Por "Lesburgue".
Febrero de 2007.
Recuerdo a Valentín.
Desde chicos compartimos la pasión por la pelota.
El vivía en la cancha y las tardes nos las pasábamos jugando el Vasco, Oscar, Norberto, Osvaldo y otros muchos que no recuerdo.
Estoy hablando aquí de las décadas del '50 y '60. En ese tiempo la pelota a paleta era muy popular, tal es así que había tres canchas en Santa Isabel y todas colmadas de jóvenes entusiastas por este deporte.
En esa época, nuestro ídolo era -y aún lo sigue siendo aunque ya no está- Milo, un extraordinario pelotari de Teodelina.
Era tal la pasión que semejante jugador despertaba en nosotros que, recuerdo, después de ver un partido con Valentín en la cancha de Blanco, con Milo como protagonista, al terminar estos partidos, a última hora del día, volvímos a su casa para ir a la cancha a pelotear en la penumbra del atardecer.
Y ni les cuento lo que pasaba cuando la pelota pasaba por algún agujero del tejido sobre el frontón, porque al tener una buena pelota había que cuidarla. La pelota que salía sobre la calle Francia caía en el campo (en esa época) y nos pasábamos horas buscando entre la gramilla, tanteando con el pié, porque verla no se podía.
Siempre se destacó Valentín por su calidad como jugador y su temple para afrontar compromisos difíciles.
Su partido más extraordinario y que él recordaba siempre, fue en Sancti Spíritu, en un torneo en donde intervinieron parejas de Rosario, Rufino y Venado Tuerto; digamos lo mejor del sur santafesino año 1963.
Llegaron a la final la pareja de Santa Isabel, integrada por el Polaco, como delantero, y Valentín de zaguero, contra los locales. Y, como se estila en estos casos, las apuestas se redoblaron a favor de los locales.
De Santa Isabel habíamos acompañado el Ñato, que tomaba las apuestas a nuestro favor sin distinción de usura o desventaja, Norberto, menor de edad, y yo, en la colimba.
Cuando el aluvión de apuestas que tomaba lo superaron económicamente, el Ñato nos consultó si hacíamos una vaca para seguir apostando. Y dijimos que si, que podíamos respaldar.
Y empezó el partido.
Fue muy parejo hasta los dieciocho tantos, momentos en el que algo tremendo pasó; nos sacaron cuatro tantos seguidos. El partido era a veinticinco tantos y Norberto me preguntaba cómo ibamos a salir de ahí.
Y en ese momento apareció el temple y la calidad de jugador que tenía Valentín. La cancha zurda con dos tambores, el de la derecha normal, pero el de la izquierda apenas se distinguía; es decir que la pelota que pegara en él, era tanto seguro. Y este gran jugador, con su temple y coraje, jugando él de zaguero, metió cuatro tambores por zurda seguidos. Les igualó el partido y de ahí a ganarlo, fue solo un trámite más.
Este partido vivió en su memoria como el logro más grande de su carrera deportiva y al recordarlo hacía hincapié en las dificultades del momento. Se llenaba de orgullo al haber revertido una situación tan difícil y se reía cuando yo le contaba de mis problemas afuera de la cancha, con Norberto y las apuestas.
Este es mi humilde homenaje a aquel con quién compartí la pasión por la pelota.
Ver más en: Historias de frontón
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miércoles, 22 de abril de 2020
miércoles, 20 de julio de 2016
Acontecimientos artísticos de antaño
Por Norberto Oscar Dall’Occhio
Durante las décadas de 1930, 1940 y 1950 visitaron Santa Isabel numerosos conjuntos orquestales, algunos de ellos de gran jerarquía y de renombre internacional. Tal es el caso del famoso maestro Francisco Canaro, quien a principios de 1950 actuó con su Orquesta Típica (así se la denominaba a la orquesta que tocaba tangos) en un baile popular realizado en las instalaciones de la Sociedad Italiana. Fue un gran acontecimiento con una enorme concurrencia de público que colmó la sala, debiendo las autoridades habilitar una pista al lado del salón, aprovechando una noche con clima agradable.
A principios de la década de 1950 la otra gran atracción fue la visita del notable cantor popular Alberto Castillo, que a pesar de haber actuado un día lunes, llenó totalmente el salón de la Sociedad Italiana. Castillo se alojó en el Hotel Central y mucha gente recuerda que cuando llegó al pueblo varios admiradores del cantor se aproximaron al hotel para saludarlo. Castillo agradeció la demostración de afecto y desde los balcones del patio interior, donde estaba ubicada su habitación, entonó “a capella” una canción de su exitoso repertorio.
En otro orden artístico, también hubo muchas visitas de conjuntos de radioteatro de renombre que, en las emisoras de Buenos Aires y de Rosario, tenían gran éxito representando temas que atraían a los oyentes. Era una ficción donde hombres y mujeres de todas las edades quedaban atrapados por un relato verosímil, a través de las sugestivas voces de los actores y actrices y por los efectos especiales creados por excelentes sonidistas que, con su magia incentivaban la imaginación de la gente que los escuchaba. Esos elencos radiales luego realizaban giras en los pueblos y de esa forma la gente del interior podía verlos actuar en el teatro de su localidad. Desde Rosario solían venir las compañías dirigidas por Federico Fábregas y por Norberto Blesio, que daban obras, entre otras, como “Genoveva de Bravante”, “El León de Francia”, “El Forastero que llegó una tarde” y “Fachenzo el maldito”. De Buenos Aires lo hacía el elenco dirigido por Atilano Ortega Sanz que a la tarde transmitía con mucho éxito, por Radio Mitre, obras camperas que contaban con la valiosa animación de “Pichirica”, rol que estaba a cargo del destacado actor cómico Humberto Lopardo. Ortega Sanz era un prolífico creador de obras de radioteatro, luego representadas en los escenarios de los pueblos de campaña. Entre otras, se pueden mencionar “El boyerito de la cara sucia”, “La chacra del árbol seco”, “Corazón de chacarero” y “Cuando sangran los trigales”.
Anteriormente, en la década de1930 provenientes de la Capital Federal actuó en un baile la orquesta de tango de Roberto Zerrillo, donde también hubo un concurso de cantores locales. En otra ocasión lo hizo el conjunto “Los Bohemios” dirigido Mario Pugliese “Cariño”. “Los Bohemios” formaban parte de un grupo teatral muy popular que representaba graciosos temas cómico-musicales con raros instrumentos. Además el conjunto tenía programas radiales en las emisoras de Buenos Aires y actuaba en importantes teatros de esa ciudad.
A principios de la década de 1950 se realizó un baile popular. El atractivo fue la filmación de una película documental con tomas generales del público y varias de carácter individual, especialmente de la gente que estaba sentada en los palcos. El film fue proyectado en la sala tiempo después.
Era tradición cada año realizar, en noviembre, una reunión danzante como despedida de los conscriptos que al año siguiente serían incorporados al servicio militar obligatorio. Como se decía en la jerga popular "el baile es para los muchachos que tienen que hacer la colimba” el año que viene.
Todos estos acontecimientos artísticos se llevaban a cabo en las instalaciones de la Sociedad Italiana. Allí, en la década de 1940, actuó el dúo cómico Buono-Striano, de enorme popularidad por su conocida participación radial en emisoras porteñas. En la misma sala, en otra oportunidad, tuvo gran repercusión la actuación de un mago e hipnotizador que presentaba escenas de levitación. Su atrayente espectáculo lo denominaba “Nostradamos” con “Salomé la Vidente”, con la participación en algún momento del público presente.
