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domingo, 12 de noviembre de 2023

Los carnavales de antaño

Por Norberto Oscar Dall’Occhio

 En los corsos que  se desarrollaban en Santa Isabel  en los finales de la década de 1930 y principios de 1940 abundaba el juego con serpentinas y papel picado. Hay recuerdos de mucha gente sobre la abundancia  del uso  de esos  elementos compuestos de papel. En las calles, que eran de tierra, la gente que iba en adornadas carrozas o  que estaba sentadas en  los coches que desfilaban, generalmente descapotados, lanzaban serpentinas al público que estaba de pie al costado de la acera o ubicadas en adornados palcos que preparaban los vecinos. 

 Abundaba  un amable y delicado intercambio de serpentinas entre gente conocida. Ese entrecruzamiento de cintas suspendidas en el aire, con el agregado de las numerosas luces que iluminaban la calle, se convertía en un hermoso espectáculo mirándolo a la distancia. El juego con papel picado resultaba más directo y a menor distancia y generalmente se tiraba sobre el cabello. Durante el corso el juego era de tal magnitud que tanto las calles como las veredas quedaban alfombradas con el tono multicolor de las serpentinas y del papel picado. Al día  siguiente del corso los trabajadores contratados por la Comuna se veían obligados a utilizar horquillas y rastrillos para limpiar sos enormes colchones de papeles esparcidos en las calles, amontonarlos y finalmente quemarlos. Con respecto al papel picado también quedaban alfombradas las veredas. Los trabajadores las barrían, las recogían con una pala,  las colocaban en una carretilla, hacían una especie de parva y luego les prendían fuego. Los juegos con papel fueron disminuyendo a partir de la década de 1940 debido a la escasez de ese material con motivo de la Segunda Guerra Mundial.

 También debemos mencionar los juegos con agua, que en muchos casos resultaban peligrosos debido a los abusos de  algunas personas por la exageración o  por  violencia  con que los hacían. A fines de la década del '30 ocurrió un hecho censurable en el cual intervino la policía. En un corso que se desarrollaba en la calle Belgrano al 1100, entre Mitre y Sarmiento, el señor Otamendi tenía una carnicería y para festejar el carnaval se le ocurrió utilizar la manguera que usaba para limpiar y baldear su negocio, para lanzar agua a raudales contra  la gente que pasaba frente a su casa, en algunos casos “bañándola” totalmente. La reacción del público fue inmediata y el responsable terminó en la comisaría.  Durante el corso estaba prohibida la utilización de baldes o jeringas. Sólo se permitía el uso  de lanza perfumes o pomos. Cabe acotar que durante el día, en las tres jornadas de carnaval, chicos y  jóvenes  solían jugar con agua en las calles del pueblo y a veces lo hacían mediante la utilización de baldes, globos, jeringas, botellas o palanganas.

 Los corsos se iniciaban alrededor de las 21:00 y duraban hasta las 24:00. El comienzo y la culminación del corso se hacía mediante el lanzamiento de bombas de estruendo. A su término se iniciaba el Baile de Carnaval con la actuación de alguna orquesta de la zona, que tenía lugar generalmente en las instalaciones del  Prado Español o en la Sociedad Italiana y se extendía hasta las tres de la madrugada. 

 En  algunas ocasiones como cierre del carnaval se armaba un enorme muñeco con trapos, cartones, arpilleras y maderas, en homenaje al Rey Momo. El muñeco se quemaba y sólo quedaban cenizas. Era el símbolo de que el carnaval y la fiesta habían culminado, con la esperanza de que al año siguiente se repitieran los festejos y volvieran la alegría, los disfraces, la sonoridad y las luces de los corsos y los bailes.

Los corsos generalmente se realizaban en las calle Mitre, San Martín, General López  o Belgrano, con un trayecto de dos cuadras.En la parte intermedia del recorrido, en coincidencia  con el cruce de calles, se instalaba el palco oficial. Desde allí el locutor animaba esta fiesta de color, donde solían actuar poetas locales y músicos y cantantes del pueblo.

Entre los disfrazados abundaban los “caballitos”, confeccionados  con arpilleras que portaban un ancho rebenque del mismo material al que hacían sonar fuertemente contra el piso, lo que provocaba cierto temor en los niños.

 Los disfrazados utilizaban antifaz o caretas para ocultar su cara. Estaban controlados y registrados por la policía y podían concurrir al baile.

Generalmente, los corsos y los bailes se realizaban a beneficio del Hospital Miguel Rueda.

 En la década de 1940 y principios de 1950 también se destacaban los bailes de disfraz y fantasías organizados por el Club General Belgrano. Resultaba una reunión muy divertida, con distintos y llamativos disfraces, en la cual participaban los socios de la institución y sus familias.

A  principios  de la década de 1950 se habían suspendido los corsos por la falta de luz eléctrica en el pueblo. Frente a esta situación y como dato curioso, vale recordar que a mediados de la década del '50 la Heladería Miculán organizó por su cuenta un corso frente a su Bar y Heladería en la calle Belgrano, que estaba al lado de la iglesia y pertenecía a la Sociedad Española. Para ello utilizó un generador de energía de su propiedad iluminando con guirnaldas de luces una cuadra frente a la Plaza 9 de Julio. La iniciativa tuvo gran éxito y se prolongó por varias jornadas de carnaval. En 1956, normalizado el sistem  eléctrico, se reiniciaron  los corsos.

