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jueves, 20 de agosto de 2026

La tragedia de la estación Esso

El metano es un gas incoloro, inodoro, insípido y combustible que se produce por la descomposición o putrefacción de la materia como la de los pantanos, las filtraciones de gas de los depósitos del subsuelo, la digestión del alimento del ganado, o por actividades humanas como la producción de lubricantes y gas, el cultivo de arroz o la gestión de los residuos.
 
Esto es lo que habría llevado a la muerte a tres personas el 24 de noviembre de 1966 en un pozo de la estación de servicios Esso ubicada en Santa Fe al 1200.
Esa mañana, Enrique Eduardo Barzo, de 22 años, empleado del establecimiento bajó al pozo ciego del lavadero de automóviles para remover y extraer el barro mezclado con hidrocarburos que se había acumulado día tras día por el lavado incesante de vehículos. Al mover el lodo, este habría generado gas metano que desplazó hacia arriba el aire vital e invadió completamente el espacio de trabajo. Barzo se desvaneció y, tal vez, su deceso por asfixia se haya producido en un brevísimo tiempo.
 
Por esos días se llevaba adelante la obra de pavimentación de todo el centro de Santa Isabel que se había iniciado en 1965. Los trabajos se llevaban adelante muy cerca de la estación de servicio y, al advertir lo que estaba sucediendo, un trabajador de la obra fue al rescate de Barzo. Ángel Néstor Maldez de 23 años también bajó al pozo adonde nada pudo hacer ya que su desvanecimiento y posterior muerte fue casi instantánea. Otro trabajador de la obra de pavimento, Saturnino Isabela de 43 años, quiso ayudar a los desahuciados y también fue al rescate, produciéndose así la tercera muerte. 
Tras esto ya nadie quiso seguir igual suerte. 
 
En pocos minutos se fueron tres vidas ante el estupor y la incomprensión de los testigos. La noticia se expandió rápidamente por toda la comunidad conmocionando a la población.
Barzo fue sepultado en el cementerio de Santa Isabel. El cuerpo de Maldez fue trasladado a Villa Cañás y el de Isabela a Arequito.

martes, 31 de marzo de 2026

Nicolás Pavia. Herrero, carpintero, comerciante e inventor

 En las primeras décadas de la vida de Santa Isabel, cuando el espíritu de progreso, el ímpetu y las esperanzas de una nueva localidad motivaba con fuerza a sus habitantes, muchas fueron las figuras que se destacaron; comerciantes, maestros, políticos, deportistas, artistas, funcionarios o personas sobresalientes en cualquier rubro.   

 Muchas de ellas aparecen plasmadas en las hojas de  "Homenaje al pueblo Santa Isabel en su vigésimo quinto Aniversario", aparecido en 1933, en las que se pueden encontrar resúmenes de sus actividades. Y, entre las de los comerciantes aparece la figura de Nicolás Pavía, olvidada por el paso de las décadas pero que traemos a la memoria en esta oportunidad.

 Como reza una vieja tarjeta publicitaria, el negocio de Pavia se trataba de "herrería y carpintería mecánica - ferretería - corralón de madera, hierro y carbón - pinturería - depósito de vidrios y varillas para cuadros". Su taller y local de ventas estaba ubicado en la amplia edificación que aún se conserva de Belgrano y Rivadavia, esquina Sur. Posteriormente fue utilizado por un empresario del ladrillo y el transporte de apellido Comuco, por la Cooperativa Unión y Fuerza en sus comienzos, y por Balassone Hnos., entre otros.

 Entre tantos materiales provistos por este hombre a hogares, empresas e instituciones de Santa Isabel se pueden destacar, por ejemplo, las chapas premoldeadas que integran el cielorraso y los palcos de la sala de cine y teatro de la Sociedad Italiana, hoy Complejo Cultural Centenario, que también se observan en el falso techo del hall de la edificación.

 Integrante de la masonería vernácula, Pavía también era inventor y artesano (posiblemente tallador de maderas para puertas) además de maestro de grandes carpinteros y ebanistas como lo fue Mario Tirelli quien, a su vez, transmitió estos conocimientos a varios de sus empleados aprendices.

No se tienen datos sobre su lugar de origen aunque se supone que, como tantos, era un inmigrante italiano o descendiente. Se instaló en Santa Isabel en 1911 y alrededor de 1942 se mudó Ciudadela, en el gran Buenos Aires, en donde se instaló con su carpintería y trabajó mucho en obras del gobierno. Estaba casado con Anunciata Fedelibus, de un tradicional familia isabelense, con quien tuvo un hijo y dos hijas. Falleció en ese lugar.