También desde Buenos Aires solía visitar Santa Isabel la compañía de teatro que representaba “Gran Pensión El Campeonato”, un programa auspiciado por Jabón Federal en Radio Belgrano (emisora de la Capital Federal que transmitía en cadena al interior). El programa era muy difundido y tenía mucha audiencia en todo el país, especialmente por parte del mundo futbolero durante la disputa del Campeonato Oficial de la A.F.A. En el elenco sobresalía la actuación del excelente actor Félix Mutarelli, quien hacia el papel de “Don Pedrín El Fainero” (el hincha fanático de Boca). También otros importantes actores representaban diversos clubes de primera división. En ese programa radial de Jabón Federal también solía participar -entre otros destacados artistas nacionales e internacionales- el Cuarteto de Juan Cambareri, llamado el “El Mago del Bandoneón”. Cambareri visitó varias veces Santa Isabel amenizando bailes que organizaba la Sociedad Italiana y que lograban gran asistencia de público. En varias oportunidades también actuó el famoso Cuarteto de Tango dirigido por Roberto Firpo, contratado por la Sociedad Italiana.
Otra visita importante la constituía la presencia de la “Orquesta de la Argentinidad” dirigida por Lorenzo Barbero, de Buenos Aires, que actuaba en las instalaciones del Prado Español. Barbero presentaba un atrayente y colorido espectáculo musical de danza tanguera y de otras melodías que contaba con la asistencia de numerosas familias de la zona.
En 1955, también en el Prado Español, se llevó a cabo en la pista una especie de maratón individual a cargo del patinador Alfonso García, que intentaba batir su propio récord mundial de 80 horas de permanencia en patines, sin dormir y sin parar ni de día nide noche; objetivo que logró. El primer día no se pagaba entrada, en la segunda jornada se abonaba un modesto importe, en la tercera aumentaba el monto y en la culminación, al cuarto día, la entrada era más cara. Había servicio de buffet permanente a cargo de la Heladería Miculán, que organizaba el espectáculo. La reunión finalizó con el festejo de la hazaña deportiva, acompañada con un baile.
En los bailes locales también solían actuar las orquestas de Juan Antonio Manzur, de Rosario; “Maipo”, “Víctor” y “Marchetti y Morelli”, de Venado Tuerto, y el Cuarteto “Boedo”, de Villa Cañás. En este último conjunto, a veces intervenían músicos, cantores y presentadores de Santa Isabel. Conviene aclarar que en aquella época sólo se podían realizar bailes populares en las instituciones, con el consiguiente permiso de las autoridades locales. No existían las discotecas privadas ni lugares parecidos.
Fuera de lo artístico, en la década de 1940, una noche de verano -con la presencia de mucho público- se presentó en el terreno contiguo a la Sociedad Italiana un atlético deportista con una gran contextura física, quien hizo alarde de su fuerza y resistencia corporal. Para demostrar su gran vigor, el fornido atleta comenzó doblando con sus enormes brazos gruesos alambres de hierro. También mostró todas sus energías levantado pesas. Más adelante se realizó una interesante cinchada utilizando una soga; como contrincantes tenía a un grupo numeroso de personas de Santa Isabel que, en forma colectiva tomados de la soga, luchaban para no ser arrastrados por el forzudo; pero los muchachos locales finalmente fueron vencidos. Como cierre del espectáculo el protagonista colocó su cuerpo acostado casi debajo de la rueda de un camión. A continuación el vehículo fue puesto en movimiento y una rueda pasó por encima de su pecho -le habían colocado una tabla encima- sin causarle ningún problema.
En el año 1956 se realizó con mucho éxito en la Sociedad Italiana una Velada Artística que colmó la capacidad de la sala. Fue protagonizada por gente residente en el pueblo y constituyó toda una novedad por su ingenio y creatividad con mucho de sabor local, que fue muy festejada por la gente. En el primer acto se presentó una pareja de tango compuesta por Ilda Imnocenzi y Diego Tobío, quienes bailaron en una simulada pantalla de televisión construida en mayor escala; una notable creación del recordado Oscar Severini que tuvo a su cargo la escenografía de la velada. En otro sketch Aroldo Carra y Rodofo “Flaco” Enrico hicieron una reidera parodia mediante la interpretación cantada de una grabación de la ópera “El Barbero de Sevilla”. La noche finalizó con la representación de una comedia teatral con un libreto de color local. Entre otros, actuaron Diego Colomba y Mary y Carlos Forneris; pero la verdadera revelación fue la actuación de Carlos “Lito” Gavio que se ganó los aplausos del público. Cumplió la función de director de escena Cavalieri, estafetero del Ferrocarril San Martín. El apuntador fue Jack Romero. Todos los participantes guardaron un rigoroso secreto en el pueblo acerca de lo que iban hacer. De esa forma sorprendieron al público, resultando una hermosa expresión artística, finamente preparada. Una gran velada sabelense, muy comentada, que quedó en el recuerdo.
* * *
Durante las décadas de 1930, 1940 y 1950 visitaron Santa Isabel numerosos conjuntos orquestales, algunos de ellos de gran jerarquía y de renombre internacional. Tal es el caso del famoso maestro Francisco Canaro, quien a principios de 1950 actuó con su Orquesta Típica (así se la denominaba a la orquesta que tocaba tangos) en un baile popular realizado en las instalaciones de la Sociedad Italiana. Fue un gran acontecimiento con una enorme concurrencia de público que colmó la sala, debiendo las autoridades habilitar una pista al lado del salón, aprovechando una noche con clima agradable.
A principios de la década de 1950 la otra gran atracción fue la visita del notable cantor popular Alberto Castillo, que a pesar de haber actuado un día lunes, llenó totalmente el salón de la Sociedad Italiana. Castillo se alojó en el Hotel Central y mucha gente recuerda que cuando llegó al pueblo varios admiradores del cantor se aproximaron al hotel para saludarlo. Castillo agradeció la demostración de afecto y desde los balcones del patio interior, donde estaba ubicada su habitación, entonó “a capella” una canción de su exitoso repertorio.
En otro orden artístico, también hubo muchas visitas de conjuntos de radioteatro de renombre que, en las emisoras de Buenos Aires y de Rosario, tenían gran éxito representando temas que atraían a los oyentes. Era una ficción donde hombres y mujeres de todas las edades quedaban atrapados por un relato verosímil, a través de las sugestivas voces de los actores y actrices y por los efectos especiales creados por excelentes sonidistas que, con su magia incentivaban la imaginación de la gente que los escuchaba. Esos elencos radiales luego realizaban giras en los pueblos y de esa forma la gente del interior podía verlos actuar en el teatro de su localidad. Desde Rosario solían venir las compañías dirigidas por Federico Fábregas y por Norberto Blesio, que daban obras, entre otras, como “Genoveva de Bravante”, “El León de Francia”, “El Forastero que llegó una tarde” y “Fachenzo el maldito”. De Buenos Aires lo hacía el elenco dirigido por Atilano Ortega Sanz que a la tarde transmitía con mucho éxito, por Radio Mitre, obras camperas que contaban con la valiosa animación de “Pichirica”, rol que estaba a cargo del destacado actor cómico Humberto Lopardo. Ortega Sanz era un prolífico creador de obras de radioteatro, luego representadas en los escenarios de los pueblos de campaña. Entre otras, se pueden mencionar “El boyerito de la cara sucia”, “La chacra del árbol seco”, “Corazón de chacarero” y “Cuando sangran los trigales”. Anteriormente, en la década de1930 provenientes de la Capital Federal actuó en un baile la orquesta de tango de Roberto Zerrillo, donde también hubo un concurso de cantores locales. En otra ocasión lo hizo el conjunto “Los Bohemios” dirigido Mario Pugliese “Cariño”. “Los Bohemios” formaban parte de un grupo teatral muy popular que representaba graciosos temas cómico-musicales con raros instrumentos. Además el conjunto tenía programas radiales en las emisoras de Buenos Aires y actuaba en importantes teatros de esa ciudad.
A principios de la década de 1950 se realizó un baile popular. El atractivo fue la filmación de una película documental con tomas generales del público y varias de carácter individual, especialmente de la gente que estaba sentada en los palcos. El film fue proyectado en la sala tiempo después.
Era tradición cada año realizar, en noviembre, una reunión danzante como despedida de los conscriptos que al año siguiente serían incorporados al servicio militar obligatorio. Como se decía en la jerga popular "el baile es para los muchachos que tienen que hacer la colimba” el año que viene.