 

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miércoles, 20 de julio de 2016

Acontecimientos artísticos de antaño

Por Norberto Oscar Dall’Occhio

Durante las décadas de 1930, 1940 y 1950 visitaron Santa Isabel numerosos conjuntos orquestales, algunos de ellos de gran jerarquía y de renombre internacional. Tal es el caso del famoso maestro Francisco Canaro, quien a principios de 1950 actuó con su Orquesta Típica (así se la denominaba a la orquesta que tocaba tangos) en un baile popular realizado en las instalaciones de la Sociedad Italiana. Fue un gran acontecimiento con una enorme concurrencia de público que colmó la sala, debiendo las autoridades habilitar una pista al lado del salón, aprovechando una noche con clima agradable.

A principios de la década de 1950 la otra gran atracción fue la visita del notable cantor popular Alberto Castillo, que a pesar de haber actuado un día lunes, llenó totalmente el salón de la Sociedad Italiana. Castillo se alojó en el Hotel Central y mucha gente recuerda que cuando llegó al pueblo varios admiradores del cantor se aproximaron al hotel para saludarlo. Castillo agradeció la demostración de afecto y desde los balcones del patio interior, donde estaba ubicada su habitación, entonó “a capella” una canción de su exitoso repertorio.
En otro orden artístico, también hubo muchas visitas de conjuntos de radioteatro de renombre que, en las emisoras de Buenos Aires y de Rosario, tenían gran éxito representando temas que atraían a los oyentes. Era una ficción donde hombres y mujeres de todas las edades quedaban atrapados por un relato verosímil, a través de las sugestivas voces de los actores y actrices y por los efectos especiales creados por excelentes sonidistas que, con su magia incentivaban la imaginación de la gente que los escuchaba. Esos elencos radiales luego realizaban giras en los pueblos y de esa forma la gente del interior podía verlos actuar en el teatro de su localidad. Desde Rosario solían venir las compañías dirigidas por Federico Fábregas y por Norberto Blesio, que daban obras, entre otras, como “Genoveva de Bravante”, “El León de Francia”, “El Forastero que llegó una tarde” y “Fachenzo el maldito”. De Buenos Aires lo hacía el elenco dirigido por Atilano Ortega Sanz que a la tarde transmitía con mucho éxito, por Radio Mitre, obras camperas que contaban con la valiosa animación de “Pichirica”, rol que estaba a cargo del destacado actor cómico Humberto Lopardo. Ortega Sanz era un prolífico creador de obras de radioteatro, luego representadas en los escenarios de los pueblos de campaña. Entre otras, se pueden mencionar “El boyerito de la cara sucia”, “La chacra del árbol seco”, “Corazón de chacarero” y “Cuando sangran los trigales”.

Anteriormente, en la década de1930 provenientes de la Capital Federal actuó en un baile la orquesta de tango de Roberto Zerrillo, donde también hubo un concurso de cantores locales. En otra ocasión lo hizo el conjunto “Los Bohemios” dirigido Mario Pugliese “Cariño”. “Los Bohemios” formaban parte de un grupo teatral muy popular que representaba graciosos temas cómico-musicales con raros instrumentos. Además el conjunto tenía programas radiales en las emisoras de Buenos Aires y actuaba en importantes teatros de esa ciudad.

A principios de la década de 1950 se realizó un baile popular. El atractivo fue la filmación de una película documental con tomas generales del público y varias de carácter individual, especialmente de la gente que estaba sentada en los palcos. El film fue proyectado en la sala tiempo después.

Era tradición cada año realizar, en noviembre, una reunión danzante como despedida de los conscriptos que al año siguiente serían incorporados al servicio militar obligatorio. Como se decía en la jerga popular "el baile es para los muchachos que tienen que hacer la colimba” el año que viene. 


Todos estos acontecimientos artísticos se llevaban a cabo en las instalaciones de la Sociedad Italiana. Allí, en la década de 1940, actuó el dúo cómico Buono-Striano, de enorme popularidad por su conocida participación radial en emisoras porteñas. En la misma sala, en otra oportunidad, tuvo gran repercusión la actuación de un mago e hipnotizador que presentaba escenas de levitación. Su atrayente espectáculo lo denominaba “Nostradamos” con “Salomé la Vidente”, con la participación en algún momento del público presente.

También desde Buenos Aires solía visitar Santa Isabel la compañía de teatro que representaba “Gran Pensión El Campeonato”, un programa auspiciado por Jabón Federal en Radio Belgrano (emisora de la Capital Federal que transmitía en cadena al interior). El programa era muy difundido y tenía mucha audiencia en todo el país, especialmente por parte del mundo futbolero durante la disputa del Campeonato Oficial de la A.F.A. En el elenco sobresalía la actuación del excelente actor Félix Mutarelli, quien hacia el papel de “Don Pedrín El Fainero” (el hincha fanático de Boca). También otros importantes actores representaban diversos clubes de primera división. En ese programa radial de Jabón Federal también solía participar -entre otros destacados artistas nacionales e internacionales- el Cuarteto de Juan Cambareri, llamado el “El Mago del Bandoneón”. Cambareri visitó varias veces Santa Isabel amenizando bailes que organizaba la Sociedad Italiana y que lograban gran asistencia de público. En varias oportunidades también actuó el famoso Cuarteto de Tango dirigido por Roberto Firpo, contratado por la Sociedad Italiana.

Otra visita importante la constituía la presencia de la “Orquesta de la Argentinidad” dirigida por Lorenzo Barbero, de Buenos Aires, que actuaba en las instalaciones del Prado Español. Barbero presentaba un atrayente y colorido espectáculo musical de danza tanguera y de otras melodías que contaba con la asistencia de numerosas familias de la zona. 


