lunes, 4 de marzo de 2013

Los profesionales.

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 36 del 20/06/2002
 
 Cada año, después de disipados los vapores de la fiesta de promoción, decenas de jóvenes isabelenses parten, como lo hacen de casi todos los pueblos, hacia otros destinos con la ilusión de lograr un título profesional.

Aún cuando sus propias familias solventen todos los gastos para lograr la meta, nuestra sociedad también habrá aportado lo suyo, ya que el dinero que se gasta en otros lugares deja de integrar el circuito económico local mientras que antes, las escuelas públicas que se nutren de los recursos y los trabajos colectivos, les habrán dado a sus alumnos el impulso necesario para desenvolverse en las aulas superiores.

Sus destinos son dispares y no todos logran lo buscado. Pero hay una certeza: un porcentaje importante de ellos, cumplan o no con sus intenciones, no vuelve a Santa Isabel. Mejores horizontes los absorben y nuestro lugar, que no les ofrece oportunidades, se transforma, de alguna manera, en exportador de jóvenes con preparación.

Sin embargo, algunos retornan con el título bajo el brazo. ¿Por qué lo hacen? ¿Qué futuro esperan aquí? ¿Se sienten subestimados o respetados por el hecho de ser uno de los nuestros? 

Buscando respuestas a estas preguntas dialogamos con algunos de ellos. Las premisas para ser consultados es que fueran jóvenes menores de 30 años con los estudios básicos cursados en Santa Isabel y que hoy, ya recibidos, estén viviendo aquí. Los entrevistados no son todos los que responden a este perfil, pero cabe aclarar que no hay muchos más. 

Esta nota, de ninguna manera trata de ser una encuesta que indique alguna tendencia, solo es un resumen de breves charlas realizadas en los últimos días.

Con ustedes... los profesionales.
 
 
  Alberto Eugenio Raverta, 25 años, Técnico Universitario en Información y Gestión Ambiental. Estudio cursado en Comodoro Rivadavia, Chubut:
= Yo estoy en Santa Isabel por dos motivos. Uno es el económico que no me permite continuar estudiando, en este caso la licenciatura. El otro es porque tengo en marcha un micro emprendimiento relacionado, medianamente, con el perfil de la carrera; es así que estoy trabajando, con un socio, en lombricultura. Estoy aquí por estas circunstancias pero no porque haya decidido volver para aplicar mis conocimientos.
= Ahora parece que se estaría por relanzar el proyecto de residuos domiciliarios que yo había comenzado el año pasado, parece que se va a encaminar de nuevo con más manzanas. Si cambiaran las circunstancias económicas evaluaría primero mi emprendimiento y este otro para ver si me conviene seguir acá o no.
= En lo que respecta a mi profesión, en Santa Isabel hay campo de acción. Quiero dedicarme a la docencia, por eso me anoté en la escuela, seguir con la lombricultura y además estaría lo de los residuos; también podría realizar campañas tratando de llevar a la comunidad temas de educación ambiental, de forestación o de emprendimientos productivos.
= No sé si dentro de unos años estaré desarrollando mi actividad aquí, pero sí se que el vínculo no se va a cortar. Dentro de lo profesional va a estar siempre mi colaboración en la mejora de la calidad de vida del pueblo, esté donde esté. Por el momento no estoy en la búsqueda de trabajo fuera de Santa Isabel aunque trato de tener diversos contacto por si surge algo.
= No siempre uno es respetado, a lo mejor viene una persona de afuera y se le paga por su trabajo, pero si uno pide una remuneración, un pequeño aliciente, como para decir no estoy regalando mi trabajo, eso no siempre prospera. Parece que como uno es de acá no se lo valora tanto.
 
 
Mariano Ember Calamari, 25 años, Médico Veterinario. Estudio cursado en la Facultad de Ciencias Veterinarias de Casilda dependiente de la Universidad Nacional de Rosario.
= Yo cursé la primaria en la escuela de Santa Lucía, los estudios secundarios en la 214 de Santa Isabel y el 27 de marzo de este año logré mi título.
= Estoy en Santa Isabel por una oportunidad que se me brindó y aproveché. Con Juan Ernesto Carpi y Leonardo Mian de Villa Cañás, que se recibieron antes y que estaban trabajando juntos, veníamos hablando de la instalación de una clínica en las dos localidades. Esto se concretó justo cuando yo estaba por recibirme y ahora estamos poniendo todo de nosotros para que esto marche bien.
= También tenía la posibilidad de trabajar con un veterinario de Arteaga que se dedica a la producción porcina y que a mi me gusta, pero me interesó más esto.
= En Santa Isabel creo que hay cosas para hacer, todavía no se llegó al techo, intentamos hacer más. Esta es una profesión muy amplia y que da para especializarse. Por eso, más adelante me gustaría especializarme en la parte de reproducción, producción, y nutrición de cerdos o bovinos.
= En cuanto a la relación con la gente, esta sociedad me ayuda a que me tengan confianza porque Juan ya estaba trabajando de un tiempo antes. A veces la gente desconocida te valora un poco más que la que te conoce del pueblo. No por nada malo, será que habrá que pagar el derecho de piso.
 
  
 
Natalia Zaira Moskatello, 27 años, Abogada. Estudió en la Universidad Nacional de Rosario.
= Toda la vida pensé lo mismo, terminar mis estudios y volver a Santa Isabel a trabajar, porque, más allá de una cuestión de cariño y raíces, es una forma de retribución para con el pueblo. ¿Por qué? Porque mis padres me pudieron hacer estudiar gracias al trabajo que ellos tuvieron aquí. Decidí trabajaren mi pueblo porque lo quiero, por que está mi familia y porque quiero retribuirle la posibilidad que me dio.
= Tengo trabajo, aunque a veces me consultan como profesional dentro de una charla amistosa, aprovechan y hacen la consulta…. Mucha gente me ha dicho “que bueno que estés trabajando acá, porque podemos acudir en cualquier momento.” La idea de nuestro servicio es brindar diariamente atención al público pero hacemos hincapié en que en las urgencias penales pueden contar conmigo las 24 horas.
= La ventaja que tiene el pueblo es que todos te conocen y que podés acudir a muchas áreas del derecho, pero la desventaja es que especializándote no tendrías demasiado campo de acción. Si quisiera hacer solamente derecho penal no podría trabajar porque hay pocos casos.
 = Cuando un cliente no cuenta todo su problema tengo la ventaja de que puedo comprender mejor su situación porque conozco algo de su historia. Hay otro aspecto, piensan que al conocerme puedo tirar más para su lado; yo lo dejo muy en claro, a los temas los hablo con total tranquilidad y claridad con cualquier persona, así me conozcan de toda la vida .
= A mi futuro en Santa Isabel lo veo bastante bien, a pesar de la situación difícil para toda persona que esté trabajando y más aún para los que estamos emprendiendo algo. Hoy, con la situación que todos estamos viviendo considero que tengo trabajo y que este trabajo va a mejorarse y aumentarse a medida que pase el tiempo, todo tiene una evolución.
= En cuanto a lo de ser subestimada creo que hay algo de eso. Pero siempre le digo a la gente que tienen que preguntarme y salir con las dudas aclaradas; y tengo que recalcarles que lo que me dicen es secreto profesional y no lo puedo violar. Hay casos en que no me cuentan todo porque me conocen, por pudor o vergüenza y hay otros en que le inspiro más confianza por eso.
 
 
 
 Juan Ernesto Carpi, 26 años, Médico Veterinario. Estudió en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad Nacional de Río Cuarto
= Estoy viviendo acá porque yo soy muy localista, me gusta mucho el pueblo, soy de extrañar bastante y muy familiero.
Me cuesta mucho irme a otro lado, tuve propuesta de trabajo en Mendoza con otro compañero, pero no la acepté por eso.
A los cuatro días de haberme recibido comencé a trabajar en una veterinaria en Villa Cañás y acá atendía a domicilio. Hace algo más de un mes que nos asociamos tres veterinarios y atendemos dos veterinarias en Santa Isabel y Villa Cañás. Estamos probando y va funcionando.
No me puedo quejar, pero vamos a ver más a delante que pasa, creo que hay expectativas de mejorar.
= El campo de acción ahora es mucho menor porque la agricultura es lo que prevalece. Lo más fuerte que estamos trabajando es con pequeños animales, mascotas. Atendemos algunos criaderos de bovinos y porcinos, algunos caballos pero son lo menos por ese motivo, porque se intensificó la agricultura y la ganadería quedó un poco de lado.
= En mi caso, ser del pueblo me fue favorable, la gente me respondió muy bien. Antes de recibirme la gente me hacía consultas, ya me daba la esperanza de que me iba a ir más o menos bien. Yo no noté que por ser de acá pueda tener menos expectativas pero si se de algunos casos; como dice el dicho, nadie es profeta en su tierra.
= A partir de junio empecé a trabajar en la Asociación Protectora Isabelense Canina, voy todos los días, intensificamos el control veterinario además hay un proyecto del cual soy uno de los autores para la construcción de nuevos caniles y la castración de perras.
= Tengo fe en mi futuro en Santa Isabel, no puedo decir qué va a pasar porque estoy como todo el mundo, pero al menos con esperanzas de que mejore.
= Si no mejorara y vinieran con una buena propuesta me quedaría acá tratando de solucionar los problemas y ampliando el campo de acción.
 
