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miércoles, 13 de marzo de 2013

Trabajar en las máquinas.

Publicado en "Acercar a la Gente"  N° 48 del 27/02/2004 
 "Nelo" Astolfi resume casi 50 años de trabajo en las cosechadoras.  Costumbres y situaciones de ayer y de hoy ligadas al mundo de las máquinas.
  La industria argentina de maquinaria agrícola, pionera en Sudamérica, tiene un largo historial que se remonta a 1878, cuando en Esperanza (S.F.), la primer colonia agrícola del país, Nicolás Schneider inició la fabricación de arados.

 En nuestro país, las cosechadoras se comenzaron a fabricar mucho antes que lo hicieran las firmas líderes mundiales: Massey Harris en 1938, International Harvester en 1942 y John Deere en 1947. Terminada la Primera Guerra Mundial (1914-1918), y aún desde 1912, comienzan a aparecer en los campos argentinos las primeras cosechadoras de trigo arrastradas, en su mayoría, por caballos y desprovistas de motor, que tomaban sus movimientos de una de las ruedas; ganándole terreno a las viejas trilladoras de amarre. La cosechadora se definía por la combinación de la siega y la trilla simultáneamente, además del embolsado del grano y de poder cosechar distintos tipos de cereales. Por estas razones uno de sus nombres más conocidos fue el de corta-trilla. Precisamente, “cortitrilla” ha sido y es la palabra que junto, y muy especialmente, a la de “máquina” define, por estos lugares, a las cosechadoras. Trabajar en las máquinas significa, ineludiblemente, trabajar en las cosechadoras. 

 Hasta llegar a la época actual, en que las máquinas -la mayoría importadas- poseen equipamientos computados y guías satelitales con gran comodidad para el operador, en Argentina se produjeron miles de unidades de diferentes marcas y modelos.

 La mayoría de las fabricas se situaron en el sur de Santa Fe, centro y sur de Córdoba y noroeste de Buenos Aires (en nuestra provincia se forjaron nada menos que veinticuatro fábricas entre los años 1921 y 1960). Algunas de estas fábricas fueron o son: En Susana: (1917) Luis Gnero y Miguel Gardiol. En San Vicente: Hermanos Senor (1921), Bernardin (1923), Flamini (década del '40) e Industrias Boffelli S.A. (1958). En Sunchales: Alfredo Rotania (1920) que en 1929 recibe el título de “Patente de Invención” reconociéndosela como la primera cosechadora automotriz del mundo, y José Alassia (1927). En Josefina: Santiago Puzzi y Cía. (1926). En Angélica: Luis Boschetto y Hnos. S.A. (1939). En Colonia Margarita: Picco, Apendino y Cía. con la marca Marfariteña. En María Juana: Juan B. Buriasco y Cía con la marca La Soberana. En Zenón Pereyra: Baietto y Cía., Contardi y Cía. y la firma Osvaldo y Atilio Forzani S.R.L. En Totoras: Miguel Druetta (1923). En Rosario: Grandes Establecimientos Metalúrgicos Argentinos S.A. -GEMA- (1943). En Venado Tuerto: Giubergia (1948). En Firmat: Roque Vassalli (1949) e Industrias Agromecánicas Di Tullio S.A. (1955). En Casilda: Ramón Amadeo Guasch (1943), Establecimientos Industriales Rector S.A.C y F. (1949), Establecimiento Metalúrgico Marani S.R.L. (1948) y AUDMEC S.A. (1958). 

 Además, entre 1939 y 1945, Mainero y Minervino fabricaron los primeros equipos para cosechar girasol, inéditos en el mundo; y en 1950 las fábricas Vasalli y Giubergia fueron pioneras en el mundo con la fabricación de cabezales maiceros.
  Entre tantas marcas y modelos y la inacabable extensión de campos, los hombres dedicados al trabajo específico de la cosecha continúan tejiendo infinitas situaciones, anécdotas y costumbres. Muchas se repiten desde siempre, otras van mutando conforme a los nuevos tiempos.

 Anello ("Nelo") Astolfi pasó la mayoría de su vida ligado a este trabajo. Por eso hemos recurrido a él para que nos cuente sus experiencias y nos acerque al mundo de las máquinas, el que, aún teníendolo tan cerca, para muchos de nosotros puede ser desconocido. 