En 1955, también en el Prado Español, se llevó a cabo en la pista una especie de maratón individual a cargo del patinador Alfonso García, que intentaba batir su propio récord mundial de 80 horas de permanencia en patines, sin dormir y sin parar ni de día nide noche; objetivo que logró. El primer día no se pagaba entrada, en la segunda jornada se abonaba un modesto importe, en la tercera aumentaba el monto y en la culminación, al cuarto día, la entrada era más cara. Había servicio de buffet permanente a cargo de la Heladería Miculán, que organizaba el espectáculo. La reunión finalizó con el festejo de la hazaña deportiva, acompañada con un baile.

En los bailes locales también solían actuar las orquestas de Juan Antonio Manzur, de Rosario; “Maipo”, “Víctor” y “Marchetti y Morelli”, de Venado Tuerto, y el Cuarteto “Boedo”, de Villa Cañás. En este último conjunto, a veces intervenían músicos, cantores y presentadores de Santa Isabel. Conviene aclarar que en aquella época sólo se podían realizar bailes populares en las instituciones, con el consiguiente permiso de las autoridades locales. No existían las discotecas privadas ni lugares parecidos.

Fuera de lo artístico, en la década de 1940, una noche de verano -con la presencia de mucho público- se presentó en el terreno contiguo a la Sociedad Italiana un atlético deportista con una gran contextura física, quien hizo alarde de su fuerza y resistencia corporal. Para demostrar su gran vigor, el fornido atleta comenzó doblando con sus enormes brazos gruesos alambres de hierro. También mostró todas sus energías levantado pesas. Más adelante se realizó una interesante cinchada utilizando una soga; como contrincantes tenía a un grupo numeroso de personas de Santa Isabel que, en forma colectiva tomados de la soga, luchaban para no ser arrastrados por el forzudo; pero los muchachos locales finalmente fueron vencidos. Como cierre del espectáculo el protagonista colocó su cuerpo acostado casi debajo de la rueda de un camión. A continuación el vehículo fue puesto en movimiento y una rueda pasó por encima de su pecho -le habían colocado una tabla encima- sin causarle ningún problema. 


En el año 1956 se realizó con mucho éxito en la Sociedad Italiana una Velada Artística que colmó la capacidad de la sala. Fue protagonizada por gente residente en el pueblo y constituyó toda una novedad por su ingenio y creatividad con mucho de sabor local, que fue muy festejada por la gente. En el primer acto se presentó una pareja de tango compuesta por Ilda Imnocenzi y Diego Tobío, quienes bailaron en una simulada pantalla de televisión construida en mayor escala; una notable creación del recordado Oscar Severini que tuvo a su cargo la escenografía de la velada. En otro sketch Aroldo Carra y Rodofo “Flaco” Enrico hicieron una reidera parodia mediante la interpretación cantada de una grabación de la ópera “El Barbero de Sevilla”. La noche finalizó con la representación de una comedia teatral con un libreto de color local. Entre otros, actuaron Diego Colomba y Mary y Carlos Forneris; pero la verdadera revelación fue la actuación de Carlos “Lito” Gavio que se ganó los aplausos del público. Cumplió la función de director de escena Cavalieri, estafetero del Ferrocarril San Martín. El apuntador fue Jack Romero. Todos los participantes guardaron un rigoroso secreto en el pueblo acerca de lo que iban hacer. De esa forma sorprendieron al público, resultando una hermosa expresión artística, finamente preparada. Una gran velada sabelense, muy comentada, que quedó en el recuerdo.

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jueves, 21 de enero de 2016

Concursos de tango - Bailes del 9 de Julio

Por Norberto Oscar Dall’Occhio

En las décadas de 1940 y 1950 en Santa Isabel era común que en los bailes populares organizados por la Sociedad Italiana se realizaran concursos de tango que contaban con la presencia de parejas locales y también de localidades vecinas.

En el pueblo había un binomio que habitualmente participaba en este tipo de competencias al compás del 2 por 4. Era el matrimonio formado por Clorinda Martino y Guido Costas, pareja  que con su sobrio estilo y elegancia le sacaba viruta al piso, deleitando al público asistente. 
 
La Sociedad Italiana todos los años organizaba un gran baile el 9 de Julio, festejando un nuevo aniversario de nuestra Independencia. Al mediodía, luego de la ceremonia en la plaza  y del desfile de autoridades y escolares por las calles del pueblo, se realizaba el acto de clausura  en el Salón de la Sociedad. Allí luego se servía un vermouth a los presentes. A la noche antes de la reunión danzante había fuegos artificiales y a medianoche varias parejas  del pueblo bailaban el Pericón Nacional.   


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lunes, 4 de enero de 2016

Los Campitos

Por Norberto Oscar Dall’Occhio

En la década  de 1940 y  comienzos  de la de 1950  era muy común que los chicos jugaran a  la pelota en los baldíos del pueblo. A  esos  lugares se los llamaba “campitos”. Hoy  esa  costumbre se perdió, pues tanto General Belgrano como Juventud Unida brindan  la posibilidad de  que los pibes  y los  adolescentes  utilicen sus cómodas instalaciones deportivas para jugar al fútbol.

Los baldíos eran canchas improvisadas, donde los propios  pibes determinaban un perímetro imaginario. Los arcos  eran dos  montoncitos de ropa o dos ladrillos o algunas  piedras,   que reemplazaban los palos. Previamente tenía que haber un acuerdo sobre el  largo de  los arcos.  Pero a  veces sucedía que en  un descuido durante el desarrollo del partido algún  “avivado” achicaba o agrandaba el arco  según su conveniencia. Y ahí se armaba la discusión y  comenzaban los  insultos.