Andrés Pellegrini, 25 años, recibido en la carrera de Analista de Sistemas Administrativos y complementado con el Master en Sistema.
= Mi carrera consiste en diseñar sistemas de computación para diversas empresas. La computación avanza tanto que es prácticamente imposible estar actualizado con los distintos lenguajes de programación, o sea hay que especializarse en uno, cada lenguaje para entenderlo bien y aplicarlo bien lleva por lo menos un año y medio de estudios. Yo he estado actualizándome hasta diciembre del año pasado, pero no hay que quedarse estático.
= Estoy en Santa Isabel porque a principios de este año envié currículum en Rosario y Venado Tuerto y como aún no me han llamado estoy a la espera...
= No tengo pensado desarrollar en Santa Isabel actividades dentro de lo que yo estudié, estoy acá porque no tengo oportunidades laborales en ciudades como Rosario o Venado Tuerto, pero si llega a salir para trabajar afuera, pienso irme. No se si a vivir, pero de lunes a viernes estaré en el lugar de trabajo. Estoy pensando en conseguir un trabajo en alguna empresa, porque ponerse un local para uno mismo para diseñar programas es muy difícil de sostener y más en estos momentos.
= Lo que busco es un empleo en diseño de programas para empresas que además me va a servir para aprender, actualizarme, continuar haciendo cursos y si la empresa es grande ella misma te va estimulando a actualizarte.
= Mi futuro, por la carrera que elegí, en Santa Isabel es un poco incierto, pienso que no me voy a quedar, pero no se si me iré definitivamente.
= A mi trabajo lo he ofrecido en Santa Isabel, hice un pequeño programa para la biblioteca y ahora estoy haciendo para una empresa de transportes.
= En estos momentos estoy latente, tratando de actualizarme y si consigo una empresa donde trabajar, me voy.
 
 
Mariela Belén Donati, 26 años. Profesora de Geografía, estudio cursado en el Instituto superior de Profesorado Nº 7 de Venado Tuerto y Profesora de EGB 1 y 2, cursado en Villa Cañás.
= En este momento estoy trabajando, ya desde el año pasado, en la escuela Nº 214, ty ahora en la E.N.E.T. de Villa Cañás.
= Estoy en Santa Isabel porque yo amo a Santa Isabel. No me iría, agotaría todos los recursos posibles para no irme del pueblo y menos de mi país. Me duele el alma cuando escucho que los jóvenes se van; es más, termino llorando porque no puedo creer que se pueda dejar el país y el pueblo. Intenté estudiar en Rosario, estuve quince días y no aguanté, me volví. Fui a estudiar guía de turismo, pero con ese trabajo tenía que irme de acá, tenía que estar viajando. Como me gusta el turismo elegí geografía.
= Para los docentes las expectativas son parecidas en todo el país. Si tuviese una propuesta económica muy importante igualmente no me iría... además ya estoy en los escalafones de acá...
= En mi caso no he observado subestimación, pero que te juzgan, te juzgan. En el caso de otras profesiones, muchos sienten que es mejor uno de afuera y a lo mejor resulta que la preparación es la misma que la de uno de acá.
= Con respecto a mi futuro con la docencia en Santa Isabel... pienso que la educación es lo más importante en cualquier persona, lo que la va a llevar siempre a un buen puerto. Creo que los gobernantes tendrían que dedicarle mucho más de lo que le dedican a la educación, pero siempre va a haber una escuela y siempre habrá alumnos, por lo tanto siempre tiene que haber un maestro. O sea que trabajo tendré, yo pienso que si, como cobre es otro asunto. Pero siempre habrá una escuelita.
 
  

El "Negro" Farina

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 35 del 15/05/2002
 Amigo de los micrófonos y los escenarios, Omar Farina nos habla de sus pasiones y de su trayectoria.
 En un encuentro pactado con la idea de recorrer el pensamiento y la vida de un hombre conocido tanto por sus programas radiales como por su vinculación al teatro y a la música es que llegamos hasta la casa, en Villa Cañás, de Omar Farina, el "Negro", como se lo conoce más popularmente. 

