viernes, 19 de febrero de 2016

Recuerdos de la Escuela 179

Por Norberto Oscar Dall’Occhio

- En la década de 1940 la Escuela Provincial Nº 179 tenía solamente cuatro aulas. Como la enseñanza primaria completa duraba seis años y por lo tanto había seis grados, el Colegio estaba obligado a utilizar dos salones alquilados para los turnos mañana y tarde. Una de las salas estaba ubicada en la manzana de enfrente, en la calle José Ingenieros. La otra, sobre Sarmiento, al lado de la casa de la familia Benso.


- En 1945 se inauguraron los juegos infantiles, que abarcaban un inmenso espacio en el terreno (Sarmiento esquina Paraguay) ubicado al costado del edificio de la Escuela. El Director del establecimiento educativo en ese entonces era Manuel Farías.


El acto inaugural de los juegos constituyó un verdadero acontecimiento al que concurrieron invitados especiales, docentes, alumnos y familiares de los escolares. Estuvo presente también el cuerpo de Boy Scouts de Santa Isabel, de reciente creación, dirigido por el docente Roberto Chufardi.


En el patio central se realizó una excelente demostración gimnástica a cargo de alumnos de la Escuela, quienes lucían un hermoso uniforme con pantalón azul y casaca blanca. Los protagonistas, mientras hacían la representación, cantaban la Marcha del Deporte. Acto seguido esos mismos alumnos comenzaron a utilizar los distintos juegos, dando por inaugurado oficialmente el nuevo parque infantil.


- Hasta el año 1946 al finalizar el año lectivo se solían organizar veladas artísticas con la participación de alumnos de los distintos grados. Había actuaciones personales y grupales de los chicos mediante la presentación de algún sketch. También interpretaban dramatizaciones de temas con sabor local. Los libretos eran escritos por la maestra del grado.


El acto se llevaba a cabo en el Patio de la Escuela y a veces en el Salón de la Sociedad Italiana. Estas aplaudidas veladas contaban con la asistencia de una numerosa concurrencia de gente del pueblo, de los padres de los alumnos, de docentes y de escolares que colmaban las instalaciones.


- Los festejos del Día de la Primavera, que consistían en un picnic a la canasta, se hacían generalmente en la vieja cancha de General Belgrano. En una oportunidad se realizó en el monte de la familia Carpi, en la zona rural.


- En la primavera de 1946 alumnos de quinto y sexto grado con el apoyo de docentes, organizaron un interesante viaje de extensión cultural de cinco días de duración a las ciudades de Santa Fe y Paraná. Los chicos con bastante anticipación empezaron a ahorrar moneditas que las maestras iban depositando en la Caja Nacional de Ahorro Postal (por intermedio del Correo local). Ese dinero era para cubrir algunos gastos de viaje. Cada alumno debía aportar alrededor de diez pesos moneda nacional. Como valor de referencia digamos que la Revista Billiken en ese entonces costaba 20 centavos. Las maestras Berta de Carra y María Esther Serratti acompañaron a los alumnos durante todo el viaje. La excursión se realizó en tren con el recorrido Chapuy-Rosario y Rosario-Santa Fe y viceversa.


La excursión a Paraná se efectuó en balsa y la delegación tuvo la oportunidad de conocer el antiguo puente colgante de la ciudad de Santa Fe y el hermoso Parque Urquiza de la capital entrerriana.

 Parte de la delegación de alumnos de 5º y 6º grado de la Escuela "Bartolomé Mitre" que en 1946  realizó una excursión a las ciudades de Santa Fe y Paraná. De pie arriba, de izquierda a derecha: Mabel Carrea, Elda Madruga, Elba Peralta, Noemí Flamini, Elsie Perna, desconocida, Formento, María Siarrusta y Elvira Magurno. En el centro: Delavalle, González, Carlos Gavio, Domingo Cutilo, Rodolfo Dedominici, Omar Diez y Oscar Brondello. Abajo, agachados: Enrique Criado, Norberto Oscar Dall'Occhio, Alfredo Colombo,  Gerardo "Lalucho" Zanotti, Raúl Lantaret, Antonio Ducay y Dolly Defilippi (foto fue tomada en el lugar de residencia en la ciudad de Santa Fe).

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jueves, 21 de enero de 2016

Los circos y las calesitas

Por Norberto Oscar Dall’Occhio

En las décadas de 1940 y 1950 era común en los pueblos de la región la llegada de circos, calesitas y parques de diversión ambulantes, que recorrían distintas localidades.

En Santa Isabel, con el consiguiente permiso de la Comuna, los circos instalaban su carpa en algún baldío cercano al radio céntrico.

Un lugar preferido era el gran baldío existente entre las calles Brasil, Mitre, Corrientes y Sarmiento. En la manzana sólo se había construido una vivienda en la esquina de Sarmiento y Brasil. En 1949 en la esquina de Mitre y Brasil se había colocado un gran cartel anunciando que en ese predio se construiría la nueva Usina Eléctrica. Un frustrado proyecto para el pueblo, que poco tiempo después sufrió por varios años la falta de luz.
Los circos generalmente tenían permiso para quedarse unos 30 días y algunos artistas y colaboradores enviaban a sus hijos durante su estadía a las escuelas primarias locales.

En los espectáculos circenses, después de terminados los números desarrollados en la pista, con la actuación de trapecistas, equilibristas, malabaristas, contorsionistas, tonys y payasos y a veces algún mago, la función finalizaba con una representación teatral.

Estas representaciones escénicas forman parte de la historia grande del teatro argentino teniendo en cuenta que llevaron adelante estas expresiones artísticas circenses a todos los pueblos del interior, a veces huérfanos de toda actividad cultural, cuando aún no existían el cine, la radio ni la televisión. Una tema infaltable por su gran repercusión en el público en general era la representación de “Juan Moreira” basada en la obra literaria de Eduardo Gutiérrez. A partir de la década de 1880 la versión teatral de la trágica vida del gaucho Juan Moreira comenzó a interesar y a difundirse con gran éxito en los pueblos de campaña por intermedio de los circos. Además, en la cartelera de ese entretenido mundo circense abundaban títulos pertenecientes al sainete criollo, entre otros, del destacado escritor Alberto Vaccarezza (“El Conventillo de la Paloma” - “Lo que le pasó a Reynoso”) y numerosos temas del autor Alberto Novión (“Bendita Seas”).

El precio de la entrada era bastante accesible. La gente se ubicaba en la platea que rodeaba la pista. Los jóvenes preferían sentarse en las gradas, una tribuna pequeña cercana a la puerta de entrada, sitio donde el valor de la entrada era menor. En ese lugar, al que llamaban “Gallinero”, siempre solía asistir algún gracioso, que lanzaba expresiones verbales que provocaban la risa de la gente. Si sus dichos superaban cierto límite o molestaban, las autoridades del circo pedían la intervención policial.

En algunas ocasiones también recalaban circos de gitanos, que a veces le traían dolores de cabeza a la Comuna, pues se excedían en su estadía y por diversos motivos no querían abandonar el pueblo.

En cuanto a las calesitas y parques de diversiones, ocupaban los baldíos en un espacio más reducidos comparado con el que utilizaban los circos. Uno de los lugares preferidos era el terreno de la esquina de José Ingenieros y 25 de Mayo en diagonal a la plaza.

Se premiaba con una vuelta gratis al niño que sacaba la sortija, que estaba embutida en la base de una especie de pera de madera. Con rápidos movimientos el calesitero movía la pera permanentemente, sostenida con una de sus manos. Era una forma de hacer más difícil la obtención de tan preciada pieza por parte de los pibes.

En algunas oportunidades en las últimas horas de la noche cuando ya se habían retirado los niños, aparecía alguna barra de muchachos que subían a la calesita y como si fueran pibes pretendían sacar la sortija, sin importarles la forma. En ese intento de los jóvenes a veces se producían duros forcejeos con el calesitero y la cosa no terminaba bien.

Algunos testigos solían contar que en la década de 1920, las calesitas funcionaban a través de la tracción proporcionada por un caballo, que se colocaba en la parte interna, entre la plataforma de madera para el público y el eje central que hacía girar la calesita. Esos testigos comentaban que cuando el calesitero ponía la música de organito, el caballo automáticamente comenzaba a caminar. A veces en horas de la noche aparecían algunos muchachos pícaros y se mandaban una de las suyas. Cuando la calesita ya estaba en movimiento uno de ellos mediante el uso de una jeringa le tiraba un líquido picante debajo de la cola del equino. La reacción del indefenso caballo era inmediata y comenzaba su alocada carrera sin control ante el espanto del calesitero, la desesperación de aquéllos que estaban arriba y se tiraban de la calesita, además de la conmoción que el hecho provocaba en el público presente. Semejante salvajismo terminaba con los responsables en la comisaría. 