  ¿Cómo comenzó a trabajar en las máquinas?
= Trabajé algunos años en las estaciones de servicio del pueblo y después, cinco años en la fábrica Carelli, en Venado Tuerto. En ese tiempo, cuando ya estaba casado, tenía 24 años, surgió la oportunidad de comprar una máquina y trabajar junto a mis cuñados "Tito" y "Franco" Pellegrini, con quienes estuve cinco años.
Me pasaron el dato de una usada, una Massey Harrys 21 A, que estaba en Salto así que un domingo a la mañana, con una helada bárbara, fuimos con Tito en una Ford "A" a buscarla. Resulta que estaba casi nueva, pero le habían dejado el agua en el motor y el hielo de la helada lo había rajado. Así que estuvimos varios días dando vuelta hasta que trajimos el motor para desarmarlo y al final lo mandamos a Buenos Aires a un taller que le hacías las reparaciones al motor de Oscar Gálvez y que había inventado un sistema para sellar estas rajaduras. Después de este arreglo pusimos el motor y hasta el día que la vendí, nunca tuve problemas por eso.
 Esa fue la primer máquina que compré, en el año 1953, y era igual a las que tenían Tito y Franco.
  ¿Cuanta gente trabajaba en esas máquinas?
= Mientras se trabajaba íbamos cuatro personas, el maquinista, un costurero, un enganchador y un ayudante. El maquinista manejaba, el enganchador iba poniendo o enganchando las bolsas en las boquillas de la máquina, la sacaba cuando estaba llena y se la daba al costurero. El costurero la cocía, la cerraba y la largaba en la batea, una especie de tobogán, en el que entraban tres bolsas y una arriba, cuatro. Para largarlas se apretaba un pedal que habría la puerta de la batea y las bolsas, mientras la máquina seguía en marcha, quedaban acostadas en el campo. Se tenía la precaución, para que no se perdieran, de largarlas siempre en la misma fila, porque si no después no se veían todas y algunas quedaban tiradas en el campo. Entonces, en la primer vuelta que se daba se paraba una bolsa, como para marcar, que servía de guía para largarlas en la misma línea. Además esto hacía más fácil el trabajo de pararlas.
  ¿Cómo era el trabajo del costurero?
= Cuando yo me inicié había que poner gente del Centro si o si, entonces íbamos al Centro de Trabajadores a pedir la gente; para tres máquinas se precisaban seis personas. Por ahí te tocaba un enganchador que más o menos sabía coser y ayudaba, pero como las máquinas eran chicas, poco pie de corte, iba bien. Pero guarda, había gente muy hábil para coser rápido, no era fácil, el costurero tenía que saber trabajar bien.
Venían las madejas de hilo para coser las bolsas de arpillera. El costurero la cortaba al medio y le quedaban pedazos de hilo de 1,20 m. más o menos. Enhebraba la aguja y quedaba doble hilo, empezaba a coser de una punta de la boca de la bolsa, hacía una oreja y cosía hasta la otra punta donde formaba la otra oreja y quedaba la bolsa cerrada.
  ¿Cómo se trabajaba con las bolsas que quedaban en el campo?
=Generalmente se iba trillando y el colono, con gente de la familia o del Centro, las iban parando para que se orearan bien. No había secadoras, había que trillar seco, aunque parando las bolsas, el cereal se seca solo. Después las recolectaban y hacían estibas en los galpones o en el campo para después sacarlas en los camiones.
 Con la humedad, estando paradas no había problema. Por ejemplo,en Villa Valeria, San Luis, hicimos 15 montones de sorgo de 700 u 800 quintales cada uno y al medio una hilera larga: Si llueve se moja una capa arriba de 10 cm. y después no entra más la humedad, se hincha y corre el agua como si fuera una lona. Por eso las bolsas se podían dejar unos días en el campo.
  Eso fue así hasta que se comenzó a trabajar a granel...
= Las tolvas y los carritos se habrán empezado a usar a mediado de los '60. Algunos trillaban con bolsa, pero eso era más económico para el colono porque se lo trillabas y se lo llevabas con el acopladito hasta los silos. Yo había comprado un silo rodante marca Tameq. Ahí cargaba el cereal de los carritos y después los pasaba a los camiones.  ¿En que zonas trabajaban?
=Con el trigo arrancábamos en el norte, el 10 o 15 de noviembre, en Barrancas, Villa Eloísa, San José de la Esquina, y los primeros días diciembre ya estábamos trabajando acá. Después íbamos al sur de la provincia de Buenos Aires, Coronel Suárez, Pringles, Puán. Allá trabajábamos un mes o un mes y medio. Pasé muchas Navidades y Años Nuevos sin estar en casa, juntando el trigo.
  ¿Cuanto tardaban en llegar al sur?
