jueves, 21 de febrero de 2013

Carta abierta a mi Club


 Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 79 del 28/06/2007

  Una visión del Club Belgrano -que el 16 de junio cumplió 91 años- de los años '50 y '60 hecha por un joven hincha de aquellos tiempo.

No se si el título es el adecuado, no se si es el que corresponde, solo se que es tiempo de nostalgias y recuerdos, y esos afloran como agua de manantial. Algunos mas memoriosos o mas veteranos que yo tendrán otros recuerdos, los jóvenes los suyos. Pero claro, todo lo bueno vale, así que ¿vamos a recordar?... total que cuesta, apenas si un esfuerzo “neuronal”.
 





 Aparece en mi memoria la vieja puerta de doble hoja de madera, el vidrio de fondo blanco resalta aún mas el escudo pintado de azul y rojo y las letras en relieve que lo identifican: C.S.Y D. G.B. Las voces lejanas, queridas ausentes me dicen pasá... a la entrada, el piso de madera, al fondo a la derecha, la arcada con los trofeos del club; al frente el mostrador y la máquina cilíndrica de acero inoxidable para hacer el café, las mesas redondas de madera, algunas de ellas con el paño verde y la mesa de billar; a la izquierda el ingreso a una pieza muy pequeña donde se jugaba al ajedrez y más allá el salón de fiestas. Me parece ver al conserje de esa época que rememoro: Rogelio Boggio que vivía en el club con su familia, hermano de Don Manuel Boggio, ilustre directivo y luego Presidente del Club. El paisaje interno de la conserjería termina cuando ingresamos al patio de ladrillos, a la derecha la casa de familia, al final el lavadero cubierto por la verde entrada y a la izquierda vuelve a aparecer el salón de fiestas del club con su puerta posterior de ingreso. En aquel viejo patio la imagen imborrable del bueno de Mingo Scandizzo con su risa ancha, festejando con la barra algún logro de esos años. Termina el patio para llegar a la cancha de básquet, al final la de paleta, cuando la pared lateral no era tan alta, envuelta en aquel tejido rombo, castigado por los impactos, de vez en cuando alguna pelota traviesa se colaba e iba a parar a algún vecino o llegaba besando el alto cordón de la vereda de la calle de tierra. Pero claro... pero claro, hablamos de la cancha de básquet... y entonces recordamos tantas cosas gratas, cuando llegaban las embajadas de patinadores, uno de los números más recordados era la “Danza del fuego”. La llegada del quinteto de básquet de Racing Club de Avellaneda, equipo base del Campeón Mundial del año 1950 en el Luna Park, en mis ojos asombrados de niño quedó grabada aquella muestra inolvidable en una exhibición espectacular, la velocidad que manejaban la pelota de un lado a otro, los dobles de media cancha (porque no existían triples y cuando la talla de los jugadores no era tan importante) los nombres de Perez Varela su capitán, Uder Menninni, Contarbio y Polettim son realmente inolvidables. El boxeo se hizo presente con la llegada de Amelio Piceda, Campeón Argentino, que hizo una alta técnica boxística. Pero claro, en esa época ya estaba la hermosa familia Forniers, Don Juan, Doña María, Carlitos y Mary, a quien hace un tiempo la hemos recuperado, fue la familia que se arraigó en Belgrano y en el Pueblo, y Don Juan gustaba del boxeo y sabía tirar los guantes; y respetando a los demás conserjes, la familia Forniers fue la que mas llegó en el sentimiento Belgranista. Vivencias de la época nos llevan a los inolvidables momentos vividos en las fiestas de fin y principios de año, fiestas familiares en las que Oscar y Coqui hacían punta en la alegría y diversión. Tiempos de la risa fácil, de los cánticos de la época; era el triste momento de la guerra en Corea y eso dio pié a aquel: “vea, vea, vea... que cosa más común a Belgrano no lo paran ni los tanques de la U.N.” o sino el: “tenemos un arquero que es una maravilla, ataja los penales sentado en una silla... y cuando se lastima le damos... y ahí viene la palabra que rimaba con el equipo rival de turno para así realzar a Belgrano. Y al final el recordado: “Yo te daré, te daré niña hermosa, te daré una cosa, una cosa que empieza con B... ¡Belgrano!.