 
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Concursos de tango - Bailes del 9 de Julio

Por Norberto Oscar Dall’Occhio

En las décadas de 1940 y 1950 en Santa Isabel era común que en los bailes populares organizados por la Sociedad Italiana se realizaran concursos de tango que contaban con la presencia de parejas locales y también de localidades vecinas.

En el pueblo había un binomio que habitualmente participaba en este tipo de competencias al compás del 2 por 4. Era el matrimonio formado por Clorinda Martino y Guido Costas, pareja  que con su sobrio estilo y elegancia le sacaba viruta al piso, deleitando al público asistente. 
 
La Sociedad Italiana todos los años organizaba un gran baile el 9 de Julio, festejando un nuevo aniversario de nuestra Independencia. Al mediodía, luego de la ceremonia en la plaza  y del desfile de autoridades y escolares por las calles del pueblo, se realizaba el acto de clausura  en el Salón de la Sociedad. Allí luego se servía un vermouth a los presentes. A la noche antes de la reunión danzante había fuegos artificiales y a medianoche varias parejas  del pueblo bailaban el Pericón Nacional.   


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domingo, 17 de enero de 2016

La vieja cancha de Juventud Unida

Por Norberto Oscar Dall’Occhio
 
En las décadas de 1920, 1930 y 1940 la cancha de Juventud Unida, ubicada entre las calles Corrientes, Francia, Misiones y Rivadavia, tenía ciertas características especiales. No poseía tejido olímpico y lo único que dividía al público y el perímetro del campo de juego era un hilo de alambre liso, sostenido a un metro de altura por postes de madera distanciados unos cinco metros uno de otro. El espacio comprendido entre el hilo de alambre y la línea divisoria del campo de juego era muy reducido; alrededor de dos metros. Es decir que los espectadores casi se daban la mano con los jugadores. Incluso muchos jóvenes, cuando el estadio estaba colmado, para presenciar el cotejo se sentaban en el pasto debajo del hilo de alambre para que la gente que estaba a sus espaldas de pié pudiera ver el partido. La policía en una actitud permisiva aceptaba esta situación, pero mediante el uso de una fusta obligaba a los jóvenes a encoger las piernas, pues si colocaban los miembros inferiores estirados sobre el pasto, sus pies se acercaban demasiado a la raya de cal. Resultaba una situación muy confusa y exponía peligrosamente a los jugadores y al árbitro ante reacciones muy agresivas de algunos hinchas. 


Cuando se concretaba un gol o se cobraba un penal no se podía evitar el ingreso sin autorización de espectadores a la cancha. Ni hablar de lo que acontecía cuando se producía una gresca. Un desorden generalizado imposible de controlar, ante semejante batalla campal.

En lo que se refiere al contexto que rodeaba el campo de juego, conviene aclarar que en los costados laterales de la cancha -que ocupaba una manzana entera en lo que es hoy la Escuela Nº779- no existían muros ni ligustros, sino un alambrado de varios hilos. Cuando había partido el Club cubría con arpilleras todos los sectores que daban a la calle. El propósito era evitar que los mirones vieran el encuentro sin pagar la correspondiente entrada. Pero había algunos de ellos que se arriesgaban y se subían a los árboles plantados sobre la vereda de tierra que circundaban la cancha. Era común que durante el desarrollo del partido se oyera el ruido provocado por el quiebre de alguna rama que no pudo resistir el peso de una persona. Entonces de inmediato se producía la reacción de la gente, que risueñamente solía gritar ¡¡¡ ¡Auxiliooo, hombre a tierra!. Felizmente las caídas no tenían consecuencias.

Juventud Unida en 1944 dejó esa cancha de reducida dimensiones -cuyo predio había sido facilitado por su dueño, don Miguel Rueda- y se trasladó a una cancha propia y más amplia, lo que es hoy su cómodo y moderno campo de deportes. Para ello el Club llegó a un acuerdo con la dueña, señora Josefina S. de Rueda, y adquirió el terreno. La inauguración del nuevo estadio que lleva el nombre de la señora Josefina, se realizó el domingo 30 de abril de 1944 mediante la realización de un Torneo Relámpago en el cual participaron varios equipos de la zona. Ese mismo año “los verdes” tuvieron otra alegría: festejaron el campeonato ganado en el certamen de la Liga Venadense de Fútbol, correspondiente a la temporada 1943, que finalizó en setiembre de 1944.


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domingo, 10 de enero de 2016

La muerte de Evita

Por Norberto Oscar Dall’Occhio


Una fría y lluviosa noche del sábado 26 de Julio de 1952 mucha gente -como lo hacía habitualmente- esperaba escuchar por los altavoces del pueblo la canción colombiana “Se va el Caimán” que anunciaba la pronta iniciación de la función en el Cine Teatro Ideal. 

En la sala había un buen número de espectadores sentados, esperando que a las nueve comenzara, como era la costumbre, la proyección de la película anunciada. De pronto se interrumpió la grabación de un tango interpretado por la orquesta de Juan D’Arienzo que se estaba pasando en la sala. Enseguida apareció frente al escenario el señor Martínez (era rosarino), quien ese año tenía a su cargo la explotación de las instalaciones de la Sociedad Italiana. Martínez a viva voz manifestó que la función se suspendía debido a que había fallecido la señora Eva Perón.

El público consternado abandonó la sala en silencio y se dirigió a su domicilio. Por orden policial los clubes General Belgrano y Juventud Unida y los demás bares cerraron sus puertas, que juntamente con los comercios cesaron su actividad por quince días.

El Gobierno decretó duelo nacional. Por dos semanas en el país las actividades fabriles, comerciales y financieras estuvieron paralizadas, además de todo tipo de espectáculos públicos, como los deportes y la parte artística. En las escuelas se suspendieron las clases. Las radios solamente pasaban música fúnebre.

La larga inactividad comercial y laboral trajo como consecuencia la escasez de algunos alimentos de la canasta familiar debido a la falta de abastecimiento a la población de ciertos productos esenciales.

El diario oficialista “La Prensa”, confiscado por el Gobierno en 1951 y que estaba en manos de la CGT, sacaba ediciones diarias de 16 páginas, y a veces de más hojas, con amplias notas y fotografías del velatorio de Evita en la Capital Federal. Las tiradas de “La Prensa” y del diario “El Mundo” (de Editorial Haynes) no tenían techo. Simultáneamente los matutinos “La Nación” de Buenos Aires y “La Capital” de Rosario sólo podían publicar el diario con seis páginas, sin poder aumentar la tirada. El papel de diario se importaba y el Gobierno establecía los cupos según sus preferencias. Conviene recordar que a partir de 1947 determinados periódicos y diarios críticos del Gobierno fueron clausurados, entre ellos “La Vanguardia” del Partido Socialista. Las radios pertenecían al Estado.

Cosas de la política oficial de aquellos tiempos…

En la Comuna de Santa Isabel se representó una capilla ardiente en una de las salas que da a la calle. En ella había colocada una gran foto enmarcada de Evita rodeada de flores y de candelabros con velas encendidas. Existía una guardia permanente con la presencia de simpatizantes y afiliados al partido peronista. Personas del pueblo de distintas clases sociales visitaba el lugar.

A pesar del mal tiempo una noche se realizó alrededor de la plaza 9 de Julio una marcha de antorchas con la presencia de mucha gente. La foto de Evita fue colocada en una carroza, que recorrió el perímetro de la plaza. Este homenaje simbólico al aire libre se repitió en todos los pueblos y ciudades de la República. Fue una congoja popular.

El entierro ritual coincidió con el sepelio de los restos de Evita en la Capital Federal. Se retiró la foto de la capilla ardiente instalada en la Comuna y se la colocó en una carroza fúnebre acompaña de ofrendas florales. El numeroso cortejo tomó la calle Sarmiente camino al cementerio seguido por autoridades locales, docentes, alumnos de las escuelas primarias y público en general. Un grupo de colegiales acompañaban la carroza tomando con sus manos cintas argentinas que estaban adheridas a la foto de Evita. En el cementerio, la foto y las flores fueron colocadas a la entrada.

El duelo oficial se mantuvo con el correr del tiempo. Por cadena radial diariamente a las 20 y 25 de la noche se interrumpían las transmisiones habituales de los programas de las emisoras. El locutor expresaba con un tono de voz muy particular la repetida frase: “20 y 25, hora en que la Jefa Espiritual de la Nación pasó a la eternidad”.

En las escuelas era obligatoria la lectura del libro “La Razón de mi Vida” y los empleados públicos debían llevar luto y y hacer todos los días en su lugar de trabajo un minuto de silencio en homenaje a Evita.

Un poco después del fallecimiento de Evita, se filmó
la primera película documental en colores producida en la Argentina y financiada con recursos oficiales, referida a la muerte y a las exequias de Eva Perón.