Sobre Pavia, el libro mencionado dice, en las páginas 31 y 32, lo siguiente:
"No puede faltar la figura de don Nicolás Pavia en esta reseña de los progresos de Santa Isabel porque representa, indiscutiblemente, uno de los elementos más interesantes y ponderados, en razón de haberse dedicado siempre a la realización de iniciativas que, tarde o temprano, darán extraordinario fruto.
Instaló su taller de carpintería, herrería y mecánica en el año 1911.
Su espíritu de observación y de inventiva lo llevó a la preparación de aparatos que en el futuro, cuando sea posible llevarlos a cabo, constituirán la solución de muchos graves problemas económicos.
Uno de esos inventos es el de la máquina para juntar y desgranar maíz, la cual está hecha de una manera que, manejada por una sola persona, realiza la tarea de numerosos hombres, reduciendo personal, tiempo y aumentando la eficacia en el trabajo. Es una máquina que ha de revolucionar la industria en el país, contribuyendo a solucionar la cuestión agraria.
El otro aparato es el gasificador para utilizar combustible barato en los automóviles y que actualmente está perfeccionando, ofreciendo buenas perspectivas de éxito.
También ha ideado una máquina para matar langostas a base de combustible económico. Esta máquina ha sido experimentada con enormes resultados en 1932 y será, indudablemente, la que obtenga mayor éxito en lo sucesivo.
Don Nicolás Pavia merece el apoyo de todos cuantos saben apreciar el real espíritu de iniciativas y de trabajo”.

 

Circa 1930 - Tarjeta publicitaria y de presentación de Nicolás Pavia; herrería y carpintería, corralón de Rivadavia y Belgrano, esquina sur.

Imagen de Street View de Rivadavia esquina con Belgrano en septiembre de 2024.

 

jueves, 15 de enero de 2026

Predio "8 de Febrero"

2019 - El festival "A Todo Pulmón" en el predio "8 de Febrero". 

  El predio "8 de Febrero" está situado en el terreno ferroviario delimitado por las calles San Martín, Brasil y Mitre, y la vía. Su nombre conmemora el día de la fundación de Santa Isabel acontecido el 8 de febrero de 1908. 

 Si bien a fines de 2006, por iniciativa de Oscar Milanesi la Comuna comenzó con algunos trabajos para la instalación de servicios como el de agua y electricidad, esta se vio frustrada por falta de presupuesto. La relevancia que venía cobrando, año tras año, el festival denominado A Todo Pulmón fue lo que impulsó este primer intento.

 Posteriormente, en el año 2007, la Comisión Central de los Cien Años de Santa Isabel decidió que esa obra sería, junto con la del Complejo Cultural Centenario, uno de los Legados del Centenario para las generaciones futuras, por lo que se decidió impulsar la creación de un espacio abierto destinado a la realización de eventos populares con acceso a toda la población a fin de . También decidió este nombre par el lugar.

 De tal manera, la Comuna de Santa Isabel, a fines de 2007 y principios de 2008, llevó a cabo las primeras obras en el predio 8 de Febrero consistentes en la instalación de canillas de agua potable en los sectores destinados a cantinas, la distribución de electricidad en los mismos, la mejora del terreno con enripiado y la construcción de un espacio techado asignado a escenario. Todo ello fue estrenado durante los festejos por el aniversario número cien de la localidad. Desde ese momento se lo utiliza para festividades, actos y encuentros populares siendo el mayor de ellos el del festival veraniego A Todo Pulmón.

 Año tras año, se sucedieron varias inversiones de importancia que dotaron a ese espacio de una mayor comodidad. La Comuna de Santa Isabel construyó el escenario, camarines y otras dependencias, sanitarios para el público, como así también ostensibles mejoras en las obras iniciales. Por otra parte, por iniciativa de la Cooperadora de la Escuela Nº 779 D. F. Sarmiento, primero, y por la Cooperadora de la Escuela Nº 179 B. Mitre, después, se construyeron mesadas en el sector de cantinas, ya que ambas utilizan ese sector para ese servicio durante las jornadas del festival mencionado. 

 

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domingo, 17 de julio de 2016

Construcción Hormiga. Cómo hicieron el "Cine de Nereo".

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 61 del 21/09/05

Juan Amadío nos cuenta detalles de la construcción de parte del "Cine de Nereo" en la que trabajó durante años. 

 Cuando finalizaba la década de 1960, en Gral. López al 1000 se comenzó a levantar una monumental obra destinada a ser un cine con características inusuales para nuestra zona, al mejor estilo de las grandes salas de Capital Federal. Por diversas circunstancias, unos 10 años después se detuvo definitivamente. Un protagonista importante en la construcción del gran salón, que iba a alojar a más de mil espectadores ha sido Juan Amadío (65), integrante de una familia de constructores de nuestra localidad. Las características con que llevó a cabo el trabajo son una de las curiosidades de este relato.