= A Coronel Suárez, con las Masey Harris cuatro o cinco días. Con las otras que compré después, tres días. A veces se tardaba más porque ibamos haciendo algunas changas en el camino. A partir del ´70, más o menos, cuando terminábamos la cosecha pedíamos al ferrocarril cuatro o cinco chatas y cargábamos, en Coronel Suárez, casilla, máquina, todo lo que teníamos, y lo bajábamos en Chapuy. En un día estábamos de vuelta.
  ¿Por qué todavía las máquinas siguen viajando al sur?
= Porque es mucho lo que se siembra, la provincia de Buenos Aires es muy grande. Donde nosotros íbamos sembraban unas 1.500 has., con esas tres máquinas teníamos toda la campaña ahí porque eran lerdas, ahora una máquina moderna en seis o siete días liquida todo.
  ¿Cómo se organizaban para estar tantos días fueras de sus casas? 
= En un principio no teníamos casillas, eran un lujo, así que teníamos una lona de siete por ocho, la cabreada, el palo largo con el puntal, y en 10 minutos armábamos la carpa. Cada uno llevaba su catre y como era verano, la mayoría de las veces dormíamos afuera.
 Una vez fuimos a Villa Eloísa con "Pirucho" Piancatelli, que llevó el bandoneón arriba de la máquina. Llegamos de tardecita y armamos la carpa sin darnos cuenta de que estábamos en una calle que era como un canal, y a eso de las 12 de la noche se largó a llover, era una cosa de locos. El agua se llevó todas las alpargatas; levantamos las valijas con la ropa, pero del bandoneón no nos dimos cuenta y quedó debajo de un catre. A la mañana, cuando Pirucho vio el bandoneón se agarraba la cabeza, lo fue a sacar de la caja y se le despegó el fuelle. Cuando lo quiso abrir se desarmó todo.
  Pero pasaban buenos momentos...
=A la noche, después de trabajar continuamente todo el día, daba gusto reunirse porque era toda gente alegre. No te los puedo nombrar ahora, porque me voy a olvidar de muchos de los que solían venir. Eramos trece, cuatro en cada máquina y Tito que quedaba libre porque había que hacer la comida o hacer los mandados. En el sur es distinto que acá. A lo mejor tenía que hacer 10 o 12 leguas para ir a buscar las cosas, andábamos con una Ford "A" sola para atender todo. La estancia nos daba la carne, entonces se compraba pan y lo que hacía falta para tres o cuatro días...
 Y vino. Para que vamos a hablar, damajuanas de 10 litros, a lo mejor llevábamos siete u ocho. Calculá que eramos todos tomadores de vino y era verano. Teníamos en cada máquina una bota Pamplona colgada, cuando se vaciaba te avisaban.  Pero no era que se mamaban ni nada de eso, en vez de tomar agua se tomaba un trago de vino.
  ¿A que hora comían? 
=A la mañana, a eso de las 8 y media, se comían los bifes, era una especie de desayuno. Después, a las 12 y media, más o menos, se almorzaba, pero para no parar y aprovechar el buen tiempo se hacían relevos. A la hora del mate parábamos todos, se paraba para echar nafta, porque estas Masey Harris eran con motor naftero. Y después se seguía con el trabajo hasta la noche, hasta que la humedad del cereal nos dejara. Podían ser las 11, las 12 o las 2 de la mañana. Hemos tenido la suerte, en un año de seca, de trabajar toda la noche.
  ¿Les traían problemas esos motores nafteros?
= No tanto, pero como estaba puesto abajo, a la altura de la paja del trigo que ibas trillando, había que tener cuidado de que no juntara basura y se prendiera fuego.
 He visto cada incendio en e sur que daba miedo.
  ¿Por que son tan grandes los incendios en esa zona?
= En los años '60 y '61, en el sur hubo una gran sequía. Tal es así que no quedaban vacas, los campos pelados completamente y en el '62 empezó la lluvia otra vez. Allá son estancia de 5.000 o 10.000 has. y había quedado, prácticamente todo sin hacienda, por eso se sembró todo trigo. Ese año gané mucha plata, porque faltaban máquinas y se cobraba mucho.
 El dueño del campo recomendaba tener cuidado con el fuego, porque si se prendía no quedaba nada y no nos salvábamos nosotros tampoco. Porque, ¿adonde nos íbamos a meter? Los lotes son de 1.000 o 1.500 has, y pegado a ese a lo mejor hay otro. Cuando había hacienda no, porque cortaban con lotes de hacienda, pero ese año habían sembrado hasta debajo de la cama.
 Todos los días se veían, a lo lejos, humaredas de incendios, daba miedo.
  Antes se acostumbraba quemar el rastrojo.
= Acá si, porque son chacras chicas. Pero allá, prohibido terminantemente prender fuego un lote. Le echaban hacienda y la pisoteaban para poder trabajarlo de vuelta.