El film fue visto por primera vez en el Cine Astral de Villa Cañás, en una función privada antes de conocerse en todas las salas del país. Estuvieron presentes en la ocasión el Subsecretario de Información de la Nación, Raúl Alejandro Apold, el director de cine Luis César Amadori, el representante de Noticiero Panamericano y otras autoridades. También contó con la asistencia del director de la película, el californiano Edward Cronjager, quien era camarógrafo de la 20th Century Fox de los Estados Unidos.

 
11/08/1952 – José Ingenieros 942, frente al edificio de la Comuna de Santa Isabel. Finalización de la ceremonia de duelo por el fallecimiento de Eva Duarte de Perón.

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lunes, 4 de enero de 2016

Los Campitos

Por Norberto Oscar Dall’Occhio

En la década  de 1940 y  comienzos  de la de 1950  era muy común que los chicos jugaran a  la pelota en los baldíos del pueblo. A  esos  lugares se los llamaba “campitos”. Hoy  esa  costumbre se perdió, pues tanto General Belgrano como Juventud Unida brindan  la posibilidad de  que los pibes  y los  adolescentes  utilicen sus cómodas instalaciones deportivas para jugar al fútbol.

Los baldíos eran canchas improvisadas, donde los propios  pibes determinaban un perímetro imaginario. Los arcos  eran dos  montoncitos de ropa o dos ladrillos o algunas  piedras,   que reemplazaban los palos. Previamente tenía que haber un acuerdo sobre el  largo de  los arcos.  Pero a  veces sucedía que en  un descuido durante el desarrollo del partido algún  “avivado” achicaba o agrandaba el arco  según su conveniencia. Y ahí se armaba la discusión y  comenzaban los  insultos.

En el momento previo a la iniciación del partido había una ceremonia   muy importante. Era necesario formar dos equipos. Dos pibes  similares  en  su capacidad de juego se ponían frente a frente a unos cinco metros de distancia. Cada uno a su turno adelantaba un pie. Al final perdía al  que le sobraba  el pie. Acto seguido  el ganador tenía la opción de elegir primero a un compañero de equipo. Por supuesto que  elegía  al mejor del grupo. Su rival elegía otro pibe  considerado “bueno”. Seguía la elección por descarte y los considerados “pataduras” quedaban para el final, como de “relleno”. Era una forma  bastante ecuánime de armar un partido con fuerzas parejas. Según las circunstancias,  si en un momento del encuentro un equipo se distanciaba demasiado en goles convertidos se compensaba la desigualdad de fuerzas con el trueque  de un  buen jugador de un bando por otro jugador de menor nivel  del equipo rival. Es decir los pibes tenían  bien claro el sentido lúdico del juego.

Era una diversión entretenida  donde cada uno quería demostrar sus habilidades personales. Ganarle a un equipo débil era considerado  un triunfo sin gloria. Por eso buscaban formar equipos parejos. Jugaban con zapatos, zapatillas o alpargatas. Los botines para  chicos  prácticamente no existían. Salvo alguna rara excepción, ninguno  poseía  la casaca que usan los clubes de primera división. Si recién habían salido del colegio, se sacaban el guardapolvo blanco, lo doblaban  y lo dejaban al lado de uno de los   arcos,  junto con la cartera de útiles escolares. Para custodiar el arco siempre mandaban a algún pibe con poca capacidad de juego. Cuando alguien llegaba tarde y pedía ingresar,  si  lo aceptaba el grupo  se incorporaba al juego.

Estos “picados” de potrero se jugaban sin  establecer tiempo por reloj. Sólo la oscuridad de la noche o la lluvia   los hacía prescindir del juego.  Se iba a cinco goles o más. Pero en pleno  partido  generalmente surgía un inconveniente. En algún momento aparecía la madre de algunos de los pibes para decirle a viva voz al nene que estaba preparada la leche. Como a veces esa mujer era la madre del “dueño de la pelota”, el partido se  suspendía  de inmediato. 

Hoy la pregunta  lógica sería,  pero ¿cómo  no había otra pelota?  La respuesta es que no.  En   esos tiempos  las pelotas de goma o de cuero  no estaban al alcance de todos los padres. Por ese motivo  el dueño de la pelota se convertía en un personaje especial, aunque fuera un “patadura”.  Los chicos solían jugar en la calle o en la vereda  con una pelota de trapo que las madres le preparaban  rellenando medias de mujer. En los campitos se jugaba con una pelota que picara en el piso. Tenía más sabor a fútbol porque  había que dominar el balón en el aire, ya sea con los pies, el pecho o la cabeza. 


Un baldío  muy utilizado estaba ubicado en  General López y  General Roca, donde  aún hoy se mantiene en pie una vieja palmera. Lo llamaban el “Campito del Bajo”. Por su amplitud, otro baldío  concurrido por chicos y adolescentes estaba  entre las calles General Roca, Santa Fe, Italia y Brasil. Era una manzana completa, donde años más tarde se instaló la fábrica de leche en polvo. Las vías del ferrocarril no existían, pues  se construyeron recién en la década de 1950.

En José Ingenieros al 1400  había un terreno desocupado, cercano del  lugar donde actualmente se encuentra instalado el tanque de agua potable. Allí  también  los chicos armaban su picado.

En Santa Fe  al 1400  había un amplio  descampado (hoy Parque Tirelli), muy propicio para practicar  fútbol. Los pibes para jugar  achicaban el perímetro,  pero los adolescentes y mayores lo ampliaban  como si fuera una cancha  normal. Habían colocado improvisados  arcos de madera, aunque  eran  bastante precarios. Ese  baldío  dejó  de utilizarse en 1950, cuando el Ferrocarril  y la Comuna dispusieron forestar el lugar con plantaciones de eucaliptus.

En la década de 1930,  en la esquina de José Ingenieros  y Mitre, en la misma manzana  donde está el edificio de la Comuna,  había un baldío  en el cual  los pibes jugaban sus picados.

En las escuelas primarias estaba prohibido  jugar al fútbol.  Sin embargo  los varones no podían impedir su impulso  futbolero  y en algún descuido de la celadora   improvisaban un mini  picadito con una pequeña pelota y algunas veces hasta con una naranja.  Pero  solía suceder  que en  forma inesperada  aparecía la maestra  y  les  incautaba la pelota además  de  la consiguiente reprimenda.

En la década de 1940 aparecieron en el pueblo  las canchas de Baby Fútbol. Para los pibes fue toda una novedad, ya que les permitía jugar en una cancha marcada, con arcos de madera(a veces  con red), con pelota de cuero y con vestimenta  similar a la que usaban  sus ídolos, los  jugadores mayores que integraban  los clubes de primera división. 


General Belgrano instaló su cancha de Baby  Fútbol,  que tenía luz artificial,  en el predio ubicado en General López  esquina  25 de Mayo  y Juventud Unida en las instalaciones contiguas a la Sociedad Italiana.  En esos lugares se organizaban importantes partidos  y torneos  diurnos y nocturnos con la intervención de equipos de la zona. Los cotejos contaban con la concurrencia de mucho público, que en algunas circunstancias,  por la atracción que ejercían, colmaban totalmente la capacidad  de  esos  mini estadios deportivos.

A  partir de 1949  se iniciaron en el país  la disputa de los Torneos Infantiles  “Evita”, promovidos por la Fundación “Eva Perón”. A partir de 1950 la Comuna local  todos los años formaba un equipo de pibes que representaba al pueblo. Los jóvenes  enfrentaban a equipos similares de la región.

Esta es una breve historia de los baldíos y los campitos del pueblo. Esos  potreros  fueron excelentes “semilleros”  y dieron lugar a la formación de destacados futbolistas  que posteriormente  se desempeñaron en equipos locales y algunos de ellos triunfaron en la región integrando elencos de clubes de primer nivel.    

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miércoles, 30 de diciembre de 2015

El Gordo de Navidad

Por Norberto Oscar Dall’Occhio 

Se acercaban las fiestas de fin de año y comenzaban los preparativos para su festejo, aunque fuera de manera muy modesta. La Comuna en esos momentos era presidida por Santiago Raimondi. El país tenía un presidente de facto, el general Edelmiro J. Farrell, quien de alguna manera facilitó la carrera política del entonces coronel Juan Domingo Perón, que llegó a ocupar varios puestos claves en el Poder Ejecutivo. Es decir, a partir de los cargos que  desempeñaba en el Gobierno, Perón comienza  a lanzar una corriente de pensamiento de carácter nacional y popular  de enorme gravitación en el país, cuyos principios básicos aún hoy tienen plena vigencia en nuestra vida política.

En lo deportivo Juventud Unida continuaba festejando el título obtenido en el campeonato de la Liga Venadense de Fútbol y Boca Juniors hacía lo mismo con otro campeonato  logrado en el fútbol profesional.

En el orden internacional proseguía la Segunda Guerra Mundial. Debido al conflicto bélico la Argentina no podía exportar a Europa su producción agrícola y se habían acumulado  varias cosechas de maíz sin vender. Había falta de insumos importados de todo tipo. Una difícil situación para el país con la consiguiente repercusión en la vida social y económica  de toda la población.