En el momento previo a la iniciación del partido había una ceremonia   muy importante. Era necesario formar dos equipos. Dos pibes  similares  en  su capacidad de juego se ponían frente a frente a unos cinco metros de distancia. Cada uno a su turno adelantaba un pie. Al final perdía al  que le sobraba  el pie. Acto seguido  el ganador tenía la opción de elegir primero a un compañero de equipo. Por supuesto que  elegía  al mejor del grupo. Su rival elegía otro pibe  considerado “bueno”. Seguía la elección por descarte y los considerados “pataduras” quedaban para el final, como de “relleno”. Era una forma  bastante ecuánime de armar un partido con fuerzas parejas. Según las circunstancias,  si en un momento del encuentro un equipo se distanciaba demasiado en goles convertidos se compensaba la desigualdad de fuerzas con el trueque  de un  buen jugador de un bando por otro jugador de menor nivel  del equipo rival. Es decir los pibes tenían  bien claro el sentido lúdico del juego.

Era una diversión entretenida  donde cada uno quería demostrar sus habilidades personales. Ganarle a un equipo débil era considerado  un triunfo sin gloria. Por eso buscaban formar equipos parejos. Jugaban con zapatos, zapatillas o alpargatas. Los botines para  chicos  prácticamente no existían. Salvo alguna rara excepción, ninguno  poseía  la casaca que usan los clubes de primera división. Si recién habían salido del colegio, se sacaban el guardapolvo blanco, lo doblaban  y lo dejaban al lado de uno de los   arcos,  junto con la cartera de útiles escolares. Para custodiar el arco siempre mandaban a algún pibe con poca capacidad de juego. Cuando alguien llegaba tarde y pedía ingresar,  si  lo aceptaba el grupo  se incorporaba al juego.

Estos “picados” de potrero se jugaban sin  establecer tiempo por reloj. Sólo la oscuridad de la noche o la lluvia   los hacía prescindir del juego.  Se iba a cinco goles o más. Pero en pleno  partido  generalmente surgía un inconveniente. En algún momento aparecía la madre de algunos de los pibes para decirle a viva voz al nene que estaba preparada la leche. Como a veces esa mujer era la madre del “dueño de la pelota”, el partido se  suspendía  de inmediato. 

Hoy la pregunta  lógica sería,  pero ¿cómo  no había otra pelota?  La respuesta es que no.  En   esos tiempos  las pelotas de goma o de cuero  no estaban al alcance de todos los padres. Por ese motivo  el dueño de la pelota se convertía en un personaje especial, aunque fuera un “patadura”.  Los chicos solían jugar en la calle o en la vereda  con una pelota de trapo que las madres le preparaban  rellenando medias de mujer. En los campitos se jugaba con una pelota que picara en el piso. Tenía más sabor a fútbol porque  había que dominar el balón en el aire, ya sea con los pies, el pecho o la cabeza. 


Un baldío  muy utilizado estaba ubicado en  General López y  General Roca, donde  aún hoy se mantiene en pie una vieja palmera. Lo llamaban el “Campito del Bajo”. Por su amplitud, otro baldío  concurrido por chicos y adolescentes estaba  entre las calles General Roca, Santa Fe, Italia y Brasil. Era una manzana completa, donde años más tarde se instaló la fábrica de leche en polvo. Las vías del ferrocarril no existían, pues  se construyeron recién en la década de 1950.

En José Ingenieros al 1400  había un terreno desocupado, cercano del  lugar donde actualmente se encuentra instalado el tanque de agua potable. Allí  también  los chicos armaban su picado.

En Santa Fe  al 1400  había un amplio  descampado (hoy Parque Tirelli), muy propicio para practicar  fútbol. Los pibes para jugar  achicaban el perímetro,  pero los adolescentes y mayores lo ampliaban  como si fuera una cancha  normal. Habían colocado improvisados  arcos de madera, aunque  eran  bastante precarios. Ese  baldío  dejó  de utilizarse en 1950, cuando el Ferrocarril  y la Comuna dispusieron forestar el lugar con plantaciones de eucaliptus.

En la década de 1930,  en la esquina de José Ingenieros  y Mitre, en la misma manzana  donde está el edificio de la Comuna,  había un baldío  en el cual  los pibes jugaban sus picados.

En las escuelas primarias estaba prohibido  jugar al fútbol.  Sin embargo  los varones no podían impedir su impulso  futbolero  y en algún descuido de la celadora   improvisaban un mini  picadito con una pequeña pelota y algunas veces hasta con una naranja.  Pero  solía suceder  que en  forma inesperada  aparecía la maestra  y  les  incautaba la pelota además  de  la consiguiente reprimenda.

En la década de 1940 aparecieron en el pueblo  las canchas de Baby Fútbol. Para los pibes fue toda una novedad, ya que les permitía jugar en una cancha marcada, con arcos de madera(a veces  con red), con pelota de cuero y con vestimenta  similar a la que usaban  sus ídolos, los  jugadores mayores que integraban  los clubes de primera división. 


General Belgrano instaló su cancha de Baby  Fútbol,  que tenía luz artificial,  en el predio ubicado en General López  esquina  25 de Mayo  y Juventud Unida en las instalaciones contiguas a la Sociedad Italiana.  En esos lugares se organizaban importantes partidos  y torneos  diurnos y nocturnos con la intervención de equipos de la zona. Los cotejos contaban con la concurrencia de mucho público, que en algunas circunstancias,  por la atracción que ejercían, colmaban totalmente la capacidad  de  esos  mini estadios deportivos.