Todos estos acontecimientos artísticos se llevaban a cabo en las instalaciones de la Sociedad Italiana. Allí, en la década de 1940, actuó el dúo cómico Buono-Striano, de enorme popularidad por su conocida participación radial en emisoras porteñas. En la misma sala, en otra oportunidad, tuvo gran repercusión la actuación de un mago e hipnotizador que presentaba escenas de levitación. Su atrayente espectáculo lo denominaba “Nostradamos” con “Salomé la Vidente”, con la participación en algún momento del público presente.
También desde Buenos Aires solía visitar Santa Isabel la compañía de teatro que representaba “Gran Pensión El Campeonato”, un programa auspiciado por Jabón Federal en Radio Belgrano (emisora de la Capital Federal que transmitía en cadena al interior). El programa era muy difundido y tenía mucha audiencia en todo el país, especialmente por parte del mundo futbolero durante la disputa del Campeonato Oficial de la A.F.A. En el elenco sobresalía la actuación del excelente actor Félix Mutarelli, quien hacia el papel de “Don Pedrín El Fainero” (el hincha fanático de Boca). También otros importantes actores representaban diversos clubes de primera división. En ese programa radial de Jabón Federal también solía participar -entre otros destacados artistas nacionales e internacionales- el Cuarteto de Juan Cambareri, llamado el “El Mago del Bandoneón”. Cambareri visitó varias veces Santa Isabel amenizando bailes que organizaba la Sociedad Italiana y que lograban gran asistencia de público. En varias oportunidades también actuó el famoso Cuarteto de Tango dirigido por Roberto Firpo, contratado por la Sociedad Italiana.
Otra visita importante la constituía la presencia de la “Orquesta de la Argentinidad” dirigida por Lorenzo Barbero, de Buenos Aires, que actuaba en las instalaciones del Prado Español. Barbero presentaba un atrayente y colorido espectáculo musical de danza tanguera y de otras melodías que contaba con la asistencia de numerosas familias de la zona.
En 1955, también en el Prado Español, se llevó a cabo en la pista una especie de maratón individual a cargo del patinador Alfonso García, que intentaba batir su propio récord mundial de 80 horas de permanencia en patines, sin dormir y sin parar ni de día nide noche; objetivo que logró. El primer día no se pagaba entrada, en la segunda jornada se abonaba un modesto importe, en la tercera aumentaba el monto y en la culminación, al cuarto día, la entrada era más cara. Había servicio de buffet permanente a cargo de la Heladería Miculán, que organizaba el espectáculo. La reunión finalizó con el festejo de la hazaña deportiva, acompañada con un baile.
En los bailes locales también solían actuar las orquestas de Juan Antonio Manzur, de Rosario; “Maipo”, “Víctor” y “Marchetti y Morelli”, de Venado Tuerto, y el Cuarteto “Boedo”, de Villa Cañás. En este último conjunto, a veces intervenían músicos, cantores y presentadores de Santa Isabel. Conviene aclarar que en aquella época sólo se podían realizar bailes populares en las instituciones, con el consiguiente permiso de las autoridades locales. No existían las discotecas privadas ni lugares parecidos.
Fuera de lo artístico, en la década de 1940, una noche de verano -con la presencia de mucho público- se presentó en el terreno contiguo a la Sociedad Italiana un atlético deportista con una gran contextura física, quien hizo alarde de su fuerza y resistencia corporal. Para demostrar su gran vigor, el fornido atleta comenzó doblando con sus enormes brazos gruesos alambres de hierro. También mostró todas sus energías levantado pesas. Más adelante se realizó una interesante cinchada utilizando una soga; como contrincantes tenía a un grupo numeroso de personas de Santa Isabel que, en forma colectiva tomados de la soga, luchaban para no ser arrastrados por el forzudo; pero los muchachos locales finalmente fueron vencidos. Como cierre del espectáculo el protagonista colocó su cuerpo acostado casi debajo de la rueda de un camión. A continuación el vehículo fue puesto en movimiento y una rueda pasó por encima de su pecho -le habían colocado una tabla encima- sin causarle ningún problema.
En el año 1956 se realizó con mucho éxito en la Sociedad Italiana una Velada Artística que colmó la capacidad de la sala. Fue protagonizada por gente residente en el pueblo y constituyó toda una novedad por su ingenio y creatividad con mucho de sabor local, que fue muy festejada por la gente. En el primer acto se presentó una pareja de tango compuesta por Ilda Imnocenzi y Diego Tobío, quienes bailaron en una simulada pantalla de televisión construida en mayor escala; una notable creación del recordado Oscar Severini que tuvo a su cargo la escenografía de la velada. En otro sketch Aroldo Carra y Rodofo “Flaco” Enrico hicieron una reidera parodia mediante la interpretación cantada de una grabación de la ópera “El Barbero de Sevilla”. La noche finalizó con la representación de una comedia teatral con un libreto de color local. Entre otros, actuaron Diego Colomba y Mary y Carlos Forneris; pero la verdadera revelación fue la actuación de Carlos “Lito” Gavio que se ganó los aplausos del público. Cumplió la función de director de escena Cavalieri, estafetero del Ferrocarril San Martín. El apuntador fue Jack Romero. Todos los participantes guardaron un rigoroso secreto en el pueblo acerca de lo que iban hacer. De esa forma sorprendieron al público, resultando una hermosa expresión artística, finamente preparada. Una gran velada sabelense, muy comentada, que quedó en el recuerdo.
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viernes, 19 de febrero de 2016
Recuerdos de la Escuela 179
Por Norberto Oscar Dall’Occhio
- En la década de 1940 la Escuela Provincial Nº 179 tenía solamente cuatro aulas. Como la enseñanza primaria completa duraba seis años y por lo tanto había seis grados, el Colegio estaba obligado a utilizar dos salones alquilados para los turnos mañana y tarde. Una de las salas estaba ubicada en la manzana de enfrente, en la calle José Ingenieros. La otra, sobre Sarmiento, al lado de la casa de la familia Benso.
- En 1945 se inauguraron los juegos infantiles, que abarcaban un inmenso espacio en el terreno (Sarmiento esquina Paraguay) ubicado al costado del edificio de la Escuela. El Director del establecimiento educativo en ese entonces era Manuel Farías.
El acto inaugural de los juegos constituyó un verdadero acontecimiento al que concurrieron invitados especiales, docentes, alumnos y familiares de los escolares. Estuvo presente también el cuerpo de Boy Scouts de Santa Isabel, de reciente creación, dirigido por el docente Roberto Chufardi.
En el patio central se realizó una excelente demostración gimnástica a cargo de alumnos de la Escuela, quienes lucían un hermoso uniforme con pantalón azul y casaca blanca. Los protagonistas, mientras hacían la representación, cantaban la Marcha del Deporte. Acto seguido esos mismos alumnos comenzaron a utilizar los distintos juegos, dando por inaugurado oficialmente el nuevo parque infantil.
- Hasta el año 1946 al finalizar el año lectivo se solían organizar veladas artísticas con la participación de alumnos de los distintos grados. Había actuaciones personales y grupales de los chicos mediante la presentación de algún sketch. También interpretaban dramatizaciones de temas con sabor local. Los libretos eran escritos por la maestra del grado.
El acto se llevaba a cabo en el Patio de la Escuela y a veces en el Salón de la Sociedad Italiana. Estas aplaudidas veladas contaban con la asistencia de una numerosa concurrencia de gente del pueblo, de los padres de los alumnos, de docentes y de escolares que colmaban las instalaciones.
- Los festejos del Día de la Primavera, que consistían en un picnic a la canasta, se hacían generalmente en la vieja cancha de General Belgrano. En una oportunidad se realizó en el monte de la familia Carpi, en la zona rural.