Es una tarde calurosísima del mes de marzo. Mientras toma mate habla pausado pero animadamente dejando traslucir satisfacción por sus cosas. Fuma uno y otro cigarrillo y nos cuenta sobre sus inicios, su pasión por el tango, sus programas de radio y las incontables noches en que presentó también a incontables artistas.
Comencemos con tu nacimiento
=Yo nací en Santa Isabel, soy del '40, del 10 de enero. Nací en el campo, al lado de Otto Bemberg, en la chacra de Pellegrini y en el '45 nos vinimos al pueblo.
¿Siempre te dedicaste al espectáculo?
= Si. Puede ser que la “culpable” de todo esto sea mi maestra. Antes, de primero a sexto, tenías la misma maestra, y la mía fue la Sra. Elda Borra de Salemme -le mando un saludo- que, no se por qué, de chiquito me hacía decir versos; los 25 de Mayo, los 9 de Julio… Cuando hacíamos trabajos especiales yo siempre hacía algún sketch chiquitito o decía poesías. No se que me veía ella.
  Y le fuiste tomando el gusto...
= Claro. Ella me enseñó a decir algunos poemas que todavía tengo en la memoria. Y así empecé; y me gustó, me gustó... Después fui a estudiar a Colón y a los 18 años me fui a Buenos Aires, porque ¿qué hacía yo en Isabel a los 18 años? Ahí tuve la suerte de vincularme con chicos y chicas que hacían teatro vocacional. Además siempre enganché algo para estar sobre un escenario, y tuve la suerte de estar cuatro años con Juan Ramón y dos con Floreal Ruiz, en el '72 y '73.
  ¿Cómo conociste a Juan Ramón?
= Veníamos de un partido de fútbol y en Moreno había un lugar que se llamaba El Rodeo. Ahí actuaba Juan Ramón con el acompañamiento de Horacio Malviccino y lo fui a ver. Cuando bajó del escenario me presenté y le dije que lo conocía a través de la televisión, del Club del Clan… Él siempre fue muy amable y me invitó a tomar una naranja Crush, me acuerdo. Me dijo “vení el sábado que viene a verme a Canal 11”. Y bueno, fui a verlo, y ahí comenzó la amistad.
  ¿Y qué trabajos hacías con él?
= La locución, lo acompañaba martes y jueves a la radio, también a la televisión o atendía los clubes de admiradores que él tenía; recibía las donaciones que hacían para asilos y demás.
  Cuando cayó la figura de Juan Ramón, ¿te desvinculaste de él?
= Claro. Aparte él se casó, se separó y se fue a Ecuador. Lo volví a ver, después de 22 años, ¿sabés donde? en Santa Isabel, en La Cantina. Antes de que bajara del micro fui y lo saludé. Esa noche lo presenté yo.
  ¿Y como fue la historia con Floreal Ruiz?
= Yo presentaba todas las noches, en cabarets y tanguerías, a un trío que se llamaba Los Prince, dos muchachos y una chica que hacían melódicos, y a un ventrílocuo. Y una noche caímos, en Ahedo, a actuar a la tanguería de Floreal Ruiz. Los presenté y después el encargado me dijo “Che, mirá, me gusta como presentás, ¿no te querés quedar de martes a domingos?”. Le dije que si y me quedé dos años… Después regresé a Santa Isabel.
  ¿Y porqué dejaste ese trabajo? Podrías haber hecho otra carrera.
= Si. Pero volví con algunos problemas, mi papá no estaba muy bien, entonces vine a quedarme algún tiempo. Extrañaba muchísimo pero a la vez estaba contento de estar otra vez en Isabel. Y ahí fue, en 1973, cuando Aldo Vanni me propuso hacer radio por primera vez, en O.P.S.I.
  ¿Nunca habías trabajado en una radio?
= Nunca. Aldo me dijo que necesitaba alguien para hacer un programa de folklore. Y bueno, ahí empecé.
  Y desde ahí hiciste todo tipo de programas.
= De todo, en Santa Isabel y ahora en Villa Cañás. Y con el tiempo me fui identificando con el tango, que es mi metejón. Por eso empecé a buscar cosas, historias, anécdotas...
  ¿Tenés una colección importante?
= Si. Y debo ser uno de los poquitos en el país que tiene una copia del manuscrito del testamento de Carlos Gardel. La persona que me lo dio, que es un profesional, lo sacó de una caja de seguridad, hizo una copia y me lo regaló, hasta arriesgó el puesto. Con respecto a las grabaciones, están todos en la radio, no son mías. Lo que guardo son libros.
Además, ya viviendo en Villa Cañás, tuve la suerte de salir a hacer pequeñas giras con muchos cantores de tango, con Guillermo Galvé, con Abel Córdoba, el cantor de Pugliese, un cacho de historia que estuvo en casa tomando un café, ahora con Ivana Fortunatti… En Teodelina, por ejemplo, tuve la suerte de hablar con muchos cantores: te enterás de cosas, anécdotas… por qué tal tango, por qué lo hizo, a quien está dedicado.
  Cuando viniste de Buenos Aires ¿qué hacías además de radio?
= Estaba con la orquesta de Eduardo Tirabassi. Ahí grabé mi primer versión de La Cumparsita, un recitado que se llama Cosas de Tango de Miguel Angel Soto. Estuve un año y medio o dos con Eduardo y cuando el locutor que tenía Eleuterio Pigliapoco se fue, pasé a la orquesta de él.
  ¿Cuanto tiempo estuviste con Pigliapoco?
= Unos 14 años. Y así conocí caminos, escuelitas, parajes… lugares que ni soñaba que pudieran existir. Es increíble...
Con Eleuterio grabé otra versión de La Cumparsita, Apología Tanguera del “Negro” Mela. Además él me hizo rendir examen como autor, me preparé, rendí y soy socio de SADAYC. En cada baile se hace una planilla en la que se ponen los temas que se tocaron, entonces Eleuterio o Eduardo ponían varios temas míos. El 16% de la recaudación de cada baile es para SADAYC así que a los tres meses te llega el dinero correspondiente.
  ¿Qué es lo que más recordás de los bailes
= Anécdotas tengo muchísimas. Pero lo que más me ha quedado es la cosecha de amigos, la gente, como te atiende; y en los bailes de campo ni hablar. Los bailes de campo eran fabulosos, que se yo, las carpas, lugares a los que nosotros llegábamos y... ¿acá? Y había mil, mil quinientas personas en una carpa, ¡y en pleno invierno!
Te puedo contar mil anécdotas de la época de Eleuterio, como por ejemplo las locuras de Oreste Pisani. También hay muchas que no se pueden contar, no son muy de familia.
Una vez, creo que fue en Santa Teresa, subimos al escenario, muchos nos miraban, ¡porque éramos populares!, otros se acercaban al escenario para ver tocar a Eleuterio. Me dice Eleuterio, "bueno arrancá": “Muy buenas noches Señoras y Señores…” y toqué el micrófono con el labio y me pateó en la boca. Fue tremendo, la corriente me tiró para atrás y no pude hablar por un rato. Otra vez empecé la presentación y se me bajó la presión y me caí…Un alboroto tremendo entre la gente!, había una enfermera que me quería poner una inyección! que se yo!
  ¿Cuál ha sido la mejor época de tu carrera?
= ¿La época mas linda? Yo pienso que fue la de la orquesta.
  Con muchas noches ocupadas...
= Y, te imaginás, era de martes o jueves a domingos. En el mes de febrero de 1978 hicimos 29 bailes en 28 días!! El día 28 hicimos Junin y Lincoln. Yo salía de mi casa y estaba dos o tres días sin volver. Y te digo que ganaba buena plata, era otra época.
La radio también me ha dado muchas satisfacciones. Lo lindo es cuando vos hacés un programa y la gente te llama, te dice “la estamos pasando bien”.
  ¿Alguna vez te sentiste solo en la radio?
= No, nunca. Un consejo de Aldo Vanni era: “Así sepas que te está escuchando una sola persona, hacé el programa bien igual.”
  ¿Nunca tuviste miedo al público?
= No, mientras más gente mejor. Para mi era un desafío. Me daba la impresión de que me agrandaba, o sea me gustaba eso, tener mucha gente para hacer mejor las cosas. Y me parece que a todos los que estábamos en el grupo de Eleuterio también. A veces teníamos esos bailes con poca gente, interminaaables!, noches que se hacían largas y, bueno, tenías que hacer el trabajo bien igual. Pero si había mucha gente, ah!, te daba más ánimo.
  ¿Contanos algo de tu trabajo en radio?
= Hace muchos años que estoy de 7 a 8.30 con tango, folklore y noticias. Y lo que va cumpliendo años junto con Radio Santa Cecilia es lo que hago al mediodía de 12 a 12.30, “Compartiendo la Mesa Familiar”. Los sábados de 7 a 9, “Entre Mate y Mate” que son dos horas de tango con concursos y mucha participación de la gente. En Santa Isabel hacía la mañana junto a Teresita Amadío. También "Mateando con el Negro", con reportajes a la gente común.
  Ya tenés un determinado tipo de audiencia.
= Si llaman de Teodelina, Santa Isabel, María Teresa, de toda la zona. Y concursan.
  Villa Cañás es el lugar donde más viviste...
= Si, porque nací en Santa Isabel y viví 18 años. Después volví y enseguida me casé, y hace ya 28 que estoy en Villa Cañás.
  ¿Villa Cañás o Santa Isabel?
= No…llama la tierra. Yo me siento muy cómodo acá, la gente me recibió muy bien, tengo muchos amigos, pero mi corazón está en Isabel y es verde, de Juventud. Lo quiero mucho a Santa Isabel y lo recuerdo cuando era con calles de tierras y pasaba el regador y se juntaban las mariposas y salíamos con una ramita a agarrarlas en los charquitos… El olor a tierra mojada… Se extraña mucho eso.
  Al decir “soy de Santa Isabel y de Juventud” ponés las dos cosas al mismo nivel.
= … Ha de ser porque de chiquito me la pasé adentro del Club Juventud, cuando estaba enfrente de Dall' Ochio y los hermanos Ruiz eran los conserjes, después estuvo Mario Miculán y después Palau. Mirá si me acuerdo… si vivía adentro del club!
  ¿Hacías notar tus sentimientos hacia Juventud en la radio de Santa Isabel? 
= No, pero me acuerdo cuando de un clásico en la cancha de Juventud. Yo daba las tandas, vino un gol de Juventud y lo festejé, me salió del alma. Aldo me dijo "levantate y andate," fue para que no haya bronca.
  ¿Cómo te enamoraste d el tango?
= Cuando era chico escuchaba una radio a batería que teníamos en casa. Los martes y jueves Carrizo presentaba a D'arienzo, todos los días, a las 8 de la noche, estaba el “Glostora Tango Club”: De Angelis con Dante, Martel, Larroca, Godoy, por nombrarte algunos cantores. Escuchaba a Angelito Vargas, no había otra música… Y después estaba la propaladora de Miculán, que tenía una torre con tres bocinas en la heladería vieja, al lado del Prado Español…
Y ahí, al Prado Español, donde se hacían muchos bailes, una noche llegó Francisco Rotundo con Julio Sosa y Floreal Ruiz. Y ya, con un amigo, Roberto Bastino, siempre hablábamos de tango. Yo tendría 12 años, pantalones cortos, y me acuerdo que saltamos el tejido y justo bajaba Floreal del escenario... y lo toqué!! La primer noche que lo presenté conté esta historia. Él no quería mucha presentación, pero ese día conté que yo era de un pueblo muy chiquitito de Santa Fe, que tenía 12 años cuando lo conocí en el Prado Español y que ahora tengo el gusto de decir: "Señores, canta Floreal Ruiz". Entró lagrimeando el viejo…
  ¿Lo mejor del tango?
= Eh!!... Carlos Gardel!
  ¿Te sentís una persona especial?
= No me siento especial. Estoy en lo que me gusta, no se si lo hago bien o mal.
  ¿Tu trabajo te trajo momentos ingratos?
=No, al contrario. Lo que me dio el micrófono siempre han sido satisfacciones.
  ¿Por donde andaban con la orquesta?
=Por todos lados... No se, hemos llegado a Córdoba, lugares de La Pampa. Y después la zona fuerte era Pergamino y Junin. A Junin, una vez fuimos, en distintos lugares, de martes a domingo, durante una semana seguida. Íbamos al Club Juventud de Pergamino, el B.A.P. un club de ferroviarios. Había un club que era todo celeste, sillas, mesas, paredes, era un lugar de encuentros, iban muchachos y señoritas grandes solas.
  No todos los ambientes eran iguales…
=No, no… pero todos los bailes que hacíamos con Eleuterio eran familiares.
  Pero no era lo mismo ir a un casamiento que a ese lugar pintado todo de celeste…
= Claro…, lógico
  ¿Y ahí cambiaban el repertorio?
= No, no, no… Hemos ido a lugares en que se bailaba a media luz.
  Y ustedes le metían con todo...
= Ah, si, si… Pasodobles, rancheras, foxtrot, milongas, lo que fuera.
  ¿Qué opinás de que ya no se realicen bailes con este tipo de música?
= Cuartetos, cuartetos, fueron tres o cuatro, como el Cuarteto Leo, Coquito Ramaló con la Mona Jiménez cuando era Cuarteto de Oro, Carlitos Polo Rolán… Los respeto mucho… Después, cumbia, cumbia, hicieron Los Wawancó y Cuarteto Imperial. Pero toda esta música que vino después, la cumbia villera, lo tropical, que me perdonen los fanáticos, pero es un desastre. Chingue chungue, todo igual y cantorcitos de medio pelo
  Maquinita programada.
= Claro! Le pagás a un buen músico, le decís armame un repertorio de treinta temas y le ponés un cantor adelante… ¡Nooo!
  Pero el estilo que hacían ustedes cayó en desgracia a manos de este tipo de música.
= No se si cayó o fue Eleuterio que terminó.
  Está bien, pero no hubo otra orquesta que lo siguiera haciendo.
= Claro, hacer lo que hacía Eleuterio... El primero fue Feliciano Brunelli y el sucesor fue Eleuterio Pigliapoco. Eleuterio tiene 31 discos grabados. No es macana, son doscientos sesenta temas registrados propios de él. Nooo!! marcó toda un época. En Buenos Aires mismo, en SADAYC se comentaba ¿Quién es este Pigliapoco que hace veinti pico bailes por mes…
  Sin embargo en Buenos Aires no trascendió. 
= No, porque fue un fenómeno del interior. Y ojo que él no quiso llegar a Buenos Aires, lo tomó como una empresa: laburar, laburar y laburar… Y no regalarse y tampoco hacer cosas para que ganen plata los demás. El lo tomó como empresa. Te das cuenta. ¿Por qué nadie se iba de la orquesta de Eleuterio? porque se ganaba bien, se comía bien, te compraba hasta la ropa! ¿Quién se iba a ir?
  ¿Cómo lo presentabas?
= Tenía una base. Comenzaba saludando, decía lo que se me ocurría y terminaba diciendo: “Aquí está el Maradona del acordeón, el número uno, el bate records, Eleuterio Pigliapoco!!"
  Tu herramienta de trabajo es la garganta, y desde que estamos hablando ya te fumaste tres cigarrillos…
= Estoy operado de las cuerdas vocales. Fue en agosto del '94, me quedé mudo presentando un espectáculo en Studebaker. Me dolía la cabeza, hice fuerza, y me quedé mudo. En septiembre me operaron, me sacaron cinco pólipos. Mucho hablar, mucho polvillo en los salones, el humo de los cigarrillos, resfríos mal curados.. Me afectó, pero ahora estoy bien.
  Actor, locutor, presentador, recitador, fanático del tango. ¿Qué es lo que más te gusta ?
= Yo quiero a todo lo que hago. No tengo preferencias, hago todo con cariño, pero presentar espectáculos de tango me enloquece.
  ¿Hiciste teatro sólo en Buenos Aires?
= No. Siendo chico, en Isabel, con la dirección de Hugo Pessino, hice "Así es la Vida", después "Canuto Cañete"... Después estando en Cañás, hice teatro bajo la dirección de Tellería, actuamos por toda la zona y llegamos a la sala Labardén de Rosario.
Ahora estoy ensayando una obra en la cual soy el relator de la historia de Villa Cañás. Se llama "Historia de un Centenario"
  ¿Que te gustaría hacer en el futuro?
= No se. Ahora me he puesto muy fiaca, no salgo de noche, trato de ser compañero con mi señora y mis hijas. Es por el tiempo que no estuve con ellas y porque me cansé de trasnochar. Si trasnocho lo hago en mi casa, viendo televisión. ¡Cosa de viejo!! Además tengo la satisfacción de tener mis dos hijas, una recibida y a la otra le faltan dos años.
También me dedico a la huerta, cosa que nunca había hecho. Hago quinta en un terreno que hay detrás de la radio.