 Nosotros le trabajábamos a un tal Segón. Tenía un galpón todo de chapa y sin una sombra. Obligadamente teníamos que hacer fuego ahí adentro, y cuidadito que te viera que tuvieras un cigarrillo en la boca.
 Nosotros no tuvimos incendios, pero una vez se nos venía el fuego del campo vecino y nos metimos en medio de unas plantas. De cualquier manera lo cortaron antes. Era terrible.
  Y después de la cosecha, a reparar...
=Teníamos un mes y pico de reparación. Había que cambiar poleas, revisar todo, llevar piezas al torno. No había bolilleros, muchos rodillos, mucho desgaste. A eso había que hacerlo todos los años, generalmente, se desarmaba la máquina completa y lo que estaba gastado se ponía nuevo. Cuando tenía la Massey Harris todos los repuestos eran importados, norteamericanos.
 Hasta el otro trigo no hacíamos otra cosecha. Después cuando se empezó con el maicero ya no. Llegábamos y teníamos que desarmar todo, armar el maicero y salir. Yo con el maíz no salía mucho afuera.
  Al principio no cosechaba maíz.... 
= Nosotros hacíamos trigo nada más, hasta que mucho después aparecieron las plataformas maiceras. Después de la Massey Harris compré la primer Giubergia, la Preferida, y cuando en el '68 compré la Super G, esta venía con el maicero de cinco surcos. Algunos no querían saber nada con los maiceros y juntaban todo a mano.
  ¿También se sembraba girasol?
= Si, pero poco. El girasolero es más viejo que el maicero, es una puntonera, son unas bandejas separadas por unos 10 cm. de abertura.
 Te cuento que una vez, con el girasolero de la Massey Harris le fui a trillar un girasol a Adamo Pellegrini, en el campo de Baldessari. El girasol estaba tan enredado que las tortas se quedaban trancadas en las bandejas, las cañas quedaban debajo de la plataforma para atrás y si no las pisabas, no corrían y se hacía un montón adelante. Entonces Adamo iba agarrado al costado de la plataforma pisandolas; pisaba acá, pisaba allá... Y había un eje que tenía un engranaje con un prisionero, que yo le dije "tenga cuidado". "No, vos dale, dale..." Por ahí veo que el prisionero le enganchó la manga del pullover, así que enseguida saque el embrague para que se pare la máquina, pero igual siguió por el envión. Vos podés creer que lo desvistió completo; le quedó puesto el sombrero y las alpargatas. Le sacó el pullover, la camisa, la camiseta, los pantalones y los calzoncillos, todo quedó enrollado en el eje. Menos mal que cuando lo quiso levantar, se agarró fuerte y ya la máquina fue parando; pero lo desvistió. Se tapaba y se reía. "Andá a decirle a tu madre que me mande un par de pantalones y calzoncillo" le decía al hijo, a Pedrito.
 Primero nos reíamos, pero después nos asustamos mucho.
  ¿Cuál ha sido uno de los campos donde más ha trabajado?
= Cuando empecé a trabajar con las máquinas en el '53 entré en la estancia La Lyda y hasta que se vendió la última parte, que no hace mucho que se separaron y que le vendió el campo a Hathor, estuvimos trabajando. Trabajé como 50 años ahí adentro, así que conocía todo el movimiento.
  ¿Hasta cuando estuvo en esta actividad?
= Hasta hace dos años y medio o tres, trabajabamos como tractoristas rurales, en Villa Valeria, hacíamos los trabajos y lo cosechába-mos también.
  Desde sus comienzos a la actualidad las máquinas tuvieron un gran avance ¿no?
= Subir a las máquinas de ahora es un lujo. Por eso es que ahora se achica la mano de obra. Con las tres maquinitas que teníamos nosotros íbamos trece personas, ahora una máquina sola hace el trabajo de lo que nosotros hacíamos en cinco días; y va el maquinista y el tractorista.
 Además, al haber muchas máquinas, antes las fábricas tenían mucho trabajo con el tema de los repuestos, después empezó a venir lo importado y tuvieron que cerrar. Por otro lado, chacras casi que no quedan más. No quedó nada, por eso se ha achicado mucho la mano de obra.
 Será que uno es medio sentimental, pero a veces no quiero salir por el campo. Tengo 75 años y a las chacras las conocí de pibe y con este trabajo. Y ahora son todas taperas; y yo cuando veo eso me agarra una amargura... Ahora se ven las plantas de las taperas, te da pena.
  Además de trabajar en las máquinas, también se ha dedicado al fútbol...
= Si. En el '53, '54 , '55 y '56 en Belgrano teníamos un cuadro muy bueno. Tres años seguidos salimos campeones de zona, pero nunca pudimos mojar el campeonato de la Liga, porque nos desbandábamos todos cuando llegaba el tiempo de la cosecha y nos íbamos a las máquinas.