- En la primavera de 1946 alumnos de quinto y sexto grado con el apoyo de docentes, organizaron un interesante viaje de extensión cultural de cinco días de duración a las ciudades de Santa Fe y Paraná. Los chicos con bastante anticipación empezaron a ahorrar moneditas que las maestras iban depositando en la Caja Nacional de Ahorro Postal (por intermedio del Correo local). Ese dinero era para cubrir algunos gastos de viaje. Cada alumno debía aportar alrededor de diez pesos moneda nacional. Como valor de referencia digamos que la Revista Billiken en ese entonces costaba 20 centavos. Las maestras Berta de Carra y María Esther Serratti acompañaron a los alumnos durante todo el viaje. La excursión se realizó en tren con el recorrido Chapuy-Rosario y Rosario-Santa Fe y viceversa.
La excursión a Paraná se efectuó en balsa y la delegación tuvo la oportunidad de conocer el antiguo puente colgante de la ciudad de Santa Fe y el hermoso Parque Urquiza de la capital entrerriana.
- En la década de 1940 la Escuela Provincial Nº 179 tenía solamente cuatro aulas. Como la enseñanza primaria completa duraba seis años y por lo tanto había seis grados, el Colegio estaba obligado a utilizar dos salones alquilados para los turnos mañana y tarde. Una de las salas estaba ubicada en la manzana de enfrente, en la calle José Ingenieros. La otra, sobre Sarmiento, al lado de la casa de la familia Benso.
- En 1945 se inauguraron los juegos infantiles, que abarcaban un inmenso espacio en el terreno (Sarmiento esquina Paraguay) ubicado al costado del edificio de la Escuela. El Director del establecimiento educativo en ese entonces era Manuel Farías.
El acto inaugural de los juegos constituyó un verdadero acontecimiento al que concurrieron invitados especiales, docentes, alumnos y familiares de los escolares. Estuvo presente también el cuerpo de Boy Scouts de Santa Isabel, de reciente creación, dirigido por el docente Roberto Chufardi.
En el patio central se realizó una excelente demostración gimnástica a cargo de alumnos de la Escuela, quienes lucían un hermoso uniforme con pantalón azul y casaca blanca. Los protagonistas, mientras hacían la representación, cantaban la Marcha del Deporte. Acto seguido esos mismos alumnos comenzaron a utilizar los distintos juegos, dando por inaugurado oficialmente el nuevo parque infantil.
- Hasta el año 1946 al finalizar el año lectivo se solían organizar veladas artísticas con la participación de alumnos de los distintos grados. Había actuaciones personales y grupales de los chicos mediante la presentación de algún sketch. También interpretaban dramatizaciones de temas con sabor local. Los libretos eran escritos por la maestra del grado.
El acto se llevaba a cabo en el Patio de la Escuela y a veces en el Salón de la Sociedad Italiana. Estas aplaudidas veladas contaban con la asistencia de una numerosa concurrencia de gente del pueblo, de los padres de los alumnos, de docentes y de escolares que colmaban las instalaciones.
- Los festejos del Día de la Primavera, que consistían en un picnic a la canasta, se hacían generalmente en la vieja cancha de General Belgrano. En una oportunidad se realizó en el monte de la familia Carpi, en la zona rural.
- En la primavera de 1946 alumnos de quinto y sexto grado con el apoyo de docentes, organizaron un interesante viaje de extensión cultural de cinco días de duración a las ciudades de Santa Fe y Paraná. Los chicos con bastante anticipación empezaron a ahorrar moneditas que las maestras iban depositando en la Caja Nacional de Ahorro Postal (por intermedio del Correo local). Ese dinero era para cubrir algunos gastos de viaje. Cada alumno debía aportar alrededor de diez pesos moneda nacional. Como valor de referencia digamos que la Revista Billiken en ese entonces costaba 20 centavos. Las maestras Berta de Carra y María Esther Serratti acompañaron a los alumnos durante todo el viaje. La excursión se realizó en tren con el recorrido Chapuy-Rosario y Rosario-Santa Fe y viceversa.
La excursión a Paraná se efectuó en balsa y la delegación tuvo la oportunidad de conocer el antiguo puente colgante de la ciudad de Santa Fe y el hermoso Parque Urquiza de la capital entrerriana.
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lunes, 4 de enero de 2016
Los Campitos
Por
Norberto Oscar Dall’Occhio
En
la década de 1940 y comienzos
de la de 1950 era muy común que los
chicos jugaran a la pelota en los
baldíos del pueblo. A esos lugares se los llamaba “campitos”. Hoy
esa costumbre se perdió, pues
tanto General Belgrano como Juventud Unida brindan la posibilidad de que los pibes
y los adolescentes utilicen sus cómodas instalaciones deportivas para jugar al fútbol.
Los baldíos eran canchas improvisadas, donde los propios pibes determinaban un perímetro imaginario. Los arcos eran dos montoncitos de ropa o dos ladrillos o algunas piedras, que reemplazaban los palos. Previamente tenía que haber un acuerdo sobre el largo de los arcos. Pero a veces sucedía que en un descuido durante el desarrollo del partido algún “avivado” achicaba o agrandaba el arco según su conveniencia. Y ahí se armaba la discusión y comenzaban los insultos.
En el momento previo a la iniciación del partido había una ceremonia muy importante. Era necesario formar dos equipos. Dos pibes similares en su capacidad de juego se ponían frente a frente a unos cinco metros de distancia. Cada uno a su turno adelantaba un pie. Al final perdía al que le sobraba el pie. Acto seguido el ganador tenía la opción de elegir primero a un compañero de equipo. Por supuesto que elegía al mejor del grupo. Su rival elegía otro pibe considerado “bueno”. Seguía la elección por descarte y los considerados “pataduras” quedaban para el final, como de “relleno”. Era una forma bastante ecuánime de armar un partido con fuerzas parejas. Según las circunstancias, si en un momento del encuentro un equipo se distanciaba demasiado en goles convertidos se compensaba la desigualdad de fuerzas con el trueque de un buen jugador de un bando por otro jugador de menor nivel del equipo rival. Es decir los pibes tenían bien claro el sentido lúdico del juego.
Era una diversión entretenida donde cada uno quería demostrar sus habilidades personales. Ganarle a un equipo débil era considerado un triunfo sin gloria. Por eso buscaban formar equipos parejos. Jugaban con zapatos, zapatillas o alpargatas. Los botines para chicos prácticamente no existían. Salvo alguna rara excepción, ninguno poseía la casaca que usan los clubes de primera división. Si recién habían salido del colegio, se sacaban el guardapolvo blanco, lo doblaban y lo dejaban al lado de uno de los arcos, junto con la cartera de útiles escolares. Para custodiar el arco siempre mandaban a algún pibe con poca capacidad de juego. Cuando alguien llegaba tarde y pedía ingresar, si lo aceptaba el grupo se incorporaba al juego.
Estos “picados” de potrero se jugaban sin establecer tiempo por reloj. Sólo la oscuridad de la noche o la lluvia los hacía prescindir del juego. Se iba a cinco goles o más. Pero en pleno partido generalmente surgía un inconveniente. En algún momento aparecía la madre de algunos de los pibes para decirle a viva voz al nene que estaba preparada la leche. Como a veces esa mujer era la madre del “dueño de la pelota”, el partido se suspendía de inmediato.
Hoy la pregunta lógica sería, pero ¿cómo no había otra pelota? La respuesta es que no. En esos tiempos las pelotas de goma o de cuero no estaban al alcance de todos los padres. Por ese motivo el dueño de la pelota se convertía en un personaje especial, aunque fuera un “patadura”. Los chicos solían jugar en la calle o en la vereda con una pelota de trapo que las madres le preparaban rellenando medias de mujer. En los campitos se jugaba con una pelota que picara en el piso. Tenía más sabor a fútbol porque había que dominar el balón en el aire, ya sea con los pies, el pecho o la cabeza.