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Alguien lo tiene que hacer.

Publicado en "Acercar a la Gente" N° 34 del 27/02/2002 
 
 Charla con Adrián País, jefe de Bomberos de Santa Isabel y propietario de la única empresa de sepelios. Recuerdos e historias de una persona acostumbrada a tratar con el drama de la muerte. 
 
 Habitante de Santa Isabel desde su nacimiento y católico al punto de pensar seriamente en ser sacerdote, Adrián País se ha convertido, con el correr de los años, en la persona infaltable en los momentos de angustia. Su presencia suele remitirnos al desasosiego pero también a la voluntad de servicio, a “trabajos” al que pocos se le animan pero que alguien tiene que hacer. Sus ocupaciones se lo imponen: es Jefe del cuerpo de Bomberos Voluntarios de Santa Isabel y también propietario de la única empresa de sepelios de la localidad. 
Dos actividades que tratan con el drama de la muerte y que lo han hecho un hombre público.
 ¿Dónde adquiriste tu formación religiosa?
= Cuando terminé 7° grado, a los 12 o 13 años entré al Colegio de Los Hermanos (Sagrado Corazón) en Venado Tuerto. A esa edad eso te forma la cabeza. Se tenía la idea de que en las escuelas no había buena disciplina y como yo era rebelde, mi mamá pensó que el colegio de los curas me iba a cambiar. Lo acepté y gracias a Dios quedé muy satisfecho, no solo con lo que aprendí estudiando, sino por el ambiente en general, por los amigos que hice en un curso de chicos que eran de distintos lugares del país, eran vivencias distintas.
  Y decidiste hacerte cura...
=Fue en 2° año. El colegio es totalmente libre, un secundario privado con guía religiosa. Pero yo convivía mucho con los curas, estaba en la selección de fútbol del colegio… un ambiente que me fue llevando. Mi papá no quería eso para mi y ahí dejé la idea, también influyó el ambiente del fútbol, ya jugaba en Juventud, me entré a mezclar con los más grandes, empecé a jugar en primera.... Nunca estudié para cura, solo tuve la idea.
  Pero tuviste educación religiosa muy fuerte.
=Y si, todos la tuvimos. El año pasado cumplimos 25 años de la promoción y nos encontramos un gran porcentaje de compañeros y todos coincidimos, después de 25 años de distintas labores, en que el rector que tuvimos, Daniel Mujica, nos formó la cabeza, nos marcó. Él decía: “busquen siempre la verdad y la verdad los hará libre.”
El colegio nos preparó en instrucción y nos inculcó una vida ordenada. La palabra orden era prioritaria y a partir de ese orden la disciplina de vida. Yo estuve en el internado del colegio y ahí había horarios estrictos, había normas y reglas. Y cuando a los 12 años te marcan con normas y reglas que son estrictas ya te van marcando para la vida.
  ¿Esa formación tiene relación con tus labores de bombero o en la funeraria?
= Lo de la funeraria fue una circunstancia de la vida. Mi mamá trabajaba en la esquina de Alejandro Cucco, que tenía la funeraria. En ese tiempo yo trabajaba en el Banco Provincia y como tenía tiempo y él estaba enfermo me preguntó si quería ocuparme de la documentación. Acepté y a partir de ahí empezó el contacto con Cucco.
Eso fue en el '79 y en el '80 él falleció. La cochería había quedado algo desestabilizada, con muchas deudas y problemas. Angelita, la esposa de Cucco, estaba cansada por tantos años de trabajo, un poco enferma, las cosas no le habían ido bien y además se había instalado en Santa Isabel otra empresa que estaba haciendo muchos servicios. Acá se hacen unos 45 entierros por año y no pueden vivir dos empresas, por eso ella ya tenía intenciones de venderles la cochería. Pero por conversaciones entre mi mamá y Angelita, ésta me propone participar en este trabajo, y bueno, le dije que si. Quería tener algo extra pero nunca hubiera imaginado esto. Por otra parte yo trabajaba en la oficina de “Freto” Angeleri, donde estaba Don Alfredo Caldera a quien le comenté la idea. Él me inculcó que me dedicara a esto: "Metete en ese trabajo que tenés un futuro” Y así fue, comencé con esto. ¿y con qué persona fallecida tuve que hacer mi primer servicio de sepelio?... con Don Alfredo Caldera, fue el 12 de abril de 1981. No quería ir. Mi mamá me dijo "Te tomaste un compromiso, tenés que hacerlo"
  Tal vez, sin saberlo, tenías una predisposición para eso.
=Puede ser. Porque al principio fue como una vocación. Y a partir de ahí lo tomé con una gran responsabilidad. Durante muchos años trabajamos para tratar de levantar a la cochería, sin ver ganancias de ningún tipo, porque había quedado realmente mal.
  Tu primer servicio no fue nada agradable.
= No, para nada. Yo nunca tomé a este trabajo como algo agradable. Es una gran responsabilidad, soy el responsable de que las cosas salgan bien, porque cuando alguien me viene a buscar para un servicio yo lo tomo como que todo está bajo mi responsabilidad. Es muy sagrado el cuerpo de un fallecido, hay que tener mucho respeto, mucho cuidado con su tratamiento, sea joven, de mediana edad o anciano. Los que hacemos este trabajo tratamos de que no nos sea un esfuerzo el trato con un cuerpo sagrado que está bajo nuestra responsabilidad hasta que se le da sepultura.
  Pero esto es un negocio y en otros lugares tal vez haya otro trato.
=Conozco empresas de todo tipo. Si los empleados de las empresas grandes están instruidos por propietarios de empresas de familia, suelen tener este tipo de preparación. Si son sociedades, con directorios y demás, puede que haya un grado de frialdad mucho más grande. Es un negocio y, lógicamente, mi familia y yo vivimos de esto. El asunto es como se toma el negocio, ¿no?
  Y al que no siempre se lo ve con simpatía.
=Seguro. Por el momento que le toca vivir.
  ¿Eras consciente de esto?
=No, en absoluto. Y sabés porqué, porque en un momento de dolor, hablar de economía en la década del '80 era una cosa y hablar de como hay que pagar un entierro en la actualidad es otra, porque aparte del momento de dolor por el familiar desaparecido a veces nos encontramos conque no hay con que pagar el entierro. En mi caso, el que viene a contratar el servicio se encuentra con alguien que le está buscando la forma de como puede llegar a cubrir ese entierro y a veces a tratar de instruirlo para que no produzca gastos que después no puede costear, aunque se pueda interpretar mal.
Todos, yo también, tuvimos que acomodar la cabeza a las circunstancias. A los que comenzábamos en este trabajo nos formaban con la idea de que había entierros de primera y entierros de segunda.
  ¿Cuáles eran las diferencias?
=Para los de primera había un fúnebre, para los de segunda otro, todo eso que hacía a la ceremonia y que se denominaba pompa fúnebre. Un entierro de primera era con cuatro caballos para el fúnebre, uno de segunda con dos. Y si había más de seis coronas se le ponía el coche portacoronas, entonces ya era de primera. El entierro con cofre también era un entierro de primera. Carlitos Lorenzatti, que fue el hombre que pasó por todas las cocherías de Santa Isabel, me traspasó estas informaciones. La primera fue de Zorzi. Estuvo también con Cucco y conmigo. Si bien no estaba en contacto con las personas fallecidas, porque no le gustaba, conocía todos los entretelones. Llegó junto a los caballos que cuidaba cuando su patrón los vendió a Zorzi para la cochería. Manejaba el portacoronas, lo llamaban el verdulero. Los caballos se usaron en los fúnebres, calculo, hasta el año 1968, cuando Cucco compró los Kaiser Carabela, unos autos negros y largos.
  ¿Cambiaron las costumbres en los velorios?
= Si, totalmente. Ha cambiado la cultura, para bien diría yo.
  Son un poco más prácticos.
= Si, por ejemplo desapareció el tema del luto. Ningún extremo es bueno, antes estaban un año de luto, pero tampoco lo de ahora es bueno. Podemos ser muy prácticos pero a veces no tenemos gente para las manijas del cajón, en la mayoría de los servicios no hay gente. Creo que se ha perdido la conciencia comunitaria por ese individualismo que vivimos ahora. Estamos muy enfrascados en nuestros problemas, agobiados y hasta adormecidos por las situaciones que se viven. Por eso se perdieron signos que tenían su valor, como el velatorio de 24 horas que se hacía en la casa de familia y con el que, en un gran porcentaje, todo el pueblo tenía compromisos. Todo debe tener sus causas, tal vez los medios de comunicación nos han quitado la posibilidad de reaccionar ante situaciones de esta naturaleza, como es la de participar del dolor. Así como se participa de las alegrías de los demás, también se debe participar del dolor.
  Como vivimos en un pueblo vos conoces a todos los que mueren y sus familiares. ¿Cómo actúa esto en tu persona?
