudaría a conformar su personalidad y lo prepararía
para enfrentar mejor su futuro, buscando un nuevo horizonte con sus
permanentes inquietudes, dentro de ese pequeño mundo donde le
tocaba vivir.
Serían alrededor de las once de ese sábado,
cuando apareció en el negocio un apuesto joven que lucía botas de un
brillo reluciente, elegantemente vestido con un impecable saco sport.
Cuando lo atendió, el señor le preguntó si vendían discos para
escuchar música. El Cadete le explicó que no tenían discos, pero que
si lo deseaba, se podía hacer un pedido a Rosario. Su tío se dio
cuenta que era un forastero, se acercó y continuó la conversación para
sugerirle alguna otra alternativa. Mientras charlaban su tío y el
caballero, el Cadete se aproximó a la vidriera del negocio para mirar
el llamativo coche que el cliente había dejado estacionado. Era un
ampuloso Cadillac y en el asiento delantero estaba sentada una
hermosa dama de cabello platinado.
Su prima también se acercó para ver el atractivo vehículo, pero el Cadete fijó su mirada en la dama. ¡Pero esa mujer que está en el coche es Elina Colomer!, dijo asombrado, a lo que su prima le contestó de inmediato: ¡no imposible… cómo puede ser Elina Colomer!
Mirá,
le respondió el Cadete mostrando una revista Radiolandia que estaba
en exhibición en un estante: ¡y ella está en la tapa! Su prima observó
la tapa de la publicación, dudó un momento y le contestó: para mí es
una mujer parecida… pero no se trata de Elina Colomer.
Al
mediodía su tío cerró el negocio y el Cadete se fue a su casa a
almorzar. Durante la comida comentó lo sucedido. Estaban presentes
sus padres y sus dos hermanas. Cuando escucharon el relato,todos a
unísono dijeron: nooo… no puede ser, cómo Elina Colomer va venir a Santa
Isabel… a vos te habrá parecido… debe ser otra persona…
La afirmación del Cadete no convenció a sus familiares, a pesar de la firmeza de sus palabras y de los ejemplos que dio.
Terminado
el almuerzo, el Cadete cruzó la calle y entró al Club Belgrano. Allí
en el bar, donde estaba reunida la barra de amigos, era un lugar
propicio para comentar lo sucedido durante la mañana y buscar apoyo a
sus afirmaciones. Los muchachos lo escucharon con atención. Uno por
uno, le contestaron casi lo mismo que su familia: "te habrá parecido
que era Elina Colomer" o "debe ser alguna mujer con cierto perfil
de la famosa actriz". Además, uno de los integrantes de la rueda de
amigos agregó: "el hombre es probable que sea algún estanciero de la
región que estuvo de paso por Santa Isabel y su linda acompañante
tiene cierto parecido a la artista". Y ahí se acabó en tema. Los
muchachos de la barra pidieron un naipe al conserje y se pusieron a
jugar a las cartas… ¡Otro fracaso para el Cadete!
Ante
el escaso eco encontrado en el ámbito familiar, entre sus amigos y
otras personas del pueblo que habitualmente frecuentaba, a las
cuales les repetía la anécdota, el Cadete se sintió defraudado ya que,
puesto como testigo, no tenía capacidad para convencer a la gente de
sus cualidades de ser un buen observador y un buen fisonomista.
Pero a los pocos días, sorpresivamente para él, ocurrió algo inesperado. En el pueblo empezó a correr la noticia de que en Villa Cañás, en la Estancia de Díaz, había pasado un fin de semana la actriz Elina Colomer. El Cadete, ante semejante información sacó pecho, se puso contento y se sintió reconfortado. Pensó para sí mismo: "¡yo tenía razón!", todo lo que vi con mis propios ojos era muy cierto y no me creyeron".
Pero
en su interesante narración omitió algo muy importante. Resultó que a
pesar de confirmarse la veracidad de su relato, a la afirmación del
Cadete le faltó agregar un dato que luego sería muy relevante. El
elegante joven que él atendió en el negocio de su tío, era nada más y
nada menos que Juan Duarte, hermano de Evita y Secretario Privado de
Juan Domingo Perón, en ese momento Presidente de la Nación.