 Por Dios, cuántos recuerdos, es que yo en ese entonces vivía muy cerca del club, ahí nomás... a la vuelta, era aún muy chico y me sumaba de curioso nomás con los grandes, por eso recuerdo cuando mi grito de niño lleno de júbilo se mezcló con el de los grandes en aquel inolvidable gol de Ernesto Grillo para el triunfo de Argentina en la cancha de River contra los Ingleses, “yo no tenía nada que ver”, pero los más grandes me levantaban en andas festejando el triunfo cuando la voz de Fioravanti anunció el final en aquella vieja radio de madera que tenía forma de capilla. Eran los años de la Revista “Rico Tipo” cuando las chicas del genial “Divito” llamaban la atención y el pincel mágico de Oscar Severini las retrató con perfección en la pared posterior del patio del club.

Tiempos que los festejos del club se hacían los domingos al mediodía, cuando mi tío Ángel, fotógrafo del club, retrataba para siempre esos momentos con aquella vieja máquina en la que el magnesio producía un fogonazo que hacía las veces de flash para iluminar el recinto, de allí le nació el apodo de “Fogonazo”. Cuántos festejos en ese viejo club... las orquestas y cantores de todos los ritmos musicales. Y si... siguen las vivencias, los recuerdos se atropellan y aparece la imagen de Doña Juana... la segunda mamá de Elba, Rosita, Tito y Franco Pellegrini, me acuerdo cómo defendía a los que ella llamaba “sus hijos” cuando alguna broma intencionada la ofendía, cómo se enojaba en la cachada futbolística que le sabían hacer el “zurdo” Juan Lombardi y su hermano Atilio en la carnicería del barrio, cuando lo dejaban mal parado a Tito y también a Nelo que ya había entrado en la familia y lo quería como otro hijo mas, cuanto amor de la buena Doña Juana...

 Retrocediendo en la evocación de los aniversarios del club, en los mediodía de domingo, es imposible dejar de lado el recuerdo que cuando llegaba el momento de los discursos, la palabra fácil y en ocasiones sin previo libreto, de Rafael Pasquinelli, o la labia sentida y evocadora de “Vitrola” Carlovich; o quizás el grito al unísono con la concurrencia de: ip-ra-ip-ra que hacía don Baldesari, uno de los fundadores del Club, haciendo punta en el festejo, o porque no, cuando pocholo Carlovich con su voz baritonal cantaba “Granada”, ya a los postres del festejo. Y si... son recuerdos..., anécdotas de aquellos años, cuando ya Belgrano progresaba y el Club ya estaba restaurado, modificando su estructura.

 Las disciplinas deportivas siempre fueron varias, y en ellas había muy buenos valores, hacer nombres sería injusto porque se cometería el pecado de dejar, por olvido involuntario, alguien y sería doloroso, pero los pelotaris, basquetbolistas, tanto en mujeres como en varones fueron de jerarquía.

 El teatro. Cuantos momentos de felicidad y emoción... lo que nosotros llamábamos comúnmente “velada” y se realizaban en la sala del “Cine” y siempre con la coreografía imaginativa del querido Oscar Severini, cuando en los momentos de comicidad nos reíamos a carcajadas con as bromas del “flaco” Enrico, el “gordo” Carra y el “loco” Pianca, o sino también con Cavalieri ¿se acuerdan de Cavalieri? , aquel señor que con su familia se afincó un tiempo en el pueblo y se hizo fana de Belgrano.

Las “veladas”... mi querido e inolvidable tío Lito Gavio estaba siempre haciendo punta en el elenco, cuanta gente aficionada al arte colaboraba en todo esto...