=Soy un agradecido a la comunidad de Santa Isabel porque me ha contemplado todo tipo de errores que, como ser humano frágil y pecador, he cometido. Las personas que podemos estar cumpliendo roles como este, sin hacer una comparación burda, como un profesional médico, o sea, los que entramos en las familias en momentos difíciles, a veces tenemos que llevar una conducta, no digo intachable pero sí al menos respetable. Y la comunidad de Santa Isabel me ha apoyado totalmente. Yo siento que a veces he cometido errores y sin embargo la gente volvió y he sentido ese respeto y esa contemplación de faltas. He interpretado que a veces hay que tener en cuenta situaciones y lo que le pido a la gente es sinceridad. Falta alguien y se dice no tengo, no puedo; la Comuna ha participado de muchos servicios y poniendo un poco la Comuna y un poco nosotros, se hace.
  Pero la realidad es que tenés que trabajar con cuerpos de personas que has conocido y hasta compartido momentos de su vida.
=Seguro. Después de esas situaciones tengo días en que a lo mejor estoy irritable, tengo problemas de digestión, se me altera el sistema nervioso hasta que me vuelvo a estabilizar. Que me afecta, me afecta.
Ahora que van pasando los años, ya hace 22 que estoy en esto, si bien estoy acostumbrado a muchas cosas, me siento cada vez más afectado con el fallecimiento de los niños. Tal vez porque tengo chicos y voy avanzando en edad, o porque medito más sobre la situación. Realmente me cuesta más acomodar ese cuerpo, especialmente si ha sido por una muerte violenta o un accidente. Pero tengo la familia que me acompaña y lo que no hago yo lo hace otro.
  En los velatorios se pueden dar situaciones graciosas o de tensión. ¿Cuál es tu reacción?
=Desde que me llaman se me graba que tengo una responsabilidad que sacar adelante, bajo las connotaciones que tenga, entre ellas situaciones graciosas, dramáticas o violentas. Hay muchas situaciones, con problemas de familias o cuando hay muertes violentas, en las que quedan resabios, dolor hacia otras partes que no se resuelven en forma inmediata y donde hay que tener la sensibilidad como para lograr calmar a las personas y poder seguir con el ritual.
  ¿Cuántas personas has enterrado?
=Desde que estoy con la cochería llevo 1.123 personas sepultadas. Tal vez más, porque al principio trabajé como empleado.
  De tanto lidiar con los muertos y la muerte y teniendo en cuenta tu arraigada creencia religiosa, ¿has percibido en algún momento, alguna señal concreta, algo que te haya dado la certeza de tu creencia, de que la vida después de la muerte existe? 
=Es una pregunta muy puntual y muy importante. Lógicamente que por mi fe de católico creo que hay vida después de la muerte; o sea en la resurrección, aunque es un misterio porque nadie volvió para contarnos que es lo que pasa, es cuestión de fe.
Una cosa es el trato con la persona muerta y otra con la agonía. Yo he estado ante la agonía de varias personas, hasta en la de aquellos que estaba rescatando y he tenido casos que me han movido y estoy convencido de que después de esta vida hay otra. Extremadamente convencido.
  ¿Qué es lo que te convenció?
=La paz. La paz y hasta la alegría de quien está muriendo. La paz de muchos que, aún sabiendo que van a morir, la reciben de una manera difícil de describir y que se expresa en el rostro o en las últimas palabras; hasta en la fortaleza que le pueden transmitir a los que están a su alrededor en días u horas antes de fallecer.
Esto es lo que a mi me hace tener la seguridad, aparte de la fe, de la existencia de otra vida. Lo tangible es eso, la fortaleza de las personas que con fe y esperanza van en busca de ese paso tremendo y dramático que es la muerte. Las agonías dicen mucho más que el hecho consumado.
En una ocasión había fallecido ahogada una criatura de 5 años. Como en toda muerte violenta interviene la justicia y por eso vino un médico forense. Como yo lo conocía -un hombre grande, un forense de muchos años de trabajo- cuando quedamos a solas le dije “Doctor, ¿no le parece un sacrilegio hacerle una autopsia a un cuerpito de 5 años, que todos sabemos que ha fallecido accidentalmente?. Y me contestó: “Quedate tranquilo que yo por el rostro me doy cuenta si falleció ahogada ella solita o si la violentaron.” Y bueno, después que la miró me dijo: “¿No ves el rostro de paz que tiene esta criatura? ¿No vez que hasta una sonrisa se le esboza? Quedate tranquilo que la criatura ya está con Dios y no hace falta hacerle ninguna autopsia.”
  ¿Empezaste con Bomberos a partir de esta actividad?
=Si, exactamente. Era el tiempo en que estaba la ruta angosta, había accidentes de tránsito y no había bomberos, solo en Venado Tuerto y en Villa Cañás. Muchos heridos eran rescatados y trasladados por terceros, entonces yo empecé a acudir con la ambulancia de la cochería y, por los meses de abril y mayo del '82, se sucedieron varios accidentes de gravedad. Como pasaban los bomberos de Villa Cañás por dentro del pueblo la gente lo comentaba mucho, un día yo estaba en el taller de Marcelino Martínez y salió la conversación sobre el tema. Simón Montaner me dijo, “Que vergüenza que en Santa Isabel no tengamos un grupo que pueda acudir en este tipo de situaciones”. Y me apuntó a Nito Lombardi, que estaba muy interesado en crear una cosa como esta y también me nombró a Guillermo Benso. Yo hablé con Guillermo y juntos fuimos a ver a Nito, ese fue el inicio de los Bomberos y de una amistad muy profunda con Nito.
  ¿Como bombero, qué es lo que más te marcó?
=Hay muchas cosas. Las personas jóvenes, los niños, son los que más me estremecen. Lo que más tiempo me duró de poder purgar, de poder estabilizarme a una vida normal, fue un accidente en que murió un joven de la localidad y que para los bomberos tuvo connotaciones, porque cuando llegamos los cuerpos estaban atrapados en los vehículos incendiados. Siempre cuento lo que fue para esa dotación de 8 hombres que llegó sin agua, porque la autobomba salió primero, pero llegó después que nosotros que teníamos dos matafuegos. No solo no podíamos bajar el volumen del fuego sino que no podíamos hacer el trabajo para sacar a las personas de adentro. Yo era el único que sabía de antemano que estaban involucrados chicos de Santa Isabel. Todos quedamos muy mal y a partir de ahí empezamos a estudiar sicología en la emergencia. Eso fue lo que más nos costó superar, fue muy fuerte.
  En el cuartel de bomberos hay un cartel, de tono autoritario, que dice…
=“Cuando comienza el deber termina la amistad.” Lo copiamos de un cartel de Villa Cañás que ellos después borraron, tal vez porque interpretaron que no expresaba bien lo que se quería decir. Nosotros lo dejamos pero en la actualidad no es guía.
Creo que nadie que esté al frente de cualquier empresa o institución escapa al orden y la disciplina para llevarla adelante. Más aún en un servicio gratuito como el de bomberos en que se trabaja en situaciones donde la vida de las personas puede estar en riesgo. Ahí no nos cabe improvisación, ni desorden, ni desconcentración. Hace varios meses que no asistimos a un accidente de gravedad. Ese el enemigo que tenemos, explicado por psicólogos, la relajación. Pero lo que no nos va a provocar esa relajación es pertenecer a una institución donde hay orden y ese orden funciona todos los días, donde sabemos las funciones y las normas a cumplir. Convencidos además, de que un grupo de buenas voluntades no son suficientes para sacar adelante situaciones como esas. La columna vertebral es el orden y la disciplina, que no necesita del rostro rígido ni de utilizar ciertas terminologías.
  Pero que en algún momento lo han tenido.
=Si. Pero no te olvides que en nuestros inicios nos fuimos a instruir a otros cuarteles y venimos de una formación de años de militarización, en esa época estaban los mili-tares. Todo eso ya se ha relajado bastante.
  Ahora ya no se tratan de Usted...
=Entre los más jóvenes seguro que no, entre los más grandes a lo mejor puede ser…
Pero el 80% de los bomberos del país son de menos de 25 años, entonces todas esas cosas ni las aceptan ni las asimilan. Sí entienden que tienen que trabajar bajo normas y reglas.
  Como hombre público, ¿tenés conciencia de que tu vida está más expuesta que la de otros?
=La he comenzado a tener desde hace un tiempo, no se bien desde cuando. Yo no me daba cuenta de que podía se una persona pública, que puedo estar siendo observado.
De lo que también soy consciente es de que soy un hombre frágil que necesita, tal vez más que otras, meditar para poder ser mejor.
  Sin embargo das una imagen distinta. 
=Muchas veces mi esposa Tamara, que me observaba desde antes, me lo ha dicho “¿Por que no cambiás el rostro?, hasta tenés palidez en los entierros?” Es que bajo ningún punto de vista trato de imitar nada, no soy insensible. Asumo con tal responsabilidad el trabajo que no me permito errores.
  ¿Sufrís una transformación?
=Puede ser. Pero desde hace unos dos años ya está más metida mi esposa y mi hijo en el trabajo y la gente ya está viendo otras caras.
  ¿Esta actividad te permitió progresar?
=Por supuesto que si. Me doy cuenta de que tengo cierta capacidad para esto y trato, como todos, de superarme.