 ¿El propietario, Nereo Ansaloni, lo contrató desde el principio de la obra?
= No, la parte del frente la hizo antes otra empresa. Yo trabajé en el salón. Era algo nuevo para Santa Isabel, porque nunca se había hecho una cosa así. Por ejemplo, los cimientos, que son de 3 metros de profundidad.
 ¿Cómo hicieron los cimientos?
= Creo que empezamos en el '71. Primero le pasaron, con el tractor, una pala de arrastre, y después todo a pala. Éramos unas seis personas trabajando en esa parte. Después empezamos a levantar pared desde abajo, que en la parte del escenario, donde iban a ser los camarines, es de 85 cms. de ancho porque tiene, en un hueco de 10 cm., hormigón con hidrófugo.
 ¿Cuáles son las medidas del escenario?
= Unos 20 mts. de ancho, que es la boca, de pared a pared, y unos 7 de fondo. Para hacer la viga de la boca, vino un cementista, yo le ayudaba. Se necesitaron más de 100 bolsas de cemento.
 ¿Usted levantó las paredes?
= Cuando estaban a unos 3 mts. de altura, junto con tres empleados, empezamos a trabajarlas. Cuando empecé a ir más arriba me quedé con un solo empleado, Ramón País, que hacía la mezcla y me subía los baldes y los ladrillos. Se fueron yendo los otros, porque nadie quería subir, y así llegué a los 18 mts. Muchos vinieron a pedir trabajo, pero cuando sabían que tenían que trabajar tan alto, se iban
 ¿Intervino algún arquitecto o ingeniero?
= Creo que fue ideado por un arquitecto, yo planos nunca vi, así que después fue todo ideado por Ansaloni.
Todas esas paredes tienen columnas, en la parte interna, y encadenado.
 ¿Cuántos ladrillos se usaron?
= Según mi cálculo he puesto en esas paredes cerca de 300.000 ladrillos. Y de cemento se usaron más de 4.000 bolsas. Además había que apagar la cal en un pozo que habíamos hecho al medio.
 ¿Con qué sistema trabajó en las alturas?
= Tenía andamios de caño, con los que podés elevarte muchísimos metros. Para desarmarlos me venía a ayudar una persona que se animaba a subir. Además teníamos armado andamios del lado de adentro también. A los ladrillos los subíamos con un balde y una soga.

 Por eso la obra no acababa nunca...
= Estuve trabajando en eso durante cuatro años. A la mañana subíamos ladrillos, unos 700 a 800. A la tarde los ponía, solamente subíamos la mezcla.
Además, ibamos cargando con cemento las columnas y cada tres metros había que hacer las vigas del encadenado.
 ¿En ese tiempo no había otra técnica de construcción?
= Si! En esa época había empresas con otro tipo de tecnología, pero Nereo decía que no tenía apuros, así que lo hicimos entre dos. Yo lo hacía porque ganaba bien en ese trabajo, pero después ya fue un capricho el que tenía, el de hacerlo.
 Un trabajo de hormigas. Algo aburridor...
= Es cierto. El progreso de la obra no se notaba mucho, pero a mi me gustaba hacerlo.
 ¿En qué año terminó el trabajo?
= En 1977, porque al año siguiente fuimos a remodelar el otro cine, en la Sociedad Italiana. Después pusieron los techos de chapa y más tarde paró la obra, en ese momento yo estaba revocando las paredes de adentro, está casi todo con revoque grueso. No se le iba a hacer revoque fino porque eso iba a estar cubierto con una tela especial para el sonido.
 ¿Qué otras características iba a tener el cine una vez finalizado?
= Cielorraso de madera, piso parquet escalonado con unos 7 cms. de diferencia. En cada nivel iba a poner una fila de butacas y en los pasillos, los escalones iban a tener unas pequeñas luces en el frente para no tropezar en la oscuridad. Una cosa impresionante. 




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miércoles, 22 de julio de 2015

Administración Devoto

Publicado en "Acercar a la Gente"  47 - 20/12/03

 El primitivo remate fundacional de Santa Isabel del 8 y 9 de febrero de 1908 no fue suficiente para que se vendieran todos los lotes que figuraban en el proyecto de la empresa Devoto & Cía., propietaria del campo La Colina, y gran parte de ellos quedaron sin nuevos dueños. 
   Varios años después, en 1915, se llevó a cabo otro remate, también ordenado por esta empresa pero en este caso no se realizó en ninguna carpa levantada para el acontecimiento, como ocurrió en 1908, sino en un local ocupado por el comerciante Nicolás Mateljan, de la esquina de Belgrano y San Martín, sobre lo que ahora es la galería comercial del Club Juventud Unida.

 Posteriormente, como nuevamente quedaron lotes y terrenos sin vender, el administrador de la firma continuó la venta particular y en estas condiciones tuvieron salida los restantes.