Elina Colomer: https://es.wikipedia.org/wiki/Elina_Colomer
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viernes, 17 de noviembre de 2023
Las viandas del Hotel Central, la fábrica de hielo y el sueño de la heladera propia
Por Norberto Oscar Dall´Occhio
El envío a domicilio de viandas portátiles era un hecho muy común en la década de 1940. Este servicio estaba a cargo del Hotel Central, cuyos dueños en esos momentos eran los señores Dafara y Aurelio.
El repartidor del Hotel, al mediodía llevaba el pedido del cliente en cacerolas enlozadas superpuestas en forma vertical sostenidas desde la base con un armazón de metal que terminaba con una manija. Algunas horas más tarde las pasaba a retirar.
En los días de mucho frío había familias que esperaban ansiosas esas exquisitas comidas bien calentitas, gracias a unas brasas encendidas colocadas en la base de la vianda. El menú habitual estaba conformado por ricas sopas, polenta con estofado, guiso de arroz y puchero criollo, entre los platos preparados por los excelentes cocineros del Hotel.
Por la calidad de las comidas elaboradas, era común en la zona que muchos viajantes de comercio que visitaban en coche los pueblos, a la hora de comer, se trasladaran a Santa Isabel para almorzar o cenar en el restaurante del Hotel Central.Tal era la fama bien ganada que supo conseguir este rincón isabelense.
El servicio de viandas duró hasta mediados de la década de 1940 pues un golpe de suerte les cambió la vida a Dafara y Aurelio. En diciembre de 1944 tuvieron la fortuna de poseer un décimo de la Lotería de la provincia de Sante Fe con el número 11.880, que correspondió al primer premio del sorteo del Gordo de Navidad y se convirtieron en nuevos ricos junto con otras personas de Santa Isabel que poseían los nueve billetes restantes, vendidos por la Agencia de Lotería de Santiago Lorenzatti, ubicada en la esquina de Sarmiento y General López.
Más adelante los afortunados, Dafara y Aurelio, vendieron el Hotel, se fueron del pueblo y tomaron otros rumbos.
En 1948 el Hotel fue comprado por la familia Bassignani.
Y ahora pasemos a otro tema. Justamente al lado del Hotel Central, en San Martín 1236, existía en aquel entonces en Santa Isabel una fábrica muy importante que tomaba gran impulso en la época estival. Se trataba de la fábrica de hielo de la familia Raimundi, a cargo de Santiago Raimundi, quien entre 1943 y 1947 fue presidente de la Comuna.
Muchos recuerdan esa época en la década de 1940, en la que prácticamente casi ninguna familia poseía heladera en su casa. Solamente se podían encontrar en algunos bares y carnicerías. Por lo tanto tener una heladera en casa era un lujo. Aparecieron algunas que funcionaban a kerosene, aunque eran casi una rareza. La novedad surgió en la década de 1950 con la aparición de la famosa Heladera Siam y entonces sí, algunos pudieron comprarla. Para muchos hogares fue un deseo que se convirtió en una realidad, a veces con mucho sacrificio familiar.
En Santa Isabel también surgieron ciertas inquietudes empresariales con la intención de fabricar localmente heladeras con la marca Santbel, según comentarios de la Revista Acercar a la Gente, ejemplar número 40 del año 2002.
Dentro de esta época de las décadas de 1940 y 1950 tenemos que agregar el gran problema surgido por la falta de electricidad en el pueblo a fines de 1949 y principios de 1950, situación que duró hasta 1955, que lógicamente afectó el uso de las heladeras existentes.
Esta situación generó una gran demanda de barras de hielo fabricadas en el pueblo o en localidades vecinas, destinadas a toda clase de eventos sociales como bailes, casamientos, banquetes, festejos y reuniones importantes en las cuales era habitual encontrar grandes fuentones de metal que contenían distintas bebidas, cubiertos con hielo trozado, tapados a veces con una arpillera mojada para mantener frescas las botellas.
En la fábrica de Raimundi, durante las fiestas de fin de año era común ver gente haciendo cola para comprar un cuarto (generalmente para uso familiar) o media barra de hielo, que había que romper con un martillo para obtener trozos más chicos.
La fábrica dejó de funcionar en la década de 1960, época en la que se extendió el uso de la heladera en la mayoría de los hogares y, felizmente, se logró concretar, en muchos casos con gran sacrificio como dijimos antes, un sueño familiar.
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miércoles, 20 de julio de 2016
Gelato fatto in casa - Primeros heladeros
Durante los veranos de finales de la década de 1930 y comienzos de la década de 1940 era habitual la presencia en las calles del pueblo de los heladeros ambulantes.