A  partir de 1949  se iniciaron en el país  la disputa de los Torneos Infantiles  “Evita”, promovidos por la Fundación “Eva Perón”. A partir de 1950 la Comuna local  todos los años formaba un equipo de pibes que representaba al pueblo. Los jóvenes  enfrentaban a equipos similares de la región.

Esta es una breve historia de los baldíos y los campitos del pueblo. Esos  potreros  fueron excelentes “semilleros”  y dieron lugar a la formación de destacados futbolistas  que posteriormente  se desempeñaron en equipos locales y algunos de ellos triunfaron en la región integrando elencos de clubes de primer nivel.    

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martes, 31 de diciembre de 2013

Sociedad Italiana, institución centenaria.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 100 - 25/06/09 

  La Sociedad Italiana Mutual y Cultural fue fundada el 18 de julio de 1909. La primera comisión (Consejo de Administración Provisorio) estuvo integrado por Pablo Chiesa, Santiago Raimondi, Domingo Salemme, Juan Rosignoli, Domingo Viola, Bautista Goría, Pablo Navello, Benito Zallio, Juan B. Bruno, Francisco Pensa y Ernesto Giudici.

 Los fines de esta institución, la primera y más antigua de nuestra localidad, se detallan en el acta fundacional. Ellos son la instrucción, la fraternidad, el socorro mutuo y la moralidad. La primordial motivación que impulsó a los fundadores fue poder contar con un lugar donde reunirse y a la vez sentirse protegidos por la fuerza que suponía esa unión, dado la condición de inmigrantes italianos de reciente ingreso al país. La Sociedad constituida les permitía mitigar las añoranzas de su lejana patria al reunirse con sus connacionales y, además, hallar en los servicios mutuales prestados desde el comienzo, asistencia médica, asesoramiento legal y laboral y otras facilidades que completaran su adaptación al medio existente en esa época, en un pueblo que llevaba a penas un año desde su fundación.

 Estos servicios fueron realizados con gran eficacia, convirtiéndola en la primera y más sólida de las instituciones que durante varias décadas tuvo Santa Isabel. 


 La parte más importante de la sede de la Institución, ubicada en Gral. López 766, se terminó de construir en 1910. Era un salón totalmente despojado de comodidades en el que se realizaron los principales eventos sociales y artísticos de la época.

 Pero el 18 de diciembre de 1918 la Entidad puso en marcha un proyecto de ampliación y refaccióndel edificio. Comenzaron así varios años de arduos trabajos en los que se construyó el frente de la edificación (hall, bar y secretaría) y se remodeló la puerta de entrada en la que lucían, tallados en la madera, los escudos de Argentina e Italia. En el primitivo salón se instalaron los palcos y cielorrasos, se construyeron el escenario y los baños.

 Eran Presidente y Vice de la Comisión Directiva, Bautista Boccardi y Dante Pellegrini, y era secretario Carlos de Agostini, quien conservó el cargo por muchos años. Para solventar los gastos de este proyecto de reforma y ampliación del edificio social se emitieron acciones en calidad de préstamo a dos años y sin intereses.

 En junio de 1.929 se aprobó el presupuesto para la construcción de la casilla para instalar la máquina de proyección de películas; se instaló la luz eléctrica; se compró el tanque de diez mil litros para el suministro de agua que contaba con instalación de seguridad contra incendio; se realizó el arbolado del predio adyacente (esquina de Gral. López y 9 de Julio); se brindó asistencia médica a los socios y se compró un terreno iniciándose la construcción de una casa que debería rifarse en beneficio de la Sociedad Italiana.

 Hay que destacar la importancia institucional de estas entidades en el país como nexo entre la colectividad asentada en diferentes pueblos e Italia, tan es así, que estaban organizadas en una Federación General de Sociedades Italianas en la República Argentina. Los delegados de la Sociedad Italiana de Santa Isabel ante la misma eran los señores Alessandro Squassini y Giuseppe Barbieri. Por aquellos años los representantes de la Institución concurrían a los actos portando la bandera italiana, demostrando el orgullo y el sentido de pertenencia a Italia y respetando sus símbolos, a tal punto que en una reunión se decide "no sacar de la sede social la bandera italiana por haber sido humillada en un acto cívico al colocarla a la derecha de la bandera española.

 El 20 de setiembre de 1929, cuando ya estuvieron terminadas las labores de refacción y ampliación, se inauguró el Cine Teatro Social cuya majestuosidad constituyó todo un acontecimiento para la época. Más tarde, en el mismo año, se realizó el llamado a licitación para alquilar el bufete, que se declaró desierta por falta de oferta.

 Comienzan por esos años también problemas económicos para la Sociedad Italiana que se extienden hasta principios de 1940 ocasionados por los préstamos tomados para la construcción de la sala de cine y teatro, la rifa de la casa que finamente no se sorteó debido a la poca venta de la misma y con la dificultad de cobrar el alquiler a quienes habitaban esta vivienda.

 Sin embargo los servicios mutuales con asistencia médica se ampliaron y sólo comenzaron a decaer pasada la mitad del siglo XX desapareciendo por completo en la década de 1970. Mientras tanto las veladas, bailes populares, obras de teatro, actos y funciones de cine mantienen a la sede en constante uso. A la sala se le agregó un patio con piso de lajas y escenario que, en los años de las décadas de 1940 y 1950, sirvieron también para la realización grandes bailes populares al aire libre que recibieron a las figuras más importantes de cada tiempo.

 Las funciones de cine, que generalmente se concesionaron a particulares, fueron otro de los grandes aglutinantes de los isabelenses. Estas se sucedieron prácticamente cada fin de semana desde su inauguración, en 1929, hasta septiembre de 1985, interrumpiéndose en algunos períodos por cambios de dueños y/o refacciones.

