domingo, 3 de marzo de 2013

Rutas argentinas hasta el fin.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 77 del 26/05/2007

Un breve recorrido con Emilio y Edmundo por la historia de los Pellegrini de Santa Isabel. También por la de la empresa de cargas más antigua de la localidad.  

 La idea inicial era realizar una nota sobre la empresa de transporte de cargas que, con el nombre modificado y otros dueños, continúa siendo la más antigua de nuestra localidad, Expreso Dante, conocida desde hace un año como Nuevo Expreso Dante. Por supuesto que hablaremos del transporte, pero es imposible hacerlo sin tocar previamente la historia familiar de los entrevistados. Los hermanos Emilio y Edmundo Pellegrini son parte de esta prolífica familia de italianos que llegó casi con el nacimiento de Santa Isabel y que se desarrolló a lo largo de toda su historia multiplicándose en incontables miembros que no solo viven aquí, sino que además se diseminaron por distintos puntos del país. Esta es otra historia, como la de tantos inmigrantes (algunas de ellas ya han sido detalladas en estas páginas) que relata la epopeya de aquellos europeos que vinieron a "hacer la América".

 En una incierta fecha, apenas pasada la línea que divide el siglo XIX del XX, Pedro Pellegrini y su mujer Magdalena Gonzi partieron junto a sus hijos de Sinalunga, en la región de Toscana en Italia, para trabajar en los cafetales de Botucatú, en el estado de Sao Paulo, Brasil, donde vivieron en una fazenda. Pero un día decidieron un nuevo viaje, esta vez a la Argentina.

 ¿Cómo y cuando llegaron hasta aquí los primeros Pellegrini?
Emilio: Tiene que haber sido a principios de 1910. Llegaron mis abuelos y sus hijos, tres nacidos en Italia, mi papá Dante, Antonio y Ernesto, y también dos brasileros, Adamo y Tía Nuncia (Anunciatta). Pero hubo otros hijos, Rosita, que murió en Brasil, y dos argentinos Pepe y Ángel.
Edmundo: Cuando vinieron a la Argentina llegaron a Elortondo y pararon en la casa de la familia De Pablo. Ahí le dieron alojamiento porque ya se conocían de Italia y Brasil.
Emilio: El primero en venir a la Argentina fue De Pablo. Mi nona decía que habían vivido en una favela y yo no sabía que una favela era una villa miseria. Cuando De Pablo vino acá le mandó una carta a Pietro, Pedro, mi abuelo, diciéndoles que se vengan. Y se vinieron para acá y vieron esto... Lo que era esto!!!... Y ahí, trabajadores como eran, se fueron para arriba como tiro!!
Pedro compró una quinta en Santa Isabel. Con papá hemos hablado mucho de mi abuelo, me contó que los colonos caían a la quinta y como era italiano le hablaban en italiano. El les decía: "Yo no hablo más italiano, mi tierra es esta, todos nosotros, cuando nos levantamos a la mañana deberíamos besar esta tierra".
  Pero no solo se dedicaron a la quinta...
Edmundo: Los hijos de Pedro primero fueron albañiles. Ernesto trabajó junto a Francisco Pensa pero luego se independizó y siguió con los hermanos. Hicieron la iglesia, la Sociedad Italiana, parte de la casa de Salemme, el almacén Las Encadenadas y también, entre otras cosas, el salón de Santa Fe y 25 de Mayo, donde siempre funcionó lo que nosotros llamamos "El Escritorio", la empresa familiar. Los seis hermanos empezaron como albañiles y después se pusieron de cerealistas en la época en que había mucha colonia.
Emilio: Papá empezó de cerealista junto a sus hermanos, alrededor de 1926, no se exactamente. La firma era Pellegrini Hermanos y Ferro.
  ¿Cómo era el funcionamiento de la empresa cerealista?
Emilio: Se usaban para el almacenaje de las bolsas de cereales los galpones que los hermanos Pellegrini hicieron hacer en la estación Rastreador Fournier, que en ese tiempo era Otto Bemberg. Acá, en El Escritorio, hasta el '48, siempre se trabajó con los cereales. Ahí estaba el tema administrativo, donde llegaban las bolsas vacías, traíamos camionadas de hilo para coser las bolsas, se vendían repuestos, tractores, camiones, camionetas...
Edmundo: En ese tiempo todavía no existía la vía y en todo el terreno del corralón, que era desde la calle Santa Fe a la Brasil, entraban los carros con los caballos cargados de bolsas con cereal. El cereal iba siempre a las estaciones de ferrocarril, pero los carros y los camiones pasaban por ahí para hacer la papelería o a dejarlos.
Emilio: Al principio trabajaban con los carros, el primer camión que entró a casa fue un Ford T modelo '27.
  ¿Había además otros cerealistas? 
Emilio: En Santa Isabel llegó a haber hasta nueve cerealistas. Algunos de ellos: Salemme, Pellegrini, la Northen Elevathor, Ferro, que antes era socio de Pellegrini, Seret, Vázquez, más los que venían de afuera. Pero después vino la gran crisis mundial del '29 y la firma entró en convocatoria de acreedores junto con otras grandes empresas de la zona.
  ¿Hasta cuando duró la sociedad de los hermanos Pellegrini?
Edmundo: Hasta 1948 en que se hizo la sociedad Dante Pellegrini e Hijos. Hasta ahí los dueños fueron los seis hermanos: Antonio, Dante, Adamo, Pepe (José), Ernesto y Ángel. Cada cual se quedó con una cosa distinta, Adamo y Pepe se dedicaron al negocio de los chanchos, Antonio, Ernesto y Ángel al campo. Papá se quedó con lo más grande pero también con toda las deudas de la convocatoria.
 Emilio: Se pagó todo, y aunque se había arreglado pagar el 25% de las deudas papá pagó el 100%, no quedó nadie colgado... Y por ese 75 % de diferencia tuvo que pagar impuestos, porque eso quedó como una ganancia. Me llevó a Rosario, a rentas, y decía: "¡Como puede ser que tenga que pagar por las deudas que pagué!?" Le contestaron "Usted pagó ese 75% porque ganó, ¿verdad? bueno, eso es ganancia y tiene que pagar impuestos". Me dijo: "Yo tendría que haberme quedado con ese 75% y así no pagaba impuestos. Hay que robar para no pagar" . Pegó un portazo y se fue...
  ¿Ustedes, los hijos de Dante, trabajaron en esta firma cerealista?
Edmundo: Si. Teníamos una máquina, "La Voladora" que le decíamos, para cargar vagones a granel. Trabajábamos en 6 o 7 estaciones como 4 de Febrero, Runciman, Otto Bemberg, El Jardín, Villa Cañás, Teodelina o Venado Tuerto. Nosotros agarrábamos varias estaciones con esta máquina, porque los otros cerealistas cargaban en bolsas o en los elevadores con una cargadora. Teníamos una estable en Runciman y otra en Otto Bemberg, en las demás estaciones cargábamos con esa máquina, donde los otros no podían llegar.
Emilio: Habían hecho esta máquina con una cinta con paletas y una balanza. De los camiones, el cereal, iba a la balanza y de ahí a los vagones. Era una máquina que habían fabricado papá, que dio la idea, y Juan Curt. Estaba montada sobre el chasis de un camión Chevrolet '28. Andaban mis hermanos Edmundo, Nino y Pedro... La máquina era para cargar lo que comprábamos.
  ¿Cuando comenzaron con los camiones?
Emilio: Nosotros empezamos a tener camiones en 1948. Por una ley del gobierno de Perón, los cerealistas tuvimos que dejar la actividad, porque en ese tiempo se fundaron muchas cooperativas, que no pagaban impuestos y nosotros no podíamos competir. Es así que la sociedad Dante Pellegrini e Hijos se formó el 31 de octubre de 1948 y luego, al faltar papá, continuó como Hijos de Dante Pellegrini.
Edmundo: Empezamos llevando cereal, ya era a granel, al puerto de Rosario con un camión Ford A y un International, después compramos y cambiamos otros camiones. Hacíamos fletes para terceros, y así hemos ido a todos lados.
Emilio: Cuando empezamos tuvimos que llevar unos galpones a Chaco, y desde ahí llevábamos algodón a Bs. As. Viajábamos también a Tucumán, luego vino Zapala, San Martín de los Andes, Esquel, Comodoro Rivadavia... Nosotros eramos los camioneros y así recorrimos casi todo el país. La empresa era de los cuatro hermanos, Nino, Pedro, Emilio y Edmundo.
Edmundo:Por este trabajo nos habíamos ido a vivir a Bs. As, Emilio vivía en Ituizangó y yo en San Miguel. También viajábamos a Mendoza a buscar vino que distribuíamos acá, de Carlovich o de Penecino, y llevábamos a otros pueblos también. Eran por encargo de los comerciante y venían en barriles de madera de 200 litros.
Emilio: Pero después empezamos con Transporte Dante. Dejamos todo lo demás, porque había tanto, tanto trabajo, que no teníamos tiempo de hacer otra cosa.
  ¿Cómo comenzó Transporte Dante?
Emilio: Carlitos Bulfoni, trajo el dato de que los Burzacca vendían la línea a Buenos Aires. Bulfoni entró en la sociedad y compramos la llave de negocio. Eso fue el 6 de enero de 1961.Poco tiempo después dejó la sociedad y se fue a vivir a Mendoza.
Edmundo: Le compramos a Bulfoni el camión, un Morris, y a tío Pepe y tío Adamo un International, que era para reparto. Le decíamos "El Águila", porque tenía un águila de metal en la tapa del radiador.
Emilio: Una vez venía de hacer un reparto en Hughes con El Águila y un camión no me podía pasar por el tránsito. Cuando lo hizo el acompañante me tiró una caja de fósforos! ¡Qué bronca me tuve que tragar!!
Después le compramos a Caffa de Villa Cañás la línea a Rosario, Edmundo se dedicaba a Rosario y yo a Buenos Aires.
Edmundo: Llegamos a tener 14 empleados entre camioneros y para el reparto.
  ¿Donde repartían la mercadería?
Edmundo: Empezamos trabajando mucho con el frigorífico de Hughes, pero después repartíamos en Teodelina, María Teresa, Villa Cañás y Santa Isabel. Teníamos un depósito en Buenos Aires donde llevaban la carga y nosotros la repartíamos.
Emilio: Eran dos viajes a la semana, pero a veces hacíamos un viaje extra, y si no había mucha carga, igual lo hacíamos. Pero en esa época no había viajes vacíos, al contrario, no alcanzaban los camiones. Los llenábamos con mercadería que sobresalía hacia arriba. Venía de todo, ropa, muebles, repuestos... de todo. Muchísima mercadería de tienda, porque en Cañás había una fábrica de ropas, también los fardos de telas para Ducay, cargas para Dall'ochio... A Reali de Villa Cañás también le traíamos mucho.
También trabajamos mucho con la Uperlact, que acá fabricaba productos lácteos. Los lle-vábamos a Baires, una fábrica de helados, a Felipe Fort (Fel-Fort), a Bagley y Terrabussi.
Edmundo: Y cuando esa fábrica cerró transportábamos quesos de una de Venado. También traíamos para Alpargatas, Jabón Federal, Lever, a eso lo ibamos buscar a las fábricas. El trabajo fuerte fue el reparto en los supermercados de A.C.A. Repartíamos en Villa Cañás, Teodelina, Venado Tuerto, Carmen y Santa Isabel. Eran los supermercados Cooperación.
Pero también había otras empresas de tranporte...
Emilio: Si, Conte o Vidal, de VenadoTuerto venían acá, pero cuando empezamos tuvieron que abandonar, porque eramos nosotros los que andábamos en los camiones y en el reparto, cargando y descargando, cosas que las empresas grandes no podían hacer y por lo tanto no podían competir.
El trabajo fuerte duró hasta finales de los '70, hasta que empezó a cambiar la economía. Además antes no se podía ir a Buenos Aires con cualquier auto, ahora la misma persona va con una camioneta, compra lo que quiere y se lo trae.
Edmundo: Las cargas empezaron a mermar, hoy hay mucho movimiento con los tours de compras. Y nosotros nos dejamos estar un poco. En fin, hemos vendido la línea y los camiones, pero la empresa sigue operando desde el mismo lugar y tiene como nombre Nuevo Expreso Dante. La empresa sigue igual, en El Escritorio, en Santa Fe 917 y es la continuación de aquella que nació en 1926.-