 Pero claro, Belgrano se fundó como Club de Fútbol y como tal fue creciendo y se hizo grande. Realmente será necesario escribir un libro para tantas vivencias y emociones.Pero cómo habrán sido esos días lejanos, cuando en la última bolsa hombreada en la estiba, o quizás en la última maleta, o por que no, en la horquillada final del pasto en la parva, ya se calzaban los cortos para dejar el resto en la cancha. Si, eran las ganas de jugar, era el divertirse con la pelota más allá de la devoción por defender los colores queridos. Tiempos en que jugadores e hinchas se juntaban para viajar en los camiones a otros pueblos, días cuando el “Brasilero” Eugenio Paulini dejaba su viejo camión a disposición de la hinchada, o por qué no, el de Fidel Monsalvo, o quizá el Chevrolet 29 de Don José Dall O'cchio o tal vez el Ford de Félix Carpi, o el otro de Don Domingo Tasello... como dije al comenzar, los más veteranos recordarán otras cosas, otros nombres, los jugadores de antaño, como el malogrado Luis Tabacco, los hermanos Juan y Mario Roberto, los Villalba o los hermanos Arminchiardi, Alberto en el arco y Pedro en la zaga, o a los hermanos Paulini o Marcelo Ferro, Marcelo Foschi, la “chancha” Aguilera, otros comentarán la calidad y picardía para jugar de Roque Acevedo o tal vez la maestría de Héctor Palau, esto para nombrar a algunos que hicieron grande a Belgrano, pero resulta imposible... son muchos los nombres, muchas las glorias... y aparece Lili Benso como otro nombre puntual... pero claro, es que el recuerdo obliga, y la imagen de “La Macha” Ferreira viéndolo jugar obliga más aún, el gran habilidoso, el de la pelota “atada” al botín izquierdo mágico, aquel de la pegada justa y el pase al pié. Eran los años de los grandes jugadores, cuando aparece la gran calidad de Carlitos Chavaño, que después parte rumbo a México y ahí se aquerenció, tiempos de Benjamín Santos, el goleador implacable, el del remate demoledor que luego fue famoso en Rosario Central y goleador también en el fútbol grande para luego terminar su campaña en Italia. Pero recordando a los grandes shoteadores, el nombre de Nolo Gómez, aparece en la evocación y ya mucho mas acá en el tiempo es imposible olvidarse de Rubén Zárate, el gran hacedor y uno de los responsables de ascenso de Los Andes a Primera A, el gran goleador del equipo, como lo fue en San Telmo en Primera B del Ascenso.
 Y retrocedo un poco en el tiempo, en la gente que aportó en diferentes órdenes en el club, un gran referente sería Manuel Boggio, trabajador incansable que vivió sus últimas horas trabajando por su Club, pues ahí mismo sufrió la crisis cardiaca que lo llevó a la muerte. Pero estábamos hablando de fútbol, y en eso de colaborar, el recuerdo nos lleva a Nino Colombo o cariñosamente al “Loco” Colombo, él era el responsable en esos años del primer equipo y ponía todas las ganas, el fervor, el V8, en fin... y lo que tenía por Belgrano, es que había jugadores de afuera y a veces, para que llegaran a tiempo para jugarhabía que ir a buscarlos y ahí estaba siempre Nino. Pero también había un personaje de la época, Don Fernández, “El Maestro de la Moto” que lo llamábamos así porque era maestro y tenía una moto de alta cilindrada. Don Fernández se calzaba la gorra, los anteojos antiparras, los guantes y partía raudamente en busca de algún jugador que tardaba en llegar, me parece verlo al “Negro” Canullán “enancado” en aquella moto y bajando de ella frente al Club, o sino allá, en la vieja cancha. Es que Don Fernández vivía ahí nomás, a una cuadra del club, casi frente al taller de Nino y en un caso de apuro solucionaba el problema.
 Eran los hermosos años del “gran equipo”, de los logros consecutivos, de los campeonatos zonales ganados unos tras otro... “sí, el gran equipo”.
 El recuerdo evocador de antaño nos lleva al nostálgico paisaje de la vieja canchita de Belgrano, pequeña en el tamaño y tan grande en la rica historia de los triunfos. Al nombrar a este equipo, es abrazar imaginariamente a todos aquellos que al paso de los años y en todas las divisiones vistieron y vestirán la azulgrana, con más o menos suerte, o con más o menos capacidad técnica, pero que reflejándose en el espejo de algún ídolo del Club, soñó llegar a jugar alguna vez en primera... el sueño de cualquier pibe que pateando aquella pelota de trapo hecha por las manos sabias de la vieja, o aquella pelota de goma saltarina que quedó incrustada en algún tejido traicionero, o en la otra número uno de cuero... o la número tres allá en el potrero, hasta llegar a la “inalcanzable” número cinco...