  Santiago Raimondi (padre) fue este administrador, cargo que comprendía no solo la venta de los terrenos sino también el cobro de las cuotas de los que habían sido vendidos a plazos.

  Raimondi, desde la casilla de la administración, que estuvo en pie hasta al menos 1933, pudo observar el desarrollo de Santa Isabel en sus primeros años. Esta casilla, desaparecida hace ya mucho tiempo, tiene su historia debido a que fue allí donde se firmaron los primeros contratos de venta del campo La Colina, hoy Santa Isabel. Fue construida por un cerealista de Teodelina de apellido Cardala el cual la trajo hasta aquí. Más tarde fue cambiada de lugar utilizando siete yuntas de bueyes y luego, en 1915, fue ocupada por el primer comisario que tuvo el pueblo, José Juárez.

  En 1917 la sociedad Devoto y Cía. transfirió todos los bienes que poseía en Santa Isabel a Elina Pombo de Devoto. Para 1933 aún había algunos terrenos sin vender y los sucesores tenían al escribano Adolfo Bulrich de Villa Cañás y al Sr. José Ronco de Santa Isabel como representantes.



La casilla de la administración Devoto.











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viernes, 3 de enero de 2014

La vieja cancha Azulgrana.

Publicado en "www.red-belgrano.com.ar" - 12/12/13

Por Norberto Dall'Occhio
   

  Muchos hinchas de General Belgrano recuerdan con cariño y con cierta nostalgia la vieja  cancha  que el Club tenía “detrás de la vía”, como suele decirse, aquella que tantos simpatizantes tienen en sus memorias.

  Desde  su fundación  en 1916  y  hasta  1926, General  Belgrano practicaba fútbol pero no tenía cancha propia  y lo hacía  en terrenos prestados.  En 1927  adquirió una manzana ubicada entre las calles Sarmiento, Misiones, San Martín y Chaco, donde se instaló el campo de juego, hasta que se compró, en la década de 1960, los terrenos donde actualmente están las  nuevas instalaciones y por entonces el club resolvió fraccionar y vender el terreno de la antigua cancha para recaudar fondos destinados a la nueva inversión. Muchos socios adquirieron buena parte de esos  lotes, que más adelante pasaron a manos de la Comuna a fin de que en ese sitio se construyera el barrio de viviendas FONAVI.

  Pasado un tiempo, en una de las esquinas, se construyeron los vestuarios, la boletería y otras dependencias que servían como vivienda a los cuidadores de la cancha. Entre los cuales se recuerdan, “La Macha” Ferreyra y el “Negro” Paulini, dos destacados jugadores  azulgranas.

  Los  belgranistas  guardan muy  gratos recuerdos de ese viejo estadio, que fue escenario de importantes acontecimientos deportivos. En las décadas de los 40, 50 y 60, cada 9 de julio, el Club organizaba un atractivo torneo relámpago, de dos días de duración en el cual participaban ocho equipos de la zona y donde se ponían en disputa hermosos  trofeos y medallas.

  Continuando con los partidos que se disputaban en la antigua cancha, se destacaban por la gran rivalidad, los clásicos con  Juventud Unida, como así también los duros enfrentamientos con  Sportsman de Villa Cañás. Principalmente esos encuentros generaban una gran expectativa en la gente del pueblo y de la zona, provocando una enorme concurrencia de público al espectáculo, que colmaban la capacidad del estadio.

  Cambiando el rumbo y yendo a las características del terreno, se puede contar que dentro de él había que ubicar el campo de juego, los vestuarios, el  alambre, o tejido olímpico, y el público. Por las dimensiones que tenía el lote, el diseño del perímetro de la cancha se hizo sobre la base de las  medidas mínimas establecidas en los reglamentos que rigen el fútbol, era denominada una “cancha chica”, como se dice en el lenguaje futbolero. Pero no solo lo era  para los jugadores, sino también para  el público. Los espectadores, por el poco espacio disponible, estaban  muy cerca de la línea de cal, a solo unos dos metros. La proximidad de la gente, sumado al calor de la lucha deportiva, a veces levantaba la temperatura del ambiente y creaban un clima muy tenso en el estadio. Durante el desarrollo del juego, los futbolistas tenían ciertos inconvenientes para ejecutar los tiros de esquina, ya que les resultaba difícil darle precisión a la pelota por el poco lugar para tomar distancia y lanzar el centro. Por su parte, los espacios destinados a los hinchas eran muy estrechos, especialmente en los sectores donde estaban los arcos.