 En la década de 1940 estuvieron como empresarios cinematográficos Jano y Beto Martínez y, luego, una persona oriunda de Rosario del mismo apellido. El cine, que para 1952 ya se llamaba Ideal, fue explotado por el matrimonio de Luis Parodi y Roma Astolfi desde febrero de ese año hasta octubre de 1977.

 Para ese entonces la edificación presentaba problemas por el paso del tiempo que fueron reparados por Nereo Ansaloni quien concretó importantes refacciones que llevaron a la colocación de una nueva puerta de entrada, la construcción de nuevos baños y bar, y la instalación de nuevas butacas y proyectores, entre otras obras de importancia. El cine estuvo a su cargo desde julio de 1978 hasta finales de 1982.

 En junio de 1983 comienzan las proyecciones de Promociones Culturales S.R.L., una empresa formada por vecinos de la localidad con la finalidad de mantener en funcionamiento el cine. Las mismas se extienden hasta septiembre de 1985.

Tras el cierre del cine el edificio comienza un período de decadencia que se agrava enormemente para mediados de la década de 1990. Tras varias gestiones, importantes inversiones y gran trabajo, una nueva comisión tomó las riendas de la Institución y logró reinagurar la sala que fue reparada, siendo el cambio del techo de chapas de la misma y del escenario una de las mayores inversiones. La obra se realizó con el préstamo desinteresado de varios socios los que fueron recuperando el dinero en cuotas. Para el año 2001 ya se habían pagado las deudas.

 En 1997, mediante un subsidio provincial la Sociedad Italiana pudo comprar equipos para proyectar películas. Esto se realizó hasta los primeros años del nuevo siglo, en forma discontinua hasta que, por la falta de público, cesaron las funciones. Mientras tanto la sala cobijó actos culturales y también reuniones sociales.

 En 2007, en el marco de los 100 años de Santa Isabel, la Sociedad Italiana realizó un contrato de comodato con la Comuna de Santa Isabel por 50 años con opción a otros cincuenta. A cambio de ello se deberán realizar obras de refacción y ampliación en los primeros 20 años para la concreción de un Complejo Cultural en el que se desarrollen las diversas
actividades artísticas y culturales de Santa Isabel.

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jueves, 26 de diciembre de 2013

Oscar Severini.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 62 - 20/10/05

 Esta sección nunca estaría completa si no tuviera alguna referencia a Oscar Severini, un artista isabelense al que, quienes lo conocieron, recuerdan siempre con cariño por su personalidad y por sus trabajos.

 Nacido en nuestra localidad el 9 de octubre de 1929, Oscar trabajó en varias tiendas como "La Rosarina" o "Casa Ducay". También, junto a Juan Forneris siendo conserje del Club Belgrano. Pero durante 36 años se lo vió frente a la consola de Teléfonos del Estado, luego Entel, trabajando como operador, en tiempos en que las comunicaciones no eran automáticas y había que pedir la comunicación para poder hablar. Los usuarios telefónicos de aquel entonces seguramente no habrán olvidado su voz en medio de las comunicaciones de larga distancia. "Hablaron, hablaron", decía cada tanto para saber si aún se mantenía el contacto. 

 Su faceta más importante en la sociedad fue la del espectáculo y la del arte, brindando su colaboración y talento en todas las instituciones que se lo solicitaran. Así participó en muchísimas puestas en escena, musicales o teatrales, que lo tenían como gran protagonista. Por sus dotes de bailarín, junto a su esposa "Coqui", descollaba en los escenarios locales con cualquier ritmo. Por ser dibujante y letrista realizaba infinidades de escenografías. Los carnavales de los '60, organizados por el Hospital luego de su reapertura, tuvieron el sello de Oscar, ya sea porque participaba en la construcción de carrozas o por la creación de decenas de caricaturas que luego eran colocadas en lo alto de los postes del alumbrado de los corsos.

 El actual altar de la iglesia Santa Isabel de Portugal y "la Glorieta" fueron diseñadas por él. También fue integrante del grupo que creo el parque Pinochoi y, a fines de los '70, cuando se rediseñó, pintó infinidad de caricaturas en las paredes que lo rodeaban. En diciembre de 1974 armó un árbol de navidad en el mástil de la plaza... y así siempre. Su figura no podía faltar en los festejos -como los de los Juanes, Pedros y Pablos que se realizaban en los '70 y '80- o donde hubiera creación. Infinidad de fotografías dan cuenta de ello, como la de esta nota, sacada el 30 de diciembre de 1953, en la que se lo ve dando toque finales a una caricatura (de Divito - Gentileza Banco de Imágenes de Santa Isabel) pintada sobre una pared del patio de la sede del Club Belgrano. No alcanza el espacio para describir todas las cosas en las que trabajó.

 Oscar Severini falleció el 16 diciembre de 1984 dejando un sinfín de gratos recuerdos y de buenos ejemplos a los isabelenses. 

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miércoles, 25 de diciembre de 2013

Los Arrieros

Publicado en "Acercar a la Gente" N° 48 - 27/02/04

 Eduardo Rasello, Analía Tocchetti, Nancy Parodi, Carlos Iglina -de Villa Cañás- y Nelso Omar Jurado conformaron lo que puede considerarse como uno de los primeros grupos folklóricos de Santa Isabel: "Los Arrieros". 