 A pesar de esas penurias económicas la vida continuaba. Así llegamos al  viernes 22 de diciembre de 1944. Para la gente de Santa Isabel no fue un día más. Al mediodía de esa calurosa jornada de verano un hecho inesperado conmocionó el pueblo. En el sorteo del Gordo de Navidad  de la Lotería Nacional realizado en la Capital Federal (se transmitía por radio) había salido con el primer premio el número 11.880. Los diez  décimos correspondientes a la Lotería de Santa Fe -que jugaba junto con la Nacional- fueron vendidos por la Agencia de Lotería de Santiago Lorenzatti, ubicada en la esquina de General López y Sarmiento.

Resultaron varias las personas del pueblo que gracias a un golpe de suerte, el número  11.880 les cambió la vida. Entre los favorecidos estaban José Costas, el médico Alfredo  Horsman, Juan Benso, Emilio  Fontana, los dueños del Hotel Central: Aurelio y Dafara, quienes le habían dado participación en el billete a Felice y a Negri. Otros  ganadores  fueron  dos productores agropecuarios: Millet  y  Juan  Paganini y también un almacenero español al que algunos lo  llamaban “Yesca”, que tenía su negocio  ubicado "atrás de la vía".

La noticia corrió como reguero de pólvora por la zona  y en el pueblo había comentarios de todo tipo, desde aquéllos que decían que habían tenido el billete en sus manos y lo cambiaron por otro número hasta los que vieron el billete colgado en la vidriera y no pudieron adquirirlo porque no tenían plata en ese momento. Abundaban muchas  anécdotas y por supuesto aparecían las especulaciones acerca de qué harían los nuevos ricos con tanto dinero.

Entre las anécdotas había una muy llamativa. El día del sorteo del Gordo de Navidad el agenciero Lorenzatti estaba preocupado porque se acercaba el mediodía y aún tenía sin vender varios billetes incluido dos décimos del 11.880. A fin de colocarlos se dirigió a la casa de los hermanos Rossi ubicada en la esquina de 25 de Mayo y General López. Allí les ofreció dos billetes con el número 11.880 a los dueños de casa y luego del consabido parloteo logró convencer a uno de ellos y se los dejó. Lorenzatti tomó el camino del retorno y cuando había hecho una cuadra por General López sorpresivamente se acercó corriendo uno de los Rossi para decirle que sus hermanos no querían ese número porque no les  gustaba y pidió que se lo cambiara por otro billete. El agenciero hizo el  cambio y se dirigió directamente al consultorio del Dr. Alfredo Horsmann, que alquilaba la casa ubicada en General López 1323. El médico le dijo que no quería comprarlos pues no tenía dinero. Por la inminencia del comienzo del sorteo y antes de quedarse con lo que consideraba "un clavo", Lorenzatti muy desesperado le puso los dos décimos del número 11.880 doblados en el bolsillito de arriba del saco y le dijo: "Doctor, después me los paga". Cosas del destino.

Las malas lenguas dicen que los hermanos Rossi estuvieron  tres días seguidos con hielo en la cabeza. No es para menos. El azar les jugó una mala pasada.

Algunos vecinos recuerdan que la esposa de Juan Benso, al enterarse por boca de un joven que llegó corriendo a su domicilio y muy agitado le  informó que había ganado la Grande, con una alegría incontenible, espontáneamente salió presurosa de su casa y comenzó a correr por las calles del pueblo gritando ¡¡¡sooomos riiiicoos¡¡¡. Dicen que al joven que le trajo la buena nueva luego le regalaron un traje a medida. Benso explotaba la cancha de pelota a paleta ubicada en Belgrano y Francia y allí vivía con su familia. Después la explotación de la cancha pasó a manos de Valentín "Valengo"” Romero (jugador de Juventud Unida).

¿Y qué destino le dieron los afortunados ganadores al dinero? Por ejemplo, don José Costas compró más de cien hectáreas de campo pertenecientes a Victorio Dedominici. La chacra estaba  ubicada cercana al pueblo, en el sector oeste. Por su parte Juan Benso adquirió un camión de transporte y una vivienda. Más adelante formó parte de una sociedad propietaria del "Frigorífico Santa Isabel". Juan Paganini se convirtió en empresario y años después se asoció con Abelino De Dios de Villa Cañás y con Francisco Farrando. La sociedad adquirió a Angel Ferro las instalaciones del antiguo molino harinero de la calle General López y Rivadavia.

Cabe aclarar que en aquella época no existía en el país el cúmulo y la diversidad de juegos de azar como ocurre en la actualidad. Por lo tanto el sorteo del Gordo de Navidad era muy esperado por la población en todo el territorio argentino y creaba una enorme expectativa en la gente que aguardaba ansiosa el sorteo, con la esperanza de "salir de pobres", como decían algunos. 


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miércoles, 28 de octubre de 2015

Los Pessino. Tradición gráfica.

Publicado en "Acercar a la Gente" N° 58 y 59 - 11/05/05 - 22/06/05
Con Hugo Pessino repasamos la historia familiar y de su profesión. También sobre sus participaciones en distintas instituciones de la localidad.

Y... ¡Sáquen una hojita!! porque vamos a recordar sus tiempos como profesor en la 214.

  

 Instalado entre los apellidos tradicionales que han cruzado casi toda la historia de Santa Isabel se encuentra el de los Pessino que, como tantos otros, inicia su derrotero argentino en la lejana Italia.
A aquellos inmigrantes europeos que arribaban apiñados en barcos los movilizaba el afán de "hacer la América" y también hambrunas, guerras o desgracias familiares. Esto último provocó la llegada de los Pessino a la Argentina; fueron unas castañas guardadas en vasijas de cobre que, contaminadas con este metal, causaron el envenenamiento de todos los mayores tras un desayuno fatal y la desbastación de la familia que solo quedó con sus miembros más chicos que no comieron el fruto mortal.
 El mayor de ellos, de 12 años vino a vivir a la casa de su padrino en Máximo Paz.
 Nietos de este niño inmigrante, Hugo y Ruben (Teddy) Pessino serán los encargados de mostrarnos la historia familiar, de sus empresas gráficas, de su profesión y de los acontecimientos locales en los cuales han actuado.
 Para el número venidero dejamos la charla con Teddy y su hijo Mauro, heredero de los secretos que hacen a las artes gráficas que la familia ha sabido cultivar. En cambio, esta primer entrega está reservada a la entrevista que hemos realizado a Hugo, el mayor de los hermanos Pessino.

