Por
Norberto Oscar Dall’Occhio
En
la década de 1940 y comienzos
de la de 1950 era muy común que los
chicos jugaran a la pelota en los
baldíos del pueblo. A esos lugares se los llamaba “campitos”. Hoy
esa costumbre se perdió, pues
tanto General Belgrano como Juventud Unida brindan la posibilidad de que los pibes
y los adolescentes utilicen sus cómodas instalaciones deportivas para jugar al fútbol.
Los
baldíos eran canchas improvisadas, donde los propios pibes determinaban un perímetro imaginario.
Los arcos eran dos montoncitos de ropa o dos ladrillos o algunas
piedras, que reemplazaban los palos.
Previamente tenía que haber un acuerdo sobre el largo de
los arcos. Pero a veces sucedía que en un descuido durante el desarrollo del
partido algún “avivado” achicaba o agrandaba el arco según su conveniencia. Y ahí se armaba la
discusión y comenzaban los
insultos.
En
el momento previo a la iniciación del partido había una ceremonia muy importante. Era necesario formar dos
equipos. Dos pibes similares
en su capacidad de juego se
ponían frente a frente a unos cinco metros de distancia. Cada uno a su turno adelantaba un pie. Al
final perdía al que le sobraba el pie. Acto seguido el ganador tenía la opción de elegir primero
a un compañero de equipo. Por supuesto que
elegía al mejor del grupo. Su
rival elegía otro pibe considerado
“bueno”. Seguía la elección por descarte y los considerados “pataduras”
quedaban para el final, como de “relleno”. Era una forma bastante ecuánime
de armar un partido con fuerzas parejas. Según las circunstancias, si en
un momento del encuentro un equipo se distanciaba demasiado en goles
convertidos se compensaba la
desigualdad de fuerzas con el
trueque de un buen jugador de un bando por otro jugador de menor nivel del equipo rival. Es decir los pibes
tenían bien claro el sentido lúdico del
juego.
Era una diversión entretenida
donde cada uno quería demostrar sus habilidades personales. Ganarle a un
equipo débil era considerado un triunfo
sin gloria. Por eso buscaban formar equipos parejos. Jugaban con zapatos, zapatillas o alpargatas. Los botines
para chicos prácticamente no existían. Salvo alguna rara
excepción, ninguno poseía
la casaca que usan los clubes de primera división. Si recién habían
salido del colegio, se sacaban el guardapolvo blanco, lo doblaban y lo dejaban al lado de uno de los arcos,
junto con la cartera de útiles escolares. Para custodiar el arco siempre
mandaban a algún pibe con poca capacidad de juego. Cuando alguien llegaba tarde y pedía ingresar, si lo
aceptaba el grupo se incorporaba al juego.
Estos
“picados” de potrero se jugaban sin
establecer tiempo por reloj. Sólo la oscuridad de la noche o la
lluvia los hacía prescindir del
juego. Se iba a cinco goles o más. Pero
en pleno partido generalmente surgía un inconveniente. En
algún momento aparecía la madre de algunos de los pibes para decirle a viva
voz al nene que estaba preparada la
leche. Como a veces esa mujer era la madre del “dueño de la pelota”, el partido
se suspendía de inmediato.
Hoy la pregunta lógica
sería, pero ¿cómo no había otra pelota? La respuesta es que no. En
esos tiempos las pelotas de goma
o de cuero no estaban al alcance de
todos los padres. Por ese motivo el
dueño de la pelota se convertía en un personaje especial, aunque fuera un
“patadura”. Los chicos solían jugar en
la calle o en la vereda con una pelota
de trapo que las madres le preparaban
rellenando medias de mujer. En
los campitos se jugaba con una pelota que picara en el piso. Tenía más sabor a
fútbol porque había que dominar el balón en el aire, ya sea con los pies,
el pecho o la cabeza.
Un
baldío muy utilizado estaba ubicado
en General López y General Roca, donde aún hoy se mantiene en pie una vieja palmera. Lo llamaban el “Campito del Bajo”. Por su amplitud, otro baldío
concurrido por chicos y adolescentes estaba entre las calles General
Roca, Santa Fe, Italia y Brasil. Era una manzana completa, donde años más tarde
se instaló la fábrica de leche en polvo. Las vías del ferrocarril no existían,
pues se construyeron recién en la década
de 1950.
En
José Ingenieros al 1400 había un terreno
desocupado, cercano del lugar donde
actualmente se encuentra instalado el tanque de agua potable. Allí
también los chicos armaban su
picado.
En
Santa Fe al 1400 había un amplio descampado (hoy Parque Tirelli), muy propicio
para practicar fútbol. Los pibes para
jugar achicaban el perímetro, pero los adolescentes y mayores lo
ampliaban como si fuera una cancha normal. Habían colocado improvisados
arcos de madera, aunque eran bastante precarios. Ese baldío
dejó de utilizarse en 1950,
cuando el Ferrocarril y la Comuna
dispusieron forestar el lugar con plantaciones de eucaliptus.
En
la década de 1930, en la esquina de José
Ingenieros y Mitre, en la misma
manzana donde está el edificio de la
Comuna, había un baldío en el cual
los pibes jugaban sus picados.
En
las escuelas primarias estaba prohibido
jugar al fútbol. Sin embargo los varones no podían impedir su impulso futbolero
y en algún descuido de la celadora
improvisaban un mini picadito con
una pequeña pelota y algunas veces hasta con una naranja. Pero
solía suceder que en forma inesperada aparecía la maestra y
les incautaba la pelota
además de la consiguiente reprimenda.
En
la década de 1940 aparecieron en el pueblo
las canchas de Baby Fútbol. Para los pibes fue toda una novedad, ya que les permitía jugar en una cancha
marcada, con arcos de madera(a veces con
red), con pelota de cuero y con vestimenta
similar a la que usaban sus
ídolos, los jugadores mayores que
integraban los clubes de primera
división.
General
Belgrano instaló su cancha de Baby
Fútbol, que tenía luz
artificial, en el predio ubicado en
General López esquina 25 de Mayo
y Juventud Unida en las instalaciones contiguas a la Sociedad
Italiana. En esos lugares se organizaban
importantes partidos y torneos diurnos y nocturnos con la intervención de
equipos de la zona. Los cotejos contaban
con la concurrencia de mucho público, que en algunas circunstancias, por la atracción que ejercían, colmaban totalmente la capacidad de esos mini estadios deportivos.
A partir de 1949 se iniciaron en el país la disputa de los Torneos Infantiles
“Evita”, promovidos por la Fundación “Eva Perón”. A partir de 1950 la Comuna local todos los años formaba un equipo de pibes que
representaba al pueblo. Los jóvenes
enfrentaban a equipos similares
de la región.
Esta
es una breve historia de los baldíos y los campitos del pueblo. Esos potreros
fueron excelentes “semilleros” y
dieron lugar a la formación de destacados futbolistas que posteriormente se desempeñaron en equipos locales y algunos de ellos triunfaron en la región integrando elencos
de clubes de primer nivel.
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