  Hasta principios de 1.940 el campo de juego estuvo rodeado tan solo por un hilo de alambre liso, sostenido por postes, a fin de fijarle un límite a la concurrencia y evitar que se metieran dentro de la cancha. Existen muchos recuerdos de aquella época sobre triunfos épicos, días de gloria, peleas, corridas y transgresiones. En ciertas oportunidades, cuando se convertía un gol importante, algunos hinchas eufóricos y descontrolados, pasaban el hilo de alambre, evadían el control policial y salían corriendo para abrazar al autor del tanto. Otro descontrol aparecía cuando se iba a patear un penal, simpatizantes que estaban cercanos al arco, sobrepasaban primero el alambrado, la raya de cal y se metían imprudentemente dentro de la cancha invadiendo el área grande para ver de cerca el disparo desde los doce pasos. ¡Para qué hablar de lo que ocurría si el arquero atajaba el penal y daba rebote! Una confusión total, entrevero  de jugadores, mezclados con el público, gritos, una pelota en juego y un árbitro desorientado. Un tiempo después, para una mejor protección y para mantener el orden, se colocó como divisorio un grueso tejido olímpico en reemplazo de ese franqueable hilo de alambre. Continuando con la descripción del estadio, se puede decir que tenía cierta protección de los vientos, puesto que los cuatro costados que daban a la calles estaban cubiertos, además de los tejidos, por un espeso cerco de ligustros de hojas anchas y de gran altura, que impedían la visual desde las veredas. En algunos sectores destinados al público, el espacio resultaba tan reducido que cuando se desplazaban, debían hacerlo en “fila india”.

  El  problema mayor estaba detrás de los arcos, porque lo que cumplía la función de red permanente, era un grueso tejido de alambre en reemplazo de la tradicional de piolines. Por la escasez de espacio en el campo de juego, los caños que sostenían el arco y la mencionada red, invadían un metro el sector del público, por ese motivo, detrás de cada arco se producía un gran congestionamiento de gente que se desplazaba de un lugar a otro.

  Para evitar cualquier provocación al arquero, siempre al costado del arco y dentro de la cancha, pero detrás de la raya, se colocaba un agente de policía para  mantener el orden y proteger al portero. Debido a las particulares características del estadio y su entorno durante  algunos partidos trascendentes, el espectáculo que se apreciaba en el campo de juego era muy particular, se jugaba dentro de un ambiente con ánimos bastantes caldeados, los jugadores tenían frecuentes roces y discusiones con sus rivales, sumados a las airadas protestas al árbitro y los gritos del público.

  Lo descripto era el encuadre y la atmósfera especial que se vivía generalmente en esa vieja cancha, cuando General Belgrano jugaba en su condición de local, allí el equipo azulgrana se agrandaba y se hacía fuerte, era un reducto complicado para cualquier escuadra visitante, que valoraba mucho un triunfo en la recordada y difícil cancha chica del Ciclón.

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jueves, 2 de enero de 2014

Cómo era nuestra zona en el año de la Revolución de Mayo

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 110 - 04/06/10  

  Cumplidos ya los 200 años del nacimiento de la Patria, cabe preguntarse que pasaba en esos tiempos en la llanura pampeana, especialmente en nuestra región (mucho antes de la fundación de nuestros pueblos) lugares tan lejanos e inhóspitos para aquellos que vivían en las ciudades del Virreinato. 

Un artículo publicado el miércoles 26 de mayo en el diario de Venado Tuerto "La Guía Regional", que lleva la firma del reconocido historiador Roberto Landaburu, da respuestas a estos planteos. 

 
 Dice Landaburu: " Para el año 1810, podemos afirmar aunque parezca raro, que ya existían -desde muchos años antes-, varias fortificaciones y rancheríos en estas dilatadas pampas, cuyo paisaje sí, era diferente al que conocemos en la actualidad. No existían montes, y la vista se perdía en la curvatura de la estepa, en un espectáculo sobrecogedor". 

"Para el año 1779 el fuerte de Melincué alzaba su mangrullo junto a la laguna. Más al oeste y para el lado de Loreto-Maggiolo, el Marqués de Sobremonte había mandado construir en 1785 el fuerte de Nuestra Señora de Loreto, y por el lado de Arias-Alejo Ledesma se levantaba el fortín Las Tunas. Para el norte el cantón de Guardia de la Esquina ya estaba levantado 40 años antes de la Revolución de Mayo".


"Por el año 1660 o antes pasaba por el Venado Tuerto, la larga rastrillada de Las Tunas, el camino que unía Chile -a través de Mendoza- con Buenos Aires, pasando por Punta del Sauce o La Carlota, Loreto, Hinojo o Venado Tuerto, Melincué y el Pergamino".