 Las Massey Harris y el personal posando para la foto.




 En la casilla. Un momento de recreo entre tanto trabajo.
 Recién llegada. La familia posa junto a la nueva Giubergia.








*

 
 

sábado, 23 de febrero de 2013

El Molino desde adentro

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 15 del 15/04/2000

En General López y Rivadavia continúa en marcha una de las industrias emblemáticas de Santa Isabel. Albino Krenz nos aporta datos y experiencias del tiempo en que trabajó allí.

Es una especie de mojón, gigante e inamovible, que buscamos con nuestra mirada cuando estamos llegando de un largo viaje. Nos tranquiliza encontrarlo, recortándose en el cielo, porque nos indica que ya estamos en casa. Es un paredón de cemento muy poco estético que nos niega la totalidad del sol. Su figura nos recuerda épocas de progreso económico y está ligada definitivamente al paisaje de Santa Isabel.

Algunos recuerdan cuando las edificaciones no pasaban de unos pocos metros, otros no saben de la falta de su presencia inmutable. Con algunas interrupciones continúa hoy con su labor fabril. Todos lo conocemos como "El Molino". Pero, ¿sabemos exactamente qué es, como nació y qué actividades se desarrollan en su interior?
 Para obtener respuestas dialogamos con Albino Krenz, una de las personas que pasó más tiempo trabajando dentro de él. Un período de unos 32 años que comienza con el denominado "molino viejo" hasta el principio de la década de los '90.