En
la década de 1940 y comienzos
de la de 1950 era muy común que los
chicos jugaran a la pelota en los
baldíos del pueblo. A esos lugares se los llamaba “campitos”. Hoy
esa costumbre se perdió, pues
tanto General Belgrano como Juventud Unida brindan la posibilidad de que los pibes
y los adolescentes utilicen sus cómodas instalaciones deportivas para jugar al fútbol.Los baldíos eran canchas improvisadas, donde los propios pibes determinaban un perímetro imaginario. Los arcos eran dos montoncitos de ropa o dos ladrillos o algunas piedras, que reemplazaban los palos. Previamente tenía que haber un acuerdo sobre el largo de los arcos. Pero a veces sucedía que en un descuido durante el desarrollo del partido algún “avivado” achicaba o agrandaba el arco según su conveniencia. Y ahí se armaba la discusión y comenzaban los insultos.
En el momento previo a la iniciación del partido había una ceremonia muy importante. Era necesario formar dos equipos. Dos pibes similares en su capacidad de juego se ponían frente a frente a unos cinco metros de distancia. Cada uno a su turno adelantaba un pie. Al final perdía al que le sobraba el pie. Acto seguido el ganador tenía la opción de elegir primero a un compañero de equipo. Por supuesto que elegía al mejor del grupo. Su rival elegía otro pibe considerado “bueno”. Seguía la elección por descarte y los considerados “pataduras” quedaban para el final, como de “relleno”. Era una forma bastante ecuánime de armar un partido con fuerzas parejas. Según las circunstancias, si en un momento del encuentro un equipo se distanciaba demasiado en goles convertidos se compensaba la desigualdad de fuerzas con el trueque de un buen jugador de un bando por otro jugador de menor nivel del equipo rival. Es decir los pibes tenían bien claro el sentido lúdico del juego.
Era una diversión entretenida donde cada uno quería demostrar sus habilidades personales. Ganarle a un equipo débil era considerado un triunfo sin gloria. Por eso buscaban formar equipos parejos. Jugaban con zapatos, zapatillas o alpargatas. Los botines para chicos prácticamente no existían. Salvo alguna rara excepción, ninguno poseía la casaca que usan los clubes de primera división. Si recién habían salido del colegio, se sacaban el guardapolvo blanco, lo doblaban y lo dejaban al lado de uno de los arcos, junto con la cartera de útiles escolares. Para custodiar el arco siempre mandaban a algún pibe con poca capacidad de juego. Cuando alguien llegaba tarde y pedía ingresar, si lo aceptaba el grupo se incorporaba al juego.
Estos “picados” de potrero se jugaban sin establecer tiempo por reloj. Sólo la oscuridad de la noche o la lluvia los hacía prescindir del juego. Se iba a cinco goles o más. Pero en pleno partido generalmente surgía un inconveniente. En algún momento aparecía la madre de algunos de los pibes para decirle a viva voz al nene que estaba preparada la leche. Como a veces esa mujer era la madre del “dueño de la pelota”, el partido se suspendía de inmediato.
Hoy la pregunta lógica sería, pero ¿cómo no había otra pelota? La respuesta es que no. En esos tiempos las pelotas de goma o de cuero no estaban al alcance de todos los padres. Por ese motivo el dueño de la pelota se convertía en un personaje especial, aunque fuera un “patadura”. Los chicos solían jugar en la calle o en la vereda con una pelota de trapo que las madres le preparaban rellenando medias de mujer. En los campitos se jugaba con una pelota que picara en el piso. Tenía más sabor a fútbol porque había que dominar el balón en el aire, ya sea con los pies, el pecho o la cabeza.
Un
baldío muy utilizado estaba ubicado
en General López y General Roca, donde aún hoy se mantiene en pie una vieja palmera. Lo llamaban el “Campito del Bajo”. Por su amplitud, otro baldío
concurrido por chicos y adolescentes estaba entre las calles General
Roca, Santa Fe, Italia y Brasil. Era una manzana completa, donde años más tarde
se instaló la fábrica de leche en polvo. Las vías del ferrocarril no existían,
pues se construyeron recién en la década
de 1950.
En José Ingenieros al 1400 había un terreno desocupado, cercano del lugar donde actualmente se encuentra instalado el tanque de agua potable. Allí también los chicos armaban su picado.
En Santa Fe al 1400 había un amplio descampado (hoy Parque Tirelli), muy propicio para practicar fútbol. Los pibes para jugar achicaban el perímetro, pero los adolescentes y mayores lo ampliaban como si fuera una cancha normal. Habían colocado improvisados arcos de madera, aunque eran bastante precarios. Ese baldío dejó de utilizarse en 1950, cuando el Ferrocarril y la Comuna dispusieron forestar el lugar con plantaciones de eucaliptus.
En la década de 1930, en la esquina de José Ingenieros y Mitre, en la misma manzana donde está el edificio de la Comuna, había un baldío en el cual los pibes jugaban sus picados.
En las escuelas primarias estaba prohibido jugar al fútbol. Sin embargo los varones no podían impedir su impulso futbolero y en algún descuido de la celadora improvisaban un mini picadito con una pequeña pelota y algunas veces hasta con una naranja. Pero solía suceder que en forma inesperada aparecía la maestra y les incautaba la pelota además de la consiguiente reprimenda.
En la década de 1940 aparecieron en el pueblo las canchas de Baby Fútbol. Para los pibes fue toda una novedad, ya que les permitía jugar en una cancha marcada, con arcos de madera(a veces con red), con pelota de cuero y con vestimenta similar a la que usaban sus ídolos, los jugadores mayores que integraban los clubes de primera división.
En José Ingenieros al 1400 había un terreno desocupado, cercano del lugar donde actualmente se encuentra instalado el tanque de agua potable. Allí también los chicos armaban su picado.
En Santa Fe al 1400 había un amplio descampado (hoy Parque Tirelli), muy propicio para practicar fútbol. Los pibes para jugar achicaban el perímetro, pero los adolescentes y mayores lo ampliaban como si fuera una cancha normal. Habían colocado improvisados arcos de madera, aunque eran bastante precarios. Ese baldío dejó de utilizarse en 1950, cuando el Ferrocarril y la Comuna dispusieron forestar el lugar con plantaciones de eucaliptus.
En la década de 1930, en la esquina de José Ingenieros y Mitre, en la misma manzana donde está el edificio de la Comuna, había un baldío en el cual los pibes jugaban sus picados.
En las escuelas primarias estaba prohibido jugar al fútbol. Sin embargo los varones no podían impedir su impulso futbolero y en algún descuido de la celadora improvisaban un mini picadito con una pequeña pelota y algunas veces hasta con una naranja. Pero solía suceder que en forma inesperada aparecía la maestra y les incautaba la pelota además de la consiguiente reprimenda.
En la década de 1940 aparecieron en el pueblo las canchas de Baby Fútbol. Para los pibes fue toda una novedad, ya que les permitía jugar en una cancha marcada, con arcos de madera(a veces con red), con pelota de cuero y con vestimenta similar a la que usaban sus ídolos, los jugadores mayores que integraban los clubes de primera división.
General
Belgrano instaló su cancha de Baby
Fútbol, que tenía luz
artificial, en el predio ubicado en
General López esquina 25 de Mayo
y Juventud Unida en las instalaciones contiguas a la Sociedad
Italiana. En esos lugares se organizaban
importantes partidos y torneos diurnos y nocturnos con la intervención de
equipos de la zona. Los cotejos contaban
con la concurrencia de mucho público, que en algunas circunstancias, por la atracción que ejercían, colmaban totalmente la capacidad de esos mini estadios deportivos.
A partir de 1949 se iniciaron en el país la disputa de los Torneos Infantiles “Evita”, promovidos por la Fundación “Eva Perón”. A partir de 1950 la Comuna local todos los años formaba un equipo de pibes que representaba al pueblo. Los jóvenes enfrentaban a equipos similares de la región.
Esta es una breve historia de los baldíos y los campitos del pueblo. Esos potreros fueron excelentes “semilleros” y dieron lugar a la formación de destacados futbolistas que posteriormente se desempeñaron en equipos locales y algunos de ellos triunfaron en la región integrando elencos de clubes de primer nivel.
