domingo, 17 de enero de 2016

La vieja cancha de Juventud Unida

Por Norberto Oscar Dall’Occhio
 
En las décadas de 1920, 1930 y 1940 la cancha de Juventud Unida, ubicada entre las calles Corrientes, Francia, Misiones y Rivadavia, tenía ciertas características especiales. No poseía tejido olímpico y lo único que dividía al público y el perímetro del campo de juego era un hilo de alambre liso, sostenido a un metro de altura por postes de madera distanciados unos cinco metros uno de otro. El espacio comprendido entre el hilo de alambre y la línea divisoria del campo de juego era muy reducido; alrededor de dos metros. Es decir que los espectadores casi se daban la mano con los jugadores. Incluso muchos jóvenes, cuando el estadio estaba colmado, para presenciar el cotejo se sentaban en el pasto debajo del hilo de alambre para que la gente que estaba a sus espaldas de pié pudiera ver el partido. La policía en una actitud permisiva aceptaba esta situación, pero mediante el uso de una fusta obligaba a los jóvenes a encoger las piernas, pues si colocaban los miembros inferiores estirados sobre el pasto, sus pies se acercaban demasiado a la raya de cal. Resultaba una situación muy confusa y exponía peligrosamente a los jugadores y al árbitro ante reacciones muy agresivas de algunos hinchas. 


Cuando se concretaba un gol o se cobraba un penal no se podía evitar el ingreso sin autorización de espectadores a la cancha. Ni hablar de lo que acontecía cuando se producía una gresca. Un desorden generalizado imposible de controlar, ante semejante batalla campal.

En lo que se refiere al contexto que rodeaba el campo de juego, conviene aclarar que en los costados laterales de la cancha -que ocupaba una manzana entera en lo que es hoy la Escuela Nº779- no existían muros ni ligustros, sino un alambrado de varios hilos. Cuando había partido el Club cubría con arpilleras todos los sectores que daban a la calle. El propósito era evitar que los mirones vieran el encuentro sin pagar la correspondiente entrada. Pero había algunos de ellos que se arriesgaban y se subían a los árboles plantados sobre la vereda de tierra que circundaban la cancha. Era común que durante el desarrollo del partido se oyera el ruido provocado por el quiebre de alguna rama que no pudo resistir el peso de una persona. Entonces de inmediato se producía la reacción de la gente, que risueñamente solía gritar ¡¡¡ ¡Auxiliooo, hombre a tierra!. Felizmente las caídas no tenían consecuencias.

Juventud Unida en 1944 dejó esa cancha de reducida dimensiones -cuyo predio había sido facilitado por su dueño, don Miguel Rueda- y se trasladó a una cancha propia y más amplia, lo que es hoy su cómodo y moderno campo de deportes. Para ello el Club llegó a un acuerdo con la dueña, señora Josefina S. de Rueda, y adquirió el terreno. La inauguración del nuevo estadio que lleva el nombre de la señora Josefina, se realizó el domingo 30 de abril de 1944 mediante la realización de un Torneo Relámpago en el cual participaron varios equipos de la zona. Ese mismo año “los verdes” tuvieron otra alegría: festejaron el campeonato ganado en el certamen de la Liga Venadense de Fútbol, correspondiente a la temporada 1943, que finalizó en setiembre de 1944.


*     *     *

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tus palabras siempre son bienvenidas. Gracias por comentar.