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Mundo Ladrillo

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 33 del 20/12/2001

 Sin ellos no serían posibles ciudades y pueblos, ni casas en el campo. El ladrillo, material casi irreemplazable en las construcciones de nuestra cultura, se sigue fabricando, casi sin variantes, desde épocas remotas con técnicas y secretos que han ido pasando de generación en generación.

Esos pedazos de barro cocido que conforman las paredes que nos cobijan representan sabiduría, trabajo y esfuerzo. Es que cuando el sol del verano cae sin piedad o arrecia el viento helado del sur en pleno invierno, los "horneros" o "ladrilleros" llevan adelante su fatigosa y casi ignorada labor.

Felipe Romero, que conoce mucho de esto, nos recibió en un atardecer de noviembre en su casa de la zona sur de nuestra localidad y mientras el sol desaparecía rojo tras el horizonte, habló de esas técnicas y secretos, sobre su vida y aspectos olvidados del Santa Isabel de ayer.

   Cuéntenos cuales han sido sus trabajos.
= Yo nací en 1933 en Iriarte, provincia de Buenos Aires y fui boyero de muy chico, comencé a los 7 años en una chacra, a unas tres leguas de Teodelina. A esa eda mis padres se fueron a San Gregorio y cuando tenía 9 años me vine para acá. Trabajé en la chacra de José Farrando y después en lo de Don Vicente Lantaret, en el campo de Rueda. Cuidaba los caballos, las vacas, le ayudaba a la patrona; en las chacras había mucho trabajo... Pero en lo que más trabajé fue en los ladrillos, cuando tenía 14 años empecé a trabajar en el horno de Lemos, que estaban frente al cementerio. Ahí fui boyero, pisaba barro, iba a cargar liga con las chatas, practicaba para cortar... He trabajado de cortador mucho tiempo. También, con el "Ruso" Uliase, hice ladrillos en la estancia de Rueda.
A los 16 años me fuí a la zona de Mercedes en Buenos Aires y volví en el '66, estuve en Villa Cañás trabajando en los galpones, con las bolsas; después me fui a Venado Tuerto. En el '77 vine a trabajar como cortador en el horno de Momo y con Boschi, trabajé en el frigorífico unos 5 años y después me dedique a la leña con mi hijo, todo a hacha o con el tronchador. Cuando el precio de la leña empezó a bajar pusimos horno en casa donde trabajamos mucho tiempo.
Me dediqué a otras cosas, pero en lo que más estuve fue en el tema de los hornos.
  Si alguien decidiera dedicarse a fabricar ladrillos ¿Qué debería hacer?
= Primero plantar un campamento. Se necesita limpiar el terreno, nivelarlo, darle una caída, un desagüe para que el agua no se pare en las "canchas" y al mismo tiempo que no suba hacia los "pedales", donde están las pilas. Para eso se necesita una motoni-veladora, porque ya no se hace más a mano.
También se necesita un tractor para hacer el barro y tierra negra, si la hay; aunque puede ser una mezcla o directamente tierra colorada, que es una tierra fría, de la segunda punteada. La tierra negra es la tierra caliente, más gorda. La tierra colorada es una tierra fría, una tierra flaca con la que el ladrillo normalmente sale bien pero se necesitan muchas más horas de fuego, más carbonilla, más leña, más gastos...
Tenemos q
ue hablar de dos o tres hectáreas para sacar la tierra, porque de cada hectárea se saca un millón de ladrillos con una palada de unos 30 cms. de profundidad. Por lo general se trabaja al 10%, que es lo que cobra el dueño de la tierra al hornero. Se pide hasta el 15%, pero lo más justo es el 12%, que es lo que el hornero puede pagar, más no porque ya es casi trabajar para el dueño de la tierra, hay que tener en cuenta que en toda hornalla siempre hay pérdidas y el hornero entrega ese porcentaje en ladrillos.
Además se necesita la liga o bosta de caballo que también tiene su gasto, flete, la gente, etc. Ya no es muy fácil conseguirla como en otros tiempos, ahora hay que buscarla en el pié de los silos de pasto, la parte que se pudre y también se consigue en los frigoríficos, es el pasto que se saca del librillo de la vaca, no el digerido sino el que el animal comió para después masticar o rumiar. Antes, como existía mucha caballada, muchas parvas y muchas chacras se traían camionadas de liga de los corrales, es por eso que los ladrillos de antes eran más duros que los de ahora, mucho mejores, porque tienen liga de caballo y pastos de alfalfa que era pisoteado en los pesebres, donde comían. Además estaba el corral, donde bosteaban los caballos, eso se levantaba todo y era una liga buenísima. La fuerza de esta liga se debe mucho, y esto los viejos horneros lo saben muy bien, al orín del caballo sobre el pasto o la bosta. En invierno le echaban esa liga al pisadero y el barro estaba caliente, levantaba temperatura, fermentaba; el cortador en invierno metía la mano y el barro estaba calentito. Si no tiene liga, el ladrillo no tiene consistencia.
  ¿Y como es el proceso para la fabricación de ladrillos?
= Digamos que mayoritariamente se sigue usando la misma técnica de siempre.
La tierra se cargaba antiguamente con la pala, en carros o carretillas y se llevaba al pisadero para hacer el barro mezclado con la liga. Hay pisaderos que se cargan como para unos 20.000 ladrillos, en un círculo de unos 6 o 7 metros de diámetro. Una hornalla puede llevar dos pisaderos y medio, si se hace una hornalla de 50.000 ladrillos. Pueden ser más grandes, en Venado Tuerto hemos hecho hornallas de 150.000 ladrillos. Ahora se están haciendo chicas porque falta plata, pero en otras épocas había más respaldo para hacerlo, y también porque el comprador venía y ponía la plata para lo que necesitabas comprar, por ejemplo, la leña. Era el tiempo en que se llevaba todo a Buenos Aires. Venían consignatarios, también había dos de acá, que compraban los ladrillos y los mandaban por ferrocarril.
Una vez puesta la tierra y la liga en el pisadero, según la modalidad del momento, se mojaba todo y al otro día a la mañana, a primera hora se le echaba la yeguada, unos 15 o 20 animales para pisar ahí adentro. Se "rompía" ese día, o sea se pisaba unos 20 minutos, para que el barro se mezclara un poco. Así, los cascotes, al otro día ya estaban blandos y se le daba medio día de pisada. Cuando el barro estaba hecho, "encartado", se notaba porque el caballo, al caminar con el vaso dejaba el barro liso, se lo puede comparar con una manteca.
A los caballos, durante unas cuatro horas, había que hacerlos dar vueltas y cada tanto cambiarlos para el otro lado. En ocasiones se ponía una persona al medio, en pisaderos grandes, para que el caballo trabajara hacia la orilla, porque el caballo busca dar vueltas en el medio, para no trabajar tanto.
Cuando el barro ya estaba preparado se le pasaba "el liso"; se le daba una rociadita de agua para que corriera una chapa de un metro y algo y se tapaba con pasto para que no hiciera cáscaras porque si no el ladrillo después se parte, a la vez que se hace complejo cortar.
  ¿Al pisadero se mandaba cualquier caballo?
= No, tenía que ser yeguada más o meno buena, que caminara, porque el barro es pesado y si se cae un caballo al barro se queda pegado y no lo podés levantar. Si está medio jodido, medio flaco o es potrillos se puede caer y hay que echarle agua para que se despegue y sacarlo, si más no viene, a la rastra.
Ahora se usan unas ruedas grandes para mezclar el barro...
= Si, antes también se usaron algunas de estas máquinas, me acuerdo de una, por el año '49. Era un caño desde el centro del pisadero a la orilla, tenía una rueda de los rastrillos viejos, se les cruzaban fierros y era como las de ahora, pero en vez de usar un tractor usaban caballos que tiraban del caño alrededor del pisadero. A la rueda la iban llevando del centro hacia afuera con un cable y cuando llegaba empezaban a girar para el otro lado. Ahora hay un sistema que da vuelta siempre para un mismo lado y la rueda va y viene del centro hacia afuera.
 ¿ Después de hacer el barro que sigue? 
= Una vez terminado y tapado el barro, hay que tratar de sacarlo enseguida, en no más de dos días. Y lo que sigue es la cortada de los ladrillos que dura un día y medio, según la cantidad y rapidez de los cortadores que trabajen.
 ¿Conoció buenos cortadores?
= Los cortadores más ligeros que he conocido acá, han sido por los años 1949 y1950. Puedo nombrar a Damián Pucheta, Eugenio Marchessi, Jorge Gigena, Beto Mieri, Patrichelli, que fueron tipos de más de 3.000 ladrillos en 8 horas, con una habilidad fantástica. Cuando estuve en la provincia de Buenos Aires he visto a muchos y muy buenos cortadores pero que no sobrepasaban a los de Santa Isabel. Llegar a esa cantidad no es para cualquiera, Pucheta llegó a los 3.300, por eso yo lo consideraba el mejor, porque además lo hacía muy bien, con una calidad extraordinaria y todos los días. Diría que en la actualidad no hay ninguno que en 8 horas haga esa cantidad y con la calidad con que hacían los ladrillos aquella gente. Uno de los últimos que vi, tal vez no tan ligero como aquellos pero si muy prolijo y habilidoso para trabajar es Rodolfo Patrichelli.