Eran personajes especiales, quienes totalmente vestidos de blanco, incluido el gorro -a pesar del rigor del calor y en plena siesta-, recorrían las desiertas y polvorientas calles montados sobre un triciclo con sombrilla o empujando con las manos un carrito con capota ofreciendo helados artesanales. Como decían algunos italianos “gelato fatto in casa”.
Mucha gente estaba en plena siesta pueblerina, cuando a eso de las tres de la tarde empezaba a sonar el cornetín que anunciaba la próxima presencia del heladero frente a su domicilio.
Especialmente los chicos tenían un oído muy agudo para escuchar a la distancia el sonido del cornetín. Eso sucedía porque era muy común que los padres le prometieran un helado a los pibes si se portaban bien. Pero las personas mayores no se quedaban a la zaga. También lo esperaban ansiosamente para saborear esos ricos y refrescantes helados.
Los gustos para elegir eran solamente tres: crema, chocolate y limón.
Era interesante ver el ritual previo a la consumición. Con una señal, el heladero se detenía frente a la casa. De inmediato levantaba la tapa del carrito y preguntaba de qué gusto querían el helado. Entonces sacaba un molde rectangular de metal colocando una oblea en la base. Lo llenaba de helado y al final le ponía otra oblea. Es decir armaba un sandwich. A continuación oprimía un botón y un resorte hacía saltar automáticamente el emparedado. Lo rodeaba con un pequeño trozo de papel blanco, lo entregaba al interesado y a partir de allí empezaba un festín que alegraba el paladar del cliente. También si la persona se lo pedía le servía el helado en un vasito de oblea acompañado con una cucharita de madera.
En Santa Isabel había dos heladeros callejeros. Uno de ellos era Mario Miculán, que poseía un triciclo. El otro era Villalba, quién lo realizaba en un carrito de dos ruedas impulsado manualmente por él.
Más adelante este sistema de venta callejera dejó de funcionar. Por razones de salubridad, en la venta ambulante sólo se podían ofrecer helados con envases especiales. Los helados de marca no existían. En aquella época las heladerías solamente trabajaban durante los meses de verano.
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domingo, 17 de julio de 2016
Construcción Hormiga. Cómo hicieron el "Cine de Nereo".
Juan Amadío nos cuenta detalles de la construcción de parte del "Cine de Nereo" en la que trabajó durante años.
Cuando finalizaba la década de 1960, en Gral. López al 1000 se comenzó a levantar una monumental obra destinada a ser un cine con características inusuales para nuestra zona, al mejor estilo de las grandes salas de Capital Federal. Por diversas circunstancias, unos 10 años después se detuvo definitivamente. Un protagonista importante en la construcción del gran salón, que iba a alojar a más de mil espectadores ha sido Juan Amadío (65), integrante de una familia de constructores de nuestra localidad. Las características con que llevó a cabo el trabajo son una de las curiosidades de este relato.
¿El propietario, Nereo Ansaloni, lo contrató desde el principio de la obra?
= No, la parte del frente la hizo antes otra empresa. Yo trabajé en el salón. Era algo nuevo para Santa Isabel, porque nunca se había hecho una cosa así. Por ejemplo, los cimientos, que son de 3 metros de profundidad.
¿Cómo hicieron los cimientos?
= Creo que empezamos en el '71. Primero le pasaron, con el tractor, una pala de arrastre, y después todo a pala. Éramos unas seis personas trabajando en esa parte. Después empezamos a levantar pared desde abajo, que en la parte del escenario, donde iban a ser los camarines, es de 85 cms. de ancho porque tiene, en un hueco de 10 cm., hormigón con hidrófugo.
¿Cuáles son las medidas del escenario?
= Unos 20 mts. de ancho, que es la boca, de pared a pared, y unos 7 de fondo. Para hacer la viga de la boca, vino un cementista, yo le ayudaba. Se necesitaron más de 100 bolsas de cemento.
¿Usted levantó las paredes?
= Cuando estaban a unos 3 mts. de altura, junto con tres empleados, empezamos a trabajarlas. Cuando empecé a ir más arriba me quedé con un solo empleado, Ramón País, que hacía la mezcla y me subía los baldes y los ladrillos. Se fueron yendo los otros, porque nadie quería subir, y así llegué a los 18 mts. Muchos vinieron a pedir trabajo, pero cuando sabían que tenían que trabajar tan alto, se iban
¿Intervino algún arquitecto o ingeniero?