 "Caravanas de carretas tiradas por bueyes y arrías de mulas, iban y venían, llevando frutos y mercaderías al puerto, pasajeros, vino, telas, herramientas…Para el 1650 en toda esta zona de fértiles pastos surcada de aguadas, se asentaban enormes manadas de ganado cimarrón, tanto vacuno como caballar, y hasta aquí se venían los criollos del Buenos Aires a practicar las famosas vaquerías. No era otra cosa que la matanza de esos animales desjarretándolas a la carrera, mientras otros degollaban y cuereaban. Se dice de largas filas de ganado cimarrón que se media a veces en leguas, pasaban frente a atónitos y ocasionales viajeros".

"La fauna autóctona era riquísima, principalmente la de lagunas, como también las manadas de venados, guanacos, rápidos ñandúes, pumas y cuántos más bichos del campo". 


"Reinaba un silencio desolador; silencio de muerte le llamço Charles Darwin cuando pasó por aquí cerca, en lo que le decían el desierto. El chirriar de los ejes de las carretas se escuchaba desde lejos, a kilómetros de distancia".


"Para 1806 don Luis de la Cruz se vino desde Chile queriendo llegar a Buenos Aires, lo hacia acompañado por caciques pampeanos liderado por el propio Carripilun, que le hizo de guía hasta el Melincué. Detalló todo lo que encontró a su paso, minucioso, detallista, Al llegar al viejo fuerte de Melincué -se encontraba en estado ruinoso por el avance de la laguna-, había mucha agitación que venía del sur, de Buenos Aires: Los ingleses habían invadido el Virreinato, y la gente y su Virrey huían hacia Córdoba".


"Muchos criollos poblaban la estepa criando sus animales a campo, junto a lagunas como la de Los Leones Murphy, en la zona del Estaqueadero-Villa Cañás, en las aguadas del Venado Tuerto, y tantas otras más".

"Sí, para 1810 había mucha vida en lo que nos enseñaron que no había nada. La pampa sureña santafesina hacia rato ya que palpitaba, y fuerte. Tierra de lejanía, huellas y pisadas.


Aún los que se animan, en las largas noches estrelladas, por la vieja senda de Las Tunas, saben escuchar el trotar agitado de caballos pampas que pasan raudos para el naciente, y otros vuelven agitados con tropeles de ganado buscando los montes del Mamuel Mapu. Algunos escuchan mugir de toros, rebuznes de burros y chirriar de carretas, gritos y alaridos, susurros y deslices… que vuelven y vuelven, para no hundirse en el silencio de los tiempos!"

 Estos territorios -incluido el distrito actual de Santa Isabel- fueron dominados por los aucas o araucanos. Eran indios que incursionaban desde la cordillera a lo largo del Río Quinto con el fin de cazar la abundante fauna de ésta zona. En la época del Virreinato del Río de la Plata, los Pampas, luego invadidos por los araucanos, que se hallaban en posesión del caballo, contaban con abundante ganado cimarrón para asegurarse el sustento mientras que -tal como lo comenta Landaburu- el gaucho se dedicaba a diezmar el ganado. En 1852 esta zona quedó comprendida dentro de la línea de frontera que unía Río Cuarto, La Carlota, Laguna de Hinojo (Venado Tuerto), Melincué y Fortín Chañar (Teodelina). En 1857 Santa Isabel era un sitio remoto, campo abierto, sin alambrado ni vallas, con ganado arisco. En ese año Don Miguel Rueda compró un terreno compuesto de dieciocho mil varas de frente (15 kms) por doce mil de fondo (10 kms) es decir seis leguas superficiales. Pero esta es otra historia que se acerca más a nuestro tiempo dejando atrás los años y los hechos que dieron origen a nuestro país.


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Plaza 9 de Julio.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 105 - 25/11/09  

 Delimitada por las calles Belgrano, Mitre, José Ingenieros y 25 de Mayo, esta manzana, la Nº 60, fue asignada a plaza por la empresa que realizó la colonización, Devoto & Cía., en cumplimiento de una ley provincial que la obligaba a destinar terrenos para ese y otros fines, a cambio de la exención de ciertos impuestos.

En algún lugar de este lote se colocó la piedra fundamental del pueblo cuando se realizó el remate de tierras que le dio origen, los días 8 y 9 de febrero de 1908.

 Por supuesto, en un principio sólo fue un solar plagado de yuyos en el que, según relatos, en más de una oportunidad ha pastado el ganado.

 En 1913 la plaza ya contaba con algunos árboles. Esto se desprende de las actas comunales que hablan sobre el recambio de árboles como así también de que el terreno fue arado completamente.

Para mediados de la década de 1920 los árboles habían prosperado, se había instalado la iluminación y ya era un lugar de esparcimiento.

 En 1930 el nombre de 9 de Julio fue cambiado por el de 6 de Septiembre en conmemoración al golpe de estado que ese día de 1930 destituyó a Yrigoyen. En 1933 fue restituida su denominación original.