 Para todos los que defendieron con altura y dignidad los gloriosos colores de Belgrano, los que transpiraron la camiseta hasta sentirla pegada al pecho, quizá para tenerla así más cerca del corazón, llegan los nombres de: El Beto Coego, el gran arquero, seguro de arriba y de abajo, al que parecía imposible hacerle un gol... de Tito Pellegrini, llegando con sus piernas largas tirándose al piso en “tijera” para el quite exacto, de Nelo Astolfi, en el cruce perfecto para una jugada salvadora, marcando con esa seguridad que él imponía, cayéndose y volviendo a levantarse con la agilidad y elasticidad de un atleta, de Obdulio Paulini, el marcado implacable, el de la fuerza ganadora, de el “Negro” Canullán, el número cinco de la gran colocación que mandaba en la mitad de la cancha, derecho y sacando pecho en cada jugada, poniendo la pelota al piso para el pase justo al compañero mejor ubicado, de Carlitos Franco, el hombre que aunque de poca talla ganaba siempre de arriba, el que sabía marcar y empujar al equipo desde atrás, aquel de los cruces perfectos de izquierda a derecha. De Luisito Cerquetella el de la gambeta imparable, el que llevaba la pelota pegada a la línea de cal para dejar desairado al marcador de turno hasta llegar al fondo de la cancha para mandar el centro justo, el de la pisada imprevista, con esa clase llena de potrero. De Alberto Carlovich prodigándose continuamente, jugándose en cada pelota, el que elevándose junto al arquero le ganaba con alguna picardía de “aquellas” para el cabezazo ganador. De “Panchito” Scaglione, el nueve que las agarraba todas dentro del área, el gran aprovechador de los centros de Luisito, el fantasma que aparecía para el gol inesperado. De “Cuca” Villarruel, el jugador inteligente y rápido que llegaba al gol, el que sabía aprovechar la velocidad de su puntero izquierdo que por supuesto era el “Gringo” Vanni, el once explosivo, el veloz puntero del remate fulminante, el que la pedía siempre y el que enojaba cuando no se la daban. Este equipo fue el gran referente, el gran ganador, a veces con el refuerzo que significaba Remo Formenti, que estaba muy lejos del pueblo y que por ahí venía a reforzar el equipo en algún torneo importante. Remo era el gran cerebro del equipo, el que manejaba los tiempos en cada jugada, el gran armador, el ocho ideal. Eran los tiempos en que no había recambio, los once que entraban eran los once que terminaban, cuando el que sufría alguna lesión trataba de seguir hasta el final, o de lo contrario, en caso ya serio, e veía obligado a dejar la cancha.
 Y el tema, recuerdo en ese entonces, cuando en alguna ocasión “Curca” Villarruel, que sufría ataques de epilepsia, sufrió una de esas crisis, lo retiraron del campo de juego y después de una vez repuesto, volvió a la cancha para terminar el partido.
 En esta evocación de los grandes jugadores surge el ejemplo de una figura muy importante del club, ya de mucho más acá en el tiempo... y digo del ejemplo porque si en Belgrano pasaron tantos buenos futbolistas, el nombre de “el negro” Ribas es el hombre, el jugador, el gran futbolista y el gran caballero, el que nunca le pegaba a nadie, el del quite justo y limpio. Y bueno, llega el final de la evocación... mi mano derecha maneja como puede la lapicera, el cerebro es quien dirige, pero el corazón es el que manda... y cuando manda el corazón, las emociones y los recuerdos se encuentran y se enlazan, ocurre que estoy mirando fotos de antaño, veo en alguna de ellas los festejos de algún aniversario de otrora y también veo familias enteras, amigos, conocidos de la época, tanta gente linda y querida que ya no están, y claro, de flojo nomás mis ojos ya no distinguen bien lo que escribo, son muchas las ausencias y más aún los dolores...
 Pero es hora de festejos, ya son 91 años, casi casi los del pueblo, si apenas 8 años lo separa y Belgrano nació y creció junto al pueblo, y creció tanto que es orgullo de Santa Isabel, y de la zona, por eso llega la hora del recuerdo emocionado a los fundadores del club, a aquel lejano 1916, a esos, algunos casi chiquilines de pantalón corto quizá en esa época que se hicieron esa patriada histórica, para ellos, el gran recuerdo...
 ¡Felices 91 años Belgrano!!!! Y que vengan muchos más... por los siglos de los siglos. Es el deseo de un hincha mas...

      Juan Jorge Baldessari


Fotos:  1) El bar del Club Belgrano en la década de 1950: Oscar Severini y Juan Forneris. - 2) El camión de Félix Carpi con hinchas de Belgrano en la vieja ruta 94 (La Angosta) - 3) Oscar SEverini pintando caricaturas de Divito.

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1 comentario:

  1. Gracias por publicar tan hermoso recuerdo, gracias Jorge Baldessari por evocar esos tiempos del Gral.y sus apasionados seguidores, que tiempos aquellos.........

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