 Una vez instalado ¿A qué se dedicó su abuelo?
=Comenzó a trabajar y fue progresando de tal manera que pudo traer a sus hermanos menores y reunir a la familia. Más adelante abrió una fonda en Máximo Paz, en un local frente a la plaza y le fue anexando otros ramos. Después de varios años dejó ese negocio y se instaló en un campo de Santa Emilia dedicandose a la actividad agropecuaria.
 ¿Cómo llegan los Pessino a Santa Isabel?
=Mi papá, Ángel, iba a los bailes de Elortondo y en una oportunidad, tendría unos 23 años, se suspendió por la lluvia y se vino con unos amigos a nuestro pueblo. Se quedaron a dormir en el hotel que estaba donde ahora está Alianak (Santa Fe y Sarmiento). Al día siguiente preguntó si había una imprenta, porque se estaba por casar y buscaba un lugar para instalarse. Le dijeron que solo había una imprenta chica.
Dando vueltas fue a parar donde ahora es el Hotel Central (Santa Fe y San Martín), que en esa época no era hotel, era una propiedad de Esteban Maglione, y decidió alquilarle.
El 21 de marzo de 1931 se casó, fue a Buenos Aires de luna de miel y aprovechó para comprar las máquinas que a principios de abril ya habían llegado por ferrocarril.
 ¿Como había conocido el oficio?
=Mi abuelo lo mandó a estudiar al colegio San José en Rosario donde aprendió algo. Después dejó el colegio, estudió en otro y al volver a Máximo Paz consiguió trabajo en una imprenta que fue donde desarrolló lo que sabía.
 ¿Ustedes aprendieron de él?
=Yo nací en diciembre del '31, y después, a los dos años, nació Teddy, o sea que nosotros nos criamos dentro de la imprenta.
 ¿Cómo fue evolucionando el negocio?
=Después de un tiempo empezó a construir este local (Sarmiento y J. Ingenieros) y nos vinimos cuando yo tenía seis años. Mi papá empezó haciendo los trabajos del pueblo, el primero que recibió fue del Club Belgrano, por eso cuando yo nací, me hizo socio del Club. El primer empleado que tuvo fue "Juancho" Sgavetti, otro fue Ramón Serratti, "Moncho". Es ahí que empieza a viajar junto con Moncho, vendiendo trabajos de imprenta, almanaques y otras cosas de la que era representante, como patentes para los automóviles que compraban las comunas, trofeos o medallas.
 ¿Cuales fueron los principales trabajos?
=De entrada la impresión. Después se incorporaron los almanaques que al principio no los fabricaba, los revendía. También vendía artículos de cotillón, serpentinas, papel picado, matracas, etc.
Una cosa importante fue la fabricación de bolsas de papel kraft que se usaban en los almacenes. Esto surgió cuando volvíamos de un viaje a Rosario, yo era chico; había llovido y el auto se quedó encajado. Un señor que pasó nos llevó a su casa en Carreras. Ese hombre tenía un almacén de ramos generales muy importante y le propuso a mi papá la fabricación de las bolsas. Había que cortarlas y pegarlas a mano, hubo un momento en que había unas 15 o 20 personas dedicadas a esto.
 ¿Durante toda la trayectoria, cuáles han sido las empresas para las que tranbajaron?
=De la zona casi todas. Te puedo mencionar en Venado Tuerto a Andueza & Gamboa o un almacén muy grande que se llamaba Los Empleados. En Villa Cañás, Gastón, Aramendi, Areso, la Cooperativa; en Teodelina también la Cooperativa. De María Teresa Nicasio Guerrico y Cía, Baldomá, que puso una fábrica de aceite...
Cuando el tema de las bolsas de papel se fue apagando se empezó a trabajar mucho con las estampillas comunales que se ponían en la documentación, y eso se vendió a muchas comunas, hasta en el norte de la provincia.
 ¿Usted estuvo viviendo afuera?
= A principios de 1944 me fui a estudiar a Buenos Aires, hice el colegio secundario y después ingresé a la Universidad para estudiar Ciencias Económicas. Un profesor que tuve en 5º año me dio trabajo en su estudio contable con muchos clientes importantes, como estancias, el Club Regatas o el dueño de Pelikan, que en ese tiempo era rector de la Universidad de Buenos Aires.
Al terminar la escuela secundaria me ofreció trabajar con él en el estudio o en la facultad donde era secretario. Me quedé a trabajar con él y la verdad es que aprendí mucho; al tiempo le salieron otras cosas, como la gerencia de Grafa, y me dejó a cargo del estudio contable. Yo tenía 17 o 18 años.
Después me tocó el servicio militar en Buenos Aires, en el Ministerio de Defensa, donde era ayudante de oficina y hacía un horario de 7 a 1 de la tarde.
Todas esas actividades fueron demasiadas y me enfermé; en ese tiempo le decían surmenage, ahora se lo conoce como estrés. Entonces me vine a Santa Isabel pero viajaba a Buenos Aires porque seguía rindiendo exámenes y visitando el estudio donde mis amigos seguían con el trabajo.
 ¿En qué viajaba a Buenos Aires?
= En colectivo, con un Chevallier que pasaba por el cruce. Solía viajar un hombre de apellido Musse, de una firma, Corbela y Musse, que estaba donde ahora está Balassone (Belgrano y Rivadavia), que tenía influencias. Logró que el Chevallier viajara desde Santa Isabel a Buenos Aires, tenía la terminal en el Hotel Central, es la misma línea que después se extendió a Villa Cañás.
En ese tiempo a mi hermano le toca hacer el servicio militar dos años en la marina, así que empecé a ayudar a mi papá en la imprenta. También surgió el tema de las clases en la escuela, mi papá se va a vivir a Rosario y al poco tiempo vuelve Teddy.
 ¿Eso hace que Ud. deje lo de Bs. Aires?
=Si, aunque yo iba a periódicamente a visitar clientes. Ahí fue cuando consigo como cliente de almanaques a la Asociación de Cooperativas Argentinas, A.C.A. Ese fue otro de los grandes clientes, porque teníamos como 300 cooperativas a las que hacerles los almanaques.
 ¿Estos almanaques estuvieron presentes en la mayoría de los allegados al campo argentino? 
=Había otras fábricas de almanaque que también hacían ese modelo, pero el de la mayoría de las cooperativas, los que tenía toda la gente ligada al campo, los hacíamos nosotros. Eso fue por lo menos en toda la década del '60. Se hacía una cantidad muy grande y había que despacharlos a todas las cooperativas, por correo, en tren, por camiones, con combinaciones, ...
 ¿En qué meses trabajaban más con los almanaques?
= Con A.C.A. teníamos un contrato en el cual teníamos una fecha, por ejemplo el 30 de noviembre, para entregar todo y ellos hasta el 31 de julio para entregar los pedidos; ese era un período de mucho trabajo. Hacíamos hasta para cooperativas de Salta, Jujuy y Tucumán.
 O sea que A.C.A. fue el gran cliente...
= Ese fue uno de los grandes, otros fueron Isaura y Amargo Obrero. Yo me movía más vale en la parte de la comercialización, además teníamos representantes en lugares como Junín, Venado Tuerto o Rosario donde estaba mi papá y otro más. Por eso las grandes empresas de Junín fueron clientes nuestros.
 ¿Los almanaques eran el eje central del negocio?
=Si, pero además aparecieron otros clientes como las casas mayoristas de casimires. Nosotros les hacíamos los muestrarios para que pegaran las telas y los enviaran a los sastres. Además les hacíamos las etiquetitas de cada muestra; eso era un trabajo grande porque abarcaba las temporadas de invierno y verano. También les hacíamos unos libros que ellos regalaban a los sastres para que anotaran las medidas que le tomaban a los clientes.
Además en un tiempo fabricábamos carpetas para escolares, había un cliente que compraba unas 100 mil carpetas.
 Estos trabajos coinciden con el auge industrial de Santa Isabel que va de mediados de los 50 hasta mediados de los '70...
=Si, también en los '80, porque después empezamos con la fabricación de cajas de herramientas para la empresa Gherardi y otros clientes, y también hacíamos almanaque para empresas como Grimaldi y Grassi, Sansoni o Ricardo Rodríguez. A este último le despachábamos por correo los almanaques en bolsas de cartón directamente a sus clientes. Pero vimos que el tema de los grandes pedidos no nos convenía y lo fuimos dejando, porque absorbían todo el tiempo, había que pasarles un precio bajo por la gran cantidad, se descuidaba a los medianos y chicos y quedábamos prisioneros de esos clientes grandes.