De lo que Emilio y Edmundo nos cuentan podemos deducir, como lo hemos hecho en otros notas con familiares de inmigrantes europeos, que la mayoría de los que vinieron en busca de prosperidad, aquí la encontraron. 

A pesar de que la realidad hoy nos marca otra cosa, muy distinta a la de otros tiempos de progreso seguro, los cuantiosos descendientes de aquellos Pellegrini llegados de Italia a través del Brasil permanecen todos en la Argentina. Tal vez haciendo honor, sin saberlo, a las palabras del viejo Pedro: "Deberíamos besar esta tierra cada vez que nos levantamos por la mañana".- 






 El patio de la firma Pellegrini Hermanos en tiempo de cosecha durante la década de 1930.

 






 
 


"El Águila", un icono de los Pellegrini que aún permanece en el patio esperando hacer el reparto.








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Popurrit. El origen de una realidad.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 74 del 20/12/06

 Se cumplen este mes 20 años de la primera presentación en público de Popurrit, el primer grupo de rock y pop de Santa Isabel. Aquel acontecimiento que seguramente pasó desapercibido en su momento fue la raíz inicial de la prolífica actualidad musical de nuestro pueblo.

Sus primeros tres integrantes, Mauro Pessino, teclado, Yoni Jurado, guitarra y voz, y Germán "Cobayo" Kovacevic, batería, dialogan sobre este hecho singular.

 ¿Cómo nace la idea de crear un grupo de pop y de rock?
Mauro: Todo empezó porque había que preparar un tema para la clase de música que daba Mirta de Beltramone en la 214. En ese trabajo es que surge la idea de formar un grupo. Fue en 1986, cuando teníamos 16 años
Cobayo: Yoni quería que para esa clase yo tocara unas timbaletas y no supe como hacerlo, así que tocaron solos, pero a partir de eso surgió la idea.
Mauro: Ensayábamos en casa. Yoni elegía los temas, como 11 y 6, Seminare o Carito, pero necesitábamos una batería así que le dijo: "Vos Cobayo vas a tocar la batería".
Cobayo: Y así empecé, con una batería de Jorge Pioli que se la prestaba a la hinchada del Club Belgrano. Después llegaron otras, pero en ese momento lo que hice fue armar esa de Pioli, una negra, y empezar a ensayar para la fiesta de Navidad en la iglesia.
 ¿Cuan do se presenta por primera vez Popurrit?
Mauro: En diciembre del 86', para esa Navidad.
Yoni: Hicimos Carito, la Navidad de Luis, una de Viox Dei...
Mauro: Esa misma noche, unos minutos antes de salir a tocar, Yoni me propuso tocar Rasguña las Piedras, que nunca habíamos ensayado. En un banco de la iglesia me dio los tonos y al fina la mandó... y lo seguimos como pudimos! Yoni siempre tenía alguna locura como esa, pero el tipo todos los días, a las 7 de la mañana, aparecía a ensayar. Me despertaba y armaba todo. Después llegaba Cobayo y ensayábamos.
  ¿Mirta tuvo que ver con el comienzo del grupo?
Yoni: Fue la impulsora de todo esto porque siempre fue de incentivar a los chicos. Inclusive en los últimos tiempos en que yo estuve cantando, ella solía ir a ver a sus "alumnos" a otros pueblos.
Mauro: Además nos prestaba la casa y el piano. Íbamos con batería y todo a tocar como si fuera la nuestra.
  ¿Popurrit es el grupo que da comienzo al movimiento musical local?
Yoni: Yo en La Marrupeña participaba en un conjunto de folklore con el que fuimos a competir a la Cumbre y trajimos algunos premios. Había músicos de folklore, tango o las orquestas típicas. Lo que no había era pop y rock.
Cobayo: Santa Isabel tardó mucho en arrancar con esto.
Mauro: Siempre nos preguntábamos por qué nadie tocaba esa música. Y había que animarse... porque las cargadas que nos bancamos fueron muchas. Ahora es común y hasta admirable, pero en nuestro comienzo no.
Yoni: Poco tiempo después aparece Labandina integrada por Jorge Pioli y Claudio Amadío, entre otros.
Mauro: Arrancamos nosotros y no se cortó, fue ramificándose y llegamos a lo que tenemos hoy, que tenés un "A Todo Pulmón" que se formó por todos los músicos que hay en el pueblo. En el '86 y '87 eso era inimaginable.
   Diego Colomba también fue integrante de Popurrit...
Yoni: Llega 1987. Él era de San Nicolás pero estaba todos los veranos acá y cuando éramos chicos yo iba a guitarrear con él a la casa de la tía.
Cobayo: Tenía, y tiene, mucho conocimiento musical, ya venía con muchos adelantos. Yoni le propuso tocar el bajo y después de un mes, cuando volvió, ya vino sabiendo.
Mauro: Aportó muchas cosas, con él cambió el sonido.
Cobayo: Con Diego logramos un grupo que llamaba la atención. Una vez tocamos en el cine, en una fiesta para el hospital, había jazz, tango, folklore, y a nosotros toda la gente de la secundaria nos fue a ver! En un momento se desafinó la guitarra y paramos, entonces los que estaban en el palco empezaron a saltar pidiendo que siguiéramos... El palco se movía todo!
Yoni: Estábamos tocando Costumbres Argentinas cuando el presentador hizo parar todo porque se caía el palco.
Mauro: Para ese año ya habíamos dejado lo que pudiera ser folklórico y hacíamos más pop. Mucho de los Abuelos de la Nada. También de Charly García, de Virus y hasta de Soda.
  ¿En qué otros lugares tocaron?
Cobayo: En la pileta del Club Juventud tocamos dos veces. La primera vez fue la última que tocamos con Yoni . La segunda compartimos el lugar con Labandina.
Mauro: Tocábamos para la escuela también, y ensayábamos en el altillo octogonal para no molestar. Una vez subimos cuando todos estaban en clase. Después de una hora abrimos la puerta, miramos para abajo y estaba lleno, todos aplaudiendo. Una pavada, pero para la edad era una cosa grande.
Cobayo: Es que se escuchaban los discos o la radio pero nunca veías de donde salían los sonidos. Entonces al ver a los músicos se podía contemplar. Y a la gente les llamaba la atención ver esta combinación de instrumentos en vivo.
Otra cosa, grabar. ¡Qué íbamos a grabar! Solo algo casero y en cassette.
  ¿Con qué equipos e instrumentos contaban?
Mauro: Generalmente nos amplificaba Darío Vanni. El nos prestaba algunos equipos para ensayar y nosotros, cada vez que tocábamos, pedíamos que fuera él. También nos hicieron sonido otros pero, en los '80 no había equipos como los de ahora.
Yoni: Para ensayar también usábamos un equipo para bajo de Ubaldo Carpi que era a lámpara. Cada tanto se nos quemaba la lámpara y era difícil conseguirla.
En cuanto a la guitarra, yo tenía una Fratti que no le podía sacar sonido de ninguna manera y otra, legendaria, de madera de un solo cuerpo, con cinco micrófonos.
Cobayo: Una cosa importante fue el teclado que compra Mauro, era chiquito pero para ese tiempo era un gran avance.
  ¿Cómo ampliaban sus conocimientos musicales?
Mauro: No teníamos de donde aprender el tipo de música que nosotros queríamos hacer. Ahora podés ver a algún músico o preguntar. Tenés Internet, vienen la clínicas en las revistas con C.D. Room. Lo único que teníamos eran las Pelo y las Canta Rock que traían los acordes.
Yoni: El único pedal que conocíamos era el Distortion, los otros pedales los usaban los profesionales y eran carísimos. Además, en la zona era difícil encontrar a alguien que te enseñara a vocalizar.
Cobayo: Lo que hacíamos al principio era copiar sin saber, era la habilidad que teníamos. Pero es diferente cuando te dicen "esto se hace así".
Yoni: Él es el que más constancia tuvo en lo que era aprendizaje. Arrancó sin tener idea y en tres meses estaba tocando con la batería cualquier ritmo de los que hacíamos.
  ¿Cuando deja de existir Popurrit con esta conformación?
Yoni: Duró dos años porque, como mi hermano Daniel me lo pedía, me fui a tocar a Labandina. Entonces ellos llaman a Leonardo Catalini, Cata, de Villa Cañás, para reemplazarme a mi.
Cobayo: Popurrit también comienza a incorporar cosas a la música del pueblo a partir de la gente nueva que viene, como Cata, con innovaciones y los gustos musicales. También viene José Pardo, que ya era un profesional.
Mauro: Con Cata y con José se le dio un toque más pop al grupo. Trajeron pedales y formas musicales que no conocíamos.
  ¿Cómo ven a los músicos más jóvenes de la localidad?
Cobayo: Lo que observo es que los chicos que se dedican a la música saben aprovechar las oportunidades. Hoy en día los que hacen música están estudiando música, y eso es aprovechar el momento. En otros lugares están todavía tocando de oído.
Yoni: Hoy en Santa Isabel todo es mucho más profesional y hay más oportunidades. A eso no lo tenías ni en la música ni en el deporte, por ejemplo. Ahora hay quienes te enseñen y se pueden hacer cosas profesionales. Y los más chicos se dan cuenta de que tiene que ser así.
Cobayo: En la escuela primaria con Mauro nos sentábamos juntos, yo cantaba canciones de la Electric Light Orchestra y le decía: "quisiera estar un día tocando arriba de un escenario". Y todo lo que tengo que hacer lo hago, pero si pudiera dejar todo y dedicarme a la música lo haría. No es tanto por los aplausos sino por ofrecerle a la gente lo que a vos te pasa y compartirlo.
Mauro:
Hay más oportunidades para que los que se inician puedan cumplir un sueño como este. Se accede a más cosas fácilmente y además la gente se anima, hay una desinhibición que antes no había. Solo hacen falta ganas, el que tiene ganas puede hacer muchas cosas. Lo importante es la voluntad. 