  El conjunto surgió a partir del pedido de un directivo del Club Belgrano que deseaba tener un nuevo número para el aniversario de la Institución en junio de 1973. De tal manera, cuando llegó ese momento el grupo, que realizaba sus ensayos en el hall del Cine Ideal, en la Sociedad Italiana, ya estaba consolidado y realizó su primera presentación con éxito.

  Luego fueron convocados para una nueva presentación a beneficio en otra localidad de la zona donde también tuvieron buena acogida por parte del público. Esto entusiasmó a los integrantes a realizar una nueva apuesta: tocar en Cosquín.

  Desde enero de 1961, fecha de su comienzo, el Festival Nacional de Folklore de la ciudad de Cosquín posee el escenario más codiciado por los músicos del folklore argentino. Para concretar este anhelo enviaron una carta al ente organizador y se contactaron con un ex residente de Santa Isabel, radicado en esa ciudad cordobesa, quien realizó algunas gestiones. Al poco tiempo llegaron noticias que incluían los requisitos para poder actuar, entre ellos les pedían una grabación. Esta se realizó en los viejos estudios de O.P.S.I. y tras ser enviado el cassette, fueron aceptados.

 Por aquel tiempo el Pre-Cosquín se realizaba en el escenario mayor del festival y allí fueron convocados. En enero de 1974 finalmente, con el atuendo que los caracterizaba, pantalón negro, camisa blanca y ponchos rojos con guardas negras, tocaron en la plaza Próspero Molina aquel repertorio que incluía los temas tradicionales de mayor repercusión.

 Esa noche también actuaron decenas de artistas de los que se seleccionó solo uno de cada categoría para pasar al festival mayor. Los Arrieros no lograron superar esa instancia pero marcaron un hito en la historia musical isabelense que aún no ha podido ser imitado: Esa fue la primera y única vez que un grupo musical de Santa Isabel actuó en el escenario mayor de Cosquín. 

 El grupo siguió actuando durante un año más hasta que, por causas particulares de sus integrantes, se disolvió.

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martes, 26 de febrero de 2013

Yaco. ¡Un personaje singular!

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 84 del 27/11/2007
 En las pequeñas y medianas localidades que salpican el vasto territorio Argentino, en todas, sin excepción, han existido y lo hacen todavía, diversos personajes que se diferencian, y tal vez se hacen notar, por su pulcritud, rectitud, educación, sus exageradas manías de limpieza y metódicas regularidades; de esos no se habla demasiado. Pero los hay muy diferentes, totalmente opuestos, extravagantes en sus acciones y métodos, rigurosos e inflexibles a veces, tolerantes y condescendientes otras, con sus rarezas y caprichos, totalmente desinteresados o enteramente tacaños. De estos últimos hay infinidad de historias, a ellos se los recuerda más a menudo, generalmente con simpatía, puesto que han dejado muchas e invalorables anécdotas, todas encuadradas dentro de un moral indiscutida, observando siempre las buenas costumbres y, fundamentalmente, dentro de la honestidad. En este segmento hallamos a Yaco, nuestro personaje, dueño de una fuerte personalidad, hombre de bien, de buen pasar económico, pero que jamás regalaba algo, siempre prestaba las cosas o las cobraba a precios irrisorios y muy originales.

 Nereo, un exitoso productor agropecuario, muy amante del cine; decidió allá por década del '60 del siglo pasado, construir y poner en funcionamiento una modernísima sala cinematográfica, invirtiendo, para ese propósito, las rentabilidades que le otorgaba su cotidiana actividad. A tales fines adquirió un terreno céntrico y comenzó a materializar su proyecto. Yaco, también amante del séptimo arte, se enteró de la iniciativa de Nereo y ha menudo, cuando se encontraban circunstancialmente, le indagaba con interés de la marcha de la obra y otros detalles inherentes a la misma.

 En esos tiempos, Nereo, que vivía en el pueblo, debía trasladarse casi todos los días a su campo a efectos de realizar sus tareas habituales y o supervisar las ya emprendidas. Para tales fines se propuso adquirir algún pequeño vehículo, tipo utilitario, es decir, alguna camionetita.

 En eso andaba, cuando recordó que Yaco poseía una chatita Ford T, que no utilizaba, seguramente un automóvil de esas características que había sido reformado; en esas épocas solía ser muy común que tales modificaciones se realizaran con éxito. En uno de sus encuentros le preguntó si no tenía interés en venderla, de ser así, él sería un posible comprador, siempre y cuando el precio fuera razonable. Yaco le contestó con un rotundo "no", momentáneamente no pensaba desprenderse del vehículo. Y así quedaron las cosas.

 A los pocos días, Nereo recibió la visita de Yaco quien le requirió si todavía tenía interés en la Ford T. Nereo no se asombró demasiado por el ofrecimiento, sabía de las rarezas de su interlocutor. De inmediato quiso saber el valor, a lo que Yaco le comentó "decime che; ¿vos seguís firme con tu deseo de terminar el cine?", "por supuesto", respondió Nereo, "vamos despacio pero con constancia, si Dios quiere lo vamos a concretar". "Muy bien", dijo Yaco, "entonces te hago la siguiente proposición: te cambio la chatita por las entradas gratis a tu cine, para mí y mi esposa por el resto de nuestras vidas".

 Se conocían las extravagancias de nuestro personaje, pero esto era demasiado, Nereo pensó en principio que se trataba de una broma, aunque sabia que Yaco no las gastaba jamás. Obviamente no aceptó tal propuesta. Así se lo manifestó, "¡No puedo de ningún modo cerrar un trato de esta naturaleza! Al cine le falta un montón, recién estamos en sus comienzos; no Yaco, le agradezco su ofrecimiento, pero me resulta imposible prometer algo que tal vez no pueda cumplir; así no, póngale precio al Ford T, y lo discutimos". "Bueno", manifestó Yaco, y se marchó.