 En los últimos años de la década de 1930 y los primeros de la de 1940 la plaza fue remodelada totalmente y se levantó el mástil, ícono y orgullo isabelense, cuya altura es de 33 m.


 
Según el relato de uno de los obreros de esta remodelación, Adolfo Amadío, la obra se comenzó en 1939 y se terminó en 1940. El mástil fue armado en el suelo y luego colocado por una empresa rosarina cuyos obreros eran de origen alemán, quienes utilizaban este idioma para comunicarse durante los trabajos.

  Primeramente se hizo una base de cemento de 3m. de diámetro por 2m. de profundidad desde el nivel del suelo y, en el centro, 1m. cúbico más hacia abajo. Para colocarlo armaron una torre más alta que el propio mástil, con una pluma lo pararon y luego le colocaron una rienda hacia cada esquina de la plaza para ponerlo a plomo. La parte en que asienta sobre el cemento es de hierro amarrada a la base mediante cuatro bulones.

 
 La explanada original fue realizada por los constructores Calcaprina y Dazi. Pero a pesar de su belleza no se terminó y fue desarmada poco tiempo después porque generaba ciertas incomo-didades al izar la bandera. Por este motivo, luego de algunos años, se le quitó la parte superior. Hugo Larripa, obrero de la remodelación de la explanada, contó que al haberle sacado parte del sustento superior, el mástil oscilaba mucho, se temía que hubiese filtraciones de agua y que, finalmente, se cortara. Sixto Boschetti se hizo cargo de la obra de remodelación de la explanada alrededor del año 1945, dándole el aspecto que aún permanece, cuyas escalinatas pertenecen al proyecto original.  En cuanto a los demás trabajos de remodelación de la plaza, estos se terminaron en septiembre de 1940. Se hicieron las veredas, se colocaron cables subterráneos y cañerías para el riego, y, entre otras cosas, se colocaron nuevos bancos (los antiguos aún existen ubicados en el parque del Hospital Miguel Rueda). Fue una gran obra para la época, que tenía una estética paisajística integral y que fue motivo de orgullo durante varias décadas.  Con el correr del tiempo se le fueron agregando nuevas ornamentaciones y árboles que fueron alejándose de la idea original.


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martes, 31 de diciembre de 2013

Sociedad Italiana, institución centenaria.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 100 - 25/06/09 

  La Sociedad Italiana Mutual y Cultural fue fundada el 18 de julio de 1909. La primera comisión (Consejo de Administración Provisorio) estuvo integrado por Pablo Chiesa, Santiago Raimondi, Domingo Salemme, Juan Rosignoli, Domingo Viola, Bautista Goría, Pablo Navello, Benito Zallio, Juan B. Bruno, Francisco Pensa y Ernesto Giudici.

 Los fines de esta institución, la primera y más antigua de nuestra localidad, se detallan en el acta fundacional. Ellos son la instrucción, la fraternidad, el socorro mutuo y la moralidad. La primordial motivación que impulsó a los fundadores fue poder contar con un lugar donde reunirse y a la vez sentirse protegidos por la fuerza que suponía esa unión, dado la condición de inmigrantes italianos de reciente ingreso al país. La Sociedad constituida les permitía mitigar las añoranzas de su lejana patria al reunirse con sus connacionales y, además, hallar en los servicios mutuales prestados desde el comienzo, asistencia médica, asesoramiento legal y laboral y otras facilidades que completaran su adaptación al medio existente en esa época, en un pueblo que llevaba a penas un año desde su fundación.

 Estos servicios fueron realizados con gran eficacia, convirtiéndola en la primera y más sólida de las instituciones que durante varias décadas tuvo Santa Isabel. 


 La parte más importante de la sede de la Institución, ubicada en Gral. López 766, se terminó de construir en 1910. Era un salón totalmente despojado de comodidades en el que se realizaron los principales eventos sociales y artísticos de la época.

 Pero el 18 de diciembre de 1918 la Entidad puso en marcha un proyecto de ampliación y refaccióndel edificio. Comenzaron así varios años de arduos trabajos en los que se construyó el frente de la edificación (hall, bar y secretaría) y se remodeló la puerta de entrada en la que lucían, tallados en la madera, los escudos de Argentina e Italia. En el primitivo salón se instalaron los palcos y cielorrasos, se construyeron el escenario y los baños.

 Eran Presidente y Vice de la Comisión Directiva, Bautista Boccardi y Dante Pellegrini, y era secretario Carlos de Agostini, quien conservó el cargo por muchos años. Para solventar los gastos de este proyecto de reforma y ampliación del edificio social se emitieron acciones en calidad de préstamo a dos años y sin intereses.