 
  La charla con Mauro, Yoni y Cobayo cerveza de por medio.

 




1987. Yoni Jurado, German Kovacevic y Mauro Pessino. Popurrit en la Sociedad Italiana en una fiesta a beneficio del hospital Miguel Rueda.






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sábado, 2 de marzo de 2013

Aldo Biaggi. Tiempo de radio y televisión.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 77 del 26/05/2007

Una de las necesidades inherentes a la condición humana es la de comunicarse con los demás, especialmente si es a la distancia. La historia da cuenta ampliamente de los diversos artilugios que el hombre fabricó para poder realizar el sueño de la comunicación. De las señales de humo de los indios norteamericanos o el golpe de los tambores en la selva africana hasta la Internet o los teléfonos móviles de la actualidad han pasado miles de años. Sin embargo, en apenas algo más de 100 años es que se ha dado la revolución en las comunicaciones que ha cambiado la forma de relacionarse entre los seres humanos. Especialmente en lo que respecta a los medios de comunicación masivos e inmediatos, tales como la radio y la televisión.

 Se cuenta que a principios de la década de 1920 se encendió la primera radio en Santa Isabel. Fue en el desaparecido Hotel Mayo de la calle Belgrano al 1300, cuando un comerciante errante cobraba entrada para que los parroquianos se asombraran con la música y las voces lejanas que salían del aparato como por arte de magia. Se cuenta también que un tiempo después la familia Pellegrini fue la primera en adquirir una radio para uso diario.

 Con el tiempo su uso se fue popularizando, como también lo hizo luego la televisión, especialmente cuando a mediados de la década de 1960 empezaron a transmitir los canales rosarinos.


Aldo Biaggi ha conocido de cerca parte de ese proceso de transformación social que significaron los medios de comunicación masivos al ser, luego de otros técnicos en electrónica, como Consina que estaba en Santa Fe 1076 o Aldo Caire de calle José Ingenieros 1218, uno de los pioneros isabelenses en el negocio de la venta y reparación de estos aparatos. Él nos cuenta sus experiencias.

 ¿Cuando se interesa por la electrónica?
= Yo era chico cuando vivíamos en el campo y veía en algunas revistas las publicidades de los cursos de radio de las Escuelas Latinoamericanas que me entusiasmaron. Así que a los estudios los hice mientras trabajaba en el campo. Me acuerdo de estar sentado arriba de un aradito tirado por caballos y mientras tanto ir leyendo los libros que mandaban por correo.
La primera radio que armé fue cuando tenía 15 años. La armé con un soldador a carbón, o si no con el soldador arriba del calentador, porque estábamos en el campo y no había electricidad.
 ¿En qué momento comienza a trabajar en forma comercial?
=Antes de eso me tocó hacer el servicio militar en Curuzú Cuatiá. Eso fue en 1954 y el 11 de abril de 1956, cuando salí, ya tenía todo para empezar a trabajar en la casa de mi familia, en el pueblo.
El primer día de la conscripción nos preguntaron qué oficio teníamos. Y yo les dije que era técnico en radio y televisión, en esa época no cualquiera tenía este oficio. "Vos vas a andar muy bien" me dijo un teniente. Al poco tiempo les propuse armar radios, así que las encargamos a Radio Aceto de Buenos Aires, ellos ponían el dinero y yo las encargaba a mi nombre. Les gustó la idea y mandaron a comprar los equipos y las herramientas.
Cuando llegaron me preguntaron cuando las iba a empezar a armar, "esta noche nomás" les contesté, y a eso de las 4 de la mañana ya había una radio funcionando. En total debo haber armado unas 50 radios.
Una vez llegó un combinado de 1, 80 m de largo, con dos parlantes, radio y pasadisco. Era para el casino de oficiales, había venido desarmado y se lo armé ahí. También armé un televisor pero no terminamos de montarlo porque no se podía. Si no había señal de televisión, lo único que estaba era canal 7 y en Buenos Aires. Pero eso me sirvió para aprender
 ¿Tuvo gente que lo guiara en sus trabajos?
= Si. Mis guías más importantes fueron Vrancovich y Elisei de Villa Cañás con los que me fui perfeccionando.
 ¿Y colaboradores?
= Rubén Cortéz fue uno de ellos. En ese tiempo vivía en Santa Isabel, después se fue a Venado Tuerto donde hoy tiene un negocio de electrónica. Él trabajó 5 años conmigo.
 El negocio era el armado de los aparatos...
= Si. Los primeros años eran valvulares, a lámparas. Pero un tiempo después vienen los cambios cuando llegan los transistores. Apenas aparecen las radios a transistores me pongo a armarlas. Armábamos y vendíamos acá mismo y también en otras localidades con la marca "Albi". Todavía hay radios de esas funcionando perfectamente. Hubo un momento en que le compraba toda la producción a Raies de Venado, que también armaban, porque no me alcanzaban. Supongo que habremos armado más de 2000.
 ¿La televisión también le trajo mucho trabajo?
= En un comienzo, en la década del '60, eran valvulares blanco y negro. En ese tiempo, y hasta que en 1980 se instalaron las repetidoras de Venado Tuerto, había que colocar unas torres de 15 metros o más para instalar la antena que miraba hacia Rosario y también, aquellos que lo preferían, hacia Buenos Aires. Pero los canales que mejor se veían eran los rosarinos, aunque había días que la señal no llegaba bien.
Nosotros armábamos los televisores o los traíamos ya hechos y los instalábamos, la venta incluía todo, la torre el aparato y la instalación. O sea que había que ir con el antenista, Carlos Brega, Roberto Oberti, o el del pueblo al que fuera.
Además estaban las reparaciones. Puedo decir que he llegado a arreglar hasta 12 televisores en un día. Eran trabajos que se hacían a domicilio.
 ¿Por que ya no se hacen las reparaciones a domicilio?
=La llegada de nuevas tecnología, los televisores a color o los más modernos aún, requieren de un laboratorio con determinado instrumental para poder repararlos.
Ahora ya estoy retirado de esto. Hace unos 5 años que no hago más reparaciones.
 ¿Y se cobraban todos los trabajos y las ventas?
=Normalmente, como en todo trabajo, algo queda sin cobrar, de todas maneras estoy muy conforme y agradecido con los clientes que he tenido.
 ¿Televisores color ha vendido?
=Por supuesto. El primero televisor color que se encendió en Santa Isabel fue en mi vidriera. Y el primero que vendí, en 1982, fue a Rosa Fassi, un Hitachi 20'.
 Además del negocio de las radios y televisores ha tenidos otros...
=Si, hasta he sido taxista varios años. Pero siempre mantuve mi oficio que me ha dado tantas satisfacciones. Y siempre lo he hecho con mi fiel colaboradora y compañera de "fierro", con mi mujer Nélida, que ha estado a mi lado en todas las circunstancias.
 Actualmente se los ve trabajando en la ferretería instalada en lo que alguna vez fue el taller de electrónica.
= A pesar de que yo ya la tengo 70 años y estoy jubilado, seguimos trabajando con mucho entusiasmo. Esta es nuestra vida, y mientras tengamos salud lo vamos a seguir haciendo.






