Publicado en "www.red-belgrano.com.ar" - 12/12/13
Por Norberto Dall'Occhio
Muchos hinchas de General Belgrano recuerdan con cariño y con cierta nostalgia la vieja cancha que el Club tenía “detrás de la vía”, como suele decirse, aquella que tantos simpatizantes tienen en sus memorias.

Pasado un tiempo, en una de las esquinas, se construyeron los
vestuarios, la boletería y otras dependencias que servían como vivienda a
los cuidadores de la cancha. Entre los cuales se recuerdan, “La Macha”
Ferreyra y el “Negro” Paulini, dos destacados jugadores azulgranas.
Los belgranistas guardan muy gratos recuerdos de ese viejo estadio,
que fue escenario de importantes acontecimientos deportivos. En las
décadas de los 40, 50 y 60, cada 9 de julio, el Club organizaba un
atractivo torneo relámpago, de dos días de duración en el cual
participaban ocho equipos de la zona y donde se ponían en disputa
hermosos trofeos y medallas.
Continuando con los partidos que se disputaban en la antigua cancha, se
destacaban por la gran rivalidad, los clásicos con Juventud Unida,
como así también los duros enfrentamientos con Sportsman de Villa
Cañás. Principalmente esos encuentros generaban una gran expectativa en
la gente del pueblo y de la zona, provocando una enorme concurrencia de
público al espectáculo, que colmaban la capacidad del estadio.
Cambiando el rumbo y yendo a las características del terreno, se puede
contar que dentro de él había que ubicar el campo de juego, los
vestuarios, el alambre, o tejido olímpico, y el público. Por las
dimensiones que tenía el lote, el diseño del perímetro de la cancha se
hizo sobre la base de las medidas mínimas establecidas en los
reglamentos que rigen el fútbol, era denominada una “cancha chica”, como
se dice en el lenguaje futbolero. Pero no solo lo era para los
jugadores, sino también para el público. Los espectadores, por el poco
espacio disponible, estaban muy cerca de la línea de cal, a solo unos
dos metros. La proximidad de la gente, sumado al calor de la lucha
deportiva, a veces levantaba la temperatura del ambiente y creaban un
clima muy tenso en el estadio. Durante el desarrollo del juego, los
futbolistas tenían ciertos inconvenientes para ejecutar los tiros de
esquina, ya que les resultaba difícil darle precisión a la pelota por el
poco lugar para tomar distancia y lanzar el centro. Por su parte, los
espacios destinados a los hinchas eran muy estrechos, especialmente en
los sectores donde estaban los arcos.
Hasta principios de 1.940 el campo de juego estuvo rodeado tan solo por
un hilo de alambre liso, sostenido por postes, a fin de fijarle un
límite a la concurrencia y evitar que se metieran dentro de la cancha.
Existen muchos recuerdos de aquella época sobre triunfos épicos, días de
gloria, peleas, corridas y transgresiones. En ciertas oportunidades,
cuando se convertía un gol importante, algunos hinchas eufóricos y
descontrolados, pasaban el hilo de alambre, evadían el control policial y
salían corriendo para abrazar al autor del tanto. Otro descontrol
aparecía cuando se iba a patear un penal, simpatizantes que estaban
cercanos al arco, sobrepasaban primero el alambrado, la raya de cal y se
metían imprudentemente dentro de la cancha invadiendo el área grande
para ver de cerca el disparo desde los doce pasos. ¡Para qué hablar de
lo que ocurría si el arquero atajaba el penal y daba rebote! Una
confusión total, entrevero de jugadores, mezclados con el público,
gritos, una pelota en juego y un árbitro desorientado. Un tiempo
después, para una mejor protección y para mantener el orden, se colocó
como divisorio un grueso tejido olímpico en reemplazo de ese franqueable
hilo de alambre. Continuando con la descripción del estadio, se puede
decir que tenía cierta protección de los vientos, puesto que los cuatro
costados que daban a la calles estaban cubiertos, además de los tejidos,
por un espeso cerco de ligustros de hojas anchas y de gran altura, que
impedían la visual desde las veredas. En algunos sectores destinados al
público, el espacio resultaba tan reducido que cuando se desplazaban,
debían hacerlo en “fila india”.
El problema mayor estaba detrás de los arcos, porque lo que cumplía la
función de red permanente, era un grueso tejido de alambre en reemplazo
de la tradicional de piolines. Por la escasez de espacio en el campo de
juego, los caños que sostenían el arco y la mencionada red, invadían un
metro el sector del público, por ese motivo, detrás de cada arco se
producía un gran congestionamiento de gente que se desplazaba de un
lugar a
otro.
Para evitar cualquier provocación al arquero, siempre al costado del
arco y dentro de la cancha, pero detrás de la raya, se colocaba un
agente de policía para mantener el orden y proteger al portero. Debido a
las particulares características del estadio y su entorno durante
algunos partidos trascendentes, el espectáculo que se apreciaba en el
campo de juego era muy particular, se jugaba dentro de un ambiente con
ánimos bastantes caldeados, los jugadores tenían frecuentes roces y
discusiones con sus rivales, sumados a las airadas protestas al árbitro y
los gritos del público.
Lo descripto era el encuadre y la atmósfera especial que se vivía
generalmente en esa vieja cancha, cuando General Belgrano jugaba en su
condición de local, allí el equipo azulgrana se agrandaba y se hacía
fuerte, era un reducto complicado para cualquier escuadra visitante, que
valoraba mucho un triunfo en la recordada y difícil cancha chica del
Ciclón.
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Recuerdo que tenía arcos de madera con aristas, lo que se dice, arcos cuadrados, entonces era fácil intuir hacia dónde salía el rebote. Entre quienes cuidaban la cancha estuvo la familia Martínez, "El chalo" Giusti, don Juan. En esta cancha vinieron a jugar equipos que jugaban en primera " A " como Atlanta y Los Andes. Una particularidad era la carencia de iluminación para partidos nocturnos y había un portón de tejido por el cual se accedía al campo de juego.
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