 ¿Cómo es el trabajo del cortador?
= Trabaja en la cancha, de unos tres o cuatro metros de ancho donde se ponen los ladrillos acostados. Carga el barro del pisadero en la carretilla y lo lleva hacia el banco que está en la cancha, es un cajón con cuatro patas donde se echa agua para mojar el molde para que despegue el ladrillo. Se pone la tabla , el molde arriba y se lo llena de barro con la mano, los cortadores ligeros y prolijos ponen el puñado justo para el molde, muy poquito barro sobra. Una vez que se llenó el molde y lo emparejó arriba, lo da vuelta con tabla y todo y lo deja en el piso de la cancha, le pasa la tabla para emparejar y saca el molde. La tabla no tiene que estar rota o despareja porque si no chupa aire y cuando se da vuelta el molde, se cae el barro.
 ¿Cuándo se sacan los ladrillos de la cancha?
= El cortador sabe cuando están para ser apilados. No se tienen que marcar cuando se apilan, si están blandos se marcan unos con otros y por más que hayan sido bien cortados pierden la forma. Tienen que estar bien oreados pero no duros porque si no, no se despegan de la cancha y hay que golpearlos y se pueden romper. Cuando el ladrillo está a punto se hacen las pilas sobre los pedales que están a lo largo de las canchas, que puede ser de tierra o de ladrillos y con una altura de 6 cms. y unos 40 de ancho. Esto se hace para que cuando llueve tengan diferencia de altura y no se mojen y se caigan. Se apilan con una separación del dedo pulgar entre cada ladrillo y se ponen cruzados y de canto.
Las pilas se dejan hasta que se sequen los ladrillos. Para mandarlos a la hornalla tienen que estar bien secos. El que está práctico, cuando agarra un ladrillo ya nota si está justo, también rompe uno y mira si está "verde", si tiene humedad todavía. Siempre tienen algo de humedad, pero tienen que estar lo más seco posible porque pueden salir bayos. Los de la parte de abajo de la hornalla tienen que estar secos, arriba puede haber ladrillos medios verdes porque al tener tanto fuego de abajo se van secando y se queman bien.
 ¿Cómo se arma y se quema una hornalla? 
= Es un proceso complejo que requiere de experiencia. Primero se arman la boquillas, que es donde se hace el fuego, de unos 30 cms. de lado y separadas entre sí por esa misma distancia. Si es una hornalla grande puede tener 16 o 20, una chica 10. Sobre las boquillas se apilan los ladrillos, se pone un tirante donde se juntan las puntas de los ladrillos, que es la camada que se llama "falsa", en el vacío de la boquilla. La segunda camada va trabando y cuando se hicieron unas cuatro camadas ya se puede sacar el tirante. Sobre la falsa se pone carbonilla y carbón de leña molido. Entre cada camada se va poniendo carbonilla hasta la última. Una vez terminada de armar la hornalla se revoca con barro, se la cierra, para que el fuego corra hacia el medio y después hacia la orilla. Además del revoque hay que ponerle chapas para que la cubra del viento. Siempre hay que estar vigilando, porque si el viento cambió hay que cambiar las chapas de lugar.
En esto hay que saber bastante. Para quemar la hornalla, hay varios sistemas pero por lo general se le echa leña fina a las boquillas, esto es "cargar las bocas" y se hace fuego del lado que está el viento, que tire para adentro y una vez que agarró fuego, que se calentaron las boquillas, que ya quemó la leña fina, se ponen palos más gruesos, en lo posible secos, para que no se apague. Si la tierra es buena, con 3.000 o 4.000 k. de leña se hace el trabajo, pero si la tierra es fría puede llevar 12.000 k. para 50.000 ladrillos.
En algunos lugares, por la tierra, la queman en 8 horas, acá siempre llevan arriba de 20 horas. No hay una lógica, acá a habido hornallas que han llevado hasta 50 o 60 horas. Y el asunto no es la cantidad de leña que se quema, porque cuando la hornalla pasó más de 30 horas, ya no quema leña, hay temperatura pero el fuego no sube, no lo absorbe, el fuego no camina. Y el fuego no camina cuando las tierras son frías o no es buena la liga. Si la tierra es rápida para quemar, la falsa te sale baya porque el fuego se fue rápido para arriba, porque empezó a quemar en todo lados. En tierras que son lerdas como la de acá, los ladrillos de la falsa salen buenos, porque se quemó en muchas horas con fuego permanente, pero si se lo apura mucho estos ladrillos se derriten y se caen, se hacen vidrio. Cuando se están por fundir empiezan a largar una chispita, además la hornalla empieza como a vibrar, o se hacen focos de fuego que remolinean para adentro. Cuando uno se da cuenta de esto, de que va a "colar la boca", no hay que echarle más leña, hay que dejarla descansar. Si , por ejemplo, se funde un bloque de 50 cms. y se cae puede pasar que ya no se le pueda echar más leña. Si se fundió abajo y arriba todavía no terminó de quemar hay problemas. Pero si se retiró el fuego a tiempo después de 2 o 3 horas el ladrillo queda como si hubiese agarrado un temple y entonces ya es más difícil que la hornalla se funda.
El fuego en las bocas tiene que ser parejo, cuando la hornalla llegó a calentar, que está templada y recibiendo fuego, hay que cerrarle las bocas de atrás para que el fuego no se vaya y dejarle un pequeño tiraje, un agujerito, como para que respire.
Cuando la hornalla es de 24 o 25 camadas y ya quemó hasta la fila 12, por la mitad, se cierra. Lo que queda adentro va quemando solo con la temperatura que ya tiene. A veces el fuego sale por las rajaduras de los revoques y se puede ver a que altura está quemando, en otras ocasiones no se ve fuego pero si una mancha negra que marca por donde está. Al cerrar la hornalla, se tapan todas las bocas y se le pone chapas al costado de donde viene el viento. Si justo en ese momento empieza a llover, la tapa que es de ladrillos bayos aguanta un poco, 5 o 6 mm., pero si es mucha el agua se pasman las camadas de arriba. Hay que taparla con chapas y así puede aguantar 60 o 70 mm. de agua.
 Una vez quemada la hornalla ¿Cuanto tiempo se debe dejar pasar para sacar los ladrillos?
= Hay hornallas que se enfrían rápido, que al otro día de haberla cerrado ya está el fuego arriba y hay otras que demoran mucho y ahí si, se necesitan 4 o 5 días para empezar a sacar, pero de adentro ni pensarlo, más vale dejar pasar una semana.
¿Qué época recuerda con mayor actividad en los hornos de Santa Isabel?
= Por el año 1949 empezó bien firme el trabajo y habrá sido hasta el año '54, '55 y más también. Yo en ese tiempo no estaba trabajando acá, pero lo veía cada vez que venía. Se mandaban casi todos los ladrillos en las chatas del ferrocarril a Buenos Aires. Esa fue la época de mayor cantidad de hornos en Santa Isabel.
Había un sindicato de chateros donde turnaban para cargar los ladrillos, eran 18 o 20 chatas que llevaban de los hornos a la estación. Se necesitaba gente para cargar las chatas en los hornos y gente para pasar los ladrillos a las del ferrocarril. A veces varias chatas acarreaban para un mismo horno, los que estaban en la hornalla cargaban una y ya había otra esperando, lo mismo pasaba en los vagones. En los vagones había, por lo general, dos personas para ir acomodando los ladrillos. Los chateros, el dueño y otro que llevaba para que le ayude, descargaban rápido porque querían hacer otro viaje para cobrar más flete. Todo se hacía con tres caballos por chata, descargaban y salían al trote para cargar otra vez en el horno.
También había un sindicato de ladrilleros. A la tardecita, la gente iba al sindicato y preguntaba que había para el otro día, entonces el turneador les decía, por ejemplo, hay que ir al horno tal que necesita seis carretilleros y dos asentadores, más el pasamano.
  ¿Qué es el asentador?
= Es el que carga la hornalla y trabaja en la puerta que es donde atraca el carretillero que acarrea desde la pila. Bolea se le llama al que entrega el ladrillo y el pasamano es el que alcanzaba la carbonilla y que a la vez, cuando el asentador está adentro de la hornalla, recibe del carretillero y le da al asentador. El asentador era una especialidad, no lo hacía cualquiera. No se podía mandar un tipo a cargar una hornalla si no tenía su especialidad, como la tenía también el carretillero.