  ¿Cuando comenzó a trabajar en el molino?
= Fue el 11 de diciembre de 1957.
En ese lugar funcionaron tres molinos distintos. Al más viejo yo no lo conocí, era de Angel Ferro, que también era cerealista. Después, Juan Paganini, Abelino De Dios y Francisco Farrando se lo compraron a Ferro y así nació el Molino Santa Teresita. Cuando fui a trabajar hacía tres o cuatro meses que funcionaba. Habían comprado máquinas usadas que cambiaron por las que estaban, que eran dos cilindros y un cernidor. Varios años después se construyó el actual molino.
  ¿Donde estaban ubicados los anteriores?
=Al lado, en la calle Rivadavia. Hay ahora en esa parte una especie de galpón alto de chapa. Eso es ahora la embolsadora de harina. Es automática: embolsa pesa y cose. También hay dos silos para harina y uno para afrecho.
  ¿Con qué capitales se hizo el nuevo molino?
= El molino viejo les daba ganancias. Se mandaba mucha harina a La Quiaca en bolsitas de tela de10 kilos que embolsábamos acá con la marca Santa Teresita. También en bolsas de 70 kilos. En el nuevo las bolsas fueron de 50 kilos y de papel.
  ¿Cuando se construyó el molino actual?
= A los silos grandes, la parte más alta de cemento, lo hizo una empresa de Córdoba en el '61 y cuando todavía estaba el molino viejo. El edificio del molino actual se comenzó a hacer en el '63 y '64. Funcionó algo más de tres años hasta que se lo paró porque la empresa presentó quiebra. Estuvo parado desde fines de 1968 hasta fines de 1970. A partir de ahí comenzó la sociedad con Pardo y el Dr. Pascual y pasó a llamarse Molino Atalaya.
  ¿Cómo es ese silo grande de cemento?
= Son ocho tubos verticales, cuadrados, cuatro de cada lado. La altura de cada uno es de 40 metros y arriba está la caseta de las norias y la de las cintas que los llena con el cereal. Abajo de todo están los conos hasta un metro y medio debajo del piso para sacar el trigo.
  Uno de esos silos una vez se rompió...
= El primero, al lado de la noria, de la parte que mira al norte. Se reventó porque no le pusieron el material necesario al construirlo. Eso fue por el '72.
Ese día yo estaba trabajando, eran más o menos las cinco de la tarde, en verano. En ese tiempo estaba "El Alemán", Juan Frankemberg. Había subido para hacer unos trabajo y cuando bajó, no alcanzó a llegar al taller que se vino todo abajo.
Ese silo estaba todo lleno... No solo se rompió arriba sino que se rajó hasta abajo, así que se vino casi todo. Cayó sobre la casa de Carlés, la que ahora es de Forlín. Había trigo por todos lados, volteó tapiales y pasó a lo de los vecinos.
  ¿Y entonces que hicieron? 
Le fueron sacando trigo de a poco a los otros silos hasta vaciarlos para repararlos. Vino un constructor de Rosario, un italiano que sabía mucho y lo reforzó todo. Con mi hermano Luís tapamos, con un producto especial, las rajaduras de todos los silos. Luís se sentaba en la silleta y yo la manejaba desde abajo. Él era corajudo, había armado la torre del montacargas, de unos 60 metros, que se usó para construirlos. Después taparon todo con cemento y le cruzaron hierros desde los cuatro costados de arriba abajo, para reforzarlos. Son esos puntos que se ven en las paredes.
  ¿Alguna vez subió?
= No, arriba del todo no. No me gustan las alturas. Intenté varias veces. Esas escaleras que van por fuera son seguras, pero por la mitad yo me volvía para abajo.
  ¿Y al edificio en donde están las máquinas?
= Ahí sí, tiene 22 metros. Son cinco pisos.
  ¿Qué trabajos hacía usted?
= En los primeros tiempos fui cilindrero, hasta el '84. Después me ascendieron a segundo jefe molinero, ya no trabajaba más en las máquinas, hacía reparaciones. Tampoco trabaja de noche, porque se hacían turnos rotativos, en las épocas que se trabajaba corrido.
  ¿Durante el tiempo que el molino estuvo cerrado, usted que hizo?
= Tuve varios trabajos. Trabajaba de albañil. Por ejemplo, estuve más de siete meses trabajando en "Las Encadenadas" en la construcción de una casa.
   Y después, lo volvieron a tomar...
= Si, si bien perdimos la antigüedad y no cobramos algunos sueldos atrasados, volvimos a trabajar... ¿Qué ibas a hacer?
  ¿Hasta cuando trabajó?
= Hasta casi el '90. Después me retiré porque ya me había jubilado.
  Era una tarea pesada...
= Si, cuando había que reparar era brava la mano, porque los cilindros pesaban 280 kilos. Yo armaba y desarmaba solo, en las vacaciones, me quedaba reparando. Una sola vez tomé vacaciones, para visitar a mi hermana en Entre Ríos. 
   Y trabajando tuvo un accidente... 
= Fue en 1976. Era un sábado a la mañana y teníamos que cambiar unos caños de una máquina. Puse una escalera para sacar el caño y cuando estaba en el tercer escalón se resbaló y me quebré la pierna arriba del tobillo. No fue una quebradura cualquiera porque se cortó todo y perdí mucha sangre. Estuve 8 meses en la cama. Durante 7 años la herida no cerraba. Entonces me operé en Buenos Aires, porque resulta que en la parte que se soldó el hueso había quedado una basura.-
Después me volví a quebrar en esa pierna dos veces más, pero en otros accidentes. Por eso tengo problemas para caminar.
  ¿Y ahora sigue trabajando?
= Trabajo en mi casa. Hago un poco de todo, de esos aparatos que se colocan en las veredas para poner la basura, tendederos de ropa, reparaciones, estoy haciendo un acopladito... Porque con la jubilación que tengo no hago nada. Ahora estoy reclamando porque me jubilaron en una categoría más baja.
  ¿Cómo es el proceso para obtener los productos del trigo?
= Para la molienda es necesario mojar antes el trigo y estacionarlo unas horas, para que quede con unos 15 o 16 grados de humedad. Cuando entra al cajón de estacionamiento, automáticamente se le va agregando agua. Después se muele.
  ¿Seco no se puede moler?
= Si, se puede. Pero sale la harina negra porque se remuele la cáscara. En cambio si está húmedo la cáscara se rompe y no se muele. Nada queda húmedo, porque la cáscara se va secando a medida que pasa por los cilindros. Los cilindros giran uno sobre otro para producir la molienda. Pueden ser estriados, con pequeñas rayas, o lisos. En el molino viejo teníamos tres cilindros estriados, que son los que muelen la cáscara, después de pasar por los cernidores se pasaba a los cilindros lisos, que eran seis, para moler la sémola y sacar la harina.
  ¿Y en el nuevo?
= Después de cada rotura se manda a las zarandas. Son telas de seda especiales para zarandear la harina. Para el afrecho son de metal. Primero son con agujeros grandes y se van achicando cada vez más para ir separando. Por ejemplo, la primer rotura tiene abajo cinco bocas: de una sale la segunda molienda, de otra la sémola, la harina, etc. La segunda molienda se manda para arriba, con aire, a otra sección, y así con cada molienda. Cada sección tiene 16 zarandas. En total son seis secciones para sacar los distintos productos.
Ahora han puesto máquinas nuevas. La primer rotura es con máquinas computa-das. Pero yo no trabajé con estas, ya me había retirado cuando las instalaron.
  ¿De qué trigo se saca la mejor harina?
=El trigo duro, por lo general es trigo para pan, con un 30 o 32 % de gluten, de harina más vale morocha. El semiduro es un trigo que tiene mucho almidón y poco gluten, un 22 o 24 %, de mucha harina. Antes de descargar los camiones se hace un análisis para saber de que clase es y ponerlo en el silos distintos para después hacer las mezclas.
  ¿Quién hacía las mezclas de trigo en esa época?
=Estaba el jefe, Miguel Giménez. Hacía los análisis, probaba la harina, hacía pan en un horno para conocer la calidad del producto. La harina que se hacía era de cuatro y tres ceros.
  ¿Cual es la diferencia ?
= La cuatro ceros es de mejor calidad. Se saca en la primera y segunda molienda, es harina de pura sémola. A partir de ahí, en las otras moliendas, sale la tres ceros. Ahí viene todo, almidón, sémola, etc.
  ¿La sémola en que parte del trigo está?
= Primero se saca la cáscara y lo que sigue, la primer capa, es la sémola. Después viene el almidón.