 Cuando Usted regresa a Santa Isabel, también empieza con actividades institu-cionales. ¿Cuál fue la primera de ellas?
= Cuando volví de Buenos Aires, que fue en el '53, acá había problemas con la electricidad, apenas si daban una hora por día para que las panaderías hicieran el pan y que los bombeadores cargaran los tanques con agua; después todo estaba a oscuras. Mi papá tenía un motor con un dínamo de corriente continua para hacer funcionar la imprenta e incluso se usaba para la casa. El problema era que cuando se prendía alguna máquina se bajaba el voltaje, y al apagarla, subía. Por eso se hizo un regulador manual que era un tablero con lámparas de distintos voltajes, así que si se iba a apagar o prender una máquina había una persona que prendía o apagaba lámparas, para compensar.
Los motores de la usina se fueron deteriorando y ya no se podía dar corriente. Ante este problema, muchos se fueron del pueblo, era un verdadero problema, había divisiones y peleas por distintas cuestiones. Los que estaban en la Cooperativa de Luz, habían conseguido un motor de 300 C.V.; esto era impor-tante, pero otro grupo quería dos motores de 150 C.V. Técnicamente a lo mejor tenían razón, pero en ese tiempo no se podía conse-guir más que el de 300.
Ahí había una gran pelea y en una asam-blea presen-tamos una lista con muchachos jóvenes como Leandro Quatrín, Antonio Amorós, Enrique Canal y yo, junto con otros que ya estaban de antes. Como presidente quedó Isidoro Crespi, secretario Felipe Enrico y tesorero Bartolo Salemme; también estaba "Nisín" Alianak. En ese tiempo el gerente era Norberto Ricordi y como administrativo estaba Raúl Paggi.
El combate siguió pero nosotros, que buscábamos la unidad del pueblo, nos abocamos a hacer las cosas como debían ser. Por ejemplo, cuando llegó el motor, para conectarse había que aumentar las acciones, algunos no querían pagarlas, entonces no le poníamos la luz. Además, por los problemas económicos, tomamos medidas que algunos criticaron ya que le bajamos la tarifa a todas las industrias que eran las que más consumían y a las que si les aumentábamos se ponían motores propios. Como les bajamos el precio se quedaron todas enganchadas y eso hizo que se pudiera mantener la usina y con posterioridad, a medida que aumentó el consumo, bajar las tarifas domiciliarias.
En esa época estaba el molino, el peladero (frigorífico), la fábrica de oxígeno OXI-ITAD... Esas industrias se fueron creando a través de una comisión que habíamos hecho tratando de promoverlas.
 ¿Además nacieron a partir de la regularización del servicio eléctrico?
= Si, tal fue así que al poco tiempo el motor no alcanzó más y hubo que traer otro, el M.W.M. No fue fácil lograr esto, al principio había resistencias, peleas; tuvimos que ir tantas veces a Santa Fe... Pero nosotros, como tipos jóvenes y más neutrales poníamos paños fríos y tratábamos de calmar, porque en la usina había habido líos grandes, con tiros y todo. Nosotros llegamos después de ese enfrentamiento entre grupos antagónicos.
 Otra comisión en la que trabajó fue en la reapertura del hospital Miguel Rueda. ¿Qué había pasado? 
= Por qué se cerró el hospital, no se. La cuestión es que el hospital estaba cerrado, ya no había enfermeras, no había nada. Estaba muy abandonado, hubo que limpiar todo, faltaban cosas, aunque en ese tiempo no había tanta depredación como ahora.
Rafael Pasquinelli trabajaba en la Cooperativa Unión y Fuerza, donde estaba Leandro Quatrín, Enrique Canal y yo que había estado ayudando en unos balances. Cuando se presentó como candidato a diputado nosotros lo apoyamos y cuando llegó a serlo se pensó en reabrir el hospital y se creó una comisión. Estaban, entre otros, Pasquinelli, "Mito" Martínez, el Dr. Fahr, "Titi" Ruiz, Gerardo Tobío y Néreo Ansaloni.
Se firmó un convenio con el gobierno provincial pon el cual se comprometía a hacer aportes para mantener al hospital y nosotros recaudábamos fondos para la compra de materiales. El gobierno querían que todo pasara a propiedad de la provincia y nosotros no. Finalmente prevaleció nuestra opinión, el hospital se puso en marcha nuevamente y una la principal fuente de ingreso fueron los carnavales. Estaba José Arias, un zapatero, que siempre había querido hacer un gran corso, así que se puso a trabajar, creó comparsas en los barrios, ofreció premios y consiguió ropas para los que no tenían. El primer corso grande, que se hizo en 1957, dejó mucha plata y permitió comprar cosas, traer médicos, instalar un laboratorio. Se compró un microscopio, se un fotocolorímetro para hacer análisis, se pintó, se repararon las camas...
 Era gente joven con ganas de trabajar...
= Acá hay gente que ha hecho mucho por Santa Isabel, por ejemplo "Bambín" Albanesi, Héctor Nesprías o Rafael Pasquinelli que cuando fue diputado provincial obtuvo un subsidio para hacera importantes trabajos en la biblioteca, como es el frente del edificio.
 ¿Estuvo Ud. en la Bibliotaca Sarmiento?
=Fui presidente varios años. Además del aporte del subsidio se hicieron muchas cosas a fuerza de trabajo de la Comisión Directiva. También se firmó un contrato con la Comuna cuando era presidente "Chalo" Carpi para instalar el Parque Pinocho. La Biblioteca puso el terreno, la escuela 179 unos juegos que tenía y la Comuna se comprometió a realizar el mantenimiento. En la Comisión estaban Juan Forneris, Ismael Cañete, Albino Gobbi, "Tito" Ruiz, "Titi" Pennacchietti y Leandro Quatrín entre otros.
La Biblioteca Sarmiento había estado cerrada durante mucho tiempo, estando en distintas casas. La sede actual era de la Sociedad Argentina que no estaba en actividad pero tenía personería jurídica. Se hizo una fusión y se le puso el nombre de Asociación Cultural D. F. Sarmiento y se le empezó a dar mayor actividad.
 Una bibliotecaria de mucho tiempo fue Isabel Gobbi..
= Isabel Gobbi es una persona a la que no se le ha reconocido todo lo que hizo por la Biblioteca. Ella estuvo años y años, desde antes de la fusión con la Sociedad Argentina, abriendo el local sin cobrar un centavo.
 ¿También estuvo Ud. en la creación de la Caja de Ahorro y Crédito?
=Acá no había bancos, ya funcionaban las industrias y había problemas con los cheques, todo se manejaba por cambios de cheques entre las empresas, pero había que encontrar los cheques justos que se necesitaban. Nosotros, por ejemplo, teníamos cuentas en Rosario y en Buenos Aires, para depositarlos, mandábamos los cheques por correo y después el banco enviaba la boleta de depósito que llegaba a los 4 o 5 días.
Enrique Canal conocía a una persona que estaba en la creación de las Cajas. Y justo se hace una huelga bancaria que duró como dos meses y lo invita a este hombre a dar una charla sobre el tema que se dio en el Prado Español. Nos interesó y comenzamos a formar el grupo, que siempre caía más o menos en los mismos. En este caso estabamos Juan Balassone, Enrique Canal, Anonio Amorós, Florencio Mercé, Alberto Arminchiardi y otros más que en este momento no recuerdo.
Se comenzó a trabajar, a recorrer distintos lugares y a elaborar los estatutos y adaptarlos a Santa Isabel. Se creó entonces la Caja de Ahorro y Crédito de Santa Isabel Coop. Ltda., la primera que se forma en la zona pero no la primera en abrir. En Venado Tuerto se formó después pero abrió unos dos meses antes que la nuestra.
Un objetivo era la creación de una entidad que facilitara la operatoria de los comercios, otro el que el dinero del pueblo se manejara en el pueblo y, además, darle una salida laboral a los que estudiaban de perito mercantil en el secundario, que podrían trabajar en la misma Caja o bien en las empresas que se fueran creando a partir de eso.
El primer gerente fue Domingo Romero, quien justamente había sido uno de los bancarios huelguistas y que no tenía trabajo. Y la verdad es que Romero fue una buena elección porque hizo mucho para la institución.
A partir de la Caja el pueblo cambió mucho porque se empezó a dar créditos. El primero que se otorgó fue a una persona que tenía que operar a la esposa, y después de eso empezó a venir más gente. La Caja de Santa Isabel promovió a muchas de la zona, por ejemplo la de Villa Cañás, la de Murphy, lla de San Eduardo, Hughes y María Teresa, etc.
Con el tiempo las Cajas habían crecido tanto que manejaban el 20% de los depósitos del país. Durante el gobierno del Dr. Illia se presentó un proyecto de ley en el que se les daba a las Letras de Cambio cooperativa características similares a la de los cheques bancarios.
La revolución que derrocó a Illia truncó ese proyecto y circulaban rumores de que las Cajas de Crédito estaban al servicio del comunismo. Detuvieron a los directores del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos y crearon pánico entre los depositantes. Eso ocurrió un día viernes, el sábado se realizó una reunión en Rosario y nosotros optamos por hacer una asamblea urgente el día domingo en la que explicamos a los socios cómo salir de la emergencia. La gente respondió con confianza como en muchos otros lugares, pero en el camino se cerraron unas 300 Cajas ya que el día lunes todos estaban pidiéndoles la plata.
 Pero la persecución continuó hasta que se debieron transformar en bancos...
=Después de estos hechos, como no pudieron matarlas crearon la llamada Orden del Ladrillo, una Letra de Cambio que tenía dimensiones grandísimas para que nadie pudiera andar con semejante libro en el bolsillo. Hubo que inventar talonarios con las Letras dobladas al medio para que fuesen más chicos y prácticos, esa fue una idea que propuse acá y que se popularizó en otras Cajas.
Después empezaron a actuar sobre los capitales mínimos, pidiendo cada vez más, pero no les dio resultado porque la gente ponía plata en acciones. Finalmente las obligaron a convertirse en bancos cooperativos. Así se formó el Banco CES, luego debieron fusionarse y se creó el Argencoop y ahora es el Credicoop.
Las Caja daba créditos con mucha facilidad y poco interés, con una sola garantía a satisfacción. Así se pudieron hacer obras importantes como la primera pavimentación del pueblo y también valiosas donaciones a instituciones.
 Otra institución en la que incursionó Ud. es en la Sociedad Italiana.
= Si, esta es historia más reciente. El edificio estaba mal, con el techo en mal estado, con parte del cielorraso caído, los palcos rotos y muchos otros problemas.
Se hizo una convocatoria que no tuvo mucho éxito pero que logró que un grupo de gente se pusiera a trabajar. Entre la gente de la Comisión estaba Ilda Imnocenzi, Erina Montanari, Antonio Risso, Norma Achilli, Zulma Pennacchietti, "Chalo" Carpi, "Titi" Pennacchietti y Jorge Tirelli. Después de mucho trabajo, de conseguir dinero prestado y la ayuda de mucha gente se pudo reconstruir la sala y reinaugurala en 1996. No solo se recuperó este edificio si no que también se lo fue dotando de muebles y de equipamiento.