= Creo que fue ideado por un arquitecto, yo planos nunca vi, así que después fue todo ideado por Ansaloni.
Todas esas paredes tienen columnas, en la parte interna, y encadenado.
¿Cuántos ladrillos se usaron?
= Según mi cálculo he puesto en esas paredes cerca de 300.000 ladrillos. Y de cemento se usaron más de 4.000 bolsas. Además había que apagar la cal en un pozo que habíamos hecho al medio.
¿Con qué sistema trabajó en las alturas?
= Tenía andamios de caño, con los que podés elevarte muchísimos metros. Para desarmarlos me venía a ayudar una persona que se animaba a subir. Además teníamos armado andamios del lado de adentro también. A los ladrillos los subíamos con un balde y una soga.
Por eso la obra no acababa nunca...
= Estuve trabajando en eso durante cuatro años. A la mañana subíamos ladrillos, unos 700 a 800. A la tarde los ponía, solamente subíamos la mezcla.
Además, ibamos cargando con cemento las columnas y cada tres metros había que hacer las vigas del encadenado.
¿En ese tiempo no había otra técnica de construcción?
= Si! En esa época había empresas con otro tipo de tecnología, pero Nereo decía que no tenía apuros, así que lo hicimos entre dos. Yo lo hacía porque ganaba bien en ese trabajo, pero después ya fue un capricho el que tenía, el de hacerlo.
Un trabajo de hormigas. Algo aburridor...
= Es cierto. El progreso de la obra no se notaba mucho, pero a mi me gustaba hacerlo.
¿En qué año terminó el trabajo?
= En 1977, porque al año siguiente fuimos a remodelar el otro cine, en la Sociedad Italiana. Después pusieron los techos de chapa y más tarde paró la obra, en ese momento yo estaba revocando las paredes de adentro, está casi todo con revoque grueso. No se le iba a hacer revoque fino porque eso iba a estar cubierto con una tela especial para el sonido.
¿Qué otras características iba a tener el cine una vez finalizado?
= Cielorraso de madera, piso parquet escalonado con unos 7 cms. de diferencia. En cada nivel iba a poner una fila de butacas y en los pasillos, los escalones iban a tener unas pequeñas luces en el frente para no tropezar en la oscuridad. Una cosa impresionante.
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miércoles, 30 de diciembre de 2015
El Gordo de Navidad
Por
Norberto Oscar Dall’Occhio
Se acercaban las fiestas de fin de año y comenzaban los preparativos para su festejo, aunque fuera de manera muy modesta. La Comuna en esos momentos era presidida por Santiago Raimondi. El país tenía un presidente de facto, el general Edelmiro J. Farrell, quien de
alguna manera facilitó la carrera política del entonces coronel Juan Domingo
Perón, que llegó a ocupar varios puestos claves en el Poder
Ejecutivo. Es decir, a partir de los
cargos que desempeñaba en el Gobierno, Perón comienza a lanzar una corriente de pensamiento de carácter nacional y popular
de enorme gravitación en el país,
cuyos principios básicos aún
hoy tienen plena vigencia en nuestra vida política.
En lo deportivo Juventud Unida continuaba festejando
el título obtenido en el campeonato de la Liga Venadense de Fútbol y
Boca Juniors hacía lo mismo con
otro campeonato logrado en el fútbol profesional.
En
el orden internacional proseguía la
Segunda Guerra Mundial. Debido al conflicto bélico la Argentina no podía exportar a Europa su producción
agrícola y se habían acumulado varias
cosechas de maíz sin vender. Había falta de insumos importados de
todo tipo. Una difícil situación para el país con la consiguiente repercusión en la vida social
y económica de toda
la población.
A pesar de esas penurias económicas la vida
continuaba. Así llegamos al viernes 22 de diciembre de 1944. Para la
gente de Santa Isabel no fue un día más. Al mediodía de esa calurosa
jornada de verano un hecho inesperado conmocionó el pueblo. En
el sorteo del Gordo de Navidad de la
Lotería Nacional realizado en la Capital Federal (se transmitía por radio) había salido con el primer premio el número 11.880. Los
diez décimos correspondientes a la Lotería de Santa Fe -que jugaba junto con la Nacional- fueron vendidos por la Agencia de Lotería de
Santiago Lorenzatti, ubicada en la esquina
de General López y Sarmiento.