 1956. Rubén Cortéz y Aldo Biaggi arman radios. Su padre Constantino, observa.



 
 2007. Aldo Biaggi junto a su esposa Nélida detrás del mostrador.










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Juan Cacciolatto. Otros deportes.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 89 del 12/06/08

  Cuando nos remitimos a las actividades deportivas de Santa Isabel, rápidamente las asociamos al fútbol, que es mayoritario, y, tal vez, al básquet, voley, tenis o al jockey, que también tienen sus adeptos. Sin embargo, es posible que dejemos en el olvido a quienes están enrolados en las actividades atléticas, de extremas resistencias físicas y psicológicas, como pueden ser el ciclismo y el pedestrismo. En ellas incursionan o lo han hecho atletas locales como Daniel Street, Mauro Ansaloni, Rubén Giordano, Juan Ignacio Arrac, Julio Palau o Gustavo Cañete, entre otros.

 El mayor exponente isabelense de estos deportes es, en este momento, Juan Cacciolato, de 38 años, animador de importantes campeonatos de duatlón y frecuente participante de competencias extremas. Con él dialogamos.

 ¿Cómo te interesaste por estos deportes?
= Siempre me gustaron los deportes. Cuando era chico lo único que había era fútbol pero no participaba mucho. A los 17 años tomé clases de taekwondo con un profesor que venía al Club Belgrano y después, por cuenta mía, fuí a correr una maratón de 5.000 m. a Venado Tuerto. También, en 1988, a Rosario, a una prueba de 15 km. por la zona de la cancha de Central. En esos años iba, además, a los gimnasios. Y, con Gustavo Cañete, estando en Bomberos, nos entrenamos unos tres meses para una competencia internacional de bomberos que se hizo en El Trébol, copiando a las que se hacen en los EE.UU. Fueron alrededor de 240 competidores de todo el país y de países limítrofes.
 ¿Cómo era esa competencia entre bomberos?
= Eran varias pruebas muy duras como subir por unas escaleras externas a una torre de unos 13 m. con el equipo de bombero, equipo autónomo, presurizado con aire, que pesaba alrededor de 15 Kg. llevando una manga de unos 20 Kg. Había que ponérsela en el hombro, salir corriendo y subir los cinco tramos. Una vez arriba había que subir, con una soga, otra en un rollo de unos 20 kg. Después bajar pisando todos los escalones, sin saltar y, al llegar, con una maza de 5 Kg., desplazar 1 m. un fierro de unos 70 kg. Seguía con una caminata de 40 m., en zigzag por unos conos, hasta una manguera de 1 ¾ presurizada a 7 kg. que había que desplazar 30 m, donde encontrabas un objetivo y recién ahí podías abrir el agua y hacer blanco. Una vez terminado, en un costado había un muñeco de 75K que había que levantar y llevarlo de los hombros y de espalda, arrastrando los talones, 30 metros.
 Eso fue en 2000 y 2001. En 2000 quedé en el puesto décimo, Gustavo llegó hasta la parte de la manguera. Al año siguiente habrán habido unos 200 competidores y quedé en el 8º puesto; Gustavo ahí arrastró el muñeco hasta la mitad. Es que ya cuando llegabas a la manguera venías mal. Nosotros nos entrenábamos en el molino, habíamos improvisado un circuito, hacíamos gimnasio y salíamos a correr.
 ¿Y el ciclismo cómo llegó?
= En ese tiempo había empezado a hacer ciclismo porque quería hacer otra actividad. Y a partir de algunos contactos participé en Lincoln de un duatlón que consiste en correr a pié, luego bicicleta y después a pié. Las distancias varían, puede ser corto, mediano o largo. Ahí comencé a correr en el Campeonato Nacional de Duatlón que tiene un ránking hasta los primeros 20.
 Al año siguiente mezclé carreras de rural bike. Con Bomberos estuve organizando algunas en Santa Isabel. Traje la idea y junto a los bomberos de Venado empezamos a realizarlas en 2002 y 2003 en las dos localidades con fines benéficos.
Después se empezó a traer el duatlón a la zona. En Venado Tuerto había gente que quería hacerlo, les di las referencias y ellos empezaron a organizar las carreras.
 ¿En qué lugares practicaste esta especialidad?
= Por un tiempo estuve algo alejado, yendo a algunas carreras y, en 2006, me reincorporé. Pero también estuve en Córdoba, en La Cumbre, donde se hacen carreras de mountain bike; las más grandes de Latinoamérica, que se corren en abril, la Desafío, y en octubre la Revancha. Son dos carreras al año pero con modalidades distintas; una tiene 25 km. de descenso y después es variado, y la otra se hace en el mismo circuito pero de ascenso. Va de los 600 a los 1200 m. sobre el nivel del mar.
 Ese año participé en las dos y, el año pasado estuve en la de abril con unos 2.500 competidores entre todas las categorías. En mi categoría, que tiene unos 600 competidores, quedé en el puesteo 120 aproximadamente. En la parte final hizo mucho calor y llegué un poco acalambrado, pero estuvo lindo
 Acá es todo llano y no tenés donde practicar...
= Si, allá encontrás un ambiente distinto, más que nada en el desenvolvimiento de la bici. Pero yo ya había tenido algunas experiencias. En febrero de 2001 hice el cruce de los Andes, desde Puerto Mont a Puerto Madryn en bicicleta.
 Uniendo dos países. ¿Cómo fue eso?
= Turismo aventura. Fuimos 10 personas de la zona y de Buenos Aires y nos llevó 13 días completarlo. Salimos de Venado y fuimos a Bariloche donde estuvimos un día y después cruzamos a Chile. Ahí, con un guía, comenzó la travesía en las bicicletas. Teníamos el apoyo, un vehículo que llevaba las carpas, el equipo y demás cosas, y que nos esperaba en determinados puntos; el chofer hacía la comida. Subimos desde Chile, que es muy abrupto, en Cochamó cruzamos en balsa uno de los tantos lagos y ya de allí todo fue camino de ripio. Dormimos en pueblos muy pequeños o en pleno bosque. Anduvimos por senderos que a veces desaparecían, pasamos al lado de lagos con precipicios impresionantes y con agua cristalina, cruzamos ríos, comimos chivitos espectaculares, vimos paisajes en donde la naturaleza está intacta y nos metimos en lugares donde estuvimos en contacto con gente que de otra forma no hubiésemos conocido. Finalmente salimos a Ingeniero Jacobacci, pasamos por Telsen y llegamos a Puerto Madryn desde donde nos volvimos en la misma combi que nos llevó.
 ¿Tuviste alguna otra experiencia sobre terrenos montañosos?
= Estuve en febrero de 2002 en una competencia de aventura de cinco días, el Desarfío de los Volcanes, en San Martín de Los Andes, que se hace todos los años y es una de las más grandes de Latinoamérica. Son 400 km. de competencia que incluyen bicicleta, trackin, canoa con costering (caminar por la costa y en el agua acompañado por la canoa) y después rappel y tirolesa, Es muy linda pero también agotadora, pasás por volcanes que no están en erupción, por hielos eternos, por lagos y se cruza a Chile, en Pucón; al año siguiente se hace al revés. Además hay que saber de orientación, por eso se hace en equipos de cuatro personas. A la noche te dan el mapa de la primer etapa y a las 6 de la mañana se larga la carrera, así que no descansás porque te pasás las horas estudiándolo. En las otras etapas te dan las partes que corresponden. Algunos equipos se perdían, el nuestro, que compartí con un amigo de Venado y dos de Junin, abandonó al tercer día porque a uno de los compañeros le agarró un principio de hipotermia. Ese año hizo mucho frío, lloviznaba, viento del sur y nublado.