 A Ud. mucha gente lo recuerda por haber sido profesor de geografía en la escuela Nº 214, antes Nº 7.
=La escuela se abrió en el año '56 a mitad de año. Al año siguiente la profesora de geografía renunció y me ofrecieron historia o geografía. A mi me gustaba más historia, pero como el Dr. Busto, que había venido a hablarme, daba historia, me incliné por geografía.
En la facultad había estudiado mucho geografía e historia económica, así que entré en el segundo año de la escuala y estuve hasta 1982.
 Usted era algo así como el terror de la escuela por la modalidad que tenía para dar dar las clases.
= Yo estudié en un colegio muy bueno de Buenos Aires y en la facultad con profesores de los que desconocía, en ese, momento su importancia. Por ejemplo el Dr, Biggeri, que era un genio de las matemáticas reconocido mundialmente, que había resuelto problemas planteados varios siglos antes. O sea, eran profesores muy exigentes en la calidad, no eran malas personas, y nosotros también le teníamos cierto miedo, pero era un miedo que provenía de que te pidiera algo y que vos no lo supieras. Y lo mismo en el colegio secundario, donde muchos profesores eran autores de los libros de estudio que se usaron en el país, como por ejemplo uno de matemáticas de Repeto, Linskens y Fesquet o Julio César Levene, que era el director del colegio Nacional de Comercio Nº 5.
 Tomó el modelo de esos profesores y lo trasladó a Santa Isabel...
=Yo me daba cuenta de que la disciplina era importante, nunca persiguiendo al alumno sino buscando el camino más conveniente para su interés educativo. Creo haberlo logrado porque nunca tuve que aplicar una medida disciplinaria. Además muchos alumnos ahora me dicen que resolvieron problemas de su adolescencia en alguna charla en clase o en forma privada. Por mi parte los recuerdo a todos con un enorme afecto y les debo los mejores momentos de mi paso por la docencia.
 "Saquen una hojita" es la frase clásica de Hugo Pessino que todos recuerdan...
=Esas famosas pruebas que consistían en 10 preguntas sobre el tema del día, que se contestaban en forma sintética y concreta con una o dos palabras, estaban destinadas a lograr que estudiaran todos los días. Tomarlas llevaba 10 minutos pero en lo personal me insumía mucho tiempo corregirlas en casa, teniendo en cuenta que en cada curso había un promedio de 20 alumnos. Pero lo hacía con gusto para conseguir que aprendieran sin tener grandes baches en sus conocimientos.
 ¿Cuál es su parecer sobre la forma de enseñanza actual?
=Los métodos de enseñanza y la tecnología disponible cambian con los tiempos. Tanto antes como ahora se pueden encontrar aspectos positivos y negativos. Creo que siempre es bueno que una clase sea creativa y a la vez ordenada, porque el orden permite concentrar la atención en los temas tratados y el desorden la dispersa.
En definitiva, la calidad de los resultados obtenidos le dará a cada uno la respuesta verdadera.
 ¿Qué resultado cree que dio su tarea? 
=Siempre habrá alguno con otra opinión, pero los que fueron mis alumnos, cuando me ven, siempre me dicen que aprendieron la materia, que saben bastante y que siempre tienen un buen recuerdo. Esto es en términos generales, yo no salí a constatarlo, pero en las reuniones de egresados todos me dicen lo mismo, me recuerdan bien y con afecto.

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Teddy y Mauro Pessino nos ponen al tanto de su empresa gráfica, continuadora de una tradición familiar de impresores y artistas gráficos, iniciada a poco de nacer Santa Isabel.
 

 En el número pasado publicamos la entrevista realizada a Hugo Pessino en la que, entre otras cosas, extractó la historia familiar que, desde la llegada a Santa Isabel en sus primeros años, estuvo siempre ligada al trabajo de la imprenta y las artes gráficas.
En esta oportunidad los entrevistados son su hermano Rubén - Teddy - y su hijo Mauro, receptor y continuador de esta profesión.
En el taller gráfico de Mitre al 800 mantuvimos con ambos, esta charla que nos acerca a una profesión de la que solemos desconocer muchas de sus facetas.