 En junio de 1.929 se aprobó el presupuesto para la construcción de la casilla para instalar la máquina de proyección de películas; se instaló la luz eléctrica; se compró el tanque de diez mil litros para el suministro de agua que contaba con instalación de seguridad contra incendio; se realizó el arbolado del predio adyacente (esquina de Gral. López y 9 de Julio); se brindó asistencia médica a los socios y se compró un terreno iniciándose la construcción de una casa que debería rifarse en beneficio de la Sociedad Italiana.

 Hay que destacar la importancia institucional de estas entidades en el país como nexo entre la colectividad asentada en diferentes pueblos e Italia, tan es así, que estaban organizadas en una Federación General de Sociedades Italianas en la República Argentina. Los delegados de la Sociedad Italiana de Santa Isabel ante la misma eran los señores Alessandro Squassini y Giuseppe Barbieri. Por aquellos años los representantes de la Institución concurrían a los actos portando la bandera italiana, demostrando el orgullo y el sentido de pertenencia a Italia y respetando sus símbolos, a tal punto que en una reunión se decide "no sacar de la sede social la bandera italiana por haber sido humillada en un acto cívico al colocarla a la derecha de la bandera española.

 El 20 de setiembre de 1929, cuando ya estuvieron terminadas las labores de refacción y ampliación, se inauguró el Cine Teatro Social cuya majestuosidad constituyó todo un acontecimiento para la época. Más tarde, en el mismo año, se realizó el llamado a licitación para alquilar el bufete, que se declaró desierta por falta de oferta.

 Comienzan por esos años también problemas económicos para la Sociedad Italiana que se extienden hasta principios de 1940 ocasionados por los préstamos tomados para la construcción de la sala de cine y teatro, la rifa de la casa que finamente no se sorteó debido a la poca venta de la misma y con la dificultad de cobrar el alquiler a quienes habitaban esta vivienda.

 Sin embargo los servicios mutuales con asistencia médica se ampliaron y sólo comenzaron a decaer pasada la mitad del siglo XX desapareciendo por completo en la década de 1970. Mientras tanto las veladas, bailes populares, obras de teatro, actos y funciones de cine mantienen a la sede en constante uso. A la sala se le agregó un patio con piso de lajas y escenario que, en los años de las décadas de 1940 y 1950, sirvieron también para la realización grandes bailes populares al aire libre que recibieron a las figuras más importantes de cada tiempo.

 Las funciones de cine, que generalmente se concesionaron a particulares, fueron otro de los grandes aglutinantes de los isabelenses. Estas se sucedieron prácticamente cada fin de semana desde su inauguración, en 1929, hasta septiembre de 1985, interrumpiéndose en algunos períodos por cambios de dueños y/o refacciones.

 En la década de 1940 estuvieron como empresarios cinematográficos Jano y Beto Martínez y, luego, una persona oriunda de Rosario del mismo apellido. El cine, que para 1952 ya se llamaba Ideal, fue explotado por el matrimonio de Luis Parodi y Roma Astolfi desde febrero de ese año hasta octubre de 1977.

 Para ese entonces la edificación presentaba problemas por el paso del tiempo que fueron reparados por Nereo Ansaloni quien concretó importantes refacciones que llevaron a la colocación de una nueva puerta de entrada, la construcción de nuevos baños y bar, y la instalación de nuevas butacas y proyectores, entre otras obras de importancia. El cine estuvo a su cargo desde julio de 1978 hasta finales de 1982.

 En junio de 1983 comienzan las proyecciones de Promociones Culturales S.R.L., una empresa formada por vecinos de la localidad con la finalidad de mantener en funcionamiento el cine. Las mismas se extienden hasta septiembre de 1985.

Tras el cierre del cine el edificio comienza un período de decadencia que se agrava enormemente para mediados de la década de 1990. Tras varias gestiones, importantes inversiones y gran trabajo, una nueva comisión tomó las riendas de la Institución y logró reinagurar la sala que fue reparada, siendo el cambio del techo de chapas de la misma y del escenario una de las mayores inversiones. La obra se realizó con el préstamo desinteresado de varios socios los que fueron recuperando el dinero en cuotas. Para el año 2001 ya se habían pagado las deudas.

 En 1997, mediante un subsidio provincial la Sociedad Italiana pudo comprar equipos para proyectar películas. Esto se realizó hasta los primeros años del nuevo siglo, en forma discontinua hasta que, por la falta de público, cesaron las funciones. Mientras tanto la sala cobijó actos culturales y también reuniones sociales.

 En 2007, en el marco de los 100 años de Santa Isabel, la Sociedad Italiana realizó un contrato de comodato con la Comuna de Santa Isabel por 50 años con opción a otros cincuenta. A cambio de ello se deberán realizar obras de refacción y ampliación en los primeros 20 años para la concreción de un Complejo Cultural en el que se desarrollen las diversas
actividades artísticas y culturales de Santa Isabel.

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