¿En que campeonatos competís actualmente?
= En 2007 competí en dos campeonatos de duatlón, el Nacional de la Provincia de Buenos Aires, que tiene 13 fechas, de las cuales participé en 7, que es el mínimo para estar en el campeonato. Las distancias varían pero son de unos 4 km. corriendo a pie, 20 km. en bici y otros 2.500 m. finales a pie, aunque hay carreras más largas. Se corrieron en Junin, Lincoln, Chivilcoy, Alberdi, Alberti, General Pinto, General Villegas, Colón, Trenque Lauquen. El campeonato terminó en octubre y yo quedé sexto; si hubiese asistido a todas las fechas, calculo que hubiese quedado cuarto, porque venía saliendo entre cuarto y quinto entre 20 competidores de la categoría.
 Paralelamente estuve en el Campeonato Santafesino; son 6 fechas que se corren todas en Alcorta. Participé de cinco fechas y terminé tercero.
 En este año voy a tratar de hacer alguna carrera de rural bike y otra de mountain bike mientras sigo compitiendo en estos campeonatos de duatlón. Por el Nacional ya estuve en Junin, General Villegas y General Pintos con buenas ubicaciones. También corrí tres carreras del Campeonato Santafesino.
 ¿Hay controles de dopping en los duatlones?
= No existen porque los costos son muy elevados; son muchas las sustancias a controlar y hay que hacer varios chequeos. Hasta el momento, y que yo sepa, en lo que es duatlón, parece que no hay doppin. En el ciclismo es posible porque hay gente que por un trofeo se mata. A algunas personas las ves un año o dos con muy buen rendimiento y al otro año ya no. Tal vez, al doparse tanto, el tipo desaparece...
 ¿Qué es lo que te impulsa a participar en estas actividades?
= Sentirme cada día mejor, si después estoy entre los del ránking mejor. No importa llegar último o primero, lo importante es hacer lo que a uno le gusta. Dedicarle dos horas tres o cuatro veces por semana al entrenamiento, salir en bicicleta o a correr. Y participar en las competencias donde te pueden tocar días de tremendos calores, vientos, grandes fríos, guadales, de todo.
 ¿Tenés alguna empresa o institución que aporte a tus gastos?
= La Comuna es el único ente que me ha ayudado. Me ha dado una mano principalmente cuando fui a la Cumbre que no podía aportarme los gastos. En lo que es duatlón no, pero tampoco he ido a pedir . Me dieron una campera con el nombre del pueblo que la llevo a todos lados porque siempre te nombran en cada pasada o a la llegada. Es que, en definitiva, uno va representando a su pueblo.


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Rutas

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 115 del 26/11/2010
 
 
Santa Isabel está conectado al resto del país por importantes rutas pavimentadas.

La Ruta Nacional Nº 8 cruza buena parte del distrito y se accede a ella a través de la ruta provincial 94, cruzándose ambas a unos 6 Km. al Noroeste de la planta urbana. También ingresa al distrito de Santa Isabel la Ruta Provincial Nº 14, sobre la cual se encuentra la zona de Runciman.
 La Ruta Provincial Nº 94, que une Teodelina con Chapuy pasa por la zona urbana de Santa Isabel. Se construyó entre 1938 y 1939 y fue inaugurada oficialmente en enero de 1940 en Villa Cañás, aunque ya había sido habilitada un tiempo antes.

 Para realizar la obra se tendió, en forma provisoria, una vía de trocha estrecha, paralela al nuevo camino, por donde transitaba una pequeña locomotora a vapor que tiraba los carros con los materiales desde Chapuy (adonde llegaban por ferrocarril) hasta el lugar de trabajo.
El trazado de la 94, que pasaba por el interior de las poblaciones de su recorrido (en Santa Isabel por Av. Santa Fe) se construyó de hormigón con un ancho de sólo 3 m., es decir un sólo sentido. Únicamente quedaron pavimentados los dos sentidos en el interior de cada localidad, lo que en Santa Isabel fue desde 9 de Julio hasta Rivadavia.

 En el año 1981 se concretó la deseada ampliación (o ensanche) a 6,5 m. desde el cruce con Ruta Nacional Nº 8 hasta Villa Cañás y, poco más tarde, se prosiguió dicha ampliación hasta Teodelina. En esta obra también se construyeron desvíos que evitaron que la ruta atravesara el centro de las poblaciones.

 Antes de concretarse el ensanche de la ruta 94, al haber una sola "mano" pavimentada, los vehículos que viajaban con sentido Santa Isabel-Villa Cañás tenían la prioridad de permanecer sobre la franja pavimentada, mientras que los que lo hacían en sentido contrario debían ceder el paso pasándose momentáneamente al sector de tierra. Como es de suponer esta situación generaba grandes y continuos inconvenientes. No solo porque esta regla solían romperla los vehículos de mayor porte, sino también porque en los días lluviosos era común encontrar camiones y automóviles empantanados, uno tras otro, creando un tapón que impedía el paso de los demás vehículos hasta que eran retirados con tractores. Por el contrario, cuando no llovía se levantaba gran cantidad de polvo haciendo, en muchas oportunidades, casi imposible la visión de los conductores con los consecuentes peligros que esto acarreaba.

 Los neumáticos y la suspensión se llevaban la peor parte al "bajar" a la tierra y luego al volver al pavimento. Es que en muchos tramos el pavimento solía estar "descalzado", es decir sin tierra en la parte del borde de cemento que quedaba expuesto en varios centímetros. Esto provocó varios accidentes.

 Con el correr del tiempo el tránsito se hizo cada vez más intenso y veloz, lo que creaba situaciones riesgosas para los transeúntes y vehículos del pueblo. Para paliar esta situación la Comuna colocó, en los últimos años de la década de 1970, semáforos en las esquinas que la Av. Santa Fe tiene con calle San Martín y con Av. 25 de Mayo. Cuando se hizo el ensanche de la ruta y el desvío por el sector Oeste de la localidad, estos cayeron en desuso y fueron desmontados.

 Si bien para 1981 ya se había inaugurado el nuevo ingreso al pueblo desde el desvío por Av. Sarmiento, parte del tránsito continuó pasando por el viejo trazado hasta que éste fue cerrado en la parte que va hacia el cruce con ruta 8. Esto se realizó apenas comenzada la década de 1990 debido a los accidentes, algunos luctuosos, que ocurrían en ese empalme entre la ruta vieja y la ruta nueva.  




1939 (aprox.) - Trabajos de alteo, entre Santa Isabel y Villa Cañás para la primera pavimentación de ruta 94.








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Amancio, un humilde obrero estibador

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 87 Nº 16/04/2008
  Este simpático y simple personaje, él mismo se denominaba un humilde obrero estibador, realmente así lo fue por mucho tiempo, luego se convirtió en taxista. Un día llego, no sabemos de donde y, otro día se fue,¿ a que destino?. Lo cierto es que pasó muchos años en nuestro medio, hombre trabajador, honesto, dueño de una singular notabilidad, que lo llevo a dejar infinidad de episodios dignos de rescatar, uno de los cuales trataremos de relatar.

 Como se menciona en el título, nuestro protagonista vivía humildemente, realizando estas nobles y pesadas tareas, ganando poco y trabajando mucho. Allá por los años 40 y tantos del siglo XX se comenzaron a organizar y a estructurar las asociaciones de trabajadores, los denominados "Sindicatos", de tal manera que en cada pueblo, grande o pequeño, se constituyeron estas agrupaciones que nuclearon a estos jornaleros, entidades que generalmente se denominaron "Sindicato de oficios varios". Sin embargo, la principal actividad era realizada en los depósitos de granos y galpones ferroviarios, donde se almacenaban las cuantiosas producciones de la zona, en esas épocas los cereales se manipuleaban casi exclusivamente en bolsas, las que debían estibarse convenientemente hasta que se produjera su transporte a industrias y puertos; las tareas eran rudas y constantes, fundamentalmente en tiempos de cosechas. No faltaban en esas ocasiones, entredichos y malentendidos entre los patrones y los obreros, por distintas interpretaciones de la formas de trabajo, pagos, horarios, etc., estos diferendos, a veces, terminaban en fuertes discusiones.