A pesar de las dificultades que le ocasiona su pierna, Albino sigue trabajando en su casa y luchando por una jubilación mejor.

A pesar de las dificultades de la economía del país, "El Molino" sigue colmando el espacio visual de la localidad y esparciendo el zumbido de sus máquinas. 




 Año 2000: El molino harinero de la esquina de Rivadavia y Gral. López.











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miércoles, 20 de febrero de 2013

Horneando la vida

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 5 del 15/07/1999

Hay cosas que de tan cotidianas y obvias pierden importancia para nuestras agitadas vidas de fin de siglo. El pan es una de esas cosas que, solo cuando nos falta, recobra su verdadero valor. El pasado 29 de junio panadería “La Nueva” cumplió siete décadas en la tarea de suministrar a Santa Isabel parte de esa cotidianidad.

Nuestras ansias por difundir historias y personajes de la localidad nos llevaron hasta el 1050 de la calle General López a dialogar con Ofelia Romero, hija de los fundadores, Pedro Romero y Herminia Gilardoni, mientras, en la “cuadra”, su esposo Hector Palau, se encontraba en plena faena. Se completa esta familia de panaderos con sus hijos Ricardo “Tito” Palau y Ana María Palau (que luego se sumó a la charla) junto a Julio, el hijo de ésta última.


 ¿Cómo es que su padre decide instalar esta panadería?
Ofelia: Nació en 1901 y le faltó el padre de muy chico. Mi abuela Romero quedó viuda, eran muchos de familia y mi papá tuvo que salir a trabajar. Fue a trabajar al campo de mis abuelos Gilardoni que quedaba casi en frente al de ellos. Estos habían venido en 1908, en el año de la fundación del pueblo. A mi papá lo tenían como un hermano, se puede decir que se criaron juntos.
Ya más grande, cuando tenía 27 años y estaba casado con mi mamá vino al pueblo y aprendió el oficio de panadero. Alquilaron con otro socio esta panadería en 1929 que ya estaba funcionando. Era del Sr. Battani de Villa Cañás, alquilaba Cabañolo y entró mi papá. Después compraron.
 ¿Quién era el socio?
Ofelia: Uno de los socios fue mi tío Guillermo Penecino, pero también fue socio Juan Tabaco. En esa época se hacía el reparto en el campo y un día, cuando Tabaco llegaba a casa de mi abuelo cayó un rayo sobre la jardinera; era un día de pocas nubes pero lo mató a él y al caballo. Era un muchacho muy querido, era jugador de Belgrano.
 Esta casa que es tan vieja, ¿ha sido reformada?
Ofelia: Esto tenía todo el frente como todas las casas de antes: de ladrillos, con ventanas con rejas. Después de muchos años se fue reformando. En esta casa había un localcito que siempre se alquiló para peluquerías. Estuvo la peluquería de Bastino y ahí se fundó el Club Juventud. En ese local se juntaban varios muchachos y fundaron el Club Juventud. Ahí estuvo también la peluquería de Quito Dueñas y, Mario Tirelli, cuando recién comenzaba a trabajar tenía esa pieza para lustrar muebles. Después por un tiempo funcionó la biblioteca del colegio hasta que se reformó la casa y pasó a ser un dormitorio.
¿El horno ha sido siempre el mismo?

Ofelia: No, al horno lo hicieron de nuevo cuando yo era chica. A los hornos no se los puede dejar enfriar, hará unos 60 años que lo hicieron nuevo y funciona siempre, porque si lo dejás varios días que se enfríe del todo y lo volvés a prender corre peligro de que se derrumbe. Así que puede estar 2 o 3 días apagado pero hay que volver a calentarlo.            
 ¿Y el negocio como funcionó? 