 Pasaron unos pocos días, tal vez 10, a lo mejor 15, no mucho más, cuando Yaco nuevamente visitó a Nereo. Esta vez lo hizo conduciendo personalmente el Ford T en cuestión, "Acá te traigo la chatita, ¡es tuya¡, con la condición que ya acordamos, las entradas sin cargo para el cine; ¡de por vida!". Nereo quedó totalmente perplejo, "¡De ninguna manera puedo aceptar esto!, no poseo la certeza de poder terminar mi propósito y, si lo consigo, no tengo idea de cuanto tiempo me llevará". "No te preocupés por eso", recalcó Yaco, "sé que lo conseguirás, sos un gran emprendedor y con toda seguridad finalizaras la obra, además estoy tratando con un hombre de bien; tu palabra me basta y sobra. Yo tendré mis plateas y vos la Ford T."

 Y así se cerró tal original trato. Nuestro protagonista, como ya lo acotamos, nunca regalaba nada, sin embargo, ésta era una original forma de hacerlo. Pero es necesario aclarar que el cine... nunca se terminó.

 Sin embargo, para no cometer omisiones en nuestra narrativa, debe dejarse constancia de que en esos tiempos Nereo explotaba otra sala cinematográfica, la única existente en la localidad, actividad que no desarrolló por mucho tiempo. Es posible que Yaco y su mujer hayan disfrutado, en algunas oportunidades, de las franquicias pactadas, aunque no en el cine en que pensaban hacerlo.

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 Nuevamente hallamos a nuestro protagonista en otro singular suceso. Humberto, vecino de Yaco, estaba efectuando algunas refacciones en su vivienda. Resulta que su hijo mayor se recibía de farmacéutico y había que hacer las comodidades necesarias para que abriera el comercio inherente a su profesión. Avanzadas ya las obras, hacían falta unos accesorios para el sistema de desagües, elementos que debían empotrarse en techos y paredes. En esos momentos tales componentes no se conseguían en el pueblo y resultaban de imperiosa urgencia para continuar con la labor. Albanesi sabiendo que Yaco podría tener algo así -siempre estaba construyendo o remodelando algo- lo fue a entrevistar para ver si poseía lo que él necesitaba. De ser afirmativo trataría de que se los vendiera o prestara.

 "Mirá Humberto!", dijo Yaco, "creo que tengo lo que buscás, vení, revisemos". Efectivamente ahí estaban los accesorios y caños que hacían falta, "Llévatelos nomás". "Perfecto", acotó Humberto, "luego me decís lo que te debo". "¡No nada!, te los presto".

Pasaron unos días y en un encuentro casual Humberto le comentó: "En cualquier momento te reintegraré lo prestado". "¿Qué, pensás demoler lo construido?". "De ningún modo" contestó riendo Humberto, ¿ para qué lo debería hacer?. "Para devolverme lo que te facilité"; dijo Yaco, "no aceptaré otra cosa". "¡Pero eso es imposible! esta todo dentro de las paredes", argumentó sorprendido Humberto," y bueno, algún día demolerás lo construido y entonces me repondrás lo prestado, así de sencillo", replicó Yaco," yo te suministré los artículos por tiempo indefinido, y no hablemos más del asunto".

 Otro insólito modo de obsequiar algo, sin reconocer tal circunstancia.

 Ha pasado el tiempo, nuestros protagonistas ya no viven, pero el edificio a que hacemos referencia existe, y dentro de sus paredes todavía se hallan los accesorios para desagües que motivaron esta historia. 

C. O. S.


Otras notas de C.O.S.
- Yaco. ¡Un personaje singular!: http://isabelense.blogspot.com.ar/…/yaco-un-personaje-singu…
- Amancio, un humilde obrero estibador: http://isabelense.blogspot.com.ar/…/amancio-un-humilde-obre…
- La Previsión: http://isabelense.blogspot.com.ar/2013/03/la-prevision.html
- Otra de Yaco : http://isabelense.blogspot.com.ar/2013/12/otra-de-yaco.html


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lunes, 18 de febrero de 2013

Julio Sosa actuó dos veces

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 3 del 15/5/1999

El "Varón del Tango" actuó por primera vez en Santa Isabel en el desaparecido "Prado Español" de Bel grano y Mitre, por iniciativa del Club Juventud. Esto sucedió en los primeros años de la década de 1950, en los comienzos de su carrera. En esa oportunidad Julio Sosa se presentó junto a otro grande del tango, Floreal Ruiz, acompañado por la orquesta de Francisco Rotundo. 

 Pasaron casi diez años para que Sosa volviera a cantar en Santa Isabel. 

 Contratado por el Club Belgrano para festejar su 47º aniversario, se presentó en la Sociedad Italiana la noche del 15 de junio de 1963 junto a la orquesta de Leopoldo Federico. Comenzó su actuación con "Contramarca" y finalizó con "La Gayola". En total fueron 19 tangos y un vals que sonaron en una noche de viento sur y llovizna. 

  Hacía varios días que arreciaba el temporal sobre la zona. El mal tiempo, las calles sin pavimentar aún y la falta de algunas rutas que hoy existen se sumaron para que el público escaseara. Los organizadores le pidieron una rebaja en el monto del contrato, pero Sosa les contestó que estaba en su mejor momento y que cuando esto pasara, nadie le llevaría dinero. Finalmente el representante, ante la situación, decidió cobrar 5.000 pesos menos de los 70.000 estipulados.-

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