 Con el correr del tiempo, Amancio se fue metiendo en la conducción de la agrupación y también a participar en la política local, tales circunstancias lo llevaron a ser Secretario General del Sindicato, lo que le produjo un cambio substancial en sus tareas, ya no hombreó ni estivó tantas bolsas. Sus funciones consistían, fundamentalmente, en la administración y dirección del gremio, interpretar y hacer cumplir la legislación relacionada con sus labores, confeccionar los turnos de trabajo, llevar a cabo las relaciones públicas; cometido que le agradaba preferentemente. Son recordados sus discursos y comentarios, ya fueran referentes a las actividades que comandaba o a temas políticos. Tales obligaciones no eran del todo fáciles, había que actuar con cautela y buen tino, es decir: quedar bien con Dios y con el diablo, como dice el refranero popular. Era dificultoso dirigir y disciplinar a los muchachos, como sabía afirmar; siempre surgían problemitas que debía solucionar, en ocasiones lo hacia bien y en otras no tanto; pero su dúctil personalidad le permitía salir bien parado de enojosos incidentes.

 En esas épocas existía una importante empresa de ramos generales con acopio de cereales que era dirigida por el señor Justo, o Justito como se lo denominaba más asiduamente para diferenciarlo de su padre que se llamaba del mismo modo. También algunos lo conocían como el "Gallego" tal vez por su ascendencia de esa región Española. De esta figura; muy singular y discutida, muy compenetrada en política, lo que le valió muchos adeptos y otros tantos detractores, también su actuación comercial lo dotó de buenos clientes y amigos, pero le creó enemistades y adversidades muy notorias. Nos ocuparemos más adelante.

 El comerciante y el secretario gremial habían tenido fuertes discusiones, muchas por razones laborales y otras por diferencias políticas, algunos encontronazos casi terminaron en pelea abierta, pero Amancio, que sabía que el "Gallego" -como lo denominaba cuando a él se refería- generalmente andaba armado. Siempre guardó distancias, por la dudas; no era cuestión de arriesgar. Esa mañana hacia muchísimo calor, mes de diciembre, plena recolección del trigo; unos días antes la controversia había sido mayúscula, casi llegaron a las manos; de no haber sido por las previsiones de nuestro personaje, la cuestión hubiera terminado muy mal. Justo llegó a los galpones, donde se estibaba a todo ritmo, casi al mediodía, venía en mangas de camisa, lo que le hizo suponer a Amancio que no portaría arma alguna. De inmediato lo increpó duramente, con intención de llegar a mayores. Contaba nuestro héroe: ¡nunca supe de donde la sacó pero al momento tenía la 45 apuntándome entre ojo y ojo. "¡Pará muchacho!" gritó el Gallego, "esta no es forma de arreglar nuestras diferencias, esta tarde a las 5 te espero en mi oficina y ahí; como dos verdaderos seres humanos discutiremos la situación ¡no me falles Amancio!"

 A las 5 de la tarde en punto Amancio llegó a la cita, vestía traje y corbata, zapatos bien lustrados y se tocaba con un flamante sombrero negro, la ocasión así lo requería, no era cuestión de no hacerse notar. No sólo se sentía importante, había que demostrarlo también. Al momento se hizo anunciar, para lo cual se dirigió al señor Macera, empleado de confianza de Justito. Este así lo hizo, de inmediato volvió comunicándole que el señor Justo lo esperaba, pero que antes de entrar le dejara a él lo que portaba en la cintura, ahí no sería necesario. Pensó el humilde obrero estibador: "este Gallego es medio adivino, ¿cómo supo que yo estaba calzao?; en fin, tuve que entregarle al empleado el morocho" - así denominaba a su Colt 38- ¡Siempre lo recordaba!

- Tomá asiento, ponete cómodo Amancio, debemos discutir nuestras diferencias como personas educadas. Vos defendés tus ideas y yo los mías, tú los intereses de tu gremio y yo los de mi empresa. No es lo mejor tomarse a los golpes. Podemos discrepar y diferenciarnos, pero nunca ser enemigos, a lo sumo adversarios circunstanciales, ¿no te parece muchacho...? -dijo el Gallego.
- Tiene usted razón, pero ocurre que a veces me ofusco de más, también tenga en cuenta, que ante mi gente no puedo quedar como un flojo, en ocasiones debo hacer la pata ancha, de no, van a dejar de respetarme. ¿Comprende don Justo?, si esto ocurre, en cualquier momento me echan a patadas!
- Entiendo tu punto de vista... pero no debes sobrepasarte, tratemos que nuestras relaciones sean mas amables, mas cordiales. Vos ante tus muchachos actúa con firmeza, que por mi parte aflojaré algo, pero eso sí, cuando tengamos diferendos importantes, lo trataremos como lo estamos haciendo en este momento. ¿Estamos de acuerdo Amancio?
- Estamos don Justo!

 Ya distendidos y con buen ánimo, la entrevista se prolongó por largo rato, abordaron otros temas, algunos chismes y sucedidos y, como no podía faltar, temas políticos, ambos pertenecían a ideologías totalmente opuestas, no obstante cambiaron opiniones muy complacientes. El que llevo la mejor parte, en estos aspectos, fue don Justo, era un hombre avezado en estas cuestiones y poseía una cultura algo mejor que su interlocutor.

 Y así concluyó esa reunión, los dos actores se comprometieron a cambiar de actitudes, fueron simples expresiones de deseos, las rencillas y divergencias continuaron, pero con otros enfoques, ya no se trataron como enemigos, pasaron a la categoría de simples antagonistas, por lo menos habían logrado un meritorio avance, si ese ejemplo se observara más a menudo, cuánto mejorarían las relaciones humanas.

 Pasaron los años, Amancio, como lo dijimos al comienzo, se convirtió en taxista. No mucho tiempo después del hecho relatado, por unas relaciones y contactos de tipo político, consiguió que le asignarán -vendieran, en realidad no se lo regalaron- un automóvil Mercedes Benz Diesel del año l953 ó l954. Vehículos que habían sido importados por el gobierno de entonces para ser utilizados únicamente como taxímetros. Muchos años trabajó con él hasta que un buen día se marchó con auto y todo. Justo decidió cerrar el comercio de Ramos Generales, también lo hizo de improviso y sin dar ninguna explicación, como tampoco dio a conocer los motivos que lo llevaron a quitarse la vida. Se pegó un tiro con la misma 45 que le había puesto a Amancio, entre ceja y ceja, unos años antes.

C.O.S.


Otras notas de C.O.S.

"Bocha" Uliase. Accidente en el Belgrano.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 90 - 12/07/2008
   El crucero General Belgrano pasó a integrar el listado de las tristes historias de nuestro país en la tarde del 2 de mayo de 1982 cuando fue destruido por el submarino británico Cónqueror durante el conflicto bélico del Atlántico Sur, provocando la muerte de 323 argentinos, de los cuales 200 tenían entre 19 y 20 años de edad. 

Su historia había comenzado mucho antes, con su viaje inaugura el 3 de octubre de 1938 bajo el nombre de U.S.N. Phoenix. En 1951 fue adquirido al gobierno de los EE.UU luego de haber participado en la segunda guerra mundial saliendo indemne del ataque japonés a Pearl Harbor. A pasar a manos argentinas la nave fue rebautizada como "17 de Octubre" disponiéndose, luego, en 1955 el cambio de nombre por el de Gral. Belgrano. 

 La historia que nos cuenta Juan José Uliase, el "Bocha" se sitúa en 1959 cuando debió hacer el Servicio Militar Obligatorio o la colimba, tal como se lo conoce en términos populares.

En ese tiempo que duró casi dos años, un suceso a bordo de esta nave de guerra le marcó para siempre la vida.