A partir de 1949 se iniciaron en el país la disputa de los Torneos Infantiles “Evita”, promovidos por la Fundación “Eva Perón”. A partir de 1950 la Comuna local todos los años formaba un equipo de pibes que representaba al pueblo. Los jóvenes enfrentaban a equipos similares de la región.
Esta es una breve historia de los baldíos y los campitos del pueblo. Esos potreros fueron excelentes “semilleros” y dieron lugar a la formación de destacados futbolistas que posteriormente se desempeñaron en equipos locales y algunos de ellos triunfaron en la región integrando elencos de clubes de primer nivel.
* *
viernes, 3 de enero de 2014
La vieja cancha Azulgrana.
Publicado en "www.red-belgrano.com.ar" - 12/12/13
Por Norberto Dall'Occhio
Muchos hinchas de General Belgrano recuerdan con cariño y con cierta nostalgia la vieja cancha que el Club tenía “detrás de la vía”, como suele decirse, aquella que tantos simpatizantes tienen en sus memorias.
Desde su fundación en 1916 y hasta 1926, General Belgrano
practicaba fútbol pero no tenía cancha propia y lo hacía en terrenos
prestados. En 1927 adquirió una manzana ubicada entre las calles
Sarmiento, Misiones, San Martín y Chaco, donde se instaló el campo de
juego, hasta que se compró, en la década de 1960, los terrenos donde
actualmente están las nuevas instalaciones y por entonces el club
resolvió fraccionar y vender el terreno de la antigua cancha para
recaudar fondos destinados a la nueva inversión. Muchos socios
adquirieron buena parte de esos lotes, que más adelante pasaron a manos
de la Comuna a fin de que en ese sitio se construyera el barrio de
viviendas FONAVI.
Pasado un tiempo, en una de las esquinas, se construyeron los
vestuarios, la boletería y otras dependencias que servían como vivienda a
los cuidadores de la cancha. Entre los cuales se recuerdan, “La Macha”
Ferreyra y el “Negro” Paulini, dos destacados jugadores azulgranas.
Los belgranistas guardan muy gratos recuerdos de ese viejo estadio,
que fue escenario de importantes acontecimientos deportivos. En las
décadas de los 40, 50 y 60, cada 9 de julio, el Club organizaba un
atractivo torneo relámpago, de dos días de duración en el cual
participaban ocho equipos de la zona y donde se ponían en disputa
hermosos trofeos y medallas.
Continuando con los partidos que se disputaban en la antigua cancha, se
destacaban por la gran rivalidad, los clásicos con Juventud Unida,
como así también los duros enfrentamientos con Sportsman de Villa
Cañás. Principalmente esos encuentros generaban una gran expectativa en
la gente del pueblo y de la zona, provocando una enorme concurrencia de
público al espectáculo, que colmaban la capacidad del estadio.
Cambiando el rumbo y yendo a las características del terreno, se puede
contar que dentro de él había que ubicar el campo de juego, los
vestuarios, el alambre, o tejido olímpico, y el público. Por las
dimensiones que tenía el lote, el diseño del perímetro de la cancha se
hizo sobre la base de las medidas mínimas establecidas en los
reglamentos que rigen el fútbol, era denominada una “cancha chica”, como
se dice en el lenguaje futbolero. Pero no solo lo era para los
jugadores, sino también para el público. Los espectadores, por el poco
espacio disponible, estaban muy cerca de la línea de cal, a solo unos
dos metros. La proximidad de la gente, sumado al calor de la lucha
deportiva, a veces levantaba la temperatura del ambiente y creaban un
clima muy tenso en el estadio. Durante el desarrollo del juego, los
futbolistas tenían ciertos inconvenientes para ejecutar los tiros de
esquina, ya que les resultaba difícil darle precisión a la pelota por el
poco lugar para tomar distancia y lanzar el centro. Por su parte, los
espacios destinados a los hinchas eran muy estrechos, especialmente en
los sectores donde estaban los arcos.
Hasta principios de 1.940 el campo de juego estuvo rodeado tan solo por
un hilo de alambre liso, sostenido por postes, a fin de fijarle un
límite a la concurrencia y evitar que se metieran dentro de la cancha.
Existen muchos recuerdos de aquella época sobre triunfos épicos, días de
gloria, peleas, corridas y transgresiones. En ciertas oportunidades,
cuando se convertía un gol importante, algunos hinchas eufóricos y
descontrolados, pasaban el hilo de alambre, evadían el control policial y
salían corriendo para abrazar al autor del tanto. Otro descontrol
aparecía cuando se iba a patear un penal, simpatizantes que estaban
cercanos al arco, sobrepasaban primero el alambrado, la raya de cal y se
metían imprudentemente dentro de la cancha invadiendo el área grande
para ver de cerca el disparo desde los doce pasos. ¡Para qué hablar de
lo que ocurría si el arquero atajaba el penal y daba rebote! Una
confusión total, entrevero de jugadores, mezclados con el público,
gritos, una pelota en juego y un árbitro desorientado. Un tiempo
después, para una mejor protección y para mantener el orden, se colocó
como divisorio un grueso tejido olímpico en reemplazo de ese franqueable
hilo de alambre. Continuando con la descripción del estadio, se puede
decir que tenía cierta protección de los vientos, puesto que los cuatro
costados que daban a la calles estaban cubiertos, además de los tejidos,
por un espeso cerco de ligustros de hojas anchas y de gran altura, que
impedían la visual desde las veredas. En algunos sectores destinados al
público, el espacio resultaba tan reducido que cuando se desplazaban,
debían hacerlo en “fila india”.
El problema mayor estaba detrás de los arcos, porque lo que cumplía la
función de red permanente, era un grueso tejido de alambre en reemplazo
de la tradicional de piolines. Por la escasez de espacio en el campo de
juego, los caños que sostenían el arco y la mencionada red, invadían un
metro el sector del público, por ese motivo, detrás de cada arco se
producía un gran congestionamiento de gente que se desplazaba de un
lugar a
otro.
Para evitar cualquier provocación al arquero, siempre al costado del
arco y dentro de la cancha, pero detrás de la raya, se colocaba un
agente de policía para mantener el orden y proteger al portero. Debido a
las particulares características del estadio y su entorno durante
algunos partidos trascendentes, el espectáculo que se apreciaba en el
campo de juego era muy particular, se jugaba dentro de un ambiente con
ánimos bastantes caldeados, los jugadores tenían frecuentes roces y
discusiones con sus rivales, sumados a las airadas protestas al árbitro y
los gritos del público.
Lo descripto era el encuadre y la atmósfera especial que se vivía
generalmente en esa vieja cancha, cuando General Belgrano jugaba en su
condición de local, allí el equipo azulgrana se agrandaba y se hacía
fuerte, era un reducto complicado para cualquier escuadra visitante, que
valoraba mucho un triunfo en la recordada y difícil cancha chica del
Ciclón.
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* * *
domingo, 29 de diciembre de 2013
El indómito león Togo.
Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 84 - 27/11/07
La
llegada
de un
circo en
el
invierno
de 1962
prometía
cambiar
el
letargo
del
Santa
Isabel
de aquel
tiempo,
en el
que los
divertimientos
eran
escasos
comparados
con la
actualidad.
Por eso,
esa
noche
del
debut,
el
público
casi que
había
cubierto
las
localidades
de la
modesta
carpa
que
había
sido
instalada,
como era
habitual,
en la
esquina
de
Brasil y
Mitre.
Era en
un
descampado
que
alcanzaba
a toda
la
manzana
que
completaban
las
calles
Sarmiento
y
Corrientes,
frente
al
terreno
del
ferrocarril
que
tenía un
monte de eucaliptus.
La publicidad había entusiasmado a la gente a llegarse a esa función inaugural. Una camioneta tirando un carromato jaula que exhibía un león en su interior había recorrido el pueblo mientras anunciaba el número más importante: "...¡No se pierda esta noche la presentación del indómito león Togo!!", decía el locutor.