 Ofelia: En una época hubo 7 panaderías con reparto al pueblo y también al campo, y llegó un momento en que nadie hacía nada. Tuvieron que hacer algo, entonces se formó la sociedad de panaderos. Cerraron cuatro panaderías, se sacó todo el reparto y se industrializaba en tres: la de Bulfoni, la de Chiacherini y ésta. La gente se volcó a esta panadería del centro. Este negocio rebalsaba de gente todo el día.
 ¿Este negocio requiere de mucho trabajo?
Ofelia: Trabajaban todo el día, además antes se hacían muchas cosas a mano. Se cortaba a mano, se rebollaba y después se volvía a hacer todo a mano. Había sí algunas máquinas: la amasadora y la sobadora que todavía siguen funcionando.
 ¿Cuales son los horarios de trabajo?
Ofelia: Antes los horarios no eran como los de ahora. Se empezaba a las 5 de la mañana porque estaba prohibido empezar antes, era la época de Perón y estaban los inspectores que pasaban a controlar. Comenzaban a esa hora, amasaban y terminaban de cocinar cerca del mediodía y descansaban a la tarde.
Después se cambió. Empezó la competencia a quién tenía el pan más temprano y aunque no quisieras salir del horario, si los otros a las 8 de la mañana tenían el pan fresco perdías de vender. Como ya los inspectores no pasaban se fue perdiendo ese horario.
Ahora empiezan a las 3 y media o 4 de la tarde, hacen las facturas y después amasan el pan, lo arman, lo ponen en tablas y va a la estufa para levarse.
 ¿En que consiste la estufa?
Ofelia: La estufa es una pieza alargada al lado del horno, cerrada y calefaccionada. A las 4 y media de la mañana lo sacan y empiezan a hornear.
 ¿Cual es la fórmula del famoso pan de Romero?
Ofelia: Mucho tienen que ver las harinas, no siempre hay harinas buenas. Los mismos viajantes lo dicen: antes las harinas tenían mucho más contenido de gluten, entonces salía el famoso pan, un pan francés desarrollado...
 Agua, sal y levadura ¿Esta es la receta para el pan?
Ofelia: ¡Ah no! ¡No es tan fácil! Hay que conocer los puntos, tener experiencia, conocimientos. El que está en eso es mi marido, Héctor. Parece simple y a veces no es tan simple. Pero lo que vale mucho es la calidad de la harina. Vos podes saber mucho y todo, pero si no tenés calidad... A veces a los molineros les pasa lo mismo que a los panaderos, si no hay buena calidad de harina el panadero no saca buen pan, y al molinero si no le das buen trigo no puede sacar harina buena.
 ¿Según la calidad de la harina es el precio que se paga, no?
Ofelia: Uno no mira tanto el precio de la harina sino la calidad, porque sino se te van los clientes. Acá se mira mucho la calidad, sacás dos o tres días mal el pan y los clientes se te van.
 ¿Y con el tema de las facturas?
 Ofelia: Ese es otro arte . Hace tres años que hacemos cursos en Venado Tuerto. Una empresa de venta para panaderías hacen los cursos con profesionales. Ellos arman las panaderías y tienen todo lo nuevo. Los cursos son muy buenos.
 (Ana María se suma a la conversación)
Ana María: Además de lo que es repostería conocés todo el mecanismo del pan. Son dos cursos muy completos que dan al año. Te explican para cualquier clase de hornos. Promocionan las maquinarias y todo lo necesario para el panadero.
 Otra especialidad es el pan dulce ¿no?
Ofelia: Claro, a mi papá le siguió Héctor en todo esto hace 56 años, pero ya no los hace más, últimamente los hago yo. Dirijo a los muchachos, son todas recetas nuevas porque hay muchos productos nuevos.
Ana María: Antes el pan generalmente era agua, harina y levadura, pero ahora tenés productos como los estabilizadores, aditivos para mantenerlos frescos...
 ¿Cuanto tiempo se puede dejar el pan antes de hornearlo?
Ana María: Se lo pone en la estufa y hay que esperar que se vaya levantando, cada panadero lo va regulando, si se pasa de punto se aplasta o se pone agrio. En algunas panaderías tienen la conservadora y cuando el pan está a punto lo ponen al frío para sacarlo en el momento en que lo necesitan.
Ofelia: Hay otras más modernas. Nos hemos quedado un poco porque en otras panaderías tienen cortadora y trinchadora y los hornos rotativos. Nuestro horno es a leña aunque tenemos idea de hacerlo a gas.
Ana María: Lo importante es conservar la parte artesanal que es lo que se valora y que es lo que se perdió ya sea por los aditivos, conservantes y otros tipos de cocción. No es lo mismo el pan de un horno a gas que el de un horno a leña que le da un gusto especial.
Ofelia: Es como las comidas, yo utilizo casi siempre el horno y es distinta la comida, es riquísima, es otra cocción.                                                           
 ¿Que leña usan?
Ofelia: Compramos la leña del norte que es superior. Pero ahora en estos momentos estamos quemando de nuestra zona. Ocurre que la leña del norte trae unas arañas impresionantes y también hormigas grandes. La de la zona es más limpia. Pero... ya te digo, tenemos idea de instalar el gas en el horno.
Ana María: A mi mucho no me convence. Son unos quemadores que se colocan en el lugar que se quema la leña, pero el pan no sería el mismo porque no tendría el sabor que le da la leña.
Nosotros además no hemos tenido la intención de poner una panadería moderna, la idea es seguir trabajando de esta forma artesanal.
Ofelia: Esto es más o menos como un pintor: cada uno le hace algo especial al cuadro. Nosotros en esto le damos nuestro toque especial.


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