¿En que lugar le tocó hacer el Servicio?
= En la Base Naval de Puerto Belgrano, cerca de Bahía Blanca. Cuando llegué me designaron al Campo Sarmiento donde, en los primeros dos mese, me hicieron hacer unos cursos para tener conocimientos de artillero y de bombero. Cuando esto terminó me designaron al Crucero 9 de Julio que era gemelo con el Gral. Belgrano.
Estuvimos dos meses en el 9 de Julio porque el otro estaba en reparaciones. Cuando el Belgrano estuvo terminado mandaron al 9 de Julio a reparaciones y a nosotros nos cambiaron de nave.
   ¿Cuál era su trabajo principal?
= Me destinaron como artillero de la dotación de la 6º y 7º división. Yo estaba en los cañones de 5 pulgadas, pero había también cañones de 6 pulgadas y distintos tipos de ametralladoras.
 El primer viaje habrá durado unos 20 días en los que estuvimos navegando, probando todas las máquinas y entrenándonos.
Volvimos al puerto y, pasado un tiempo, salimos otra vez, pero para probar las armas. Cargamos muchas municiones y fuimos a hacer pruebas al sur del país, en Tierra del Fuego. Mi segundo jefe era Guillermo Suárez Mason.
 Ahí decidieron bombardear, para probar, una isla desolada. Eso era infernal. Probaban toda la artillería.
 Y en uno de los cañones estaba yo. Éramos unas 13 o 14 personas dentro de una habitación, de hierro, que estaba arriba del cañón que manejábamos. Las balas llegan de abajo, de la santabárbara, en una especie de ascensor y eran los atacadores, cinco en total, los encargados de poner la bala en el cañón. Cada bala pesaba 50 kilos. El primer atacador la saca de ahí y se la pasa al otro y así sucesivamente hasta el último que la coloca en el cañón . Yo era graduador de espoleta.
 Estábamos haciendo tiros de 13 segundos, es decir que la bala explota a ese tiempo de haber salido del cañón. La bala viaja a 650 metros por segundos; tenía que estar a unos 12.000 metros en el momento de explotar. Ibamos a hacer 10 tiros, pero eso no ocurrió.
 Hay un tablero con relojes que marcan los segundos de la espoleta. Eso era algo automático que controlaban de arriba, de la torre de control, porque estábamos haciendo una prueba y los mecanismos se movían desde la torre. Yo hacía lo que ellos me decían para que controlaran si hacía bien las cosas, pero a eso lo manejaban ellos.
   ¿Y que fue lo que pasó?
= Pasó que tiramos una bala y todo bien, pero la segunda explotó sin salir del cañón y voló todo.
Yo fui el único que salió ileso. Pero mirá cómo habrá sido que tenía un casco con el Nº 76 y lo encontraron en la cubierta ,hecho un bollito. Toda esa especie de habitación desapareció y la mampara que daba al mar, de hierro de 6 cms. de espesor también desapareció.
 La explosión me sacó toda la ropa de arriba, de casualidad no me pasó nada. Tenía un gabán, una remera... no me quedó nada de eso. Me levante y salí caminando, medio aturdido, y fui hasta el cuarto de radio, que estaba ahí cerca y les dije "explotó el cañon". Y todos salieron a ver. Corría la sangre por los trancaniles, que es una especie de canaleta por donde corre el agua. Había un muchacho, Tedesco, que ya se estaba muriendo. Fue el único que murió, era de Azul y dormía en la cama de abajo mía. Todos los demás estaban desparramados, con quemaduras distintas.
 A 2000 metros navegaba una fragata y un pedazo de fierro que voló le quebró un brazo a un tipo. La cubierta quedó toda marcada de los pedazos que desparramó.
 Y yo no me di cuenta enseguida de lo que había pasado. Me bajé por la escalerita, sin ropa y me metí en el cuarto de la radio. Ya los del control se habían dado cuenta de la situación.
 El problema lo tenían las balas. En ese momento se dijo que las habían armado mal en Zárate. Estaban falladas porque cuando volvieron a probar, en otro cañón, volvió a explotar. Tal es así que, cuando llegamos al puerto, no las queríamos descargar porque le teníamos miedo. 
  ¿Se volvieron enseguida al puerto?
= No, estábamos lejos. A los seis o siete días de lo que pasó fui a la formación de cubierta. Yo estaba en la fila mientras el capitán hablaba y todos estaban formados, pero en un momento me fuí de la formación y los dejé
 Yo no estaba bien. El muchacho que había muerto tenía 19 años y unas semanas se iba de baja. Estaba con él y después lo veo muriéndose ahí. Así que me fui y me acosté.
 A los pocos días el jefe me dijo que cuando llegáramos me daban licencia de unos quince días.
 Y me vine para acá. Ya había llegado una carta de la Armada avisando lo que había pasado.
 Y al cuerpo del muchacho lo llevaron en un helicóptero que había bajado en el barco.
 Que cosa triste!... Se hizo formación arriba de la cubierta y tocaron a silencio. Llorábamos todos...
   ¿Le quedaron secuelas físicas?
= Quedé con problemas en el oído izquierdo. Durante un tiempo se me hinchaba, después se pasó y en los últimos años empecé a tener problemas de audición.
 Y yo, porque no quise, pero podrían haberme dado de baja y hasta tener una jubilación. Si eran ellos los que me encontraban problemas en el oído pero, como yo no tenía molestias, todo terminó ahí. Ellos me llevaron a junta medica pero yo no la había pedido.
¿Cómo transcurrió el tiempo restante en el Servicio?
= Seguimos haciendo viajes. Conocí mucho el sur, Comodoro Rivadavia, Trelew, Golfo Nuevo, Ushuaia, Puerto Deseado...
 Nosotros vivíamos arriba del barco. Estando en el puerto, a las 6 de la mañana tocaba diana. Te levantabas y trabajabas hasta las dos de la tarde como en cualquier empleo. Después si te querías ir, podías hacerlo adonde se te antoje al menos que no estuvieras de guardia o castigado. Además comíamos de primera. Milanesas, pescados de mar, de todo y muy bien.
 También participamos del primer operativo Unitas, en 1959, que se hacen en conjunto con los Estados Unidos.
 Fue la primera vez que vi el naylon, y creo que la mayoría de los que estábamos. Nosotros teníamos unos cables de acero muy gruesos y teníamos que cinchar como burros, y ellos hicieron el mismo trabajo entre dos tipos. Atracaron al muelle el crucero en que venían y lo ataron a la cornamusa con la soga de nylon. Nos preguntábamos cómo iba a aguantar esa soga.
   Y ahora ha armado una nave en miniatura que recuerda al Belgrano...
= Si. Un año y medio me llevó hacerlo, con tornillos y distintas piezas que fui encontrando o pidiendo. Lo hice mirando foto viejas o recordando cómo lo conocí. Porque el Belgrano, cuando fue hundido ya era otro, tenía armas que en esa época nosotros no manejamos, como misiles o bombas de profundidad. Traté de hacerlo como lo recuerdo de aquel tiempo.


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Antonio Pérez: Los Viejos Tambos de Runciman.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 91 del 05/08/2008 