Todo transcurrió dentro de la normalidad en la primera parte de esa
noche circense. Pasaron payasos, magos y equilibristas que hicieron reír
y asombrar al público compuesto por personas de todas las edades. Hasta
que llegó el momento esperado, el número con los leones.
Los asistentes armaron en la pista
una gran jaula con una manga enrejada a la cual atracaron un primer
carromato. Abrieron la puerta y un león -posiblemente Togo- bajó del
mismo y caminó sin problemas hasta el centro, en donde ya estaba
esperándolo el domador. Después colocaron otro carromato y trataron de
repetir la operación con un segundo animal. Pero éste estaba echado en
el piso y sin intenciones de moverse. Para que se bajara, los asistentes
golpearon los barrotes y el techo del aparato y lo azuzaron con un
palo... pero nada, el león seguía en el piso. Por eso el domador salió
de la jaula dejando solo al primer animal y fue a ayudar para lograr el
cometido.
Mientras estaban
en esa faena, el león que aburrido daba algunas vueltas en la jaula de
la pista, se metió en la manga rumbo al carromato. Ante esto, los
asistentes cerraron la puerta impidiéndole el paso para que no suba al
aparato, por lo que el animal, al querer volverse hacia la pista, como
la manga era angosta, se paró sobre una reja que cedió un poco y dejó
una abertura. La fiera aprovechó la ocasión, se coló a la parte trasera
de la pista y comenzó a caminar hacia el público.
Cuando la gente se percató de la
situación, primero los más cercanos, comenzaron los gritos y las
corridas hacia la salida. Los que estaban frente a la jaula y a la manga
tardaron un poco en darse cuenta porque las rejas les daba una falsa
sensación de seguridad. Igual todo el mundo salió de la carpa en medio
de una batahola descomunal ganando la calle y corriendo en distintas
direcciones, especialmente hacia el centro del pueblo o, algunos chicos,
subiéndose a los árboles.
El
león, que parece que no era tan indómito, mientras todos corrían, salió
muy tranquilamente por la parte de atrás de la carpa destinada al
movimiento de los artistas, hacia el descampado, donde el personal del
circo lo atrapó y lo volvió a poner en el carromato. Pero a esa altura
de la circunstancia la gente ya había huido despavorida. La mayoría
estaba, expectante, a 150 metros, en la esquina de Mitre y Santa Fe.
Desde allí, después de un tiempo, escucharon al locutor que por los
parlantes los llamaba: "Regresen, ¡la bestia ha sido capturada!", decía.
Con un poco de recelo, el público fue
regresando de a poco. Y antes de continuar con la función devolvieron
las cosas que en el desorden de la estampida la gente había perdido:
"¡Se ha encontrado un zapato marrón de dama!... "Acá hay un birrete de
conscripto!...", "¿Quién es la dueña de esta cartera negra?!..."
Después retornó el espectáculo.
Finalmente actuó el león Togo, dieron una obra de teatro típica del
circo criollo y finalizó aquella función que quedó grabada en la
historia.
* *
* *
viernes, 27 de diciembre de 2013
Arbolito en el mástil de la plaza.
Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 74 - 20/12/06
Para la Navidad de 1975 por iniciativa de varias personas y de la Comuna
se armó un arbolito en el mástil de plaza 9 de Julio que, por las
noches, encendía luces y en lo alto una estrella de Belén. En la foto
aparecen, entre otros, Cirilo Colomba (izq. con casco), "Tito" Lamelza
(arriba), Oscar Severini (en la escalera), Serafín Rende (teniendo la
escalera) y tantísimos chicos que, hoy mayores, seguramente se
reconocerán.
*
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jueves, 26 de diciembre de 2013
Club Sol de Mayo
Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 63 - 21/11/05
![]() |
| Octubre de 2022 - La estructura del Club Sol de Mayo aún en pié. |
El 1º
de septiembre de 1926 inauguró su salón propio, ubicado frente a la que
en la actualidad es la escuela Nº 6253 de Runciman, y el 27 de marzo de
1927 inauguró la cancha de fútbol y las de bochas, todas ubicadas junto
a la sede. En ese lugar se desarrollaron innumerables bailes, actos artísticos
y culturales, ceremonias religiosas, fiestas familiares, torneos de fútbol
y picnics que siempre reunieron a gente de ese sector rural y de
localidades vecinas con un ambiente familiar y de amistad.
Pasada la década del '80, junto con el fenómeno de declinación de la población rural, sus actividades decayeron enormemente, por lo que la escuela anteriormente citada, que fue creada a partir de las gestiones que la Comisión Directiva del Club realizó en 1925, se hizo cargo de sus instalaciones.
Pasada la década del '80, junto con el fenómeno de declinación de la población rural, sus actividades decayeron enormemente, por lo que la escuela anteriormente citada, que fue creada a partir de las gestiones que la Comisión Directiva del Club realizó en 1925, se hizo cargo de sus instalaciones.
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La pileta de Belgrano.
Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 55 - 16/12/04
En el verano de 1968/69, mientras se encontraban
en el natatorio de la localidad de Teodelina, a un grupo de familias
simpatizantes del Círculo Social y Deportivo General Belgrano les nació
la idea de la construcción de una pileta para su Club y nuestro pueblo.
Luego de ser presentadas a las autoridades de la Institución, la iniciativa comenzó a crecer en entusiasmo hasta formarse una Sub-Comisión de Pileta cuyos precursores fueron Ángel "Lili" Benso y Osvaldo "Nene" Farrando con la participación de Luis Perdomo, junto a un gran número de adherentes.
Luego de ser presentadas a las autoridades de la Institución, la iniciativa comenzó a crecer en entusiasmo hasta formarse una Sub-Comisión de Pileta cuyos precursores fueron Ángel "Lili" Benso y Osvaldo "Nene" Farrando con la participación de Luis Perdomo, junto a un gran número de adherentes.
Con
la finalidad de recaudar los fondos necesarios se pusieron en venta
distintos ciclos de temporadas por adelantado mientras que se gestionó un
subsidio provincial solo para natatorios olímpicos que ofreció el
entonces senador Sr. Rafael Pasquinelli. Esta última posibilidad aumentó
las ambiciones del proyecto, por eso se realizaron rápidos contactos con
la empresa constructora Catalini y Gómez de Villa Cañás, que en aquella
época se encontraba pavimentando algunas calles de nuestro pueblo.
Esta empresa finalmente llevó a cabo la obra que quedó habilitada a principios de 1970, en enero, siendo hasta el momento una de las más importantes de la zona con 50m. de largo por 20 m. de ancho, con una profundidad de hasta 2,50 m., y con una capacidad de alrededor de 1.500.000 lts. La inauguración oficial de la pileta olímpica se llevó a cabo el 14 de febrero de 1971.
Con lo recaudado de las ventas de las temporadas se edificaron los baños vestuarios (actualmente parte la casa de la familia de los cuidadores de Polideportivo) y la pileta. Con ramas de eucaliptus y cañas se levantó un quincho que se usaba como bufet, siendo su primer conserje Juan Bilós. Asociados y simpatizantes de todas las edades y ambos sexos colaboraron en distintas labores destinadas a limpiar, ordenar y mejorar la reciente obra.
Cuando se recibió el subsidio provincial se levantaron nuevos y más amplios vestuarios y el bar, y además se realizaron mejoras en la sede del Club.
Como datos anecdóticos se recuerda el día de la habilitación, de baja temperatura para el mes de enero, en el que las primeras personas en ingresar al agua fueron los Sres. Juan Lombardi y Francisco -Franco- Pellegrini. Por otra parte se recuerda al profesor Miguel Ángel Servio quien fue el primer bañero de la pileta y, en la temporada siguiente, lo sucedió el profesor Luis Silvestre, ambos de la ciudad de Venado Tuerto.
Otra particularidad de los primeros años fueron las carnets de asociados a la temporada de pileta en los que constaban los datos de la persona y el correspondiente certificado médico. Al llegar, éste debía entregado en la consergería donde se verificaban los datos, si estaba al día con los pagos, autorizaciones, etc. y se le entregaba a la persona una chapita con un número y un cordel que se colocaba en el traje de baño y permitía el pase a las instalaciones de la pileta.