Resultaron varias las personas del pueblo que gracias a un golpe de suerte, el número
11.880 les cambió la vida. Entre los favorecidos estaban
José Costas, el médico Alfredo Horsman, Juan Benso, Emilio Fontana, los dueños del Hotel Central: Aurelio y Dafara, quienes le habían dado participación en el billete a Felice y a Negri. Otros
ganadores fueron dos productores agropecuarios: Millet y
Juan Paganini y también un almacenero español al que algunos lo llamaban “Yesca”, que tenía su negocio ubicado "atrás de la vía".
La
noticia corrió como reguero de pólvora por la zona y en el pueblo había comentarios de todo tipo, desde
aquéllos que decían que habían tenido el
billete en sus manos y lo cambiaron por otro número hasta los que vieron el billete colgado en la
vidriera y no pudieron adquirirlo porque no tenían plata en ese momento. Abundaban muchas
anécdotas y por supuesto aparecían las especulaciones acerca de
qué harían los nuevos ricos
con tanto dinero.
Entre
las anécdotas había una muy llamativa. El día del sorteo del Gordo de Navidad el agenciero Lorenzatti
estaba preocupado porque se acercaba el mediodía y aún tenía sin vender varios billetes incluido dos décimos del 11.880. A fin de colocarlos se dirigió a la casa de los hermanos Rossi
ubicada en la esquina de 25 de Mayo y General López. Allí les ofreció dos billetes con el número 11.880 a los dueños de casa y luego del consabido
parloteo logró convencer a uno de
ellos y se los dejó. Lorenzatti tomó el camino del retorno y cuando había hecho una cuadra por General
López sorpresivamente se acercó
corriendo uno de los Rossi para
decirle que sus hermanos no querían ese número porque no
les gustaba y pidió que se lo cambiara por otro billete. El agenciero hizo el
cambio y se dirigió directamente
al consultorio del Dr. Alfredo Horsmann,
que alquilaba la casa ubicada en General López 1323. El médico le dijo que no
quería comprarlos pues no tenía dinero. Por la inminencia del comienzo del
sorteo y antes de quedarse con lo que consideraba "un clavo", Lorenzatti muy desesperado le puso los dos décimos del
número 11.880 doblados en el bolsillito de arriba del saco y le dijo: "Doctor, después me los paga". Cosas del
destino.
Las
malas lenguas dicen que los hermanos Rossi estuvieron tres días seguidos con hielo en la
cabeza. No es para menos. El azar les jugó una mala pasada.
Algunos
vecinos recuerdan que la esposa de Juan Benso,
al enterarse por boca de un joven que llegó corriendo a su
domicilio y muy agitado le
informó que había ganado la Grande, con una alegría incontenible, espontáneamente salió presurosa de su casa y comenzó a correr por las calles
del pueblo gritando ¡¡¡sooomos riiiicoos¡¡¡. Dicen que al joven que le trajo la buena nueva luego le regalaron un traje a medida. Benso
explotaba la cancha de pelota a paleta ubicada en Belgrano y Francia y
allí vivía con su familia. Después la explotación de la cancha pasó a manos de Valentín "Valengo"” Romero (jugador de Juventud
Unida).
¿Y
qué destino le dieron los
afortunados ganadores al dinero? Por
ejemplo, don José Costas compró más de
cien hectáreas de campo pertenecientes a Victorio Dedominici. La chacra estaba
ubicada cercana al pueblo, en el sector oeste. Por su parte Juan Benso
adquirió un camión de transporte y una vivienda. Más adelante formó parte de una sociedad propietaria del
"Frigorífico Santa Isabel". Juan Paganini se convirtió en empresario y años después se asoció con Abelino De Dios de Villa
Cañás y con Francisco Farrando. La
sociedad adquirió a Angel Ferro las
instalaciones del antiguo molino harinero de la
calle General López y Rivadavia.
Cabe
aclarar que en aquella época no
existía en el país el cúmulo y la
diversidad de juegos de azar como ocurre
en la actualidad. Por lo tanto el sorteo
del Gordo de Navidad era muy esperado
por la población en todo el territorio argentino y creaba una enorme expectativa en la
gente que aguardaba ansiosa el sorteo, con la
esperanza de "salir de pobres", como decían algunos.
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