 Antonio Pérez está sentado frente a la máquina de escribir cuando llegamos para entrevistarlo. Es conocido por sus poesías de estilo gauchesco que le hablan a los personajes, las instituciones y a los hechos de nuestro pueblo y de aquellos que dejan huella en su vida. Pero no hemos llegado para charlar de poesía, si no de lo que acontecía en la zona de Runciman cuando los tambos eran el trabajo que atraía a familias enteras y él, junto a la suya, formaba parte de aquella legión de trabajadores que diariamente sacaban el noble producto de aquellas vacas. Antonio estuvo en esos tambos que proveían la leche a la fábrica de lácteos que, modernizada, aún perdura. Los viejos tambos ya no están pero Antonio nos cuenta lo que pasaba en la década de 1950 cuando trabajaba allí.
  ¿Cómo comenzó Ud. a trabajar en los tambos de Runciman? = Yo nací en 1934, éramos de Banderaló pero mi padre alquiló una quinta en María Teresa en 1945, y ahí nos quedamos. A los 17 años me fui a trabajar al tambo de "Cholo" Maino, que está en la zona de Runciman. Después, en la estancia de Magnasco buscaban ordeñadores buenos y yo estaba conceptuado bien. Me ofrecieron mejor paga, así que en 1953, fui a la estancia. En aquella época había 32 tamberos en la estancia que era de cuatro leguas de largo, desde la estancia El Recuerdo, seguía hasta El Aljibe, pasaba la ruta 2S, que va a María Teresa, y llegaba hasta el campo de Achilli, en la colonia Santa Lucía.
La estancia se llamaba "La 76" porque el antiguo dueño, Runciman, numeraba sus estancias y esa era la Nº 76. Cuando la compró Magnasco se hicieron los tambos. Según mi suegro, Santucho, que estaba en el tambo 12, cuando ellos fueron allí en 1945, fue cuando hicieron la fábrica.
 ¿La estancia sólo se dedicaba a la producción de leche?
= Tenían tambo y agricultura. En aquellas época no había muchas máquinas ni tractores. Trabajaban la tierra los contratistas a caballos, uno era Senari, el padre de "Cholo" Senari. También estaba Ochoa de María Teresa, Lavié y los Mayotto. Eran contratistas particulares que tenían, cada uno, 80 o 90 caballos.
Los Mayotto ganaron un Ford "T" en una rifa de la Peña Pichón 14, del coche de "Nino" Colombo. Habían hecho una pista en la estancia Las Dos Hermanas y rifaron un Ford "T" que sacó Mayotto. Vendieron todo y compraron una fonda en el pueblo (San Martín al 1200). Ese era el padre de los que estaban ahí. Los dos hermanos se casaron con dos hermanas del tambo 13.
 ¿Los tambos estaban numerados?
= Si. Había 32. El 32 a veces quedaba vacante porque estaba en la zona de El Aljibe, muy lejos de la fábrica.
 ¿Cómo era el trabajo?
= El tambo es un trabajo sacrificado, que no tiene Navidad ni año nuevo, ni día del trabajador, ni lluvia, ni heladas, nada. Al tambo hay que hacerlo. Si los temporales eran muy largos había que cambiar los animales de corral porque las vacas, a los 3 o 4 días de lluvia, se enterraban hasta las tetas. Así que había que hacer un corral provisorio. Además en ese tiempo no se conocía la bota de goma, compraban botas de suela que venían con un piso de madera abajo, cuando te enterrabas en el barro se pegaban y no podías caminar, así que las dejábamos y caminábamos en patas en el corral.
Después salieron los encerados, que hacían que no te mojaras tanto. Y si no, usábamos un cojinillo de oveja al revés que nos poníamos en la espalda; al último se mojaba la lana y se ponía muy pesado, así que también los dejábamos.
La cantidad de vacas de un tambo era según lo que el tambero podía trabajar, pero nadie bajaba de cien vacas, todas de hacienda colorada. Había vacas que eran duras, que costaba una barbaridad ordeñarlas, eran vacas comunes coloradas. Pero en sí, había hacienda buena. Por ejemplo, en el tambo de Santucho tenía 120 vacas y sacaba 1000 litros diarios.
 Y a las vacas había que ordeñarlas dos veces al día, todo a mano. El horario era de acuerdo al tambero. De Santucho se hacía tarde, a las 5 de la mañana, porque eran muchos a trabajar. Pero, por ejemplo, yo trabajé con un tal Funes, éramos los dos nada más, y había que empezar a la una de la mañana.
 Además la fábrica tenía un horario para recibir la leche, a las 8 de la mañana, así que había que estar a horario. Y a la tarde se empezaba a ordeñar a las 2 de la tarde, y hasta las 6 tenías tiempo.
 En verano, no te imaginás el mosquerío que había. Los pantalones se ensuciaban con leche y el mosquerío era terrible. Y cuando hacía frío o llovía, había que ordeñar porque en el horario había que entregar la leche. Cuanto más se sacaría algunos litros menos.
 Y no se miraba mucho como llegaba la leche. Una vez un tambero había sacado mucha leche y en un tarro viejo tenía maneas y lazos. Y cuando sacaron la leche en la fábrica, salió un lazo. En aquella época no había delicadeza, hoy en día eso tiene un valor y te pagan por la mayor limpieza.
 ¿Los ordeñadores eran de la zona?
= En ese tiempo llegaban de todo el país y se arrimaban a los tambos. Llegaba alguien y se iba aun tambo y el tambero lo recibía, como de la familia, y paraba ahí. Si lo precisaba lo ponía a trabajar: si no, comía y vivía en la semana hasta que conseguía trabajo en otro tambo, pero mientras tanto ayudaba en el ordeñe.
 ¿Cómo estaban ordenados los tambos?
= Por hileras, sobre la calle hasta el Monte de los Pic- Nics. En el Nº 1 estaba Cholo Rodríguez, frente al boliche. En el Nº 2 estaba Camia, con cuatro hijas mujeres, en el 3 Aguirre; en el 4 "Pepe" Giménez; en el 5 Prun; en el 6 Marcos Rodríguez que tenía como 6 hijas; en el 7 Alejandro Nievas; en el 8 Villalba: en el 9 Cresta; en el 10 Manuel Ose; en el 11 el "Ñato" Muñiz; en el 12 Santucho; en el 13 el suegro de los Mayotto, Daniel Rodríguez; en el 14 Guitard; en el 15 Dionisio Nievas; y en el 16, en El Aljibe, estaba Funes. Empezando por la parte del centro, en el1 7, que estaba atrás de la escuela, estaba Pascual; en el 18 Contrera, pegado a la fábrica; en el 19 Jaime. Y seguí la hilera por el camino interno; Fracisco Martinetti, Guiñone, Igarza, Palito, Fábrega; en el 27 un tal Cerdá; en el 28 el "Rubio" Guitard; en el 29 Becerra; en el 30 otro Becerra y en el 31 Mingo Andrada.
 ¿Cómo se llevaban la leche hasta la fábrica?
= Cada tambero tenía un breque, un carro de cuatro ruedas con dos caballos, y con eso la llevaban. En cada viaje se podía llevar hasta 22 tarros. Vos hubieras visto cómo desfilaban los carros.
 A los caballos, casa, carros y demás los ponía la estancia.
 ¿Cuánto tiempo estuvo en la estancia?
= Como 12 años en esa estancia, me casé ahí y ahí nacieron mis hijos. Después dejé el tambo y seguí en esa estancia pero trabajando con los tractores, tenían unos marca McCormick. Un tal Ferrari, que era mecánico, me ofreció trabajar. Yo andaba jineteando potros, no sabía nada, pero me dijo "vení que vas a aprender". Cuando arábamos en El Aljibe, que había manchones de gramón, echaban humo y patinaban. Y por ahí el mismo gramón los paraba, así que había que dar marcha atrás y largarlo de golpe hasta cruzar. Se trabajaba todo el día y toda la noche, en tres turnos por tractor, rotativos. Se araba, se sembraba, parte de maíz, mucho maíz chanchero. Además la estancia mandaba a sembrarle verdeo a cada tambero. Cada tambero tenía 4 lotes de 50 hectáreas. Y esos trabajos los hacían los contratistas con caballos.
 ¿La estancia de Magnasco ahora es más chica?
= Ahora es solamente la estancia vieja, desde la ruta que va a María Teresa, para la ruta 8. Los que compraron el resto desarmaron todo, echaron todo abajo para dedicarlo a la agricultura.
 Unos de los dueños que vinieron después de Magnasco hicieron un tambo modelo, de primera línea en la Argentina. Pero los dueños nuevos desarmaron todo. Primero le daban a la gente para que los desarmaran y se llevaran los materiales con la condición de que dejaran todo limpio. Pero algunos se iban dejando cimientos y plantas, así que contrataron excavadoras y topadoras, hicieron pozos grandes y tiraron los tambo adentro, con alambrados, plantas y demás y lo taparon con tierra para poder sembrar arriba. Y el tambo modelo ese, también está bajo tierra.
 Y ni que hablar del Monte de los Pic-Nics, que fue una parte importante de la historia del pueblo... lo talaron y sacaron todo.
 ¿Usted iba a las fiestas que se hacían en el Monte de los Pic-Nics?
= ¡La cantidad de gente que se ha hecho de novio allí! En los meses de enero y febrero todos los domingos se hacían picnis. Iban todos los tamberos con los breques, se comían lechones, corderos asados, se bailaba. Iba Pigliapoco con su orquesta, el cuarteto ReFaSi de María Teresa. Y ahí nos hicimos de novios, todos pibes jóvenes. Iba gente del pueblo también; toda la gente joven del pueblo iba para allá. Se hacían carreras de caballo y la fiesta era hasta la tardecita.
 A eso lo organizaban los tamberos mismos que ponían un papel en la fábrica avisando para que se enterasen todos.
Era un monte que estaba desde hacía muchísimos años. Cuando yo era chico y veníamos de María Teresa a Santa Isabel, en el sulki, por la calle de tierra, pasábamos frente al Monte que ya era viejo y renombrado.
 El Monte ha sido parte de la historia de Runciman y del pueblo, igual que el boliche...
= Es cierto. Al boliche lo estuve cuidando durante tres años, hasta hace muy poco, pero estaba cerrado. Ahora ya no hay nadie. En el boliche solo han quedado las estanterías y el mostrador, porque era de ramos generales.
 Estuvo Maltagliatti. Después Juan Piancatelli, estuvieron dos o tres años y entró otra vez Maltagliatti. Después estuvieron los Benso . Más tarde estuvieron Castro y Vera, que son de María Teresa y lo tuvieron hasta hace poco.
 Cuando los tamberos cobraban era una romería, eran como 30 carros en el boliche. En la fábrica le daban el cheque, los tamberos los cambiaban en el almacén de ramos generales de Juan Paincatelli, que estaba en el pueblo (Mitre al 1100, en "El Bar") y después pasaban por el boliche. Los domingos se llenaba, y del lado de la escuela, contra el alambre había 20 o 25 caballos. En ese tiempo se jugaba al sapo, la cancha de bochas vino después cuando estuvieron los Benso. También había carnicería. Se comían asados, chupaban y se peleaban también. Pero Maltagliatti, a los que jodían los sacaba afuera.
 El Club Sol de Mayo también era un lugar de reunión...
= Si. En el Club siempre había bailes, hasta matiné. Después del tambo, a la tarde y hasta la tardecita, había bailes con grabaciones y también guitarreros que nunca faltaban.
 Se trabajaba mucho pero también nos divertíamos mucho.
 Como ejemplo cuenta mi casamiento. Se hizo en el tambo 12, no solo con gente de la estancia si no también de Santa Isabel y de María Teresa. Se hizo una carpa con lona de 13 por 35 metros y después en la casa que era corredor abierto pusieron lona. Hicimos tres vaquillonas con cuero, 8 lechones, 6 corderos, mayonesa en cantidad. Vino toda la familia Santucho de Junin. Fue un fiestón. De Alberdi vinieron dos colectivos.
 Nos fuimos de viaje de bodas y cuando volvimos, 11 días después, los viejos todavía estaban de joda. Eso fue el 26 de mayo de 1956. Y apenas llegamos ya fueron a una chacra y trajeron corderos lechón y siguió la joda.
 ¿Cómo hacían con el ordeñe?
= Se paraba la fiesta para hacer el tambo y después se seguía. Muy sanamente. La verdad que yo me quedo con mi época; más sana. Hoy está la droga y otras porquerías que no se pueden comparar. Pero las épocas se superan y hay que aceptarlas como vienen, no queda otra.
 ¿Y cómo empezó a escribir sus poesías?
= Después de la muerte de mi señora, en 1984, empecé a dedicarme a escribir poesías camperas. Esto es así porque a mi siempre me gustó la forma de escribir de José Hernández. Y escribo lo que siento y lo que me gusta. Pero esa es otra historia.



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