Con el correr del tiempo distintas comisiones fueron mejorando el lugar con canchas de distintos deportes -boley, tenis y paddle, entre otras-, mejores instalaciones, parrilleros, iluminación, mayor arboleda y parquización.
El buen cuidado de las instalaciones por parte de las sucesivas sub comisiones de pileta y de autoridades del club han hecho perdurar a la misma a través de las décadas estando aún hoy en perfecto estado de funcionamiento y prestando sus servicios a todos los isabelenses que deseen disfrutar de buenos momentos veraniegos.
*
Esta empresa finalmente llevó a cabo la obra que quedó habilitada a principios de 1970, en enero, siendo hasta el momento una de las más importantes de la zona con 50m. de largo por 20 m. de ancho, con una profundidad de hasta 2,50 m., y con una capacidad de alrededor de 1.500.000 lts. La inauguración oficial de la pileta olímpica se llevó a cabo el 14 de febrero de 1971.
Con lo recaudado de las ventas de las temporadas se edificaron los baños vestuarios (actualmente parte la casa de la familia de los cuidadores de Polideportivo) y la pileta. Con ramas de eucaliptus y cañas se levantó un quincho que se usaba como bufet, siendo su primer conserje Juan Bilós. Asociados y simpatizantes de todas las edades y ambos sexos colaboraron en distintas labores destinadas a limpiar, ordenar y mejorar la reciente obra.
Cuando se recibió el subsidio provincial se levantaron nuevos y más amplios vestuarios y el bar, y además se realizaron mejoras en la sede del Club.
Como datos anecdóticos se recuerda el día de la habilitación, de baja temperatura para el mes de enero, en el que las primeras personas en ingresar al agua fueron los Sres. Juan Lombardi y Francisco -Franco- Pellegrini. Por otra parte se recuerda al profesor Miguel Ángel Servio quien fue el primer bañero de la pileta y, en la temporada siguiente, lo sucedió el profesor Luis Silvestre, ambos de la ciudad de Venado Tuerto.
Otra particularidad de los primeros años fueron las carnets de asociados a la temporada de pileta en los que constaban los datos de la persona y el correspondiente certificado médico. Al llegar, éste debía entregado en la consergería donde se verificaban los datos, si estaba al día con los pagos, autorizaciones, etc. y se le entregaba a la persona una chapita con un número y un cordel que se colocaba en el traje de baño y permitía el pase a las instalaciones de la pileta.
Con el correr del tiempo distintas comisiones fueron mejorando el lugar con canchas de distintos deportes -boley, tenis y paddle, entre otras-, mejores instalaciones, parrilleros, iluminación, mayor arboleda y parquización.
El buen cuidado de las instalaciones por parte de las sucesivas sub comisiones de pileta y de autoridades del club han hecho perdurar a la misma a través de las décadas estando aún hoy en perfecto estado de funcionamiento y prestando sus servicios a todos los isabelenses que deseen disfrutar de buenos momentos veraniegos.
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miércoles, 25 de diciembre de 2013
Los Arrieros
Publicado en "Acercar a la Gente" N° 48 - 27/02/04
Eduardo
Rasello, Analía Tocchetti, Nancy Parodi, Carlos Iglina -de Villa Cañás-
y Nelso Omar Jurado conformaron lo que puede considerarse como uno de los
primeros grupos folklóricos de Santa Isabel: "Los Arrieros".
El
conjunto surgió a partir del pedido de un directivo del Club Belgrano que
deseaba tener un nuevo número para el aniversario de la Institución en
junio de 1973. De tal manera, cuando llegó ese momento el grupo, que
realizaba sus ensayos en el hall del Cine Ideal, en la Sociedad Italiana,
ya estaba consolidado y realizó su primera presentación con éxito.
Luego
fueron convocados para una nueva presentación a beneficio en otra
localidad de la zona donde también tuvieron buena acogida por parte del público.
Esto entusiasmó a los integrantes a realizar una nueva apuesta: tocar en
Cosquín.
Desde
enero de 1961, fecha de su comienzo, el Festival Nacional de Folklore de
la ciudad de Cosquín posee el escenario más codiciado por los músicos
del folklore argentino. Para concretar este anhelo enviaron una carta al
ente organizador y se contactaron con un ex residente de Santa Isabel,
radicado en esa ciudad cordobesa, quien realizó algunas gestiones. Al
poco tiempo llegaron noticias que incluían los requisitos para poder
actuar, entre ellos les pedían una grabación. Esta se realizó en los
viejos estudios de O.P.S.I. y tras ser enviado el cassette, fueron
aceptados.
Por
aquel tiempo el Pre-Cosquín se realizaba en el escenario mayor del
festival y allí fueron convocados. En enero de 1974 finalmente, con el
atuendo que los caracterizaba, pantalón negro, camisa blanca y ponchos
rojos con guardas negras, tocaron en la plaza Próspero Molina aquel
repertorio que incluía los temas tradicionales de mayor repercusión.
Esa noche también actuaron decenas de artistas de los que se seleccionó solo uno de cada categoría para pasar al festival mayor. Los Arrieros no lograron superar esa instancia pero marcaron un hito en la historia musical isabelense que aún no ha podido ser imitado: Esa fue la primera y única vez que un grupo musical de Santa Isabel actuó en el escenario mayor de Cosquín.
El
grupo siguió actuando durante un año más hasta que, por causas
particulares de sus integrantes, se disolvió.
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Cultura,
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Sociedad Italiana
lunes, 23 de diciembre de 2013
Capricho.
Publicado en "Acercar a la Gente" N° 28 - 05/07/00
Comenzó a funcionar en febrero de
1971 en Gral. López 866 luego de que su dueño, Hugo Ribas, decidiera
cerrar su otro negocio que comenzaba a decaer: La Hawaiana, una snack-bar
situado en Gral. López y 25 de Mayo, a muy pocos metros de allí. Fue el
primer baluarte en Santa Isabel (y uno de los primeros en la zona) de una
nueva manera de pasar las noches de fin de semana: música grabada, poca
luz y tragos hasta la madrugada.
La idea, tomada de las tertulias que
realizaban los estudiantes del secundario, se llamó Capricho porque este
negocio fue, precisamente, un capricho de su propietario que, a juzgar por
los resultados, le fue bastante positivo. Hugo cuenta que el equipo de
audio, el mobiliario y la bebida llegó el mismo día de su inauguración,
un viernes, y que con lo recaudado ese fin de semana pagó esas compras el
lunes mismo.
En Capricho no se cobraba entrada.
Abría todos los viernes, sábados y domingos desde las 11 de la noche y
solo ingresaba gente mayor de 18 años.
Su fachada era blanca con letras
negras sobre la puerta de dintel pintado a rayas transversales de esos
mismos colores y en el interior había tres habitaciones seguidas. En la
primera estaba la barra atendida por Hugo y su hermano Ventura, banquetas
de plástico blancas y el equipo de audio donde los simples y "elepés"
de vinilo eran colocados por "Cachorro" Gobbi (el jefe de los D. Js.) o también por "Panchito" Paulini o "Cachula" (de
Rosario) entre otros. La segunda habitación era la pista, donde un único
parlante estaba sobre una vieja rueda de madera que hacía las veces de
"parrilla de iluminación". En la tercera estaba el reservado,
para tranquilidad de las parejas.
No entraban más de ciento veinte
personas, pero cuando se habilitó el patio de verano, con piso de
pedregullo suelto y banquetas de troncos de eucaliptus, este número se
amplió hasta alrededor de trescientas. El ambiente, que era tranquilo,
sin peleas, se nutría de gente de nuestra localidad y la zona.
Su decoración mezclaba estilos del
pop y la psicodelia hippie, de moda en esos tiempos.
Para parte de la sociedad de
entonces, acostumbrada a los bailes populares, este lugar con poca luz, no
era bien visto.
Ver más en: Yo quiero a Capricho...
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