 Cuéntenos, Teddy, sus comienzos en la imprenta.
Teddy = Cuando terminé la escuela primaria me mandaron a Buenos Aires a estudiar. Pero mi vocación era la imprenta con la que viví desde chico. Por eso, después de un año y medio abandoné y ya en 1949 estaba trabajando con mi papá. Antes de ir a estudiar ya le ayudaba en algunas cosas; intercalar, abrochar almanaques o armar pantallas.
 ¿Las que se usaban para abanicarse? ¿Cómo se fabricaban?
Teddy = Se compraban los cartones impresos con fotos de artistas o de paisajes, y los palitos. Se imprimía en el revés del cartón lo que el cliente pedía, luego se les ponía el palito y se los abrochaba, y por último se hacían los paquetes, que era lo más difícil, por la forma que tenían.
 ¿Al dejar el estudio se volcó de lleno a la fabricación de almanaques?
Teddy = En ese tiempo mi papá los vendía, pero no los hacía. Pero compró algunas máquina y los empezó a hacer, medio de corajudo. Tenía un amigo dueño de una imprenta muy grande en Buenos Aires que le propuso que me mandara a aprender los secretos para la fabricación de almanaques.
 ¿Y el pibe fue?
Teddy = Y el pibe fue. Estuve como seis meses. Yo tenía 16 años y cuando volví se sumaron mis conocimientos y la facilidad para vender de mi papá, y se comenzó a trabajar mucho más con los almanaques.
 ¿Le sirven esos conocimientos aún hoy?
Teddy = No en la intensidad como al principio, pero todavía algunas empresas, encargan almanaques como los que hacíamos. Las costumbres fueron cambiando y ese estilo de almanaque comercial, que se hacen de felpa o papel, con letras en bajorrelieve de color dorado, ya no se usan tanto.
 ¿Cómo se imprimen las letras con oro?
Teddy = Hay tres tipos de dorado, el dorado a fuego falso, el dorado en purpurina, que es un polvo que se coloca sobre un pegamento, y el oro puro. Para las letras en oro puro vienen hojas de este material, unas 10.000 hojas de papel de oro, de 10cm. por 10cm. hacen 1 cm. de alto. Se usaba mucho para los carnet de conducir o de los clubes. Pero, por los costos, en los almanaques se usaba el oro falso, que es otro material.
Para imprimir las letras en oro se usa una máquina especial para dorar, con formas de letras de bronce. Por cada impresión lleva una o dos hojas de oro; son tan finas que con la misma respiración se rompen. Se usa un cabello para poder ponerlas a imprimir.
 ¿Donde más se hacían estos trabajos?
Teddy = Acá, en la zona, no lo hacía nadie. En Rosario había una sola casa que hacía este tipo de trabajos, que solía mandarnos algunos a nosotros.
 ¿De qué máquinas disponían para hacer los trabajos?
Teddy = Además de algunas especiales, teníamos las que se usaban ene esa época. La Minerva a pedal o la eléctrica.
 ¿Cómo se trabaja con las Minervas? 
Teddy = Los originales a imprimir deben ser convertidos en formas tipográficas y clisés, sobre los cuales, una vez entintados, se apoya el papel, ejerciendo presión para que absorba la tinta.
El tipógrafo es el que arma las formas que se van a poner luego en la máquina, es como armar un rompecabezas. Coloca las letras, que están separadas, de a una, para dar forma a lo que se va a imprimir en las hojas . Es un trabajo que lleva un tiempo aprender; sobre todo hay que tener buen gusto. Un buen tipógrafo es un artista, por eso se habla de artes gráficas, porque es un arte.
Una vez armada las formas, estas se colocan en la máquina y el minervista procede a imprimir, poniendo y sacando las hojas una por una.
Hoy en día, para algunas cosas, se sigue usando la Minerva, forzosamente tenés que caer en esa máquina.
También, del mismo modo que las formas se arman para la Minerva, se las hacen para la máquinas automáticas verticales o planas.
 ¿Cuando aparece la primera máquina offset en la empresa?
Teddy = Cuando estábamos en sociedad con Hugo, apareció una offset pero, por distintos motivos no se usó.
Cuando yo empecé había pocas, pero terminó siendo como con las computadoras, hoy cualquiera tiene una, y con la offset pasó igual.
 O sea que una imprenta sin offset, no es imprenta...
Teddy = Es imprenta, pero estás muy limitado para realizar los trabajos.
 ¿Cuando comienza Gráfica Teddý?
Teddy = Hace 20 años. Ahí me di cuenta de que tenía que cambiar en la forma de trabajar, porque todo venía cambiando. Además, Mauro se incorporó a la empresa, que es quien la va a continuar, y empezamos a trabajar con la offset.
 ¿Cómo trabaja una máquina offset?
Teddy = En forma sintética se lo puede describir así. Primeramente se realiza el trabajo en la computadora y se imprime un original en un papel vegetal transparente. Este papel se coloca sobre una chapa especial que contiene ciertas propiedades químicas y se la somete, durante cierto tiempo, a un determinado tipo de luz. Donde esta luz pasa, graba la chapa. A esta chapa grabada se la coloca en la máquina. En este sistema se usa agua y tinta, dos elementos que se rechazan. Durante el proceso de impresión la máquina moja la chapa y también la entinta.
Mauro = Cuando se graba la chapa, lo que se va a imprimir queda con una sustancia afín a la tinta, y como esta es grasosa rechaza al agua que queda en los sectores que no se imprimen.
El agua y la tinta terminan siendo adsorbidos por el papel que, según cuál sea, puede tener una mayor o menor estabilidad dimensional. También puede influir la humedad ambiente, las fibras del papel, cómo fue cortado...
Es una forma de impresión indirecta, porque la chapa, a su vez, entinta un rodillo de caucho que lo traspasa al papel.
 ¿Cómo se logra una impresión a todo color?
Teddy = Eso es una cuatricomía. Son cuatro impresiones, una para el negro, otra para el azul o cian , otra para el amarillo y otra para el rojo o magenta. La combinación de esos cuatro colores, según las tramas, hace que aparezcan todos los colores. En nuestra máquina, como es monocolor, hacemos cuatro pasadas al papel para lograrlo.
Para que las cosas salgan bien es necesario tener experiencia y conocer la máquina, no todas son iguales y si la cambiás hay que conocer cosas nuevas. A veces, cuando no salen los trabajos, algunos maquinistas le echan la culpa a la máquina, pero a lo mejor otro la hace andar bien. Toda máquina tiene su maña.
 ¿Se hacen cuatricromías en la Minerva? 
Teddy = Si, yo he hecho algunas. Se mandan a hacer cuatro clisé, uno para cada color. Las primeras se las hice a la Cooperativa de Tamberos de Rosario, que después fue Cotar, fue en la década del '60 y se las hice con la Minerva.
Con la offset, al principio nos dio un poco de trabajo. Es que son muchas las cosas que juegan a favor o en contra de una buena impresión en color, comenzando por la fotografía, no es lo mismo una foto casera que una foto hecha por profesionales pensando en una impresión gráfica.
 ¿El uso masivo de las computadoras les ha quitado trabajo?
Mauro = No porque hay trabajos que las computadoras hogareñas no pueden hacer. Todo tiene un límite, ya sea en calidad o e costo.
Cuando compraron lo offset, también tuvieron que comprar la P.C. y la impresora láser...
Mauro = Si se compró todo. A la impresora láser la única utilidad que le damos es la de sacar las transparencias para grabar las chapas. Si la impresión tiene que ser de alta calidad se envía a un taller de fotocromía el archivo digitalizado o las fotos, para que hagan, las transparencias.
Los formularios continuos con que los imprimen?
Mauro = Es otra máquina offset a la que se le hace pasar en forma continua el papel especial para estos trabajos, ya vienen troquelados y al salir de la máquina se va doblando solo.
¿Cómo manejan el tema de los tiempos que el cliente exige?
Mauro = Generalmente se trata de cumplir con todos si les damos la palabra.
Teddy = A veces se da el caso de gente que se queda sin facturas y quiere que se las hagamos de un día para el otro. Ahí la cosa cambia, tratamos de hacerles un lugar y terminárselas a tiempo.
Mauro = Con respecto a las facturas, la mayor complicación está en el tema fiscal, especialmente con los inscriptos a I.V.A. porque hay que hacer por Internet varios trámites con la D.G.I. Hay que pedir la autorización, cargar los números que te suministran y con eso generar un código de barras y el dígito verificador para imprimirlos en las facturas .
Otra cosa, que pocos saben, es que cada mes hay que declarar a la D.G.I. todas las facturas que se hicieron, cada seis meses todas las facturas de los monotributistas. Eso es tiempo y se necesitan programas de computación para poder hacerlo.
 ¿Quién repara las máquinas de imprimir cuando tienen problemas? 
Teddy = A algunas reparaciones las hacemos nosotros y para otras, llamamos a un técnico.
Antes llamábamos a Buenos Aires. Una vez era una pavada pero nosotros no podíamos dar en el clavo. El tipo vino a las 8 y media de la tarde y a las 9 y 10 ya había apretado un tornillo y la máquina andaba. Lo invité a cenar y a las 12 se fue en colectivo. Setecientos pesos.
 Pero después apareció un service en Rosario y nos volcamos a este muchacho, que muchas veces nos guía por teléfono.
Mauro = Siempre hay que tenerlas bien cuidadas y hacerles el mantenimiento, pero no siempre los problemas son de la máquina. Influye también el papel, el clima, los días húmedos son terribles.
 ¿Hacia adonde apunta Gráfica Teddy para el futuro?
Mauro = Después de la crisis que vivimos, no había forma de apuntar a nada porque no sabíamos que iba a pasar mañana. Como todo el mundo, pretendemos estabilizarnos, que es lo que está sucediendo, tratar de afianzarnos y mantener la clientela y ganar nueva.
 ¿Tienen clientes de otras localidades?
Teddy = Si. Tenemos clientes de Villa Cañás, de Venado Tuerto y otros pueblos. Estos clientes vienen un poco por la tradición de la familia y también porque los hemos ido a visitar.
Mauro = Algunas veces se consiguen porque los salimos a buscar, otras veces por recomendaciones de otros clientes. Pueden ser cualquier tipo de trabajos, pero lo que más hacemos son almanaques.
 En los último años Uds. han estado haciendo nuevos modelos de almanaques. ¿Es una idea propia?
Mauro = En realidad yo no vi que otros los hagan, con fotografías y trabajos de diseño gráfico. Surgió de una charla nuestra para intentar cambiar un poco. Además los almanaques dorados a fuego son muy lindos pero muy caros y por otra parte, en la sociedad actual, no encajan. La mayoría de los que hacemos son con trabajos hechos en fotocromía, pegados sobre el cartón del almanaque. Como siempre, al taco y al mensual los compramos hecho.
 ¿Por qué en el ambiente gráfico suelen mezquinar el ingreso de otras personas a los talleres?
Mauro = Nosotros tratamos de preservar la discreción en los trabajos, o sea que nadie pueda ver lo que estamos imprimiendo hasta que el cliente lo reciba y decida qué hacer. Es como una parte íntima de cada cliente.
Por ejemplo, las memorias y balances de las cooperativas o de alguna empresa. Si entra un extraño puede ponerse a mirarlas y, en realidad, es solamente para los socios a los que la entidad se los entregará en su momento.
 Pero esto generan una especie de misterio sobre la profesión...
Mauro = Es más la idea que se hacen que lo que es. Pero especialmente es por el motivo que te explicaba, de todas maneras cuando hago algún diseño en la computadora los hago pasar.
Teddy = Pero además ya es una tradición en casi todos los imprenteros, es difícil que te hagan pasar.
 ¿Qué significado tiene para los Pessino es trabajo? ¿Es solamente un negocio?
Teddy = No. Es por vocación pero también me sirve para vivir. Es como en cualquier profesión. Si un cura no tiene vocación sacerdotal no puede ser cura, el médico lo mismo. Y esto es igual.
 Cuál es tu opinión, Mauro, siendo que sos parte de la tercer generación de la familia en mantener esta profesión?
Mauro = En esto hay mucho de vocación y de arte y, como en cualquier trabajo, es importante ponerle un poco de pasión a lo que se hace. Cuando empecé a trabajar fue en la transición de lo manual a la llegada de la tecnología, que fue a partir de 1991 en que empiezan a aparecer muchas máquinas nuevas. Especialmente con la informática, con las computadoras que se adecuan perfectamente al diseño gráfico.
Teddy = Tenés que tener creatividad, te tiene que gustar. No es rutinario porque todos los días se hacen trabajos distintos
Mauro = Este es un lindo trabajo porque además de tener que ser creativo, se tiene contacto con determinados clientes. Aparte aporta a la cultura de la humanidad, de tal manera que ha cambiado el mundo desde su llegada.
 Internet es una amenaza para las imprentas?
Mauro = En un primer momento parecía que se iba a comer todo, que los diarios en papel iban a desaparecer. En realidad se complementan, la tecnología permitió el enriquecimiento de la parte gráfica. Hoy en día se pueden hacer cosas, en Santa Isabel, no hay que salir de acá, inimaginables algunos años atrás. Por ejemplo, hacer en otro lugar un trabajo gráfico en la computadora, pasarlo por e.mail a la imprenta y, sin que nadie se mueva de su lugar, se impriman los ejemplares que se deseen.
 Gráfica Teddy ¿Es solo una imprenta o está dentro de las artes gráficas?
Mauro = Hay lugares que se dedican solo a hacer boletas porque no saben hacer otra cosa o porque no lo pueden hacer. Eso es una imprenta. Pero cuando se hacen trabajos con valor agregado, digamos que ya se está dentro de un rango más elevado, más artistas.
 Y ustedes se consideran artistas...
Mauro = No, no. Yo te digo las diferencias, después que la gente nos pongan donde sea.
Teddy = A los títulos honoríficos que los pongan los demás. Nosotros hacemos determinados trabajos, pero puede haber quienes lo hagan mucho mejor.
 

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