  ¿De que zona de la localidad se sacó más tierra?

= De la zona de calle Francia hasta la calle de atrás del frigorífico entre la ruta 94 y la estación del ferrocarril, todo eso fue cavado para hornos.. También, entre otras, en las quintas de alrededor del cementerio y de lo que era la feria, yendo para Fournier.
  ¿En que horno se ha hecho el mejor ladrillo?
= El mejor ladrillo salía de horno de Armando Momo, que era grande. Entre los grandes de esa época estaban también el de Albanesi y el de Comuco.
  Este trabajo que es pesado, le ha traído alguna consecuencia física con el paso del tiempo?
= El trabajo de hornero es el que más me gustó y no me ha traído ninguna consecuencia, porque todo está en no sacrificarse de gusto, en hacer el trabajo sin grandes esfuerzos y con mucha habilidad.


 
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domingo, 3 de marzo de 2013

Fortín El Estaqueadero

Publicado en "Acercar a la Gente" Nº 113 del 20/09/2010

  En Argentina, los fortines fueron puntos estratégicos para la conquista de los territorios ocupados por los pueblos originarios que, una vez concluida la misma, en nuestra región dio paso a la instalación de colonos, muchos de ellos inmigrantes europeos que iniciaron la transformación hasta llegar a la fisonomía humana y económica de la actualidad.

 En esta batalla contra los aborígenes se construían líneas de fortines que avanzaban dentro del "desierto", territorio no controlado por los españoles o, luego, por los criollos y que, ocasionalmente, retrocedían ante los contraataques de los indígenas. En estas líneas, bastante móviles, los fortines solían estar separados entre sí por unas pocas leguas.


Las dos principales líneas de fortines se encontraban una al sur, en la región pampeana y el Cuyo, otra al norte, en la región chaqueña. 


 Como parte de la línea de la región pampeana, en 1776 se levantaron los fuertes de Melincué, India Muerta, Pavón y Esquina. Así la zona de Santa Isabel quedó fuera de las líneas fronteras hasta que entre 1852 y 1864, aproximadamente, se crean los fortines "Chañar", en Teodolina, "Estaqueadero" en Villa Cañás, "El Hinojo" y "El Zapallar" en Venado Tuerto, "Loreto" en Maggiolo, "Las Tunas" en Arias, Alejo Ledesma y Río Cuarto, en Córdoba. Luego seguirían otros fortines, en las líneas de San Luis y Mendoza.


 Este era el planteamiento de las líneas que resguardaban, en conjunto, desde el norte bonaerense, Santa Fe al sur, Córdoba, San Luis y Mendoza.

 Para sus habitantes la vida en un fortín no era fácil, la alimentación era mala, estaban mal vestidos y podían ser castigados por cualquier motivo, los soldados ni siquiera tenían la certeza de recibir la paga a tiempo. Debido a su valor estratégico, los caballos -sin los cuales no se podía salir detrás de los indios- eran más importantes que los hombres. Por las noches, pese a las bajísimas temperaturas, los animales eran los únicos que tenían mantas aseguradas.

 Los soldados se levantaban al alba y trabajaban todo el día. Atendían la caballada, fabricaban adobe, cavaban fosas y preparaban la tierra destinada a chacras estatales, al margen de las patrullas cotidianas. Las mujeres de la tropa eran consideradas como fuerza efectiva de los cuerpos; se les daba racionamiento y, en cambio, se les imponían también obligaciones: lavaban la ropa de los enfermos, y cuando la división tenía que marchar de un punto a otro, arreaban las caballadas.

 Muchos años después las líneas pasaron a ser ajustadas de soldados, debido a que durante las guerras que se sucedían, los soldados iban a servir a la "patria grande" y es entonces cuando los hombres criollos, peones de campo, son convocados a prestar servicios en los fortines. Hacia finales de los 1880's la función de los fortines en la "lucha contra el indio" (tal era la frase más suave que se usaba) se volvió obsoleta y estos comenzaron a desaparecer.

 El lugar donde se levantaba el fortín El Estaqueadero se encuentra en el distrito de Villa Cañás, pero por estar ubicado sobre el límite con el de nuestra localidad, podemos considerar al sitio como parte de la historia previa a la creación de Santa Isabel.
 Según informaron al semanario El Orden los investigadores cañaseños Horacio Flores y Marcos Basabilbaso, El Estaqueadero estaba emplazado al pie de la antigua laguna de Cantenys, tierras que se suponen aún fiscales. Según pudieron precisar, lo que hoy se puede hallar en el lugar es un piso que ha sido quemado, muy bien alisado y nivelado hace muchísimos años. Esto no es casualidad y se podría asegurar que es el resto del piso de una choza o habitación del fortín.

 Estiman que eso pudo haber sido el fortín ya que en sus alrededores han encontrado osamenta humana "en línea", como si hubiera sido un enterratorio. Lo más probable, por su antigüedad es que haya sido el cementerio del emplazamiento.

Otro detalle importante es que en la topografía actual del terreno muestra desniveles hechos por la mano del hombre.

El terreno muestra una zanja o camino que rodeaba el fortín para protegerlo del indígena. Todo indica que la estructura del terreno fue modificada por la mano del hombre, aunque la laguna, con el paso de los años y de las consiguientes inundaciones, se fue agrandando y alcanzó el lugar del emplazamiento de la fortificación, que ahora se encuentra sobre las barrancas.

 Los estudiosos agregan que otro detalle para mencionar es que la laguna mencionada tiene muy bajo contenido de sal y, muy cercana a ella, existe otra laguna de agua dulce que bien podía servir para consumo humano. Es decir que podían tener aljibe como depósito de agua.

 Para llegar al sitio, hay que viajar desde Santa Isabel por ruta 94 hacia Villa Cañás unos 7,5 km. luego girar a la derecha e ingresar a un camino que divide los distritos. Por él hay que recorrer 8,5 Km, hasta un punto en el que hay una pequeña curva hacia la derecha. Allí se puede divisar parte de lo que habría sido el fortín El Estaqueadero.


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